9 de diciembre de 2012

CHAVEZ. EL ENFERMO IMAGINARIO


Todo empezó en Santo Domingo en el 2008. Roco Squillachi en esa época era un oscuro oficinista de la CIA que ocasionalmente era invitado por la república bananera de turno para asistir a cualquier cumbre de naciones que convocara el imperio en esta parte del mundo. De él fue la idea de inocular el cáncer a los países que querían apartarse de los mandatos yanquis. En uno de los descansos de la cumbre, mientras se apartaba del nutrido grupo de guardaespaldas que lo importunaban constantemente el obispo Lugo ordenó un café. Lo tenía entre sus manos mientras un hombre largo y flaco como un fideo monstruoso se le acercó a hablarle con un acento raro. Conversaron animadamente entre otras cosas de las ventajas que había traído a Latinoamérica el Concilio Vaticano II y la agónica eliminación de los guaraníes en octavos de final del mundial de Francia. Mientras el presidente recordaba lo mucho que detestaba a José Luis Chilavert, Squillachi sacó de uno de los bolsillos de su guayabera un sobre con un polvo blanco que vertió por completo en la taza del mandatario. Alejandrino Genes, uno de los guardaespaldas que presenció la escena dice que Lugo vio de reojo cuando el oficinista echó el misterioso polvo en su café y que no reaccionó porque creyó ver en el rostro del mandatario “Una mueca bastante parecida a la risa”.

Al cabo de un par de meses a Fernando Lugo le detectaron cáncer. Lo mismo pasó con Lula y el carismático Néstor Kitchner,  quien en un descuido de su esposa decidió tomar un poco de la botella de coca- cola que guardaba celosamente en su Louis Vutton. La labor de Squillachi fue premiada en la CIA subiéndolo por fin al estatus de espía. Hoy el paradero de este italoamericano es un completo misterio.
Como nunca antes en sus cuatro años de mandato el pueblo argentino rodeó a su Nueva Evita . Masivamente la reeligieron. Néstor era más importante para ella muerto que vivo. Chávez quien estuvo en las exequias se dio cuenta del poder que tenía en el tercer mundo la compasión. Las cosas en su país se complicaron. El chorro petrolero amenazaba con cerrarse. Convertir a los militares en los nuevos ricos de Venezuela había sido una tarea bastante costosa. Lo mejor era inventarse encuentros con Squillachi, decir que había sido víctima del complot de la CIA, que una madrugada mientras plácidamente se tocaba los testículos se dio cuenta de que tenía una pelotica del tamaño de una garrapata gigante.

En Cuba fue asesorado por médicos que jugaron a su antojo con su imagen. Un día aparecía cadavérico, al otro hinchado como un globo de helio. El odio que despertaba en sus opositores hizo que el rumor se esparciera como una metástasis. Los medios de comunicación latinoamericanos no se preocupan por confirmar las noticias. Desde Miami los médicos que huyeron de La Habana decían que al chafalote le quedaban semanas de vida… quizás días.
Desde Miraflores se guardaba un enigmático silencio. La táctica funcionaba a la perfección. El pueblo venezolano oraba por su líder. Las estadísticas se inclinaban a favor del presidente. Se hacían mesas redondas en las universidades averiguando si era posible que un hombre enfermo pudiera manejar los enredados hilos de una petrodemocracia. A pocos días de las elecciones Chávez dio un discurso ante sus fervorosos holligans. El discurso duró cuatro horas. No se cayó ni un segundo, todo el tiempo de pie. El comandante estaba sano gracias a la intervención divina. José Gregorio Hernández le apostaba al rojo rojito.
Contrario a las anteriores elecciones la victoria no fue aplastante. El sifrino imbécil del Capriles le había arrebatado más de seis millones de votos. Sin la enfermedad se puede pensar que el Chávez hubiera perdido la presidencia. Anoche a una semana de las elecciones regionales la misteriosa enfermedad reapareció, esta vez con más fuerza. Incluso se atrevió a decir que votaran por Maduro porque el muy posiblemente no podrá continuar con su reinado eterno después de la operación al que será sometido en Cuba.

Dentro de unos días reaparecerá en Miraflores, hablará durante seis horas, con un look diferente. Fantomas y Maradona son los únicos que le pueden igualar en sus cambios de apariencia. La enfermedad desaparecerá un par de años hasta que se avecinen unas nuevas elecciones. De ser posible morirá y resucitará al tercer día. Su imagen será venerada y el pueblo venezolano comprenderá que Cristo ha vuelto y es venezolano vale.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

A ver, es LOUIS VUITTON!... Y la foto esa es falsa.

Unknown dijo...

Viejo, la tactica cubana fue todo un exito....lo peor es q el veneco no se dio cuenta como mediaticamente jugaban con el pueblo....