29 de noviembre de 2009

SOBRE UNOS HECHOS OCURRIDOS EN BALTIMORE HACE 150 AÑOS


El doctor Moran sabía pocas cosas del hombre que le llevaron gravemente enfermo la mañana del 3 de octubre de 1849. Lo habían encontrado tirado en un callejón, inconsciente. Nunca había leído ninguno de sus cuentos y eso que en Baltimore ya tenía cierta reputación, pero la fama de borracho, pendenciero y excéntrico era más conocida por todos que la de ser un buen escritor. Lo subieron a uno de los cuartos de arriba. A los pocos minutos recuperó parcialmente la conciencia. Hablaba de un baúl que poseía en el momento de sufrir el ataque e invocaba el nombre de Reynolds y en la mitad de la noche despertaba todo el caserón profiriendo unas extrañas palabras que sonaban a un conjuro demoníaco:

−Tekeli-li −gritaba− Tekele-li
Al doctor Moran le sorprendía el poco apego que sentía el paciente hacia la vida. La mayoría de los moribundos tienen miedo de pasar el umbral y por más miserable que haya sido su existencia un hombre siempre va a implorar por una bocanada más de aire. Éste no, este pedía que alguno de sus amigos le volara la tapa de los sesos de un pistoletazo. Pocas horas después terminaría el suplicio.

Al otro día el Doctor Moran se sorprendió al ver que todos los periódicos de Baltimore señalaban la noticia del fallecimiento. El Baltimore Sun publicaría incluso un poema póstumo del insigne escritor. Emocionado el Doctor Moran leería en voz alta las iluminadas palabras que componen Annabel Lee:


For the moon never beams, without bringing me dreams

Of the beautiful Annabel Lee
And the star never rise, but i feel the bright eyes
Of the beautiful Annabel Lee
And so, all the night-tide, I lie down by the side
Of my Darling- my Darling- my life and my bride
I her sepulcre there by the sea,
In her tomb by the sounding sea.

Ahora Poe estaría viendo esa tumba en el mar, la tumba de su amada esposa muerta dos años antes. El doctor Moran olvidaba al escritor cuando empezó a leer en los periódicos los virulentos ataques que le propinaban al poeta después de muerto, uno de ellos decía así:

“Edgar Allan Poe ha muerto, falleció hace unas semanas en Baltimore. A muchos la noticia los sorprenderá, pero serán muy pocos los que lo lamenten. El poeta era muy conocido en todo el país, personalmente o por su reputación. Tenía lectores en Inglaterra y en otros países de Europa pero pocos o ningún amigo”

Como pasa usualmente con los grandes genios su postura inquebrantable hacía despertar envidias y rencores. Era un reputado lector y para ganarse la vida y poder sostener a una familia compuesta por su esposa y su suegra Poe escribía crítica literaria, lugar desde el cual despedazó a más de un escritor mediocre. Eso se lo cobraban después de muerto. El doctor se sorprendió al hecho de que las mayorías de las reseñas dieran la versión de que el escritor hubiera muerto de un ataque producto del abuso de la droga o del alcohol. Él estaba seguro de que Poe no había ingerido licor esa noche y sospechaba que hubiera sido víctima de un robo ya que en su delirio no dejaba de hablar de un baúl con sus pertenencias, lo único que debería de tener en este mundo. Decidió investigar pero la gran mayoría de gente que lo conocía admiraba su talento pero lo despreciaban como persona. Un día decidió ir adonde el jefe de la policía para pedir que se adelantara una explicación pero el agente del orden le dijo que no haría nada “Ese hombre, su paciente, tenía bastante mala fama, he leído que bebía y que tomaba drogas. Si no hubiera muerto de la forma en que lo hizo seguramente de no haber encontrado la muerte acá la hubiera encontrado en otro lugar”.


Pocos años bastaron para que la obra de Poe sobresaliera sobre la de sus contemporáneos. La admiración que le atribuyeron genios indiscutibles como Wilde o Baudelaire encumbraron a Edgar Allan Poe al pedestal literario donde permanece y permanecerá por los siglos de los siglos. Poco antes de morir Moran publicó un libro titulado En defensa de Edgar Allan Poe donde pretendía que éste había fallecido “de una extremada postración nerviosa que le afectó el encéfalo”. En el libro, el doctor Moran tiene noches enteras hablando con el genio sobre lo divino y lo humano.

A pesar de que el tiempo ha hecho justicia con la obra de Poe, la versión que ha quedado de la muerte del poeta ha sido la que dejaron circular sus enemigos. Para el imaginario colectivo Poe era un borracho, un enajenado, como mucho un endemoniado que caminaba dando eses por las calles de Baltimore y que una tarde sucumbió ante la peor de las borracheras. Sin duda sus enemigos tuvieron la amarga victoria de perder con el genio y ganarle al cadáver de Poe.

¡QUÉ MIEDO, EL CHAVISMO VIENE POR NOSOTROS!


La última patada de ahogado de este miserable gobierno es dejar escapar el rumor por su organismo oficial El Tiempo (Que viene a ser una versión criolla y peor escrita que el Pravda o el Granma) que se teje desde dentro del país la tan temida revolución Bolivariana. Ahora me imagino que en aras de mantenernos lejos de este horrible flagelo van a entrar a las universidades públicas, van a prohibir grupos de jóvenes en los bares que circundan la Nacional y hasta le negaran la entrada al país a Manu Chao.
Según El Tiempo, los hilos se vienen tejiendo desde adentro del ELN, Las FARC y alguno que otro partido. Sin duda el otro partido viene a ser el Polo Democrático. Esta última estratagema del gobierno seguro repercutirá en el ignorante, desgraciado y pobre pueblo colombiano. Como borregos irán a las urnas no a votar por Uribe sino a votar para que la revolución no entre en sus hogares. Chávez no puede hacer una revolución por la simple razón de que Chávez no existe, Chávez es un programa diseñado por el uribismo para perpetuarse en el poder. Dicen los que saben, que el mismo man que manejaba a Karol Woytila en sus últimos años es el mismo que maneja este horrible muñeco.
El gobierno colombiano cada vez se llena de razones para probar los juguetes que le han venido comprando a los gringos, hablo no de las bombas ni los sukoi, sino de los aviones espías que no pueden detectar los radares y que empezarán a entrar a la Madre Patria, Los Estados Unidos de América, cargaditos de la coca más pura y más barata que se pueda conseguir en el continente.
Uribe sigue en campaña y para eso va a usar a El Tiempo a RCN y a toda esa gente que el uribismo ha venido comprando y corrompiendo a través de sus asquerosos años. Así que muchachos, prepárense porque el macartismo ha llegado para quedarse en nuestro querido país, un nuevo flagelo que instala este maldito gobierno.

26 de noviembre de 2009

MIRAR



Todo el mundo es fotógrafo. Salen por las calles y empiezan a tomar fotografías a diestra y siniestra. “Oh, Juan, mira esa nube tan poética” Y con un clic de su flimax tienen su nube que con acertados retoques digitales seguro va a tener la ansiada forma del conejo de Alicia. Muchos hablan de una democratización de los medios. Al volverse todo digital, revelar y acceder a una cámara se hace más barato. A mi todo eso se me hace una coartada para que la gente que en realidad tiene el talento para mirar por la rendija y coagular el momento para la eternidad, desaparezca.


Además la fotografía le ha encontrado oficio a todos esos que se creen poetas pero que son incapaces de armar una frase. Estoy cansado de ver atardeceres, hojas muertas, sapos espichados en el asfalto y sobre todo autorretratos. Creen que explorando todos los botones que tiene la cámara pueden llegar a explotar un medio que para ellos es completamente desconocido. Tomar fotografías no es solo obturar, también viene un trabajo previo que se compone de sensibilidad –algo con lo que se nace-, del pensar, de observación, y de lectura de textos obligatorios, mas allá de los manuales para “Obtener fotos lindas”; entre esos están los libros de John Berger que te enseñan a pensar la foto, a saber qué coños estás mirando.

Me da rabia que en aras de una democratización de la fotografía se le pierda el respeto al artista verdadero. Entre todo ese maremágnum de fotos se están perdiendo las verdaderas, las que están dando testimonio de la época que nos ha tocado vivir. Es muy fácil saber si uno tiene talento, eso empieza a salir desde cuando uno está chiquito y sería muy lindo aprender a aceptarlo cuando uno no lo tiene, entonces abrimos un blog y nos volvemos críticos pero rompemos la puta cámara y dejamos que la gente que tiene algo que mostrar lo haga.

Lo mismo pasa con el cine, con la música, con todo. Cualquiera ya puede hacer una película, puede grabar un disco y mientras todo ese esfuerzo se pierde en mamarrachos que no pueden sostener más de una semana, se pierde toda esa gente que está ungida con el don. Después nos quejamos de la puta época que nos tocó vivir. Aunque pensándolo bien yo también debería dejar de escribir un poco. Lástima que no puedo.

24 de noviembre de 2009

EL REFLEJO DEL OTRO


A mi me gustaba Chávez hasta que estuve en Caracas. Creo que a todos nos ha pasado: llegar buscando la revolución hecha carne y encontrar una ciudad hecha mierda donde la revolución baja todos las noches de los cerros y azota a todo lo que parezca Escuálido, nombre que le ha dado el comandante a sus opositores. Para ser un Escuálido capitalista lo único que hace falta es tener un Walkman y unos cuantos bolívares.

En Europa lo quieren mucho porque le ha pateado la alcancía al ALCA, “Al carajo” decía el hipopotámico comandante hace unos años en Mar del Plata y la multitud delirante aplaudía a rabiar la nueva idea revolucionaria del Emperador Bolivariano. Está bien visto ser un revolucionario en Escandinavia y en los países ricos. Chávez es un personaje carismático, una extraña mezcla entre Idi Amín y el Che Guevara. A mi también me pasó que caí preso de su verborragia incontenible. Poco después del fallido golpe de estado de abril 2002 escribí que Chávez era la idea reencarnada. ¿Cómo no caer en las redes chavistas los que en ese momento queríamos ver morder el polvo a las odiosas oligarquías del continente? Chávez no es un político, es un megalómano con una idea fija en la cabeza: expandir sus fronteras hasta Bolivia usando como excusa el ideal Bolivariano. Para eso se ha despilfarrado los billones de dólares que recibió Venezuela mientras el precio del petróleo alcanzaba un tope histórico, comprando a presidentes vecinos y -lo que es más grave- comprando a sus propias fuerzas armadas, por algo los oficiales venezolanos son los nuevos ricos que alberga la exquisita ciudad de Miami.

Pero esta peste llena de palabras no nació de la nada. Chávez es el producto de las décadas de saqueo que impusieron Adecos y Copeyanos a su país. La gente cansada de su clase dirigente quiso darle una oportunidad a ese teniente que trató de tumbar al corrupto segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez. Ahora no lo pueden quitar de la silla de Simón Bolívar. Chávez es un tipo aburrido, es abstemio, habla mal de la marihuana y de la cocaína, sólo escucha a Alí Primera y se acuesta temprano. Convirtió el Teatro Teresa Carreño en un solar para los jóvenes Bolivarianos que se reúnen una vez al año, vienen de todas partes del mundo a cantar Pio Tequiche mientras van bebiendo una botella de Pampero a escondidas.

Nada de eso debería extrañarme porque Hugo Chávez nunca ha dejado de ser un militar. En Dr. Strangelove, un desquiciado militar estadounidense le dice a Peter Sellers: “Llega un momento en que los soldados debemos resolver lo que los políticos son incapaces de hacer”. Nunca antes la película de Kubrick estaba tan cerca de ser realidad. Un loco maniático apuntando en la cabeza de un asesino, en medio, la población empieza a aglutinarse, a esconderse entre las delgadas paredes de concreto. Las armas son enormes cohetes nucleares. Los dos asesinos dispararán pero saldrán indemnes de pronto con la satisfacción de manejar los hilos de sus países hasta sus muertes que siempre son tardías, o si no vean a Pinochet y a Fidel Castro.

Creí en Chávez hasta que volvió a ser un militar, otro triplehijueputa militar. Pero el peor desengaño es que Chávez es tan diferente a Uribe que terminan encontrándose en las antípodas.


NADA MALO PUEDE PASAR SI MONK ESTÁ CONMIGO



En la desesperación no encuentro otra salida que el jazz. Es difícil que te guste, hay que escuchar mucho, quedarse atento en un viaje a los acordes desaforados de un tipo como Sonny Rollins, pero vale la pena cuando en medio de una borrachera ya uno necesita escuchar Round Midnight. La mayoría aprecia al jazz porque está mal visto hablar mal de la música culta. Al jazz no hay que mirarlo con respeto, los que la hicieron fueron los negros de la América oprimida que en vez de levantarse y matar a los que los discriminaban tuvieron la nobleza de armarse con instrumentos musicales y disparar melodías que devastaron al mundo. Seguían tocando hasta el otro día, su condena era no poder dormir y el consuelo lo encontraban en el pinchazo de la aguja.

En estos tiempos tan rápidos cuando nadie puede quedarse quieto el jazz invita a acostarse sobre el prado y contemplar el cielo. Nada malo puede pasarle a uno si escucha Blue Monk.

Lo malo del jazz es que te absorbe. Ya no le encuentras tanta gracia al rock o a la salsa. El jazz te enseña a estar mejor solo, a apreciar el silencio. Los que lo odian tratan de denostarlo diciendo que es la única música donde los que están en el escenario se divierten más que los que están abajo. Eso en parte es verdad, porque al parecer no hay nada mejor que tocar como un Dios.



Antes de conocer a Miles Davis era racista como la inmensa mayoría de los colombianos. Miles era un ser superior. Dicen los que han ido al cielo que allá habita un tipo con grandes anteojos negros y una trompeta en la mano. Los que acaban de llegar preguntan: “¿Ese es Miles Davis?” y les contestan “No, ese es Dios, tratando de ser Miles”. La autobiografía de Miles termina siendo el diario de un genio. La bitácora de una divinidad. No sabía nada de eso, no sentía. En el villorrio ese de donde vengo la gente no escucha estas cosas. Ya no sienten nada, están muertos, no son más que fantasmas.

Gracias al jazz puedo levantarme a trabajar un sábado, me motiva saber toda la música que voy a escuchar mientras afuera la gente corre para que el aguacero no les dañe el peinado. Nada malo puede pasar si el jazz está conmigo.

(Foto: Sonny Rollins. Tomada por William Claxton)

23 de noviembre de 2009

VOLVER A LA IGLESIA



Juliana tenía rodaje así que me dejó solo el domingo. Cansado de ver las mismas películas decidí recorrer el barrio. Los árboles todavía botaban agua y las pocas viejitas que estaban a esa hora trataban de hacer un poco de ejercicio para que la muerte no las encontrara roncando. La intención era combatir el aburrimiento y comprarme una película pero los locales estaban cerrados hasta las once de la mañana. Lo único que estaba abierto era la Basílica que queda en Juramento y Vuelta de Obligado, no la conocía y me habían dicho que era preciosa. No tengo la costumbre de sacar la cámara y tomar fotos, no tengo pretensiones de fotógrafo, menos ahora cuando las cámaras digitales han convertido a todo el mundo en un Cartier-Bresson. Entré por la puerta estrecha ya que la principal estaba cerrada, adentro estaban en plena misa. La basílica estaba atestada de viejitos y de muchachos que tratan de encontrar una explicación al milagro de sus vidas. Me senté entre una horripilante viejita que trataba de encontrar paz moviendo ruidosamente su caja de dientes. Hacía mucho no presenciaba el espectáculo de la Eucaristía. En algún momento creí que los curas se parecían a Montgomery Clifft pero no me acordaba de lo torpe, obtuso y ridículo que es el discurso de un sacerdote. No por lo que digan sino por cómo lo dicen. Antes eran siniestros, condenaban a las mujeres que menstruaban a la hoguera y las llevaban a las llamas en medio de un discurso siniestro pero brillante. Ahora este tipo de sotana, gordo como una res a punto de parir hilvanaba regaños, imprecaciones y citas que a nadie importaban. Noté con preocupación como el ruido de las cajas de dientes se iba dispersando por el recinto chocándose con sus columnas de plata y dispersándose hasta el cielo raso donde había, como no, una mala imitación de la capilla Sixtina. Agotado miré el reloj y apenas habían pasado cinco minutos, salí de la iglesia con dolor de cabeza y pensando en lo que decían los anarquistas españoles: “La única iglesia que ilumina es la que arde”. Para ese sacerdote gordo que posiblemente sea obispo debe ser una pena que ya no exista el escándalo, pronto esas iglesias serán clausuradas porque el público compuesto por viejitas se irá extinguiendo. Confiado, regresé a mi casa hasta que una idea me retumbó en la cabeza: tal vez esas viejitas están ungidas con la vida eterna. El discurso del cura se repetirá por toda la eternidad, lo mejor es encerrarlas, rociarlas con gasolina y que ardan con todo y sus malditas cajas de dientes. Lamentablemente pudo más la pereza, pero me prometí que el próximo domingo volvería armado con gasolina y estacas, por si resultan siendo vampiros.