Uribe no es un dictador, los dictadores suelen dejar una obra gigantesca, monumental que haga perpetuar su recuerdo en las generaciones venideras. No se dejen confundir por las atrocidades que ha cometido, por haber manejado a su antojo el erario público, por tener a dos hijos despreciables que se gastan en una rumba 20 millones de pesos por cabeza. Todo eso es típico de dictadorzuelo, pero recuerden todos dejan grandes obras y este la única obra grande que hizo fue la de legitimar el narcotráfico y pagarle los favores a todos esos que alguna vez ayudaron a su ascención.
Si Uribe quiere perpetuarse en el poder es sólo para no ir preso, por eso necesita valerse de todas las formas para que su compinche de saqueo, Juan Manuel Santos sea elegido presidente. Para eso cuenta con todos los recursos de su maquinaria política, para eso cuenta con un pueblo estúpido lleno de hijueputas asesinos. Ese 46 por ciento seguro se multiplicará porque no hay nada más falso que el colombiano, siempre subiéndonos al bus de la victoria. Santos terminará de enterrar el país. ¿Qué nos va a quedar despues de estos cuatro años?. Si una bala amiga no se encarga de acabar con la vida de Santos, de Uribito, nuestros días tal y como los conocimos estarán contados.
Hace dos noches me vi una película maravillosa: Soylent Green. Es el año 2022 y la brecha entre ricos y pobres se ha convertido en un abismo. La gente duerme apeñuscada en las calles soportando el calor inclemente del efecto hibernadero que ha dejado la contaminación ambiental. Ya no quedan libros y la gente solo vive para comprar el único alimento que queda disponible en el mercado, las galleticas Soylent Green. Charlton Heston que acá es un investigador privado se da cuenta de que las galleticas están hechas con cadáveres humanos. Al final grita agonizante: "¡Soylent Green is people!".
Todas esas películas de ciencia ficción que mostraban distopías, todo ese futuro negro de Blade Runner se ha hecho realidad. El sueño criminal llegó para quedarse, y de ahora en adelante todo será cuesta abajo. No hay nada qué hacer. Santos representa el advenimiento de esa era. Pero no hay que tenerle bronca a Santos; hay que odiar es a esa masa amorfa y asquerosa que representa al pueblo, ¿se acuerdan del pueblo? ¿Se acuerdan que ellos fueron los que saquearon la bastilla? ¿Se acuerdan del tan mentado pueblo? El mismo pueblo que amaba a Stalin, a Hitler a Videla. Ellos son los que eligen, los que por unas cuantas monedas imponen un régimen que los terminará destruyendo.
Uribe ha destruido al país, le quitó institucionalidad y me imagino que en cuatro años volverá a lanzarse porque la gente -incluso la gente que ha tenido hijos desaparecidos, víctimas de esta guerra infame y ajena que sólo terminaría legalizando la droga-, esa gente lo volverá a votar, esa gente que ya no tendrá casa y que vivirá apeñuscada en la plaza de Bolívar y que cada mañana se levantará e irá hasta las escalinatas del palacio presidencial a suplicarle a su máximo mandatario un poco de aguamasa para esa hambre infernal que los está matando. El presidente desde su cápsula irrompible dará la orden de que se repartan los sobros de la orgía que la noche anterior tuvieron sus obesos hijos y el pueblo. Ya sin casa y asquerosos le darán las gracias de nuevo al mejor presidente que ha tenido Colombia en su historia.
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10 de junio de 2010
2 de marzo de 2010
HASTA QUE ESTÉN PRESOS NO CELEBRO
Tenía ganas de emborracharme el viernes para celebrar que a partir del 7 de agosto de este año -si en su inmenso ego no le da por hacerse un autogolpe- Álvaro Uribe Vélez no será más el presidente de Colombia; pero al tomarme el primer trago empecé a darme cuenta de que no había mucho qué celebrar. Uribe se irá y, a menos de que ocurra un milagro y los 44 millones de colombianos recuperen súbitamente la razón, el próximo presidente será Juan Manuel Santos. Si hubiese tenido un accidente en los 90’s y para preservar mi cuerpo me hubieran congelado hasta que encontraran la cura para sacarme la inmovilidad y esa cura hubiese llegado hoy, y en un confortable spa estuviera recuperando la motricidad, y cuando ya pudiera leer sólo pidiera un periódico y viera que Juan Manuel es el favorito en las encuestas para ocupar el sillón presidencial, podría colegir que el periódico que estaría leyendo sería una de esas inocentadas que acostumbra sacar El Tiempo el 28 de diciembre. Y al darme cuenta de que la noticia fuese cierta lo más seguro es que volvería al congelador esperando una época más feliz para despertarme.
Antes del 2002 Santos era uno de los personajes mas odiados del país, él representaba lo peor de la oligarquía colombiana, sus párpados morados hacían pensar en que este político gustaba del travestismo en sus noches bogotanas, pero todo eso cambió cuando Uribe lo nombró Ministro de defensa y chupa medias oficial del régimen. No necesitó dar una declaración ni emitir una resolución genial, tan sólo le bastó ponerse una gorra y posar al lado de su presidente para ser la primera opción de Uribe y su partido. Así que dentro de poco desempolvará ese terrible manual de cómo entregarse a las grandes potencias que escribió junto a Tony Blair y que lo titularon la Tercera Vía, que no es más que un refrito de las ideas de Carl Popper, sólo que un poco más favorables a todos aquellos países que quieran explotar los recursos de otro país que no tenga recursos para hacerlo. En resumidas cuentas su gobierno terminará con lo que no alcanzó a terminar el actual mandatario: El país.
No hay nada que celebrar y, sin embargo, al empujarme el segundo trago empecé a dejar mi pesimismo y a pensar en qué pasaría si ganara algún férreo opositor del dictador y con la imagen que alcancé a ver me bastó para ser feliz: el grupo Gaula derrumbando la puerta de Andrés Felipe Arias y sacándolo a él en piyama en la mitad de la noche. Vi como lo esposaban y sin juicio previo lo metían a una celda nauseabunda y oscura, era como un Joseph K pero uno se alegraba de todas las desgracias que le estaban sucediendo, en la mitad de la noche cuando las ratas comiencen a devorar su cuerpo enclenque gritará con esa voz de hombre que nunca le conocimos por estar imitando a su patrón: “¡Sáquenme de acá!”. Pero de nada le servirá porque nosotros -sus carceleros- nos estaremos riendo de su dolor.
Vi cómo el nuevo gobierno hacía efectiva la orden de extradición que pesa sobre Uribe Vélez desde 1992, ya que los gringos consideraban al siniestro senado como el brazo político del Cartel de Medellín. Terminaría sus días en un cuarto un poco más limpio que el de Arias y con menos ratas.
Hasta que todo eso pase y la justicia no se acuerde de nuestro país no hay nada qué celebrar. Lo del viernes fue un inicio que tendrá que desembocar en el triunfo de una nueva fuerza que en realidad conozca los verdaderos problemas del país y los quiera erradicar, que esa sea su única función, que soporte la embestida de los medios que seguramente no cesarán de atacarlos y que dirán lo que no dicen ahora: “Un buen periodista tiene que estar en contra del poder”. Los que estamos por fuera seguramente volveremos y trataremos de reconstruir la dignidad, la decencia y la moral que este gobierno ha destruido.
Antes del 2002 Santos era uno de los personajes mas odiados del país, él representaba lo peor de la oligarquía colombiana, sus párpados morados hacían pensar en que este político gustaba del travestismo en sus noches bogotanas, pero todo eso cambió cuando Uribe lo nombró Ministro de defensa y chupa medias oficial del régimen. No necesitó dar una declaración ni emitir una resolución genial, tan sólo le bastó ponerse una gorra y posar al lado de su presidente para ser la primera opción de Uribe y su partido. Así que dentro de poco desempolvará ese terrible manual de cómo entregarse a las grandes potencias que escribió junto a Tony Blair y que lo titularon la Tercera Vía, que no es más que un refrito de las ideas de Carl Popper, sólo que un poco más favorables a todos aquellos países que quieran explotar los recursos de otro país que no tenga recursos para hacerlo. En resumidas cuentas su gobierno terminará con lo que no alcanzó a terminar el actual mandatario: El país.
No hay nada que celebrar y, sin embargo, al empujarme el segundo trago empecé a dejar mi pesimismo y a pensar en qué pasaría si ganara algún férreo opositor del dictador y con la imagen que alcancé a ver me bastó para ser feliz: el grupo Gaula derrumbando la puerta de Andrés Felipe Arias y sacándolo a él en piyama en la mitad de la noche. Vi como lo esposaban y sin juicio previo lo metían a una celda nauseabunda y oscura, era como un Joseph K pero uno se alegraba de todas las desgracias que le estaban sucediendo, en la mitad de la noche cuando las ratas comiencen a devorar su cuerpo enclenque gritará con esa voz de hombre que nunca le conocimos por estar imitando a su patrón: “¡Sáquenme de acá!”. Pero de nada le servirá porque nosotros -sus carceleros- nos estaremos riendo de su dolor.
Vi cómo el nuevo gobierno hacía efectiva la orden de extradición que pesa sobre Uribe Vélez desde 1992, ya que los gringos consideraban al siniestro senado como el brazo político del Cartel de Medellín. Terminaría sus días en un cuarto un poco más limpio que el de Arias y con menos ratas.
Hasta que todo eso pase y la justicia no se acuerde de nuestro país no hay nada qué celebrar. Lo del viernes fue un inicio que tendrá que desembocar en el triunfo de una nueva fuerza que en realidad conozca los verdaderos problemas del país y los quiera erradicar, que esa sea su única función, que soporte la embestida de los medios que seguramente no cesarán de atacarlos y que dirán lo que no dicen ahora: “Un buen periodista tiene que estar en contra del poder”. Los que estamos por fuera seguramente volveremos y trataremos de reconstruir la dignidad, la decencia y la moral que este gobierno ha destruido.
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