22 de agosto de 2012

THE LOST WEEKEND De Billy Wilder. Un borracho en Nueva York


A los 19 Don se creía un genio.  Uno de los primeros artículos que escribió fue aceptado en Readers Digest. Su mamá lo alentó, que mejor manera de fomentar un talento que vivir en Nueva York. Allí llegó a los 20 años, con unos cuantos dólares y una Olivetti reluciente y nueva, a vivir en el apartamento de su hermano. No había prisa, podía quedarse allí el tiempo que quisiera. Por lo único que tenía que preocuparse era por escribir. Se sentó frente a la hoja en blanco y la llenó de letras. Pero después de tres intentos donde quedaba demostrado que la inspiración se había ido, Don empezó a preguntarse si esos primeros artículos no habían sido más que un golpe de suerte. Necesitaba encontrar un catlizador, algo que liberara las ataduras de su mente. Una voz le susurró destape una botella, beba de ella, beba hasta el fondo, hasta perder la conciencia.

Ante de  Lost weekend los borrachos en el cine eran figuras graciosas, siempre dispuesto a hacer las delicias del público con un gag. Nadie se había atrevido a mostrar la desgracia que podía atraer la adicción, eso fue precisamente lo que llamó la atención de Thomas Mann quien el 18 de enero 1946 escribió estas anotaciones en su diario “Por la noche a Westwood al cine: Lost Weekend basada en Jackson. Película bien hecha e impresionante en su representación de la adicción”.
La guerra recién había acabado y Estados Unidos quedaba posicionado como la única potencia mundial. Era una época feliz donde nadie ponía en duda que el modelo de sociedad que se había construido en América era el que debía seguir el mundo. Y viene este austriaco aguafiestas a decirnos que dentro de este país pueden sobrevenir este tipo de desgracias: la de un hombre frustrado, consumido por un vicio. La gente cuando la vio la primera vez la detestó. Billy Wilder no soportó ver como el cine se reía de ella. Salió un rato, tomó una copa en el bar más cercano. 

Al volver revisó las notas que había dejado la gente, entre ellas se destacaban dos “una buena película, solo habría que eliminar lo referente a la bebida” la gran mayoría de los juicios eran demoledores: la película era repugnante, repulsiva, aburrida. Un espectador después de la proyección, comentó que había decidido dejarlo. Cuando le preguntaron si quería dejar de beber, contestó:
-          No, no he renunciado a beber, he renunciado ir al cine.
En pocas semanas el panorama cambió. La gente abarrotó la sala interesada en ver este drama terrible sobre un hombre que no puede detener su vicio a pesar del amor que le da su novia, del apoyo incondicional de su hermano. La academia no fue indiferente a ella y por eso le otorgó cuatro oscares, los mas importantes, mejor director, mejor película y mejor actor. Ray Milland  había aceptado a regañadientes este papel ya que lo consideraba demasiado polémico para su figura de estrella. No se arrepentiría, interpretar a Birnan le constituiría la única estatuilla en su dilatada carrera.
Pero este no es solo .un filme sobre un borracho sino sobre una ciudad, Nueva York, Lost weekend fue de las primeras películas que mostró las calles de Nueva York, la gente en una hora pico, adelantándose al cinema verité y exhibiendo ese aire de documental que impregnó la obra de Wilder desde aquel experimento hecho junto a su amigo, Fred Zinneman mostrando a Viena en Gente en domingo.

Contrario a lo que se puede esperar de un filme de Billy Wilder no esperen una película divertida, más bien prepárense para adentrarse en el infierno interior de un escritor frustrado, de un hombre completamente sometido a una adicción y que solo el amor podrá sacarlo de ese pozo depresivo que cada vez lo empuja más y más a llevarse una pistola en la sien. Así nos ofrezcan un final donde se puede albergar la esperanza de un cambio ya nada puede quitarnos el desasosiego de haber visto a un hombre destruirse ante nosotros.

21 de agosto de 2012

PELICULAS MALDITAS. CARNE DE TU CARNE DE Carlos Mayolo


En los primeros 45 minutos crees que estás ante el despegue definitivo del Cine Colombiano. Todo parece funcionar, el aeropuerto lleno de aviones viejos, los trajes, el diseño de arte. La escena de la familia reunida en torno al proyector es antológica. Sobre la pared vemos a los fantasmas del pasado, el tío ateo, el escritor suicida, las monjas y otro tío de la familia que se parece muchísimo a Luis Ospina.  Está el contexto histórico, la terrible explosión de Cali ocurrida un 6 de agosto de 1956 cuando por “accidente” explotaron 1053 cajas de dinamita dejando más de 1500 muertos y que la historia oficial a borrado de un solo plumazo. Mayolo fue testigo de esa tragedia e incluso en sus memorias dice que su casa terminó afectada. Poncho, su amigo de toda la vida también vivió la explosión. Todo eso está puesto sobre la narración de la película sin que se recargue o empalague.

Incluso podemos aceptar ver a esos terratenientes despiadados de los Velasco pagarle a los pájaros para que asesinen campesinos, les corten las orejas y apoderarse de sus tierras. Desde el principio, con el monólogo de la vieja agonizando podemos sospechar lo del incesto, hecho que corroboramos con la excesiva ternura que despliegan David Guerrero y Adriana Herran. Podemos parar un momento y enumerar entonces los temas que ha tratado la película en su primera mitad: Explosión de Cali, Terratenientes despiadados, Incesto, Descomposición familiar, creación de las temibles bandas de Pájaros. Son cinco temas en menos de cuarenta y cinco minutos sin que ninguno se desborde. Eso revela que detrás de la cámara hay un director de pulso firme, un tipo que parece tener claro la historia que va a contar, que conoce muy bien sus limitaciones.
Toleramos las torpes actuaciones, los fallos técnicos, el sonido infame, toleramos todo menos cuando dentro de la cabeza de Carlos Mayolo retumba el peor de los defectos del grupo de Cali: las seudofascinaciones. Sabemos que la película es de un cinéfilo porque está dedicada a Roger Corman y a Roman Polansky. Hay escenas como en la explosión cuando la familia huye del horror y todo se pone rojo que recuerda a la primera película del director polaco en Inglaterra, Repulsión. Hay escenas que no recuerdan a nada sino que son originales, cargadas de una potencia única como la de los dos adolescentes volando en el columpio. Pero cuando aparece Luis Ospina con la boca llena de sangre, la abuela en silla de ruedas y el viejo fantasma del general mirando a los dos hermanos cometer incesto empezamos a ver que la maldita cinefilia se ha metido dentro de la película como la broma comiéndose un barco. Ya nada podrá salvarla del naufragio.

Se convierte entonces en una extraña mezcla de El fantasma de la libertad y Sangre para Drácula con tintes de La noche de los muertos vivientes. Todo eso para mostrar lo inteligente que ellos eran, todo el cine que veían, lo importante que era Poe para el grupo. Todo se cae como un castillo de naipes. Esto ocurrió unos años antes con la opera prima de Luis Ospina Pura Sangre, unos primeros minutos arrolladores para después convertirse en una miserable copia de Ciudadano Kane.
Los primeros cristianos murieron por preservar el nombre de cristo, los caicedianos se mueren de sus propias seudadas. Se tenía que demostrar la cultura, el rock, la cinefilia para ser un man bien, si me entiende…
 En un país sin imágenes Carlos Mayolo tenía el talento, la perseverancia, la salud que puede necesitar un director para hacer una gran película. Sin embargo no lo pudo cuajar, en parte porque en esa época, 1983 cuando era tan difícil hacer cine en este país en la opera prima de cada director este tenía la necesidad de contarlo todo. Contar sus obsesiones, su vida, la situación del país, la denuncia, la música, el cine que veían. Mayolo lamentablemente cayó en esa trampa. Tres años después haría La mansión de la Araucaima y ahí si podíamos ver la obra de un autor maduro, en esa adaptación de la novela de Mutis podemos ver una atmósfera propia, lo que se conoció en los ochenta como el Gótico Tropical.

Carne de tu carne es una obra digna, con planos memorables, la película de un hombre que conocía el oficio, que amaba el cine. Lamentablemente por la necesidad de la cita constante y de demostrar todo el tiempo el amor al horror que tanto profesó el grupo por culpa del suicida, Mayolo cayó en la trampa y echó por tierra lo que seguramente iba a ser nuestra primera gran película.

¿PODEMOS JUGAR? Historias de la violencia.


Esto me lo contó Emiliano hace unas noches.
En Chitagá como en casi todo Norte de Santander los paramilitares se asentaron a principios de la década pasada. Pusieron su centro militar y de tortura en el viejo caserón de los Ávila. No se caía una hoja de un árbol sin que ellos lo supieran. El control era total. Todo lo que salía y entraba en el pueblo tenía que pasar necesariamente por el ojo inmenso que todo lo ve. Una mañana  apareció un niño de 7 años encima de una mula. Nunca antes lo habían visto en el pueblo. Marcos, el líder de los paracos al verlo salir del puente ordenó que lo esculcaran.  Dos hombres de cara rocosa ayudaron a bajar al niño de la bestia. Le preguntaron que de donde venía y el niño señaló los frailejones que se veían quemados por las constantes heladas que azotaban el páramo.

-          Usted cómo se llama?- Le preguntó el más viejo de los hombres mientras revisaba las alforjas que cargaba en la mula.
-          Francisco- respondió el niño.
El más viejo le hizo una seña al  de la cabeza rapada para que se acercara. Entre unas sábanas venía escondido un radio intercomunicador. El de la cabeza rapada se le acercó al niño.
-          ¿Quién le dio esto?
Francisco se quedó pálido, como si el alma se le hubiera salido con esa pregunta.
-          Me lo encontré por el camino- respondió mientras tragaba saliva.
El de la cabeza rapada toma a la mula por las riendas y quiso marcarle el camino pero la mula se mantuvo inmóvil y miraba con angustia al niño como preguntándole que hago y Francisco no tuvo tiempo de decirle con palabras dulces al animal que hiciera caso porque detrás de la bestia estaba el más viejo agarrando con fuerza su fusil y propinándole un culatazos en sus ancas.. La mula automáticamente se puso en camino.

El pueblo eran tres calles desiertas. Pocos se atrevían a enfrentarse al frío que bajaba como un manto tenebroso justo después de las siete, la hora en que los paramilitares montaban el estado de sitio. Todos tenían medio. Mejor vivir encerrado, escuchar desde el cuarto descascarado el lamento de los torturados. El único que se atrevía a salir era Emiliano. Su familia vivía justo al frente de la casa de los Ávila. Eran amigos de toda la vida. Una noche vieron como entraba un comando y los sacaba a empujones de su propia casa. Los metieron en un camión y según palabras de Marcos los llevaron a dar una vuelta. Nunca más los volvieron a ver.
Emiliano Tenía ocho años y le gustaba salir a jugar con los carritos justo al frente del cuartel. Por las rendijas de las  ventanas los habitantes de la calle central vieron como los dos hombres traían a Francisco y a la mula. Emiliano los vio meterse en el viejo caserón, ignorando porque la gente grande tenía miedo. Su mamá iba a salir a decirle que mejor centrara a tomarse un chocolatico, el de la cabeza rapada salió y con amabilidad le dijo a la mamá que mejor lo dejara por ahí
-          Le hace un bien señora, es mejor acostumbrarlo a que viva en la calle y no debajo de sus naguas, así es que se forman los hombres, señora.

El consejo era una orden y la señora no tuvo otra posibilidad que obedecer. Antes de que fuera mediodía, cuando Emiliano ya había hecho una carretera con sus propias uñas y andaban por allí los cuatro carros con los que jugaba tenía al frente a Francisco.
Recordaba Emiliano muchos años después “Era como un hombre muy viejo metido en el cuerpo de un niño. Se veía muy angustiado y con una voz que seguramente no correspondía a su edad me preguntó “¿Podemos jugar”. Yo le di un carro y le expliqué un poco en qué consistía mi juego pero la verdad no me hacía mucho caso, todo el tiempo estaba mirando para la casa de los Avila, sabía que estaban deliberando sobre la pena que le esperaba por haber traído ese transistor”
El niño tomó un carro y distraído lo impulsaba para detrás y para adelante. El de la cabeza rapada y el más viejo los veían desde la entrada del cuartel mientras tomaban una cerveza. “ Me parecía increíble que el último deseo que podía tener ese niño era justamente jugar, jugar en contra de las circunstancias, en contra de él mismo porque tenía miedo, se le veía el miedo, le temblaban las manos no del frío sino del miedo.No sé cuánto duró eso, el pánico que sentía el niño me lo transmitió a mí. Al poco tiempo dejamos de jugar y nos pusimos a esperar entre la tierra que habíamos escarbado”.
Adentro en la mesa de caoba de doce puestos Marcos terminaba de comer las orejas de cerdo que tanto le gustaban. Tenía al frente el radio que había traído el niño. Lo tomó entre sus manos, lo examinó. Estaba claro que nadie dejaba por ahí, tirado al lado del camino un aparato de ese calibre. Se levantó de su mesa, se acomodó las tirantas y salió a la calle. Se puso entre el mas viejo y el de la cabeza rapada y miró al niño. Le hizo una seña a sus dos hombres y ambos entraron.

“El niño tenía los ojos llorosos y yo le dijo que no tuviera miedo, que mi mamá no iba a dejar que nada malo le pasara, pero Francisco no me escuchaba, era como si ya no estuviera allí”. A los pocos minutos salió el más viejo.
-Venga para que almuerce, no vaya a ser que después me le dé la pálida.
“Francisco me pedía algo con la mirada pero yo no sabía que era, quería quedarse conmigo, que lo guardáramos en el patio pero yo no atiné a decir nada y lo dejé ir”
La mamá de Emiliano lo metió en la casa. Ya era mediodía y la bruma bajaba entre las piedras y los frailejones como una avalancha. “estaba con mi mamá en la mesa, tenía al frente un plato de colado pero no me comí ni una sola cucharada. Escuchamos llegar el camión, el mismo camión que se llevó a los Ávila, nos asomamos entre la rendija de la puerta y allí estaba el secundado por los dos hombres. Estaba pálido como una placa de mármol  Lo subieron al camión, tenía la mirada perdida, tal vez buscando la mula pero no la encontró”
El camión despertó la polvareda. Emiliano salió a la calle y lo vio perderse entre los peñascos. En la noche regresó el camión sin el niño. La mula duró deambulando por el pueblo tres días hasta que uno de los hombres que vivían en la casa de los Avila, después de desocupar una botella de aguardiente en fondo blanco decidió descargar el proveedor en ese animal triste y flaco. Algunos paracos también tienen alma.
 h

15 de agosto de 2012

PELICULAS MALDITAS. THE MISFITS DE JOHN HUSTON


Orson Welles decía que era mucho más interesante la vida de John Huston que sus películas. Vaya si no lo he constatado leyendo su autobiografía y viendo en muy poco tiempo alguna de sus mejores películas. El problema que se le endilga al autor de La burla del Diablo podría ser la cantidad de películas que realizó. Aceptaba cualquier proyecto y eso en una época en que a la intelectualidad francesa le dio por crear el remoquete de autor era algo que se prestaba inevitablemente a la sospecha.
                                                     Instrucciones precisas a Marilyn
Pero han sido muy injustos con Huston. Él ha sido el creador de clásicos absolutos como El halcón maltés, La Jungla de asfalto, La reina africana, El tesoro de la sierra madre o esa sátira vanguardista como es  El juez del patíbulo. Películas llenas de vida que el tiempo no les ha quitado un ápice de su frescura. Sin embargo hay otras que han envejecido. Una de ellas es The misfits. Ayer quería volverla a ver porque a pesar de tener un elenco de lujo, de que el guión sea del mismísimo Arthur Miller, que en la edición hayan tenido a la mano derecha de Hitchcock, George Tomasini, el recuerdo que tenía de este filme no era el mejor. Alentado por haber leído la autobiografía me puse a buscarla. La encontré y la puse. A la hora el malestar de hace unos años volvía a hacerse presente. Hay algo que me resulta chocante en esa película. De pronto es porque no pasa nada, porque no logro creerle a Marilyn Monroe toda esa soledad y tristeza que la embarga. Es la misma incredulidad que siente Clark Gable cuando en el auto le dice “Como puedes ser tan triste, si un rostro como el tuyo da felicidad”. El que decía estas palabras no era necesariamente la estrella de Lo que el viento se llevó sino el mismo Arthur Miller quien veía impotente como el amor que sentía  Marilyn hacia él se  deshacía.
                             "Las peleas entre los dos eran constantes" Foto de Inge Morath
En la película el personaje de la Monroe acababa de divorciarse. Justo cuando pensaba internarse sola en el pozo de su depresión aparecen dos vaqueros, Eli Wallach y Clark Gable para invitarla a pasar unos días en el rancho del primero. Alentada por su casera, la siempre graciosa Thelma Ritter Marilyn se va con ellos soportando estoicamente las embestidas del galancete sesentón que tiene que soportar ver a M.M. en traje de baño, recostándose sobre su hombro buscando cobijo, calentándose hasta explotar “Con esa carne de primera” con la que convive pero no puede tocar.
Viven sin jefe, sin ser asalariados. Pertenecen a una época que ha pasado pero ellos se niegan a adaptarse. Están aislados, viviendo en el desierto, cultivando verduras y amansando caballos salvajes. Nada parece sobresaltarlos hasta que aparece Montgomery Clift, el joven aprendiz de vaquero. Ahí si Marilyn al ver esas cejas pobladas y esa mirada profunda, intensa, caerá rendida a los pies del joven discípulo de Strasberg.
                         Arthur Miller y John Huston padeciendo las inseguridades de Marilyn
                                  
La filmación en sí de la película fue una noticia. El hecho de que Arthur Miller se sentara a escribir un guión para su amada esposa era una bomba. Muchos fotógrafos visitaron las locaciones y dejaron un registro absolutamente maravilloso. Allí estaba Henri Cartier Bresson Erns Hass o Inge Morath quienes fueron testigos del desprecio constante al que era sometido Miller por parte de su despampanante esposa. Ella estaba rodeada constantemente de aduladores que trataban muy mal al dramaturgo. Tratar mal es que expresamente lo humillaban o se burlaban de sus comentarios. Huston fue testigo excepcional de esto y en Un libro abierto narra de esta manera uno de esos desprecios "Una tarde iba en coche por ahí lejos de donde estábamos rodando – a millas del desierto – cuando ví a Arthur solo. Marilyn y sus amigos no le habían ofrecido traerle de vuelta, ellos acababan de dejarle. Si yo no le hubiera visto, se habría quedado tirado allí. Me compadecía cada vez más de él". El director tomó partido desde el principio por su guionista así como todos los que visitaban el plató en Reno, Nevada. Incluso la fotógrafa Inge Morath terminó siendo la esposa de Miller justo después que Marilyn lo botara como quien arroja un Kleenex sucio.
                                                              Momentos antes de rodar
Gable estaba de muy buen humor durante el rodaje a pesar del continuo dolor de espalda que lo azotaba. A sus sesenta años se conservaba muy bien. No se comportaba como una estrella cualquiera. Al contrario, su disciplina y compromiso con el proyecto asombraron al director y sus técnicos. Quería ser recordada antes que nada como un actor.  Estaba muy entusiasmado. Decía que este era su papel más importante desde Rett Buttler. Estaba impaciente por ver nacer a su hijo. No veía la hora de ver la película. Sin embargo nunca lo podría hacer. El 16 de noviembre de 1960, tres días después de haber terminado la filmación un infarto lo sorprendería en su mansión de Los Ángeles.
No solo sería la última película para Clark Gable. Marilyn sucumbiría a su vicio de dormir dopada dos años después. Estaba rodando una película pero apenas  había actuado en un par de secuencias. The misfits había sido su testamente fílmico. En su boca quedaron las palabras de su despreciado esposo como despedida final. Arthur Miller la contenía, le daba un cierto equilibrio, la presionó para que cada vez fuera una mejor actriz. No en vano los dos mejores papeles (Este y el de Sugar Kane en Some like it hot)  ocurrieron mientras estaba casada con el autor de La muerte de un viajante.

                                 Huston dirigiendo a M.M y a Thelma Ritter foto de Cartier Bresson

Además de ser la última película de estas rutilante estrellas The Misfits  fue el último gran papel de un cada vez mas deteriorado Motgomery Clift. El abuso de drogas y del alcohol hicieron que fuera cada vez más difícil para él aprenderse los diálogos de los guiones de las pocas películas en las que actuó después. En una de ellas volvería a ser dirigido por Huston. Tenía que interpretar al doctor Freud pero según cuenta el director la experiencia fue poco menos que traumática. Era disperso, los nervios estaban destrozadas y cada tanto hacía pataletas dignas de un niño gigante. Moriría en 1966.

Por estas razones que exceden lo cinematográfico The misfits  es el testimonio del final de una época. No solo fue la última película de dos de las más grandes estrellas de todos los tiempos sino por el año en que fue estrenada, 1961, marcaría el final junto con El hombre que mató a Liberty Valance de la época dorada de Hollywood.

13 de agosto de 2012

JAIME GARZON, CHAVELA VARGAS Y LOS BIENPENSANTES


Que paradójico, hay gente que hoy en sus perfiles de Facebook pone el rostro de Jaime Garzón cuando ayer ponían en el mismo espacio el retrato de uno de sus presuntos asesinos,  Uribe. No hay contradicción más grande que el de llorar a Garzón y ser uribista. Hace unos días murió en México o no sé en donde la cantante Chavela Vargas. Confieso que para mí la cantante costarricense no fue más que una exótica muer con barba.
 Tengo amigos que hacían reuniones en sus lujosos apartamentos en torno a una botella de tequila y ponían un disco de ella. Deliberadamente empezaban a embargarlos la tristeza, se ponían en onda. Entre más triste uno se ponía escuchando Llorona más culto se volvía. Diez años antes nadie la escuchaba. La consideraban una cantante de cantina para mexicanos borrachos.  Tuvo  que venir Almodóvar y meterla dentro de la banda sonora de sus películas para recibir la aprobación de ese público universitario y ñoño.
                                                      Chavela y Almodovar.
Al morir a los noventa y cinco años los bien pensantes expresaron su inmensa pena ante la desaparición de esta mujer con barba, que entre otras cosas había sido amante de otra muchacha con bigote, la Frida Kalho esa que tanto sobreestiman los bienpensantes. Para amar algo necesitas merecerlo. Una de las desventajas del Facebook es que fomenta la pereza. Se filtra una noticia, por ejemplo el deceso de un artista o el aniversario de su muerte y ya no necesitamos saber nada más para declararnos fans. Que cuento de leer la obra ni esas maricadas. Vamos directamente al exhibicionismo de nuestro dolor
Dentro de pocas semanas todos esos que lloraron a Chavela la olvidarán por completo. Harán bien, escuchar tres canciones seguidas de esta señora un domingo a las cinco de la tarde puede inducir al suicidio. Ha Garzón como cada año lo olvidarán mañana 14 de agosto. Hoy los noticieros harán un especial sobre él pero no se ahondará en el tema que debería preocuparnos; ¿Quién lo mató?
                                                             ¿Algún día?
Jaime Garzón usó el humor como un arma para atacar a los poderosos de este país. Cuando se juntó con Karl Troller y Eduardo Arias para crear Zoociedad no pensaba que este programa podía presentar los picos de ratings que presentó. Se atrevieron a darle al país un espacio donde se renunciaba a lo que estamos acostumbrados para hacer humor, el chiste fácil, la recocha. Lo increíble es que a los colombianos les gustó el programa. Zoociedad bebió de las fuentes de Monty Phyton y hasta de Mark Twain, pero a la vez uno al escuchar a Emerson De Francisco podía tener otro lado de la noticia, el lado que los grupos económicos no dejaban difundir. Uno podía estar informado y a la vez divertirse con pura y física patafísica.
                                                El gran Emerson de Francisco
Al final de sus días, cuando poco a poco su figura iba siendo asimilada por el establishment, decidió cambiarse la dentadura y creo que alcanzó a protagonizar alguno de esos café conciertos que tanto gustan a las menopáusicas.
Sin embargo su vena crítica no se extinguía. Recuerdo cuando supe que ese embolador de cara manchada de hollín y desmueletado que se hacía llamar Heriberto de la Calle era Jaime Garzón. Entonces supe que ese man, en un ejercicio digno del método de Strasberg, se había quitado las muelas solo para encarnar con fidelidad uno de los personajes más deliciosos, punzantes y valientes de nuestra miserable televisión. Verlo arrinconar a sus invitados en el segmento que tenía en CM& era una experiencia alucinante, tanto que uno era capaz de soportar a Yamid Amat por media hora con tal de verlo.
Me despertaron con la noticia de que estaba muerto. Encendí el televisor y vi la camioneta negra, estrellada contra un poste de la luz. El cuerpo todavía estaba adentro, como una sombra negra descansando sobre el volante. Cesar Augusto Londoño dijo esa noche la única frase iluminada que ha dicho en treinta años de carrera “Buenas noches, país de mierda” tenía los ojos arrasados en lágrimas. Fue un día absolutamente triste para el país y no necesitamos de Facebook para expresar nuestro dolor. Matarlo significaba no ver nunca más a Heriberto, saber que Jaime nunca más volvería a crear un personaje y que el paramilitarismo, los mafiosos y los políticos andarían por ahí campantes sin que nadie les cantara la tabla.
                                                El llorado Heriberto de la Calle.
                                                   
La actitud no es solo poner la cara de Garzón en el perfil de Facebook sino tratar de luchar lo hacía no para asumir la actitud hipócrita de “Conseguir la paz” o caer en el lugar común de decir “Queremos hacer de este mundo un lugar mejor” sino tratar de hacer denuncia, de poner el dedo en la llaga. Todo el mundo sabe quién es el asesino, todos sabemos que la guerra es un negocio y que por ende no se va a quedar, a todos nos queda claro que la guerra contra las drogas se perdió y que si se quiere acabar con el narcotráfico la solución más sencilla y lógica es legalizar la droga. Ese podría ser el mejor homenaje que se le puede hacer a Heriberto de la Calle.
A las pocas semanas de haber muerto recuerdo a los mechilargos de la universidad pidiendo borrachos Candela de César Mora, la que decían, era la canción preferida de Garzón. Siguiendo la canción con pasos torpes y una botella de Águila gorreada en la mano trataban de seguir el ritmo de la salsa. Se la sabían de punta a punta con coros y todos. Regaban un poquito de cerveza en el piso para que todo el mundo se diera cuenta del inmenso dolor que sentían ante el vil asesinato.
Sin embargo nadie estuvo atento de la investigación. Los asesinos seguían libres aunque se sabía claramente que el crimen lo había ordenado la ultraderecha de este país.
Con la creación de Facebook Garzón se convirtió en un ícono cultural. Los mismos que leyeron y subrayaron frases enteras de Mi confesión la autobiografía de Carlos Castaño, posteaban en  sus muros a uno de los personajes del humorista. Se admiraba por igual a la víctima y al victimario. No era cinismo señores, era física ignorancia.

12 de agosto de 2012

TOTAL RECALL DE LEN WISSEMAN. TOTAL ¿PARA QUE?


Sin duda que iba con muchas expectativas. Ya sabía que esta versión del 2012 era una lectura completamente diferente del cuento  We Can Remember It for You Wholesale que había adaptado con tanto éxito como Paul Verhoven en 1990. Esto lo hacía todavía más interesante. ¿Para que hacer remakes sino aportan una nueva interpretación, una nueva trama?
El problema es que desde el principio uno mentalmente va haciendo comparaciones y cuando eso comienza a suceder al ver un remake es porque definitivamente te estás aburriendo. Es una pena porque los elementos estaban dados. La visión de la ciudad opresiva, sucia, asfixiante podía ser toda una reflexión sobre el futuro negro que le espera a este planeta si seguimos empeñados en destruir todo espacio verde. La lluvia ácida cayendo eternamente sobre la ciudad recordaba la atmósfera utilizada por Ridley Scott en su célebre Blade Runner. Era una manera bastante inteligente de rendirle tributo a Phillip K. Dick.

Además estaba el dictador que con la excusa de combatir el terrorismo destinaba recursos para endurecer sus tropas dizque para proteger a los ciudadanos. Los medios de comunicación como siempre se prestaban a la farsa. Pero estos aspectos en vez de haber sido ahondados desde el guión solo son un decorado para la insoportable persecución que se desata en tres cuartas partes de la película.
Lamentablemente el Vengador del futuro de Len Wiseman no es más que una excusa para mostrarle el pecho a Collin Farrell y las curvas a Kate Beckinsale. Estos hacen una horrenda parodia del Señor y la señora Smith. Los guionistas ni siquiera se tomaron el trabajo de construir los personajes. Un par de chistes bastante malos sobre el matrimonio son usados solo para dar respiro entre esas peleas coreografiadas como con piloto automático. No hay una sola escena memorable como en su antecesora. ¿Recuerdan los mutantes de marte? ¿Al líder rebelde viviendo en la panza de un monstruo? ¿A Schwarzenegger disfrazado de gorda? Acá no queda ninguna imagen, ninguna escena que se te haya quedado incrustada en la cabeza como ese chip que el bueno del Arnold se saca con unas pinzas en la genial adaptación de Verhoven.
En su momento Total Recall se convirtió en toda una precursora de nuevos efectos especiales, esta en realidad no deja sino un mal sabor de boca. Acá no hay un malo de peso como Michael Ironside en la del 90. Bryan Craslon y la Beckinsale son malos porque así lo ha querido la industria y los buenos son así porque combaten a los malos. Pero no sabemos nada de ellos, solo que les gusta mucho correr y dar bala venteada.

En el pasado las películas de ciencia ficción eran toda una reflexión sobre la humanidad. Muchas fueron metáforas que intentaban reflejar con sutileza los problemas que azotaban al hombre del presente. Hoy estas películas en su gran mayoría sirven para mostrar los últimos avances tecnológicos pero ya no sienten la necesidad de contarnos una historia y esos es bastante grave al menos para espectadores que esperan vivir la intensidad de una buena narración.
Terminé haciendo lo que menos quería, comparar esta con su antecesora. ¿Que más puedo hacer? Si lo que sentí en esa silla fue nostalgia. El vengador del futuro no me gustó solo porque no se parece a la que dirigió Paul Verhoven, esta Total Recall no fue de mi agrado simple y llanamente porque es una mala película. Punto.