1 de septiembre de 2010

LAURENT FIGNON ACABA DE MORIR

Después de luchar varios meses contra un terrible cáncer intestinal, Laurent Fignon acaba de morir a los 50 años. Para el mundo fue un héroe, uno de los más grandes ciclistas que ha dado la historia y con Bernard Hinault el último gran ciclista francés. Sin embargo para los colombianos Fignon era un nazi, un tipo que despreciaba a los valientes escarabajos por tener otro tipo de color de piel. Los que conocieron a Fignon decían que era dueño de un sentido del humor realmente despiadado, sentido del humor que lo llevó a cometer varios exabruptos. Recuerdo que en el Dauphiné Liberé del 84 el periodismo colombiano se escandalizó cuando se enteraron que el francés trató de amedrentar a Martin Ramirez, sorprendente campeón de esa clásica preguntándole si no tenía en la caramañola “Algún gramo de cocaína a la venta” Las alarmas sonaron en todo el país. Por supuesto que nadie entendió la humorada.
Un año después corrió el Clásico RCN, dijo que venía a Colombia porque era muy conocido en todo el mundo la extraordinaria calidad que tenía la cocaína de nuestro país. En su divertida autobiografía Eramos tan jóvenes y despreocupados cuenta que muchas de las etapas las corrió todavía con el licor y la cocaína “Flotando por mis venas”. El periodismo colombiano apenas se bajaba de la cicla le preguntaba por la opinión que el tenía de los escarabajos y el respondía de mala gana, con ganas de que lo dejaran ir al hotel en paz, dormir unas horas y continuar su periplo en el valle de la coca “Tienen condiciones pero les falta profesionalismo”. Ah no, se armó la de Troya, fue declarado figura no grata, su imagen se terminó de romper por completo. Eso no le importó en lo más mínimo. Además tenía razón ¿Se acuerdan que Luis Herrera se retira en 1992 a los 31 años, agobiado por su propio aburrimiento? No existía compromiso, fue una generación dorada que pasó, se la llevó el viento como a nuestros mejores futbolistas.
Verano de 1984, el joven ciclista semiprofesional Luis Herrera aprovecha las ramplas mas empinadas y ataca a pocos kilómetros del final, rompiendo el pequeño grupo donde solo iban los favoritos en mil pedazos. El único que lo puede seguir es un muchacho de 24 años, recientemente campeón de Francia y que le está disputando el Tour mano a mano al experimentado Hinault. Últimos metros de la etapa reina, la que termina en el escarpado y casi inaccesible Alpe de Huez. El francés es rubio y lleva unas gafas gruesas de montura redonda, parece un universitario que salió ese día a hacer un poco de ejercicio y no uno de los mas grandes atletas del mundo. Herrera lo arrastra y Fignon se conforma con seguirle la rueda, a él no le interesa la etapa, le interesa sacarle valiosos segundos a Fignon y ganar el Tour. Herrera levanta los brazos en la meta y todo el universo lee por primera vez la palabra Varta estampada en su camiseta sin saber muy bien que es. Los periodistas colombianos celebran la victoria del indígena ante el opresor europeo que 500 años después todavía no se cansa de explotarnos. “Es descarada la forma en que se aprovechó de Herrera” Decían. Todo era una estrategia, al otro día se corría la decisiva contra reloj en los Campos Eliseos, ¿Qué pretendía Carlos Arturo Rueda? ¿Qué Fignon arriesgara su carrera para ayudar al jardinerito de Fusagasuga? A veces dan tanta lástima, por eso somos los putos pordioseros del mundo.
Nunca se pudo entender en Colombia a una figura como Fignon, hijo de la noche, poco disciplinado con una vida más parecida a la de un rock star que a la de un deportista de Alto Rendimiento. Su autobiografía está sorprendentemente bien escrita y como suele pasar en ese tipo de escritos está cargado de impresiciones de mentiras pero jueputa, la vida es muy aburrida y ya no nos podemos dar el lujo de decir la verdad. Unos meses atrás un pasaje de su libro volvió a abrir las viejas heridas que tenía con el pacato periodismo colombiano. El pedalista afirmaba que el equipo Café de Colombia le había ofrecido doscientos mil dólares para que no le disputara la Vuelta España a Herrera, una vuelta que según palabras del parisino “Después del retiro intempestivo de Sean Kelly hubiera podido ganar cualquiera”. Esto hubiera podido pasar perfectamente, recuerden que eran los ochenta, época oscura como pocos pero esta afirmación carece de sentido teniendo en cuenta la tenacidad con que Fignon le disputó la vuelta al de Fusagasuga ¿recuerdan esa vibrante llega a Avila, al velódromo, etapa que ganó Fignon y donde Herrera casi pierde la vuelta?.  Eramos tan jóvenes y despreocupados Está cargado de anécdotas delirantes, de mentiras, hecho para escandalizar deliberadamente muy en la tónica de ese libro maravillos que es Solo quiero que me amen la autobiografía del genial actor alemán Klaus Kinsky.
Con Fignon se extinguió un tipo de ciclista que se parecía más al ser humano, lleno de dudas y de imperfecciones. Un hombre inteligente subido a una bicicleta y desafiando a las águilas y los llanos mas abrazadores. Después de el vendría Pantani y Jan Ulrich pero sin tanta gloria como la tuvo el ciclista parisino.
Laurent Fignon acaba de morir. Paz en su tumba.

30 de agosto de 2010

NOCHES BLANCAS

Estoy demasiado viejo para tener problemas existenciales. Eso debió haber quedado atrás, en la época en que salía con un bolso guayú terciado donde cargaba un libro mugriento de poesías y el paquete de piel roja. Ahora no, ahora deprimirse es como un retroceso y uno está enseñado a andar para adelante.
Son las tres de la mañana y no puedo concentrarme en ninguna lectura, la rabia me carcome por dentro, hay una película con Dean Martin y Frank Sinatra, quiero verla pero es muy tarde para el Rat Pack, además nunca me gustaron los western. Necesito hacer tiempo, que se pase el tiempo rápido y olvidarme de todo. Aceptar por ejemplo que no está mal deprimirse, lo que está mal es ser un Emo de 32 años, el Emo mas viejo del mundo. Escucho otra vez las canciones de Leonard Cohen, quisiera tener un Dios a quien buscar pero al ponerme las botas me acuerdo que no existe.  No conozco a mi vecino y encuentro consuelo chateando toda la noche. Crisis de la modernidad.
Al mirarme al espejo no me reconozco, vengo perdiendo la batalla que emprendí contra mi mismo. Es de madrugada y no solo me siento solo sino que comienzo a aburrirme. Mañana el aeropuerto después de una gran travesía en tren, mañana cargar maletas atestadas de libros. Mañana jugar a que con cambiar el paisaje los fantasmas que tengo por dentro se van a morir, pero a donde quiera que vaya los voy a llevar. El problema es que no me está gustando la gente, ya no los hacen como antes ¿Dónde están los de mi generación? Desperdigados por el mundo, atestados de hijos y de trabajo ¿tendrán tiempo para tomarse una copa conmigo? Afuera vuelve a caer la lluvia, estoy muriendo de amor pero no voy a ir dice Leonard Cohen desde algún lugar de la internet, yo no escucho a Hank Williams toser, solo escucho el murmullo de las hojas acribilladas por las gotas de agua.
De un tiempo para acá dejé de frecuentar a la gente de mi edad. Me quedé sobre la pista de baile solo porque el resto está reventado, los que quedan bailan ritmos extraños, cierro los ojos y me dejo mecer por la música hasta que el aburrimiento termina por abatirme. Me siento en la mesa y los rayos lazer caen sobre mi pero no me tocan, pienso por un momento que el invisible soy yo, el que dejó de tener materia fui yo y solo quedó un espectro que vaga por una casa desierta, que apenas se deja tocar por el sol.
Tengo la cara de granos y mi cuerpo se ensancha, ya me parezco al barón ese de Duna pero a diferencia de él no tengo nadie que me adule. Voy pelando la madera con un viejo cuchillo hago crucifijos para enterrar los gatos que cazo. No son muchos, nunca fui bueno con la cerbatana debe ser por el asma. Entonces me quedo quieto, rodeado de todas estas maletas esperando de una buena vez que salga el sol. Acá lo estoy esperando, él es el único que no me puede falla. Pero la niebla cae sobre la noche como una sábana….

ASA NISI MASA

Guido Anselmi está agotado. Para reponerse toma el consejo de su benévolo productor y se va a un lujoso spa, tiene el tiempo que necesite para poner sus ideas en orden y pensar cual será el tema de su próximo filme. Pero el caudal se ha secado y después de siete películas y un medio metraje el director no tiene nada que decir.
Empiezan a aparecer las presiones, si fuera un escritor o un músico sería mucho más fácil pero una película es una inversión millonaria. Las actrices están desesperadas, los maquilladores, el fotógrafo su equipo de confianza. Tuvo una iluminación, hacer una de ciencia ficción, soñó con la nave con la plataforma de lanzamiento, el productor asiente a todo lo que dice y manda a construir una escenografía de tamaño natural donde se deja vislumbrar la sombra de un cohete, sin embargo los demonios lo acuchillan por dentro y piensa que tal vez su vida podría ser un gran argumento. La nostalgia de la niñez las invocaciones mágicas, llama a los espíritus repitiendo Asa Nisi Masa.
No está pasando por un buen momento. Contar historias requiere mucho desgaste y las mentiras agotan. Empieza a descubrir que su vida es de cartón y que por eso se dedica a hacer filmes, preferiría vivir en esa ficción, en un mundo de madera y cartón piedra. No puede amar a nadie, sueña por ejemplo que todas las mujeres que quiso están esperándolo en la casa para ofrecerle el placer de un baño caliente. Solo se ama a si mismo y a lo que hace ¿Pero que hará ahora que ya no tiene nada que decir?
Esas dudas azotaban a Federico Fellini cuando se aprestaba a dirigir su octavo largometraje. Tenía 43 años y el trabajo del director pasa mucho por lo físico, tener que lidiar con sindicatos, con actrices caprichosas y egocéntricas, con intelectualoides inmundos que todo el tiempo meten sus largas y sucias narices en el plató, lo mejor sería ponerles un trapo en la cabeza y ahorcarlos ahí mismo en la sala de proyección. Cuando estaba joven soñó con hacer una larga serie de comics cuyo epicentro fuera el Capitán Nemo o el mismo Flash Gordon. El cine en realidad nunca le importó demasiado y si aceptó trabajar con Rosellini en Paisa y hacer el guión de Roma Ciudad Abierta fue porque necesitaba trabajar en algo. Por él se quedaría siempre haciendo comics o trabajando en un circo con su amada esposa, la entrañable payasita Gelsolmina.
A partir de Ocho y medio Fellini dinamita todas las estructuras y empieza a amoldar al cine a sus exigencias. El onirismo del teatro de variedades, la irrealidad del circo, su particular visión de las mujeres, su universo reflejado en pequeños fotogramas de 35 m.m. Como no tenía nada que contar plasma el drama de un director que no tiene nada que decir, de un tipo que empieza a darse cuenta que los vasos comunicantes se obstruyen y que es mejor romperlos y hacer otros, entonces podrás ser oído, entonces no tendrás la necesidad de meterte debajo de una mesa y romperte el corazón de un balazo.
Ver Ocho y medio es meterse en la mente de un autor, conocer sus miedos, sus ambiciones y la impotencia que genera el silencio. No existe una película mas personal que esta. La indignación que siente la esposa de Guido es la misma indignación que sentía Guilieta Massina ante el descaro de su esposo, el gran Fellini de trabajar con su amante la genial actriz Sandra Miló ¡Y darle el papel de amante del director! Su odio rotundo a todo tipo de intelectualismo, su respeto confeso a la iglesia católica, su machismo, su onanismo y su eterna nostalgia a la amada Rimini todo eso está condensado en una de las obras mas importantes que ha dado el cine en su historia. Para todos aquellos que tiemblan ante la página en blanco, para los que dudan de lo que hacen, para los que creen que se han agotado las palabras, Ocho y medio es un manantial de los que todos tienen que beber un poco, una cura sagrada para la impotencia creativa, una razón más para seguir escribiendo.

29 de agosto de 2010

SUSTANCIAS

Entonces los muchachos duermen en una cama estrecha y yo todo desvelado tratando de escribir canciones de amor. Hay sustancias que no te dejan dormir, hay sustancias que te abrazan como un gorila y no puedes hacer nada tan solo dejarse mecer en un sus brazos poderosos. Planeamos todas las fiestas de mañana, acá no pasa nunca nada, solo un continuo plan, una idea incrustada en mi cabeza, unas ganas enormes de detonar puentes.
Desde el escritorio escucho los ronquidos y puedo identificar cada una de las cavidades nasales. Me toco la naríz y no la siento y sueño con la casa en la que vivía a las orillas del Zulia, trato de recordar como era el poema ese de Jorge Gaitán Durán, los chulos encuentran comida entre las vacas insepultas, sueño un paisaje pero no lo veo. Aterido de frío, humillado como pocos evito los recuerdos y me tapo los ojos para no ver lo que me rodea. La maldita pared está a punto de caer, tubos de agua mal instalados, la humedad carcome lo que toque y al buscar la sustancia la encuentro pegachenta así que pongo a calentar en una estufa un plato plano y tratar de salvar los grumos que quedan, disolverlos en agua bendita y tomarlo en fon blanco, no hagamos un brindis querida amiga, no mires tu contenido, solo permanece conmigo hasta que se haga de día.
Hace mucho las fiestas eran divertidas, en la piscina flotábamos como cadáveres arrullados por las canciones de Hank Williams, a vos nunca te gustó el country te pareció siempre una música de campesinos enguayabados. Trata de juntar los grumos, envuélvelos en un papel y fumatelos como si fuera tabaco. No trates de mirar para atrás, la vista de la ciudad de metal te hará pedazos, es muy tarde para jugar a la medusa, solo eres piedra, solo eres una puta estatua. Dentro de poco los carteros deslizarán por la puerta los periódicos del domingo. Dicen que hará un día precioso, no te preocupes por leer la editorial, tan solo mira los titulares y así entenderás que no vale la pena salir a buscarse un mendrugo de pan, el pan llegará hasta ti, el mismo pan te matará. En las fiestas me escondo en los rincones a pensarla, me gusta cuando suenan esas canciones de antes donde los hombres se arrastraban como serpientes en busca del perdón. Me gusta que el cigarrillo se consuma entre los dedos y que yo esté lo suficientemente borracho para no necesitar el influjo de la cocaína y si la de las otras sustancias, las que disolvimos en agua podrida.
Voy clasificando los libros, no los llevaré todos, no existe peor sensación que la de viajar cargado de maletas. Los ataré con los cordones de sus tennis los dejaré afuera por si alguien se los quiere llevar aunque con el último frío de septiembre podrás hacer una hoguera amigo clochard y sobrevivirás mientras ves como las páginas que con tanta meticulosidad escribió Goncharov se las va tragando el fuego. Hubo un hombre que se acostó en un mueble y no volvió a levantarse, la barba se le escurría por el pecho y las uñas se tornaron negras y no podía rascarse sin destrozarse el rostro. Los pocos amigos venían hasta él y le traían comidas y las noticias del mundo. Intentó construir una máquina del tiempo pero fracasó en el intento así que decidió quedarse encerrado en sus recuerdos y enajenado destapaba las botellas de agua bendita y las disolvía con las sustancias que mantienen el insomnio de los vampiros.
Los veo dormir, duermen todos en una cama estrecha y sucia, abren la boca y hacen gárgaras desde el sueño. No concibo dormir, el gran incendio se extenderá por la pampa y quiero estar despierto cuando todo sea carcomido. Cuidé la agonía de mi abuela, quería ver como su yugular se detenía pero me quedé dormido justo en el momento que expiraba, fue mi momento de ver una muerte, estuve pendiente de las ventanas tenía un revolver en las manos y quería acribillar a uno de los ángeles de la parca pero me descuidé, cuando desperté la vieja ya estaba envuelta en unas vendas, de la rabia me fui al callejón a dispararle a las ratas. No maté a ninguna.
Las viejas chismosas vuelven asustadas de la iglesia, el cura anda pregonando el apocalipsis, es uno de los pocos ministros de Dios que todavía conserva el don de la clarividencia. Saben de mis planes, tengo la cocina llena de galones de gasolina, tengo un fosforo en la mano los que duermen me ayudarán. No se puede jugar con el juicio divino, aprenderán a callarse cuando yo esté hablando. Las sustancias nos hacen más violentas y el agua bendita potencia mi astucia.
Así que pretendías que el mundo no se iba a acabar? Así que despertaste a los muertos y no pensaste en despertar a los que solo dormían? Se acaba el tiempo nena, no existe ninguna posibilidad de arrpentirme, no a esta hora de la noche querida, no cuando las sustancias galopan por mis venas.

27 de agosto de 2010

SOLARIS

Según las últimas noticias recibidas algo extraño pasa en la estación especial que gravita sobre el océano de Solaris. La tripulación parece haber perdido la razón, dicen ver deambular sobre los pasillos de la nave conocidos del pasado, gente que vuelve de la muerte para pasar una temporada con ellos en la soledad del espacio. En la tierra los científicos están nerviosos, por eso en vez de mandar a un poeta envían a un ingeniero, alguien que se ocupe las cosas prácticas y evalúe si es conveniente seguir teniendo esa estación flotante o si es mejor desmantelarla.
Kris Kelvin parece ser el hombre indicado para efectuar la misión. Es un tipo que no cree en muertos en vida, el clásico hombre de ciencia, metódico, frío. Al llegar a la nave puede constatar que solo quedan dos tripulantes. Grigorian acaba de suicidarse y su cuerpo inerte yace en un cuarto frío bajo el constante cuidado de una jovencita muy atractiva. Los otros dos sobrevivientes no parecen estar en sus cabales. Sartorius el jefe de la misión convive en su cuarto con un enano que suele tener ataques de furia si se le deja solo y Snaw, el fisiólogo a pesar de sus ojos desorbitados es el que parece tener todavía en claro porque se está allí. Kelvin se inquieta al ver el grado de abandono de la estación, algo pesado flota en el ambiente, el ha visto a la joven y al enano y ninguno puede explicarle que hacen esos seres allí. Se recuesta sobre la cama y en la duermevela puede ver como en uno de los rincones del cuarto se delinea una hermosa figura femenina, ella se acerca y el se deja abrazar y besarse. Es Hary, su esposa, se levanta asustado “Es imposible que estés acá ¿Cómo llegaste?” Ella parece aturdida, no lo sabe, no entiende porque su amado esposo en vez de alegrarse de verla se asusta. “Tu te suicidaste hace diez años, estás muerta” Ella se mira al espejo y no sabe de quien es el reflejo. Kelvin es un hombre de ciencia, sabe que ese ser no puede ser su esposa, por eso le pide que la acompañe hasta la sala de cohetes, por medio de un engaño la deposita en uno de ellos y lo expulsa al espacio sideral. Sin embargo antes de dormirse vuelve a ver a la figura de Hary, ella no es una alucinación, es real y lo ama. El baja la guardia, nadie puede rechazar el amor de alguien que vuelve de la tumba.
Hary es una joven y hermosa renevante de las muchas que abundan en el arte y la literatura desde tiempos inmemorial. Según Pilar Pedraza en su libro Espectra las renevantes se caracterizan por ser “Muertas prematuramente, mal enterradas, víctimas de alguna ofensa imperdonable, vuelven a pedir cuentas, o bien son llamadas por el viudo que desea su regreso y a veces se hace con una copia para que ocupe en su cama el lugar que le corresponde, preservándole de la invasión de las nuevas pretendientes”. A diferencia de la Clarimonda de Gauthier o la Brunhilda de Tiek, Hari no quiere hacerle daño a su esposo, al contrario lo busca no para vengarse sino para que le explique que hace ella en un mundo que no entiende. Hace diez años ella se suicidó porque creyó que su esposo no la amaba lo suficiente, eso ha pesado sobre la conciencia del científico y ahora no despreciará esta segunda oportunidad que tiene ante sus ojos.
Está claro que ella no es la verdadera Hary. Abajo el espeso e inquieto océano de Solaris ha empezado a atacar a los intrusos terrícolas que piensan estudiar el planeta. Por eso ha enviado a  esos visitantes compuestas por partículas subatómicas, es decir materia casi inmaterial. Ellos en vez de estar compuestos de átomos están hechos de neutritos. Estos se activan ante la presencia del ser querido. En cierto sentido son un reflejo del pasado del terrícola algo que puede llevarlo a la locura pero en el caso de Kelvin lo ha llenado de una nueva felicidad. Sin embargo ten presente algo hombre de ciencia: Ella no es real.
Pero acá surge una pregunta ¿Nosotros podemos ser solo las proyecciones mentales de otras personas? ¿Hay alguien detrás de la capa espesa de ese mar que es el universo soñándonos? Esas preguntas las formuló el escritor checo Stanislaw Lem en su novela Solaris, una de las joyas de la fantasía científica de carácter filosófico, la construcción más colosal que se ha escrito jamás sobre el enigma de Dios creador o, lo que es lo mismo, la relación del sujeto y el objeto, lo de dentro de la mente y lo que está fuera del vasto universo. En esta novela se basó Andreí Tarkovsky para hacer una película que escapa al canon de la ciencia ficción para centrarse así sea en los confines del espacio en todas las obsesiones que desperdigó el llorado autor ruso en sus ocho películas. La añoranza de la madre, la infancia, el pasado que te persigue y la soledad en la que todos estamos inmersos.
Realizada en 1972, Solaris fue considerada en su momento la respuesta soviética a la descomunal 2001 odisea del espacio. A Tarkovsky esa comparación lo enfurecía y era enfático al decir que jamás había visto la película de Kubrick – su director de fotografía Vadim Yusov dice que ambos la vieron juntos y comentaron sus bellezas- sin embargo Tarkovsky tiene razón porque las películas en nada se parecen. El filme de Kubrick es depurado, limpio, preciso, detallista, espectacular. La obra del ruso en cambio es sucia, descuidada, pesada, agobiante. A él poco o nada le interesaba los avances tecnológicos que podían ocurrir a raíz de los viajes interestelares, emparentando con Dostoyevsky a Tarkovsky lo obsesionaba el hombre y el absurdo de pretender vivir sin un Dios. A pesar de ser financiada por el gobierno de Breshnev Solaris –Como toda su obra- Es una búsqueda incesante de el creador, él puede estar en esas plantas que flotan en el río al principio de la película, en el hermoso rostro de Hyra o en la escena final cuando cansado de recordar Kelvin decide bajar hasta el océano de Solaris y encontrarse de nuevo con la vieja casa y mirar desde la ventana el envejecido rostro de su padre que bien podría ser el mismísimo Dios.
Ese misticismo no solo molestó a Lem –El autor de la novela-Sino que le trajo innumerables problemas con la censura soviética que hizo todo lo posible por impedir que se estrenaran sus películas y que llevaría al autor a adoptar la penosa decisión de exiliarse. Nunca más volvería a su amada Rusia y muriendo lejos de esa tierra que añoró tanto.
La Solaris de Tarkovsky es una película de ritmo lento, exasperante, fatigoso pero que otorga la recompensa de adentrarse en una de las mentes más brillantes del siglo XX. Es como asistir a una liturgia, posee ese poder sanador de lo sagrado, poder que deberían tener  los ritos religiosos pero que por suerte lo encontramos en las películas de este místico genial. En tiempos de velocidad, de atropellos e injusticias que bien nos hace visionar sus filmes y pensar asi sea por un par de horas que el mundo es un lugar maravilloso por el que vale la pena luchar.

26 de agosto de 2010

EL INSTINTO

Cositas dulces inundan la cabeza de los muertos, gusanos de todos los colores y el corazón carcomido por la plata de las balas. Tengo un hombre lobo encerrado en el sótano en las noches de luna llena se desahoga ahuyando y le pongo un poco de música, he visto como las canciones de Leonard Cohen lo apaciguan pero el único disco que tenía se fue rayando y ya solo funcionan dos de sus canciones. Una vez cada mes entro al sótano y voy limpiando los desperdicios, no se come todo lo que le sirve, a veces deja unos huesos, la cabeza de los hombres es dura y no le gusta. Junto las cabezas en una bolsa y me las llevo a la cocina, las pongo en una olla y hago una sopa con eso. El hombre lobo no siempre es un lobo, en las noches nubladas se convierte en una hermosa mujer lánguida con la que desboco la lujuria, ella me muerde el cuello para no gritar. Me mira sin amor, sabe que no podrá enamorarse porque llegará el día en que me canse y decida ponerle fin pegándole un tiro en el pecho. Después de acabar me suplica que la deje salir porque su licantropía le exige cazar, “Afuera hay hombres con escopetas búscandote-le digo con mi voz mas dulce- Para que quieres salir, acá lo puedes tener todo” Trata de arañarme pero sus manos son muy pequeñas, me río y vuelvo a trancar la puerta.
Era una pastora cualquiera que venía a ordeñar mis vacas, la maldición del lobo se sirnió sobre ella. Es la única mujer que conozco y dándole los bebedisos que me enseñó a hacer mi madre logré hacerla quedar en mi sótano pero no esperé que su cuerpo cambiara tanto, no espere en que se transformara en un lobo. Los cazadores tocan a mi puerta, me dicen que desde hace varias lunas escuchan la respiración de un monstruo descomunal. Les hago entrar, registran todo, piden entrar a mi sótano y les digo que no pueden porque allí yace la tumba de mi mujer, nadie perturbará su sueño. Insisten y asiento con mi cabeza “Voy a buscar las llaves” les digo pero voy hasta el cuarto y saco mi escopeta de doble cañón, la cargo y les clavo las balas en el estómago. Uno trata de levantarse pero yo le reviento la cabeza a culatazos. Salo los cuerpos y los pongo debajo de la estufa, voy cortando pedacitos y se los voy entregando a mi reina. Ella me acaricia y yo con eso me contento.
Mi madre era una bruja poderosa y temida. Tenía un buitre de mascota, vivía al final de la cañada. Me enseñó a preparar pócimas para no tener que incarme de rodillas ante ningún Dios. Gatos y ratas, pelos de rana, tres oraciones fuertes al señor de las tinieblas, tres invocaciones fuertes a Thelema y ella será mía. Algo salió mal pero igual si domo a la bestia tendré una amante y un ángel protector. Bajo mi mando podré conquistar estas tierras, las granjas de los otros, los más poderosos los que se convierten en mis enemigos. Ella cree que soy su salvador, ella cree que tengo las llaves de un reino. Yo la inventé, le di el poder de convertirse en lobo.
Espero en mi prado que el brillo de la luna ilumine la noche. Ya las nubes se van disipando. Ella está a mi lado, encadenada, llora de placer al volver a ver su bosque. Dentro de poco podrá corre en cuatro patas, podrá seguir su instinto. La llevo hasta la granja de los poderosos, miro hacia el cielo y allí está la luna como un arete estampillado, ella se retuerce, estallan sus venas, de la boca salen unas fauces de colmillos afilados, me mira fijamente con sus ojos rojos, se abalanza hacia mi y a pesar de mis súplicas le es imposible frenar su instinto