Podría ser uno de los actores más subestimados de la historia. Nuestros padres lo recuerdan de gabardina y con una libreta en la mano, siendo incisivo y molesto, con una gracia inusitada que hacía producir constantemente una carcajada en medio de la tensión de la trama. Columbo fue un éxito televisivo inusitado, la razón por la cual Peter Falk aseguraría su futuro monetario pero resultó la ruina de su carrera actoral. La gente ve a este descendiente de rusos y húngaros como si fuera el mismísimo detective, desaliñado y medio torpe. Pocos de los fanáticos de esta serie saben que Falk trabajó con maestros absolutos del cinematógrafo como Wenders, Capra o Robert Wise y que su muerte acaecida el pasado 23 de junio después de que el Anzheimer lo hubiera hecho quedar en ridículo en más de una ocasión, constituye un duro golpe para el cine. Se nos fue un testigo excepcional de la manera de trabajar del gran John Cassavetes.
Peter Falk fue uno de sus actores fetiches. Junto a él construyó dos personajes absolutamente reales y maravillosos. Su Archie de Husbands lleno de monólogos completamente improvisados, de un manejo del lenguaje audaz valiéndose de lo rocoso de su voz le demostró que en el cine podía conseguir los mismos resultados estéticos que buscaba en el teatro. Todo porque se dejó guiar, tomó la mano de Cassavetes y se dejó pintar. Una paleta lleno de colores, allá en la pantalla lo que se veía era un hombre confundido, con un matrimonio que detestaba que quería tomarse un lance con una oriental, tienen fama de complacientes en la cama y está en Londres solo, diez mil millas lejos de casa. El habla, no le importa si le entiende o no, tiene un dolor por dentro y necesita sacarlo, entonces se desahoga. La chica parece asustada, de él solo vemos una mata de pelo cayéndole en la frente y sus palabras atropelladas, de pronto la besa y el explota. Debe ser el recuerdo de su amigo recién muerto, de esa puta lluvia que no para de caer sobre el gris asfalto londinense, pero él como todos los hombres detesta esa indecisión femenina, esas ganas de mostrarse recatada mientras se está sola en el cuarto de un hombre de cuarenta años parcialmente soltero. Archie estalla y la oriental comienza a llorar y el llanto de ella no sosiega su furia, al contrario la enciende más.
La mujer oriental sale a la calle en medio de una torrencial y eterna lluvia. Arrepentido Archie trata detenerla pero ahora es ella la que está furiosa, la que lo empieza a insultar sin saber que coño le dice ya que habla el idioma de Atila. Archie tiene miedo, se siente como una basura, está mojado, insultado y lejos de casa.
Aunque el personaje estaba perfectamente delineado en la cabeza del director norteamericano llevarlo a la realidad hubiese sido imposible sin el trabajo de Falk. Cassavetes gran admirador del trabajo actoral se hizo muy amigo de él. En noches de borracheras ideaban películas que ambos harían. Lamentablemente eran historias muy íntimas, llevadas a cabo casi siempre por la tenacidad y locura del creador de Gloria. Se apoyó en su fama de actor y en la fama de Falk y Gazzara para poder tener algún acceso al circuito normal de distribución pero los resultados económicos fueron casi siempre catastróficos. La casi totalidad de los proyectos se disiparon en la resaca de la borrachera, pero el próximo trabajo, la segunda y última película que haría con Cassavetes sería un clásico absoluto, una obra maestra que todavía hoy, treinta y siete años después no ha tenido el reconocimiento absoluto que se merece.
Nick Longheti es un hombre trabajador que ama a su esposa. Lamentablemente las necesidades lo obligan a cumplir el horario que le exige esa mina de donde extraen carbón. Su mujer es una rubia muy hermosa, una ama de casa abnegada que tiene solo un problema. Está loca. Nick la quiere demasiado pero es un simple obrero, se siente confundido, no es tan listo como ella, no es tan lindo como ella, quiere entenderla para no tener que enviarla a uno de esos manicomios donde termina de joderse a la gente. Pero la situación se le sale de las manos, pobre Nick, con lo que quiere a Mabel, con lo luchador que es y ahora solo se tiene que sentar a ver cómo le ponen una camisa de fuerza y la sacan de la casa. Los hijos se acercan a él, le preguntan a donde se ha ido mamá. Son demasiado pequeños para entender, pero aún así el mas grandecito lo empieza a odiar. Pobre Nick tan solo tiene a su madre pero ella tampoco lo puede ayudar, es una mujer sencilla, casi tan simple como él.
En Una mujer bajo la influencia Gena Rowlands y Peter Falk dan una clase de actuación contenida, nada se desborda así las emociones nos perforen los nervios como pequeños alfileres. Una experiencia que estuvo al borde de obligar a la Rowlands de retirarse de la actuación, porque como le sucedió a Brando en El último tango en París, interpretar le dolía. Fue la película donde mejor le fue a Cassavetes en taquilla, incluso su esposa por el papel de Mabel recibió una nominación al Oscar, demasiado merecimiento de la Academia para una obra tan honesta.
Aunque siempre se buscaron nunca volvieron hacer nada. Después vino la fama desbordada e inesperada que obtuvo con Columbo, la cirrosis de Cassavetes que mermó considerablemente su producción en los últimos diez años de su vida hizo que se fuera al traste cualquier otro tipo de colaboración. Solo Wenders lo intentó sacar del ostracismo convirtiéndolo en un ángel caído en la tierra que para pasar su eternidad se entretiene interpretando a un detective llamado Columbo. Su papel en la fallida Tan lejos tan cerca está años luz de lo que pudimos apreciar en Husbands y en Una mujer bajo la influencia.
A los 83 la muerte a la que siempre esquivó se la ha cruzado en su camino. Deja el legado de sus películas, de su talento. Gracias a él muchas películas destinadas al olvido quedaron con un destello de gracia, de arte puro. Verlo actuar era un placer absoluto. En otras ayudó con su presencia a subirlas al pedestal donde solo descansan los grandes clásicos, las joyas de todos los tiempos. Con su único ojo mirará, con la tranquilidad del deber cumplido, lo que existe después de las puertas de la eternidad.
18 de julio de 2011
LA INERCIA
Ahora tengo una necesidad absoluta de decir algo pero no sé como empezar. Tanto silencio me exaspera. Hay tantas cosas por hacer pero nada sucede. Si te ocupas desapareces. Voy al cine, me siento en la butaca y me dejo impactar por el fuego cruzado de los Autobots contra Megatron. Tenían razón los que me dijeron que fuera a verla, la tercera entrega de los Transformers es una buena manera de perder el tiempo. Salir a la calle fumarse el porro de rigor y entrar a cualquier sala oscura donde te pasen delante de tus ojos una estela de imágenes en movimiento. No pasa nada.
Me desilusiono un poco con Hasta el sol de los venados pienso en el artículo que voy a escribir cuando lo termine. Compro libros que había perdido en mi periplo universitario, compro libros usados y DVD piratas. Todo se puede conseguir en unas cuantas cuadras. Ya no es necesario salir del país para encontrar los Perros de paja. Veo películas todo el tiempo y trato de mantenerme al día, a los amigos los recibo en la sala de mi casa nos fumamos veinte mil cigarrillos, ellos hablan y yo me callo. A veces siento que no tengo nada para decir, que es mejor quedarse callado y pensar. Di una serie de charlas la semana pasada, era lo más parecido a una pesadilla, yo parado delante de una multitud que no me miraba, que hablaba entre ellas, que no le importaba nada de lo que yo pudiera decir. Quise bajarme los pantalones y mostrarles el culo en señal de protesta pero me acordé que me auditorio estaba lleno de maricones y que de pronto eso es lo que ellos querían, ver un culito así fuera el mío. Uno va perdiendo la confianza y las ganas de hablar cuando se tiene trabajo. El televisor se vuelve un amigo, el reality de moda, los noticieros.
Voy a una librería y ojeo. En el culo del mundo también se puede conseguir algo de Thomas Bernhard. El malogrado en la portada el gran Glenn Gould, algún día lo leeré, no ahora, ahora no, se acabó el tiempo señores, soy una persona honorable que cada vez tiene menos tiempo, soy la persona que ya no hace lo que le da la gana. Planeo el eterno artículo sobre John Cassavetes, planeo cosas que no le importan a nadie, le hago fuerza a la selección venezolana por las ganas tan horribles de cantar un gol y tener que reprimirlo solo porque Falcao se ha levantado con el pie izquierdo. Es una maldición ser colombiano y a la vez ser hincha del Cúcuta Deportivo, creí que eso era ser coherente pero con el tiempo me vengo dando cuenta de que soy un masoquista estúpido.
Los mismos cretinos de siempre arman una feria del libro para ellos leerse la última estupidez que han escrito. Muchos llegan borrachos a escupir textos mamotétricos, las memorias del culo del mundo. Cada vez que se suben a una tarima piensan que entre el público esta su Cide Hamete Benengeli escribiendo en letras de oro su historia de escritor, la apasionante historia de un bohemio que después de llegar a su mugrienta y vomitada cama se pone a pensar en el relato de un hombre incomprendido en una ciudad caliente y sin sombra. El pobre destino de los Hugolugo Rangel. Estoy mamado de los Hugolugo Rangel en la literatura nortesantandereana si es que existe tal adefesio. Mamado de esos manes de la biblioteca que se creen más listos que los demás solo porque sus mamás los mantienen y pueden leer de cuando en cuando un viejo número de Mecánica Popular y después resultan saliendo poetas y ganan premios y se sienten perseguidos porque “Acá hay mucho paraco” y patatín patatán. No quiero formar colectivos ni grupos de teatro callejeros, no quiero que por ayudar a los pobres me metan un disparo en La divina pastora, no quiero que nadie me mire, ni nadie me toque, quiero estar en mi refugio subterraneo cuando la bomba estalle, cuando Chávez se canse del dolor que le produce el Cáncer carcomiéndole como una piraña el cuerpo y decida hundirse en el mar gelatinoso y ardiente del Napalm.
Ahora tendré que cerrar el círculo y continuar con los informes. Trabajar te seca, te esteriliza, te da dinero para comprar libros que nunca vas a leer y películas que nunca vas a ver solo porque estás muy ocupado, ya no hay tiempo para nada.
Al final del mediodía cuando el sol esté bien arriba estallando su calor, la hondonada de chulos caerá como la niebla sobre el cuerpo putrefacto de un nuevo muerto. No es una masacre es solo el ciclo vital que impera en la zona de frontera. A lo mejor no son muchos, a lo mejor es uno solo que decidió pegarse un tiro en la sien. Acá se acabaron hasta los suicidas
Me desilusiono un poco con Hasta el sol de los venados pienso en el artículo que voy a escribir cuando lo termine. Compro libros que había perdido en mi periplo universitario, compro libros usados y DVD piratas. Todo se puede conseguir en unas cuantas cuadras. Ya no es necesario salir del país para encontrar los Perros de paja. Veo películas todo el tiempo y trato de mantenerme al día, a los amigos los recibo en la sala de mi casa nos fumamos veinte mil cigarrillos, ellos hablan y yo me callo. A veces siento que no tengo nada para decir, que es mejor quedarse callado y pensar. Di una serie de charlas la semana pasada, era lo más parecido a una pesadilla, yo parado delante de una multitud que no me miraba, que hablaba entre ellas, que no le importaba nada de lo que yo pudiera decir. Quise bajarme los pantalones y mostrarles el culo en señal de protesta pero me acordé que me auditorio estaba lleno de maricones y que de pronto eso es lo que ellos querían, ver un culito así fuera el mío. Uno va perdiendo la confianza y las ganas de hablar cuando se tiene trabajo. El televisor se vuelve un amigo, el reality de moda, los noticieros.
Voy a una librería y ojeo. En el culo del mundo también se puede conseguir algo de Thomas Bernhard. El malogrado en la portada el gran Glenn Gould, algún día lo leeré, no ahora, ahora no, se acabó el tiempo señores, soy una persona honorable que cada vez tiene menos tiempo, soy la persona que ya no hace lo que le da la gana. Planeo el eterno artículo sobre John Cassavetes, planeo cosas que no le importan a nadie, le hago fuerza a la selección venezolana por las ganas tan horribles de cantar un gol y tener que reprimirlo solo porque Falcao se ha levantado con el pie izquierdo. Es una maldición ser colombiano y a la vez ser hincha del Cúcuta Deportivo, creí que eso era ser coherente pero con el tiempo me vengo dando cuenta de que soy un masoquista estúpido.
Los mismos cretinos de siempre arman una feria del libro para ellos leerse la última estupidez que han escrito. Muchos llegan borrachos a escupir textos mamotétricos, las memorias del culo del mundo. Cada vez que se suben a una tarima piensan que entre el público esta su Cide Hamete Benengeli escribiendo en letras de oro su historia de escritor, la apasionante historia de un bohemio que después de llegar a su mugrienta y vomitada cama se pone a pensar en el relato de un hombre incomprendido en una ciudad caliente y sin sombra. El pobre destino de los Hugolugo Rangel. Estoy mamado de los Hugolugo Rangel en la literatura nortesantandereana si es que existe tal adefesio. Mamado de esos manes de la biblioteca que se creen más listos que los demás solo porque sus mamás los mantienen y pueden leer de cuando en cuando un viejo número de Mecánica Popular y después resultan saliendo poetas y ganan premios y se sienten perseguidos porque “Acá hay mucho paraco” y patatín patatán. No quiero formar colectivos ni grupos de teatro callejeros, no quiero que por ayudar a los pobres me metan un disparo en La divina pastora, no quiero que nadie me mire, ni nadie me toque, quiero estar en mi refugio subterraneo cuando la bomba estalle, cuando Chávez se canse del dolor que le produce el Cáncer carcomiéndole como una piraña el cuerpo y decida hundirse en el mar gelatinoso y ardiente del Napalm.
Ahora tendré que cerrar el círculo y continuar con los informes. Trabajar te seca, te esteriliza, te da dinero para comprar libros que nunca vas a leer y películas que nunca vas a ver solo porque estás muy ocupado, ya no hay tiempo para nada.
Al final del mediodía cuando el sol esté bien arriba estallando su calor, la hondonada de chulos caerá como la niebla sobre el cuerpo putrefacto de un nuevo muerto. No es una masacre es solo el ciclo vital que impera en la zona de frontera. A lo mejor no son muchos, a lo mejor es uno solo que decidió pegarse un tiro en la sien. Acá se acabaron hasta los suicidas
14 de julio de 2011
EL ORO Y EL CRISTO NEGRO. Crónicas de la memoria
No se necesita recorrer demasiada carretera para encontrar los sitios donde los paramilitares trataron de impartir justicia en Norte de Santander. A unos cuarenta y cinco minutos está el Corregimiento de La Nueva Esperanza. Bajo un sol de justicia catorce mil personas tratan de olvidar lo que sucedió hace más de cinco años cuando lista en mano las Autodefensas buscaban en las casas a los presuntos insurgentes y sin juicio previo recibían un balazo en la nuca, como si fueran perros agonizando.
Antes de llegar al corregimiento hay dos cosas que llaman la atención. Una es la calidad de las tierras, dicen que las Autodefensas se instalaron acá porque difícilmente se encontrarán unas tierras más fértiles que estas. Todo es verde, como si los árboles y el prado fueran inmunes al calor calcinante. Lo otro fueron dos o tres restaurantes que contrastaban obscenamente con la precariedad de las casas que se riegan por la carretera ¿De qué sirven restaurantes tan ostentosos en una zona tan deprimida económicamente? Esos son los grandes misterios que rodean esta zona donde siempre hay un gran capo desesperado por lavar el dinero teñido de sangre que ha ganado.
En el corazón de la Vereda Bellavista, en el Centro Comunal que lleva el nombre de la Vereda y del cual los habitantes parecen sentirse muy orgullosos, nos esperaban cuatro líderes sindicales. El único natural de allí era Walter Alfonso Mina Saa, los otros tres habían llegado de la región del Catatumbo desplazados por la violencia. “Sin esta desgracia que nos sucedió lo más seguro es que nunca me hubiera ocupado de cuidar y velar por los derechos de los otros compañeros”- Dice Eudigio un campesino de mediana edad a quien los paracos le llegaron una noche a su finca “Amenazándome con que tenía que irme de acá si no quería ver a mi mujer y a mis hijos envueltos en un charco de sangre”. Sin nada llegaron una noche a Bellavista, a finales del 2006. Walter los atendió, los ubicó “Hoy en día yo no pienso en lo que pasó… ¿eso para qué? Yo le doy gracias a mi Dios de que he podido continuar con mi vida, yo creo que eso es lo más importante y sobre todo ver a mis hijos crecer”. Eudigio parece un hombre enclenque, tímido, taciturno, hasta que abre la boca y comienza a hablar, entonces se le ven las venas surcando su cuello y sus manos, se le va la fuerza que lo ha llevado a seguir adelante.
A primera vista uno no logra dimensionar que significa el Centro Comunal para esta gente. Resulta que este kiosco todavía en obra negra de tejas de zinc completamente incoherente arquitectónicamente hablando, es el bastión de fuerza con que los líderes comunales cuentan para agrupar a la vereda, para hacerla visible. Lejos de tener una biblioteca o una tarima para representar improvisados sociodramas lo primero que pidió la comunidad fue hacer un altarcito y pedir dos cristos para hacer del Centro Comunal Bellavista una capilla improvisada. En las tres horas que estuvimos con los líderes más de una persona entró, se arrodilló y emitió su plegaria delante del Cristo Negro. Nadie sabe cómo llegó este Cristo gigante al Centro Comunal ni quién lo trajo. Ellos tienen muy claro las fechas en las que fueron desterrados de sus tierras u ocurrieron sus desgracias pero es como si su memoria fuera reservando el espacio para lo más importante que es recordar para siempre el rostro de los hombres y mujeres que aún extrañan.
Se formó una pequeña polémica unos en contra y otros a favor de la existencia de un Cristo Negro. Nosotros les decíamos que esa imagen es muy parecida a la que nos quedó en la conciencia general del Cristo rubio y ojiazul, la cara del actor Robert Powell protagonista de Jesús de Nazareth de Franco Zeffirelli que religiosamente pasan cada Semana Santa por nuestros horripilantes canales televisivos “¿Cómo así que era moreno?” Decía una señora escéptica ante lo que decíamos, incluso llegó a escandalizarse como si lo que dijéramos fuera una herejía. La única forma que tuvieron para aceptar El Cristo negro, fue meterse la mentira de que El señor de los milagros, el verdadero señor de los milagros era africano. Por eso la capilla que funciona dentro del Centro Comunal se llama Capilla del Señor de los Milagros.
Walter es negro y sus creencias religiosas distan mucho de ser católicas. A él el evangelio le ha ayudado a olvidar los malos recuerdos. Su color de piel coincide con el del Señor de los milagros, pero él tampoco puede creer que Jesús haya tenido su color o que fuera palestino. Se reía ante la discusión, para él ese cristo no tiene ninguna importancia, es un fetiche un pedazo de madera a la que la gente va a arrodillarse como si fuera un ídolo “Dios está dentro de mi corazón” Dice este hombre de treinta años que a pesar que el conflicto no lo ha tocado tiene la conciencia social para ayudar a los que más lo necesitan. “Acá llegan los compañeros desplazados y nosotros los ayudamos a reagrupar, a rehacer su vida, les conseguimos una parcelita de arriendo barato para que reinicien lo que fue interrumpido abruptamente por culpa de los violentos.”
Las casas de La Nueva Esperanza son precarias. Los materiales como latas o bambú se contrastan con las pocas casas de ladrillo que están en el centro del casco urbano, centro conocido con el nombre de Camilo Torres donde las 14 mil personas dispersas en las doce veredas del Corregimiento se reúnen para establecer comercio. Todo es demasiado precario y sin duda que da rabia pensar que a pocos kilómetros de allí entre el corregimiento y el Zulia acaban de ser descubiertos dos pozos petroleros, uno de ellos Pozo Cerrito, es considerado el yacimiento petrolero más importante descubierto en el departamento en los últimos años. Las regalías que debería dar el estado por el permiso que da la comunidad para que los balancines penetren la tierra fueron a penas de ocho millones de pesos “Esto nos sirvió para cerrar el Centro Comunal, para terminar de cerrarlo” Dijo Walter, pero sin duda que el espacio dista mucho de ser un lugar cómodo.
Es increíble que tanta riqueza encontrada contraste con las condiciones de vida con la que combaten los habitantes de este corregimiento. Si bien hace cinco años que no se presentan hechos violentos y las Autodefensas parece que han guardado por un tiempo largo sus fusiles, la comunidad sigue pagando el lastre del olvido al que la ha sometido la administración departamental. Hace siete meses que ha sido interrumpido el suministro de agua obligando a sus habitantes a consumir lo que pueden sacar de los “Puntillos” que son pozos subterráneos de agua sin tratar “Muchos de ellos mezclados con orín y mierda que eso es lo que nos tomamos” Dice Walter al explicar que esos pozos se confunden con los sépticos que están dentro de la tierra ya que la vereda no cuenta con servicio de alcantarillado.
A nosotros llegaban ancianos a pedirnos dádivas creyendo que éramos políticos. Ninguno nos pidió que les resolviéramos el problema del agua sino que les diéramos alguito de plata “Para hacerle una reforma a su casa” Los líderes sindicales no solo tienen que luchar contra el olvido y los violentos sino con la inconsciencia e individualismo que prima en casi todos los asentamientos humanos “Lo del agua que se ocupen los concejales, yo quiero que me dan algo para mi” Decía Don Roberto, un anciano de 82 años que venía a pedirle su favor al Señor de los milagros.
Sin agua esta gente no tiene ninguna posibilidad de seguir adelante, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de niños y jóvenes que habitan esta población. Los niños salían todo el tiempo de esas casas que parecen cuevas lúgubres, con sus sonrisas rompían el panorama gris que daba una cancha abandonada llena de maleza, unas calles llenas de polvo y unos perros sarnosos que no paraban de rascarse. Los niños llevaban mamoncillos y jugaban con las gallinas y patos que se esparcen anárquicamente por las destruidas calles de La Nueva Esperanza.
Hasta el momento los yacimientos no amenazan con traer progreso a la región, al contrario, los moradores temen que el oro negro vuelva a hacer sonar las trompetas de los ángeles de la muerte. Históricamente está comprobado todas las desgracias que puede traer la bonanza en este país incoherente. “Nosotros preferimos seguir teniendo las enfermedades digestivas que conlleva consumir día a día agua contaminada, preferimos el olvido al progreso, la última vez que se habló de eso nos mataron a doscientas personas. Que se lleven la plata de los pozos pero que nos dejen en paz”.
Los líderes tienen miedo de pedir, de estirar la mano por miedo a que los perros de las petroleras se las muerdan, prefieren esta calma chicha, esta miseria pasiva a siquiera soñar con unas condiciones de vida favorables, por una vida digna. “Por lo pronto que nos restablezcan el servicio de agua y que nos dejen tranquilos, acá nadie se mete con nadie solo ponemos la mirada en el suelo para que no adivinen lo que pensamos, no vaya a ser que los violentos malinterpreten nuestras miradas”. Nos despedimos de Walter y los otros tres líderes, nos vamos por Brisas, el corregimiento contiguo a Bellavista, la carretera está en perfecto estado, la tierra es exuberante y ya a unos cuantos kilómetros del Cristo Negro vemos la bonanza que le trae a unos pocos el Oro Negro, miles y miles de hectáreas donde pastan cientos de cabezas de ganado, restaurantes lujosos en medio de casas de cartón. La ostentación desmesurada en medio de la miseria más paupérrima y desesperanzadora. Señores de la Guerra: Bienvenidos al Progreso.
Antes de llegar al corregimiento hay dos cosas que llaman la atención. Una es la calidad de las tierras, dicen que las Autodefensas se instalaron acá porque difícilmente se encontrarán unas tierras más fértiles que estas. Todo es verde, como si los árboles y el prado fueran inmunes al calor calcinante. Lo otro fueron dos o tres restaurantes que contrastaban obscenamente con la precariedad de las casas que se riegan por la carretera ¿De qué sirven restaurantes tan ostentosos en una zona tan deprimida económicamente? Esos son los grandes misterios que rodean esta zona donde siempre hay un gran capo desesperado por lavar el dinero teñido de sangre que ha ganado.
En el corazón de la Vereda Bellavista, en el Centro Comunal que lleva el nombre de la Vereda y del cual los habitantes parecen sentirse muy orgullosos, nos esperaban cuatro líderes sindicales. El único natural de allí era Walter Alfonso Mina Saa, los otros tres habían llegado de la región del Catatumbo desplazados por la violencia. “Sin esta desgracia que nos sucedió lo más seguro es que nunca me hubiera ocupado de cuidar y velar por los derechos de los otros compañeros”- Dice Eudigio un campesino de mediana edad a quien los paracos le llegaron una noche a su finca “Amenazándome con que tenía que irme de acá si no quería ver a mi mujer y a mis hijos envueltos en un charco de sangre”. Sin nada llegaron una noche a Bellavista, a finales del 2006. Walter los atendió, los ubicó “Hoy en día yo no pienso en lo que pasó… ¿eso para qué? Yo le doy gracias a mi Dios de que he podido continuar con mi vida, yo creo que eso es lo más importante y sobre todo ver a mis hijos crecer”. Eudigio parece un hombre enclenque, tímido, taciturno, hasta que abre la boca y comienza a hablar, entonces se le ven las venas surcando su cuello y sus manos, se le va la fuerza que lo ha llevado a seguir adelante.
A primera vista uno no logra dimensionar que significa el Centro Comunal para esta gente. Resulta que este kiosco todavía en obra negra de tejas de zinc completamente incoherente arquitectónicamente hablando, es el bastión de fuerza con que los líderes comunales cuentan para agrupar a la vereda, para hacerla visible. Lejos de tener una biblioteca o una tarima para representar improvisados sociodramas lo primero que pidió la comunidad fue hacer un altarcito y pedir dos cristos para hacer del Centro Comunal Bellavista una capilla improvisada. En las tres horas que estuvimos con los líderes más de una persona entró, se arrodilló y emitió su plegaria delante del Cristo Negro. Nadie sabe cómo llegó este Cristo gigante al Centro Comunal ni quién lo trajo. Ellos tienen muy claro las fechas en las que fueron desterrados de sus tierras u ocurrieron sus desgracias pero es como si su memoria fuera reservando el espacio para lo más importante que es recordar para siempre el rostro de los hombres y mujeres que aún extrañan.
Se formó una pequeña polémica unos en contra y otros a favor de la existencia de un Cristo Negro. Nosotros les decíamos que esa imagen es muy parecida a la que nos quedó en la conciencia general del Cristo rubio y ojiazul, la cara del actor Robert Powell protagonista de Jesús de Nazareth de Franco Zeffirelli que religiosamente pasan cada Semana Santa por nuestros horripilantes canales televisivos “¿Cómo así que era moreno?” Decía una señora escéptica ante lo que decíamos, incluso llegó a escandalizarse como si lo que dijéramos fuera una herejía. La única forma que tuvieron para aceptar El Cristo negro, fue meterse la mentira de que El señor de los milagros, el verdadero señor de los milagros era africano. Por eso la capilla que funciona dentro del Centro Comunal se llama Capilla del Señor de los Milagros.
Walter es negro y sus creencias religiosas distan mucho de ser católicas. A él el evangelio le ha ayudado a olvidar los malos recuerdos. Su color de piel coincide con el del Señor de los milagros, pero él tampoco puede creer que Jesús haya tenido su color o que fuera palestino. Se reía ante la discusión, para él ese cristo no tiene ninguna importancia, es un fetiche un pedazo de madera a la que la gente va a arrodillarse como si fuera un ídolo “Dios está dentro de mi corazón” Dice este hombre de treinta años que a pesar que el conflicto no lo ha tocado tiene la conciencia social para ayudar a los que más lo necesitan. “Acá llegan los compañeros desplazados y nosotros los ayudamos a reagrupar, a rehacer su vida, les conseguimos una parcelita de arriendo barato para que reinicien lo que fue interrumpido abruptamente por culpa de los violentos.”
Las casas de La Nueva Esperanza son precarias. Los materiales como latas o bambú se contrastan con las pocas casas de ladrillo que están en el centro del casco urbano, centro conocido con el nombre de Camilo Torres donde las 14 mil personas dispersas en las doce veredas del Corregimiento se reúnen para establecer comercio. Todo es demasiado precario y sin duda que da rabia pensar que a pocos kilómetros de allí entre el corregimiento y el Zulia acaban de ser descubiertos dos pozos petroleros, uno de ellos Pozo Cerrito, es considerado el yacimiento petrolero más importante descubierto en el departamento en los últimos años. Las regalías que debería dar el estado por el permiso que da la comunidad para que los balancines penetren la tierra fueron a penas de ocho millones de pesos “Esto nos sirvió para cerrar el Centro Comunal, para terminar de cerrarlo” Dijo Walter, pero sin duda que el espacio dista mucho de ser un lugar cómodo.
Es increíble que tanta riqueza encontrada contraste con las condiciones de vida con la que combaten los habitantes de este corregimiento. Si bien hace cinco años que no se presentan hechos violentos y las Autodefensas parece que han guardado por un tiempo largo sus fusiles, la comunidad sigue pagando el lastre del olvido al que la ha sometido la administración departamental. Hace siete meses que ha sido interrumpido el suministro de agua obligando a sus habitantes a consumir lo que pueden sacar de los “Puntillos” que son pozos subterráneos de agua sin tratar “Muchos de ellos mezclados con orín y mierda que eso es lo que nos tomamos” Dice Walter al explicar que esos pozos se confunden con los sépticos que están dentro de la tierra ya que la vereda no cuenta con servicio de alcantarillado.
A nosotros llegaban ancianos a pedirnos dádivas creyendo que éramos políticos. Ninguno nos pidió que les resolviéramos el problema del agua sino que les diéramos alguito de plata “Para hacerle una reforma a su casa” Los líderes sindicales no solo tienen que luchar contra el olvido y los violentos sino con la inconsciencia e individualismo que prima en casi todos los asentamientos humanos “Lo del agua que se ocupen los concejales, yo quiero que me dan algo para mi” Decía Don Roberto, un anciano de 82 años que venía a pedirle su favor al Señor de los milagros.
Sin agua esta gente no tiene ninguna posibilidad de seguir adelante, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de niños y jóvenes que habitan esta población. Los niños salían todo el tiempo de esas casas que parecen cuevas lúgubres, con sus sonrisas rompían el panorama gris que daba una cancha abandonada llena de maleza, unas calles llenas de polvo y unos perros sarnosos que no paraban de rascarse. Los niños llevaban mamoncillos y jugaban con las gallinas y patos que se esparcen anárquicamente por las destruidas calles de La Nueva Esperanza.
Hasta el momento los yacimientos no amenazan con traer progreso a la región, al contrario, los moradores temen que el oro negro vuelva a hacer sonar las trompetas de los ángeles de la muerte. Históricamente está comprobado todas las desgracias que puede traer la bonanza en este país incoherente. “Nosotros preferimos seguir teniendo las enfermedades digestivas que conlleva consumir día a día agua contaminada, preferimos el olvido al progreso, la última vez que se habló de eso nos mataron a doscientas personas. Que se lleven la plata de los pozos pero que nos dejen en paz”.
Los líderes tienen miedo de pedir, de estirar la mano por miedo a que los perros de las petroleras se las muerdan, prefieren esta calma chicha, esta miseria pasiva a siquiera soñar con unas condiciones de vida favorables, por una vida digna. “Por lo pronto que nos restablezcan el servicio de agua y que nos dejen tranquilos, acá nadie se mete con nadie solo ponemos la mirada en el suelo para que no adivinen lo que pensamos, no vaya a ser que los violentos malinterpreten nuestras miradas”. Nos despedimos de Walter y los otros tres líderes, nos vamos por Brisas, el corregimiento contiguo a Bellavista, la carretera está en perfecto estado, la tierra es exuberante y ya a unos cuantos kilómetros del Cristo Negro vemos la bonanza que le trae a unos pocos el Oro Negro, miles y miles de hectáreas donde pastan cientos de cabezas de ganado, restaurantes lujosos en medio de casas de cartón. La ostentación desmesurada en medio de la miseria más paupérrima y desesperanzadora. Señores de la Guerra: Bienvenidos al Progreso.
13 de julio de 2011
HUGO CHÁVEZ, LA DESVENTAJA DE SER SOLISTA
Las ganas de hablar lo hicieron rodear de un coro de mudos. Era un hombre inmortal hasta que las células se le amotinaron. A las células no las pudo comprar con dádivas, las células cuando quieren se le voltean a uno y te apuñalan por la espalda o por la ingle. En Caracas nadie sabe que está pasando, otra vez aparece el rumor como única fuente oficial. La famosa radio Bemba.
Dicen que le quedan pocos meses de vida, que llegó de Cuba alarmado por su hermano y sus pocos allegados quienes le advirtieron que dentro de Miraflores se fraguaba más de una conjura. Yo creo que la principal conjura está sucediendo en su cabeza. Desde que subió al poder no ha hecho sino depurar, del grupo de insurgentes que trató de hacerse con el poder en febrero de 1992 solo le queda Diosdado Cabello pero este cada vez se sumerge en las infectas aguas del ostracismo. No hay nada peor para el súbdito de una dictadura que no ser nombrado por el ser amado. En El emperador de Ryszard Kapunscinsky el periodista polaco nos cuenta los últimos años de Hallie Halliese el sempiterno emperador de Etiopía, allí aparece la angustia de sus ministros por no volver a ser nombrado por el sátrapa “Desaparecimos de su boca”, desaparecer de sus palabras es desaparecer del reino. En Vida y Destino de Grossman aparece también la desesperación por serle útil a Stalin, sus colaboradores se desvivían por atenderlo y así poder estar siempre en primera fila hasta que un día sin ninguna razón aparente caías en desgracia y el teléfono nunca volvería a sonar, de un momento a otro la gente en la calle no devolvería los saludos y los amigos súbitamente desaparecerían para siempre. En Quo vadis Petronio cayó en la paranoia de Nerón, paranoia y odia que carcomía también a ese hombre con patas de elefante que vivía su otoño de patriarca solo en un palacio enorme.
El peor cáncer de Chávez está en la desconfianza que ahora lo embarga. Dicen que desconfía hasta de su propia sombra. Cabello, el amigo de siempre está cada vez más alejado del gobierno. Dicen que al comandante supremo le molesta mucho el afecto que sienten sus fuerzas armadas por Diosdado que a estas le preocupan cada vez más el camino al desbarrancadero que está asumiendo esta revolución socialista carente de bases teóricas, una revolución cuyo único ideólogo es Mario Silva el chabacano presentador de La Hojilla.
En Venezuela pudo más el culto a la personalidad que un planteamiento político que una concientización de las masas, lo que pintaba bien, sustentado en un fervor popular, en ministros capacitados y carismáticos como Aristóbulo Istúriz o lideresas de la talla de Lina Ron han desaparecido para siempre como desaparecieron en su momento gente capacitada y confiable como Luis Miquelena han dado un paso al costado o simplemente han sido carcomidos por la implacable maquinaria chavista. Uno escuchaba a un hombre como José Vicente Rangel y sin duda era capaz de irradiar confiabilidad, pero ¿Qué destila el chofer de bus Maduro? Yo no me imagino a este personaje manejando como si fuera una tractomula un país sumido en una profunda crisis institucional, política, un país petrolero que tiene que racionar su energía, un país fragmentado y lleno de odios, los ricos contra los pobres, los pitiyanquis contra el pueblo. El pueblo, maldita palabra, ahora todo es el pueblo, todo lo que tenga la cara mofletuda del comandante es el pueblo, es la verdad. Elias Ragua con sus ojitos chiquitos detrás de las gafas recuerda peligrosamente a personajes nefastos como Balaguer en República Dominicana que con su figura insignificante supo permanecer al lado, en la sombra de Trujillo sin ser visto por sus mas enconados rivales y allí estuvo hasta el final de sus días manejando de mala manera uno de los países más pobres de América. Pero Chávez como dictador ha sido mas ambicioso que Trujillo, el quiere que su revolución muera con su cáncer simple y llanamente porque está convencido que Venezuela no puede continuar sin él.
Tengo amigos chavistas que vienen a tomar a mi casa y a los cuales quiero mucho. Yo les pregunto la razón por la cual Chávez traicionó después del 2002 la revolución que él mismo había creado, de la cual yo creí en su momento. Ellos, como cualquier fanático religioso a falta de razón se aferran a la fe que puede dar la especulación desmedida “Una cosa es lo que dice a los medios y otra la que él piensa en su fuero interno” No se como hacen estos amigos míos para acceder a la cabeza de Chávez, como si hubieran encontrado en su casa una puerta secreta que los llevara directamente al cerebro del Sátrapa. Pero veo que patinan, sus ideas desfilan por pistas de hielo, siguen allí creyendo en el Comandante solo porque aspiran a que el sueño sea una realidad, todavía piensan que no puede ser en vano toda esa basura que han hablado sobre Venezuela.
Ellos levantan las copas y como los mafiosos del Padrino dicen “100 años” Cien años más para la revolución de un hombre, un megalómano que con tal de no soltar el poder pudo pensar en enfrentarse militarmente con un imperio o con su vecino. Un tipo que tuvo su mayor pico de popularidad cuando el vecino, el narcotraficante Álvaro Uribe Vélez, enfermo como él por el poder, lo incitaba a ser varón y a sostener una lucha armada contra su país. Nos imaginamos como hablarían por teléfono ideando las formas para sostenerse cada uno en sus tronos de cartón. Ellos, mis amigos, creen que Chávez es Bolívar que “Es un Dios que vino a ordenar el destino de Venezuela” me divierte tomarme un trago y azuzar la lengua de alguno de estos seudosocialistas contándome sobre la última teoría conspirativa, que al comandante el presidente Lobos de Honduras, agente de la CIA le inoculó el cáncer cuando se encontraron en Cartagena, que detrás de la enfermedad de Hugo está el gobierno Norteamericano y mil maricadas más. Mis amigos creen que la Historia con mayúscula se está escribiendo en Venezuela y no se dan cuenta de que estamos demasiado lejos, somos demasiado pobres para ser el centro del universo.
Hace unos días durante la celebración de la Independencia de Venezuela los tanques desfilaban por Caracas. A los lados improvisadas tarimas albergaban a miles de personas. Las calles eran rojas y el aparataje militar imponente. La escena podía hacer en Pionyang o en la Bucarest de los ochenta y no en el Caribe, como si fuera una Cuba elefantíasica como si la maldita máquina del tiempo nos hubiera llevado a los infructuosos años de la utopía socialista. La revolución se hace con armas en una guerra que nadie quiere tener, el militar en el poder comprando lo último en tecnología, armamento como si fueran juguetes. Para combatir las fuerzas que se ciernen contra Chávez el comandante no necesita un Sukoi sino un siquiatra, alguien especializado en extirpar los leprosos que se la agolpan en la cabeza.
Ahora le quiere hacer creer a su pueblo dócil que Adán Chávez es el futuro de la Revolución Bolivariana. El poco carismático hermano del sátrapa quien como Raúl Castro influenció a su hermano menor en su pensamiento marxista ahora se perfila como el segundo hombre del régimen. Chávez ha alegado que su círculo se ha cerrado porque existen chavistas que se han enriquecido con la revolución, Adán no, Adán como él se ha mantenido impoluto, pobre como el comandante. El hermano mayor es odiado en su natal Barinas por los excesos que han caracterizado su mandato, los desmanes que hacen sus hijos las camionetas último modelo que no cesa de estrenar. Adán Chávez desprovisto de cualquier tipo de gracia, virtud o don duraría medio día en Miraflores, negociaría su salida a Miami y descansaría en las hermosas playas de La Florida tratando de olvidar los horribles años en que tuvo que vivir de cerca como se manejan los hilos de un país petrolero.
Todo país petrolero parece tener una maldición. Como si la democracia no pudiera permearse en él. Tiene que ser dirigido por un capataz. Ha pasado en todos y Venezuela que si bien tuvo dos dictaduras moderadas que llevaron progreso al país como fueron las de José Vicente Gómez y sobre todo la de Marcos Pérez Jimenez había vivido en la dictadura infame que impusieron en forma de democracia adecos y copeyanos. Ellos fueron los culpables directos de que se pusiera en el poder un ego, una megalomanía como la que ha impuesto Hugo Chávez en Venezuela. Él como Fidel no pudo entender que el líder solo debe estar allí, arriba unas cuantas semanas, que se tenía que depurar la democracia para que cada cuatro años a la manera de Trosky existiera una revolución permanente en forma de sufragio que el pueblo mismo fuera el que eligiera. Esa oportunidad única por la cual muchos nos entusiasmamos se ha extinguido para siempre. El cáncer no solo le arrancará la vida a Chávez sino que acabará la revolución esta falsa revolución porque mis amigos chavistas han olvidado que la revolución no la hace ni le pertenece a un solo hombre.
Dicen que le quedan pocos meses de vida, que llegó de Cuba alarmado por su hermano y sus pocos allegados quienes le advirtieron que dentro de Miraflores se fraguaba más de una conjura. Yo creo que la principal conjura está sucediendo en su cabeza. Desde que subió al poder no ha hecho sino depurar, del grupo de insurgentes que trató de hacerse con el poder en febrero de 1992 solo le queda Diosdado Cabello pero este cada vez se sumerge en las infectas aguas del ostracismo. No hay nada peor para el súbdito de una dictadura que no ser nombrado por el ser amado. En El emperador de Ryszard Kapunscinsky el periodista polaco nos cuenta los últimos años de Hallie Halliese el sempiterno emperador de Etiopía, allí aparece la angustia de sus ministros por no volver a ser nombrado por el sátrapa “Desaparecimos de su boca”, desaparecer de sus palabras es desaparecer del reino. En Vida y Destino de Grossman aparece también la desesperación por serle útil a Stalin, sus colaboradores se desvivían por atenderlo y así poder estar siempre en primera fila hasta que un día sin ninguna razón aparente caías en desgracia y el teléfono nunca volvería a sonar, de un momento a otro la gente en la calle no devolvería los saludos y los amigos súbitamente desaparecerían para siempre. En Quo vadis Petronio cayó en la paranoia de Nerón, paranoia y odia que carcomía también a ese hombre con patas de elefante que vivía su otoño de patriarca solo en un palacio enorme.
El peor cáncer de Chávez está en la desconfianza que ahora lo embarga. Dicen que desconfía hasta de su propia sombra. Cabello, el amigo de siempre está cada vez más alejado del gobierno. Dicen que al comandante supremo le molesta mucho el afecto que sienten sus fuerzas armadas por Diosdado que a estas le preocupan cada vez más el camino al desbarrancadero que está asumiendo esta revolución socialista carente de bases teóricas, una revolución cuyo único ideólogo es Mario Silva el chabacano presentador de La Hojilla.
En Venezuela pudo más el culto a la personalidad que un planteamiento político que una concientización de las masas, lo que pintaba bien, sustentado en un fervor popular, en ministros capacitados y carismáticos como Aristóbulo Istúriz o lideresas de la talla de Lina Ron han desaparecido para siempre como desaparecieron en su momento gente capacitada y confiable como Luis Miquelena han dado un paso al costado o simplemente han sido carcomidos por la implacable maquinaria chavista. Uno escuchaba a un hombre como José Vicente Rangel y sin duda era capaz de irradiar confiabilidad, pero ¿Qué destila el chofer de bus Maduro? Yo no me imagino a este personaje manejando como si fuera una tractomula un país sumido en una profunda crisis institucional, política, un país petrolero que tiene que racionar su energía, un país fragmentado y lleno de odios, los ricos contra los pobres, los pitiyanquis contra el pueblo. El pueblo, maldita palabra, ahora todo es el pueblo, todo lo que tenga la cara mofletuda del comandante es el pueblo, es la verdad. Elias Ragua con sus ojitos chiquitos detrás de las gafas recuerda peligrosamente a personajes nefastos como Balaguer en República Dominicana que con su figura insignificante supo permanecer al lado, en la sombra de Trujillo sin ser visto por sus mas enconados rivales y allí estuvo hasta el final de sus días manejando de mala manera uno de los países más pobres de América. Pero Chávez como dictador ha sido mas ambicioso que Trujillo, el quiere que su revolución muera con su cáncer simple y llanamente porque está convencido que Venezuela no puede continuar sin él.
Tengo amigos chavistas que vienen a tomar a mi casa y a los cuales quiero mucho. Yo les pregunto la razón por la cual Chávez traicionó después del 2002 la revolución que él mismo había creado, de la cual yo creí en su momento. Ellos, como cualquier fanático religioso a falta de razón se aferran a la fe que puede dar la especulación desmedida “Una cosa es lo que dice a los medios y otra la que él piensa en su fuero interno” No se como hacen estos amigos míos para acceder a la cabeza de Chávez, como si hubieran encontrado en su casa una puerta secreta que los llevara directamente al cerebro del Sátrapa. Pero veo que patinan, sus ideas desfilan por pistas de hielo, siguen allí creyendo en el Comandante solo porque aspiran a que el sueño sea una realidad, todavía piensan que no puede ser en vano toda esa basura que han hablado sobre Venezuela.
Ellos levantan las copas y como los mafiosos del Padrino dicen “100 años” Cien años más para la revolución de un hombre, un megalómano que con tal de no soltar el poder pudo pensar en enfrentarse militarmente con un imperio o con su vecino. Un tipo que tuvo su mayor pico de popularidad cuando el vecino, el narcotraficante Álvaro Uribe Vélez, enfermo como él por el poder, lo incitaba a ser varón y a sostener una lucha armada contra su país. Nos imaginamos como hablarían por teléfono ideando las formas para sostenerse cada uno en sus tronos de cartón. Ellos, mis amigos, creen que Chávez es Bolívar que “Es un Dios que vino a ordenar el destino de Venezuela” me divierte tomarme un trago y azuzar la lengua de alguno de estos seudosocialistas contándome sobre la última teoría conspirativa, que al comandante el presidente Lobos de Honduras, agente de la CIA le inoculó el cáncer cuando se encontraron en Cartagena, que detrás de la enfermedad de Hugo está el gobierno Norteamericano y mil maricadas más. Mis amigos creen que la Historia con mayúscula se está escribiendo en Venezuela y no se dan cuenta de que estamos demasiado lejos, somos demasiado pobres para ser el centro del universo.
Hace unos días durante la celebración de la Independencia de Venezuela los tanques desfilaban por Caracas. A los lados improvisadas tarimas albergaban a miles de personas. Las calles eran rojas y el aparataje militar imponente. La escena podía hacer en Pionyang o en la Bucarest de los ochenta y no en el Caribe, como si fuera una Cuba elefantíasica como si la maldita máquina del tiempo nos hubiera llevado a los infructuosos años de la utopía socialista. La revolución se hace con armas en una guerra que nadie quiere tener, el militar en el poder comprando lo último en tecnología, armamento como si fueran juguetes. Para combatir las fuerzas que se ciernen contra Chávez el comandante no necesita un Sukoi sino un siquiatra, alguien especializado en extirpar los leprosos que se la agolpan en la cabeza.
Ahora le quiere hacer creer a su pueblo dócil que Adán Chávez es el futuro de la Revolución Bolivariana. El poco carismático hermano del sátrapa quien como Raúl Castro influenció a su hermano menor en su pensamiento marxista ahora se perfila como el segundo hombre del régimen. Chávez ha alegado que su círculo se ha cerrado porque existen chavistas que se han enriquecido con la revolución, Adán no, Adán como él se ha mantenido impoluto, pobre como el comandante. El hermano mayor es odiado en su natal Barinas por los excesos que han caracterizado su mandato, los desmanes que hacen sus hijos las camionetas último modelo que no cesa de estrenar. Adán Chávez desprovisto de cualquier tipo de gracia, virtud o don duraría medio día en Miraflores, negociaría su salida a Miami y descansaría en las hermosas playas de La Florida tratando de olvidar los horribles años en que tuvo que vivir de cerca como se manejan los hilos de un país petrolero.
Todo país petrolero parece tener una maldición. Como si la democracia no pudiera permearse en él. Tiene que ser dirigido por un capataz. Ha pasado en todos y Venezuela que si bien tuvo dos dictaduras moderadas que llevaron progreso al país como fueron las de José Vicente Gómez y sobre todo la de Marcos Pérez Jimenez había vivido en la dictadura infame que impusieron en forma de democracia adecos y copeyanos. Ellos fueron los culpables directos de que se pusiera en el poder un ego, una megalomanía como la que ha impuesto Hugo Chávez en Venezuela. Él como Fidel no pudo entender que el líder solo debe estar allí, arriba unas cuantas semanas, que se tenía que depurar la democracia para que cada cuatro años a la manera de Trosky existiera una revolución permanente en forma de sufragio que el pueblo mismo fuera el que eligiera. Esa oportunidad única por la cual muchos nos entusiasmamos se ha extinguido para siempre. El cáncer no solo le arrancará la vida a Chávez sino que acabará la revolución esta falsa revolución porque mis amigos chavistas han olvidado que la revolución no la hace ni le pertenece a un solo hombre.
11 de julio de 2011
BALANCE DE LA PRIMERA RUEDA DE COLOMBIA EN LA COPA AMERICA
Desde las páginas de El Ateneista hemos adoptado una actitud crítica ante los planteamientos tácticos, las decisiones y declaraciones que constantemente asume el señor Hernán Darío Gómez en los diferentes periodos en que ha sido entrenador o formado parte del cuerpo técnico de la Selección Colombia. A pesar de los excelentes partidos que jugó en Colombia en febrero y marzo contra España y Ecuador, creímos, después de verlo ante Chile que este sería un proceso destinado al fracaso.
Sin embargo hemos visto con asombro como la selección está jugando como equipo. Es decir existe una coherencia en cada una de las líneas de juego traducidas en un gran volumen de ataque, en rápida recuperación de pelota y sobre todo en las pocas opciones que los equipos rivales nos han generado en estos tres partidos de primera ronda.
No es precipitado decir que junto con Chile, Colombia ha demostrado tener mejor juego en conjunto y que esto no ha sido óbice para que destaquen las individuales que tiene el equipo. El nivel que han tenido Armero y Zuñiga ha sido superlativo hasta el punto que podemos decir que en Suramérica ningún equipo, incluido Brasil, tiene los laterales que en este momento cuenta la selección. Jugadores de llegada constante de excelso dominio y que fuera de todo aprendieron en Italia a defender bien. En 1998 criticamos la exclusión del único lateral que en ese entonces contaba el equipo de Bolillo que era Diego León Osorio, no haberlo llevado al mundial nos privó de ver a un jugador de técnica excelsa, depurada, un jugador exuberante. Hoy la vida le ha dado una nueva oportunidad a Gómez, si alguna vez prefirió a Santa hoy para él son indiscutibles estos dos jugadores hábiles, escurridizos, letales para desbordar y desarmar cualquier defensa. Perea y Yepez han demostrado solidez. Son una chaqueta antibalas, los responsables de que a la selección le disparen tan poco al arco. Lo de Yepez no es ninguna sorpresa, en esta última etapa de Hernán Gómez ha sido el pilar sobre el que sostiene el equipo. Amaranto, siempre criticado, siempre puesto en duda sobre si es solo un jugador de equipo ha tenido en estos tres partidos de fase de grupos su nivel mas alto desde que es convocado a la selección.
No es sorpresa que el Olimpiakos se haya puesto como tarea contratar a como de lugar al volante Carlos Sánchez. Según France Football es el mejor volante de marca de la liga francesa. Su marcaje a Messi ha sido comparado por periodistas gauchas como el mejor desde que esa tarde de 1982 Gentile anulara al joven Maradona. Aguilar contra Bolivia fue figura y Guarín ha sido muy regular, sin llegar a tener el nivel demostrado en la temporada con su equipo el Porto de Portugal ha sido fundamental para conseguir los siete puntos que pusieron a Colombia como líder indiscutido de su grupo.
Ayer Falcao destapó su poder ofensivo y Hugo Rodallega va a ser importantísimo porque en los minutos que ha jugado se ha mostrado lúcido y sobre todo con potencia. Los altos niveles individuales no han afectado el rendimiento del grupo lo que demuestra el nivel de solidaridad que tiene este equipo y remarco lo de la solidaridad porque este ha sido uno de los puntos flacos no solo de las selecciones de fútbol sino de este país desunido y fragmentado.
La selección y Bolillo se han repuesto a todo, incluso a nuestro propio escepticismo a los que creíamos que el equipo nunca llegaría a conformarse como tal que con la táctica murciélago de los once hombres debajo del travesaño no volveríamos a tener el juego vistoso que alguna vez tuvimos en los noventa. La verticalidad y el vértigo que a veces logra tener Colombia da para esperanzarse no en obtener la Copa América pero si en aspirar a la Calificación directa al mundial. Hay que aprovechar como sea esta magnífica generación de futbolistas que comenzó a dar frutos en el Mundial sub 20 del 2003 en Emiratos Arabes Unidos, donde salieron Anchico, Edixon Perea, Magnelly Torres y Abel Aguilar, una proceso que se consolidaría con Lara en el suramericano del 2005 y que hoy seis años después comienza a tener los primeros frutos.
Sin embargo hemos visto con asombro como la selección está jugando como equipo. Es decir existe una coherencia en cada una de las líneas de juego traducidas en un gran volumen de ataque, en rápida recuperación de pelota y sobre todo en las pocas opciones que los equipos rivales nos han generado en estos tres partidos de primera ronda.
No es precipitado decir que junto con Chile, Colombia ha demostrado tener mejor juego en conjunto y que esto no ha sido óbice para que destaquen las individuales que tiene el equipo. El nivel que han tenido Armero y Zuñiga ha sido superlativo hasta el punto que podemos decir que en Suramérica ningún equipo, incluido Brasil, tiene los laterales que en este momento cuenta la selección. Jugadores de llegada constante de excelso dominio y que fuera de todo aprendieron en Italia a defender bien. En 1998 criticamos la exclusión del único lateral que en ese entonces contaba el equipo de Bolillo que era Diego León Osorio, no haberlo llevado al mundial nos privó de ver a un jugador de técnica excelsa, depurada, un jugador exuberante. Hoy la vida le ha dado una nueva oportunidad a Gómez, si alguna vez prefirió a Santa hoy para él son indiscutibles estos dos jugadores hábiles, escurridizos, letales para desbordar y desarmar cualquier defensa. Perea y Yepez han demostrado solidez. Son una chaqueta antibalas, los responsables de que a la selección le disparen tan poco al arco. Lo de Yepez no es ninguna sorpresa, en esta última etapa de Hernán Gómez ha sido el pilar sobre el que sostiene el equipo. Amaranto, siempre criticado, siempre puesto en duda sobre si es solo un jugador de equipo ha tenido en estos tres partidos de fase de grupos su nivel mas alto desde que es convocado a la selección.
No es sorpresa que el Olimpiakos se haya puesto como tarea contratar a como de lugar al volante Carlos Sánchez. Según France Football es el mejor volante de marca de la liga francesa. Su marcaje a Messi ha sido comparado por periodistas gauchas como el mejor desde que esa tarde de 1982 Gentile anulara al joven Maradona. Aguilar contra Bolivia fue figura y Guarín ha sido muy regular, sin llegar a tener el nivel demostrado en la temporada con su equipo el Porto de Portugal ha sido fundamental para conseguir los siete puntos que pusieron a Colombia como líder indiscutido de su grupo.
Ayer Falcao destapó su poder ofensivo y Hugo Rodallega va a ser importantísimo porque en los minutos que ha jugado se ha mostrado lúcido y sobre todo con potencia. Los altos niveles individuales no han afectado el rendimiento del grupo lo que demuestra el nivel de solidaridad que tiene este equipo y remarco lo de la solidaridad porque este ha sido uno de los puntos flacos no solo de las selecciones de fútbol sino de este país desunido y fragmentado.
La selección y Bolillo se han repuesto a todo, incluso a nuestro propio escepticismo a los que creíamos que el equipo nunca llegaría a conformarse como tal que con la táctica murciélago de los once hombres debajo del travesaño no volveríamos a tener el juego vistoso que alguna vez tuvimos en los noventa. La verticalidad y el vértigo que a veces logra tener Colombia da para esperanzarse no en obtener la Copa América pero si en aspirar a la Calificación directa al mundial. Hay que aprovechar como sea esta magnífica generación de futbolistas que comenzó a dar frutos en el Mundial sub 20 del 2003 en Emiratos Arabes Unidos, donde salieron Anchico, Edixon Perea, Magnelly Torres y Abel Aguilar, una proceso que se consolidaría con Lara en el suramericano del 2005 y que hoy seis años después comienza a tener los primeros frutos.
100 PELICULAS. 1. TORO SALVAJE De: Martin Scorsese. El nacimiento de una pasión.
Después del rotundo fracaso sufrido con NewYork, New York, el joven cineasta Martin Scorsese no solo creyó que nunca más volvería a hacer una película sino que su vida se le acababa. De naturaleza enfermiza por culpa del asma que le dejó la espalda ancha y el cuello corto decidió aliviar sus penas a grandes dosis de noche, rumba y cocaína. Sus endebles pulmones no supieron resistir la embestida de la cura que usaba para la depresión y una mañana ya no pudo levantarse más, lo llevaron de urgencia a la clínica y le detectaron pulmonía.
Era 1978 y George Lucas le propinaba con su Guerra de las galaxias el tiro de gracia a la intentona golpista que habían perpetrado los jóvenes directores norteamericanos de la década del setenta. Los productores felices al ver los resultados en taquilla y crítica que arrojaban sendas obras como las dos películas del Padrino, La última película de Peter Bogdanovitch, El francotirador de Michael Cimino, Contacto en Francia de William Friedkim o Mi vida es mi vida de Bob Rafelson. Lo que había empezado como un cine marginal de autor con Easy Rider se le elevaba a un compromiso estético perfectamente asumido por productores como Robert Evans quien se creía un mecenas del renacimiento dispuesto a ayudar financieramente a los jóvenes genios que elevaban un infecto lugar como Hollywood a la categoría de reducto inagotable de artistas.
Pero la sucesión de fracasos multimillonarios tipo La puerta al cielo de Cimino o la misma New York New York, conjunto a la megalomanía que atrapó a Coppola durante el rodaje de la desbordada Apocalypsis Now y el éxito de pastiches fasistoides como la ya mencionada Guerra de las galaxias marcaron el miserable derrotero que la industria seguiría durante la frívola y miserable década del ochenta. Scorsese en su lecho de enfermo sabía que habían desperdiciado una magnifica oportunidad no solo de convertir el cine norteamericano en un arte maravilloso sino de volverse millonario.
Su amigo y alter-ego en la pantalla, Robert De Niro, estuvo muy pendiente de que al italo-americano hiperkinetico no le faltara nada en el hospital, periódicamente lo visitaba y una vez llevó bajo el brazo un libro roñoso sobre un campeón de los medianos poco carismático. Un hombre brutal que a punta de corazón había logrado derrotar al técnico Sugar Ray pero que sus continuos problemas personales y de peso lo llevaron a retirarse relativamente joven. La historia de Jake La Motta podría parecer cualquiera de las vidas que puede llevar un pugilista. De Niro creía que de allí se podía sacar una buena película. La autobiografía de La Motta podía ser el regreso glorioso de Scorsese al cine. Pero resulta que a Martin el boxeo le parecía un mundo brutal, incomprensible y lejano para él. De Niro tuvo que armarse de paciencia e irlo convenciendo mientras sus bronquios se iban dilatando, cuando se levantó de mala gana aceptó, los amigos lo rodearon, Irwin Winkler su productor y amigo financió el proyecto.
A medida que iban pasando los días de rodaje Scorsese fue encariñándose con la historia y sobre todo identificándose con el personaje. “Antes era ciego ahora puedo ver” Reza una cita del antiguo testamento con la que termina el film, esta cita bien podría aplicarse para el realizador norteamericano. Los demonios que aquejaban al pugilista eran casi los mismos que atacaban al creador de Taxi Driver las ansias autodestructivas que caracterizan al asmático, el llevarlo todo a su fin sin importar las consecuencias, sin importar que te vayas por el desbarrancadero de la vida. Antes de cada pelea La Motta no solo pensaba en como derribar al rival sino en como vencer su gula imperecedera. De una velada a la otra el italoamericano podía ganar veinte kilos. El cuerpo no tenía tiempo para asimilar tanta comida. A pesar de que golpee a la mujer de que efectivamente no tenga cerebro, de que tenga que arreglar una pelea con la mafia del barrio, los chicos malos que vuelven a aparecer que siempre están en la esquina nosotros nos compadecemos del personaje porque resulta que ese miserable boxeador somos todos nosotros.
Scorsese es un católico atormentado, al menos lo era todavía a principios de 1980. Ese mundo inculcado por su familia lo supo llevar en cada una de sus películas. De Travis Bickle a Jesús de Nazareth pasando por Henry King, sus personajes son seres que tienen ideales que quieren ser mejores de lo que son pero que no pueden elevarse al sitial que ellos creen merecer porque tan solo son humanos, demasiado humanos.
En el inicio vemos a un hombre saltando en el ring, la imagen se ve en zepia mientras al fondo unos flashes destruyen la concentración. Suena Cavalería Rusticana un inicio que no se parece a ningún otro simplemente porque es una película original que no se parece a ninguna otra. En la primera escena vemos a un Robert de Niro irreconocible, completamente obeso preparándose para dar un show de chistes, el Stand Comedy del momento, hay un flashback y lo vemos otra vez sobre el ring recibiendo una andanada de golpes. Las escenas de pelea tan solo cubren 12 minutos de los 130 que dura la película y sin embargo son tan brutales que nos queda la sensación de que todo el tiempo se están pegando. A diferencia de la aséptica Rocky Scorsese mete la cámara en el ring y ya no son dos sino tres los combatientes que pisan la lona.
Cada golpe retumba en nuestro cerebro por culpa de Dolby Sistem, desde Ciudadano Kane no asistíamos a una revolución sonora parecida a esta. Cuando Sugar Ray está a punto de darle el golpe de gracia a un Jake La Motta completamente arrinconado en las cuerdas podemos escuchar el silencio, son unos escasos segundos pero sentimos el silencio que antecede cada tormenta, cada golpe. Nunca antes habíamos entendido lo difícil que es boxear hasta que vemos esta película.
Asistido desde el guión por Paul Schrader un atormentado cineasta perteneciente a una familia de calvinistas fanáticos que le impidieron ver cualquier tipo de películas antes de cumplir 18 años pero que poseído por la fiebre del cine se sentó a ver en unos pocos años todas las películas que necesitaba ver. Shrader es autor también del guión de Taxi Driver y posteriormente el de La última tentación de Cristo él supo aterrizar las ideas religiosas de Scorsese, gracias a él sus personajes terminaron convirtiéndose en esos habitantes del infierno que viven y se torturan con sus propias dudas y pecados.
El propio Scorsese y Mardik Martin ayudaron a construir diálogos y personajes del guión. Esa escena casi al final cuando La Motta cae preso por dejar entrar a su establecimiento nocturno a una menor de edad y el boxeador retirado, obeso, vencido, descarga toda la furia que puede sentir hacia el mismo pegando con sus puños la pared de la celda resume el arrepentimiento y dolor que puede sentir este personaje que en manos de otro director podíamos encontrar despreciable pero que acá lo encontramos digno de respeto y que merece por supuesto toda nuestra piedad porque La Motta es nosotros mismos.
Pero sobre todo Toro Salvaje es la película de un actor, Robert De Niro, un tipo obsesivo por su arte, el hombre que aprendió a hablar italiano con dialecto siciliano para interpretar al joven Vito Corleone de El padrino 2, el camaleón que se convirtió en un excelente saxofonista para interpretar a su personaje de New York, New York. Acá se entrenó con el preparador físico de Alí y según Angelo Dundee De Niro quien antes de este proyecto jamás había boxeado llegó a estar entre los diez mejores pesos Walter del mundo. Después pararon la filmación dos meses para que el actor viajara a Italia y se atragantara siete veces al día con copiosas dosis de pastas. Logró engordar en ese corto tiempo 30 kilos más. Fue el primer actor en hacer ese tipo de locuras. Pero esto de lo del peso y del entrenamiento sería a penas una anécdota cualquiera sino estuviera acompañado de una intensidad, de una economía gestual absoluta. De Niro demuestra acá no solo sus dotes actorales sino camaleónico. Zelig existe y controla cada uno de sus movimientos.
La película por supuesto no representó para Scorsese la redención que esperaba. En su momento fue un fracaso de taquilla y eso que los críticos repararon en ella, la academia incluso la nominó a ocho oscares de los cuales solo ganó dos: al mejor montaje y por supuesto al mejor actor. Si se hubiese hecho cinco años antes hubiera sido el suceso de taquilla de la década pero era 1980 y los tiempos habían cambiado dramáticamente en un par de años. Toro Salvaje fue el filme que cerró la época más gloriosa para los autores norteamericanos y significó para Scorsese sobrevivir hasta el punto de que hoy 30 años después de haberla estrenado es el único de esa generación maravillosa que se mantiene activo y realizando constantemente películas maravillosas. No se cuantas veces habré visto esta joya absoluta, esta obra maestra, la seguiré viendo porque cada vez que la veo vuelvo a sentir la emoción, la sorpresa que sentí al verla por primera vez.
Tengo cien, doscientos películas que bien podrían ocupar este primer lugar pero no puedo olvidar que le debo a Toro Salvaje la necesidad imperiosa que tengo de escribir sobre las películas que amo, que odio, que me apasiona. Toro Salvaje me convirtió en un escritor de cine.
Era 1978 y George Lucas le propinaba con su Guerra de las galaxias el tiro de gracia a la intentona golpista que habían perpetrado los jóvenes directores norteamericanos de la década del setenta. Los productores felices al ver los resultados en taquilla y crítica que arrojaban sendas obras como las dos películas del Padrino, La última película de Peter Bogdanovitch, El francotirador de Michael Cimino, Contacto en Francia de William Friedkim o Mi vida es mi vida de Bob Rafelson. Lo que había empezado como un cine marginal de autor con Easy Rider se le elevaba a un compromiso estético perfectamente asumido por productores como Robert Evans quien se creía un mecenas del renacimiento dispuesto a ayudar financieramente a los jóvenes genios que elevaban un infecto lugar como Hollywood a la categoría de reducto inagotable de artistas.
Pero la sucesión de fracasos multimillonarios tipo La puerta al cielo de Cimino o la misma New York New York, conjunto a la megalomanía que atrapó a Coppola durante el rodaje de la desbordada Apocalypsis Now y el éxito de pastiches fasistoides como la ya mencionada Guerra de las galaxias marcaron el miserable derrotero que la industria seguiría durante la frívola y miserable década del ochenta. Scorsese en su lecho de enfermo sabía que habían desperdiciado una magnifica oportunidad no solo de convertir el cine norteamericano en un arte maravilloso sino de volverse millonario.
Su amigo y alter-ego en la pantalla, Robert De Niro, estuvo muy pendiente de que al italo-americano hiperkinetico no le faltara nada en el hospital, periódicamente lo visitaba y una vez llevó bajo el brazo un libro roñoso sobre un campeón de los medianos poco carismático. Un hombre brutal que a punta de corazón había logrado derrotar al técnico Sugar Ray pero que sus continuos problemas personales y de peso lo llevaron a retirarse relativamente joven. La historia de Jake La Motta podría parecer cualquiera de las vidas que puede llevar un pugilista. De Niro creía que de allí se podía sacar una buena película. La autobiografía de La Motta podía ser el regreso glorioso de Scorsese al cine. Pero resulta que a Martin el boxeo le parecía un mundo brutal, incomprensible y lejano para él. De Niro tuvo que armarse de paciencia e irlo convenciendo mientras sus bronquios se iban dilatando, cuando se levantó de mala gana aceptó, los amigos lo rodearon, Irwin Winkler su productor y amigo financió el proyecto.
A medida que iban pasando los días de rodaje Scorsese fue encariñándose con la historia y sobre todo identificándose con el personaje. “Antes era ciego ahora puedo ver” Reza una cita del antiguo testamento con la que termina el film, esta cita bien podría aplicarse para el realizador norteamericano. Los demonios que aquejaban al pugilista eran casi los mismos que atacaban al creador de Taxi Driver las ansias autodestructivas que caracterizan al asmático, el llevarlo todo a su fin sin importar las consecuencias, sin importar que te vayas por el desbarrancadero de la vida. Antes de cada pelea La Motta no solo pensaba en como derribar al rival sino en como vencer su gula imperecedera. De una velada a la otra el italoamericano podía ganar veinte kilos. El cuerpo no tenía tiempo para asimilar tanta comida. A pesar de que golpee a la mujer de que efectivamente no tenga cerebro, de que tenga que arreglar una pelea con la mafia del barrio, los chicos malos que vuelven a aparecer que siempre están en la esquina nosotros nos compadecemos del personaje porque resulta que ese miserable boxeador somos todos nosotros.
Scorsese es un católico atormentado, al menos lo era todavía a principios de 1980. Ese mundo inculcado por su familia lo supo llevar en cada una de sus películas. De Travis Bickle a Jesús de Nazareth pasando por Henry King, sus personajes son seres que tienen ideales que quieren ser mejores de lo que son pero que no pueden elevarse al sitial que ellos creen merecer porque tan solo son humanos, demasiado humanos.
En el inicio vemos a un hombre saltando en el ring, la imagen se ve en zepia mientras al fondo unos flashes destruyen la concentración. Suena Cavalería Rusticana un inicio que no se parece a ningún otro simplemente porque es una película original que no se parece a ninguna otra. En la primera escena vemos a un Robert de Niro irreconocible, completamente obeso preparándose para dar un show de chistes, el Stand Comedy del momento, hay un flashback y lo vemos otra vez sobre el ring recibiendo una andanada de golpes. Las escenas de pelea tan solo cubren 12 minutos de los 130 que dura la película y sin embargo son tan brutales que nos queda la sensación de que todo el tiempo se están pegando. A diferencia de la aséptica Rocky Scorsese mete la cámara en el ring y ya no son dos sino tres los combatientes que pisan la lona.
Cada golpe retumba en nuestro cerebro por culpa de Dolby Sistem, desde Ciudadano Kane no asistíamos a una revolución sonora parecida a esta. Cuando Sugar Ray está a punto de darle el golpe de gracia a un Jake La Motta completamente arrinconado en las cuerdas podemos escuchar el silencio, son unos escasos segundos pero sentimos el silencio que antecede cada tormenta, cada golpe. Nunca antes habíamos entendido lo difícil que es boxear hasta que vemos esta película.
Asistido desde el guión por Paul Schrader un atormentado cineasta perteneciente a una familia de calvinistas fanáticos que le impidieron ver cualquier tipo de películas antes de cumplir 18 años pero que poseído por la fiebre del cine se sentó a ver en unos pocos años todas las películas que necesitaba ver. Shrader es autor también del guión de Taxi Driver y posteriormente el de La última tentación de Cristo él supo aterrizar las ideas religiosas de Scorsese, gracias a él sus personajes terminaron convirtiéndose en esos habitantes del infierno que viven y se torturan con sus propias dudas y pecados.
El propio Scorsese y Mardik Martin ayudaron a construir diálogos y personajes del guión. Esa escena casi al final cuando La Motta cae preso por dejar entrar a su establecimiento nocturno a una menor de edad y el boxeador retirado, obeso, vencido, descarga toda la furia que puede sentir hacia el mismo pegando con sus puños la pared de la celda resume el arrepentimiento y dolor que puede sentir este personaje que en manos de otro director podíamos encontrar despreciable pero que acá lo encontramos digno de respeto y que merece por supuesto toda nuestra piedad porque La Motta es nosotros mismos.
Pero sobre todo Toro Salvaje es la película de un actor, Robert De Niro, un tipo obsesivo por su arte, el hombre que aprendió a hablar italiano con dialecto siciliano para interpretar al joven Vito Corleone de El padrino 2, el camaleón que se convirtió en un excelente saxofonista para interpretar a su personaje de New York, New York. Acá se entrenó con el preparador físico de Alí y según Angelo Dundee De Niro quien antes de este proyecto jamás había boxeado llegó a estar entre los diez mejores pesos Walter del mundo. Después pararon la filmación dos meses para que el actor viajara a Italia y se atragantara siete veces al día con copiosas dosis de pastas. Logró engordar en ese corto tiempo 30 kilos más. Fue el primer actor en hacer ese tipo de locuras. Pero esto de lo del peso y del entrenamiento sería a penas una anécdota cualquiera sino estuviera acompañado de una intensidad, de una economía gestual absoluta. De Niro demuestra acá no solo sus dotes actorales sino camaleónico. Zelig existe y controla cada uno de sus movimientos.
La película por supuesto no representó para Scorsese la redención que esperaba. En su momento fue un fracaso de taquilla y eso que los críticos repararon en ella, la academia incluso la nominó a ocho oscares de los cuales solo ganó dos: al mejor montaje y por supuesto al mejor actor. Si se hubiese hecho cinco años antes hubiera sido el suceso de taquilla de la década pero era 1980 y los tiempos habían cambiado dramáticamente en un par de años. Toro Salvaje fue el filme que cerró la época más gloriosa para los autores norteamericanos y significó para Scorsese sobrevivir hasta el punto de que hoy 30 años después de haberla estrenado es el único de esa generación maravillosa que se mantiene activo y realizando constantemente películas maravillosas. No se cuantas veces habré visto esta joya absoluta, esta obra maestra, la seguiré viendo porque cada vez que la veo vuelvo a sentir la emoción, la sorpresa que sentí al verla por primera vez.
Tengo cien, doscientos películas que bien podrían ocupar este primer lugar pero no puedo olvidar que le debo a Toro Salvaje la necesidad imperiosa que tengo de escribir sobre las películas que amo, que odio, que me apasiona. Toro Salvaje me convirtió en un escritor de cine.
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