25 de marzo de 2012

EXTRAÑOS EN EL PARAÍSO DE JIM JARMUSH. Por Ricardo Andrés Ramirez Garcia.

Presentamos a contnuación la crítica de Ricardo un joven y avispado cinéfago que en su tiempo libre estudia historia en la UIS. Desde ya despliega una mirada diferente, atenta y sensible. Acá aborda la magnífica película de Jarmush desde el punto de vista de su banda sonora. Esperemos seguir encontrándonos con más puntos de vista de este aventajada visionador de películas



La preocupación mas grande en un principio fue escuchar la banda sonora: Screamin Jay hawkings. Nombre desconocido. La protagonista decía que era un salvaje, y no se equivoco. De inmediato vi al hombre en escena y me di cuenta que la escogencia de la banda sonora no era nada casual. Recordé al hombre que se viste de rojo y atiende el hospedaje en el que sucede gran parte de una película de Jarmush que me había visto antes de ver por segunda vez  la magistral Stranger than Paradise. Cuando la vi por primera vez no me había llamado la atención la banda sonora. El hombre saliendo en escena como un chaman, pero como un chaman sincretizado, alguien con rasgos indígenas y africanos me hizo pensar  que aquello era lo mas consecuente teniendo en cuenta el titulo de la canción: I put a spell on you. Recordemos que esta canción es con la que se da comienzo a la película, escena donde Eva llega al llamado Paraíso: New York.  Empieza así un recorrido por sitios opresivos que terminan asemejándose entre si. De hecho no es gratis que Eddy, el sumiso Eddy, termine diciéndole a Willy que cada sitio donde va termina pareciéndole similar a todos. Digo lo de sumiso por que si hay algo que de verdad me pareció interesante en esta segunda observación fueron las relaciones de poder que se presentan en la película: Un opresivo Willy que solo quisiera hablar él, coarta en su poder de decisión al pusilánime Eddy y a la aparentemente rebelde Eva. Tramposo hasta el final de la película,  Willy representa a aquel antagonista que despierta en el espectador al menos una mínima repulsión, lo cual significaría para una obra su consagración, teniendo en cuenta que la misma esta alterando el estado de ánimo del espectador. Lo cual, me parece a mí, es lo mínimo que nos debe ofrecer el arte: una perturbación de nuestro espíritu sea por sensaciones de repulsión, nostalgia, tristeza o demás. Para sintetizar un poco más la cuestión: lo retratado por la película es la cultura del consumo norteamericana. Una muestra de lo mismo son tanto las sugestivas cenas de TV de Willy como los deportes de entretenimiento para las multitudes: no termina siendo nada casual que eventos como el supertazon generen dividendos tan grandes, además de una cultura que las identifica (basta recordar aquella escena en la que Homero Simpson termina siendo invitado por un Ex –presidente de los Estados Unidos a ver el Super Bowl acompañado de unos “crujientes nachos”, esto después de que el primero se hubiese dado una muenda con George Bush en las alcantarillas de Springfield)



10 PELICULAS PARA FUMARSE. BALADA TRISTE DE TROMPETA De Alex de la Iglesia.

El niño quiere venganza. Ha visto como un maldito policía corrupto le ha aplastado la cabeza a su padre con los cascos de su caballo. Los sesos desparramados por el suelo. Su padre era un payaso, la guerra civil lo ha encerrado en un maldito campo de concentración. Ha enloquecido, ha decidido la subversión pero su revolución ha durado un par de minutos.

El niño crece con la imagen del cráneo de su padre aplastado incrustada en su memoria. Se convierte en el payaso triste, aquel que recibe los golpes y los insultos del payaso feliz. Su cara patética le servirá para agudizar la melancolía, la lástima. Pero nadie, ni siquiera un payaso triste podrá soportar sin revirar, todos los golpes que le da la vida.
Es entonces cuando la desmesura desbordará la pantalla y Alex de la Iglesia nos volverá a sumergir en sus mundos bizarros, extraños, maravillosos. El circo, los payasos, como Fellini unas décadas atrás. Su homenaje para los clown en esta película incalificable. Y en el trasfondo la historia de las dos Españas, la de la Guerra Civil y la medieval que impuso Francisco Franco. Es notable que lo popular siempre aparezca en los filmes de Alex de la Iglesia. Ahora le ha correspondido el turno a Raphael. El nombre se lo debe a una desconocida canción del interprete español quien aparece unos momentos cantando Balada triste de trompeta.

Mientras que la película era injustamente menospreciada por la crítica, Tarantino la celebraba en un sórdido cine de Pasadena. No se puede juzgar el guión, la estructura narrativa, las actuaciones cuando tienes imágenes tan potentes como las que propone De la Iglesia. Su cine no está hecho para deducir fáciles interpretaciones sino que es una sucesión de choques eléctricos que te estallan directamente en la médula. Surrealismo puro. Un payaso desfigurado con dos metralletas, una trapecitas partida en dos en su mortal caída, otro clown que hace reír para no matar y en el trasfondo la historia de España, los años finales de Franco el auto de Carrera Blanco volando por una explosión hasta el último piso de un edificio. Collage visual muchas veces sin sentido, disparatado como esos años locos que precedieron el desparpajo de la movida madrileña.
El payaso triste se sirve un buen plato frío de venganza. Ofrece un faisán a Franco de rodillas y cuando empieza a obtener la misericordia del generalísimo el gordo payaso, el patético payaso le muerde la mano al dictador.

Los espacios encerrados a los que nos tiene acostumbrados el autor vasco, ambientes expresionistas, exasperantes, en una risa que se te atraganta en la garganta, que te sofoca. España vuelve a darle al mundo un artista repleto de imágenes potentísimas como las tenían los pintores, los dramaturgos del siglo de oro. Fue una lástima pero a la vez perfectamente comprensible que su paso por Hollywood en 2007 con sus Crímenes de Oxford haya sido tan desafortunado, tan despersonalizado.
Una película ideal para encender cáñamo y consumirlo a grandes bocanadas, verla a través del humo que ayuda a abrir las puertas incrustadas dentro de cada una de sus desquiciadas secuencias. Una excusa perfecta para adentrarse en la historia de España según un loco genial. Una película diferente, originalísima, surrealista y bizarra. Cine para ser fumado.

22 de marzo de 2012

TARDES DE JAZZ CON UN VIEJO VAMPIRO. Escrito en los malditos dias del 2003

Lo primero que bajaron del camión fue un piano inmenso que en ese momento era la cosa mas grande y brillante que había visto. El piano lo subieron por medio de una grua y la operación duró cerca de media hora así que no me pude enterar que otra cosa habían traído los nuevos vecinos. Lo que si vi con claridad fue la ambulancia y vi también a un hombre viejo ser bajado por unos enfermeros, tenía el pelo largo y un respirador. En ese momento pensé que sería un oscuro imitador de Howard Hugues.



La curiosidad se apoderó de mi ya que desde que tengo uso de razón la música ha sido mi único motor de vida. Lo primero que me regaló mi papá en navidad fue un acetato negro y brillante de Herbie Hancock, Maiden Voyage y tenía en la portada a un negro flaco de gafas sentado en un porche sacado de una novela de Faulkner, aletargado mirando fijamente un punto en el espacio. Era su quinto disco como lider y el mas decidido de todos sus discos a la hora de adentrarse en los caminos impresionistas, caminos que apenas se habían abierto en sus trabajos anteriores. Siempre he tenido un temperamento fuerte y decidido, esto se lo debo en parte al Jazz a la manía que he tenido desde ese primer disco de apresarlo todo de condensarlo todo en un gran solo de guitarra. Me propuse desde ese instante ha convertirme en un fanático incondicional de Hancock y dije que lo compraría todo de ese jovencito dicharachero. Lástima que Harbie se haya vuelto tan irregular, tan inclinado al cultivo de formas mas comerciales. Pero con Maiden Voyage empezó la pasión, esa que me ha convertido en un obsesionado por el jazz.



Por la época en que conocí a viejo ya superaba a Hancock y me metía en algo mucho más clásico, el del infaltable gordo sudoroso Louis Armstrong, y me refugiaba en esa isla tan segura que era Armstrong como si en An a Wonderfuld Word se resumieran ochenta años de historia del jazz. Que hubiese sido de mi vida si no hubiera conocido a Bela, ese vecino tenebroso que en la gris tarde de mi relato apenas veo ocupar la casa.



Sobre Bela se contaban las mas tenebrosas historias, los mas pesimistas decían que era un viejo vampiro expulsado de Transilvania por su perversa costumbre de tomar sangre de recién nacidos y de muertos aún calientes, los optimistas decíajn que solo era un viejo pervertido que le gustaba rodearse de niños para después abusar de ellos. Mi mamá y todas las mamás del barrio se preocupaban porque sus hijos no bordearan la reja de metal que guardaba la casa de Bela. Todos tenían miedo menos yo, que sabía que en una casa que tenga un piano no puede haber maldad alguna.



Poco a poco me fui acercando a la casa, parecía uno de esos simios de 2001 Odisea del Espacio aletargado con el imán gigante y que se acerca tímidamente hasta que por fin lo apresa con sus manos peludas. No tuve que colarme ni buscar una excusa para por fin conocer la vieja casa y a su dueño. Una noche después de la comida salí a rodear la casa y escuché desde afuera al piano una melodía profusa y electrizante que se expandía por el aire como un torrente. Arrastrado hacia la música corrí la reja y me adentré por el jardín hasta cruzar la puerta, una escalera de caracol y después una sala llena de arañas colgantes, y en el centro de la sala rebosante en mármol estaba el piano y detrás estaba el viejo con su pijama blanca, flaco y amarillo como un Quijote derrotado y sus ojos escondidos en los pelos que caían bruscamente sobre la cara, sus ojos puestos en los suyos. No pude dejar de sentir miedo.



_ Te estaba esperando- dijo interrumpiendo bruscamente su concierto al verme. Se levantó con gran trabajo y vino hasta mi. Puede ver sus uñas largas bamboleándose como navajas al mover sus piernas- Te he venido viendo todas estas noches cuando extrañamente bordeabas la casa. Al principio me alarmé pues creí que era uno de esos hampones que siempre me siguen pero después utilizando los biniculares pude ver en tus ojo el brillo de la pasión, la mas grande pasión que puede sentir un hombre que es la del jazz.



No me concentraba en lo que decía, me detenía era en su boca desprovista de dientes y en ese hilillo de babas que se le hacía al tratar de decir algo. A mi no me apasionaba el jazz ni quería saber mas, con Hancock y Satchmo como una isla confortante y segura.



-          Esto lo tocaba especialmente para ti. Es Smokehouse Blues  melodía que volvió famosa Jelly Roll Morton, acaso sabes joven amigo quien fue este pianista, por tu cara veo que te encuentras en un terreno desconocido, así que cuéntame que sabes de esta música, cuando compraste tus primeros discos, quien fue tu primer maestro.



La uña larga del índice bailaba frente a mi rostro de una manera inquietante, claro que no sabía quien era Morton, no sabía que en realidad esto solo era un seudónimo pues su verdadero nombre era el de Ferdinand La Menthe, ni que había conformado ese grupo que volvió loco a mas de uno entre 1926, 1927 y 1928 los Red Hot Peppers. No, no sabía nada de eso, tampoco quería saber, mi único deseo era salir de allí, contarle a todo el mundo que era cierto todo lo que decían de el viejo, era un vampiro, un horrible brujo. Le di la espalda y salí corriendo, a mi espalda sentí su risa escurriéndose como agua helada.



Aquella noche la pasé en vela. No puse música ni leí, solo me quede un poco como Harbie Hancock en la portado de su disco, aletargado, perdido en un punto. La mañana me encontró sentado y apenas revolví un poco el desayuno que mamá me sirvió. Como era sábado la pasé todo el día encerrado y sabía que nunca mas volvería a esa casa. Pero en la noche pensé distinto, me empezó a punzar esa curiosidad que solo despierta lo desconocido, quien sería Jelly Roll Morton, que querían decir esos rostros de mujeres negras regados por todo el salón? A las ocho me salí por la ventana y sin que nadie se diera cuenta ya estaba en la calle. El olor a tierra mojada me alertó un poco sobre la posibilidad de lluvias. Cualquier gota caída del cielo producía en mi un efecto devastador, tenía un problema de respiración desde que nací lo que me convertía en un niño ensimismado poco dado a los amigos y a las grandes aventuras. Pero esa noche me poseyó un ímpetu hasta el momento desconocido para mi. No lo producía ni las uñas largas del viejo ni esa cara sucia y arrugada: la curiosidad me la produjo el jazz. La puerta estaba abierta y desde afuera se escuchaba como en la noche anterior el Smokehouse Blues. Entré decidido a confrontarlo, a vencer mi repugnancia y mi miedo (no desechaba la posibilidad de que en cualquier momento sacará sus garras, sus colmillos afilados de vampiro viejo) y me senté en una sillita que en la noche anterior no había visto y que estaba puesta allí para que yo me sentara. Esta vez el viejo no notó mi presencia. Cada sonido de una nota le dejaba los ojos sin orbitas, como si fueran rotos blancos. Terminó y me miró mandándome una sonrisa.



-          Estuve esa noche cuando Morton tocó por primera vez esta melodía. Estaban todos tan jóvenes. Él era el mas joven todos, un criollo altivo e insolente. Conocí a Jeanne una mujer madura al cual el iguazo la había dejado en la calle. Su pasión por el piano solo era comparable con la pasión por el juego y por vivir de las mujeres. Fue el primer compositor de envergadura que tuvo el jazz aunque eso si, el tenía bastantes pretenciones para ser tan joven. Imaginate... como es tu nombre...



Yo me revolvía en el asiento entre temeroso e interesado. El sonido metálico de su voz contrastaba con la desolación de sus encías, tremulo le dije que me llamaba Santiago



_ mira, Santiago, este criollito de poca monta pretendía haber sido el creador del Jazz. Eso es como pretender ser una especie de Prometeo creador de fuego. Sin embargo y como pasa con esta música donde individuos con el coeficiente intelectual de un chimpancé logran convertirse en geniales compositores. El verdadero a porte de Jelly fue el de haber cristalizado la pluralidad musical de New Orleáns, principalmente el ragtime y el blues, pero también los aires de las cuadrillas, las marchas, los ritmos de habanera o, incluso, las influencias europeas, en una elaborada forma inequívocamente jazzísistica.



El viejo cerró los ojos como quien se concentraba en una lección aprendida hacía siglos. No tituteaba todo lo decía como si un ser invisible se sentara a su lado y le dijera todo lo que tenía que decir. Al abrirlos noto que si bien no entendía ninguno de los conceptos que el me había dicho si había desaparecido de mi rostro ese terror del principio.



-Tu sed de aprender es tan poderosa que luchas contra la propia repugnancia de venir hasta acá para escuchar de mis labios todo lo que se de Jazz. El viejo Bela recuerda y eso que son muchas las cosas que he visto, trataré de condensarlas para ti y dártelas como si fuera un zumo de frutas.



Me acomodé en el sillón lo mejor que pude. Un mayordomo tan antiguo como Bela le trajo una taza de cerámica despachando su contenido en un movimiento un poco felino para tener la edad que aparentaba, el mayordomo me preguntó si quería algo pero le dije que no así que nos cerró la puerta dejándonos en paz.



-          Has de saber querido amigo que las primeras historias de jazz escritas en los años veinte por norteamericanos presentaban esta música como la semilla de la genuina cultura musical de su país. Esto en un intento de apropiarse de esta música que como el blues era el canto de los oprimidos. Pero ellos no podían negar que el concepto de cultura musical que encerraban se asimilaba por completo al de la música europea. De una búsqueda de sentido autóctono se pasó a todo lo contrario: se empezó a ignorar el concepto popular y lo consideraron superado y ennoblecido por la música de autores. Has de saber Santiago que los primeros interpretes de Jazz no eran los negros, bueno, al menos los que se conocieron en un principio pues existía el racismo que les quitaba protagonismo y los anulaba metiendolos en un guetto. Los autores no venían de lo popular, eran grandes compositores, estudiosos, músicos de salón. Es así como aparecen W.C Handy, Ferde Grofé, Irving Berlin, George Gerswin o Paul Whiteman. Hoy en día nadie discute que aunque estos hayan sido músicos incomparables la verdadera gracia no está en Rhapsody in Blue de Gerswin sino en un improvisado y absolutamente desquiciado Amorous tocado por Charly Parker. En los treinta se creía que la música blanca podía mezclarse con el Jazz y esta corría un grave peligro de contaminarse. Ya algunos manifestaron al jazz como esencia cultural de la etnia afroamericana. Todos estos libros que vez a mi espalda- el viejo me dio la espalda y yo pude ver sus huesos debido a lo roída que estaba la bata que lo protegía. Con sus bracitos enclenques descorrió una cortina y pude ver una biblioteca de dos metros de alto llenos de libros cuyos colores me hirieron el rostro- todo eso está escrito acá, yo fracasé como pianista pero por mas de sesenta años he comprado lo que mas he podido de libros, porque a veces la música se toca no con las manos sino con los ojos.



La boca se le puso seca como un estropajo, en ningún momento dejaba de mirarme, creí que le iba a dar un ataque así que halé el cordón que había halado la primera vez para llamar a su mayordomo y efectivamente apareció el mismo señor milenario, con la misma tacita y el mismo sorbo rápido de Bela



-Gracias Joseph, sabes como me cuenta recordar. La memoria se le va nublando a uno después de que lo que hemos visto aplasta un recuerdo tras otro. Quisiera Santiago que tuvieras mis ojos por un momento para que así pudieras ver lo que yo he visto. Puedes retirarte Joseph.



El mayordomo como un autómata obedeció al instante la orden. Los pocos colores que tenía el rostro de Bela volvieron a aparecer



-Según los libros- Dijo Bela como si solo hubiese tragado saliva y ningún mal pudiera aquejarlo- en la década del sesenta florecieron visiones de la historia que trazaban en términos políticos la distinción entre el jazz de los negros y el de los blancos, en los setenta el Jazz es una música mestiza y desaparece un poco ese racismo tan imperante en todas las actividades norteamericanas. Latin Jazz, Acid Jazz, todo no es mas que una falacia, el Jazz es único es la vida. Es increíble que entre los algodonales, entre tanto látigo y tanta sangre halla podido salir la música mas libre del mundo. Solo los condenados entendemos el jazz, los infelices que a pesar de tanto muerte pululando por ahí todavía hay algo que nos hace sonreír. Cuando el jazz salió fue como una irrupción, muchos dicen que el jazz nació en los años 20 pero se equivocan feo los que piensan así. eso que grabaron los Diexieland Jass Band ( ODJB, las zetas vendrían después, con los negros obviamente) eso que se dice como el inico del jazz no fue mas que una pálida imitación de lo que cantaban los negros en Nueva Orleáns en 1917. Eso que cantaban los negros en Nueva Orleáns ya se estaba incubando en Louisiana, en Nueva Orleáns durante el último cuarto del siglo XIX. Esta ciudad era el centro, el epicentro de ese terremoto compuesto de bajos, guitarras y saxofones. Nueva Orleáns tenía que ser el epicentro pues allí se dio el cruce de culturas y música, sabes que es el Ragtime, anoche hablé de él y tu pusiste una cara como de perdido.



Negué con la cabeza, nervioso no porque Bela fuera un monstruo sino por no quedar mal con el maestro.



_ --- Los rags, aunque se tocaban sobre toda clase de instrumentos, fueron esencialmente una especialidad de los pianistas. Su apogeo se sitúa entre  finales del siglo pasado y las dos primeras décadas del siglo XX. S-e trata de una música de precedencia europea, con un estrecho parentesco con los bailes y marchas entonces en boga. En una época en la que aún no se había expandido el fonógrafo, los rollos de pianola sirvieron para difundirlo. En realidad no puede ser considerado como jazz.



Entonces yo pensaba y entonces que era el jazz?, no sabía todavía que el jazz iba a estar en manifestaciones culturales que no tenían que ver muchas veces con la música. La lectura de Cortázar por ejemplo me acercó a las improvisaciones de Charly Parker o Dizzy Gillespie y de ahí pasé a la guitarra que es por cierto mi gran pasión. Bela me escrutaba como si en vez de ojos tuviese esas uñas largas y mugrosas. Que era el jazz, Bela? Hubiese querido preguntarle y el responderme cosas, como si hablase desde adentro de una caverna.



-          Sabes por que no eran considerados como jazz? Eso quiere preguntarme pero no te atreves. La timidez Valentín mío es una gran amiga de la estupidez. Si quieres salir de la ignorancia debes aprender a hablar a exigir que te entreguen todo el conocimiento. No eran jazz porque los rags estaban totalmente escritos y excluían la improvisación. Pero eso si, constituyeron  un punto de partida para la aparición de los estilos pianísticos de jazz, en particular el stride. Después vino el blues, pero eso es otra historia.



Los ojos de Bela se volvieron a poner blancos y su palidez me hico pensar lo peor, con la poca fuerza que le quedaba alargó la mano hasta la cuerdita. Apenas sonó la campana apareció Joseph y como un autómata cargó en sus brazos el desvanecido cuerpo de su amo. Yo me quedé solo y no osé a moverme del sitio. Con la mirada recorría las fotos de todas esas cantantes que a la postre habían sido mártires de ese sonido del demonio que era el jazz. ¿entonces no había surgido de una explosión? ¿el jazz no era hijo del big bang? No, ni las Big Band vendría de allí. el jazz como todas las cosas hermosas había nacido de un murmullo apagándose. Cansado de estar sentado salí de la mansión. En la casa mi mamá me esperaba con la comida fría. No me lo dijo pero sabía que estaba brava conmigo.





II.



Con la llegada de las vacaciones toda preocupación se disipa. Creo que ya había dicho que siempre he sido un hombre solitario. No me gustan las multitudes, ni siquiera en mis propios conciertos. Prefiero el estudio de grabación, la sala de mi casa a ser adorado como si fuera una estatuilla sagrada en un pueblo pagano. Me encerré en mi cuarto y escuché todo Jelly Roll Morton y la obra completa de Joseph “King” Oliver. Estas fueron sus primeras grabaciones y de paso son los mejores documentos que contamos nosotros, los amantes de esta música, sobre las primeras formulaciones jazzistícas. Bela quien en ese momento de mi vida se convirtió en mi única y a la postre única escuela, me hablaba de King Oliver con aire desenfrenado, “el es el Homero del jazz, su Canal Street Blues viene a ser la Odisea y bueno la Iliada es sin ninguna duda I`m going away to wear you off my mind.



En esas vacaciones no la temí a Bela aunque eso si sus bruscas interrupciones se acentuaban y casi todas las noches se repetía la misma escena, Bela cerrando la conversación con un desmayo. Entonces venía Joseph y la puerta se cerraba llevando en sus brazos al amo.



Los momentos en que Bela me recibía con su sonrisa desdentada los aprovechaba para bombardearlos con preguntas y el se rascaba la cabeza y contestaba como si un su mente reposara una enciclopedia, o peor aún como si sus ojos gastados de viejo eterno hubiesen estado allí, viendo tocar a King Oliver, “hablame un poco mas de él Bela”



_Oliver era un cormetista, y dejame decirte que tampoco era algo de el otro mundo. El no era un cormetista de técnica ni tesitura portenstosa, lo que lo hacía maravilloso era su estilo, oh, como extrañamos el estilo de el rey, era un estilo rotundo y de gran firmeza rítmica, ideal para conducir la improvisación colectiva, definitivamente impuso un modelo indiscutido en esa época.



Esa época eran los veinte, el viejo se movía cacique ridículamente, como si recordara desde su memoria un sonido desconocido para todos los mortales.



-          El rey fue un priviligiado ya que en ese entonces era realmente jodido grabar. A pesar de ese primer éxito de la ODJB, las grandes compañías se desinteresaron del tema. Grabar jazz no era rentable. En 1920 Mamie Smith que no cantaba jazz sino blues vendió 100.000 en un mes de su Crazy Blues. Los negros también tenían voz y habían oídos blancos que querían oírlos. Sin embargo estos oidos de lebrel se veían duramente golpeados ya que antes de 1925 todas las grabaciones eran de una calidad realmente pésima. No obstante ese fue el marco en el que Louis Armstrong, a la cabeza de sus Hot Five y sus Hot Seven Hot Seven, consiguió que el jazz pasara a ser una música adulta, instaurando la preeminecia individualista del improvisador.



He ahí la grandeza del jazz, decía Bela con sus ojos encendidos, en el jazz como en casi ninguna música se destaca el loco, el diferente, el que rompe con el molde. Soy un músico suficientemente coherente como para comprender la magnificencia casi divina de La pasión según san Mateo pero también desprecio su precisión matemática. En el jazz todo orden se subvierte, se despedaza. En el improvisador está el rebelde, el hombre demonio.



Bela tenía en su espíritu las llagas del rebelde. Nunca las mostraba pero su peso se hacía sentir en el aire de sus palabras.



-          Conoces a Satchmo?



Me preguntaba ese hombre de rostro pálido, no conozco a nadie Bela, y hoy cuarenta años después todavía busco las respuestas. Los pies se movían como si el coloso de Rodas de un día para otro hubiese deseado moverse. Pasos lentos, pesados pero no demoledores. El peso de los años, la levedad se endurece. De una vidriera de plata a sacado un cofrecito que recuerda siempre los hermosos cofres de música con una bailarina moviéndose al compás de la música. De entre sus manos aparece una cosa negra y redonda. Pesada y pequeña como él.



-          este disco que suena es una de mis joyas mas preciadas Alligátor Crawl de Satchmo, curioso apodo para un negro gordo como era Armstrong. Como hablarte de Satchmo si nadie sabe de él?. Sus orígenes están envueltos por diversas leyendas que nunca terminaran de develarse, pero lo que si se ha quedado bien documentado es su evolución músical. Lo que se querido Valentín es que en su Nueva Orleáns natal se había ganado una reputación de genio precoz cuando King Oliver, antiguo mentor suyo emigrado a Chicago, lo llamó para tocar en su banda.



Hasta el momento la historia de Satchmo no me entusiasmaba mucho. Parecía la historia de un músico normal. Además me desulucioné un poco al escuchar que And a wonderfuld word  era un tema menor en su basta discografía. Entonces, ¿qué diablos convertía a Armstrong en el más avanzado músico del momento?



-          Sabía que ibas a preguntar eso, sin referirnos a sus extraordinariamente apropiadas dotes físicas, hay que enumerar los rasgos estilísticos que le condujeron a la disolución del modelo colectivista de Morton y Oliver, propio del jazz de Nueva Orleáns, dando un impulso definitivo a la figura del solista. En primer lugar poseía un sonido claro e intenso que en combinación con su amplio repertorio de vibratos y mordentes proporcionaba a su fraseo un inconfundible impulso interno. Fue uno de los primeros disolutos, un hombre demasiado brillante para pertenecer a un grupo.



Su voz se inflaba como si el viento entrase en todo su cuerpo gordo. Le quedaba viento hasta para tocar la trompeta como solo un endemoniado podría hacerlo. Solo los endemoniados pueden tener tanta furia. Ser un jazzmen era una suerte de misántropo, ¿cuánta tenía razón Groucho Marx al decir que el no podría pertencer a un club que le considerara su miembro? Yo no quiero pertenecer a un club que me acepte a mi como socio. Por eso Woody Allen lo cita en su epígrafe visual de Annie Hall Woody es un músico que en sus ratos libres. Las uñas me despidieron esa noche, como si las uñas fuesen lo único que me interesaban de ese hombre. Escuché los discos que me dio Bela y guardé tímidamente ese Gratest Hits que tenía por culpa de esas revistas que compraba mi padre. Hacía un año que conocía a Bela y estaba tan embebido en mi educación que no escuchaba lo que decían de mis continuas visitas a la mansión del viejo. Que el era un pederasta y yo era la tierna víctima que entre inocente y complaciente iba a visitarlo todas las noches. No me importaba, mi sed de conocimiento hacía que todos los murmullos los acallase mi necesidad. Necesitaba a Bela y sus consejos mi madre me regañaba, mi padre nunca estaba en casa. Como molesta el conocimiento, como incomoda en una sociedad como esta un hombre libre. En las noches de luna llena no aullaba Bela sino que sacaba unos tabacos de extraño olor yo fumaba con Bela y escuchaba tranquilo los sonidos del jazz. Fueron mis mejores vacaciones.


21 de marzo de 2012

NUESTRAS IMAGENES. Apuntes sobre las Becas del Bicentenario

Ante un auditorio prácticamente vacío se exhibieron los ganadores de la beca bicentenario. Es una pena que sumada a las críticas injustificadas y resentidas de muchos de los que perdieron se sume la desinformación o el mero desinterés con el que se difundió la exhibición de los dos cortometrajes y el documental. No es mi intención habla de ese gran atributo santandereano que es la envidia sino que quisiera centrarme en la necesidad que deben tener los bumangueses de apreciar estos tres trabajos, una necesidad que se le ha venido negando sistemáticamente.

Hasta el momento las becas se han venido entregando como mero formalismo. Conjunto a la entrega del dinero debería hacerse un trabajo serio de difusión donde puede establecerse un diálogo directo con el realizador. Eso al menos en el marco del festival de cine no se pudo dar.

Hablando ya de los tres audiovisuales son muchos los aspectos para resaltar. El más notable de ellos es la calidad técnica. Independientemente de la forma, prima en cada uno de ellos una habilidad, una limpieza en las imágenes, en el sonido. Los dos argumentales por ejemplo poseen un lenguaje cinematográfico sólido, se entienden sus intenciones, las angustias de los personajes, la trama. Contar una historia en imágenes es muy complicado y creo que tanto La hormiga y el coronel como en Love Story revelan que detrás de la cámara hay oficio y la verdad sería muy importante que los realizadores tuvieran mas oportunidades de plasmar sus historias, sus obsesiones en un trabajo audiovisual para constatar la evolución que seguramente tendrán, una evolución que se ve cada vez más palpable en la obra de Frank Rodriguez. A continuación trataré de esbozar un comentario sobre los tres trabajos.

Love Story: Solo se puede hablar de lo que se sabe. Existe un universo pre establecido, bajo ese mundo y esa obsesión se cuecen las grandes obras. Conocí a Mario Niño en el 2003, justo cuando planeaba y concretaba su maravilloso documental sobre esa tribu urbana tan desconocida y compleja como son los cumbieros villeros. Nueve años después ha tenido el valor de ser consecuente ante sus demonios y se ha expuesto sin respuesta ante su argumental Love Story.

 En una región sin tradición cinematográfica es muy refrescante notar un universo, una obsesión, un tema manejado con la seriedad y compromiso que pueden dar los años de investigación. Los muchachos que convulsionaban ante la miniteca arriba del san Andresito de la 15 vuelven a aparecer una década después enmarcados en otros actores, en otras posiciones y con la posibilidad de hacer un argumental con ese mundo que el conoce tan bien.


En un artículo difundido hace unos meses por internet se le criticaba a Niño por su obsesión con el mundo de la cumbia, como si el no pudiera hablar de eso. A mi me parece válido que Mario sea consecuente con sus obsesiones, los grandes autores siempre hablan de lo mismo. El ha decidido mirar la ciudad desde el punto de vista de la periferia, de las bailantas. Para esto decidió contarnos una historia sencilla, la del joven humilde que quiere invitar a salir a la chica que le gusta y que para impresionarla necesita comprarse unos zapatos bonitos. Uno como espectador todo el tiempo está pensando en que el personaje principal va a cambiar su trabajo de vendedor ambulante de películas piratas por el de asaltante a mano armada, pero no, es un joven puro, querible, sus amigos atracadores lo aprecian y por eso le dan la plata para que el mismo se compre los zapatos. Justo cuando se acerca el anhelado momento de bailar la cumbia con la chica de los sueños vuelve a ponerse delante de él la realidad de su barrio, de su entorno. Lo que se pudo desembocar en una tragedia, el pobre joven abaleado por robarle un par de zapatos se convierte en un músical, el joven llega en el último minuto a la bailanta. Hay una explosión de cumbia, los dos amantes bailan sin importar que uno de los dos tenga los zapatos rotos.

El corto tiene algunas secuencias maravillosas. Cuando el joven se mide los zapatos tiene una bolsa de plástico en los pies, al pagar los tennis deja un montoncito de billetes sobre el mostrador y se ve a través del vidrio su propio reflejo, la persecución también me parece que está muy bien montada. Me parece que el problema que puede tener el cortometraje es la indecisión que tiene su realizador en quedarse a medio camino entre el video clip o el argumental.

Pietá, la hormiga y el coronel: Hace unos años era impensable que en Bucaramanga se pudiera hacer un trabajo de época. Mario Mantilla lo logró con mas dicha que pena. El cuidadoso trabajo en la fotografía, la dirección de arte, las potentes imágenes de esas hormigas llevando pedazos de hojas a sus guaridas ocultan algunos problemas que puede tener el corto desde el punto de vista de guión. La hormiga y el coronel tiene planos magníficos, como el del inicio, al frente del cementerio, o el de el fusilamiento del rebelde en la noche que recuerda vagamente a un cuadro de Goya. El cucarrón devorado por las hormigas en una clara metáfora al fin del imperio español evoca al mejor Peckinpah.

Este puede ser el inicio de una interesante serie de películas sobre nuestra cada vez más olvidada historia.

En cuanto al documental de Frank Rodríguez merece un capítulo aparte que dentro de poco escribiré. Lo de Frank me sorprendió infinitamente y desde ya se rebela junto con Iván Gaona como una de las grandes promesas de nuestro incipiente cine. Imágenes poderosas y hermosas pueblan un documental único, diferente, extraño, un trabajo que está todavía sin terminar pero que desde ya devela la puntada inicial de lo que estás becas pretenden: incentivar por fin nuestra propia cinematografía, nuestras imágenes propias.

14 de marzo de 2012

CUATRO CUARTOS. Los maestros tambien se equivocan

En la universidad todos hablaban de esa película cuando salió. Incluso hubo un muchacho que en uno de sus viajes a Estados Unidos trajo una copia en VHS y desde allí, como si fuera una rata hinchada comenzó a parir y a parir copias que infestaron los cineclubes de la ciudad. Siempre me resistí a verla, debe ser que en su momento vi el trailler y los movimientos convulsivos de Tim Roth me sofocaron. La vi hace dos días gracias a esa estafa llamada Netflix. En su momento significó la reaparición de Tarantino después de haber despedazado la palabra independiente con su Pulp fiction. Cumpliendo la premisa de Capra, el nombre del director volvía a aparecer en la marquesina. Quentin no solo volvió rentable a los indie sino que cimentó el poderío de Miramax y los monstruosos hermanos Weinstein.

El bravucón Harvey estaba al servicio de su niño prodigio. Tarantino era para él lo que significaba Mickey Mouse para Disney. Pase cualquier proyecto mijo que acá le será aprobado todo. Las fiestas, los premios, la fama, las rubias altas con las que siempre quiso salir pero que jamás le dieron ni un escupitajo hacían fila al lado de su casa para entrar a chuparle la polla. Bajo los efectos del endiosamiento es muy complicado tener rigor. Además estaba la presión de que todos esperaban anhelantes tu próxima obra maestra. Quentin escribió un guión de 25 hojas, si acaso sería un mediometraje pero ningún productor que tenga ganas de hacer dinero con tu nombre va a financiar un medio. A los hermanos se les ocurrió la idea, llamar a otros directores de la casa, que tal Allison Anders, porque no Alexander Rockwell, ¡eran amigos del genio! A eso sumémosle al compinche imbécil, al idiota que se nutre con la fama de tu compañero de escuela, el imposible Robert Rodriguez. Armemos pues la película, cuatro historias, un hilo conductor, el botones medio tarado, con sus movimientos de dibujo animado que va de habitación en habitación soportando aquelarres, mafiosos y los caprichos de una estrella de Hollywood.

Los tres directores convocados para soportar el proyecto de Tarantino no contaron con los mismos privilegios que el autor de Perros de la reserva sus historias serían mas cortas y además deberían pasar por las manos de tijera de Harvey. Tanto la Anders como Rockwell se sintieron humillados con el trato de Miramax. Según ellos no pudieron reconocer en los copiones que vieron sus propios trabajos. A Rodriguez lo que haya pasado con ese producto hecho a la medida del infame Banderas le tenía sin cuidado….total la rumba que se vivió mientras se realizó el proyecto pagó todos los sinsabores.
Tres historias donde prima la estética de lo feo, de lo kitch, todo exagerado, deformado por una postura que en los noventa trató de hacer escuela con Natural Born Killers y toda esas cochinadas que expectoró Oliver Stone y sus secuaces. Tres historias que tenían como único fin servir de preludio para la gran idea del prognático, además el actúa en su propio filme lo que lo hace doblemente atractivo. Por eso esperé los desafueros de la bruja Madonna, las carantoñas del imbécil Banderas, la hiperkinesis de ese actor sobrevalorado llamado Tim Roth, solo para ver el medio metraje de mi ídolo.

No creo que el guión de la parte de Tarantino haya tenido una segunda versión. Se nota que ni el mismo sabía para donde putas iba. Todo es tan improvisado, tan feo, tan incongruente….tan aburrido. Ni siquiera las conversaciones pueden estallarte la cabeza como lo suele hacer en sus películas, y eso que los personajes de este mediometraje son gente de cine. Nada funciona, el color es horrendo, las actuaciones precarias y a eso súmale que la vi un domingo en la tarde en medio del calor que dejan los ventiladores de techo descompuestos.
Cuatro cuartos enseña que hacer cine es algo muy difícil porque hasta los genios se equivocan sino se entregan completamente a un proyecto. Allison Anders y Rockwell han demostrado con sus carreras lo buenos directores que son y Tarantino, bueno, es el Fellini de nuestra época. Sin embargo es difícil ver algo mas horrible que este proyecto. Respira el tufillo independientón de que somostodosunoslocosdemierda. Una película ideal para jóvenes marihuaneros que buscan desesperadamente la ola que los saque de su letargo, la locura que los haga sentir diferentes.

9 de marzo de 2012

SMOKE. De Paul Auster. Los cigarrillos son sublimes!

Auggie todas las mañanas a la misma hora toma una foto desde el mismo ángulo, en la misma esquina. Tiene varios álbumes atestados con ese momento. La vida transcurriendo ahí, lenta y a la vez cambiante. Cuando Paul Benjamin, el escritor que va a comprarle cigarrillos en su tienda, le pregunta porque hace eso Auggie responde “Porque es mi proyecto”. Entonces nos meten esas fotos y comprendemos porque lo hace. Hay que contemplar las fotos con lentitud, mirar como un día en esa esquina hizo sol, al otro día estuvo desierta o atestada de gente, alguien dándose un beso…lo que pretendía Auggie era captar la esencia de la vida en ese preciso momento.

Mientras el escritor pase las páginas del album ve, que en una de las fotos está su esposa fallecida, lleva una sombrilla y sonrie con timidez, como si se sintiera observada. Se ve tan viva en la foto....Benjamin acaricia la textura de la foto, puede sentir su piel carcomida por la tierra desde la muerte. Esa foto es un portal. Siente el nudo en la garganta, explota en llanto, tal vez nunca ha llorado a si, ha tenido que volverla a ver, se ha asustado y a la vez ha entendido el maravilloso proyecto de Auggie.

Y está el tema de la soledad ¿no? esa que es imposible de sobrellevar si no tienes un cigarrillo a la mano. Si necesitas escribir, si llevas mil palabras y sientes que se te acaban, detente, busca en la cajetilla y enciende uno… no hay mejor consejero. Si tienes la certeza de que todos te han abandonado, que la desgracia es una vieja gorda que se ha sentado en tu sofá espántala con humo. No le temas a las consecuencias, igual la vida es un cáncer.
Smoke no se parece a ninguna otra película tal vez porque detrás de la cámara no solo está un cineasta (Wayne Wang) sino que está un escritor, Paul Auster, quien nos ha metido en la intimidad de sus maravillosos personajes, cada uno sobrellevando su propio drama, su propia soledad, flotando en el absurdo gracias a los cigarrillos. Antes de que las ligas de la salud, pobladas de viejitas prejuiciosas y jovencitos obedientes  y tecnócratas, la vida era imposible de ser llevada si no sentías en el bolsillo de tu pantalón el glorioso tabaco. Muchas veces el escritor, antes de abordar su trabajo, enciende uno, lo deja en el cenicero y allí se va consumiendo, lenta e irrevocablemente. Los encienden como los feligreses prende un cirio para adorar a su Dios. Los cigarros quien lo duda son sublimes, tienen un encanto imperecedero, son ideales para el trasnocho, para una buena conversación, para pensar, para descansar, para después del amor, de una cena, para escribir. Cuando tenía quince años pensé que todos los escritores llevaban gabán y fumaban como locos. Creí que eso era inherente. Es hermosa esa imagen ¿Saben? La de un tipo flaco sofocado en su buhardilla por el humo de su propio cigarro.

Es imposible negar que no causen enfisemas y todo eso. Pero ha salvado a muchos del suicidio. Tal vez ha salvado a más gente de la que ha matado. Un cigarrillo sirve para reconciliarte con la vida. Paul Benjamin sufrió la muerte de su esposa abaleada por unos ladrones que no supieron robar un banco. Después de la desgracia perdió las ganas de escribir y más de una vez habrá intentado, como quien no quiere, elevarse en una calle, pensar en dos palomas destrozándose una a otra en la plaza Tiananmen y que una camioneta lo haga fundir con el asfalto. Lo pensaría más de una vez mientras aspiraba el humo que redime, es reconfortante saber que algún día vas a volver a ver al ser amado, que ni la muerte tiene el poder de separar para siempre a dos seres que se aman.
El humo te da esperanza, te resucita. Los personajes de Paul Auster han tenido que soportar unos particulares e intensos infiernos. Están allí, viven. Están vivos, ¿No es eso fantástico? En las fotos de Auggie, en el brazo de hierro de Cyrus, en los sesenta mil dólares de Rashid, ocurre el milagro, los personajes respiran a través de la pantalla.

Y el final no?, el glorioso final, mientras los créditos van cerrando la película vemos el relato de Auggie, todo lo que nos contó en su monólogo lo que nos imaginamos nos lo muestran en las imágenes. La anciana ciega abrazando al que cree ser su nieto, el pavo partido con la mano, el vino encendiendo el ánimo, la ida al baño de Auggie y el encuentro con la cámara fotográfica ¿Porque no sacarla de allí? ¿Acaso no es robada? Al salir la anciana está dormida, Auggie ya ha cumplido, le dio la felicidad de pasar una noche buena acompañada, abre la puerta, se va, se cierra la película ante nosotros, buscamos la cajetilla, encendemos el cigarrillo, el humo sabe mejor cuando se es feliz.