16 de julio de 2012

LAS NOCHES DE LUNA LLENA DE Eric Rohmer.


Eric Rohmer está a la altura de los grandes novelistas. Su manera de escribir es un tanto particular. No necesita de una máquina de escribir o un papel y un lápiz. Se provee de actores, los riega en un plató y con cámara en mano comienza a delinear, a crear personajes.
En Las noches de  luna llena toma a una mujer despreciable. La clásica mujer frívola que además pasa por culta, por una mujer cosmopolita, de avanzada. Vive de gorra en la casa de su novio, un tenista retirado que posee una sólida cuenta bancaria. Ella planea irse del lado de la casa ubicada en el campo para irse a un apartamento en el centro de París. Allí no podrá perturbarlo con sus continuas salidas porque Louise tiene muchos amigos, casi todos reputados intelectuales y artistas. El mas cercano de ellos es Octavio, el clásico snob pretencioso que se la pasa hablando de lo mucho que trabaja en sus artículos y en todo momento lo sorprende la inspiración. Por eso tiene en el bolsillo de su gabán una libreta de apuntes.

A Remy el pedido de su novia no le gusta demasiado. Es más no puede aceptar ese tipo de relación desapegada, sin compromiso ni renuncias. Si uno está con alguien es para entregarse completamente a una persona. Para ella lo mejor es disfrutar de las noches de luna llena bailando en las discos de moda, al lado de hombres que no te den ningún tipo de estabilidad. Bestias nocturnas dispuestas a despedazarte. Cuando nota que Remy ha empezado a salir con otras mujeres Louise se resiente y allí vemos que su discursito barato de vivir juntos pero a la vez separados y sin códigos morales que te aten es solo eso;  una forma de acomodarse, de aprovecharse de la otra persona.
Rohmer veía con preocupación como la juventud de los ochenta había abandonado para siempre los ideales, los sueños, la innovación que se planteaba veinte años antes. Louise quiere un apartamento para estar completamente sola sin embargo vemos que en la primera noche se la pasa buscando en su agenda números telefónicos para invitar a salir a sus numerosos amigos. Cuando no queda otro recurso que quedarse esa noche en el apartamento tiene que ponerse a leer hasta que la venza el sueño. Al otro día cuando habla con Octave le dice que la pasó maravillosamente en soledad “Leyendo dos horas seguidas, había olvidado lo fantástico que es todo esto”.

Su trabajo es completamente mediocre. Dice ser artista pero en realidad lo que hace son unas horrendas lámparas que a nadie le interesa comprar. Claro que en sus ratos libres ejerce la arquitectura pero de entrada Rohmer la muestra como una persona completamente desinteresada por su pasión. En Las noches de  luna llena Rohmer muestra a una generación preocupada únicamente por pasarla bien, por no sufrir nunca más.
La declarada admiración de Rohmer y por Hitchcock se nota en esta película. El personaje principal es un tenista como sucedía con Farley Granger en Extraños en un tren y aplicando el concepto hitchckoniano de los objetos veremos al protagonista apoyarse en raquetas, usar términos tenísiticos, que sea el tenis precisamente la fuente de los problemas que tiene con su pareja.
En escenas como la del baño de París, cuando Louis descubre que Remy está en París, él que tanto detesta salir, tiene que esperar un tiempo considerable y respiramos el suspenso más genuino. Octave sentado en la silla, escribiendo un” magnífico” artículo que acaba de ocurrírsele le parece haber visto a Remy con una mujer. Pero todo es bastante impreciso, casi que fantasmal.
Está además la alusión a Jean Renoir y La regla de juego. Octavio es el amigo fiel, incondicional que está al lado de Louis como un perrito faldero. En el fondo no es más que un hombre completamente apasionado por su amiga y que hará lo imposible por tenerla, como el Octavio de La regla de juego.
Si quisiéramos explicarle a los marcianos como era un joven, la música, la estética de los años ochenta tendríamos que mostrar Las noches de luna llena, seguramente después de ver lo que sucedió en esos años donde los jóvenes se reconocieron frívolos, desinteresados y tontos podrían entender la crisis que actualmente vivimos.

Rohmer está a la altura de Stendhal. La valoración que se le puede hacer a sus personajes es bastante compleja. No crea estereotipos sino seres humanos. La vida en sus películas transcurre con normalidad, fue el cineasta que mejor supo retratar la realidad. A Rohmer no solamente se mira sino que también se lee.

13 de julio de 2012

PEQUEÑAS MISERIAS. Apuntes de Renson Said sobre las elecciones de la UFPS


Lo que ha sucedido en esta campaña política hacia la rectoría de la  Universidad Francisco de Paula Santander es vergonzoso. Grupos enfrentados como perros rabiosos que se muestran el colmillo. Campañas sucias. Vandalismo. Compra de votos a cambio de notas. Persecución académica y política. Discursos vacíos que no se diferencian en nada de aquellas arengas del demagogo tradicional de vereda. Programas que no buscan la modernización de la universidad sino el sometimiento brutal de todo un aparato institucional a una pequeña élite corrupta hasta los tuétanos.

La campaña oficialista de Héctor Parra, por ejemplo, está salpicada de toda clase de escándalos. Parra ha sido denunciado ante la fiscalía por celebración indebida de contratos, enriquecimiento ilícito y usurpación de funciones públicas. Lo denunció el abogado Luis Arturo Melo quien destapó la olla podrida de la universidad: el carrusel de contrataciones por más de 12 mil millones de pesos que firmó Héctor Parra días antes de dejar la rectoría en manos de Claudia Toloza, su factótum de bolsillo. Y con ello amarrar su quinto reinado. En estos últimos doce años, la Ufps ocupa el puesto 66 entre 68 universidades en investigacion segun el boletín científico Sapiens Research (el grupo que dio a conocer el ranking de las mejores universidades del país) en investigación.  Eso equivale a 1,68 sobre 100, lo cual significa que la investigación es inexistente. Y en esos mismos doce años la universidad ha acreditado una sola carrera. El resultado, como ven, es pobre, y cuestiona la labor de Parra como directivo.

Esa brillante y exitosísima operación de hipnotismo que maneja la rectoría, para que la mayoría de los estudiantes no se den cuenta de la necesidad histórica de un cambio, podría llevar a la Universidad hacia un subdesarrollo intelectual y académico. Porque el subdesarrollo lo determina el estatismo, las doctrinas dogmáticas, la inmovilidad intelectual, académicamente improductivas y ciegamente conformistas. Y todo esto es el resultado de una absoluta irresponsabilidad civil. ¿Por qué no asistió Héctor Parra al debate con los otros candidatos? Porque en vez de argumentos lo que tiene Parra es un desastre administrativo.

En esta campaña se ha coartado la libertad de expresión. No ha habido tolerancia. No ha habido uso de la razón: los tres aspectos que, desde el siglo XVIII, han identificado a la universidad en el mundo occidental

Al candidato Carlos Flórez le boicotearon la oficina, le robaron la publicidad de su campaña y no le han permitido enfrentarse en igualdad de condiciones con el candidato Héctor Parra. Porque la demagogia, la pobreza crítica, la ambición al enriquecimiento ilícito han estado por encima del debate y la inteligencia.

Yo creo que si Héctor Parra no hubiera ambicionado una quinta rectoría, hubiera podido jubilarse con un poco de tranquilidad. Pero ahora le toca enfrentarse a un lío judicial del que probablemente no salga bien librado y otra vez será la universidad la que pierda. Un cambio de rectoría le haría bien a la Universidad y a la sociedad. Y yo creo que Carlos Flórez o Álvaro Pedraza están en la condiciones de limpiar  a la Ufps de las pequeñas miserias de las que se ha embadurnado en los últimos doce años.

11 de julio de 2012

EL SORPRENDENTE HOMBRE ARAÑA. Me cansé de los paracos.


Lo que sucedió con El caballero de la noche en el 2008 y con Thor el año pasado me hicieron ir convencido de que este relanzamiento de la saga de Spider Man iba a estar a la altura de la publicidad desplegada. Nunca he sido un fanático de los comics de Marvel y la verdad me he enterado de la existencia de Stan Lee gracias al culto que le fabricó Kevin Smith, pero me gocé de principio a fin Los Vengadores y no tenía dudas de que acá me iba a pasar lo mismo.

En los primeros veinte minutos parece que todo está funcionando. Si, por supuesto que aparecen los lugares comunes, el nerdo con su patinetica a lo Martin Mcfly, el matón de colegio intimidando a los que llevan gafas e inhalador y de una vez sabes que estás al frente de un producto diseñado para un público adolescente. Una vez puestas las reglas del juego sobre la mesa las aceptas y tratas de ser un niño de nuevo. Los Lumiere no solo inventaron el aparato que vence a la muerte sino que en cierta forma es una máquina del tiempo.
A la primera hora puedes decir que la estás pasando bien. Siempre es divertido ver como un tipo común y corriente (Uno de los grandes aciertos de Stan Lee fue haber creado sus súper héroes con los defectos y debilidades que tenemos la mayoría de los seres humanos) va descubriendo que tiene poderes, como tiene que sufrir para aprenderlos a controlar. Acá el joven Peter Parker no necesita de ningún maestro, eso él haciendo cabriolas con su patineta va aprendiendo de las caídas. En una de esas como sucede desde que fue escrita hace décadas el tío de Parker muere y el man como es natural quiere venganza. La mayoría de paramilitares y asesinos en serie empiezan así y un justiciero enmascarado no es más que eso, un paraco. El jefe de la policía está obsesionado con ese enmascarado y es muy divertido para los que no estamos muy emparentados con el comic de Spider Man ver como el tombo es ni más ni menos que el suegro del arácnido justiciero.

Hasta allí todo bien. Pero pasada la hora, cuando aparece el villano, un lagarto completamente manipulado por los malditos efectos de un computador es que a mi juicio la película se viene abajo. Entonces entiendes que Marc Webb (el director de la primera parte de esta nueva saga) carece del talento de Keneth Branaght (Thor) o del magnífico Cristopher Nolan (Batman). Los tíos de Peter, interpretados por dos actores tan capaces y curtidos como Martin Sheen y Sally Field son sombras que se mueven en la película sin que tengan ningún peso. La pobre Field quien hace años no la veía vive pegado a ese lavaplatos como si toda su existencia se redujera a estar en la cocina. En ningún momento te enganchas con la historia de amor y eso que a mi Emma Stone me encanta y que no lo duden, Andrew Garfield es mucho más actor que Tobey Mcguire.
Cuando empiezan a destruir Nueva York te das cuenta que ya, que te hastiaste de que cada dos meses destruyan La gran manzana, que te has hastiado de los súper héroes, que a la industria le encanta agarrar un tema y exprimirlo hasta dejar el bagazo. Y mientras estas historias siguen funcionando en taquilla van a aparecer una y otra vez.

Son sagas que se acaban y vuelven a empezar, algo eterno como la Kundalini, la serpiente que se muerde la cola. Ojo que con esto no quiere decir que no esté emocionado porque el viernes estrenen la última parte del Caballero de la noche. Nolan es un genio y transformó a Batman en puro cine negro.
Para el que quiera desparcharse vaya y la ve. Le recomiendo que se fume un buen porro antes de entrar y la vean en 3D. Total es una época estéril donde no hay mucho por hacer en la calle.  La sala de cine sigue siendo uno de los pocos lugares donde uno todavía se puede sentir seguro, más si está en el hombre araña cuidándote.
A los fanáticos del comic y de los súper héroes seguro les va a encantar. Este servidor definitivamente ya se mamó de eso.

10 de julio de 2012

HUMOR COLOMBIANO. DE FLACAS TONTAS A GORDAS FABIOLAS


A pesar de que siempre estamos en los primeros lugares de ese absurdo ranking que mide cuál es el país más feliz del mundo, los colombianos carecemos de sentido del humor. El problema radica en que nos tomamos demasiado en serio. Somos la raza que creó a Pablo Escobar a Carlos Castaño, a Mancuso a Álvaro Uribe, gente profundamente admirada no solamente por todo ese aura de poder que tienen sino porque son unos berracos que no permiten que nadie se ría de ellos. Son gente seria que se hacen respetar donde se paren.
En casos bastante raros existieron comediantes que trataron de socavar la podredumbre social y política. Uno de ellos fue el recordado Jaime Garzón. Con su programa Zoociedad, fruto de la unión creativa  con Karl Troller y Eduardo Arias pudieron burlarse de toda la corrupta clase política en una época todavía más complicada que esta en cuanto a libertad de expresión se refiere, el principio de la década del noventa. Nueve años después Garzón pagó el precio y terminó estrellado en su camioneta con el cuerpo destrozado por las balas paracas.

Así responden los machos en Colombia cuando se meten con ellos, frentiando porque si no frentías perdés el honor y de ahí para adelante hasta marica te volvés.
El fundamento principal del sentido del humor es poder burlarse de todo, lo sagrado, lo profano, de los demás y sobre todo de uno mismo. En los ocho años de Uribe el colombiano aprendió a amar y a respetar su bandera, su tierrita. Esta inyección de nacionalismo produjo un conato de guerra con Venezuela y Ecuador. Los paisas, resguardados en sus montañas estaban dispuestos a dar la vida con tal de defender ese país tan hermoso que Dios les había dado: Antioquia. Hubo varios frentes de resistencia humorística, pero ni los Rencauchados, ni Francotiradores,  me hicieron reir. Yo creo que es porque se recurría siempre al chiste tonto, a forzar una situación para hacerla graciosa y no tuvieron la capacidad de ver que con solo mostrar la realidad era más que suficiente para despertar el humor.
Colombia es de los pocos países en el mundo (junto con Bolivia y Paraguay) donde todavía sus canales de televisión creen que el único instrumento del humor es el chiste. Por eso en cada fiesta tenemos a un maldito borracho contándonos un poco de cuentos verdes, subidos de tonos, repetidos hasta el cansancio, machistas, violentos, sosos, aburridos, inaceptables. Nadie es capaz de contar por ejemplo sus propias desgracias. No hay nada más gracioso que nuestros propios fracasos porque nos rebelan lo que somos: Miserables piojos en la cola de un elefante.

Los judíos si que saben explotar ese humor hasta el cansancio. Sasha Baron Cohen en su personaje de Borat asume el papel de un periodista de Kaskistán abiertamente antisemita. En Colombia, como todo se toma de una manera literal muchos creen que Baron Cohen es un tipo que odia a los judíos cuando en realidad no solo pertenece a esa raza sino que es un practicante acérrimo y consecuente, de esos que revisan una ensalada para comprobar si no se le ha colado al chef un pedacito de cerdo.
Woody Allen, Larry David, Jerry Seindfield también son representantes del gran humor judío, los tres no solo se ríen de ellos mismos sino que se atreven a ironizar sobre lo absurdo que es la vida, lo cursi que son los conceptos de patria y religión. Se orinan encima de todas esas guevonadas que nosotros como fieles representantes del tercer mundo creemos sagradas.
Somos literales, básicos. No sabemos leer entre líneas. Por eso creemos que los gringos son tontos “Porque se ríen de unas bobadas….” Ni hablar de los ingleses. Acá en los setenta nuestros papás adoraban a Benny Hill porque en una época mojigata el carnicero inglés les traía viejas casi que empelotas. Este es uno de los pocos países en occidente donde las películas de Eddie Murphy se reciben bien y fue el único país de Latinoamérica donde la tercera entrega de  Mi abuela es un peligro fue un éxito absoluto de taquilla.
Hay esfuerzos independientes de gente linda, super refinada, gente de vanguardia me entiendes que quieren que dejemos de ser los herederos de Montecristo y Alfonso Lizarazo para convertirnos en Sarah Jessica Parker. Chicas muy sofisticadas son las que llevan la batuta. Una de ellas es Isabella Santo domingo quien desde que escribió Los caballeros las prefieren rubias está convencida de que es la Diablo Cody colombiana. Lo peor es que muchas peladas que pasaron por una universidad bien creen que Isabella y su maldita serie (Porque el libro se ha convertido en una serie) les están mostrando el camino de la tan mentada liberación femenina; estudia, consíguete un buen puesto donde te paguen súper bien y te veas muy linda para que lleves a la cama al hombre que quieras.

Isabella como su hija, o su homúncula, Alejandra Ascárate están convencidas de que son dos mujeres super inteligentes y además hermosas. Gente muy interesante, de lo más graneadito que ha dado la pobre oligarquía colombiana. Muchachas (eternamente muchachas) que van cuando quieren a París, se comen a un argelino muy bueno, pagando muy bien por supuesto y luego llegan a Colombia a enseñarnos como es que por allá en esos países fríos la gente se ríe.
Yo no tengo nada contra la gente bruta, muchos son amigos míos y la gran mayoría viven felices. Lo que no soporto es a un imbécil dándoselas de interesante. Peor, a una idiota dándoselas de graciosa. La columna de la Azcárate no es mala porque se metió con las gordas, es mala y merece toda nuestra desaprobación es porque simple y llanamente no es graciosa. Cualquier palabra que yo diga sobra, todo eso ya lo escribió el gran Ricardo Silva Romero en su columna de El Tiempo.
Lo bueno que dejó la metida de patas de la Azcárate es que abrió un debate sobre el pobre nivel en que se encuentra el humor nacional. Desde el cine donde Dago encontró una fórmula y ya no se preocupa por contratar a un guionista sino que va pegando chiste tras chiste como si una película fuera un chorizo hasta en la radio donde el Cuenta huesos y Risa Loca son los reyes de la tarde.
El otro punto bueno es que posiblemente a Alejandra no le den trabajo durante un resto de tiempo. Y eso me alegra porque yo aborrezco a gente como ella, la niña que juega a ser loca, irreverente. Una copia extraña y anémica de Carolina Sabino cuando estaba de moda en los noventa. En el programa más asqueroso que se recuerde en mucho tiempo, Colombia tiene talento Alejandra jugaba a ser despiadada con ese poco de indigentes que se presentaban sobre ese inmundo escenario a hacer lo que más sabe hacer el colombiano promedio: el ridículo. Ella estaba convencida de que era la versión latina y hot de Simon Cowell.
Azcárate, Santo Domingo, el imbécil ese del Santiago Rodríguez, Suso el paspi, Pirry, en fin todo ese humor frívolo, con ese falso desparpajo, esa falsa denuncia, representa la imposición total del fascismo en este país. Por algo vienen con el sello de calidad RCN. Yo la verdad prefiero seguir viendo al genial Jorge Velosa en el Chinche, con todo y que para dolor de los que extrañamos esa serie tenemos que comprobar cada noche lo mucho que envejece.
Al parecer solo los pueblos civilizados y cultos pueden reírse de si mismos. Nosotros estamos demasiado felices y orgullosos de nosotros mismos para poder hacerlo. Desde que esto permanezca así estaremos condenados a dos flagelos: las flacas frívolas y las gordas fabiolas.

9 de julio de 2012

POR LA TARDE


El viejo estaba balanceándose en la mecedora. La sombra de la gorra le cubría media cara, el sol no lo enceguese, puede ver como los coyotes han dejado de comer la burra podrida, se dispersan asustados por los cascos de caballo que estremecen las piedras.
Con el miserable movimiento que le permitían sus piernas, detuvo la mecedora y se levantó crujiendo como si los huesos se le astillaran. En tres pasos llegó a la puerta, tomó el rifle y tambaleante se lo llevó al hombro.
"Todo se acaba menos la vista" pensaba el viejo "Si dejo de mirar, si los ojos se cierran es porque estoy muerto". La polvareda precedía  a la pandilla "Fue ella, la morena, tenía hambre, yo no le puedo dar nada, que voy a hacer, ella tiene el derecho de ganarse la vida como se le de la gana".
Eran tres. Al cabalgar el sombrero del rubio volaba en el cañón como un buitre más. "El sol le da de lleno en la frente, como si Dios hubiera sacado uno sus dedos de entre las nubes y me hubiera dicho Tu dispara Visconti, tu hala el gatillo que yo te la llevo hasta allá". El viejo sintió como el hombro se le desencajaba ante el primer culatazo "Primero se escucha la explosión, como si la tierra se tragara un trueno y pasará un momento, el tiempo justo para secarte el sudor que te cubre la frente para que veas como el hombre cae, como muerde el polvo".

Quedaban dos más, no se detuvieron a mirar como estaba el rubio. Al Grande la rabia le recorría las venas. Romperían cien mil murallas para sacar ese corazón. El viejo miró el suelo de su porche, se buscó una bala, una puta bala entre el pantalón, en el bolsillo de su camisa, se quitó el sombrero y arrojó el rifle al suelo.
"Con que esas tenemos viejo conchudo" Pensaba el grande mientras agarraba con fuerza las riendas del caballo "Apelando a la caridad cristiana gran hijueputa, no tuviera yo esas ganas de sacarle esa alma a balazos y mandarla directica al infierno, tuviera yo la paciencia que usted tuvo malparido para abrirle el pescuezo a mi papá y sacarle la lengua por ese hueco". La piel del caballo se abría en un surco sanguinolento, la carne exponiéndose al sol, la tierra dándole de lleno en los ojos del Grande. "Agradézcale a Dios que no me dió imaginación, que me hizo un guevón impaciente, un hambriado que quiere comer sin respirar, sin disfrutar. Porque era para deleitarme cortándolo por pedacitos, dejándole las heridas abiertas pa que los buitres bajaran y se atragantaran con usted".
El viejo salió del porche, siempre con las manos arriba. El Grande se detuvo unos pasos antes de llegar a la casa, el otro hermano se había retrasado. El grande puso el cañón de su rifle en su brazo extendido, vió una borrosa y redonda mancha en el visor,  respiró y presionó. La bala como un ave de rapiña se le llevó medio brazo. Los hilachos de carne salpicaron la pared.
El Grande se bajó del caballo, arrojo el rifle entre las piedras y desenfundó una pistola. "Santa María que estás en el cielo, tiene que existir un alma, esto no se puede acabar así. ¿Cierto que existe usted Dios? que se esconde es solo para asustarnos, para que la gente madrugue y sea laboriosa y devota como todos nosotros. Cierto que si Dios?." Al grande la rabia lo desbordaba. "Ojalá no me vaya a pedir perdón porque ahí si se me sale lo sádico y puedo caer hasta en el pecado de la tortura. No, no, que no me pida perdón. Bastante tiene con el sofoco que le espera en el infierno"
El sol aplastaba la casa. El  caballo del otro hermano tenía la lengua por fuera. Le clavó las espuelas en seco. Tuvo que agarrarse al cuello del animal para que el impulso no lo hiciera caer. Se apeó, caminó tres pasos hasta que el estallido de un revólver lo hizo detenerse. Desde donde estaba alcanzó a ver como el viejo caía con la cabeza abierta en la madera que el mismo había pulido.

LA CHISPA DE LA VIDA De Alex de la Iglesia. España en tiempos de crisis.


Un gran autor tiene que ser un testigo y un cronista de su época. Cuando Alex de la Iglesia anunció que su próximo proyecto se centraría en el drama de la crisis económica que azota a su país.  Esperamos ansiosos la visión que tendía el director bilbaíno.

Sin temores de asumir riesgos asume la historia del publicista que creó el famoso slogan de Coca-Cola, La chispa de la vida. Ahora todo para Roberto Gómez va en picada. Nadie quiere darle trabajo, como a miles de españoles. De nada le sirve tener un brillante curriculum, todo el mundo le cierra la puerta en la cara. Lo único que le da sentido a su existencia es su hermosa esposa mexicana interpretada por Salma Hayek. Ella es el prototipo de la esposa abnegada, encerrada en una cocina, alguien que no pide nada, que solo da.
Agobiado por las deudas, por el desempleo,  decide liberarse un poco de la tensión y darle una sopresa a su querida esposita; busca el hotel donde pasó la luna de miel, no vendría mal pasar un fin de semana en la hermosa Cartagena española. Pero el lugar ha sido derrumbado por que justo allí se han encontrado los restos de un teatro romano. Roberto asustado por un policia que le pregunta Que coño está haciendo en la zona prohibida, da un paso en falso y se aferra a una escultura gigante para no caer en el vacío, una secuencia realmente brillante que logra comprimir toda la poderosa imaginación de Alex de la Iglesia. Mientras el policía trata de rescatar al hombre, el alcalde inaugura el complejo arqueológico. Todos los medios nacionales, locales y extranjeros están allí para reportar el hallazgo. Mientras tanto  el pobre Roberto no logra soportar más y  cae sobre una reja. Al parecer todo está bien, puede hablar, mueve las manos, está en perfecto estado... sino fuera por esa maldita barra de hierro que tiene enterrada en la cabeza.

A diferencia de No man's land acá no sentimos la angustia del hombre que si quiere permanecer vivo debe estar absolutamente inmóvil. La razón está en que Denis Tanovic eligió seguir con su comedia ácida y no se vio tentado como De la iglesia en caer en la trampa de la denuncia, de ceder ante la exigencia de un drama que lograra sintetizar la angustia de millones de españoles que hoy ven como esos sueños que se tejieron en los noventa se desploman como una antigua escultura romana. Cae en la provocación estéril de señalar a los medios como grandes creadores del caos, de la explotación del dolor ajeno. Cuando los hermosos ojos de la presentadora local se llenan de lágrimas mientras realiza una "Emotiva" entrevista a Ramón que irremediablemente agoniza ante las cámaras, tenemos la incómoda certeza de que De la Iglesia se está tomando en serio, que quiere chantajearnos emocionalmente, el que ha sido tan ácido, tan radical, tan brillante.
Quiso hacer un drama y todo salió mal. Los personajes no son más que un conjunto de caricaturas donde los malos son ricos, tienen batas de seda, son gordos y en sus fiestas las únicas invitadas son una docena de prostitutas. Los pobres son las víctimas del capitalismo infame que todo lo corrompe. Esas imágenes de cientos de personas llenando el coliseo Romano con pancartas de "Todos somos roberto" es francamente patética, sobre todo porque comprobamos que Roberto Gómez es España agonizando. Alex de la Iglesia creyó tener la responsabilidad de mostrarnos el camino, se vio que en sus noches de insomio una obsesión lo habrá asaltado "Debo sentar una posición, como genio que soy, sobre la crisis que azota a mi país". Siempre en su tono, en su estilo, pero cayendo por momentos en la estúpida solemnidad de un guión completamente ajeno a sus atmósferas.

Pero esto no es todo, a los errores del guión hay que sumarle el error de haber escogido a  Salma Hayek para interpretar a la esposa. Esta odiada actriz  es una de las peores  que este miserable crítico haya tenido oportunidad de conocer. La mexicana está a la altura de sus compatriotas Adela Noriega, Thalia o de la colombiana Maritza Rodriguez. Desde el tono de la voz hasta sus gestos los aprendió de los grandes directores que tuvo mientras protagonizaba telenovelas exitosas en su México lindo y querido.
Esa escena final, un pretendido homenaje a El tercer hombre donde Salma le escupe la dignidad en la cara al oscuro productor de televisión no es más que una parodia por culpa de la incapacidad histriónica de esta Frida Kalho post-moderna.
Lo que esperábamos fuera la Network española termina convertida en un curioso y estéril hibrido. Mitad drama, mitad satira, mitad denuncia. Muy poco de Alex de la Iglesia. Lástima, perdimos la oportunidad de ver la gran película sobre la crisis. igual más de uno la va a disfrutar, van a decir que fue una aguda y profunda crítica a esos medios que todo lo explotan, que todo lo venden. Acá solo se señala y no se ahonda, no se mete el dedo en la llaga, solo atina a decir que ellos son los malos y nosotros, los pobres que no tenemos trabajo somos los buenos y esta coyuntura es mucho más compleja y esperábamos que un genio pudiera explicarnosla pero no ha podido ser asi.
Paradójicamente en películas de hace más de diez años como El día de la bestia o La comunidad se pueden encontrar esas razones. Mientras todos celebraban la bonanza, el despilfarro, Alex de la Iglesia ironizaba y parodiaba una sociedad que había tenido un súbito ataque de riqueza. Para eso están los grandes artistas, para ver antes que nadie el horror que se puede cernir sobre un país o una civilización. Si quieren saber las razones de la crisis no vean La chispa de la vida mas bien revisiten una y otra vez El día de la bestia.