31 de mayo de 2013

EL REINO SECRETO. Los ágiles pasos de los hombres hoja

Entre las espesura del bosque se mueven imperceptibles los minúsculos seres que lo habitan. Los niños tienen la mirada afilada y los ven con más facilidad de lo que lo podemos hacer nosotros, algunos consumidores de sustancias sicoactivas también los pueden ver pero su alterado testimonio no es completamente fiable. Un científico está obsesionado con descubrir ese reino escondido. Ha encontrado un par de vestigios, una sillita de montar pájaros diminutas, un palito que parece una flecha. La obsesión que ha tenido con ese mundo diminuto lo ha alejado del mundo y de su hija, MK, que ha venido justamente a pasar unos días con él.

Si miras con detenimiento el bosque podrás ver que este se mantiene en una batalla constante. La visita de MK a su padre coincide con la temible ofensiva que prepara Mandrake, el amo del reino del mal y la erosión. Este oscuro villano, que viste un asqueroso abrigo de piel de murciélago pretende matar a la reina Tara y sin el poder de ella destruir en un solo día el hermoso bosque que ha tardado siglos en construirse.
Por fin los estudios Blue Sky nos entregan un producto digno, hermoso, lejos del amaneramiento insulso de las Eras de Hielo y demás productos hechos a la medida de los acostumbrados valores familiares. Acá sus guionistas apelan a la imaginación, a crear un mundo que todos desde muy chicos pensamos que podía existir, el reino que se esconde detrás de cada hoja, del verde y espeso follaje. Los hombres hoja, admirables guerreros, defienden con tesón cada árbol, cada gota de agua que mantiene el equilibrio entre nosotros, porque tal y como le dice la reina Tara a MK “La destrucción de nuestro mundo es la destrucción del mundo de ustedes”.

A pesar del mensaje claramente ecologista Epic es de las mejores películas animadas de los últimos tiempos. La tecnología ha permitido que cada uno de sus personajes haya sido construido con una técnica que bordea la perfección. El magnífico 3D (Por fin!) te permite estar dentro de la película, contemplar de cerca los pájaros que sirven de transporte a los hombres pájaros, ver la inmundicia en la que viven Mandrake y su tenebroso reino, apreciar la belleza del bosque.
No me pregunten por la trama, ya es bien sabido que hay una crisis en las historias. Nadie se arriesga y esta no es la excepción. Hay un héroe que tiene la pericia de un Douglas Fairbanks y la soledad característica de los guerreros interpretados por John Wayne, hay una princesa que necesita ser defendida, un reino atacado, un vilano que quiere acabar con todo (Es una lástima que el maldito doblaje nos haya privado del placer de escuchar la voz de Cristhopher Waltz, nuestro villano favorito), una heroína que ha llegado a salvar el reino casi que por accidente. A pesar de todos esos tópicos manoseados hasta el hartazgo, a Epic la convierte en una experiencia diferente la impresionante técnica con que le han dado vida a este universo y su maravilloso 3D.


Está lejos de tener la poesía que encontramos en La princesa Mononoke, la que hasta ahora es la obra maestra entre la animación ecologista, pero al menos gracias a Epic veremos el bosque de otra manera y seguramente en un estado mental particular trataremos de identificar entre el profundo verdor, los ágiles pasos de los hombres hoja.

29 de mayo de 2013

EL DIABLO EN EL CUERPO. Reflexiones en torno a Que viva la música y su adaptación al cine


La rubia más melómana de la literatura latinoamericana no es precisamente una mujer feliz. Al contrario, todos los días se levanta con la culpa de los que duermen hasta tarde en tierra caliente. Las sábanas pegadas al cuerpo, el mapa de la almohada dibujada en el rostro, los ojos hinchados que apenas pueden ver como dos espadas luminosas los rayos de sol que logran colarse por la cortina herméticamente cerrada.
Es el año 1972, la andanada de esperanza ha retrocedido como una ola después que se choca con la escollera.  Lo que queda es la resaca de la fiesta, pelados que deambulan por ahí en las calles, perdidos, todavía persiguiendo la ilusión, el país de cucaña que lograron deslumbrar en la década pasada. Lo que queda es salir bajo el sol calcinante de las dos de la tarde, en el peor verano que recuerde Cali, buscar un parche y caminar juntos hasta la próxima rumba. El rock está ahí, no como una pasión sino como la banda sonora de un entierro. Todos esos muchachos están prematuramente viejos, a los 19 años ya lo has vivido todo, no queda más que retroceder o refugiarse en una turbia torre de marfil donde podrás ver con comodidad  como el mundo al que pertenecías se quiebra en mil astillas.

Porque María del Carmen tiene la tristeza del muchacho que la creó. Ella es el pelado tartamudo como la Gioconda es Da Vinci o Madame Bovary Flaubert. No le pidan esperanza ni reflexión, si ella todavía tiene el pelo amarillo y espeso como una cascada de miel es porque todavía no cruza la barrera de los veinte. Disfrútenla, mírenla, dentro de poco los excesos cuartearán su rostro, abrirán boquetes en su cabello, escurrirá sus tetas, su culo siempre firme. La flaca tiene los días contados, como los tenía Andrés.
La señorita Huerta no vive precisamente en una rumba, al contrario está huyendo, sacándole el cuerpo a la muerte que la busca prematuramente. La muerte disfrazada de aburrimiento, el encierro que representa para un joven una ciudad de provincia. Un círculo con las mismas caras y esquinas, la misma música y las mismas películas. Un día cansada de despertarse tarde y para evitar destapar el tarro con las sesenta pastillas de Seconal decidió hablar. A primera vista no sentimos el dolor, si un cierto delirio, una rara incongruencia que tiene que ver con la fiebre que en ese momento está sintiendo la muchacha. Como dirían los Sex Pistols unos cuantos años después, la pelada tiene la desazón de no tener satisfacción ni con drogas, ni con alcohol. Nada la sacia. Pobre María del Carmen Huerta, el asunto no era Richie Ray o Los graduados, Los Stones o los Beatles, el asunto es que estás en un lugar dónde solo viven los jóvenes y ella ya no lo será jamás.

El gran reto que tiene Carlos Moreno y su equipo es lograr crear esa atmósfera que hace de Que viva la música un relato tan sofocante, tan insoportablemente claustrofóbico. Es una oportunidad única para mostrar en imágenes la opresión y amargura que caracterizan  a los adolescentes caicedianos. Adaptar la novela no será nada fácil, primero porque a pesar de que Andrés Caicedo contrajo desde edad muy temprana la cinesífilis su narración no está cargada de todas las imágenes que uno puede esperar, al contrario es un desahogo sincero y puro que pasa más por las palabras que por la acción misma.
Esa proliferación de la palabra fue lo que hizo completamente inviable por ejemplo que los guiones de Andrés Caicedo tuvieran algún tipo de éxito. Muy a pesar suyo la literatura le ganaba el pulso al cine, no lo complementaba. En el relato de Maria del Carmen sentimos más no vemos una ciudad. En lo que quedó de Angelita y Miguel Angel  la inacabada película que co-dirigió con Mayolo justamente vemos eso, como el guión está escrito para que los actores reciten los maravillosos pero a la vez demasiado artificiales diálogos y monólogos de los que estaba plagado el relato.  Desengañado un poco de esa incapacidad suya de dejar a un lado la literatura para pensar en imágenes es que decide afrontar su única novela ayudado solamente de las letras y por supuesto de la música.
Es una novela que se escucha, no que se ve, en ese sentido hubiera sido menos complicado hacer de Que viva la música una radio novela que una película.

Igual es muy temprano para sacar conclusiones y seguramente, como sucede en la mayoría de adaptaciones, ningún fanático de la novela quedará conforme. Todos tenemos a nuestra propia Maria del Carmen en la cabeza y por lo menos la que habita en la mía no se parece a Paulina Dávila.
 Confío el que el hábil Carlos Moreno no caiga en la tentación de convertir a Que viva la música en un pasquín donde se vean reflejados los chicos plays de esta generación. No queremos una sofisticación de esa rubia fatal que se la pasaba de rumba y rumba simple y llanamente porque tenía el diablo en el cuerpo. Queremos su infierno, la desesperación de estar confinada en las tres cruces que delimitan como un muro a Santiago de Cali.

28 de mayo de 2013

EL ÚNICO CAMINO ES LA PAZ.

En seis meses habrá paz. El nudo más difícil de desenredar ya está suelto. Hay un acuerdo sobre la tierra, para lograr este consenso la guerrilla cedió demasiado, no es la reforma agraria que esperábamos pero en algo va a servir para devolverle al campesino la tranquilidad que necesita para seguir trabajando. Nunca habíamos estado tan cerquita y ahora es cuando se viene la feroz arremetida del uribismo y todos esos sectores que se lucran con la guerra. Hay que estar preparados para ver como cualquier escaramuza de los grupos insurgentes será agrandada por la mirada de los medios de comunicación.

 Esta semana después de lo sucedido en Norte de Santander una parte de la opinión pública estaba pidiendo que se cancelaran los diálogos sin saber que los que hicieron el ataque fueron el ELN y no las FARC. A la hora de disociar no se distinguen las banderas. La campaña de desprestigio al proceso se siente en cada noticiero, en El Tiempo, en un sector de la radio. Él sólo hecho de que el cubrimiento de los diálogos en La Habana sea tan pobre es un indicio del saboteo sistemático. Los medios están allí cumpliendo la labor de desinformar, cuando lo que deberían estar haciendo es preparar a la gente para vivir en un país en paz. El cambio va a ser bastante brusco porque son sesenta y cinco años de conflicto y la gente inevitablemente ha creado una comprensible adicción a las masacres, a los secuestros, al miedo. Pocos saben que al final los que tendremos la última palabra para darle fin al conflicto somos nosotros mismos, tendremos que votar en un referendo si estamos o no de acuerdo con la paz. Yo pienso que si ese referendo se efectuara mañana la guerra ganaría ampliamente.

Los más pobres hablan de seguridad, de orden. La seguridad y el orden significan dejar las cosas tal y como están. La labor de los medios ha sido fundamental, ellos representan el ministerio de la propaganda que prefiguró Orwell y que hizo realidad Hitler. Todas las noches emergen desde el centro de la tierra las sombras que succionan nuestros recuerdos. No tenemos memoria, el gol de Falcao o el hijo de Shakira elimina automáticamente el comentario homófobo de algún concejal, el machismo de un alcalde, los actos de corrupción de un gobernador, los crímenes de un ex presidente. Si va a haber paz, dice el colombiano promedio, que esta surja de una aniquilación total de la guerrilla, que bombardeen los campamentos, ya hay máquinas super modernas que detectan el calor humano debajo de la selva más espesa, entonces ¿Qué están esperando? Que si ellos tienen secuestrados pues que también los maten, al fin y al cabo ya les lavaron el cerebro y forman parte de ellos… el síndrome de Estocolmo muchachos, el Síndrome de Estocolmo.
De poco nos sirve una paz surgida de una ofensiva militar. Si continúa la gran brecha entre ricos y pobres que hay en el país podrán acabar militarmente con la subversión pero mañana serán otros los que se alcen en armas. Paz sin justicia social no es paz.

El colombiano ignora las razones por las cuales surgió este conflicto, en el colegio no nos hablan nada de esto, para un joven la guerrilla surgió como por generación espontánea. Es gente mala que un día decidió vestirse de traje verde y botas pantaneras y decidió robar, secuestrar, extorsionar y traquetear por gusto. No hay nada que desaliente más a un niño en la iniciación de la lectura que sus primeros profesores. El colegio está allí para vetarte los libros, para que conocimiento signifique aburrimiento. Por eso si tuviéramos una educación responsable lo primero que aprendería un niño en una escuela sería la razón por la cual estamos en conflicto. Va a ser muy importante que el presidente Santos le reconozca a la opinión pública que fueron precisamente ellos, la clase dirigente de este país, la gran responsable de este conflicto que hasta hace unos años pareciera no tener fin. Fueron ellos los que traicionaron al campesino, los que mataron a los líderes surgidos del pueblo, los que dejaron en la miseria a más de la mitad de la población de este país, los que obligaron al campesino a defenderse, a internarse en la selva, a organizarse y a envilecerse en una guerra que ellos nunca quisieron. Ojalá el incongruente presidente se haga responsable de estas décadas de opresión, de esta dictadura taimada que ha pisoteado a la gran mayoría de los colombianos.

La paz está más cerca de lo que pensamos y ya nadie la va a poder detener, ni siquiera la gran mayoría de intoxicados que esperan cada mediodía el noticiero para ver como la cifra de muertos aumenta cada vez más. Los que compran el periódico solo para leer la página judicial, los que gozan con cada decapitación, con cada palabra altisonante de cualquier político atarbán. La paz con justicia social es tener salarios acordes con nuestras necesidades, un sistema de salud y educativo dignos y con acceso a toda la población, paz no es trabajar incansablemente sino tener tiempo para ver crecer a nuestros hijos, para jugar con ellos, para ir al cine o leer un buen libro, paz es no ver a los soldados en cada esquina con sus intimidantes fusiles.

Para esa paz estoy preparado, esa es la paz que quiero. 

21 de mayo de 2013

MOTEL BATES. Los orígenes del monstruo


No había vuelto a escribir sobre series simplemente porque ninguna me había enganchado. Lo intenté con Game of Thrones  pero la cantidad de nombres y las actuaciones abiertamente televisivas me alejaron de ella aunque me dejó bastante claro porque los nerds mueren por las aventuras en Invernalia. Me entusiasmé leyendo lo que decían sobre Los demonios de Da Vinci pero no terminé ni siquiera el primer capítulo, sus torpes efectos visuales y un Leonardo más parecido a un modelo de ropa interior que a un genio enloquecido hicieron que la detestara.

En una noche de desparche empecé a hurgar en Series ID una nueva producción que hubiera salido en estos días y encontré Motel Bates. El hecho de hacer la precuela de un clásico en televisión no es tan original como parece. Este año incluso lo intentaron con Hannibal y aunque no está desprovista de virtudes a mi en lo particular me pareció más de lo mismo. Y es que con el respeto que se merece el distinguido Doctor Lecter pero la hora y media de intimidad que nos proporcionó Hitchcock con Norman Bates fueron suficientes para que sintiéramos no solo piedad por su personaje sino que queríamos saber cuál fue el origen de su trauma, de esa amnesia temporal en que se sume este buen hombre antes de acabar con sus víctimas.
A & E también se preguntó lo mismo y por eso ha sacado este año la primera temporada de Motel Bates donde veremos a un jovencísimo Norman trasladarse al célebre motel con su madre, interpretada acá por una cada vez más consistente Vera Farmiga. En los tres capítulos que he visto ya se ha dejado ver la obsesión que tiene Norma por su hijo. En él ve toda la pureza y bondad que le ha hecho falta a su vida y ha establecido con el muchacho un vínculo más parecido al que puede tener una pareja de enamorados que el lazo filial que une a una madre y un hijo.

Lo verdaderamente destacado de esta serie no es la trama en si sino la manera en la que han sido construidos los personajes. Ninguno es completamente malo o completamente bueno. Ella a pesar de todos sus desafueros, incluido el de un asesinato, extrañamente siempre va a tener nuestra complacencia, al fin y al cabo es una mujer en medio de hienas salvajes. Porque en el pueblo en el que ahora viven los Bates la maldad hace rato se ha instalado en él. No es una maldad intangible sino una corrupción característica de todos esos sitios donde el dinero entra en grandes cantidades pervirtiendo cualquier tipo de alma.
No esperen pues, al menos en este inicio de temporada, al clásico joven sicópata de mirada perdida y gestos exagerados. El actor inglés Freddie Highmore (Charlie y la fábrica de chocolates, las crónicas de Spiderwick) le logra imprimir a su personaje una ternura inusitada teniendo en cuenta de que estamos ante uno de los sicópatas más famosos de la historia del cine. Vemos ya en el inicio de la serie como el joven lucha contra sus propios demonios, tratando de rechazar el destino al que parece estar condenado. La santidad y la demonización son cosas que no se eligen. Sufrimos con él cuando al lado de la cama Norman se pregunta “¿Qué me está pasando?”, nos amarramos los cinturones y nos preparamos para el viaje que tendrá el muchacho a las profundidades del infierno.

Afortunadamente este viaje se hará de manera gradual. El creador de la serie Anthony Cipriano parece no tener prisa, la sangre no aparece en abundancia aunque ya el ambiente comienza a llenarse de situaciones sórdidas. Varias subtramas comienzan a despertarse, la inquietante casa tiene un pasado tormentoso que poco a poco nos irán revelando, igual sucede con el pueblo, con el apuesto policía, con el segundo hijo de la señora Bates y por supuesto con ella misma, la creadora del monstruo.
Motel Bates es otra serie que confirma el buen momento por el que atraviesa la televisión. Esperen el fin de semana para llenarse de provisiones y vivir la angustia de los personajes, sufrir por ellos, sentirse parte de ellos mismos, un placer que antes nos lo proporcionaba el cine pero que ahora nos lo está brindado la televisión en su época dorada. 

20 de mayo de 2013

EL GRAN GATSBY de Baz Luhrmann. Los 20 en 3D


Cada fin de semana la mansión de Gatsby se abarrota de gente. Viene todo el que puede llegar desde Nueva York. El champagne y el whisky fluyen como dos cascadas donde se sumergen los que nunca están sobrios. Todos quieren olvidar los horrores de  la gran guerra, tener siempre presente que los malos tiempos nunca volverán. Son los años veinte y la economía del mundo cabalga imponente. Hay suficiente dinero como para llenar una piscina a punta de licor. Si te gusta la fiesta en esta década serás feliz.

Nadie sabe con certeza quien es Gatsby, algunos afirman que es sobrino del Kaiser, otros apuntan a que es un espía alemán, unos pocos están seguros que ha matado a un hombre. El propio Gatsby cuenta su propia historia, héroe en la primera guerra mundial, heredero de una incalculable fortuna familiar , estudiante de Oxford, un tipo preparado para ser el rey de la arribista sociedad newyorkina.
A pesar de sus estruendosas fiestas Gatsby nunca aparece en ellas. Siempre está viéndolo todo desde la ventana de su despacho, esperando que Daisy algún día aparezca entre sus bulliciosos y abusivos invitados. Ella es la razón por la cual ha amasado una fortuna, por ella es que él hace esas interminables celebraciones, es por esa mujer que ha comprado una mansión al lado de la bahía, justo al frente del muelle donde vive ella y Tom Buchanan, su déspota, racista, mujeriego y multimillonario esposo.
Francis Scott Fitzgerald fue de los primeros grandes escritores que se dejó influenciar por el cine. En esta su novela más famosa se ve el interés de su pluma por convertirse en una cámara; toda descripción apunta a crear un plano, al describir la acción Fitzgerald impone una imagen.  Esta es la razón por la cual es tan atractivo adaptar El gran Gatsby (Esta es su cuarta adaptación), por esto y por la incapacidad absoluta de los nuevos guionistas de Hollywood de crear una historia contundente, redonda… original.

Cuando se anunció que el proyecto estaba en manos de Baz Luhrmann se prendieron las alarmas. Sabíamos de entrada que al director australiano no le iba a temblar la mano a la hora de adaptar la novela como a él le diera la gana, ya habíamos visto lo que hizo con Romeo y Julieta y lo que había sacado de su cabeza en Moulin Rouge, por eso lo visto ayer no me sorprendió en lo absoluto.
La mayoría de críticos están indignados porque Luhrmann no ha respetado la célebre novela de Scott Fitzgerald, con sus afiladas uñas se rasgan el rostro por que en vez de poner a sonar a Cole Porter o a King Oliver le haya dado por ambientar las fiestas del millonario con canciones de Beyonce o Jay K. Al insípido cine de nuestros días le hace falta propuestas arriesgadas, directores que no le tengan miedo al fracaso y se esfuercen por ver en la pantalla sus propias obsesiones, necesitamos un cine que vuelva a ser de los artistas y no de los mercachifles de turno.
El aire kitsch que caracteriza las películas de Luhrmann a veces sofoca, pero al menos estás siendo testigo de algo diferente, único. Mostrar la Nueva York de los 20 en 3D es otra propuesta osada que acá funciona muy bien. Claro, uno puede achacarle a la película errores graves, como por ejemplo la pésima Daisy que escogieron en esa poquita cosa que es Carey Mulligan o el exceso de efectos especiales en los que cae la película o la última parte en donde el ritmo decrece y te empiezas a inquietar en la butaca pensando en que afuera hay una ciudad esperando por ti y que la vida es demasiado corta como para que la malgastes en una sala de cine.

Pero estos errores se terminan aceptando porque acabas de ver no una adaptación de una gran novela norteamericana sino la lectura que hace un director de cine de un clásico. El debate no debe abrirse en el hecho de si la película es fiel al libro o no, si no determinar que son dos lenguajes completamente diferentes. En ese sentido el Gatsby de Jack Clayton es recordado con cariño por cierto sector de la crítica ya que fue fiel a la idea de Scott Fitzgerald mientras que a mi me parece un ejercicio académico respetable pero absolutamente estéril y aburrido
Lo importante de este Gran Gatsby es que Baz Luhrmann está de vuelta y que el estruendoso fracaso de Australia no ha modificado su personalísima visión que tiene del cine. Con el tiempo esta película sin duda que ganará adeptos y se convertirá por qué no en un clásico absoluto. Sales de la sala de cine con la garganta reseca, esperando que te llegue el rumor de una fiesta apoteósica ofrecida por un excéntrico y despilfarrador millonario. Lamentablemente para nosotros los ricos son cada vez más tacaños.

16 de mayo de 2013

RELAMPAGO SOBRE EL AGUA De Win Wenders y Nicholas Ray. La muerte del Rey Ray


Wenders llega en la madrugada a una zona deprimida de Nueva York, se baja del carro, entra a un edificio y sube una escalera. Toca una puerta, le abre Tom, su montajista de muchas películas. Uno de sus ojos luce apagado, una herida de estar expuesto tanto tiempo a las emulsiones del cine. Wenders entra y al fondo se escucha la tos desesperada de un hombre que no puede respirar. El director alemán quiere despertarlo pero es mejor dejarlo dormir, sentarse en un sillón, tratar de descansar algo.

 Cruzar el Atlántico altera el organismo. Win piensa en el hombre que detrás de la pared tose, unos quince años atrás era uno de los directores más personales de Hollywood. Una de sus películas Rebelde sin causa se adelantó diez años a la revolución cultural de los sesenta y ayudó a cimentar el mito de James Dean. Con En un lugar solitario hizo en Dixon Steele, el guionista interpretado por Bogart, un auto retrato donde reflejaba la ira que lo llevó entre otras cosas a separarse del gran amor de su vida, la actriz Gloria Grahame.
Ignorado en los Estados Unidos, idolatrado por los jóvenes autores europeos, Nicholas Ray no sabía que era un artista hasta que los muchachos de Cahiers du Cinemá lo escribieron, una y otra vez, una y otra vez. Todo iba bien hasta que se cruzó a mediados de la década del sesenta con 55 días de Pekín una súper producción completamente anacrónica, en esa época el público buscaba historias que hablaran sobre la rebeldía juvenil, algo que a Ray le hubiera encantado, pero lamentablemente estaba atrapado en las manos de los productores que como vampiros sedientos chuparon su talento hasta dejarlo seco. Y una vez quedó el bagazo lo arrojaron al callejón del olvido. Nunca más volvería a un plató, los años de excesos y la ruina ayudaron a que un agresivo cáncer de pulmón lo destruyera por completo.

En los últimos años de vida apareció uno de esos jóvenes que lo idolatraba. Wenders lo incluyó como un misterioso padrino en El amigo americano y un par de años después, cuando la muerte ya había puesto los ojos sobre él, le propuso hacer una película a cuatro manos. La idea era ni más ni menos que mostrar la agonía de un hombre. Los miedos del director alemán son comprensibles, ¿Cómo hacer esta película sin caer en exhibicionismos, sin explotar el dolor de alguien que tiene la certeza de morir? Con los hombres duros no se corren esos riesgos y Nick Ray era el más duro de todos. El aire que respira se le clava en los pulmones como si fueran puñales, tiene que abrir completamente la boca inhalando, aferrándose. Su rostro no está lleno de arrugas sino de marcas, las marcas del padecimiento, las caricias de la muerte. Pero estamos ante un apasionado. En las mañanas, en vez de revolcarse en la cama, se limpia y va a una universidad a presentar la maravillosa Hombres errantes, Robert Mitchum y el mejor regreso a casa que se haya filmado jamás, mientras los jóvenes estudiantes contemplan la película, en el pasillo Ray se niega a ver lo que filmó, está tendido en un sofá, esperando a que se acabe, su círculo de confianza lo acompaña.
Las luces se encienden, Ray camina con dificultad hasta el escenario y allí desplegaba de nuevo su clara inteligencia. Un pensamiento que nunca se apagó, ni siquiera cuando en ese extraño sueño Ray se despide del mundo diciendo su último “Corten”.

Relámpago sobre el agua no es un documental ni una película de ficción, tampoco tiene la pedantería de una película experimental, este es el testimonio de un hombre grande muriendo. Si Sócrates hubiera tenido una cámara hubiera hecho lo mismo. No hay nada patético ni lastimero, la sensación es fuerte, estás ante un hombre al que ni siquiera la muerte puede detenerlo en su intención de seguir creando. Es una pena que no hubieran existido más películas de Ray, es una vergüenza que los estudios no perdonasen los fracasos. Cuando Ray tuvo libertad pudo hacer películas como Johnny Guitar o Mejor que la vida. Cuando tuvo que salir a filmar para ganarse un vergonzoso fajo de dólares el desgano se le notaba, como así lo atestiguan las imágenes de 55 días en Pekín.

El Rey Ray muere ante nuestros ojos, lejos de llorarlo el mejor homenaje es salir en una barcaza por el mar y poner sus cenizas en una vasija china. Sus discípulos que lo amaron hasta el final no paran de contar anécdotas de este rebelde al que ni siquiera la muerte pudo detenerlo. Entre trago y trago Wenders se aleja y contempla el mar. Una era terminaba, era 1979 y las películas cambiarían para siempre. La tecnología suplantaría al arte, la rueda de la fortuna ya había dado su dictamen.  La muerte de Ray fue el presagio definitivo, la espada de fuego en el cielo, el niño con dos cabezas.
Con la muerte del último rebelde los directores se convertirían en asesinos a sueldo.

14 de mayo de 2013

LADRONA DE IDENTIDADES. Una comedia de peso.


La mujer se sienta en la barra y ordena una ronda de tequila para todos los que estén en el bar. En un momento tendrá la atención de todo el mundo, será la reina de la noche a pesar de que su tejido adiposo apenas la deje respirar. Por la cuenta no se preocupen, desde el otro lado del país Sandy Biguelow Patterson, un responsable y luchador padre de familia pagará. Esa noche dormirá tranquilo, rodeado de una familia sacada de un cuadro de Norman Rockwell. Los problemas vendrán al otro día, cuando vaya a echarle gasolina al auto y se dé cuenta de que su tarjeta de crédito ha sido rechazada.
Pobre Sandy, no sólo tuvo que luchar desde abajo con su horrible nombre de mujer si no que ahora, cuando su destino parecía encausarse, cuando había recibido la oferta laboral más importante de su carrera, una loca a cientos kilómetros de allí le había robado su identidad. La policía no podrá hacer nada y el tendrá que dejar a su insípida esposa y sus dos lindas niñas para traer de vuelta a la criminal, obligarla a confesar y así poder recuperar su vida.

Sin pretenderlo Ladrona de identidades se ha convertido en un sorpresivo éxito de taquilla. El mérito de Seth Gordon ha sido la austeridad. No se hizo una estruendosa campaña publicitaria sino que se apoyaron en el siempre efectivo voz a voz. Aunque está lejos de ser una gran película Ladrona  es una comedia efectiva que cumple lo que promete, no te aburrirás un solo momento.
Las virtudes de la película residen casi todas en la actuación de Mellisa McCarthey. La gordita se consagra en su interpretación de una ladrona con problemas de autoestima. Gracias a ella se nos olvida un poco la incongruencia de un guion hecho con desgana, las actuaciones secundarias desprovistas de cualquier tipo de gracia (Genesis Rodriguez roza el amateurismo) y los problemas que acechan nuestra cotidianidad.
Para echar a andar su trama Seth Gordon recortó y pegó los clichés de la comedia americana contemporánea, en alguna parte hay una persecución, en otra el viaje en coche con un ser que desprecias al lado, el flaco y la gorda, los golpes violentos que todavía nos sacan una que otra carcajada. Sin la gracia de McCarthey sin duda nos hubiéramos aburrido pero gracias a su inmenso y hermoso rostro hemos pasado un rato bastante agradable.
Ha sido tal el nivel de las películas vistas en salas de cine este año que incluso algo tan poco inspirado como Ladrona de identidades no ha desatado nuestra ira santa sino al contrario, nos ha relajado y hasta nos ha hecho sonreír. Algo que teniendo en cuenta las últimas decepciones, hemos sabido agradecer.

2 de mayo de 2013

DEL MEREQUETENGUE. Reflexiones de Renson Said acerca de la marihuana.

Como consumidor de marihua que soy siempre quise escribir algo sobre La dama de los cabellos ardientes,Pero tuvo que ser precisamente Renson Said un hombre que no la fuma el que haya escrito estas acertadas líneas.




Mañana 4 de mayo comienza en Bogotá la marcha mundial de la marihuana.  Una marcha que se prolongará hasta el 27 de este mes y recorrerá nueve ciudades colombianas en simultánea con varias ciudades del mundo. No se trata de hacer una apología del consumo sino de recuperar el respeto por los consumidores, y por una planta rica en propiedades medicinales. Porque hay que acabar con la satanización de la marihuana cuyo consumo, para empezar, no es un delito. 

El delito es traficar con ella. Y este es el inicio de una larga cadena de hipocresías que ha llevado a las juventudes del mundo entero a ser perseguidas como delincuentes. ¿Por qué no es delito el consumo y el tráfico si lo es? Porque el gobierno de los Estados Unidos (que masificaron el consumo a escala planetaria a través del ejemplo de la familia Kennedy y de la industria cinematográfica) crearon luego la prohibición y con ella un negocio rentable que deja millones de dólares en la banca norteamericana. De esos jugosos réditos saca el gobierno norteamericano el dinero que le presta al gobierno colombiano para comprar armas y combatir el tráfico de drogas. Nosotros nos quedamos con los muertos. Ellos se quedan con la plata.

Todas las sociedades han consumido drogas desde tiempos inmemoriales. No hay cultura que no haya experimentado con drogas que, por lo general, son sagradas. Lo que pasa es que la marihuana es peligrosa para las autoridades: abre las mentes, eleva el espíritu, relaja el cuerpo. Y lo que se necesita son seres humanos que actúen como máquinas y  no como ángeles

Fumar hierba no es malo. Lo que es malo es prohibirla para que se formen organizaciones criminales que la trafican. ¿Por qué no existe el cartel de la aspirina? Porque la aspirina es legal. Sin embargo, en Estados Unidos mueren 25 mil personas al año por sobre dosis de aspirina. Hasta ahora nadie ha muerto por fumar marihuana. ¿Cuántos mueren por el consumo de alcohol? ¿De cigarrillos?  ¿De hamburguesas? Sí, ya sé, la hamburguesa no es una droga, pero conozco muchos adictos a la comida chatarra cuyo promedio de vida es bastante corto en comparación con el que fuma hierba.
Fumar marihuana no debe ser un motivo especial de orgullo. Pero tampoco de vergüenza. Toda mi generación la ha probado: en la Universidad, en el trabajo, en las esquinas del barrio. Con las novias o los amigos. En las fiestas y en los paseos. Y de todas las formas: en papel de Biblia, en varillo corto, en varillo largo. Un amigo la fuma a través de una manzana y se le dibuja en el rostro la expresión del hombre que está inventando una manera de respirar por los ojos.
Yo he compartido muchas fumadas con amigos abogados, periodistas, comerciantes, arquitectos, sociólogos, artistas y gente del barrio. Con políticos no, porque se daña la traba. Y todos los fumadores que conozco son gente respetable.
Mi madre usa la marihuana con fines medicinales. Sería bueno que también la fumara: habría menos regaños, más carcajadas:
-¡Mijo, ármeme un varillo mientras le sirvo el almuerzo
 Sería del carajo. Pero ella no la fuma, la usa mezclada con alcohol para dolores musculares. Por eso creo que cuando un policía reprime con bolillo a un fumador de marihuana (o de merequetengue, como dicen los hippies de la avenida  cero) es porque de alguna manera no soportan un dolor en la espalda.





1 de mayo de 2013

LOLITA De Stanley Kubrick. Los irresistibles pasteles de fresa


El escritor refinado que viaja a una ciudad de provincia por motivos de trabajo siempre se burla ante el arribismo que encuentra en la sociedad local. Humbert Humbert está visitando casas buscando un buen lugar para pasar sus seis meses. La casa de la viuda Haze está muy bien… si no fuera por su rolliza anfitriona. Su lengua irrefrenable marea al silencioso escritor, sus ínfulas de ser una mujer culta y de conocer muy bien “Lenguas romances” como el francés hacen que descarten de plano cualquier posibilidad de ocupar la habitación disponible. Ni siquiera el hecho de que la buena señora Haze recalque que ella cocina “Los mejores pasteles de fresa de la ciudad” hace que Humbert piense por un momento en aceptar la oferta.

 Por pura formalidad le pide el teléfono para llamarla en otra ocasión. La viuda, acostumbrada últimamente al rechazo sistemático de cuanto hombre se le cruza en su camino le pide tan sólo que la acompañe a ver el jardín. “Nadie puede resistir su belleza” de mala gana el escritor la acompaña y allí ve entre los cerezos en flor, a una jovencita de doce años de perturbadora belleza tomando en bikini el sol. Viéndolo bien la casa no está nada mal. El huraño novelista le pregunta a la casera cuando podría pasarse, ella responde con el corazón en el pecho e imaginando que por fin después de siete años sin marido una mosca ha caído en la telaraña, que se puede pasar ahora mismo si quiere. El hombre acepta complacido. Cuando ella le pregunta cuál ha sido el motivo por el cual él cambió de opinión, Humbert Humbert responde mirando de soslayo a Lolita “Han sido los pasteles de fresa”.

De esta manera, jugando al borde de la censura, justo antes de la revolución sexual, el joven director Stanley Kubrick pudo adaptar la polémica novela Lolita de Vladimir Nabokov. Cerca de año y medio duró el proceso de pre-producción, primero convenciendo a los productores de la MCA que la película no trataría un tema escandaloso sino que tan solo lo bordearía, después argumentándole a una estrella de peso que el hecho de que fuera a encarnar al escritor pedófilo no constituiría el final de su carrera sino que al contrario, sería todo un reto. Estuvieron a punto de hacer firmar a Lawrence Olivier pero el actor inglés declinó en último momento. Cuando empezaban a mirar actores de menor calibre apareció James Manson, quien en un primer momento había rechazado la propuesta pero que acosado por graves problemas económico decidió jugársela y aceptar encarnar el papel de un sicópata solapado, frío y pedófilo. Una de las grandes virtudes de Manson es que a pesar de que Humbert Humbert es un ser despreciable logras sentir algo de simpatía gracias al talento de este gran intérprete.
Otro reto fue el de conseguir a Lolita. Se cuenta que Kubrick le hizo casting a más de ochocientas jovencitas hasta que apareció Sue Lyon, una preciosa actriz de catorce años cuya cara y simpatía recordaban peligrosamente a los pasteles de fresa. Le envío la foto a Nabokov y este no tardó en responder en que efectivamente esta era la Lolita indicada.

Esta no es solo una película sobre un cincuentón enamorado de una niña de 12 años sino sobre la obsesión que pueden tener los seres humanos con respecto a un ideal y la desgracia que conlleva tratar de transformar esa fantasía en una realidad. La viuda Haze (Otra vez Shelley Winters haciendo de una mujer burlada y maltratada por su esposo como la viéramos vilipendiada y humillada por Robert Mitchum en La noche del cazador ) se enamora perdidamente no de Humbert Humbert sino de esa idea de no volver a dormir jamás otra noche sola en su cama. Cuando logra acceder a ese sueño se da cuenta de que la realidad no es tal y como ella esperaba. El escritor prefiere estar horas en el baño que compartir el lecho con su rolliza esposa. Cuando Humbert Humbert logra su botín y se queda viviendo con la muchachita se da cuenta de que la excesiva diferencia de edad no es otra cosa que un abismo que los separa inexorablemente. El dolor que alguna vez sintió la viuda Haze, esa rabia que puede conducir a alguien al asesinato es el mismo que ahora el novelista siente.

Mención aparte la escogencia de Peter Sellers para que interpretara al dramaturgo Quilty, el tipo con más onda del lugar, el treintañero por el cual todas las chicas de quince están locas, el vampiro sicótico que va detrás de su presa no tanto por el placer que le daría revolcarse en su cama con una ninfa sino por desagradar al monstruo que se le ha adelantado llevándosele la presa. Como ningún otro director Kubrick logró explotar la versatilidad que tenía el cómico inglés a la hora de interpretar varios papeles dentro de una misma película. Esto se verá todavía con mayor amplitud en el proyecto inmediatamente posterior , El doctor Strangeloved.
Pocas películas de dos horas y media tienen la potencia y el ritmo que presenta este clásico que a sus cincuenta y dos años todavía puede verse con el mismo interés que se vio en su estreno. Esta es la película que partiría definitivamente la filmografía de Stanley Kubrick en dos. Después de Lolita no volvería a trabajar en Estados Unidos y se afincaría definitivamente en su fortaleza inglesa.
Fortaleza en la que permanecería hasta su sorpresiva muerte tres décadas después. 
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