30 de septiembre de 2010

LAS GALLINAS DE KIRILOV

Estaba ese viejo horrible que en las horas de ocio entraba al galpón y escogía al azar una gallina, la tomaba del pescuezo y se lo apretaba duro. Malherida la pobre gallina iba a nadar en una olla de agua hirviendo donde por unos segundos no más movía sus alas y emitía uno que otro cacareo. Yo sacaba la mejor de mis sonrisas porque era una época muy dura, alargando el último billete de diez pesos me tenía que alcanzar para una semana de almuerzos y yo no podía pasar un viernes sin beber, así que me iba para la casa del viejo a tomar vodka y desenguayabarme con caldo de gallina.
Al viejo le gustaba toda esa música de Julio Jaramillo que yo tanto detestaba. Si me hubieran conocido en otra ocasión, no llevaba esta cochambrosa piyama a rayas, no señor, hubo un tiempo en que yo me vestía de lino y tenía una oficina en el piso 22 con vista a la Plaza de Toros. Era una persona decente pero ya dice el viejo proverbio sufí: Todo pasa!. Las razones por las cuales tengo que estar escuchando las historias de este viejo sucio para beber unas cuantas copas de vodka en este nuevo viernes de mi desgracia son diversas y largas, yo creo que ustedes tienen que confiar en mi y aceptarme tal y como soy.
El viejo es medio sordo y cuando estaba borracho le da por poner el toca discos a todo volumen, me pide que me acerque a él para terminar de contarme una de esas historias de contrabandistas. Dice que una vez fue rico porque traía repuestos para carros usados por el Rio de La Plata y los vendía fácil porque hubo una época donde no existían tantos permisos ni estupideces de esas. No le pongo mucho cuidado, el aliento a ajo se me impregna en la camisa, trato de aguantar respiración pero a los veinte segundos es imposible. Yo aguantaba más cuando jugaba con mi hermana en el tanque aéreo de la casa, siempre podía aguantar 28 segundos, una vez incluso llegué a 32, pero el cigarro es el peor enemigo de tus pulmones. Si este viejo me hubiese conocido antes de usar esta piyama de rayas, si lograra ser lo suficientemente inteligente para darse cuenta no más por mi trato, por las palabras que digo de quien soy se sentiría honrado con callarse y ofrecerme esa botella de vodka que me obliga a compartir. Que ingenuidad la mía, cuando supe que se llamaba Kirialov y había nacido en San Petesburgo me alegré mucho, le empecé a hablar de literatura rusa pero el imbécil se fue muy joven de allí como a los cuatro años y empieza más bien a hablarme de lo que era este país “Y mira en lo que lo han convertido los bolivianos”. Me ofrece un trago pero cuando voy a tomarlo me lo quita porque el sigue con su perorata, dice que tiene un plan para matar a Evo Morales, que sobre las hojas de coca pondrá “Unos alacranes así de pequeños que hay en Entre Rios y cuando el indio ese se vaya a meter una hoja por la nariz lo morderá por dentro uno de esos alacrancitos y seguro le ofrecerá a Chávez una hoja de esas y a Correa porque esos comunistas tienen la costumbre de compartirlo todo hasta usarán el mismo papel para limpiarse el culo” Y el viejo suelta una carcajada y me da la copa y espera a que yo también me ría pero solo esbozo una sonrisa y me meto el trago en un feroz fondo blanco.
El viejo vive al lado de mi casa y tiene un taller de autos. En su tiempo libre suele alimentar a las gallinas que en las noches no dejan de cacarear. Dice que las cría para desestresarse. “No hay nada mejor para aliviar la tensión que apretar a uno de esos animales del cuello, dejarlas medio asfixiadas y luego meterlas en una olla de agua hirviendo, me gusta verlas morir así” Me dice que es un honor el que me hace que yo presencie ese espectáculo, “Con ninguno de estos hijos de puta podría compartir un momento así, lo hago con usted porque yo sé que así use todo el día esa horrenda y sucia pillama a rayas yo se que usted es un muchacho que vivió mejores épocas” y teniendo un ataque de falsa modestia agito la mano en el aire y me dispongo a contarle de los días en que un chofer me iba a esperar al conservatorio de música en un carro gigante, casi en una limusina y que muchos creían que podía llegar a ser tan grande como Glenn Gould, pero casi siempre se levanta y se mete al galpón y escoge al azar una de sus gallinas.
Vine por ella, me convenció que serían solo cuatro años pero después todo se fue a la mierda. Resultó que ya no quería escribir y poco a poco se fue volviendo gris hasta que una vez la encontré en la bañera con las venas abiertas. No sabía que dentro del cuerpo de una persona pudiera haber tanta sangre. Mientras todavía estaba ahí, flotando en su propia sangre la increpaba, le dije que tenía que esperarme hija de puta, que la suerte iba a cambiar. A mi el cuarteto de Jazz con el que tocábamos en las Heras y Pueyrredon empezaba a prometer, ya incluso estaban hablando de grabar un disco. Pero ella no tuvo paciencia y decidió abrir esa puta puerta de la que siempre me hablaba. Todo eso quería contárselo a Kirilov pero el viejo ya estaba arriba de la mesa con los ojos cerrados y cantando a vos en grito “Si yo muero primero es tu promesa, escribirás la historia de nuestro amor” Y yo pienso que lo mejor es no decir nada y que no existe mejor remedio que ahogar las penas con vodka.
La dejé sobre la tina, cerré la puerta y saqué del banco la poca plata que habíamos ahorrado juntos. Dejé Buenos Aires y me vine al sur donde nadie supiera de mi. Por los periódicos supe que me habían echado la culpa de su muerte.La policía todavía debe estar persiguiendo al hombre que fui yo. Me dejé crecer la barba, no me volví a bañar y hace rato que vivo de lo que me pueda alcanzar Kirilov. La casa está llena de ratas y en invierno el frío es intolerable debido a los huecos que se están haciendo en la pared. No sé cuanto tiempo ha pasado desde entonces, los dedos se me han torcido y creo que nunca más volveré a tocar el piano. Pocas veces me acuerdo de ella. Nadie sabe quien soy ni siquiera Kirilov, siempre cuando estoy a punto de contarle de donde vine el se levanta súbitamente a buscar una gallina en el corral y a tararear fuerte una canción de cantina, después de echar al animal en la olla con agua hirviendo se sienta y me dice que le diga lo que le tenía que decir pero yo le digo que brindemos por sus hermosos días peterburgueses y Kirilov levanta la copa y sonríe y me mira con aire estúpido, esperando la próxima canción de Olimpo Cárdenas.

THE MISSOURI BREAKS. RECORDANDO A ARTHUR PENN

Ayer murió a los 88 años Arthur Penn, creador con su Bonnie and Clyde de una nueva forma de hacer el cine dentro de la industria norteamericana. Hace siete años pasamos The Missouri Breaks  en el llorado cine club de la Escuela de Fotografía Sur. La reseña que leerán la escribí para esa ocasión. Ojalá esto sirva de homenaje al gran Director. Paz en su tumba.



Hoy en día la palabra western nos hace crispar los pelos, nos lleva a las ya lejanas estancias de nuestros padres arremolinados en torno a Lee Van Clift o al peor de los Charles Bronson. Por culpa de series como Bonanza se empezó a malinterpretar el género y es por eso que hoy por hoy sabemos tan poco y calumniamos tanto al género padre.

La primera película de la historia con un esbozo de lenguaje cinematográfico fue El gran robo al tren de Edwin S. Porter, hecha en la prehistórica fecha de 1903, cuando el cine apenas era una coqueta quinceañera. Doce años después otro western, El nacimiento de una nación (1915) marcaría definitivamente el derrotero a seguir en el lenguaje de las veinticuatro fotos por segundo. Eso no lo sabíamos cuando escuchábamos la música de Nino Rota en El bueno, el malo y el feo (1966) y creíamos que eso era placer para hombres acabados.

Nacimos cuando el género estaba muerto, se murió como el amor en la vieja balada de José José: “de tanto usarlo”. Muchos quisieron revivirlo y hasta parodiaron con el mismo. Recuerdo que hace muchos años vi una película de Andy Warhol donde dos vaqueros llegaban a un bar y en vez de pedir tequila lo que hacen es ordenar dos malteadas de fresas y en un abrir y cerrar de ojos los rudos bandoleros se transforman en furibundas e incontenibles locas.

Un intento más serio fue el de Clint Eastwood en Los imperdonables donde los vaqueros estaban como el género, viejos y desusados. Si bien la película fue galardonada con yo no se cuantos dólares, el género siguió quieto, sin que nadie continuara haciendo películas y sin la fiebre desbordante de décadas pasadas.

El origen de este fin se le atribuye a la película de Arthur Penn The Missouri breaks, a quien torpemente se le dio el nombre en español de Duelo de gigantes. Pero ¿por qué muere el género acá? Primero porque el western es algo tan gringo como Mickey Mouse y la cultura del consumo; gracias a este género los norteamericanos pudieron contar sus historias épicas sobre cómo la civilización tuvo que abrirse paso a sangre y fuego para derrotar a la barbarie de los indígenas que poblaban la unión americana antes de que el hombre blanco poblara el territorio de las libertades. Así con un tema chauvinista se hicieron innegables obras maestras, aparecieron genios como Ford, Strugues o Penn, el director de esta película.

El género se popularizó y universalizó, los italianos empezaron a apropiarse de él, y a pesar de que Sergio Leone fue uno de los abanderados de el oeste y muchas de sus películas fueron magistrales, el género ya no era creíble en manos de los italianos. Además los propios gringos se empezaban a aburrir con esas historias de indios contra vaqueros, ya estaba agotado el género y también el público. Cuando todos lo daban por muerto apareció The Missouri breaks, y créanme que no apareció como un mesías dispuesto a redimirlo, al contrario, apareció con un revolver en la mano, y sin piedad (o talvez con mucha piedad), le disparó en la nuca quitándole la poca vida que aún le quedaba.

Para disparar en la nuca sobre el western, Penn buscó a un mito para que encarnara la degradación. Hizo de tripas corazón y llamó al actor norteamericano más importante vivo, hablo del todopoderoso Marlon Brando. En ese momento Brando si bien tenía todavía parte de su prestigio, ya la capa de grasa empezaba a rodearle la panza y la cara, y no resultaba tan atractivo para el grueso del público. Casi sin quererlo, Brando realiza la mejor de sus actuaciones interpretando a un cazador de hombres, uno de esos paracos del viejo oeste que a diferencia de los nuestros eran inteligentes y hasta con una moral solidamente constituida. En una de las secuencias finales, Brando decide acabar con la banda de cuatreros vestido de mujer. Debido a la gordura de Brando la escena resulta patética ya que Marlon se parece más a una abuela buena gente que a una bruja asesina. Paradójico en una actor de la gallardía y presencia de él.

La contraparte de esta historia se halla cimentada en Jack Nicholson, un actor que e 1976 llevaba tanta gente como la que lleva hoy, con el agravante de que en ese entonces era un sex simbol. Su prestigio se había acrecentado desde que en 1969 interpretara al abogado alcohólico en Easy rider (1969), recrudecida en su papel de Gittes en Chinatown (1974) segunda de sus nominaciones al Óscar. Jack es el jefe de los cuatreros, su personaje es una simbiosis entre el Búster Keaton de El maquinista de La General (1927), pasando por un ladrón de Los siete magníficos (1960). Si bien el nombre en español es casi ridículo (Duelo de gigantes) a la hora de ver las actuaciones parece que estuviéramos en presencia de un mano a mano, ya que ambos lucen espectaculares. Mientras Brando descendía (casi a postas) del cielo donde lo habían puesto como la más rutilante de las estrellas, Nicholson ascendía vertiginosamente.

Junto con las actuaciones, lo más brillante de la película radica en la fotografía de Michael Buttler, que todo lo envuelve con su claroscuro perturbador, todo sabe como a tinieblas, como cuando Nicholson habla después de la muerte de su primer compañero y el negro le cruza la cara como con un manto imperceptible. Sólo encuentro un parangón para esta fotografía y es la que el viejo maestro Gordon Willis utiliza en sus dos primeras partes de El padrino (1972 & 1974).

Tanta belleza nos insulta y nos es ajena. Ahora no sabemos hacer películas de acción y cada vez estamos más y más huérfanos. Arthur Penn está retirado, ahora dirige el Actor`s Studio, la vieja escuela de actuación fundada por Lee Strasberg. Los productores no creyeron mucho en él después del descalabro económico en que se convirtió la cinta. Todos esperaban un western convencional y no una extrañeza como es The Missouri breaks.

Esta película se pasa hoy no para brindarle un homenaje a Brando o Nicholson, ni siquiera a Arthur Penn. El homenaje de hoy es para ese santo patrono de los cineclubistas llamado San Andrés Caicedo. No me gusta nunca mencionarlo, ni tocarlo, soy a pesar de mi apatía en materia de religiones de los que cree que a los muertos hay que dejarlos en paz. Por eso no lo nombro, pero cada vez que puedo leo algo sobre él y lo evoco en mis noches de infamia. Una forma de evocarlo es viendo esta película ya que él fue de los pocos críticos que la defendió en su fugaz paso por tierras colombianas.

Unos meses antes de morir decía Caicedo sobre la película: “The Missouri breaks es una obra que lo sitúa a uno, en su totalidad, de parte de los fuera de la ley, que analiza a fondo las relaciones amo-señor, amistad, amor, amor distanciado, espíritu condicionado (ensanchado en este caso) por el contorno geográfico que habita, odio, venganza, muerte, fatalidad, necesidad de eliminación de la crueldad amparada por la ley, características (espectaculares) de actuación de las super estrellas, exageración de las formas de Brando, trabajo, mostración documental de los progresos en el trabajo, felicidad ante un trabajo bien hecho, aunque sea pasajero. Características todas que hacen a este film una obra tan importante como Bonnie and Clyde y como yo decía uno de los mejores westerns que se hayan hecho nunca”

Posteriormente Caicedo dio una lista de los que a su juicio eran los diez mejores westerns de la historia:

1.Más corazón que odio de Jhon Ford
2.The Horse Soldiers de Jhon Ford
3.Hombre del oeste de Anthony Mann
4.Pat Garret y Billy the kid de Sam Peckinpah
5.El temerario de Arthur Penn
6.Billy el Asqueroso de Stan Dragoti
7. The Missouri breaks de Arthur Penn
8.Mala compañía de Robert Benton
9.Track of the cat de William Wellman
10.Duelo al sol de King Vidor

Injustamente ignorada, castigada como todas las grandes obras a ser desconocidas en nuestro medio (¿o seremos nosotros los castigados?), The Missouri breaks se presenta después de veinte años en la ciudad de la alegría, que como Calcuta se revuelca entre su propia abyecta e inmunda ignorancia.
          

LA BESTIA FACEBOOKIANA

El Facebook me cambió la rutina. Ya no me levanto y lo primero que hago es abrir los periódicos para ver como sigue desangrándose mi país, no, el ahora lo primero es abrir esa cocina y empezar a recibir chismes y ver fotos que al fin y al cabo para eso se hicieron esas redes sociales.
Me divierto mucho con el Facebook y sobre todo me encanta la gente que no tiene ningún tipo de vergüenza y sube cuanta foto se tome todos los días, como si le suplicara a gritos al Gran Hermano orwelliano que la persiga que haga su vida un evento público. Es la era donde la privacidad dejó de importarnos y como algunos no son lo suficientemente importantes para tener un reality pues que más que hacerlo a punta de fotos.
Pero entre todos los especímenes de Facebook me quedo con los enamorados. El Facebook revolucionó las relaciones de pareja. Y las abarató. En los ochenta uno tenía que juntar moneda tras moneda para complarle una credencial a la novia de turno o uno de esos globos horrendos que decían I LOVE YOU. Ahora la vuelta es mas breve, solo se tiene que decir cada dos horas “Oshita te extraño” o postear una balada de Alicia Keys no sin antes decirle que “Los días que he pasado sin ti han sido una eternidad” y luego seguir con una reflexión borgiana sobre el tiempo. Ni que decir que cuando es una frase mas elaborada que el popular “ Te amo” resulta siempre siendo un plagio de algún poema perdido de Benedetti.
Lo que me desternilla de la risa es que a las dos semanas el estado civil de la persona cambia de estar “comprometido” a estar “ Complicado” solo por alguna confusión faceboquiana. Los celos, las intrigas, el comentario mordaz de la ex cuando la novia pone un “Anoche estuviste fantástico” todo se teje sin ningún pudor en este universo de frivolidad. Y me gusta que sea así porque el facebook es la ventana que tenemos para reírnos de los otros y de nosotros mismos. Me emputa esa gente que trata de convertir el Facebook en algo serio entonces hacen álbumes de escritores o de cantantes de ópera ya, frescos man, en el facebook no hay nada que demostrar…aparte del amor que se siente por una persona.
Hace poco quise meterme en twitter pero me pareció renerdo. Y además exhibicionista. Nadie se lee, todos tratan de lucir su frase mas ingeniosa y que se la comenten. Yo seré siempre un animal facebookiano así no me guste mucho decir como me encuentro de ánimo o dedicarle a alguien una canción de Natalie Lafourcade ( Artista que creo fue considerada la más posteada en facebook por las mujeres enamoradas mayores de 25 años), yo no soy un actor de facebook sino un vouyerista de él, me encanta ver como mis compañeros de colegio engordan y se llenan de hijos, como la hippie que salió con uno en la universidad ahora escribe en su estado “Semana dura la que viene…muchos cilindros por vender” y abajo en un comentario complementa “Y auditorias por doquier”. No, al lado de ese placer el Twitter me resulta algo super triste, casi patético.

Sigan demostrando su amor desmedido en facebook asi sea efímero. Entre mas cursis mejor. Pueden que sus parejas no valoren tanto esa demostración publica de afecto pero téngalo por seguro que los vouyeristas facebookianos si que sabemos apreciar esas demostraciones de cariño.

29 de septiembre de 2010

¿TE ACUERDAS DE MI? YO ANTES ERA PETER BOGDANOVICH

Mientras un niño común y corriente se divertía coleccionando estampitas de sus jugadores de beisbol preferidos Peter Bogdanovich se la pasaba recortando las fotos de sus estrellas y directores favoritos. Creció con esa piel gris de los que viven encerrados en una sala de cine. A los veinte años ya era el programador oficial del MOMA de Nueva York, gracias a él se redescubrieron grandes películas como Freaks de Tod Browning. Ese trabajo lo acercó a sus propios ídolos, allí conoció y mantuvo amistad con Hitchcock, Hawks, John Ford o Alan Dawn. Ellos lo invitaron a sus rodajes “Vi a Hawks hacer El Dorado y a Hitchcock Los pájaros” Dice Bogdanovich en una entrevista “En ese momento no había todavía escuelas de cine; aprendí a dirigir observando a otros directores. Fui a un preestreno de El hombre que mató a Liberty Valance y supe que estaba viendo la última gran película de la Edad de Oro de Hollywood. Cuando el tren se aleja, es realmente eso, el final de Ford. Y el final de Ford no era otra cosa que el final de esa época.”
Era obvio que el muchacho que había crecido alimentándose de emulsión de celuloide soñara con hacer una película. Después de un corto metraje de bajo presupuesto Columbia vio la madera que podía tener el muchacho. A los 32 años emprende la tarea de adaptar la novela homónima de Larry Mcmurty. Su esposa de ese entonces Polly Platt era su mano derecha en el plató. A Bogdanovich como suele pasar con los talentos precoces lo poseía una extraordinaria megalomanía. Además todas las películas que había visto interferían en el deseo de hacer una obra personal, el quería hacer un plano a lo Ford, otro a lo Preminger, una trama a lo Hitch. Quería que su ópera prima fuera además un homenaje al cine y que más que ese nombre tan poético y visionario: The last Picture Show.
La película no resultó tanto un homenaje al cine sino un fresco sobre el aburrimiento al que está sometido uno de esos pueblitos miserables de Texas, un pequeño ecosistema donde se veía reflejada toda la sociedad norteamericana. Una obra maestra que todavía hoy tiene vigencia. La crítica la alabó, cuentan que Bogdanovich envilecido con su éxito llevaba todas las críticas recortadas en su bolsillo y que se sabía algunas de memorias sobre todo esa que decía que “La última película es el mejor debut de un Director desde Ciudadano Kane” Que lo compararan con su ídolo Orson Welles era una dicha que el dinero no podía pagar.
Y con las buenas críticas llegó el dinero y la fama y el principio del fin. Se enamoró perdidamente de Cybill Sheperd, una mujer alta (Casi un metro ochenta) y robusta que irradiaba salud física y mental. Pelo rubio, nariz respingada, cutis cremoso increíblemente hermosa. Bogdanovich quedó fascinado. La conoció en pleno casting, le dijo que estaba leyendo un libro de Dostoyevsky, pero cuando él le preguntó que libro era ella fue incapaz de recordar el título. Mientras se esforzaba por recordar, él no pudo evitar ver que jugueteaba con una de las flores que ponen en el florero de la bandeja del desayuno “Había algo tan informalmente destructivo en ese gesto”Le contó más tarde a Peter Biskind el director “Parecía retratar a la clase de mujer que no quiere ser cruel con los hombres pero lo es”.
Después de terminar la filmación de La última película, Bogdanovich ebrio de pasión y de éxito dejó a su mujer y a su pequeña hija por irse con la actriz. Muchos atribuyen el éxito de la película a la colaboración de Polly Platt. Ella nunca le perdonaría que le hubiese negado los respectivos créditos ya que fue prácticamente una obra hecha a cuatro manos.
Los estudios abrían sus puertas ante el nuevo creador. En 1974 Coppola acaparaba los Oscar con la segunda parte de El Padrino, Friedkin confirmaba con El exorcista lo que había insinuado en Contacto en Francia y Bogdanovich volvía hacer llorar de la emoción a la todo poderosa Pauline Kael con Luna de Papel. El Nuevo Hollywood parecía que había llegado para quedarse, basta ya de películas evasivas, el cine era uno solo y era el cine de autor. No solo en Europa se podían hacer películas personales, obsesivas, en America los discípulos de la Nueva Ola habían aprendido de sus maestros.
Pero estaba Bogdanovich y su amor desmedido por la rubia fatal. Quería que ella solo trabajara con él, por eso una vez le preguntó a Cybill que película quería hacer y ella le señaló un libro: Daysy Miller de Henry James. Sin pensarlo dos veces dedicó dos años de su vida a adaptarla, escribir el guión y dirigirla. Le pidió de rodillas a Polly Platt que volviera a trabajar con él pero ella no quería tener que enterrarse el puñal de volver a trabajar con su ex mientras el amaba a la rubia de los sueños de todos los hombres. Además estaban los celos, no permitió que ningún hombre apuesto trabajara en la película para evitar que Cybill se fijara en otro que no fuera él. El resultado fue una catástrofe absoluta. Muchos en el medio querían que Bogdanovich mordiera el polvo. Se había convertido en una persona absolutamente insoportable, estaba convencido que era un genio, solía decir que a él no lo podían comparar con sus contemporáneos porque él estaba a la altura de Welles, Ford o Hitch. Dijo Billy Wilder que al otro día del estreno de Daysy Miller “Se podía oír por toda la ciudad como descorchaban botellas de champán”.
De ahí para adelante ninguna de sus películas pudo volver a tener éxito, fue como si una maldición se hubiera cernido sobre él. Se atrevió a volver a hacer un musical para su musa, algo que el presupuestaba podría ser el resurgimiento de su carrera. Un musical donde nadie sabía cantar, una porquería que ni las hermosas canciones de Cole Porter lo podrían salvar, la historia de un fracaso anunciado.
Toda su vida había aspirado a ser Orson Welles, incluso cuando el mítico director quedó en bancarrota Bogdanovich lo llevó a vivir a su casa. En 1997 el otrora todopoderoso director de Luna de Papel se declaró insolvente por segunda vez, teniendo que alojarse en el apartamento de uno de los pocos amigos que le quedaban. Se había convertido en Welles, pero no como lo había imaginado. Martin Scorcese se encontró con él hace poco en una fiesta: el director le dijo “¿Te acuerdas de mi? Yo antes era Peter Bogdanovich”.

TECNICAS PARA MATAR A UNA MUJER

En México nadie lo conocía así que decidieron cruzar la frontera. Joan Volmer lo ayudaba en todo, en esos cuatro años que estuvieron juntos le dio toda la seguridad que un escritor necesita para realizar su trabajo. Se ubicaron en los suburbios de Ciudad de México donde la marihuana y la ayahuasca se consiguen más fácil y son más baratas. El tenía en la cabeza una sola palabra: PUNK!. Shakespeare ya la había usado en la Tempestad refiriéndose a un desadaptado. Él, William Burroughs quería crear una raza de hombres a partir de esa palabra. Poseía la técnica para el conjuro, cortar y pegar y grabarlo todo, combinar la escritura con la misma técnica de la música y de pronto del cine. En México los acreedores perderían su pista y plácidamente podría escribir todas esas palabras que desde el cielo bajaban en tobogán hasta su cabeza.

Pero a Bill le apasionaban dos cosas a parte de la literatura: Las drogas y las armas de fuego. Juntas pueden ser una combinación letal. Estuvo con Joan todo el día en un bazar donde se atiborraron de cerveza y de tacos. Si fuera por él estaría mejor con Allen Ginsberg, su amor y compañero de toda la vida pero en ese momento la relación vivía una especie de crisis y el empezaba a descubrir que la fidelidad de una mujer enamorada es bastante parecida a la que tienen los perros con sus amos. Llegaron a la casa de dos plantas, cuenta Lewis Adelbert Mayer testigo presencial del hecho que Bill todo el día estuvo muy raro, en el bazar se perdía en un desvarío extraño que le provocaba un llanto incontrolable, toda la tarde vaciando coronas comiendo tacos y llorando. Después compró un cuchillo y dijo que quería sacarle filo con su yugular. Cuando llegaron a esa casa los tres estaban borrachos. Para impresionar a la visita Burroughs le propuso a Joan que hicieran el número de Guillermo Tell, parece que lo hacían seguido, que él tenía todo bajo control. Le puso una manzana en su cabeza y el se alejó unos dos metros. “Fue un accidente- Le cuenta Bill a Victor Bockris muchos años después-en fin si se va a hacer responsable a todo el mundo de todo lo que hace, hay que ampliar la responsabilidad más allá del nivel de la intención consciente. Yo estaba apuntando al borde del vaso. Pero aquella pistola era muy imprecisa”.
Vino el fogonazo enceguecedor, la vio caer lentamente como una hoja seca. Se quedó mirando unos segundos y después se puso pálido mientras Lewis tocaba a Joan con un palo para ver si se movía. Había pedacitos de cráneo incrustados en las escaleras. Burroughs trató de serenarse y llamó a su abogado, la casa se había llenado de gente y todo el mundo lloraba como si conocieran de toda la vida a la occisa. El abogado tomó de los hombros a William y lo tranquilizó
-          Bueno, mira las cosas por el lado positivo, tu mujer ya no sufre, está muerta. Pero no te preocupes, yo, el señor abogado te defenderé.
Le prometió que no iría a la cárcel pero igual fue. Incluso le tuvo que pedir a Keroac y  a sus muchachos dinero para pagarle al alcaide de la cárcel para que lo ubicara donde estuviera la gente decente y no los violadores. Así vivió un año hasta que salió y pudo seguir herrando por el mundo.
Sus palabras se cocinaron en hoteles miserables, de Tanger, Nueva York o París. Muchos creyeron que estaba muerto pero en 1974 durante un concierto Patti Smith proclamó la vuelta de Burroughs a Nueva York, sus hijos los punks ya estaban dominando la escena artística, un reinado que duraría pocos años pero que aún hoy se puede ver su impronta.
Burroughs fue mucho más que el hombre que asesinó a su esposa. Fue sin duda uno de los más grandes escritores del siglo XX

23 de septiembre de 2010

LA COCINA DE LAS BRUJAS

Entonces son muchas bolas de fuego cayendo una tras otra sobre un solo pueblo. Como si el universo hubiera cobrado vida y conciencia y haya decidido acabar con el error de haber creado unos seres tan sedientos de sangre. Salen en fila india con sus banderitas tricolores a decir que todo terminó, pero que es todo? La pobreza sigue igual, la violencia la misma. No quedará un solo lugar en esa tierra para ocultarnos del bombardeo perpetuo.
Y los que se rebelen pues serán acusados de comunistas y puestos en un paredón con los brazo amarrados pero los ojos bien abiertos, ellos tienen que ser consientes de que van a ser aniquilados por las balas justicieras. Todo el mundo señala en ese país, te pagan por señalar, por denunciar. Eres un buen ciudadano si acusas hay gente que vive eso, todo untando de mierda ¿Cómo se puede seguir así? Y En noviembre todo pasa porque viene la reina y hay fiestas y la gente se emborracha pero en medio de la fiesta seguirán los bombardeos.
Dicen que no es el cielo el que arroja las bombas sino aviones perfectamente equipados y recién comprados al Estado Israelí. Me avisan que ya no le compran al estado israelí que ahora directamente los gringos los surten de Black Hawk que las metralletas están muy bien engrasadas y que ya no se traban. Incluso las balas tienen un alcance de no se cuantos kilómetros y que tienen miras que burlan las tinieblas de la noche. Cuando llegan otros equipos mas modernos el estado colombiano suele venderle a muy buen precio los pertrechos militares anacrónicos a su guerrilla. Mientras tanto el pueblo le prende veladores a Juan Manuel Santos que ya viene a ser el santo patrono de Colombia. Ya no importa si son conservadores o liberales, importa es que el padre Uribe los bendiga, que el señale con un dedo e indique cual es su sucesor.
Y si ve que Papá Uribe tenía razón, Juan Manuel era el mejor, ese si que tiene la mano bien dura, ese si que aplastará a la guerrilla con su puño de hierro. Como hormigas acorraladas, las espichará como las sanguijuelas que son ¿Y que harán con toda esa sangre derramada? Porque no las meten en unas canecas y las guardan porque nosotros no nos cansamos de consumirla, vivimos para eso, no importa que desde el cielo caigan bombas con tal de que toda la carne no se chamusque, que no se pierda toda, nosotros comeremos lo que usted mande señor presidente pero si nos sirven sangre con pedacitos de carne mejor.
En el país más asesino de la tierra crece la mandrágora. Esta flor nace de el semen de los ahorcados. En Colombia al que queda mal herido lo suben a un árbol y lo cuelgan del pescuezo. Entonces el muerto tendrá su última erección y su última eyaculación. La mandrágora es cortada de noche por las brujas, es un ingrediente esencial para hacer sus menjurjes, mucho mas que la piel de un sapo desollado o las alas de las moscas que engordan en cementerios. En el cruce de caminos, cuando hay luna llena, las brujas ponen unas carpas donde venden esas pócimas, de los carruajes negros, se bajan eminentes políticos a pedir recomendaciones, ¿Cuál sirve para evitar el asco de matar? ¿Cuál te da mas precisión en tu puntería? ¿Cuál sirve para acabar con sus enemigos? Y las brujas van poniendo sus frascos asquerosos en las improvisadas mesas y van señalando con sus dedos de uñas amarillentas cual de estos tiene más poder.
En mi país las brujas tienen mucho poder, son esenciales en épocas de elección y también en épocas de cacería. Las brujas alguna vez ayudaron al pobre pero como suele pasar en mi país ellas también se corrompieron. La gracia del político colombiano es que tiene siempre en la mano una bolsa con monedas de oro. Solo tienes que acercarte al político para dejar de sentir hambre pero que difícil que es acercarse, que complicado, suelen tener mas de cuatro cordones de seguridad, siempre fuertemente custodiado, siempre con los ojos bien abiertos. No te puedes acercar sin que el te huela, si el te huele te llamará. Entonces lamele los zapatos, arrástrate como un lagarto, por favor no tengas una sola idea y acumula, acepta todos sus dones que el político es caprichoso y olvida fácil y cuando olvida te hará pagar con el más frío de los desprecios el hecho de que seas un simple mortal. Disfruta cada momento que tengas al lado del político y si en alguna oportunidad tienes acceso a la cocina de las brujas aprende de sus secretos. No hay nada más necesario para un político colombiano que una buena hechicera. Candumblé candumblé Dios de la rumba y la desesperación, baja en este momento al hades que es Colombia, baja y destruye las pocas cosas que aún quedan en pie. No trates de matar a las serpientes que todavía reptan, ni a las cucarachas ni a las ratas. De ellas son estas tierras arrasadas, ellas siempre vivieron acá.