19 de marzo de 2010

EL GRAN KEITH RICHARDS

 Keith Richards es mi héroe, la persona viva que yo más admiro. Todos los días hablo de él, todos los días lo escucho. Tengo la ilusión de verlo en vivo algún día, tengo miedo de morir antes de hacerlo. No me da miedo que muera él, es inmortal es el mejor de los vampiros. Lo admiro porque a parte de ser uno de los guitarristas más grandes de la historia de la música, él fue el quien puso su ritmo, su idea a los Rolling Stones. Es el único tipo que lo ha probado todo y hoy en día, a los 67 años, está sentado en su trono, con la sonrisa partiéndole en dos el rostro más elegantemente destruido del mundo.
Ya no sabe ni cuándo empezó a tocar la guitarra, desde que las bombas alemanas comenzaban a caer en su pobre barrio, Richards comenzó a escuchar la melodía, la música que se hacía dentro de su propio ser. Gracias a él el blues es una música escuchada en todo el mundo, antes de que a él y a Brian Jones les diera por formar el mejor grupo de todos los tiempos la gente consideraba al blues algo pasado de moda, un invento negro que el rock blanco se estaba tragando. Pero con los discos que podía conseguir de Muddy Waters o Johnny Winter, Keith empezó a trazarse el espinoso camino que lo ha traído hasta acá.
Decían que le hacía daño al que se acercaba, sus mejores amigos han caído por tratar de seguirle el ritmo. Tiene en la capa las mejores pócimas pero no las pruebes todas, sólo él es inmune. No lo mató la biblioteca de su casa que se le vino encima al tratar de alcanzar La anatomía de Leonardo da Vinci, no le hizo nada su caída desde una palmera de cocos hace un par de años; la música lo alimenta, lo llena de vida, es lo único que quiere hacer, estar acá para tocar la guitarra y que nadie le rompa los huevos.
Hasta el año 1971 Jagger era el líder del grupo. En él se encarnaban las esperanzas de los jóvenes del mundo entero, pero poco a poco el joven rebelde se fue convirtiendo en un viejo magnate. Fue RIchards quien cargó la leyenda, el peso y el sonido de los Rolling Stones hasta esta época. Él fue quien hizo hasta lo imposible por mantenerlos unidos a pesar del desesperado deseo de Jagger de convertirse en una hiper-estrella pop. En medio de su delirio heroinómano tuvo la suficiente lucidez para no hundirse y para que no se hundieran los Stones. Con Burroughs, Victor Bockris y Lou Reed pasaban veladas enteras hablando de los medios por los cuales se podría controlar la adicción a la heroína. No recuerda nada de los setenta, no recuerda nada de las nueve noches que pasó en una fiesta, de que en esa época no se iba a dormir sino que se desmayaba absolutamente colpasado. Lo único que sabe es que bueno estar acá, estar en cualquier lugar pero estar.
Keith Richards se prepara para afrontar otra década, por el bien de la música. Ojalá que esta también pueda tener su sello, que despliegue lo mejor que puede tener ahora que está limpio. Ahora que se desenganchó definitvamente de la heroína está mas fuerte y espera en su interminable fiesta que esta década tambien esté dominada por el hechizo de su guitarra.

4 de marzo de 2010

LAS NOMINADAS AL OSCAR. UNA VISION PERSONAL



He estado viendo las películas para los oscares. Yo sé que no necesariamente las mejores películas del año deben estar nominadas, que todo premio es una infamia y todo eso, pero no entiendo cómo pueden nominar a Avatar siendo una copia infame de Danza con lobos, o Pocahontas, carente de todo tipo de inventiva a la hora de hacer los monstruos o habitantes de Pandora, una película tan aburrida, tan sosa, tan detestable. A mí me parece que Avatar es la peor película de James Cameron y sin embargo es la que más opciones tiene de ganarse un Óscar sólo porque fue la película mas taquillera de la historia.
Me sorprendió The hurt locker que es como un reflejo invertido de Avatar es osada, tiene una historia que se desarrolla paralela a como se van desarrollando sus personajes, yo creí que era un ajuste de cuentas de una gringa arrepentida por los destrozos que hicieron los marines en Irak pero no es nada de eso, The hurt locker es la película de un hombre que es adicto a su propio miedo. Para mi gusto es de lejos la mejor de las nominadas.

Esperaba poco de Precious ya que detesto el cine independiente norteamericano lleno de fórmulas, de dolor, de lugares comunes. A pesar de que en manos de cualquier otra persona esta sería una película detestable por la cantidad de desgracias que le ocurren Precious, Lee Daniels se lo toma con humor y además se revela como un gran director de actores. Sorprende ver a Lenny Kravitz y a Mariah Carey total y absolutamente despojados de sus roles de estrellas. Desde ya le haré fuerza a la debutante Gabourey Sibide quien está nominada a mejor actriz. Su papel es entrañable y es sobre ella que se sostiene toda la película. Ni me imagino el atronador aplauso que se llevará cuando pronuncien su nombre en la noche de los premios.

Parte de las ganas que tengo de que se gane el premio Gabourey Sibide la despiertan la nominación de Sandra Bullock, poseedora tal vez de la escena más patética de todos los tiempos, la de ella resbalándose y doblándose el tobillo en la detestable Crash. Ahora la nominan por otra maldita película de fútbol americano de cuyo nombre no quiero acordarme. Por supuesto es la máxima favorita. Desde ya le deseo que una noche antes se caiga de las escaleras y se rompa el cuello.

Me decepcionó mucho A Serious Man a pesar de un comienzo impresionante que me recordó lo mejor de los cuentos macabros de Alexei Tolstoi, la película sucumbe ante la propia importancia que acá se atribuyen los Coen. Mi gran amigo Gustavo Cornaglia me escribió afligido consultándome por un libro de Francisco Garcia-Bazán sobre Gnosticismo ya que acá estaba la calve para entender la película, bullshit, las películas deben bastarse por si mismas. Yo no entedí nada, me aburrí, me cansé, me fastidió y me recordó los peores momentos de su cine (Leáse El gran Lebowsky, Donde estás hermano o esa mierda que hizo con Catherine Zeta-Jones y George Clooney).

Si los oscares entregaran el premio a la mejor película con criterios reales la ganadora sin duda estaría entre Bastados sin gloria y Up. La de Tarantino un clásico por donde se mire. A él no le importa destrozar la historia y hacerla a la medida de su cabeza, para él el verdadero final que se merecían Hitler y Goebbles eran morir acribillados por un mercenario corta-cuero-cabelludo de nazis. Divertida, iconoclasta, como siempre cine puro. Y de Up, bueno, basta con decir que desde la primera imagen lloré por la belleza misma de esta película. Con ella uno se reconcilia con la vida.
No he visto ni veré Amor sin escalas porque estoy convencido de que Jason Reitman es un director para emos, para mariquitas o para aquellos que buscan desesperadamente “Historias sin los vicios de Hollywood”. Por supuesto odié Juno y todo lo que sepa a Diablo Cody, otra de las grandes mentiras del cine independiente norteamericano.
Y para acabar me encantaría que la mejor película extranjera se quedara en Latinoamérica. Tanto El secreto de sus ojos como La teta asustada reúnen las condiciones para quedarse con un premio que tiene un poquito más de coherencia con respecto al criterio de escogencia que el resto de categorías.
Traten de verlas en cine si quieren ver las películas tal y como están hechas.

2 de marzo de 2010

HASTA QUE ESTÉN PRESOS NO CELEBRO

Tenía ganas de emborracharme el viernes para celebrar que a partir del 7 de agosto de este año -si en su inmenso ego no le da por hacerse un autogolpe- Álvaro Uribe Vélez no será más el presidente de Colombia; pero al tomarme el primer trago empecé a darme cuenta de que no había mucho qué celebrar. Uribe se irá y, a menos de que ocurra un milagro y los 44 millones de colombianos recuperen súbitamente la razón, el próximo presidente será Juan Manuel Santos. Si hubiese tenido un accidente en los 90’s y para preservar mi cuerpo me hubieran congelado hasta que encontraran la cura para sacarme la inmovilidad y esa cura hubiese llegado hoy, y en un confortable spa estuviera recuperando la motricidad, y cuando ya pudiera leer sólo pidiera un periódico y viera que Juan Manuel es el favorito en las encuestas para ocupar el sillón presidencial, podría colegir que el periódico que estaría leyendo sería una de esas inocentadas que acostumbra sacar El Tiempo el 28 de diciembre. Y al darme cuenta de que la noticia fuese cierta lo más seguro es que volvería al congelador esperando una época más feliz para despertarme.


Antes del 2002 Santos era uno de los personajes mas odiados del país, él representaba lo peor de la oligarquía colombiana, sus párpados morados hacían pensar en que este político gustaba del travestismo en sus noches bogotanas, pero todo eso cambió cuando Uribe lo nombró Ministro de defensa y chupa medias oficial del régimen. No necesitó dar una declaración ni emitir una resolución genial, tan sólo le bastó ponerse una gorra y posar al lado de su presidente para ser la primera opción de Uribe y su partido. Así que dentro de poco desempolvará ese terrible manual de cómo entregarse a las grandes potencias que escribió junto a Tony Blair y que lo titularon la Tercera Vía, que no es más que un refrito de las ideas de Carl Popper, sólo que un poco más favorables a todos aquellos países que quieran explotar los recursos de otro país que no tenga recursos para hacerlo. En resumidas cuentas su gobierno terminará con lo que no alcanzó a terminar el actual mandatario: El país.

No hay nada que celebrar y, sin embargo, al empujarme el segundo trago empecé a dejar mi pesimismo y a pensar en qué pasaría si ganara algún férreo opositor del dictador y con la imagen que alcancé a ver me bastó para ser feliz: el grupo Gaula derrumbando la puerta de Andrés Felipe Arias y sacándolo a él en piyama en la mitad de la noche. Vi como lo esposaban y sin juicio previo lo metían a una celda nauseabunda y oscura, era como un Joseph K pero uno se alegraba de todas las desgracias que le estaban sucediendo, en la mitad de la noche cuando las ratas comiencen a devorar su cuerpo enclenque gritará con esa voz de hombre que nunca le conocimos por estar imitando a su patrón: “¡Sáquenme de acá!”. Pero de nada le servirá porque nosotros -sus carceleros- nos estaremos riendo de su dolor.

Vi cómo el nuevo gobierno hacía efectiva la orden de extradición que pesa sobre Uribe Vélez desde 1992, ya que los gringos consideraban al siniestro senado como el brazo político del Cartel de Medellín. Terminaría sus días en un cuarto un poco más limpio que el de Arias y con menos ratas.

Hasta que todo eso pase y la justicia no se acuerde de nuestro país no hay nada qué celebrar. Lo del viernes fue un inicio que tendrá que desembocar en el triunfo de una nueva fuerza que en realidad conozca los verdaderos problemas del país y los quiera erradicar, que esa sea su única función, que soporte la embestida de los medios que seguramente no cesarán de atacarlos y que dirán lo que no dicen ahora: “Un buen periodista tiene que estar en contra del poder”. Los que estamos por fuera seguramente volveremos y trataremos de reconstruir la dignidad, la decencia y la moral que este gobierno ha destruido.

23 de febrero de 2010

JUANA Y LOS VIERNES


En un principio mi socio y yo habíamos planteado la posibilidad de que los viernes de invierno cerráramos la librería después de las cuatro de la tarde, ya que por culpa del viento helado que baja de las montañas que surcan la ciudad y de la gélida lluvia que cae del cielo, por la calle no se deja ver un alma. Esta resolución sin duda se hubiese tomado sino fuera porque después de las cuatro de la tarde en cada viernes de invierno aparece Juana a llevarse un libro sobre la muerte. Juana debe tener setenta años y se ve que el peso de los años le ha aplastado la cabeza sacándole de la espalda una joroba. No tiene que decirme nada, se saca el velo negro lo deja en el suelo y con las dos manos se va secando los pocos pelos que aún se le aferran al cráneo. Como me da asco ver ese procedimiento yo le voy apilando los últimos libros sobre la muerte que me han venido llegando. Ella pone sus manos de uñas afiladas como garras de águila en el lomo del libro lo mira con su único ojo y después me pregunta el precio. Cada vez que se lo digo sacude la cabeza y masticando entre dientes  terribles maldiciones. Después bota unas monedas y se va llevando los libros sin esperar que yo le ponga una bolsa y sin importarle lo que puedan pesar. En el rellano de la puerta se voltea y me mira con odio, con todo el odio que puede irradiar su único ojo.
Es horrible que venga pero ¿qué podemos hacer? Ya nadie compra libros. Después de que se va tenemos que limpiar el piso ya que lo deja cubierto de fango y mierda, además tenemos que poner aromatizantes porque en las paredes queda adherida una viscosidad repugnante y maloliente. Mi socio me dice que lo tenemos que hacer porque es peor volver a la ciudad de los árboles: “Allá todavía nos están esperando para ajustar cuentas”, me dice casi que con júbilo.

Todos los viernes antes de las cuatro el cielo se pone oscuro hasta el punto de que los faroles de la calle se encienden y algunos grillos despistados comienzan a tocar su lamento. Comienzan a caer unas cuantas gotas y en el cielo las nubes comienzan a arremolinarse y detrás de ellas se dejan ver brillos fulgurantes como si dos monstruos gigantes se trenzaran en una feroz lucha, y todos los habitantes de este pueblo se encierran con candado del miedo que les da. Casi siempre, en ese punto del día es cuando veo a Juana bajarse del carruaje, siempre con el velo negro empapado y con esos suecos enormes y sucios  que hacen retumbar la madera del piso.
-¿Hay algo nuevo para mi?- Me dice como si me estuviera retando, y yo dando dos pasos para atrás y mirándome las uñas le digo que no con la cabeza. Ella entonces saca un libro de su bolsa cochambrosa y del libro extrae una hoja arrugada y amarillenta cubierta de unos arcanos ilegibles.
-¿Tiene “Técnicas para embalsamar a los muertos en profundo estado de hediondez” de Arturo Boecio?- y yo seguía retrocediendo intimidado por el brillo que expedía su único ojo, como si este dejara entrever un mundo espantoso, abominable que sin embargo me atraía.
-No Juana, no lo tengo.
Y ella entonces volvía a soltar su sarta de maldiciones y yo me quedaba en el rincón, sin fuerzas y con un terrible dolor de cabeza.

El último viernes antes de los carnavales la lluvia caía con particular violencia. Las calles anegadas se inundaban hasta el punto de que muchas casas del pueblo quedaron destruidas. Desconsolado porque el mal tiempo se había llevado a los pocos clientes que podía tener a esa hora de la mañana vi llegar a Juana. No vi el carruaje por ninguna parte, la anciana había desafiado el fango y el agua y había llegado a pie. Desde la entrada me di cuenta que estaba borracha ya que la librería quedó impregnada de un vaho de vino barato y tabaco. Entró dando saltitos y destilando agua por todos lados.
-El vino me renueva- decía la tuerta mientras chasqueaba los labios.

Me preguntó por el libro “Sobre mi cuerpo cayeron kilos de tierra” de Alejandrino Genes, tenía la ilusión ilustrada, haciendo un esfuerzo lo dejé en la mesa sin poder evitar que el libro estallara contra ella de lo grande y gordo que era. Con su uña negra y afilada la vieja iba repasando el índice, mientras lo hacía iba cantando una canción de cuna en una lengua que no podía entender. Aprovechando su estado disipado le pregunté qué interés tenía ella en los muertos. La vieja se llevó un dedo a la boca pidiéndome silencio, su ojo se puso húmedo y amarillento, vi cómo le crujían los pocos dientes que tenía.

-¡No son para mi mocoso impertinente! Son para mi ama- Cuando pronunció esas palabras vi que en la cara se le cruzaba una mueca de sumo respeto y amor y se quedó mirando a las escarpadas montañas que surcan la ciudad. Con inusitada agilidad salió del local con el libro dejándome en la mesa sin que yo notara de dónde habían salido tres relucientes billetes. Rápidamente los guardé en la caja y salí corriendo a ver qué camino agarraba la vieja. La lluvia arremetía y no veía ni siquiera las casas de mis vecinos. Como una mancha pude ver el rápido caminar de Juana por el lodo. La seguí.

Como si fuera sangre, el agua se me empezaba a meter entre las botas agujereadas. A medida que corría veía que me acercaba a la vieja pero cuando estaba a punto de agarrarla la volvía a ver muy lejos. No me importó que ella supiera que yo la estaba siguiendo. Sin darme cuenta estaba en la cima de la montaña mas escarpada. Las manos se me habían convertido en unos hilachos informes de carne y sangre. En la reducida planicie que estaba en la cima, sobre un montón de rocas, estaba edificada una extraña y lujosa mansión. Iba a tocar la puerta cuando ésta se abrió ante mi. Me adentré en el oscuro pasadizo principal y noté que en lugar de mármol el suelo estaba cubierto de fango. Adentro la lluvia seguía mojándome, la luz mortencina de la luna iluminaba miserablemente ese lugar. Al fondo del interminable pasadizo había una puerta entre abierta, adentro notaba que alguien, una mujer, se reía con holgura. Muchas manos aplaudían. Cualquiera en mi lugar hubiera salido disparado de allí pero quería saber qué misterio ocultaban Juana y su ama, Empujé la puerta y entonces vi a una mujer muy joven y hermosa abriendo la barriga de un cadáver, Juana tenía en sus manos las tripas y vísceras del hombre. Por cómo me miraron puedo jurar que los tres me estaban esperando.

19 de febrero de 2010

DESDE LA TUMBA LOVECRAFT HACE SU MEJOR HISTORIA

Me  sucede con Lovecraft que al empezar a leerlo me entusiasmo con la historia y la devoro con avidez y ya cuando estoy en el colmo del placer empiezo a sentir una especie de hiel que arruina por completo la lectura. Y es que al estar sumergido en la ensoñación, al verse poseído por fuerzas mutantes oscuras no me pueden salir con explicaciones racionales. Mejor que no sean fuerzas de la naturaleza, criaturas incrustadas en la corteza terrestre durante millones de años que abren los ojos y destruyen las buenas costumbres de este siglo atroz, mejor que sea el mismo demonio el que juegue con los cuerpos de sus súbditos, que convierta la realidad en su propia fantasía demoníaca.

Todo eso que le hacía falta a las historias de Lovecraft, lo encontré en la obra de uno de sus vasallos, John Carpenter. En La boca del miedo logra crear, como ningún otro, cineasta una atmósfera lovecraftiana. Cine dentro del cine, dentro de un libro, Carpenter le va abriendo puertas a la realidad y nos va metiendo en la vieja mansión de la locura y allí vemos el libro a los ojos y ya nunca más seremos los mismos.

Sutter Cane hace realidad el sueño de todo escritor, convertirse en un mito viviente, en un dios de carne y hueso. La gente tiene una extraña forma de reaccionar al leer los relatos de horror de Sutter Kane, su prosa rompe los nervios, enajena, harías cualquier cosa por tener el ultimo libro, te muestra los ríos de sangre y lava que surcan el infierno. Nadie está exento del encanto de Sutter Kane.

Pero él ha desaparecido y por eso llaman al mejor de todos los investigadores de la ciudad, el más escéptico, el más corrompido, John Trent. El encuentra las pistas, Kane se ha ido para Hobbe’s End, el pueblo que él mismo imaginó, Trent y su acompañante logran entrar en la cabeza del escritor pero es tan horrible lo que ven que su razón no resiste la visión y pasan a ingresar el ejercito de locos furiosos que no paran de despedazarse. Todo pasa a ser un pensamiento de Sutter Kane.

Lovecraft lo soñó así, viviendo en la última torre de un poderoso castillo y abajo el mundo que él mismo soñó. Las criaturas prehistóricas son hijas de Satán, de ellas es el mundo. Hoy caminé la ciudad, debajo de los puentes cualquiera te puede apuñalar, me sentí como en una película del futuro hecha en los ochenta, las distopía ya llegó, el fin está cerca. Por eso es importante volver a ver estás películas que en su momento fueron despreciadas, es la mirada de los que nos ven desde el pasado, rompieron la pared y nos ven y les damos miedo, mucho miedo. Desde la tumba Lovecraft hace su mejor historia, la más real y horrible de todas.

18 de febrero de 2010

LAS MUSAS DE SUS MAJESTADES SATÁNICAS

Keith Richards estaba cansado de toda esa mierda que pretendía Jagger de ir con la moda y copiarle a los Beatles las fórmulas que ellos implantaban. Para él Their Santanic Majestic era una vulgar copia del Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Necesitaban volver a sus raíces del blues, ellos no eran estrellitas pop, ellos eran músicos del delta del Mississipi, de ahí aprendieron todo, por eso estaban tocando juntos desde hacía un lustro.
Esa motivación, de los dos líderes de la más grande banda de rock de todos los tiempos, la encontrarían en sus parejas. Y es que la influencia de Anita Pallenberg y Marianne Fatihfull fue tan fuerte que en su momento fueron consideradas parte del grupo. Unos años atrás Marianne había catapultado la carrera de compositor del tándem Jagger-Richards con su interpretación del entrañable As Tears Goes By. A partir de allí sus majestades satánicas se tomarían confianza y desplegarían su avasallante talento creador. Pero en 1967 estaban estancados y decidieron escuchar un poco más a sus mujeres. Anita acababa de mandar a la mierda a Brian Jones porque este se estaba conviertiendo en un espectro lloriqueante y nauseabundo que de cuando en cuando osaba pegarle a esta aristócrata alemana. Cansada del mal trato encontraría refugio en los brazos de Keiith Richards.
La más fuerte de las dos musas era Anita Pallenberg, Marianne era más insegura, su ciega idolatría a Jagger no la dejaba crecer. Pero Anita no, si tenía que decirles lo jodidamente malo que podía sonar una canción ella se lo decía y ellos asentían y volvían a grabar ¡Y sonaba mejor!, alguna vez ella le dijo a Tony Sanchez, el dealer oficial del grupo y guardaespaldas de Richards: “Me siento un poco como el sexto Rolling Stone. Mick, Keith y Brian me necesitan para que los guíe, los critique y les de ideas. Estoy convencida de que cualquiera de ellos dejaría la banda por mi”. Muchos afirmaban (Entre ellos su mentor espiritual, el satanista Kenneth Anger) que la Pallenberg era una hechicera muy poderosa y que bajo su tutela los Stones consiguieron llegar a cotas insospechadas, cotas de talento, fama y fortuna que tenían que pagarse con sangre, en 1969 Brian Jones es encontrado muerto en el fondo de su piscina y unos meses mas tarde ocurriría el desastre de Altamont. Además la casa que compartía con Keith en Redlands a orillas del Támesis quedaría para siempre maldita, inhabitable ya que decían que allí se ejecutaban los aquelarres de la hermosa bruja. Todo esto son especulaciones, lo único cierto es que Beggars Banquet sería el primero de cinco discos maravillosos, tal vez los discos mas importantes del siglo XX.

Si Jagger actúa es gracias a Marianne. Cuando en 1968 Nicholas Roeg lo llama junto a ella para hacer Perfomance, él se llenó de miedo y de inseguridades. Fue Marianne la que lo aconsejó, lo llenó de confianza “hagas lo que hagas no trates de interpretarte a ti mismo – le aconsejaba a Mick- Eres demasiado equilibrado, demasiado recto, demasiado fuerte. Simplemente, no puedes interpretarte a ti mismo. El personaje tiene que ser una combinación de Brian y Keith. Mezcla y combina a Brian, con su aspecto torturado, sus paranoias y sus movimientos espasmódicos, con el aspecto torturado pero elegante de Keith, y juútalos para crear el personaje. Tienes que creer que eres el pobre colgado, iluso, andrógino y drogata Brian, pero también necesitas un poco de la anarquía dura, hermosa y autodestructiva de Keith”. En cierto modo la Faithfull da consejos de hechicera como si le ordenara quedarse con las dos almas de sus amigos, las volviera una y se las tragara. Eso fue lo que siempre quiso hacer Mick, lo lograría con Jones pero con Keith nunca podría.

Un inesperado embarazo hizo renunciar a Marianne Faithfull de participar de la película de Nicholas Roeg, en reemplazo entraría nada más y nada menos que Anita Pallenberg lo que desatarían los celos de Keith. En el filme hay algunas escenas de sexo explícito, escenas que serían descartadas del montaje final y convertidas en un corto experimental. Los rumores del romance entre Jagger y Pallenberg salieron del plató y llegaron a oídos del guitarrista. Sin embargo Keith optó por hacerse el desentendido, Anita dijo que lo de Jagger no había pasado de ser un revolcón.
La bruja tuvo entre sus brazos a los tres líderes de la banda de rock más grande de todos los tiempos.
Con el paso de los años la heroína iría minando el talento y la influencia de estas dos mujeres convirtiéndolas en espectros difusos. Jagger conocería a Bianca y Keith Richards comenzaría su solitario descenso al infierno de la droga durante los setenta para después salir como Dante a las mieles del paraíso. Hoy goza de buena salud y nadie podrá borrar su sonrisa de pirata.