12 de julio de 2014

ARGENTINA GANA EL DOMINGO.

De eso no hay duda y si al frente está la máquina alemana mejor para ellos, entre más grande sea el contrario más huevos y fútbol ponen estos guerreros.
 Argentina es el rival que nadie se quiere encontrar en una final. La mayoría del periodismo deportivo colombiano haciendo gala de la mezquindad propia del mal vecino, ha recalcado que Argentina ha llegado al último partido gracias a un calendario que le resultó más que favorable, desconociendo que en un mundial de fútbol no hay contrincantes débiles. Suiza y Bélgica eran los equipos llamados a ser sorpresa en este mundial y Argentina les ganó siendo infinitamente superior, así hayan necesitado de la prórroga para derrotar a los helvéticos.
Contra Holanda jugaron un partido ríspido, duro, táctico y aburridísimo. Sabella decidió esperar y contragolpear pero los de Van Gaal no dejaron los espacios que el domingo darán los alemanes. El planteamiento vertical y ofensivo de Joachim Low le viene como anillo al dedo a esta Argentina, más cercana a la especulación de Bilardo que la fantasía de Menotti.

No hay nada más peligroso que enfrentar a un onceno argentino cuando estos tienen la sangre en el ojo. Es que los Messi, Higuian, Agüero y Mascherano tienen una deuda pendiente contra los germanos: el humillante 4-0 recibido en el último mundial. Los gauchos no duermen bien desde esa noche surafricana en la que Klose y Muller destrozaron el sueño de Maradona de convertirse en el tercer hombre, después de Lobo Zagallo y Beckenbauer, en levantar la copa del mundo como jugador y como técnico. Los dioses del fútbol le han dado la oportunidad de vengar esa goleada sólo cuatro años después y justo en una final.
Pero las ganas de revancha no sólo vienen de ahí. Hace 24 años, cuando los rioplantenses jugaron su última final, perdieron frente al mismo rival del domingo y con un discutidísimo penal que decidió pitar el árbitro Mexicano Edgardo Codesal. Argentina nunca ha perdido tres veces consecutivas con un mismo equipo en la historia de los mundiales y esta no será la excepción.
No creo que el 7-1 contra Brasil sea garantía de nada, al contrario, uno podría argumentar que la fuente de goles de los paisanos de Nietzsche se ha agotado. Pachorra tomó nota y sabe que si se corta el circuito creativo que han establecido Kroos y Khedira los teutones no llegarán con la facilidad que arrasaron a los defensas del Scratch . Eso no será fácil para el jefecito y Biglia: ellos tienen media hora de juego más que los alemanes, quienes, además, decidieron caminar el segundo tiempo  contra los anfitriones ya que con el lapidario cinco a cero con el que cerraron la parte inicial habían sentenciado la semifinal.
Es una final hermosa, qué duda cabe, una final en donde Alemania podría  convertirse en el primer equipo europeo en ganar una copa del mundo en suelo americano. Por el lado argentino buscan convertirse en tri-campeones justamente en el Maracaná, el templo más venerado por sus tradicionales rivales de área. Un triunfo que haría aún más doloroso el estridente fracaso brasilero.
El domingo a las tres de la tarde poco importará que la albiceleste haya entrado a la final por la puerta de atrás, que Messi esté mermado físicamente y que Alemania con su goleada a Brasil el pasado martes haya partido la historia del fútbol en dos. No sería la primera vez que un equipo débil en el papel derrote al más fuerte, Alemania es fiel testigo de eso cuando, contra todos los pronósticos, derrotó a Hungría en el 54 y a la Holanda de Cruyff 20 años después en Munich.

Una final antológica, maravillosa, el colofón que esta maravillosa e inolvidable copa del mundo merecía. Una copa que estamos seguros se quedará en el continente y que hará que Lionel Messi por fin haga parte de la santísima trinidad del fútbol, dos puestos más abajo que Maradona y uno por encima de Pelé.

27 de junio de 2014

LOS PECADOS DE SECRETO DE CONFESIÓN Por: Darío Monsalve.

Luego de un efectivo tráiler que dejaba en el ambiente la idea del arribo a las pantallas de un thriller poco menos que perturbador, Secreto de confesión (2013) se evapora, se pierde en el aire de sus propias inconsistencias.   

La cinta de Henry Rivero, en un orden casi que aleatorio, narra el descender (a regañadientes) del infierno al sótano de un grupo de personajes entre cuyas faltas para no merecer misericordia en esta tierra sombría que se menciona como Colombia está el inmiscuirse en un delito que incluye un coctel de políticos, sicarios, multinacionales y muchos millones.
En medio de estos elementos, que por poco no alcanzan a ser personajes, excepto en el caso del senador Ruiz, quien a través de Luigi Sciamanna logra transmitir la frialdad del corrupto empedernido, se encuentra la figura principal representada en el teniente Restrepo (Juan Pablo Raba).

Este policía lleva sobre sus hombros la responsabilidad de resolver la cadena de homicidios desatada desde el inicio, primero, como deber por su trabajo, segundo, como placer de su sentido de la justicia y, tercero, porque a lo largo del relato van surgiendo en el personaje motivaciones oscuras e inquietantes (desde alucinaciones con la imagen de su padre hasta el inconfesado deseo por una mujer, hija de una de las víctimas) que sacan a flote su verdadera naturaleza: Restrepo es un tipo violento y reprimido en busca de pretextos para reaccionar agresivamente.
La por igual atención prestada por el director a estas disímiles razones, así como un asfixiante trabajo de cámara sobre el rostro de los actores a lo largo del rodaje, constituyen los principales reparos para que el hilo conductor de la historia se convierta en una atropellada madeja cuyas vueltas no logran atrapar del todo la emoción de los espectadores.
Si a esto se suma que la película viene cargada de un componente religioso y moral que busca mostrarse a toda costa, como un gato que se ahoga, el sabor que deja Secreto de confesión es el de un archipiélago de subtemas en que en el paso de un valor a otro a veces naufragan escenas completas. Sólo por momentos, escasos de cualquier modo, las impostadas reflexiones del “justiciero” Enrique (Marlon Moreno) o la angustia del senador Ruiz hacen llevadera la asistencia a la sala.
Un conjunto cuyos aciertos de interpretación y técnica pueden apreciarse solo fragmentariamente y con pinzas, Secreto de confesión es un plato frío que para nada incita a saber de qué venganza se trata.


LOS PECADOS DE SECRETO DE CONFESIÓN. Por: Darío Monsalve.

Luego de un efectivo tráiler que dejaba en el ambiente la idea del arribo a las pantallas de un thriller poco menos que perturbador, Secreto de confesión (2013) se evapora, se pierde en el aire de sus propias inconsistencias.   

La cinta de Henry Rivero, en un orden casi que aleatorio, narra el descender (a regañadientes) del infierno al sótano de un grupo de personajes entre cuyas faltas para no merecer misericordia en esta tierra sombría que se menciona como Colombia está el inmiscuirse en un delito que incluye un coctel de políticos, sicarios, multinacionales y muchos millones.
En medio de estos elementos, que por poco no alcanzan a ser personajes, excepto en el caso del senador Ruiz, quien a través de Luigi Sciamanna logra transmitir la frialdad del corrupto empedernido, se encuentra la figura principal representada en el teniente Restrepo (Juan Pablo Raba).

Este policía lleva sobre sus hombros la responsabilidad de resolver la cadena de homicidios desatada desde el inicio, primero, como deber por su trabajo, segundo, como placer de su sentido de la justicia y, tercero, porque a lo largo del relato van surgiendo en el personaje motivaciones oscuras e inquietantes (desde alucinaciones con la imagen de su padre hasta el inconfesado deseo por una mujer, hija de una de las víctimas) que sacan a flote su verdadera naturaleza: Restrepo es un tipo violento y reprimido en busca de pretextos para reaccionar agresivamente.
La por igual atención prestada por el director a estas disímiles razones, así como un asfixiante trabajo de cámara sobre el rostro de los actores a lo largo del rodaje, constituyen los principales reparos para que el hilo conductor de la historia se convierta en una atropellada madeja cuyas vueltas no logran atrapar del todo la emoción de los espectadores.
Si a esto se suma que la película viene cargada de un componente religioso y moral que busca mostrarse a toda costa, como un gato que se ahoga, el sabor que deja Secreto de confesión es el de un archipiélago de subtemas en que en el paso de un valor a otro a veces naufragan escenas completas. Sólo por momentos, escasos de cualquier modo, las impostadas reflexiones del “justiciero” Enrique (Marlon Moreno) o la angustia del senador Ruiz hacen llevadera la asistencia a la sala.
Un conjunto cuyos aciertos de interpretación y técnica pueden apreciarse solo fragmentariamente y con pinzas, Secreto de confesión es un plato frío que para nada incita a saber de qué venganza se trata.


9 de junio de 2014

AL FILO DEL MAÑANA. ¿EL FUTURO DEL CINE ES EL VIDEO JUEGO?

Los que vinieron del cielo en llamaradas de fuego  se han esparcido por Europa en lo que parece ser la invasión final. Ellos parecen conocer todo sobre nosotros: cuál será el próximo movimiento militar, que necesitamos para vivir, dónde están nuestras reservas, que pensamos, que somos. En cambio lo único que sabemos de ellos es que un día bajaron de las estrellas y que nada, absolutamente nada, los puede destruir. No más.
Todo eso cambiará cuando el más cobarde de los militares le dispare a las fauces feroces de un alienígena de ardiente cabellera destrozando su cabeza y de paso recibirá un baño de ácido que lo sumergirá en un bucle del tiempo. Él volverá cada vez que pueda, arrastrado por un remolino temporal, a ese campo de batalla, cada vez más valiente, más sabio, más fuerte y conociendo palmo a palmo los complejos vericuetos del juego.

Después de los fracasos que constituyeron La era del rock y Oblivion, Tom Cruise vuelve a protagonizar un apocalipsis alienígena. Si, por supuesto que él será el salvador de la especie, pero, a diferencia de la valentía mostrada en anteriores papeles, en Al filo del mañana se presentará como un mediático y cobarde oficial que por un afortunado accidente puede acceder a los poderes que se necesitan para vencer a una raza tan tecnificada y hábil que tiene la capacidad de manejar el tiempo a su antojo.
El reto para Doug Liman a la hora de adaptar la compleja novela All You Need Is Kill del japonés Hiroshi Sakurazaka, era hacer creíble, en la inmensidad de una pantalla de cine, el precepto nietzscheano del eterno retorno, aspecto que ya habíamos visto con acierto en El día de la marmota, con la que incomprensiblemente se le ha comparado. Si bien en la estructura podría tener un parecido a la joya de Harold Ramis, habría que buscar las influencias de esta película en los videos juegos.

Desde hace una década es bastante común que reputados guionistas de Hollywood, abandonados por la cruenta política de los estudios, hayan recaído en la industria del video juego, ayudando a que muchos  de esos programas tengan complejas tramas que desconciertan y entusiasmen a la vez a los jugadores. Al filo del mañana, en la adaptación libre que ha planteado Doug Liman, posee la rara cualidad de sumergirte en sus reinicios y, de cierta manera y gracias a su realista 3D, te hace partícipe del juego. A veces, mientras ves volver de la muerte una y otra vez a Tom Cruise, crees que tienes entre tus manos un control y desde allí diriges los movimientos de tu personaje.
Cine interactivo en donde tienes ante ti las variantes y perspectivas que puede presentar, como si fuera un Rashomon hipermoderno, las acciones de sus personajes. Para lograr la proeza de expulsar de la tierra a los invasores Tom Cruise estará acompañado de una hermosa y tenaz Emily Blunt. La química entre los dos es evidente y la joven y angelical actriz, logra hacer creíble la rudeza inclaudicable de su personaje.

Sin la publicidad que uno podría esperar de una película con un presupuesto descomunal y con un dos estrellas protagonizándola, Al filo del mañana es la propuesta más original que podemos encontrar en nuestra cada vez más intrascendente cartelera nacional. Es la oportunidad, además, de ver a Tom Cruise usando sus dotes actorales que creíamos perdidas para siempre, sorprendiéndonos al principio de su cobardía y luego, a medida que cada vez se reinicia el juego, admirar su destreza de avezado jugador.

No tardará el día en el que este tipo de películas las podamos ver con un control interactivo en las manos y nosotros dirigiremos los ataques, las estrategias, la duración de la película. Cada espectador de la sala del cine verá la trama que quiera y destruirá, a su gusto, a los monstruos que amenazan el mundo. Desde que cumpla con la sana función de divertirnos el cine estará salvado, así las películas se parezcan cada vez más a un videojuego. 

20 de mayo de 2014

OTRO IGUAL De Luis Jesús Hurtado. Cine regional de calidad

Creí que iba a tener mi más profunda indulgencia a la hora de valorar Otro igual, cortometraje escrito y dirigido por Luis Jesús Hurtado. A la hora de ver los video clips o cortos que se hacen en la región uno tiene que llenarse de misericordia y decir que son buenos siempre teniendo en cuenta el contexto, la pobreza del presupuesto, la falta de profesionalismo de los técnicos y caer en el lugar común de escribir que fue tan sólo “un buen ejercicio” y pasar por alto la incapacidad que tenemos para contar una historia, para darle continuidad a un relato, para sacarle a nuestros inexpertos actores un sentimiento real y no esas muecas histéricas que sólo revelan una completa ineptitud.
Así, pensando en usar mi lado samaritano, me puse a ver el relato de una familia de campesinos sobre los que caerá la furia de un paramilitar y su sierra eléctrica. Que emocionante es decir que no sólo la historia fluye como un manantial, que al guion no le sobra ningún diálogo, que las actuaciones de Wilfred Dascon Viana y D.S. Carol son precisas, económicas y que uno en esos 15 minutos que dura el cortometraje, puede sentir afecto, compasión y temor por lo que les pueda suceder a los personajes.

A Hurtado se le nota todo el cine que ha visto, se le nota que le gusta Sergio Leone y entendió que el paisaje cucuteño, árido y áspero en dónde solo crecen cactus y flores con espinas, da para crear una atmósfera de western.  Las metáforas que el usa mostrando el ganado, la trituradora de caña, las cruces que tiene el paramilitar en su gorra y el temor de un hombre que toma la sopa a sabiendas de que va a morir, son momentos de una alta carga poética, momentos inéditos dentro de un cine regional que está buscando renunciar a la anécdota personal, al chiste flojo convertido en historia, para convertir en imágenes todo el horro que padecimos a finales del siglo pasado por culpa de la expansión paramilitar en el Catatumbo.
Ver a Iwo Sanmartin, entrando con una sierra eléctrica a la humilde casa de los campesinos es no sólo una referencia a Martes 13 o La masacre de Texas sino es mostrar la ferocidad con la que Mancuso, Camilo o El Osito, sometieron a sangre y fuego a los valientes labriegos de esta región.
                                                            El director Luis Jesús Hurtado
Que gusto saber que esos cursos de cinematografía que bajo la iniciativa del profesor Hurtado se están impartiendo en Comfanorte, están dando sus frutos que ya hay con qué contar historias en imágenes, o si no vean los documentales de Juan Cachastan, la poética de Cristian Yorba, el video arte de David Grimaldo, el profesionalismo de Juan Carlos Gutierrez y el humor que despliega el guion que escribió Gustavo Contreras y que está ya en etapa de preproducción. Se viene toda una generación de muchachos que decidieron sacar sus cámaras a la calle, que entiende que el cine se hace sin revanchismo de ningún tipo y sobre todo con mucha generosidad. El cine es un trabajo de equipo, no de divos ni de estrellitas locales.

Cinerama, la empresa de cine que preside Hurtado con Juan Carrillo y el gran e infatigable Rigoberto Ortegón Portilla, a quien el afecto que le tengo y el trabajo en común me inhabilitan para hablar de él, acaba de rodar Danza Falaz, cortometraje al que desde ya le deseamos la mejor de la suerte. Ya hay razones para celebrar, en Cúcuta también se hace cine! 

25 de abril de 2014

LUNA DE HIEL DE ROMAN POLANSKI.

En mayo de 1991, Jerry Kosinski, novelista y amigo de juerga de Roman Polanski desde los jóvenes años polacos, decidió agregarle a su habitual ron con coca-cola una  dosis fatal de barbitúricos. Para hacer todavía más macabro su suicidio se envolvió en la cabeza una bolsa de plástico y se metió en una bañera rebasada de agua caliente. Al otro día lo encontraron boca abajo, hinchado y entre el agua como un pez globo. Ni siquiera el hecho de haberle vendido un par de años atrás a Peter Sellers los derechos para el cine su novela Desde el jardín, hizo que la amargura no corroyera su alma.  

Polanski estaba en su chalet en Ibiza y la noticia no lo sorprendería demasiado. Estaba pasando otro de sus dilatados periodos negros . Después de Frenético ninguno de los proyectos esbozados había logrado cuajarse. Estaba ese guión inconcluso de El maestro y la margarita la novela antisoviética de Mijail Bulgakov que pensaba llevar al cine pero que al final terminaría naufragando en el mar de restricciones presupuestales que le imponían los ejecutivos de la Warner Brothers. Cansado del continuo riffi-raffe  abandona el proyecto y se centra ahora en el frío glacial de la hoja en blanco. Ni siquiera el amor que sentía por su nueva esposa, Emmanuelle Seigner, podría ayudarle a cambiar el ánimo. “Lo que la gente olvida- dijo en su momento Kenneth Tynan, reconocido dramaturgo y coguionista de su Macbeth- es que Roman es un escritor, y que como tal es víctima de las habituales neurosis literarias”.
Cómo Oscar, el frustrado escritor de Luna de Hiel, la relación con su joven esposa lo estaba asfixiando. Ya había pasado el hambre sexual y ahora venía el momento de los compromisos, de los celos y de las responsabilidades y para un chico salvaje cómo él, era muy difícil amarrarse a una sola mujer. En esos tempranos días del matrimonio, Seigner estaba obsesionada con Polanski. La sola idea de que él se fuera seis meses a rodar una película la volvía loca, así que él sabía que si aceptaba un proyecto tenía que incluir obligatoriamente a la joven actriz con la que se había casado.
Todas esas cargas tenía sobre sus hombros el director polaco cuando lo llamaron a contarle lo de Kosinski. No entendía porque razón su amigo había decidido salir por la puerta de emergencia si habían soportado todo lo peor que un hombre puede soportar. Ambos perdieron a sus madres en Auschwitz y vivieron de lleno el horror de la Polonia ocupada por los nazis. El novelista lo había soportado todo, menos las acusaciones que señalaban  de plagiario. La única explicación a su abrupta decisión reposaba en una nota que encontraron al lado de la bañera, salpicada de agua y jabón: “Me voy a echar a dormir un rato un poco más largo de lo habitual. Llamad a ese tiempo eternidad”.

No fue sino enterarse de la noticia para que Polanski reaccionara insultando por última vez a su amigo-enemigo, el hombre con el que había sostenido una relación de amor y odio durante casi cuatro décadas. Supersticioso como era, interpretó el suicidio del escritor como una señal de que debía sumergirse como fuera y cuanto antes en un nuevo proyecto que lo sacara del letargo. Los directores de cine son como los tiburones, si no se mueven se ahogan.
Cuenta la leyenda que cansado de esperar luz verde de los estudios de cine, decidió entrar ilegalmente a Estados Unidos en donde rodaría una nueva adaptación de Rebeca. Hay quienes afirman que la nueva versión cinematográfica de la novela de Daphne du Maurier, se alcanzó a rodar en Beverly Hills, en la casa del inversor y filántropo Max Pavelsky con un elenco de lujo encabezado por las estrellas Warren Beatty, Anjelica Huston y Nicole Kidman. Nadie ha visto la película y ni siquiera se puede acreditar que se rodó, pero los que leyeron el guion afirma que es una versión sadomasoquista y cruel de la versión que rodó Alfred Hitchcock en 1940. Polanski en estado puro.
Regresa a Francia, esperando que aparezcan inversionistas para poder terminar su Rebeca pero nadie quiere saber nada de El Topo Diabólico, apodo con el que lo bautizaría Roland Topor en la época de El inquilino quimérico. Alain Sarde, joven productor francés que se moría de ganas por trabajar con él, lo llama a su oficina con la firme intención de respaldar económicamente lo que él le propusiera. Polanski le presenta el guion de Morgane, un mamotreto que escribiría a cuatro manos con Jeff Gloss, conversan animadamente durante horas y el polaco ve, en el escritorio de Sarde, la novela Lunes de fiel de Pascal Bruckner, escritor francés que se convertiría con el tiempo en uno de los pocos intelectuales de su país que defendería a George W. Bush y Donald Rumsfeld.
Entre Sarde y el director se despiden con una sonrisa y un apretón de manos, no sin que antes este último le pidiera prestada la novela de Bruckner. La leyó en una sola noche y de una sola sentada y al otro día muy temprano llamó al productor y le expresó entre gritos histéricos que quería adaptar la novela. Sarde celebró la coincidencia: apenas unas semanas atrás había comprado los derechos de ella y la verdad había empezado a arrepentirse de la decisión. De inmediato se acordó un modesto presupuesto de cinco millones de dólares y se empezó a trabajar en el guion que emergería más o menos fiel a la novela.

Nigel (Hugh Grant) y Fiona (Kristin Scott-Thomas) son una pareja de ingleses bastante estirados, fríos y pudorosos que llevan siete años juntos. Como es de esperarse el matrimonio ya presenta grietas y por eso han creído que la solución para superar la crisis es irse por un periodo a la India. En el barco que los lleva a oriente se encuentran con Óscar (Peter Coyote) un americano paralítico de excéntrico comportamiento que viaja junto a su esposa, la misteriosa y sensual Mimi (Emmanuelle Seigner). Una noche en la que Fiona se retira hasta su camarote a descansar y Nigel  se queda en el bar a tomarse unos tragos, éste ve a la exótica vampiresa bailar sobre una tarima con una sexualidad desbordada. En el instante cae subyugado ante el encanto hipnótico de esta diosa del sexo. Oscar es perfectamente consciente de lo que su esposa provoca en los hombres, así que aborda al correctito y puritano inglés en la cubierta del barco y le promete ayudarlo a acostarse con su ella si es capaz de escuchar la historia de su matrimonio.
Allí, en la estrechez del camarote del paralítico, Nigel escucha la historia de este hombre que viajó de Nueva York a Paris, aprovechando que había heredado una fortuna de su abuelo, con el sueño de hacerse escritor. Esto se frustraría desde el día en que conoció a Mimi. Ahora sólo quería estar dentro de ella. El sexo los va consumiendo, devorando. Nada sacía el hambre que siente a esa mujer de aspecto gatuno, ni siquiera el látigo, el cuero, las máscaras y las cuerdas que caracterizan el sadomasoquismo. Y de pronto un día Óscar se da cuenta de que ya no la desea más, de que lo único que los unía era el sabor de su vagina y ella, que no tiene a nadie más que a ese hombre seco y arrugado que podría ser su padre, se enamora con locura y él le escupe su amor en la cara, la humilla, la degrada y siente placer al hacerlo. Lo que ignora Oscar es que el mundo da muchas vueltas y que no hay nada más terrible que la venganza de una mujer enamorada.


Con Luna de hiel Polanski no sólo vuelve a su lugar natural, el plató, sino que lo hace con su esposa, cómo se lo había prometido. Cuando un realizador dirige a su compañera de vida siempre hay complicaciones, nada más recuerden lo tormentosa que fue la relación entre Rossellini e Ingrid Bergman, o los problemas que tuvo Jules Dassin con Melína Merkoúri, ésta colaboración no sería la excepción. Ante el periodista Stephen O’Shea , Polanski  reconoció que su vida familiar fue bastante complicada en 1991 y a principios de 1992 “Cuando uno dirige y vive con alguien que se ocupa por el trabajo hay que tranquilizarle. Pero a veces uno tiende a decir: “Caya ya por favor. Vamos a vivir un poco”
Seigner no sólo idolatraba a su marido sino que lo respetaba como director. Por eso para ella esta segunda colaboración conllevaba una responsabilidad muy grande. Tenía que estar a la altura de su esposo. A pesar de su empeño y de que 23 años después la encontramos fabulosa, la crítica despedazaría a la actriz e hizo énfasis en que ella  había obtenido el papel de Mimi sólo porque era la mujer del polaco. Yo creo que Seigner está perfectamente creíble en esas dos personas que ella caracteriza en la película. Primero vemos a una joven pueblerina e inocente que aún cree en el amor y se entrega a él con pasión. Ella se vuelve pervertida porque él se lo pide, ella lee su novela infumable sólo porque él la escribió. Él es su sol y su luna, pero así como hay tribus que se revelan ante sus dioses por los males que ellos desde el cielo le envían, Mimi es capaz de destruir a su Dios, de aniquilarlo, de reducirlo a una silla de ruedas no sólo por venganza, sino para garantizar que nunca se irá de su lado. Sigue siendo convincente cuando se convierte en una despiadada vampiresa.
Peter Coyote no era la primera opción de Polanski. Él quería que su amigo Jack Nicholson volviera a trabajar a su lado pero el escaso presupuesto y las dificultades que tenía el protagonista de Chinatown para viajar a Francia, hicieron que las negociaciones se empantanaran. También estuvo cerca de firmar Jeremy Irons, en un papel que le hubiese venido como un guante, pero, según cuenta Christopher Sandford en su biografía Polanski, el actor inglés se espantó después de leer el guion que le pareció escandalosamente sádico. Coyote logra trasladar ese aire inquietante que tiene Oscar en la novela a la pantalla. Es un personaje tan sucio que provoca ponerse guantes de latex antes de tocarlo. Esa infamia y perfidia se marca en cada arruga del expresivo rostro del actor norteamericano.
Luna de hiel a pesar del escándalo en la que se vio envuelta por su tratamiento, apenas recaudó  lo invertido en ella. Las críticas no fueron muy clementes con la película y volvieron a acusar a Polanski de exhibicionista y sádico. Los rumores se volvieron agrios cuando empezaron a decir  que Seigner estaba embarazada durante el rodaje y que a pesar de eso Roman le había obligado a interpretar escenas que rozaban con la pornografía. Esta vez los guardianes de la moral y las buenas costumbres volvieron a equivocarse ya que el hijo de esa unión nacería el 20 de enero de 1993, nueve meses antes, en abril de 1992, la pareja ya había acabado el rodaje.


23 años después de la tormenta que suscitó la película , podemos afirmar que Polanski tenía razón. Lejos de haber envejecido Luna de hiel se ha convertido en uno de los testimonios más descarnados de lo que puede ser una relación de pareja. El sexo descarnado de los primeros meses, el hastío que viene después y el odio que se incuba durante años y que se arrastra como si una cadena invisible los amarrara de por vida, son las características que suelen acompañar hasta a los matrimonios más ejemplares. Paradójicamente y 23 años después Roman y Emmanuelle siguen juntos y felices, como si hubieran podido exorcizar todos sus demonios en esta película truculenta, oscura y genial. 

2 de abril de 2014

10 GRANDES PELICULAS DE TERROR. EL ABOGADO DEL DIABLO.

Mi demonio favorito se llama John Milton, vive en el último piso de una inmensa torre en Nueva York, es un hombre con mucho prestigio y buen gusto, es capaz de contar chistes en cantonés y puede recitar en griego algún pasaje del Deuteronomio. A pesar de ser dueño de un imperio a Milton eso de andar en limosina lo saca de la realidad. Para recordar todo el tiempo su origen humilde, su pasado de proscrito –recuerden que fue echado por su padre de las aburridas huestes paradisiacas en donde no pasa nada y todos sus habitantes permanecen de rodillas, extasiados ante la gracia de Dios- se desplaza por la ciudad en subte. Él es el hombre que te mira desde el último vagón, él sabe todo tu pasado y cuanta ambición puedes llegar a  tener. Él antes de ocupar su sillón en la torre más alta de Manhattan recorre todas las mañanas la ciudad en busca de uno de sus tantos hijos desperdigados en Time Square con el suficiente coraje para reemplazarlo. Son veinte siglos de intenso combate, veinte asaltos sangrientos que desgastan al más duro. Por eso necesita un aire y que lindo sería para él que alguno de sus bastardos le pueda dar un nieto. Hasta el Diablo se enternece cuando llega a cierta edad. Pero el elegido, cuesta creerlo, no vive en la gran manzana sino en una ciudad insignificante de la Florida. Hasta allá tienen que ir sus esbirros a buscar a Kevin Lomax, el abogado sin alma que nunca ha perdido un caso.

No le cuesta mucho trabajo a John Milton impresionar al brillante pero provinciano joven letrado. Este no ha soñado otra cosa con llegar a viejo y tener el poder de su mentor. Por eso, ciego de poder se deja tentar: Un apartamento para él y su ambiciosa esposa con vista al Central Park, fiestas repletas de despampanantes mujeres y todo el dinero del universo para comprarte lo que te de la gana,  son argumentos que pueden convencer a cualquiera. Y entonces, ebrio de éxito, ha caído sobre sus ojos un velo denso y negro que le impide ver como su esposa se empieza a hundir en la depresión, cómo el lujoso piso donde vive se vuelve lúgubre y feo, cómo es manipulado para defender a los peores criminales de la Babilonia de los rascacielos y cuando ya sea muy tarde, cuando todo esté perdido, el velo caerá y se dará cuenta de quién es su padre.
No me culpen por mi entusiasmo, la verdad me confieso inocente. Nunca había visto El abogado del diablo y una de estas noches, sin tener ninguna serie especial para ver me puse a verla aprovechando la irrupción en la web del sitio miradetodo. Me sorprendió constatar el desprecio con el que la crítica ha mirado esta estupenda película, una de las mejores que se hicieron en Estados Unidos sobre el quiliasmo, el miedo que siempre ha sentido la humanidad cuando empieza un nuevo milenio. ¿Recuerdan a los noticieros de la época mostrando a un poco de gringos gordos acaparando sus refugios de víveres porque abría una especie de Armagedon cibernético? Las máquinas se iban a volver locas y nadie podría contenerlas y entonces resetearían el progreso y empezaríamos de nuevo de cero, una idea que si uno se pone a pensar no estaría del todo mal.
Hollywood entonces, desde finales de la década del setenta, empezó a apostarle al fin de los tiempos, en una carrera que el escritor español Ángel Sala denominó él “Frenesí apocalíptico”. Entonces aparecieron, sucesivamente, la trilogía de La profecía en donde el anticristo tenía cara de niño bueno y una extraña mancha en el cuero cabelludo  que cualquiera podía identificar con el 666, el número de la bestia, del sur de Estados Unidos Alan Parker nos contaba la historia de El corazón del Ángel en donde un magnífico Robert de Niro nos explica porque el alma del hombre se parece a un huevo cocido, en 1994 Gary Sinise protagoniza The Stand, una serie de televisión que narra los momentos previos al apocalipsis, David Cronemberg nos muestra al anticristo convertido en un enloquecido y belicista candadito a la presidencia de los Estados Unidos, llamado a desencadenar un holocausto nuclear, toda una prefiguración de George W. Bush en su impresionante The dead zone. Ya en los noventa James Cameron nos habla del mesías y del juicio final en la segunda parte de Terminator, Rossana Arquette es poseída no por el demonio sino por un santo que viene a anunciarnos el fin en Estigma y Peter Hyams vuelve a usar a un Schwarzenneger en franca decadencia en la ridícula El fin de los días. Teniendo en cuenta que se me escapan por los menos una docena más de películas, podíamos decir que la gente no hablaba de otra cosa que de fin de los tiempos.
Pero entre todas esas la que menos ha envejecido es El abogado del diablo. A nadie se le había ocurrido que Luzbell era el dueño de una poderosa firma de abogados especializados en defender a todos los chicos malos del mundo. Que si en Uganda a Idi Amin le dio por comerse a toda la oposición, que si a Álvaro Uribe o a Pinochet lo investigan por violar los derechos humanos eso no importa, para eso tenemos a los mejores abogados del planeta dispuestos a ayudar al que lo necesite. ¿Para eso no están los amigos? Que si a Mike Cullen, uno de los constructores más prestigiosos de Nueva York le da por asesinar a toda su familia para quedarse con el seguro de vida de su esposo… bueno, de John Milton pueden decir cualquier cosa, menos que deja en la estacada a sus más fieles seguidores, por eso le dará a Cullen lo mejor que tiene: el más brillante de sus hijos.

Y la verdad que es una pena que Kevin Lomax sea interpretado por esa nulidad que es Keanu Reeves, el peor de los actores de su generación. El pobre es tragado sin atenuantes por una debutante Charlize Theron y bueno, un tipo como Al Pacino – El hombre de los ojos huecos como lo bautizó el crítico Lawrence Grobel- lo borra de la pantalla. Dicen que Brad Pitt estuvo a punto de cerrar el trato pero que no quería quedar encasillado como “El tipo que siempre pierde a sus esposas” por aquello que le pasa a Gwyneth Paltrow en Seven. Una verdadera pena y un castigo demasiado severo condenarla al ostracismo como ha querido hacerlo un sector de la crítica simplemente por este error de casting.
Una película de terror con un guion tan poderoso no debe ser olvidada tan facilmente. La conversación que sostienen Al Pacino y Keanu en el último piso de la torre Milton es alucinante. Es la mejor compra del alma que se ha visto en el cine luciferino. Abajo está de Nueva York como un simple decorado expresionista y los dos hombres arriba, hablando soterradamente de cómo se van a repartir el mundo. Ellos no son como el resto de los mortales que miran la ciudad para arriba, no, ellos miran la gran manzana por encima del hombro.
La actuación de Pacino es tan buena que a uno se le olvida por completo Keanu. Que diablo se ha creado el realizador de En busca de Ricardo III, como si en vez de alma tuviera botones que lo trasnformaran en unos cuantos segundos en otra persona: si oprimes acá te volverás frío, este botoncito verde te pone sexy, este otro te hace ver como una rata de alcantarilla y este azul te convierte en un emperador. Pacino es el diablo y es una docena de personas a la vez. En varias entrevistas el protagonista de Scarface ha dicho que no sabía cómo interpretar al demonio hasta que vio a Walter Huston en El diablo y Daniel Webster y que apenas lo vio supo que tenía que cargar de encanto y no de maldad a su personaje. El diablo tienta y seduce, sólo Dios castiga y oprime.

Realizada en 1997 El abogado del diablo no ha envejecido nada. Tiene un encantador toque kitsch que le remite uno inevitablemente a las viejas películas de serie B, con la que se emparenta en espíritu a pesar de su presupuesto multimillonario. Véanla y muéstrenselas a sus hijos adolescentes. Esta es la mejor manera de comprobar que esta película es cómo el demonio mismo: lejos de envejecer se mantiene vigente y siempre consigue nuevos adeptos.

5 de marzo de 2014

BREAKING BAD: EL INICIO DE UN MITO. Por: Darío Monsalve.

Quienes aún no han accedido en Colombia a la emisión de Breaking Bad (por canales de cable como AXN o páginas de Internet como Netflix) se encuentran ya en mora con la forma más reciente de poner a prueba la buena moral pero de un modo épico. El argumento en sí es simple, y hasta conocido por aquellos primeros entusiastas que se dejaron seducir hacia el 2005 por la precoz e inofensiva Weeds: un personaje acorralado por situaciones extremas toma soluciones extremas.

       Sin embargo, la historia de Walter White, un derrotado profesor de química que tras un diagnóstico de cáncer decide comenzar a fabricar anfetaminas para asegurar el futuro de su familia, arrastrando consigo a todo el que se interponga en su camino, va más allá. El éxito de esta serie –primer reparo con que debe luchar esta producción ante quienes se resisten a aceptar que el cine no es el cine, sino su lenguaje– se encuentra fundamentalmente en los detalles y en sus diálogos.
       Cada uno de sus capítulo consiste en una serie de piezas y frases que sueltas pertenecerían nada más que a un excelente intento por realizar el entretenimiento a que seguramente está obligada en alguna parte del contrato con que fueron pactadas sus cinco temporadas. Unido todo ello, se convierte en un gigantesco engranaje que pone en marcha un producto a la altura de grandes sagas cinematográficas.

       No es únicamente al paso de un hombre frustrado a uno que se considera el rey del mundo a lo que accedemos; ni al salto de la línea entre el pacifista y el homicida; mucho menos al de una mente científica a una criminal capaz de elaborar los planes más siniestros con tal de sacar adelante su imperio de drogas.
Desde luego, aunque sin ello el programa no sería lo que es, solo con eso sería un fiasco.
       La historia está en cambio plagada –y nutrida, lo que es otro de los puntos a favor, al igual que las memorables actuaciones del reparto escogido– de variaciones y claves que dejan a cada uno de sus personajes en una dimensión de realidad total. Por eso lo que despierta temor al espectador no es saber que existen seres como los de la pantalla, sino tener algo de ellos.
      La mujer ama de casa humilde se sabe, al igual que Skyler, tentada ante un cambio de vida que de fin a las penurias económicas de su familia, por lo que podría llegar a aceptar ser cómplice (¿no también cerebro?) de un negocio ilícito. Cualquier drogadicto sin futuro depositaría como Jesse su confianza en un plan capaz de suministrarle el vacío de vida llevada hasta hoy. Y hasta el profesional de cualquier estirpe aplaude en algún momento los fraudulentos métodos del agraciado Saul. Pero sobre todas las cosas, quien se pone al frente del televisor no deja de reflejarse –muchas veces admirándose– en las peripecias del siempre atormentado Walter White.
       Más aún, el siempre –y cada vez más, otro gancho único de la serie– atormentado Walter White, es, a su vez, un torturador eficaz que deja relucir en carne viva el cobre más brillante del ser humano: la vanidad.

       Por eso Breaking Bad es una apología a la vanidad, es decir, al hombre, en todas sus formas posibles. En ella se lleva a cabo una carrera despiadada por ser: ser el más rico, el más astuto, el más honesto, el más corrupto, el más humano. Ser o ser, esa es la cuestión. Esa norma se lleva hasta el límite y rebosa incluso en la misma técnica con que fue filmada. Las imágenes (de una plástica también particular), la edición (impecable y juguetona), la música (morfinómana en aquellas secuencias en que sin tapujos se expenden drogas como dulces o se cometen asesinatos escalofriantes) y la rigurosidad temática en materia de elaboración de drogas, la hace un deleite dentro de la insípida oferta que en su mayoría la televisión ofrece.
       Desde luego, y como en toda gran historia que quiera consagrarse, a lo largo de los capítulos la serie lanza cuestionamientos –eso sí, sin nombres– sobre aspectos sociales propios de su tiempo. En este caso no dejan de hacerse alusiones al actual consumo de drogas, al deficiente sistema de salud y al inmensurable poder corporativo, entre otros aderezos que ponen ese sabor de purgatorio al mundo recreado por Vince Gilligan y compañía. Lo de purgatorio es cabal pues saldar deudas es lo que hará sin falta cada uno de los protagonistas.   
       En cuanto al final, sobra decir que los últimos capítulos (piénsese, por ejemplo, en el inmejorable Ozymandias) son un salto al vacío dado con ansias. Lo mejor es que este salto puede repetirse cuantas veces se desee, sin ningún cansancio y con el mismo vértigo inicial.  
       Aunque ya es considerada como una de las grandes series televisivas de todos los tiempos, el paso de éste ahondará cada vez más el mito de Heisenberg, un ícono del que la cultura ya comienza a dar justa cuenta en imágenes y alusiones. La anunciada versión colombiana, sin duda, será una de las tantas buenas o malas adaptaciones (traducciones), citas y tributos que conllevan clásicos de este tipo.   
            
                    



14 de febrero de 2014

TIGRE DE PAPEL DE LUIS OSPINA . UN RECURSO NATURAL.

La primera vez que vi Tigre de papel fue en diciembre del 2007 en el apartamento de Carlos Henao en Medellín. Yo estaba viviendo en Argentina y hasta allá se esparcía el rumor, gracias a ese invento incipiente llamado Facebook, de que Luis Ospina había vuelto a hacer una gran película. Por eso, mientras pasaba vacaciones en Colombia aproveché la invitación de Carlos y nos fuimos con Marta Ligia Parra, Santiago Andrés Gómez y un poco de gente que yo a estas alturas no recuerdo muy bien a su apartamento y en una copia en VHS la vimos y yo no sé si fue porque era viernes y  el Eslabón perdido estaba  prendido y tan cerca y los ecos de los Hermanos Lebrón e Ismael Rivera subían hasta el balcón, que yo no veía la hora que se acabara rápido la película para entregarme en los brazos de la rumba. Al terminar   se llegó a la conclusión de que estaban justificadas  todas las flores  que habían tirado sobre  este falso documental. Yo asentí y seguramente habré dicho una frase hecha y una vez terminada la tertulia pues ahí si nos fuimos a emborrachar y a mí a los pocos días ya se me había olvidado el tal  Tigre de papel.
     
                                      El día del desayuno. Luis con ganas de que lo deje en paz

Pasaron dos meses desde ese día. Estaba de nuevo en Buenos Aires padeciendo la falsa primavera porteña y feliz porque gracias a El espectador vería de gorra todo el BAFICI. Luis Ospina oficiaría como jurado y presentaría Tigre de papel  en uno de los Hoyts del Abasto. Por un amigo en común logré contactarme con él. Nos encontraríamos muy temprano para desayunar la mañana  después de que se exhibiera en Buenos Aires  la historia de Pedro Manrique Figueroa.
En la sala hacía un calor de mierda porque un ratón se había atascado en uno de los conductos del aire acondicionado. Sin embargo la sala estaba llena y sudorosa.  Si bien está claro que en pantalla grande el ojo se llena más, esto que estaba viendo no correspondía al recuerdo que tenía de lo que había visto  en la casa de Henao. No bastaron demasiados minutos para confirmar que Tigre de papel era la película más original que se había hecho en el país. En la figura de este artista del collage, trashumante, aventurero, encantador, sucio, revolucionario y soñador, Ospina había hecho un retrato de la Colombia del siglo XX.  Al público parecía no importarle demasiado desconocer los hechos que se le estaban mostrando ya que lograban captar la ironía, la autocrítica que hacía un revolucionario sobre esos tiempos convulsos y confusos en dónde se creía en una utopía. Se reían y lo más loco de todo: se sentían identificados
Es que Tigre de papel no es sólo la historia de un país sino de un continente, por eso es que una vez las luces se encendieron los bonaerenses que agolpaban la sala, siempre reticentes a demostrar cualquier tipo de emoción, se pusieron de pie para aplaudir durante poco más de un minuto a la película.
Abrumado por lo que había visto madrugué y muy nervioso me fui a conocer al creador de Pura Sangre  en uno de esos hoteles que quedan cerca al Abasto. Me encontré en el lobby con Orlando Mora a quien no veía desde hace tiempo y a los pocos minutos salió Luis, vestido de negro y alto y desganado cómo puede estar cualquier persona a la que se le pretende hacer una sucesión de preguntas en ayunas. Fuimos al restaurante del hotel  y la verdad no fue una charla muy amena. Yo estaba intimidado y él no tenía ganas de hablar. Sin embargo esta conversación me sirvió para despejar algunas dudas de este laberinto que es Tigre de papel.

Para esta película nunca escribió un guion.  Su coherencia está en el montaje y es en la moviola en donde se cocinan las películas. Luis se rodea de sus amigos de siempre y cada uno de ellos va construyendo su personaje, “ Todos ellos vivieron la época que trata la película, vivieron esos sueños y conocieron a gente muy parecida a la que aparece allí. Por ejemplo Vicky Hernández que en esa época trabajaba en el teatro de La Candelaria conoció a un salvadoreño que se sabía las obras de teatro de memoria y las decía a voz en grito. Jaime Osorio tenía muchas cosas de Pedro Manrique Figueroa, de él fue la idea de llevarlo a estudiar a Alemania”.  Me dijo Luis mientras partía un melón.
 Así que P. M. F viene siendo también sus amigos, la gente que él quiere y hasta él mismo. Uno de sus trabajos en la clase de montaje en la universidad, en donde siguiendo las enseñanzas de Dziga Vertov se da la impresión de que se ha bombardeado La Casa Blanca aparece en la película como uno de los ensayos que hizo Manrique Figueroa de crear un cine-collage. El experimento por supuesto que falló y Pedro fue objeto de burlas por parte del gremio, un gremio que en ese entonces no creía en experimentaciones sino en usar el cine como un arma política. Cómo Cervantes en El Quijote, Ospina es capaz de incluirse dentro del relato y reirse de si mismo.
Anoche que la volví a ver noté precisamente la influencia que tuvo en su realización la Historia del cine de Godard. Porque no sólo la historia con mayúscula está en esta película que no es ficción, en este documental que no es verité, en esta mamadera de gallo que a veces es muy seria, sino que en esta película, como tantas otras veces, Luis Ospina se muestra como el cinéfilo que es. El homenaje al Mono Osorio es conmovedor. A Luis no le da miedo mostrar toda la secuencia de inicio de Confesión a Laura, ni  algunos pedazos de Chile no se rinde carajo, un trabajo que hizo Jaime en la universidad. El respeto y el amor que siente hacia todos sus amigos desperdigados por el mundo se nota en esta película hecha para ellos, llena de guiños y de bromas que a veces ellos solo entienden, cómo sucedía con la mayoría de películas de Luis Buñuel, uno de los ídolos indiscutidos que tuvo el grupo de Cali.

Anoche la volví a ver después de seis años y el tiempo la está convirtiendo en una obra imprescindible no sólo cómo goce estético sino como un documento para entender un país. Que difícil conseguir que una película tan ambiciosamente intelectual esté desprovista de cualquier tipo de pedantería y en cambio esté revestida de tanto humor.
En una época en donde los cineastas deben dejar de lado la idea de hacer un cine personal para conseguir el beneplácito del público, Luis Ospina tiene todavía la valentía, el coraje de hacer las películas que él quiere. Él, que debería ser tratado como un tesoro nacional, todavía debe hacer fila en el ministerio para que le aprueben sus proyectos. A veces, cuando la salud se lo permite, se cansa de esperar y hace su película con tan sólo la ayuda de su cámara y de unos pocos buenos amigos.
La manera en cómo fue distribuida en Colombia Tigre de papel, demuestra lo desprotegidos que están los cineastas en este país. Si bien es una película vanguardista, sin concesiones de ningún tipo, un filme que sería despreciado por el espectador promedio, no puede ser que tan sólo se haya exhibido en dos salas en Bogotá y durante una semana.
La preocupación no debe ser la de tan sólo crear una industria, también hay que pensar en crear una cinematografía y no esconder estas películas sino al contrario, mostrarlas, sentirnos orgullosos de ellas y  tratarlas cómo lo que en verdad son: un recurso natural tan indispensable como los ríos, los páramos y la selva.


3 de febrero de 2014

LES REVENANTS. LA GRAN SERIE SOBRE MUERTOS VIVIENTES

La televisión mundial no para de sorprendernos. Esta vez es Francia la que nos deleita con la primera temporada de los Revenants, el más original planteamiento de muertos que vuelven a la vida de la cual hayamos sido testigos. Muchos de mis lectores se quejan todo el tiempo de mi entusiasmo, de que no es nada más que salga una serie nueva para yo cante el eureka. No señores, tranquilos que esto no se trata de tener una religión, yo no tengo la culpa de que estemos viviendo la edad dorada de las series y si hace cincuenta años los cinéfilos estaban felices porque cada año había un Rohmer, un Truffaut, un Buñuel o un Billy Wilder, acá disfrutamos la época que nos tocó vivir y gozamos con The Shield, The Walking Dead, Mad men, la grandiosisima Games of Thrones y le rendimos tributo a Walter White. No es cuestión de casarnos con cualquiera, es cuestión de disfrutar
El principal beneficiado de esta promiscuidad es el público que ha logrado combatir su soledad, su aburrimiento, gracias a los personajes que nos acompañan ahora diariamente en nuestras series preferidas. Les revenants se desarrolla en esos infiernos grandes que son los pueblos pequeños. Cuando una historia transcurre en un pueblo surcado por montañas y con una enigmática presa de telón de fondo uno se tiene que remitir, inevitablemente a Twin Peaks. Sin el humor de la alucinante serie creada por Mark Frost y David Lynch, esta historia de resucitados comparte su ambiente y su atmósfera misteriosa.

En estos primeros ocho capítulos no nos ha quedado claro de dónde han venido Simone, Camille, Víctor, los muertos que llevaban años enterrados y de buenas a primeras aparecen, cómo cualquier Jesucristo, resucitados con todo y huesos y carne. No son unos zombis del montón, esta gente no gruñe y a pesar de que se la pasan con hambre no tienen el mal gusto de arrancarnos el corazón a mordiscos. Tienen sentimientos y en algunos casos, como el de Víctor, un niño cruelmente asesinado junto con su familia hace 35 años, pueden despertar profunda compasión. Aparentemente ellos no saben porque están allí, son parte de ese misterio. Si hubiera sucedido en España o en Italia lo más seguro es que el cura local mandaría a doblar campanas y a proclamar el milagro, o habrían suicidios colectivos ya que en el apocalipsis se anuncia que el fin llegará justamente cuando los muertos se levantan de sus tumbas. Pero estamos en Francia, la tierra de Descartes, en donde todo se analiza y se piensa. El imperio de la razón. Lo mejor es tomar el fenómeno de una manera fría y pensar, pensar de donde viene el misterio ¿Qué es lo que buscan? ¿Quiénes son ellos? Y de pronto pedir que nos respondan la pregunta que desde nacemos nos atormenta ¿Existe algo más allá de la muerte?
Ninguno de ellos recuerda haber estado en alguna parte después de muertos. Es como si hubieran estado sumidos en un profundo sueño en donde todo era oscuridad y nada. Debe ser muy aburridor eso de la eternidad, uno estar de rodillas en un piso de nubes gozando de la dicha de estar con el señor. Pero ellos no experimentaron nada, tan sólo volvieron, sin siquiera estar conscientes de que un día se fueron. Volvieron y tienen hambre e insomnio, no pueden descansar. Alguno pensará que no es justo que sigan durmiendo si ya durmieron, en la estrechez del ataúd, durante años. Que a lo mejor no quieren descansar porque necesitan recuperar el tiempo perdido. Pero esa incertidumbre, esa tristeza es lo que no los deja conciliar el sueño, como si estuvieran esperando algo, como si disfrutaran con la zozobra que puede generar  un resucitado mirándote dormir desde el sofá.
La idea la sacaron de una película del 2004 que no tuvo mucha trascendencia. Claro, hay historias que necesitan de tiempo para desarrollar sus personajes y me imagino que en 120 minutos debe ser muy complicado para los creadores de la historia poder desarrollar completamente el relato. Ahora, con la serie, han dividido cada uno de los ocho capítulos de la primera temporada partiendo de cada uno de los personajes principales. Entonces, ahora si, lo sabemos todo y a la vez sabemos menos. Es impresionante como estos escritores de series pueden ser capaces de mantener el misterio, de no develarnos nada, porque al final estamos como al principio y sólo vemos que la presa se está secando y que el viejo pueblo, que lleva décadas sumergido en el lago, ha vuelto a aparecer.

Les revenants es la gran serie europea del momento. Elegante, sofisticada y con un suspenso que poco a poco se va transformando en terror, cumple con las expectativas del espectador más exigente. En Latinoamérica la podemos ver por el fabuloso canal Max. Para los que no tienen telefónica les recomiendo buscarla en internet, hay varios blogueros que han subido íntegramente su primera temporada. Si no soportan un día más sin Mad Men o Breaking Bad, si creen que ya no hay nada bueno por estos días, sumérjanse en la angustia de estos seres que, sin pedirlo, han vuelto a la vida.

30 de enero de 2014

UN VISTAZO A NO SE ACEPTAN DEVOLUCIONES DE EUGENIO DERBEZ

Algunas voces entusiastas hablaron de milagro: por fin una película latinoamericana arrasaba en el exigente y endogámico mercado gringo. En su primera quincena en cartelera No se aceptan devoluciones recaudaba la impensada cifra de 26 millones de dólares. En México duró cuatro meses circulando en los cines y esta fiebre inevitablemente se extendería por todo el continente, convirtiéndose en un fenómeno.
Con toda la prevención del caso la fui a ver y tengo que reconocer que la película ha superado mis expectativas: no sólo es mala sino que ni siquiera es cine. Hay series, como Breaking Bad, The shield o Game of thrones en que a pesar de emitirse por televisión poseen un lenguaje cinematográfico evidente.  Exactamente lo contrario sucede con ciertos filmes en donde, como en cualquier comedia televisiva, no se cuenta una historia sino que se hilvanan sketches.

Esto que a simple vista puede verse como un defecto es precisamente el secreto del éxito de este filme. La gente que ha colmado la taquilla y que ha llorado y reído con esta comedia bipolar es casi la misma que desperdicia sus tardes de domingo viendo los capítulos atrasados de La rosa de Guadalupe o la que creció sufriendo con las desventuras que contaba Silvia Pinal en Mujer, casos de la vida real. El público de No se aceptan devoluciones es el que va al cine una vez al año, a ver algo que les haga olvidar lo horriblemente aburrida que puede resultar su vida.
Ni siquiera se dan cuenta que este bodrio es el remake solapado de Big Daddy, una comedia de 1999 del gran Adam Sandler. A las patadas ha conseguido acostar en una misma cama a Big Daddy con Kramer contra Kramer y con El extra de Cantinflas y el resultado ha sido este bombón insoportablemente azucarado.
Muchos amigos cineastas se rascan la cabeza tratando de entender porque con un argumento precario, con actuaciones bastante pobres, con uno de los finales más manipuladores y sucios que estos ojitos rojos han visto, ha podido acceder Derbez a la siempre esquiva aprobación del público. Las razones, queridos amigos, saltan a la vista.
No se aceptan devoluciones es una película extremadamente machista: el héroe es un tipo feo que se acuesta sin condón, propagando enfermedades venéreas e hijos a todas las hermosas turistas que llegan a Acapulco. Y eso le encanta a la gente
No se aceptan devoluciones enseña que si quieres acceder al sueño americano debes chocarte contra las paredes, revolcarte en el fango con cerdos y sobre todo ser obediente y obedecer. Y esa actitud de esclavo, de decir que “Yo soy un gran trabajador” le encanta al latinoamericano.
Queda claro además con No se aceptan devoluciones que de nada sirve un argumento original, lo mejor es cortar y pegar, robar ideas de aquí y de allá. El público por lo general no tiene memoria y la “cintota” que vio hoy es basura que se olvida mañana.
Y por último con No se aceptan devoluciones se comprueba de que si vas a trabajar con niños no debes permitirle al menor cualquier tipo de naturalidad: que equivocados estaban Vittorio de Sica en su Ladrón de bicicletas, Win Wenders en Alicia en las ciudades y Chaplin en The kid, quienes consiguieron en sus películas que sus menores no fueran otra cosa que niños, ni más especiales, ni más hermosos, cansones o inteligentes que otros niños. Derbez crea una niña rubia realmente irritante, con una vocecilla aguda y punzante como un alfiler en la garganta. Completamente sobreactuada, arrebatada, como si durante el rodaje le hubieran complementado el cereal que come en las mañanas con anfetaminas.  Loreto Peralta está lejos de ser la joven estrella que el aparato publicitario de la película nos quiere hacer creer. Cuando se muere – Porque si, si no la han visto de malas, la niña muere al final y ese es el gran secreto de la película- yo no pude dejar de reprimir una carcajada de gozo: para este servidor ese es precisamente el momento más gracioso de esta burda comedia.
Pero con todo y lo pobre que es la ópera prima del comediante mexicano, es incomparablemente superior a El paseo 3 y Todas para uno de Harold Trompetero. Al parecer el público también lo tuvo claro y por eso ni la secuela de Dago ni el debut de Jessica Cediel alcanzaron los números esperados. La competencia del todopoderoso Dago García vino desde México y vaya que le ha ganado el pulso: con una semana menos y con la mitad de las salas No se aceptan devoluciones ha obtenido en el país 796.309 espectadores, mientras que la tercera parte de El paseo ha obtenido 784.235. En este caso el voz a voz ha sido fundamental. En redes sociales las muchachas dicen haber salido de la sala “Con el corazoncito arrugado” después de ver como la china esa cansona moría en brazos de su padre. Esto inmediatamente repercute dentro del ánimo de los amigos de la chica que puso ese estado en su perfil de Facebook.
Ya se habla de una segunda parte y de una versión china. Derbez empieza a creerse Arturo Ripstein y llegó a decir que su película debería representar a México en los Óscar –Ignorando que Heli de Amat Escalante triunfó en Cannes y que ha sido exhibida precariamente en su país- como un vulgar mafioso está donando billete a diestra y siniestra y piensa que el futuro del cine latinoamericano está en sus manos. En televisa comparan esta porquería con La vida es bella... las cosas que tenemos que escuchar.
Y viendo como existe en este continente un afán de crear una industria por encima de una cinematografía podemos pensar que  lejos de estar equivocado tiene toda la razón: en el futuro nuestros directores no se inspirarán en Glauber Rocha, Emilio Fernandez o Víctor Gaviria, no, dentro de muy poco le pondrán veladoras a Derbez y a Chavelo quien dentro de poco estrenará su primera película como director. Dicen que será un exitazo

29 de enero de 2014

EFRAIN VASQUEZ Y LAS FOTOS VIEJAS DE CÚCUTA

Las fotos más viejas de la ciudad las tiene Efraín Vásquez Corinaldi. El Colsag en los años cincuenta lleno de muchachos jugando beisbol, el puente de San Rafael recién construido, el río Pamplonita enbravecido a principios del siglo XX como si fuera un mar, un vendedor de periódicos en plena década del noventa voceando tal vez la última de las crisis económicas.

                                    Río Pamplonita. Puente San Rafael. Década del 30

 Si quieres viajar en el tiempo no necesitas de una máquina, tan solo con darse una vuelta por las imágenes congeladas, eternas del pasado y ya verás la villa que era este valle antes de 1875, las calles adoquinadas de la antigua ciudad partidas por la mitad por las cañerías improvisadas, la devastación que vino en la madrugada en que se movió la tierra y sólo dejó polvo a su paso, los hombres que tuvieron el coraje de levantarla de nuevo, la explosión cultural de los años 20.

                                      Tertulia Callejera en Cúcuta. Década del 30

 Todo está en los recuerdos que ha venido atesorando este hombre desde hace más de dos décadas, cuando emprendió la labor que a ningún alcalde de Cúcuta se le había ocurrido: recolectar la mayor cantidad de fotos históricas de la ciudad para al menos tener una imagen de lo que eramos, de cómo vestíamos, que comíamos, que tan ancho era el río.

                                   Partido de basket en el Sagrado Corazón. Década del 50

En el año 2001 salió el primer tomo de Cúcuta a través de la fotografía, uno de los libros más importantes que se han editado en este siglo en la ciudad. A falta de una historiografía firme y veraz están las fotos que recolectó Vásquez Corinaldi, en esas imágenes está todo lo que fue Cucuta, lo que fue y lo que es. Ahora, 13 años después, Efraín ha continuado con la obra y usando las redes sociales nos deleita cada rato con algún retrato familiar tomado en los años treinta por alguno de sus antepasados. 
                                                   Acueducto de Cúcuta. 1920

Sería maravilloso reemprender este proyecto y publicar masivamente las joyas que este hombre, sin ningún tipo de ayuda, ha sabido recolectar. En esta ciudad de mercachifles y de artistas mediocres una propuesta como esta suena ridícula, ¿a quien le va a importar un libro de fotos en blanco y negro? Pero estamos en la obligación de mantener vivo el pasado así sea en estos retratos que se están descomponiendo con el paso de los años y que necesitan de una curaduría urgente. Ojalá la secretaría de cultura entendiera que cultura no son un par de peladitos bailando joropo en el parque Santander, ojalá alguna vez nos toque un secretario de cultura que de verdad sea culto o al menos inteligente.
Las fotos de Efraín necesitan ser exhibidas con urgencia, publicadas como alguna vez se hizo. ¿Para qué sirve un libro de fotos viejas? Podría decir uno de esos horrendos mercaderes que rigen nuestras vidas y nosotros podríamos responderle mirándolo a los ojos: Para que esta villa nunca caiga en el olvido, amigo mío

27 de enero de 2014

RUMBO AL OSCAR 2014. GRAVEDAD.

Un periodista mexicano le preguntó a Alfonso Cuarón sobre las dificultades técnicas que tuvo al filmar una película en el espacio. Estamos de acuerdo con que la pregunta es estúpida pero  sin duda refleja la impresión que uno tiene después de ver Gravedad. Cuesta creer que no se filmó por fuera de nuestra órbita sino que ni siquiera tuvo a su disposición un presupuesto ilimitado sino que contó con sólo 80 millones de dólares, un presupuesto irrisorio para un filme como estos.
La Paramount tenía archivado durante el proyecto precisamente por falta de billete. En el 2010 la Warner compra la idea y se empezaron a barajar los nombres de Robert Downey jr y de Angelina Jolie para protagonizar esta epopeya espacial. Antes de empezar el rodaje Iron Man decide renunciar por no tener espacio en su apretada agenda y los productores deciden no contratar a la esposa de Brad porque ella pedía 20 millones de dólares por interpretar a la científica que queda completamente sola flotando en la galaxia.

Estuvieron a punto de cancelar el proyecto hasta que encontraron a la pareja perfecta. Por ahí he leído que a algunos críticos les molesta que sea precisamente George Clooney el que interprete al experimentado astronauta que libera su tensión contando historias sobre vaqueros o escuchando canciones de Hank Williams, ya que para ellos Clooney es una cara “demasiado conocida”. A estos escépticos les tengo que recomendar que vean la adaptación que hizo Steven Soderbergh de Solaris y que me contradigan si al ex-Batman no es el cosmonauta perfecto. En Gravedad es un ángel guardián, un hombre que no pierde los estribos ni ante la más feroz lluvia de meteoritos. Su papel de Matt Kowalsky es conmovedor, entrañable y a la vez sumamente divertido.
Ni hablar de la crispación que se sintió cuando anunciaron que Sandra Bullock, esa nulidad especializada en películas para solteronas y gays reemplazaría a la Jolie. Incluso cuando vi su rostro detrás del casco de astronauta sentí que la película se iba por la borda a pesar del espectacular tráiler. Pero de más está decir que la Bullock nos ha sorprendido a todos y que su papel estremece  como no lo hacía ningún otro papel en la reciente historia de Hollywood.
Gravedad no fue filmada en el espacio como algunos pensamos después de verla. El propio Cuarón no ha dudado en decir que ni siquiera él sabe cómo la hizo. Antes del rodaje les pidió consejo a los directores más experimentados de Hollywood. James Cameron quien estuvo a cargo de Avatar le dijo que esa película era imposible de hacer si no se contaba con 400 millones de dólares. Mientras que David Fincher, el mismo de El club de la pelea le aconsejó esperar 7 años mientras se contaba con la tecnología necesaria para hacer realidad tan ambicioso proyecto.

Pero él no iba a estar dispuesto a esperar tanto tiempo así que se rodeó de los mejores arquitectos, ingenieros y técnicos para hacerle creer a ese paisano suyo y a tantos otros espectadores ingenuos que había sacado la cámara de la órbita terrestre para contar una historia. El cine es engaño, mentira y la mentira que nos ha contado Cuarón ha sido gloriosa. Los actores están flotando gracias a unas cuerdas que nadie ve flotando como si no hubiera gravedad. En algunos momentos tenían que detener el rodaje de una escena porque los actores se ponían rojos de tanto tener la cabeza para abajo. Fue un esfuerzo de casi dos años de intenso trabajo, el resultado ha sido espectacular: ante nosotros está la mejor película que se ha filmado nunca sobre el espacio.
Si, así de espectacular es y que no se me vengan encima los snobs que me van a recordar que es mejor 2001 con el único argumento de que la rodó un genio. Los desafío a que la vean, a que padezcan sus casi tres horas soporíferas. La única forma en que uno puede disfrutar la ópera de Kubrick es con una gota de LSD en la cabeza. Hasta eso le achacan a Gravedad de que es sospechosa por ser tan entretenida como si el cine no hubiera sido creado para eso, para contar historias maravillosas, envolventes, hipnóticas.
La sensación que tienes al verla es como si estuvieras en un simulador de la Nasa. Te ves allí flotando, agarrando a la persona que tengas al lado para no caer en el abismo infinito del espacio. Gravedad es una experiencia que se tiene que ver en una sala de cine y en 3D, verla de otra manera es maltratar una obra única y sublime, un clásico absoluto. Véanla una y otra vez, aprovechen hasta el último día que esté en cartelera, inviten a sus amigos, disfrútenla hasta el cansancio.
Gravedad nos deja claro que arte y espectáculo son indisolubles

24 de enero de 2014

RUMBO AL OSCAR 2014. AGOSTO De John Wells

No, no viajé a ningún lado para verla. La busqué en el sanandresito más cercano y la compré sólo por la curiosidad de snob inveterado por ver, año a año, que caprichos tienen los viejitos de la academia. Cuando me senté frente al televisor no sabía ni siquiera que estaba basada en la obra de teatro de Tracy Wetts, al parecer un clásico contemporáneo. Estaba dispuesto a pararla en cualquier momento porque uno de mis propósitos en el 2014 es no volverme a aguantar un bodrio lento y frío como una abuelita convertida en zombie. Además que al primer problema que encontrara con los subtítulos la sacaría del blueray y la arrojaría al basurero ese de discos plateados en el que se ha transformado mi patio. Ver a Sam Shepard hablando de T.S. Elliot y de lo reconfortante que puede ser una biblioteca para alejarse de los tormentos que trae la realidad me interesó. Sabía que ese no era el momento crucial para saber si la terminaría o no. Todo dependía de Meryl Streep. De un tiempo para acá había a rehusado de plano a seguirla viendo. Desde que me levanté a la mitad de La dama de hierro mi relación con esta leyenda del cine se había roto por completo.

Pero me ha cerrado la boca de un puño al haber creado este personaje “que a veces da lástima y a veces provoca estrangularla” como dijo un crítico español. Ella es Violet, una mujer adicta a las pastillas desde hace mucho tiempo y que ahora se ha exacerbado su adicción por culpa del ardor que le hace sentir en la boca un cáncer agresivo. La quimioterapia le ha arrasado su pelo y ha empeorado sus caprichos y su mal genio. El único consuelo que tiene Sam Shepard de verdad es irse a una cabañita, escribir un rato, leer a Elliot y luego ahogarse en el lago para no volver a escuchar los berrinches de su esposa.
Sus hijos han llegado a la casa para asistir al funeral. Después de enterrar al laureado poeta se sientan en la mesa a tener una cena en familia. Este es el momento más logrado de la película, una escena que recuerda la adaptación que hizo John Huston de Los muertos y la escena de la cena fúnebre que da Katerina Ivanovna en Crimen y castigo. No sé si estos diálogos magistrales, si esta atmósfera agobiante, infernal, de reproches y agresiones, tan típicas de una familia común y corriente, se deban a la obra de teatro o a la puesta en escena de Wells, lo que si se es que las actuaciones están geniales. En esa mesa están una amargada y convincente Julia Roberts, una juguetona y a la vez triste Julliete Lewis, un solapado Ewan Mcgregor, un irreconocible Benedict Cumberbacht en su papel de perdedor absoluto, una poderosísima Misty Ulman, un divertido y conciliador Chris Cooper , una rebelde Abigail Breslin y una contenida y soberbia Julianne Nicholson. Bueno, entre todos esos actores maravillosos se destaca como un sol Meryl Streep, consiguiendo su mejor interpretación en muchísimos años. Si Cate Blanchet no hubiera hecho Blue Jasmine nadie podría discutir que la amante del teniente francés no aspirara a su cuarto Óscar.

La cena es el climax de la película, si lograra mantenerse así  en la hora que le resta…. Estaríamos hablando de un clásico. Después decae un poco y termina agarrando un tufillo aleccionador que molesta un poco pero nunca tanto como para levantarse e irse. Sin duda que es una buena película, la mejor que sacaron este año los Weinstein, los grandes perdedores del Óscar ya que su apuesta, la insoportable El mayordomo, no obtuvo ninguna nominación por parte de los miembros de la Academia. A veces los viejitos tienen razón.
Esperamos verla en su formato original. La llegada a Colombia de las nominadas al Óscar se ha visto empantanada por las siempre equivocadas exigencias del público. Por ahora solo nos queda la piratería que es más efectiva y atenta que nuestros distribuidores locales.


23 de enero de 2014

YO TAMBIÉN CONOCÍ A PYRETTA BLAZE

Claro que yo también conocí a Tereza Henao, lo que ignoraba es que tuviera tantos nombres. Vivía en una pensión en San Alonso, después de haber vuelto de Bogotá con una pila de abrigos que ya no usaba. A Doña Alcira le preocupaba que durara horas encerra en su cuarto con esa tal Alejandra de Merak durante horas y todos saben muy bien la moral tan férrea que puede tener una señora que ha transformado su casa en una pensión.   Por más de que ella les hiciera un chocolatico de onces y las invitara a seguir a la mesa, estas niñas no hacían caso y seguían encerradas. Desesperada, masticando el crucifijo,  Doña Alcira ponía el oído contra la puerta . No se escuchaba siquiera el leve zumbido de su respiración.
                                            Ricardo Abdallah ya calvo a los siete años

No sabía que se hacía llamar Pyreta Blaze y que en las noches de insomnio caminaba por el pequeño Ámsterdam, tirando al aire una moneda de mil pesos que había encontrado en el bolsillo de su pantalón. La última moneda, los mil pesos con los que tendrás que sobrellevar el apocalipsis. Se sienta en la barra del Cartagenero y pide con la moneda una cerveza. Dentro de poco llegará Ávila a oírla, a soñar con que un día ella será de él y que todas esas noches en vela no han sido en vano. Darán una vuelta por el Caballo de Bolívar, la zona nocturna más desolada de Bucaramanga, el lugar donde lo único que pasa después de las 11 de la noche son atracos y trabas. Allí están caminando por entre las calles, el humo de la marihuana, como una nube viajera, los acompaña.
Claro que conocí a la que antes se llamó Tereza Henao y después se cambió el nombre a Terry Henao y por último se bautizó como Pyretta Blaze por una canción de Type o Negative  que le gustaba mucho. Ella es todas esas mujeres que uno quiso pero que nunca les pudo preguntar el nombre, ella era esas muchachas que uno veía solitarias, en el Gabinete o en Carpe Diem, vestidas de negro y de ojos grandes y melancólicos y a las cuales yo nunca pude acercarme porque nunca tuve demasiada tristeza para gustarles.
                                    Los Extrapolados. Extraño homenaje a los Hombres G

En su última novela Ricardo Abdallah ( “Seamos serios, ¿qué latinoamericano tendría un apellido que terminara en h?”) logra recrear un mundo que muchos de nosotros, los que pasamos por la UIS a principios de este siglo, logramos ver y disfrutar a punta de borracheras y plones de marihuana. Al leerla no sólo vuelvo a sentarme con el loco Isaias a jugar una incongruente partida de ajedrez sino que vuelvo a tener 20 años. La ternura con la que logra describir, no una edad sino un estado de ánimo como es la adolescencia es realmente notable y lo pone al lado de esos dos grandes adolescentes eternos que son Andrés Caicedo y Hugo Chaparro Valderrama.
Solo siendo local se puede aspirar a la universalidad, la premisa tolstoiana se cumple a rajatabla en Pyretta Blaze. Si bien algunos leemos la novela como si fuera una bitácora de viaje, para los que no estuvieron allí, en la época pre-redesociales, podrán descubrir los primeros síntomas del rompimiento, los últimos vestigios de una juventud que se deprimía o se divertía viéndose la cara, saliendo a la calle, exponiéndose al sol perpetuo y a los atracos.

En el trasfondo se siente el desencanto, las ganas de huir que da vivir en una ciudad para adolescentes como lo es Bucaramanga. Las ganas de prenderle fuego y ver desde El Picacho como la ciudad se consume, como las cenizas son subidas por el viento hasta el páramo. Pyretta, como tantos otros, huyó a Bogotá para protegerse del incendio y sobre todo de ella misma. Ciudades como Bucaramanga, como Cali  te recordarán siempre que los 25 años es una buena edad para morir.
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