7 de julio de 2012

EL MANANTIAL DEL DESIERTO. Crónicas de la violencia.


Después de subir una cuesta donde reposa un monumento que contempla imperturbable al valle de Cúcuta, desciendes medio kilómetro, giras a la izquierda y allí comienzas a ver un conjunto de casas que se extiende por toda la montaña. Algunas todavía están hechas de tablas “Estas son de la época de cuando llegamos” Me dice Magda Barrientos. La gente está afuera ya que adentro es difícil soportar el calor de justicia que irradian los techos de zinc. Has entrado al Desierto el barrio que fue obra de una sola persona : Luz Marina Muñoz.

Nació en Ocaña. La falta de oportunidades la convenció de que lo mejor era buscar fortuna en un lugar más grande. Al quedar viuda de su primer marido ya no le quedaban dudas del camino que tenía que seguir. Llegó a la capital nortesantandereana en mayo del 90 con dos hijas. La mayor tenía 13 años y la había bautizado con el nombre de Magda. La otra apenas cumplía siete años. Consigue un trabajo en una empresa de soldadura en  el barrio San Luis. Allí conoce a Byron, el que sería su segundo esposo. Se fueron a vivir con la familia de él en La Victoria. A los dos años le avisan  que estaban vendiendo unos lotes a un precio muy bajo en el sector de El Desierto. Luz Marina fue a verlo y no lo pensó dos veces. El lote se lo compró a una familia que había invadido. En pocos meses ella se puso al frente de la construcción de la casa. Con sus propias manos cimentó las bases. No contenta con eso ayudó a levantar las casas de sus vecinos. Era la persona indicada en el momento justo. Era  una fuerza de la naturaleza.


Cuando llegaron al barrio no necesitaban preguntar por qué se llamaba El Desierto. “Acá solo estaba la cancha y unas cuantas casas de tabla” Dice su hija Magda. Tenía el instinto del líder, los supo organizar, si no estaban unidos los poderosos podían aplastarlos como hormigas. Lo único que tenía era un carácter y una voluntad inquebrantable. Eso le fue suficiente. Organizó chocolatadas, sancochos buscando fondos para pavimentar las vías, para construir un acueducto. Pero ella no era de las que mandaba y ya. Ella metía sus manos en el cemento y se ensuciaba con el “Ella metía el cuerpo. No solo gestionó el segundo piso de la escuela sino que se puso un casco y preparó la mezcla” recuerda Carlos Vargas  un vecino del sector “ La cuestión del alcantarillado ella se le metía a ayudar. En esa época no existía Aguas Capital ni nada de eso. Por medio de ellos se legalizaron los contadores y en parte esta casa es mía gracias a ella. Aportó muchísimo para que el barrio se desarrollara. El pavimento de la vía principal también fue obra de ella”.


Gestionaba servicios de salud, le daba de comer al que no tenía. Era de una energía y vitalidad indeclinable. Se acostaba a las 12 de la noche “Y ya a las cinco de la mañana estaba por ahí dando vueltas” recuerda Magda. En las navidades y Haloween se preocupaba porque todos tuvieran un regalo. Nadie le dijo como ser líder. Eso lo tenía en la sangre. Pero ese compromiso con la comunidad le trajo problemas con su familia. Byron, su segundo esposo dice que “Para ella era más importante la gente de la calle que nosotros mismos”, Rosmary Camargo, una vecina cuenta una anécdota que resume el grado de compromiso que había asumido Luz Marina para con los habitantes de El desierto “Una tarde me encontró acá en la entrada de la casa llorando. Me preguntó que qué me pasaba y yo le dije que mis niñas tenían hambre, que no tenía ni para la leche. Ella me dijo que no me preocupara, que la esperara ahí porque ya venía. Al ratico apareció con dos bolsas de leche y unos panes. Yo le pregunté que de donde había sacado eso y ella me dijo que le había robado dos mil pesos a las hijas”. En mas de una ocasión prefirió dejar de darles de comer a sus hijos que permitir que una de sus amigas pasara hambre.


La cancha de fútbol fue acondicionada para que fuera una plaza de toros. Este era el epicentro de las ferias del Desierto. Tocaban orquestas, se hacían bazares, durante unos cuantos días al año el barrio olvidaba sus penurias y se volcaba sin restricciones a la alegría. “La casa de nosotros se convertía en una bodega. Allí guardaban las cajas de Coca-cola y de cerveza. Eran días muy felices” Nos dice Ana Karina, una de sus hijas quien recientemente fue elegida como presidenta de la junta de acción comunal.

Todo eso se acabó súbitamente el domingo 28 de mayo del 2004. Era el día de la madre y Luz Marina prestó su casa para que se celebrara allí una eucaristía. La casa estaba llena de gente. A las nueve se acabó la misa y se comenzaron a ir “Entonces yo vi al celador de la cuadra. Nos pidió un vaso de agua, se la bebió de una, como si tuviera mucha sed. Hizo una llamada, me acuerdo mucho de eso. Agarró la cicla y se fue. A los diez minutos llegaron tres tipos y tocaron en la puerta”. Luz Marina estaba adentro, en el patio, cuidando unos cultivos ya que “Por esos días habían llegado unos abonos porque ella entre todas las cosas que se metía había accedido al programa ese Solares Productivos”. En la sala estaban Byron y sus dos hijos. Al escuchar que golpeaban con fuerza la puerta Susana de ocho años abrió. Tres hombres vestidos de negro preguntaron por su mamá. La niña fue, Luz Marina de mala gana fue a ver que querían “Le preguntaron por la carta de residencia, mi mamá les respondió que ella no tenía por qué mostrarles nada. El hombre que respondía al alias de Magola sin mediar palabra desenfundó el arma. Mi mamá alcanzó a correr unos pasos antes de recibir el primer disparo en la espalda, ella gritó ¡Byron! Mi padrastro se fue a levantar pero el asesino le pegó un tiro al televisor, luego volvió a dispararle en la espalda a mi mamá.” Luz Marina cayó antes de entrar al cuarto, Marlon su único hijo varón, el orgullo de la casa alcanzó a suplicarle a Magola que no la matara. El asesino no le hizo caso y la remató en el piso.


Los gritos de dolor se escucharon con más fuerza por el barrio que los disparos que cegaron la vida de esta lideresa. La casa otra vez volvió a llenarse de gente. Esta vez Luz Marina no podía atender a sus visitantes.

La orden la dio el Iguano y la ejecutó Magola. Para Magda Barbosa esto es irrelevante “Yo no quiero pensar ni quien la mató, ¿para que hacer lo mismo que le hicieron a mi mamá? Juzgar a la gente sin saber si de verdad cometieron ese pecado” Para las dos hijas del primer esposo de la lideresa asesinada no existe rencor, al contrario “No quiero que Marlon, mi hermanito crezca con ese odio, por eso nunca lo llevé a las audiencias ni nada”. Para Magda es imposible no recordar lo sucedido sin derramar unas cuantas lágrimas.

Corría el rumor de que los paramilitares estaban rodeando la zona. Empezaron a aparecer celadores vestidos de negro controlando cada esquina del lugar. Un mes antes del asesinato muchachos muy jóvenes recorrían las cuadras en bicicleta. Todos veían los cambios pero nadie imaginó el horror. La organización barrial en Colombia cambiaría para siempre.

Después de la muerte de Luz Marina nada volvió a ser lo mismo en El desierto.  Las AUC pusieron reemplazaron a la lideresa por uno de sus títeres. Los asesinatos continuaron. La gente que ayudó a forjar el barrio se fue yendo. Los jóvenes ya no recuerdan quien fue Luz Marina. Al cumplirse un año de su deceso la alcaldía de Ramiro Suarez hizo un parquecito con su nombre al lado de la cancha. Erigieron un busto pero “Nunca hubo plata para bañarlo en bronce. Además se temía de que se lo robaran. Recuerden que este es un barrio de chatarreros” Nos dice Magda.

Las administraciones municipales se han olvidado del barrio. Los progresos conseguidos la década pasada se están diluyendo como lágrimas en la lluvia. El parque que recuerda a la lideresa asesinada está abandonado. El busto está guardado en la casa de sus hijas, presenta varias fracturas en la parte de atrás de la cabeza. “Yo creo que este busto ya se perdió” dice desconsolada Marta Karina, su hija, la actual presidenta de El Desierto.

La mayoría de los entrevistados coinciden en afirmar que el barrio se detuvo en esa noche de mayo “Ya después para acá no hubo progreso ni nada. Los presidentes de junta no sirven para nada” Dice un señor con la mirada llena de tristeza.

Alguna vez hubo un manantial en el desierto pero a este lo secaron un día y el agua nunca mas volvió a correr por acá. Las balas asesinas arrebataron la esperanza de toda una comunidad que alguna vez creyó en que se podía salir adelante, llevar una vida digna, pensar en que lo que comenzó como una invasión podía convertirse en un barrio pujante. Ahora el desgano y la amnesia amenazan con llevarse lo único que puede quedar después de la muerte: el legado de Doña Luz Marina Muñoz.

6 de julio de 2012

50 AÑOS DE LOS ROLLING STONES. ALTAMONT EL FIN DE UNA EPOCA


La gira americana de los 1969 fue la mejor en la historia de los Rolling Stones. El hecho de que Brian Jones descansara en el fondo de su piscina hizo que tanto Jagger como Richards asumieran definitivamente el control absoluto del grupo. Si bien se portaron como unos bastardos algo de razón tenían. Jones creó el grupo, lo bautizó con la célebre frase de Muddy Waters pero el man ya no tenía fuerza, se había convertido en una sombra triste de si mismo. Tuvo que soportar que en Marruecos Richards se quedara con su novia, Anita Pallenberg, aceptó que trajeran al niño prodigio de John Mayall, Mick Taylor, que le dieran un cheque de 100 mil libras y un sueldo de 20 mil al mes con tal de alejarse. El rubio y talentoso músico aceptó gustoso. Sin embargo a las pocas semanas de su prematuro retiro pasó la tragedia.

Con la incorporación de Taylor al grupo comienza la mejor época de los Stones. Un periodo que va desde 1969 y termina en 1974, justamente con la salida del blusero. Estaban felices y como se perdieron Woostock decidieron hacer uno propio que sirviera además como despedida de la gira, una forma de agradecerle a sus incondicionales fans. Tenían presupuestado hacerlo en el idílico Golden State Field, pero a pocas horas del concierto este permiso les fue negado. Así que tuvieron que buscar de urgencia un lugar. Acá incurren en el primer error, escoger un sitio desde todo punto inadecuado para realizar un concierto. Es que el circuito de velocidad de Altamont era pequeño, muy pequeño para albergar una multitud de 400 mil personas. Por los lados del circuito se extendía como una serpiente metálica un cementerio de autos y chatarra. Los organizadores eran los mismos de Woodstock, estaban confiados de que todo iba a salir bien.
Al comienzo del día apareció una buena señal. Se registró un parto entre una de las asistentes al festival. En total hubo cuatro partos y cuatro muertes, algo que a algún aficionado a lo paranormal podría interesarle. A la joven la sacaron en un helicóptero con su hijo sangrante en brazos.
Pero las malas vibraciones se dejaron sentir desde el comienzo.

Jagger aconsejado por Jerry García de Greateful Dead pensó que los más idóneos para controlar a un público enardecido no era la policía sino los Ángeles del infierno la célebre tribu urbana famosa por la adoración que sentían hacia sus Harley Davidson, la delincuencia y la violencia extrema. Fue una combinación explosiva, eso de poner a fascistas confesos a cuidar que cientos de miles de hippies no fueran a devorar a sus ídolos. Se abrieron paso entre la multitud atropellando con sus potentes motos. Cada uno llegó con una garrafa de ron. Tenían en la cabeza una cantidad considerable de anfetaminas. No poseían armas de fuego pero si palos de billar y navajas recién lustradas.
En el documental Gimme Shelter de los hermanos Maysles y Charlotte Zwerin se puede ver como el ácido adulterado y el vino barato hicieron mella en el sistema nervioso de los asistentes. Los organizadores se preocupaban al ver como los muchachos se revolcaban en el piso, como amenazaban con subirse al palco para ver y tocar y si era posible violar a los artistas que tocarían esa jornada allí.
La celebración empezó con The Flying Burrito Brotherts desplegano su folk sicodélico. La masa pareció apaciguarse. Aún era de día y por ahí pasó un coletazo del pregonado amor y paz. Platillos de colores se elevaban sobre la multitud y lo único que se arrojaban unos a otros eran burbujitas de jabón. El problema real empezó cuando los Jefferson Airplane subieron al escenario. El público los adoraba, la tribuna estaba casi a ras del piso. Los jóvenes entusiastas alargaban los brazos con la esperanza de tocarlos. Los Angeles del infierno no se andaban por las ramas, sin mediar palabra le dieron de lleno un golpetazo en la cara a una chica. Cuando el cantante Marty Balin intentó defender a su seguidora el pandillero le propinó un golpe que lo dejó inconsciente al instante. Grace Slick la líder del grupo, en un notable estado de shock solo atinaba a pedir calma. En las imágenes del documental podemos ver como los pandilleros hacen caso omiso al pedido de la cantante y golpean salvajemente a un hippie con sus intimidantes palos de billar.

Pero lo peor estaba aún por venir. Los Stones obsesionados por que el documental saliera lo mejor posible retrasaron su show durante cuatro horas. Las luces podían ayudar a crear una mejor imagen. Para ese momento el público estaba completamente sacado y los Hells Angels atinaban a aplacarlos con bates y cuchillos. Empezaron su concierto con Simpatía por el diablo y tuvieron que pararla dos veces porque los nervios ascendían como un carrito de supermercado en una montaña rusa. La rumorología, una ciencia tan popular dentro del rock de los sesenta, ha dado por hecho que fue en esta canción donde ocurrió el asesinato que filmaron los Maysles. Para los que han visto el documental pueden constatar que fue en la tercera canción, en Under my Thumb cuando Meredith Hunter, un chico negro de 18 años que había asistió con su novia blanca al festival (Motivo más que suficiente para ser provocado por los pandilleros) fue vilmente apuñalado por uno de los barbados y crueles guardianes. En el documental se ve claramente como el hombre negro vestido de verde es apuñalado dos veces, una en la oreja y en la otra en la espalda. Había sacado un arma para defenderse, el resto de Angels corrieron presurosos a tumbarlo y a coserlo a puñaladas.
Los Stones mientras ven las imágenes en la sala de montaje no pueden evitar la vergüenza. El concierto siguió dos canciones más a pesar que desde la tribuna habían visto el ataque. Uno de los organizadores le dijo en secreto a Jagger que el último de los helicópteros estaba a punto de salir y que lo mejor era huir lo más rápido de ahí. El helicóptero tenía sobrecupo y casi que ni despega. Se salvaron de milagro de morir esta noche aplastados por cuatrocientos mil fanáticos “Que solo querían tocarlos” o en un accidente aéreo.

La que iba a ser según Mick Jagger “La noche más feliz del invierno del 69” significó el fin de una época. Las imágenes finales de Gimme Shelter así lo comprueban. El triste amanecer de ese día, los muchachos no solo estaban desmontando las carpas del lugar para volver a casa sino para reincorporarse a la realidad. Están cabizbajos, tristes. En el verano de ese mismo año una panda de Hippies había entrado a la casa de Polansky en Cielo Drive y había asesinado a su esposa Sharon Tate, de siete meses de embarazo y a siete de sus mas queridos amigos. Charles Manson, el incipiente rebelde que quería ser cantante, que vivía en una comuna y pregonaba el amor a la marihuana y a la paz era el salvaje líder del grupo.
Hunter Thompson lo describió de la mejor manera “Era una ola retrocediendo” y así se ve en las imágenes finales que filmaron los Maysles, se te hace un nudo en la garganta, no puedes reprimir la frustración. Estuvieron tan cerca….pero lo echaron a perder.

5 de julio de 2012

CARTA ABIERTA DE RENSON SAID A LEONARDO JACOME


Hace unas semanas dije que iba a escribir un artículo sobre Leonardo Jácome, el presidente del Consejo Superior Estudiantil (CSE) de la Universidad Francisco de Paula Santander (UFPS). Y la verdad es que me da pereza. No creo que Jácome merezca una columna. No ha hecho en su vida universitaria nada relevante salvo convertir su cargo en un bloque de resistencia, en una pequeña élite sin ningún grado de conciencia histórica de cambio social. Jácome representa la continuidad de la peor tradición política del departamento: aquélla que busca la conquista del poder a través de la trampa, del engaño, del tráfico de influencias para beneficio personal y de sus progenitores políticos.

Porque en el ADN de Leonardo Jácome (políticamente hablando) anida la ponzoña. Y uno puede, desde allí, establecer un árbol genealógico deleznable: Iván Clavijo que parió a William Villamizar que parió a Leonardo Jácome que parió un negocio rentable en la universidad: manejar el seguro estudiantil con fines políticos. Y de ahí el desprestigio.
Leonardo Jácome tuvo relevancia cuando en el 2008 a raíz de un paro estudiantil se hizo visible al lado de Mauricio Julio. Se levantaron, revoltosos, entre otros motivos, contra Dionisio Parada y contra el inconformismo frente al tercer periodo rectoral de Héctor Parra, el mismo año en que el Consejo Superior Universitario accedió al crédito de los 25 mil millones de pesos. Luego de eso a Jácome se le acabó la rebeldía y pasó de ser un líder estudiantil a un hombre que le lame la suela de los zapatos a Héctor Parra.

Es un lambe suelas, a pesar de su juventud: árbol que nació torcido. Pero creo que Jácome nació limpio (el hombre nace sano) y la rectoría lo corrompe. Y eso lo lleva a saltarse varios renglones jurídicos. Por ejemplo: si es profesor cátedra de la UFPS quiere decir que recibe dineros del Estado. Pero resulta que Jácome es Concejal en la misma jurisdicción en que es presidente del CSUE. Lo cual significa que su campaña política la financió con sus recursos y esos recursos se los da el Estado como catedrático. Está impedido. Alguien tiene que denunciar eso. Que esta columna sirva para que algún abogado lo ponga en consideración. Ahora, el hecho que decida la ordenación del gasto público en la UFPS lo inhabilita como Concejal. Por lo menos desde el punto de vista ético. Son más de 50 millones de pesos anuales que maneja el CSEU. El hombre maneja desde la cancelación de materias hasta la selección “comprometida” del seguro estudiantil.

Yo lo que creo, en estas elecciones a la rectoría de la UFPS, es que el estudiante debe votar por un cambio absoluto y volver a la academia. Porque el único desnudo que podemos permitir en la universidad es el de Leonardo Jácome cuando pierda la investidura.

ATENTAMENTE

RENSON SAID

4 de julio de 2012

A 30 AÑOS DE LA MUERTE DE FASSBINDER. LA LEY DEL MAS FUERTE.


Un hombre está tendido en la estación del subte. Nadie parece fijarse en él, solo dos gamberros que, entusiasmados al ver que el tipo no se mueve ante las patadas recibidas deciden exculcarlo y limpiarlo de dinero. Dos homosexuales, amigos del hombre se acercan al cuerpo, los niños al sentir la presencia de la pareja se esconden detrás de una columna. Aprovechan para contar el sudoroso fajo de dinero que tienen en las manos. Los hombres comprueban la identidad del tipo y lo dejan abandonado “No vaya a ser que resultemos involucrados”. A penas se van los niños como aves de rapiña siguen desvalijando al muerto.
Franz Biberkopf como otros personajes de su filmografía ha muerto de corazón roto al comprobar que sus pareja está con él solo por interés. Biberkopf es un proletario que acaba de ganar medio millón de marcos en la lotería. Se ha enamorado del hijo de un empresario acostumbrado a los lujos, a la etiqueta. Intenta convertirse en su Pigmalión. El hombre entrega hasta el último billete con tal de sentirse completamente amado.


Para Rainer Werner Fassbinder toda relación de pareja se establece entre el opresor (quien es el que menos ama) y el oprimido (El enamorado que todo lo da). Su madre, Liselotte Eder, decía que el pequeño Rainer ahorraba su mesada para comprarle cosas a una familia que abiertamente lo despreciaba.  Ese rechazo acentuó su carácter rebelde del realizador alemán. En La ley del mas fuerte deja muy malparado a todos esos hombres refinados que creen que lo más importante es tener buenos modales. Franz con sus millones y sus costumbres sinceras y proletarias se esfuerza hasta donde más pueda para conseguir el amor definitivo y total de Eugen. Si la tipografía debe 100 mil francos pues vamos al banco, los pedimos en efectivo y ahora si podrás dormir tranquilo mi amor. Que quieres vivir en un apartamento de ensueño, descansar sobre la cama de un rey, llenar el espacio con artículos caros, para eso está el cheque mi vida, dime cuanto es y será tuyo.
Ninguna obra está tan estrechamente a la vida de un autor cinematográfico como la de Fassbinder.


 Cada una de sus películas es una declaración personal, un desahogo. Nunca quedó bien con nadie. Los que creían que con él había nacido el cine gay se equivocaron. En La ley del mas fuerte suscitó el rechazo de toda la comunidad homosexual ya que los mostró como seres frívolos, crueles, estúpidos. “No sé porque se sienten tan especiales los homosexuales. Son igual de hijos de puta a todo el mundo”. Como Thomas Bernhard con Austria, el director sentía un rechazo profundo por su patria. Cuando Hanna Shygulla, una de sus actrices fetiches recibió el Oso de oro de Berlín por su interpretación en El matrimonio de María Braun todo el auditorio la abucheó. Desde Alemania se creía que era bastante nociva la imagen que difundían del país sus películas. Solo hasta una década después de su muerte es que se pudo sopesar la importancia que había tenido esta fuerza de la naturaleza. En 37 años de vida realizó 42 películas y mas de treinta obras de teatro. Su amiga, la cocaína lo ayudó a explotar toda esa energía pero a la vez lo mató muy joven. “He vivido en pocos años lo que un hombre normal vive en 70”.

La cocaína fue la excusa por la cual vino dos veces al festival de cine de Cartagena.. Se deleitaba con el polvo nuestro de cada día. Bolsas repletas con el producto las encaletaba y las llevaba para su estudio. Así combatía la soledad de la sala de montaje. Todavía recuerdan cuando en una rueda de prensa contestó ante la aburrida y trajinada pregunta que que es lo que le gusta más de Colombia. El fauno contesto “El perico” El traductor un poco perturbado tuvo que falsear un poco la respuesta y dijo que le encantaba la fauna “Todos esos pericos que despiertan su vuelo cada atardecer”.
La ley del mas fuerte es una película que no hace concesiones. Si quieren comprobar que no hay crueldad peor que la que impone el adorado al adorador tienen que verla. Puede ser el mismo desprecio que siente Dios ante los que nos postramos ante él. Si estamos hechos a su imagen y semejanza estoy seguro que no escucha nuestras oraciones, tan solo se carcajea de nuestra sumisión.
Pobre Franz, tan solo en las calles de Frankfurt, expectorado por la refinada familia de su novio. Con unos cuantos billetes en los bolcillos y un tarro de Valium en una mano. Si quiere aliviar el dolor en una ciudad gris, macabra, de seres sin alma lo mejor es que vacíes las pastillas en tu garganta. Ya se darán cuenta que has muerto. Ya vendrán a robarte algo o sencillamente tu hediondez hará que algún policía se percate de que estás acostado allí.

28 de junio de 2012

SAMUEL FULLER. EL CINE COMO UN CAMPO DE BATALLA






El periodista.
Los disparos sonaron al final del callejón produciendo un eco sordo que se iba expandiendo por las paredes. El niño esperó que los tipos vestidos de negro se perdieran en la calle.  Sigilosamente caminó hasta  las bolsas de basura regadas en el piso y entre ellas pudo ver a un hombre despedazado por una docena de balas. Con algo de culpa se escondió en su habitación, sacó el blog de notas y escribió su primera crónica roja.
Creció en una familia de inmigrantes judíos viviendo una infancia razonablemente feliz. Sin embargo le obsesionaban todas esas lecturas que aparecían en los periódicos que religiosamente compraba su padre y que dejaba desordenados en el viejo sofá de roble. Un cuerpo muerto para un niño puede ser un tesoro. Esa fascinación por lo real lo llevó a los doce años a la novela de Frank Norris Mcteague quien con tanto éxito llevara a la pantalla Erick Von Stroheim cambiándole el nombre a  Avaricia. “Con Norris aprendí todo lo que se necesita para escribir. Cada palabra debe ser concisa y seca, como un gancho al hígado” Decía muchos años después cuando era un monstruo sagrado. Un año después de descubrir la literatura ingresa como mensajero en un diario local. Le encantaba el ruido como de ametralladoras que hacían los periodistas al golpear sus Olivetti. Su vocación se despertó desde muy joven.

A los 16 años viaja a Nueva York con un puñado de dólares. Después de varias semanas de buscar trabajo por fin pudo tener su oportunidad. El gurú del amarillismo Arthur Brisbane le abrió las puertas del New York Journal. Sería uno de los reporteros más destacados.
En medio de la sordidez de la Crónica Roja, Samuel Fuller perfeccionaría su talento y adquiriría el oficio y la disciplina para escribir. En muchas de las tramas de  sus películas es precisamente algún periodista el que inicia una investigación. Está el hombre del diario al que le preocupa el hecho de que norteamericanos hayan organizado una banda de asaltantes en Tokio en La casa de Bambú. Miren al periodista que se hace pasar por loco para ingresar a un manicomio e investigar un asesinato en Corredor sin retorno. Los policías que persiguen a los mafiosos en Bajos fondos abordan la investigación y teclean sus maquinas de escribir como si fueran cronistas de cualquier periódico. Pero es sin duda en Park Row donde expresa todo el amor que pudo sentir por su primer oficio. Una película donde de una manera profética denuncia el problema que tendrían al cabo del tiempo el linotipo y el papel debido a los avances tecnológicos. Park Row  fue un estrepitoso fracaso, algo que contribuyó sin duda a que su carrera como cineasta se viera seriamente afectada.
Guillermo Cabrera Infante cuenta en uno de los artículos compilados en Cine o Sardina como conoció a Samuel Fuller. Con su curiosidad insaciable de amante de las películas y al estar con uno de sus directores favoritos le preguntó cuál era el mejor momento que recordaba en el cine. La respuesta sorprendió al escritor cubano “fue cuando descubrí el cadáver de Jeanne Eagles siendo un periodista novato”. Eagles había sido una estrella del cine mudo que había sucumbido ante las drogas muriendo muy joven. Era característico de Fuller que escogiera un recuerdo periodístico y no cinematográfico. El escritor le preguntó poco después qué proyecto en Hollywood estaba pensando abarcar y el autor de Naked Kiss no dudó en responder
-No tengo ninguna película en mente, en cambio le puedo decir que mi sueño es ser dueño de un periódico y dirigirlo.

Hay décadas convulsionadas y los años 30. La crisis azotaba un país que se creía invencible. Una época oscura donde pululaban los suicidios y se consolida una manera de escribir. Para muchos intelectuales de ceja levantada el Pulp no era más que un conjunto de boletines de consumo popular, para Fuller “No existió un género que supiera retratar mejor a una civilización a punto de colapsar”. Su jefe  confiaba plenamente en él, por eso le permitió recorrer el país para hacer una serie de retratos de esa América que se moría de hambre o por culpa de las balas de los gangsters. Además de sus implacables y precisas crónicas Fuller se revela como un poderoso escritor. De 1935 data su primera novela Burn baby burn y un año después escribiría Test tube baby. Si en fotografía Dorothea Lange y Walker Evans supieron retratar la miseria en que se sumió de la noche a la mañana la nación más rica del mundo, hay que leer a Hammet, Cain y por supuesto a Fuller para entender cuál era el panorama apocalíptico que azotaba a los Estados Unidos de América.
Fue un cineasta que se movió en tres géneros, el western, el cine negro y el bélico. En su ansia por expresarse libremente llegó a producir, escribir y dirigir sus propias películas. Fuller, qué duda cabe fue un autor, pero le frustraba seriamente que cada película fuera un fracaso “Nunca salen las imágenes que tengo en la cabeza, por eso escribo novelas, esa es mi venganza literaria” Decía  en una entrevista poco antes de morir.
Como a Buñuel le hubiera gustado quedarse apartado escribiendo libros, sin tener detrás a un hombre obeso mutilándole la película. Libros que tuvieran que ver con esa realidad que tanto lo apasionaba.

FULLER EN EL CAMPO DE BATALLA.
Fuller lo deja todo y se va a la guerra. Más que por sentir un profundo deber patriótico,  se enlista en el ejército por esa curiosidad voraz que lo consumía. Aun así conoció de los horrores que se pueden ver en un frente de batalla. Combatió a las fuerzas de Rommel en el África, estuvo en el terrible desembarco de Normandía. Este periodista hiperkinético  recibió la Estrella de Bronce, la estrella de plata y el corazón púrpura.

Fue un héroe de guerra sin proponérselo. Estaba allí porque quería escribir un libro o un guión sobre el conflicto bélico. Estaba tan loco como el protagonista de Corredor sin retorno quien simula ser un esquizofrénico para poder ingresar a una institución psiquiátrica, convivir con los enfermos y hacer el reportaje que  le dé el Pulitzer.
 Las películas de guerra de Fuller  son de un realismo único, un hombre que no solo se fija en los detalles sino que los conoce muy bien. En un cameo que hace en Pierrot el loco dice Fuller quien se interpreta así mismo: “Una película es como un campo de batalla. Amor, odio, violencia, muerte….en una palabra, emoción!”.
Para Peter Bogdanovitch sus películas de guerra no se parecen a ninguna otra “hizo los únicos films bélicos en los que se nota que fueron hechos por un hombre que sobrevivió a una guerra, lo que efectivamente hizo como miembro de la Primera Infantería durante la Segunda Guerra Mundial. Cascos de acero, Bayoneta calada, Las puertas rojas (China Gate), Misión a Burma y Verboten!, están completamente libres de sentimentalismo o de la piedad que moldea la mayoría de los films acerca de hombres en guerra; uno tiene la sensación de que así es realmente como fueron las cosas: amorales, totalmente destructivas, insoportablemente intensas y claustrofóbicas”.
 “Me metí a hacer películas sólo por dinero, me dejé aconsejar por Brisbane quien había acuñado  una frase de la Biblia, “Donde está tu dinero está tu corazón” viendo todos los problemas que he tenido con esos productores me provoca escupir sobre la memoria de ese viejo estúpido”

En 1936 escribe su primer guión para ganarse un dinero extra, Hats off una película que no solo no he visto sino sobre la cual no tengo información. Después de la guerra decide meterse de lleno en el mundo del cine, Robert L. Lipper se comprometió a darle completa libertad creativa. Fuller firma el contrato que al poco tiempo se le termina convirtiendo en un grillete. Lipper le cambiaría a medio camino las reglas del juego. Si aspiraba a tener la libertad deseada tendría primero que venderle el alma al diablo con una serie de proyectos destinados a entretener al grueso del público.
 Uno de esos proyectos fue  A bayoneta calada una de las primeras películas que abordaron el tema de la guerra de Corea. La película posee un argumento muy al estilo de Fuller, el de un grupo de hombres comprometidos en un problema muy grande. Acá se narra como un pequeño pelotón se queda a cubrir la retaguardia, mientras sus compañeros se retiran y hacen creer al enemigo que son todo un ejército. Ocultos en un cueva de unas montañas pondrán en jaque a los coreanos, incapaces de atravesar un pequeño estrecho (Dios, parece que estoy contando el argumento de ‘300’). En la angustiosa espera porque el enemigo se trague el anzuelo y con la necesidad de volver a sus hogares, iremos siendo testigos de las relaciones entre los soldados del pelotón, y veremos los miedos internos de cada uno de ellos.
Para muchos críticos  A bayoneta calada no es más que una película pro-yanki, fascismo puro, propaganda del peor gusto. Pero a Fuller más que desarrollar historias le encantaba desarrollar personajes. No se puede juzgar a sus películas solo por sus argumentos, necesariamente se debe conocer la sicología de cada uno de los personajes que integran sus filmes.
Un ejemplo claro de eso es La puerta de China una de sus películas más odiadas. Fue el primer filme que abordó el conflicto colonialista que empezaba a gestarse en Vietnam. Un conjunto de mercenarios pelea a favor de los franceses. Ho Chi Minh y todo el Vietcong son vistos como unos monstruos crueles, sin corazón. Sin embargo, los norteamericanos que van a ayudar a los franceses se ven acá como un puñado de fanáticos racistas y machistas. Esa ambigüedad se debe a la meticulosidad con que  escribía sus guiones. Nunca hizo una caricatura, sus personajes tenían alma.
Resulta bastante curioso que un tipo de atmosfera tan ruda como la que se plantea en sus películas introduzca siempre a una mujer en los ambientes más hostiles. En La puerta de china una mujer debe cuidar sola a su hijo después de que el marido la deje al enterarse de que el niño es “Un chino de pies a cabeza” no contenta con eso realiza una misión con una pandilla de asesinos anti-comunistas, en El diablo de las aguas turbias la bella y malograda Bella Darvi debe cruzar el océano en un submarino con una docena de hombres malolientes, en El Kimono Rojo, Victoria Shaw es una hermosa y delicada pintora que además de convertirse en la principal testigo de un asesinato  está asediada por el amor de dos policías, uno japonés y el otro norteamericano. En Bajos Fondos Dolores Dorn también es el testigo principal que tiene la policía para desmontar una red de narcotraficantes. Es maltratada y a la vez amada. O la geisha enamorada de Robert Stack en La casa de Bambú. Dispuesta a darlo todo con tal de recibir un poquito de protección, de amor.
Sus  personajes femeninos  no solo son rosas en un desierto. Son las únicas que pueden pensar con raciocinio en medio de tanta testosterona, de tanto honor barato y sangrientas venganzas. Fuller tiene en común con Douglas Sirk el excelso cuidado que le daban a las mujeres en sus películas no en vano una de las mejores películas del director alemán, Mas fuerte que la ley fue escrita por el creador de Verboten.



LEGADO
Como Hitchcock o Howard Hawks, su talento fue subestimado por los críticos norteamericanos. Tuvieron que venir los revoltosos de la Nueva Ola para hacernos entender que Samuel Fuller no solo era un director muy competente sino un gran artista.
El final de Sin aliento con Jean Paul Belmondo zigzagueando antes de caer al asfalto con la espalda rota por un balazo es un homenaje directo al final de Bajos Fondos. Francois Truffaut dijo que su cine no era “Primario sino primitivo, su talento no es rudimentario sino rudo”.
Wenders no fue inmune a su encanto, no solo lo hizo su actor en películas como Hammet, el estado de las cosas y El amigo americano (donde lo puso a actuar con otros dos  malditos de Holywood Nicholas Ray y Dennis Hopper) sino que lo consideraba uno de los directores más grandes de la historia.
Los antagonismos, rivalidades y enfrentamientos de sus personajes han influenciado las obras de Scorsese, Carax, Jarmush y Quentin Tarantino. Su valor para ser independiente, para correr riesgos económicos monumentales, hasta el punto de llegar a jugar con la hipoteca de su casa inspiró al padre del cine independiente, John Cassavetes.
Formó la carrera de Curtis Hanson al darle la oportunidad de escribir con él el guión de su última película, El perro blanco. Cuando Peter Bogdanovitch era el oscuro programador del cine club del Museo de Arte de Nueva York lo convenció para que buscara financiamiento a un guión que había escrito el joven crítico, Targets, el no solo le corrigió y escribió algunas secuencias del guión sin pedir ningún tipo de crédito sino que convenció a Boris Karloff para que lo protagonizara sin cobrar un solo dólar.
Bernardo Bertolucci le hace su respectivo homenaje al inicio de Los soñadores cuando los jóvenes revoltosos de la Cinemateca Francesa veían embelesados las imágenes de Corredor sin retorno.
Samuel Fuller es un nombre que hoy en día no le dice nada al gran público. Sin embargo, una buena parte de sus películas forman un legado imborrable. Un director valiente, a quien nunca le dio miedo ser un malpensante. Un tipo que nunca se casó con una ideología, que dijo e hizo lo que pensó. Le enseñó a las nuevas generaciones, como Roger Corman,  que no necesitaban de un productor para hacer realidad sus sueños. Es más cómodo estar solo en tu casa, escribiendo una novela, sin tener que lidiar con sindicatos, con el ego insoportable de los actores. Pero cuando has sobrevivido a una guerra mundial extrañas un poco la adrenalina que se despierta en un campo de batalla. Y para Fuller el plató era una trinchera.

SOMBRAS TENEBROSAS. El extraño caso de Tim Burton


Siempre que aparece una de sus películas olvidamos el mal sabor que nos dejó la anterior. Es como si los que admiramos la primera parte de su obra (La que va de Beetlejuice a Ed Wood) Creamos a ciegas que la potencia de su imaginación va a regresar, pero no, después de un prologo prometedor (aunque un poco apresurado) constatamos que Tim Burton desde Willy Wonka para acá viene viajando en piloto automático.


No puede ser, creíamos que este seriado creado a finales de la década de los sesenta por Dan Curtis, uno de los cineastas mas admirados del underground, con obras tan sólidas como Sangre para Frankenstein, se le iba a dar de perlas al hombre que fabricó a Eduardo Manos de tijeras. Pero lo mismo pensamos de Alicia en el país de las maravillas y ¿Qué obtuvimos? Una versión edulcorada del clásico de Lewis Carroll, completamente pensada para que el público adolescente que es el que mas va al cine engrose la taquilla. El baile flogger de Johnny Depp al final lo constata.

La mitad de la sala eran adolecentes cocinadas en Harry Potter y Crepúsculo. Ahora el gótico no se extrae de Hoffman o Von Chamisso sino en historias escritas por amas de casa para dormir a sus hijos hiperkinéticos. . Llega un momento donde uno piensa, me aburro yo o se aburren ellos. La industria sabe que el adolescente que va al cine no se mete completamente en la película sino que en el 40 por ciento del tiempo que dure en la sala va a estar hablando con su amigo vietnamita por el Blackberry, por eso no le presta mucha atención al guión.


Las deficiencias en este aspecto en Sombras tenebrosas son escandalosas. No se toman el trabajo de crear personajes, algunos los olvidan y luego cuando ven que han pasado veinte páginas sin que se pronuncie su nombre pues vuelven y lo invocan. Por momentos uno llega a extrañar a La familia Adams, porque al menos veinte años después yo me puedo acordar de Raul Julia y de Cristopher Lloyd, Cristina Ricci, Joan Cusack o Angelica Huston. Nada de eso sucede acá.

Sabíamos de la deficiencia de Tim Burton para dirigir actores. Como Herzog quien usó de actor fetiche a Klaus Kinsky quien  se dirigía solo el autor de Big Fish tiene a su Johnny Depp. Acá se contiene un poco y logra dejar de lado todas sus muecas Keithrichardtianas que tantos frutos le dieron desde Piratas del Caribe pero que a muchos nos viene cansando. Solo su personaje y el de la magnífica Eva Green son los únicos a los que papá Burton les brindó un poco de atención. De resto es una pena desperdiciar a actrices de la talla de Michelle Pfeiffer y Helena Bonham Carter dándoles unos personajes que rayan peligrosamente con la caricatura.

Al final empezamos a darnos cuenta, ¿Cómo así? ¿Es que el estaba enamorado de la insípida esa de la Victoria? Pero si apenas aparece en un tren en los genéricos del principio y no más. No sabíamos que era una rencarnación de su amor de hace doscientos años. No sabíamos nada pero igual los adolescentes ríen y uno a veces tan bien porque detrás de la cámara está un tipo talentoso que es capaz de hacer una que otra escena maravillosa aunque no nos conformemos con eso, aunque siempre queramos más.


La idea de Barnabás encerrado doscientos años en un ataúd, saliendo de él en 1972 con una sed terrible, comiéndose cuando ingeniero o Hippie encuentre por ahí, creyendo que la M de Mcdonalds no es más que la firma de Mefistófeles no solo es gracioso sino genial. Pero se queda solo en eso, en un esbozo, en una promesa.

 Mientras nosotros envejecemos nuestro cineasta como Benjamin Button va volviéndose más joven, más adolescente. Es el cineasta de ellos.  Los que pensamos que Ed Wood es una obra maestra lo extrañamos y reclamamos como propio de nuestra generación, pero tenemos que entender que el personaje que alguna vez inventó Scott Fitzgerald se ha convertido en un hombre de verdad. Se llama Tim Burton.