28 de febrero de 2013

EL DESPRECIO de Godard. El día que murió Jean-Luc


A los 33 años Godard era el cineasta más importante del mundo. El estreno de El desprecio confirmó lo que se había insinuado con Sin aliento y Vivir su vida. Godard había nacido para cambiar la historia del cine. Se comprobaba que el cine era más importante que la vida. Nadie había iniciado un filme como él lo había hecho, mostrando de entrada sus cartas. Mientras un narrador decía quienes trabajaban en El desprecio la cámara mostraba como Raoul Coutard hacía un travelling. No más empezando el cineasta francés nos revelaba que íbamos a estar dentro de una muñeca rusa, cine dentro del cine.

Paul Javal se ha casado con una hermosa taquígrafa un poco tonta pero lo suficientemente sensible como para amarlo con desesperación. Aunque sus guiones se venden bien, incluso ya había hecho una colaboración con Nick Ray en Más grande que la vida su situación financiera no es la mejor. Por eso la llamada del poderoso productor norteamericano Jeremy Prokosh le ha abierto de par en par las puertas de los grandes estudios. El proceso de rodaje de La odisea está en un bache. Fritz Lang el director que ha contratado Prokosh tiene una visión del drama de homero que no es precisamente la del productor. Por eso el guión necesita una reescritura urgente. Como un maldito aliado del demonio ha entrado Javal en el proyecto. Lang, ya viejo, cada vez más ciego, contempla con un tranquilo cinismo su derrota. Tiene que hacer cine para poder comer. Lejos están los días de M, del Doctor Mabuse donde el controlaba sus películas. Ahora es un triste títere de los estudios.
Para mostrar la frívola crueldad de un productor Godard buscó a Jack Palance, el clásico gringo alto, fornido, de mandíbula cuadrada. Mientras ven los primeros copiones Prokosh dice saber cómo piensan los dioses. Es apenas obvio. El decide los más mínimos detalles de las vidas que conforman ese pequeño universo que es una película. Una secretaria trae los rollos, él se levanta ofuscado, los arroja al suelo, toma uno y lo tira como si fuera un disco olímpico. Por eso necesita otro guion, un intérprete al servicio de sus caprichos. Obliga a su secretaria a doblarse y encima de su espalda usándola como una mesa le firma un cheque, “Sé que necesitas el dinero” Javal le pregunta “¿Y como lo sabes?” y Prokosh responde “Porque me han dicho que tienes una esposa hermosa”.

La esposa es una provinciana inculta pero tiene la figura de Briggite Bardot en plena forma. La adoración que sentía Camille se ha trastocado en desilusión Javal ya no es el escritor idealista, el que se hubiera suicidado si no podía escribir. Ahora era otro artículo que tenía precio y se podía comprar. Así fuera por su propio bien, por darle todo lo que ella había soñado, un apartamento amplio, buena ropa, buena comida, un auto descapotable. Ante una traición de esa magnitud lo único que puede sentir Camille es desprecio.
Pero nada puede explicar el súbito desamor. Nadie deja de amar en un solo día, a no ser que los mismos dioses que atormentan a Fritz Lang vayan por Javal. Una venganza proveniente del mismo Olimpo. Godard dice sentir un desprecio profundo por los guiones, por eso resulta bastante curioso que su adaptación de la novela homónima de Alberto Moravia sea junto con La muerte en Venecia de Luchino Visconti de las mejores que se hayan hecho en el cine. A pesar de que el libro de Moravia es maravilloso la película la supera ampliamente. Godard no solo le cambia el nombre a los personajes sino que la producción que se prepara no es un drama cualquiera como aparece en el libro sino la adaptación de La Odisea. La angustia de Lang (quien acá se interpreta a si mismo) Es la misma angustia del director francés ante la adaptación de una idea que no es suya. El productor no es italiano si no un poderoso hombre de negocios norteamericano. En la boca del director alemán sale lo que Godard piensa de los productores de cine “Si yo pudiera prescindir de algo sería de los productores”.

En cada una de las secuencias están las angustias del autor francés. Cuando el personaje de Bardot se pone una peluca, poniendo en lugar de su espectacular melena rubia, un cabello corto y negro uno no puede dejar de pensar en que Jean Luc extraña a Ana Karina, la hermosa actriz que encarnó a la prostituta que llora mientras ve como ejecutan a la Juana de Arco de Dreyer en Vivir su vida. Escenas de la vida conyugal de ambos surgen en El desprecio como un testimonio de que Godard se nutre de su propia vida para hacer cine.
Pocas veces hemos visto en el cine la desolación que produce el desprecio del objeto amado. Nadie está más solo, ni más triste, ni más miserable y humillado que cuando alguien te escupe el amor en el rostro. Verla nadar desnuda en las cristalinas aguas del Adriático y saber que ese cuerpo fue tuyo y que nunca más volverás a tocar produce desesperación. Nos compadecemos de Michelle Picolli tal vez porque alguna vez hemos estado en una situación parecida. A pesar de los colores, del sol destilando brillo mientras se estrella contra el mar, El desprecio es de las películas más desesperanzadoras, más tristes que se han hecho en los 117 años que tiene este arte.

Es una pena que Jean-Luc Godard no haya muerto después de haber rodado a sus 33 años esta obra maestra. Después no tuvo mucho que decir. El maoísmo y su propio egocentrismo dieron al traste con su carrera. Es increíble que aún permanezca activo, como si fuera una figura mitológica, un monstruo jurásico anclado en una época y un cine que no es el suyo. Se le acabaron las palabras y las imágenes de una manera prematura. Para mí es como si hubiera muerto ese verano en Capri y lo hubiese suplantado un farsante el mismo que quiso adoctrinar con su maoísmo barato a miles de incautos que posaban de intelectuales aguantando esperpentos como La china o Todo va bien.
Si quieren conocer el cine y la crueldad del desamor no duden en verla. Ahí les dejo la película. Disfrútenla.


27 de febrero de 2013

LA NOCHE De Michelangelo Antonioni. El aburrimiento en los tiempos modernos.


A  Pontano el éxito le ha llegado sin buscarlo. Algunos años atrás hubiera escupido sobre él pero ahora se está dando cuenta que se siente cómodo teniendo el reconocimiento de los empresarios, de esas delgadas y largas damas de la alta sociedad. Se fuma el éxito como una droga y como tal lo necesita. Está tan embebido en su ascendiente fama que ni siquiera la terrible enfermedad Tomasso el único amigo que le queda lo logra conmover. Lidia, su mujer no sabe ya quién es él. Su cara posando hacia la cámara como si fuera un objeto más de esos que se venden en las estanterías la asquea, mejor salir de allí, caminar por las calles de Milán, ir a los suburbios, ver a los niños con la cara corchada de mugre llorar porque se han orinado y nadie les cambia el pañal, a las viejas desdentadas pelar el último pedazo de una pera, a un grupo de pandilleros pelear a golpes, a un par de muchachos tirar cohetes al aire en uno de los pocos lugares descampados que aún le quedan a la ciudad. Cualquier cosa con tal de no verlo disfrutar de su traición.

En el atardecer mientras en una bañera intenta sacarse su hastío con un paño enjabonado le pide a Pontano que se vayan de ahí, que no resiste estar en el apartamento. Pontano le recuerda que los Gherardini los han invitado esa noche a una fiesta en su villa. A Lidia no le gusta mucho la idea, lo mejor es que vayan a uno de esos bares de moda.
Allí están, sentados en una mesa, viendo el espectáculo de dos bailarines contorsionistas jugando con una copa de champagne. Pontano está allí pero piensa en lo bien que se sentiría estando con toda esa gente elegante, poderosa que ahora lee sus libros ¿Qué hace que pasaba las noches en vano, escribiendo páginas gloriosas que nadie leería? La única música que escuchaba en esa época era el ruido de sus tripas crujiendo de hambre. Ella había llegado para sacarlo del hueco en el que se había metido. Su familia era rica y tenía contactos, en poco tiempo iba a tener la comodidad de escribir sin apuros económicos y tampoco pasaría mucho tiempo para darse cuenta que entre la confortabilidad burguesa difícilmente saldría una obra maestra. En vez de rebelarse se conformó con su comodidad.

  En ese bar está aburrido, a su lado está Lidia, ya no hay nada que decirle a ella y al frente ese par de espectaculares bailarines no son más que una constatación del vacío en el que se ha metido. Ese no es el lugar, lo mejor es tomar de la mano a su esposa, llevarla hasta el auto e ir a toda velocidad a los Gherardini. La villa es gigante, los invitados se esconden en el bosque aledaño, en los oscuros rincones de la casa. Mientras Lidia decide recorrer el lugar sola, sin tener la molestia de conocer a toda esa gente tan distinguida, tan frívola. Los únicos invitados que merecen conocerse en la fiesta son ese grupo de jazz que de una manera compulsiva no pueden parar de tocar. Mientras tanto Pantano conoce a una joven solitaria que trata de inventar un estúpido juego. Valentina Gherardini, hija del magnate. Le gusta leer, el tennis, las fiestas, el golf, los vestidos caros, el cine y la música. Le gusta todo. Pontano cae rendido a sus pies, por ella abandonaría a Lidia, necesita una mujer joven, alguien que no se sienta celosa de su éxito, que pueda sentirse alegre entre una multitud. Pontano se acerca y la besa, ella no quiere acabar ningún hogar pero está ahí, con los ojos cerrados, arropada en sus brazos.
Al otro lado de la mansión Lidia llama al hospital y se entera que Tomasso, su amigo enfermo acaba de morir. Cuelga y busca a su esposo para contarle pero lo encuentra acariciándole el rostro a Valentina. El vacío que abría entre los dos se acaba de ahondar aún más.

Es injusto decir que La noche, segunda película de La trilogía de la incomunicación, haya envejecido y se considere hoy en día como un bodrio insoportable. Uno de los males de la modernidad es la incapacidad que tiene una pareja de esposos para comunicarse. Después de un tiempo se desgastan las palabras y si están  juntos es por algo intangible, innombrable, más fuerte que el amor o la rutina. Esa angustia, ese vacío lo retrata Antonioni de una manera admirable.
Un par de años antes el director italiano había encontrado su particular estilo con La aventura que sería abucheada y aplaudida con igual intensidad y fervor. Lejos de cejar en su empeño de retratar el aburrimiento Antonioni continúa con su búsqueda rodeado esta vez de dos actores maravillosos.
Cuesta encontrar un actor como Marcello Mastroianni participando en un lustro de un conjunto de obras maestras absolutas. Con Fellini haría en el 60 y en el 63 La dolce vita y 8 y medio. En el 61 con Pietro Germi Divorcio a la italiana, En el 62 trabajaría con Louis Malle en Vida privada y en 1961 sería el escritor Giovanni Pontano en La noche. Nadie como él para encarnar la angustia, desesperación y frivolidad del hombre burgués. A su lado está Jeanne Moreau, con su enigmática sensualidad, contemplando con tristeza el mundo al que ha entrado su esposo. Por momentos intenta aferrarse a eso, si el dio ese paso ella lo acompañara, pero algo dentro de ella la obliga a sentir la náusea, a vomitar sobre esos lectores complacidos por el trabajo de Pontano. No puede dejar de sentir desprecio al ver como su esposo se ha convertido en una prostituta.
Si hay un rostro que se asocie al universo de Antonioni es Monica Vitti. Acá en su papel de Valentina, la niña rica que lo quiere todo, incluso a los escritores que lee por más comprometidos que estén, consiguió una de sus mejores interpretaciones. Su elegancia, sensualidad y sofisticación ayudaron a que su figura fuera una de las más representativas de los convulsionados años sesenta.

La noche se lee como una novela. Los silencios, las miradas, los diálogos secos, la frivolidad, son un conjunto de aspectos que ayudan a construir la visión que Antonioni tenía sobre la década que apenas comenzaba y que vendría a constituir el principio del fin de las ideologías. No creo que lo de Antonioni sea solo forma. Claro, su obsesión marcada está en la arquitectura. Para él el espacio es un personaje más dentro de sus películas. Recuerden no más como empieza La noche en un travelling descendiendo por un edificio, recuerden el hospital donde está Tomasso, la villa de los Gherardini, el espacio tragándose al hombre. Pero la angustia ante el vacío está latente en cada palabra de lo que se dice, en lo que se calla, en lo que se ve.
La había visto unos años atrás y me sorprendió encontrarla fresca, más joven y cercana a mí que la primera vez que la vi. Con películas como esta uno se da cuenta de que hubo un tiempo donde el cine era algo muy importante. Lástima que ya no sea así.

24 de febrero de 2013

SONATA DE OTOÑO De Ingmar Bergman. Ingrid en una película de Bergman


En Suecia no respetan a los héroes. A principios de 1977 los dos Bergman más famosos estaban en sus momentos más críticos. Ingmar acababa de ser detenido durante cinco horas por las autoridades locales debido a una presunta evasión de impuestos. Ingrid había hecho una penosa versión de Juana de Arco en teatro recibiendo por primera vez una lluvia de críticas desfavorables.

Había sido un sueño para los cinéfilos del mundo ver a los dos Bergman en una película. Durante la proyección de Gritos y Susurros en el festival de Cannes de 1973 Ingrid se le acercó a Ingmar y con sigilo le metió una carta en su chaqueta. Al llegar al hotel el director se dio cuenta del papel. En él la actriz le hablaba de una cena ocurrida un par de años antes donde el autor de Persona había prometido escribir para la mítica protagonista de Casablanca un papel especial.


La ocasión sólo se presentó cuando, amargado, Bergman regresó a Farö la pequeña isla donde vivía, a sacudirse de la rabia que le había provocado su arbitraria detención. Se encontraba en un estado febril, sacó la máquina de escribir, se encerró en su cuarto y no salió de allí hasta cinco días después. Su serio problema intestinal lo obligaba a tener una estricta dieta basada solo en yogures y frutas. Ocasionalmente comía y salía a tomar agua. Terminó el guión, se lo envió a Ingrid que contemplaba a sus sesenta y cuatro años  la posibilidad de retirarse de la actuación.

En sus memorias la diva cuenta que no entendía muy bien el mamotétrico guión. Le sorprendió a ella, acostumbrada al milimétrico profesionalismo de Hollywood, la manera tan descarnada con que Bergman había escrito ese guión “De pronto son las notas de una novela pero acá no hay ninguna película” Venciendo sus escrúpulos viajó a Suecia. Al llegar al aeropuerto se sorprendió al ver que Ingmar en persona había ido a recogerla.

Por el camino Ingrid le contó que su ex marido, Roberto Rosellini, fallecido un año antes se enfurecía cada vez que ella se ponía al servicio de otro director que no fuera él. “Sólo le gustaba que me dirigiera Jean Renoir y se ilusionaba con la posibilidad de que tu pudieras hacer una película conmigo” la emoción que sintió Bergman al escuchar el elogio póstumo lo embargó de emoción hasta el punto que tuvo que orillar el auto y ponerse a llorar frenéticamente.



Este sería el último elogio que le dirigiría la actriz al director en varias semanas. A Ingrid le emocionaba ser dirigida por el mítico realizador y sobre todo volver a actuar en sueco, su idioma natal, pero le espantaba la historia. No entendía como una madre podría ser tan desalmada, estar siete años sin ver a sus hijas, despreciar a una de ellas por estar sumida en una enfermedad que le ha provocado una parálisis cerebral que la ha postrado para siempre en una cama. “La gente no es así- Le decía Ingrid a su director- debes estar rodeado de una gente horrible”.

La estrella de Notorius criticaba todo, los diálogos demasiado largos, el hecho de que su personaje, una pianista famosa atormentada por unos terribles dolores de espalda, tuviera que pasar parte de la noche acostada en el piso boca arriba buscando sosegarse. “Eso es ridículo Ingmar, el público no es tonto, se va a reír cuando vea esta escena”.

La gran mayoría de las ayudantes de Bergman eran mujeres. Ellas no sólo hacían con abnegación su trabajo sino que respetaban hasta la adoración al consagrado director. Por eso con estupefacción veían como la actriz le ponía trabas a todas las decisiones que asumía el realizador. En el documental que se hizo sobre el rodaje de la película se ve claramente como las mujeres miran con odio a Ingrid Bergman. En dicho documental además nos damos cuenta de lo que tuvo que combatir Ingmar para sacarle a la diva una actuación veraz, cruda, lejos de la artificialidad que caracterizaba la época dorada de Hollywood.


En Casablanca la orden de Michael Curtiz era la de inexpresividad. Su rostro debería ser una hoja en blanco que el mismo espectador se encargaría de llenar. En Sonata de Otoño el rostro lo es todo, es el paisaje mismo, cubierto de dolor, de intesidad, de amargura, de desesperanza, de crueldad. Cuando Eva toca para su madre una melodía de Chopin que ha ensayado durante meses, vemos en los gestos de Charlotte el desagrado que le produce la interpretación de su hija. No se necesitan diálogos para expresar este momento, los diálogos se los ahorra el realizador para el final, cuando después de una terrible pesadilla Charlotte no puede conciliar el sueño, baja a tomar una copa y se encuentra con Eva. Es plena madrugada, las dos de la mañana, la hora del lobo, justo cuando la noche es más oscura, allí se encuentran madre hija, Ingrid Bergman contra Liv Ullman en uno de los mano a mano actorales más impresionantes, no sólo de la filmografía del autor sueco, sino de la historia del cine.

Aunque ha perdido a su pequeño hijo de cuatro años, ahogado en un río aledaño por un descuido suyo, cuando Eva cierra los ojos siente que él todavía está allí, corriendo por la casa, despertándola en medio de la noche por culpa de un mal sueño. Esta ilusión la reconforta, hace que no tome la decisión de suicidarse. Su madre, Charlotte, ocupada por los interminables compromisos que puede tener una pianista famosa, nunca conoció al niño. Después de siete años ha vuelto. Leonardo, su compañero durante 14 años acaba de morir. Volver a ver a su hija la puede reconfortar un poco. Lo que no sabe es que Helena, su hija, la que está enferma ahora está viviendo allí. El mundo de Charlotte es demasiado perfecto para preocuparse con el dolor ajeno. Por eso no quiere saber nada de las penas de sus hijas, lo mejor es huir de ahí, tomar un tren que la conduzca directamente a los escenarios donde no es juzgada sino que al contrario es adorada por su incondicional público.


Ingrid Bergman decía que sus amigos en el mundo podían mal interpretarla al haber aceptado encarnar a esa pianista, ya que podrían decir que se estaba encarnando a ella misma. Sin embargo, nadie la juzgó, la crítica se rindió a sus pies. Ingrid ignoraba que el cáncer volvería a aparecer y que esta sería su última interpretación en el cine, muriendo cuatro años después.

Los dos Bergman por fin se juntaron dejándonos otro de los maravillosos avistamientos de Ingmar a los profundos y oscuros abismos del alma.

RUMBO AL OSCAR. LINCOLN de Steven Spielberg


Me llamó la atención que la mayoría de críticas sobre Lincoln hicieran referencia a lo aburrida que es esta película. Estaba claro que la intención de Steven Spielberg era recrear los últimos cuatro tormentosos meses de la vida de este republicano, centrados en su empeño en que la decimotercera enmienda fuera aprobada.


La sangrienta guerra civil, la formación de la nación más poderosa del mundo sirven solo de contexto para un drama que retrata la sensacional lucha de un hombre para acabar de una vez por todas la crueldad que significaba creer que los negros eran inferiores sólo por su color de piel. Entonces no sé qué podían esperar los críticos que escribieron sobre diálogos interminables, monólogos que no van a  ninguna parte y algunos, los mismos críticos que pasaron por alto el nacionalismo exacerbado de Argo y La noche más oscura, acusando al director de La lista de Shindler de dar una imagen completamente idealizada de los Estados Unidos de América.

Los  mamertos me van a odiar pero en teoría los principios sobre los que se fundó la nación americana son mucho más humanos que los que se usaron por ejemplo para fundar la China comunista o La Unión Soviética. Difícilmente uno va a encontrar los atributos humanistas de Lincoln en Lenin o Mao Tse- Tung. Claro, esa vocación de servicio público le pasaría factura en su empeño por hacer de la nación americana un país en donde sus ciudadanos fueran iguales y tuvieran las mismas oportunidades sin importar su origen o raza. Pocas semanas después de que la histórica enmienda fuera aprobada y se firmara el pacto que ponía fin a la guerra civil el presidente decidió relajarse yendo a ver la obra de teatro Our american cousin, sentado cómodamente en su palco fue sorprendido por el actor John Wilkes Booth quien sin mediar palabra le propinó un disparo en la cabeza. Pocas horas después moriría en su cama, rodeado de la gente que más lo quería. Tratar de hacer de Estados Unidos un lugar mejor puede causar la muerte, o si no vean lo que le sucedió a Kennedy cien años después.


Claro, Spielberg corre el riesgo de desmarcarse, de tomar una distancia entre su admiración por el mártir y su concepción histórica de los hechos. El proyecto lo venía preparando desde hace una década y estaba claro que Liam Neeson iba a encarnar al inmolado presidente. El actor se cansó de esperar y allí se abrió la oportunidad para que el genial Daniel Day Lewis nos regalara una de sus acostumbradas y espectaculares interpretaciones. El actor irlandés en ningún momento le da a su personaje ese aire solemne que suelen tener los grandes hombres. No, acá Lincoln es un humano cualquiera, que le tiene miedo a la cantaleta de su mujer, que tiene problemas con la crianza de sus hijos y al que le cuesta a veces ganarse el respeto de sus compañeros de lucha. Dicen que mientras duró el proyecto Day- Lewis nunca dejó de ser el presidente. El método riguroso del ganador del Óscar por Mi pie izquierdo hace que se tome varios años entre un proyecto y otro.

Spielberg, qué duda cabe, es un gran director de actores. Por eso Day- Lewis está rodeado de un maravilloso grupo actoral. Tommy Lee-Jones logra aprovechar los pocos minutos que está frente a la cámara para comprobar que su talento está intacto, Sally Field, como la esposa del presidente logra disputarle palmo a palmo las escenas a Day-Lewis algo que es ya en si mismo toda una hazaña y Joseph Gordon-Levitt confirma lo que ya sospechábamos con El origen y Looper que es junto con Ryan Gosling el mejor actor que ha dado Hollywood en el último lustro.



Con la distancia del maestro Spielberg da su versión de lo que sucedió en los agitados días en que Estados Unidos dejó atrás la barbarie y abrazó con fuerza el legado que había sembrado 70 años atrás la Revolución Francesa.

23 de febrero de 2013

LOS OSCAR 2013


Como en todos los premios los Óscar despiertan polémica. Con muy pocas excepciones la academia ha galardonado la mejor película del año. Pensar que joyas como Ciudadano Kane, Vértigo o Toro salvaje han sido ignoradas no es otra cosa que una infamia. Pero bueno, los cinéfilos del mundo cumplimos la cita a principios de primavera y estamos pendientes de cuál será, según criterio de unos cuantos viejitos vestidos de frac, la película del año.

Si se compara las nominadas de este año con las de la edición anterior podemos decir que el nivel de calidad ha descendido notoriamente. De las nueve películas con opción de alzarse con la horrenda estatuilla sólo tres pueden llegar a constituirse en clásicos, hablo de Amour, Django y La vida de Pi. El resto son producciones hechas con todos los ingredientes requeridos para aspirar a un Óscar, gente con problemas mentales, dramas con excelentes decorados y agentes de la CIA masacrando musulmanes para preservar la tan cacareada libertad norteamericana.


Hay un dato que preocupa, de las nueve películas nominadas solo Argo, La noche más oscura y La vida de Pi fueron estrenadas en las salas de cine de Cúcuta. Las distribuidoras que operan en la ciudad deberían tener en cuenta que no todos queremos ver las seis partes de los Rápidos y furiosos, que hay gente que todavía cree que el cine es mucho más que autos, senos y plomo.

A continuación analizaremos las diez películas que están en la disputa el Óscar:

La vida de Pi: La historia de este niño náufrago flotando en la mitad del océano acompañado de un tigre de Bengala ha cautivado por igual a la crítica y al público. A pesar de que sus opciones de ganar son mínimas fue la más rica visualmente del año. Un regreso digno de Ang Lee, un director que ya supo ganar un Óscar con la insufrible Secreto de la montaña.
La noche más oscura: Durante algunos meses esta oda a la tortura, al genocidio, al fascismo fue la gran opcionada para ganar el domingo. Hoy sus opciones son limitadas. La historia de la obsesión de una agente de la CIA por atrapar a Bin Laden aunque está brillantemente realizada es por momentos aburrida, confusa y sobre todo irritante por su marcado desprecio a los musulmanes. Su directora Kathryn Bigelow cuando ganó el Óscar en el 2010 por Vidas al límite le dedicó el premio a todos esos valientes que peleaban en Irak para borrar de la faz de la tierra el fantasma del terrorismo, dejando en claro su oscura visión de la política. Jessica Chastain será la ganadora a mejor actriz así su actuación nos haya parecido plana y fría.

Lincoln: Con maestría Steven Spielberg logra recrear los últimos días del presidente inmolado mientras contemplaba una obra de teatro. Toda una lección de política e historia que lamentablemente es demasiado para nosotros los profanos, los que desconocemos la historia de la política norteamericana. Si hay dos razones para soportar estas tres horas son la impecable dirección de arte y sobre todo la monumental actuación de Daniel Day- Lewis quien con seguridad se llevará el Óscar al mejor actor.


Argo: Ben Affleck ya no es sólo el galán que despertaba el furor de las muchachas a finales de los noventa. Ahora es uno de los directores más prometedores del Nuevo Hollywood. Algo sobredimensionada por la crítica, Argo es un filme eficaz, emocionante y lamentablemente nacionalista. Parece que para tener una opción al Óscar hay que ser un ferviente admirador de la CIA. Si los Globos de Oro son un termómetro, como suele suceder,  de lo que pasará el próximo domingo, Argo será la gran ganadora.

Bestias del sur salvaje: Con poesía e imaginación el debutante Ben Zeitlin logra recrear la tragedia que produjo en toda la región del Missisipi el huracán Katrina. A través de los ojos de una niña contemplamos el apocalipsis. Realizada con muy pocos recursos es una sorpresa que una película así haya sido nominada ampliando considerablemente su público. Nosotros por supuesto estaremos condenados a verla en una versión pirata ya que difícilmente alguno de nuestros distribuidores se atreva a pasarla en la ciudad.

Les misérables: Impecable realización del joven director inglés Tom Hooper quien sorprendió al mundo en el 2011 cuando su Discurso del rey fue la gran ganadora de la noche. Impecable reconstrucción de época. Maravillosas actuaciones y un guión perfecto no son suficientes para hacernos sentir incómodos en la butaca. Es que un musical de dos horas y media puede llegar a ser una tortura. Los Miserables tiene un Óscar fijo, la de la impresionante Anne Hathaway como mejor actriz de reparto. A mi juicio este musical puede ser la gran sorpresa de la noche.

Amour: No le quepa la menor duda, Amour es la mejor de las diez nominadas. Se va a alzar con la estatuilla a mejor película extranjera. Por supuesto que su tratamiento cruel, su puesta en escena cruda, sus actuaciones descarnadas le restan cualquier tipo de posibilidad a la hora de competir por el premio mayor. Es sorprendente que la pacata academia se haya atrevido a nominarla pero ahí está, para deleite de los cinéfilos del mundo. Mención especial para sus dos protagonistas, Emmanuelle Riva (la misma de Hiroshima Mon Amour y quien podría arrebatarle el Óscar a la favorita Jessica Chastain) y el gran Jean Louis Trigtinant.


Django Unchained: Tarantino acá le hace el homenaje a uno de sus géneros preferidos, el Spaguetti Western. Impecable visualmente y a pesar de sus ligeros defectos (Entre ellos su excesiva duración) Django es la película de un maestro. Aunque Cristoph Waltz probablemente se alzará con la estatuilla como mejor actor secundario, es una injusticia que Leonardo Di Caprio, el mejor actor norteamericano contemporáneo, haya vuelto a ser ignorado por la academia.

El lado bueno de las cosas: Aunque es una muy buena comedia romántica no sé si tenía el peso para ser nominada. Lo mejor de la película es volver a ver a Robert De Niro tomándose en serio su oficio. Sobre sus hombros descansa esta película un tanto divertida, un tanto romanticona y en general efectiva.

21 de febrero de 2013

RUMBO AL OSCAR. LOS MISERABLES DE Tom Hooper. Lástima que sea un musical.


De entrada les digo: No me gustan ni me gustarán La ópera ni los musicales. De la edad de oro rescato todo lo que hizo Gene Kelly y eso porque me distraía su maravilloso baile. Pero cuando no hay coreografías simple y llanamente no entiendo por qué se tiene que cantar. La gente no canta, la gente habla. Esto genera un problema dramático que a mi juicio es insalvable, no le creemos al que expresa una emoción cantando, menos cuando este está expresando tristeza. Los musicales no deben ser tristes, los grandes musicales están hechos para cantarle a la vida.


Cuando supe a mediados de los noventa que Broadway iba a hacer un montaje de Los miserables con Ricky Martin haciendo de Mario no pude hacer otra cosa que sentir desprecio. La epopeya de Victor Hugo iba a ser reducida a una ópera pop cualquiera. El filme de Tom Hooper es una adaptación de ese musical y no de esa obra maestra indiscutible.

Los críticos que han visto el musical han hablado del maravilloso trabajo del director de El discurso del rey en su adaptación cinematográfica. Sus atributos a nivel visual son innegables. Una monumental dirección de arte, unas actuaciones arrolladoras (así estén cantando) hablan sin duda de una película perfectamente realizada.

Los miserables es una experiencia visual que el cinéfilo va a disfrutar sin ninguna duda, la actuación de Anne Hathaway como Fantine es antológica. La ex chica Disney se ha graduado como actriz y va a ser muy probablemente el próximo domingo la rival a vencer en los premios de la academia. Al igual que ella Hugh Jackman consigue uno de los mejores Jean Valjean que recuerde la pantalla grande, a su lado Liam Nesson no es más que un payaso de circo. Samanta Barks como Eponina consigue en algún momento ponernos los pelos de punta. Pero lo más destacado es a mi juicio el tándem que conforman los Thenardier, encarnados por Sasha Baron Coen y Helena Bonham Carter. Que graciosos, picantes e intensos que están. Sus actuaciones se asemejan a las que tenían los actores de voudevill a mediados del siglo XIX. Los que hablamos de economía gestual en el cine quedamos en ridículo porque lo que hacen Borat y la chica Burton es pura exageración. Y funciona, claro que sí.


El punto más débil del casting fue la escogencia de Mario y Cossete. No logramos prendarnos de esta pareja y es más, no entendemos de dónde ha salido tanto amor si apenas se han mirado un par de veces no más. Que Amanda Seyfried resulte por completo inexpresiva demuestra que su ascendente carrera no es más que otro de los caprichos de Hollywood, lo que si está muy por debajo de las expectativas es la actuación del británico Eddie Reydmare quien me había sorprendido en Mi semana con Marilyn pero acá demuestra ser muy poca cosa para encarnar ese héroe revolucionario que es Mario. Con todo debe haberlo mucho mejor que Ricky Martin quince años atrás.

Lamentablemente su excesiva duración (2 horas y media) hacen que la butaca se estreche, que en algunos momentos aparezcan los temidos bostezos, que la apoteosis de la revolución no sea el climax orgásmico que todos esperamos. Todo porque es un musical y los musicales en muy pocas excepciones son aburridos, artificiosos, sin gracia.
Pero ojo, les está hablando alguien que detesta los musicales. De todas las películas realizadas este año esta fue la mejor filmada, la mejor dirigida, la más difícil de hacer, y tan sólo La vida de Pi puede competirle en su belleza visual. Podría ser la única producción que le dispute mano a mano el Óscar a Argo. Puede ser la sorpresa. Obligatorio verla en cine, no se conformen con la horrible versión que se consigue en internet.

18 de febrero de 2013

RUMBO AL OSCAR. DJANGO UNCHAINED. Quentin extraña a Sally


Los problemas de Django empezaron el 27 de septiembre del 2010 cuando fue encontrada sin vida al fondo de un abismo Sally Menke, la legendaria montajista de Tarantino. Contrario a lo que se piensa, lo mejor de sus películas no está en sus enrevesados y a veces incomprensibles guiones sino en un concienzudo trabajo de moviola que le daba a sus trabajos un ritmo único. Cuentan los que están cerca del creador de Perros de la reserva que acostumbraba a llegar a la sala de montaje con cientos de hora de metraje, los dejaba sobre una mesa de metal y de allí se iba a una de sus fiestas interminables. La pobre Menke, tenía que empezar a armar las piezas de este interminable rompecabezas, sin tener ninguna guía que seguir.


Las primeras críticas hablaban de una obra maestra. Los fans recibimos los comentarios alborozados, era mentira eso de que el Dios Quentin necesitaba de una montajista para hacer de sus películas un festín audiovisual único, un acontecimiento contra-cultural que no se vivía desde los 70 cuando el cine norteamericano se convulsionaba como una serpiente epiléptica. Desde siempre él había expresado su admiración hacia el spaguetti western. Su fervor no sólo se restringía a las obras maestras de Sergio Leone sino a todas esas películas imperfectas de Damiano Damiani y Sergio Corbucci. Precisamente de este último tomaba el nombre de una de sus películas para hacer su particular homenaje.

No es como se ha dicho un remake de ese clásico protagonizado por Franco Nero (Quien acá hace una breve aparición) así al principio en los créditos creamos que estamos viviendo un deja vú. En la primera parte de la película los ingeniosos recursos de Tarantino (el chiste de las capuchas del Ku Klux Klan, la manera en que el doctor Shulz ejecuta a los bandidos) no son un obstáculo para que la película fluya. Creemos hasta acá que estamos en presencia de un anti-western, de una declaración de principios en torno al llamado “Género de géneros”. Pero después de la primera hora empieza a pasarle factura el hecho de que Tarantino confíe a ciegas en un guión inconcluso, hecho a trompicones, creyendo que su inmenso talento puede salvar las enormes lagunas dentro de una historia endeble y demasiado larga. Los defectos narrativos son todavía más notorios cuando dejándose llevar por su ego alarga el relato innecesariamente.


Aceptamos en Bastardos sin gloria que destruyera  el género bélico y haya usado la Segunda Guerra Mundial como una excusa para hacer una de sus películas- tributo. Acá intenta hacer lo mismo pero fracasa estrepitosamente, no porque rompa los códigos del western sino porque Django Encadenado es el salpicón incongruente de un genio. Por ahí hay destellos, Leonardo Di Caprio interpreta a un malo de antología, Cristoph Waltz encarna a un dentista que cansado de no hacer plata se dedica a algo más rentable: cazar bandidos y cobrar las jugosas  recompensas. Un irreconocible Samuel Jackson que logra acá una de las mejores interpretaciones de su carrera. Cuando ninguno de ellos tres está recae el peso de la película en su protagonista, Jamie Foxx y es ahí cuando nos damos cuenta de lo débil del relato, soportamos las casi tres horas gracias a tres grandes actores, cuando se van queda el vacío. Foxx representa un rotundo error de casting, no nos interesa que vaya a buscar venganza en la plantación de Candie, no le creemos y a su mujer menos, por mí que alguien los mate a latigazos y que me dejen salir de la sala a ver otra película. La vida es demasiado corta para estar amarrado tres horas a una butaca.

Lo que antes se arreglaba en la sala de montaje ahora no se puede hacer porque Sally Menke ha muerto. Sus detractores van a estar felices, los que dicen que sus películas han envejecido peligrosamente van a salir a gritar “Se los dije”. Lamentablemente para ellos esto tampoco es así. Dentro de Django hay momentos de genialidad, muy seguramente con el tiempo se convertirá en una película de culto. Le faltó una mano segura con unas tijeras, sacar de este filme larguísimo el maravilloso western que está adentro sepultado entre tanto diálogo largo y pretencioso, entre tantas secuencias hechas por capricho, para demostrar que él conoce el género tan bien que puede destruirlo.


Por lo pronto en taquilla le ha ido bien, lo que garantiza que sus mentores, los hermanos Weinstein seguirán dándole toda lo que necesite. Tarantino debería aprovechar mejor esa libertad y dejar de dárselas de genio, detener por un momento su ambición de recorrer todos los géneros y volver a esas historias sencillas y locas, a las calles sucias de hampones comunes y corrientes que tan bien supo retratar al principio de su carrera.

Django Encadenado es un exceso, una indigestión de citas, guiños, homenajes que no debería volver a ocurrir no solo para bien de Tarantino sino de este decadente cine nuestro de cada día.

16 de febrero de 2013

RUMBO AL OSCAR. LA NOCHE MAS OSCURA De Kathryn Bigelow. Neofascismo


El mundo ya es esa distopía que preconizaban los grandes escritores de principios del siglo XX. Tres bombas atómicas dinamitaron el centro de la civilización y ahora son los “malos” los que han ganado. Eso explica por qué la crítica mundial ha abrazado con fervor una de las películas más fascistas de las que se tenga recuerdo.

Con Vidas al límite Bigelow había demostrado lo cómoda que se siente filmando con el uniforme del ejército norteamericano. Los gringos eran los que estaban allí en Irak, eso era lo que importaba. Para la directora (Iba a escribir dictadora) es irrelevante mostrarnos a un solo iraquí, ellos no importan, son salvajes que deben ser reducidos a su mínima expresión, son ellos o nosotros. Pero en Vidas al límite lo más importante no era hablar de la cruzada yanqui sino mostrarnos a un marine sicópata como un muchacho simpático, adicto a la adrenalina, que no quiere andar por ahí perdiendo el tiempo con su familia sino pasarse la vida haciendo lo que más le gusta, desactivando bombas, acabando con los enemigos de América. Para Bigelow todos los jóvenes deberían dejar de estudiar, ponerse el uniforme e ir hasta Afganistán donde está el enemigo.


En el 2010 cuando ganó el Óscar con el cual Hollywood avalaba su cine-propaganda, decía con la estatuilla en la mano "Quisiera dedicarle esto a los hombres y mujeres que arriesgan sus vidas en Irak, Afganistán y alrededor del mundo” Su guionista y compañero de lucha por un mundo libre, Mark Boal dijo en su discurso de premiación "Quiero dar las gracias y dedicar esto a nuestras tropas, a las 115.000 personas que siguen en Irak, a los 120.000 de Afganistán y a los más de 30.000 heridos y 4.000 que no lograron volver a sus hogares". Queda claro que el cacareado distanciamiento con el cual los críticos alaban su cine no es más que un escamoteo. Cuando han muerto las ideologías los críticos no son más que cínicos al servicio del que mejor pague. No hay tiempo para la polémica, igual ya nada importa. Hace años que explotaron las bombas atómicas.

Pero la propaganda es más directa, más descarada en La noche más oscura. La historia comienza con el atentado a las torres. De una manera bastante inteligente Bigelow pone la pantalla en negro y lo que escuchamos son los gritos de auxilio, las llamadas, el sonido de las explosiones que inundaron el 11 de septiembre de 2001. A partir de allí la directora de Punto de quiebre nos cuenta la persecución, el relato de una mujer obsesionada por darle caza al terrorista más cruel de la historia, una santa en búsqueda de Satanás. Uno de sus compañeros dice con admiración que Maya a pesar de su juventud “Es toda una asesina” algo que al parecer es un elogio dentro del servicio secreto. La historia abarca una década de persecución y queda claro que para la realizadora y su guionista era mejor el mandato de Bush porque no se tenían que llenar tantos papeles a la hora de bombardear. Cuando te enfrentas contra terroristas no hay que preguntar mucho, hay que actuar, si no disparas a tiempo tu vida y la de la gente que más quieres corren peligro. Es más saludable que caiga un inocente a dejar la duda flotando en el aire.


En la sociedad post- apocalíptica se le dan premios a las producciones que nos enseñan que la tortura muchas veces está justificada, sobre todo si se la aplicas a un cochino musulmán. En una sociedad así los torturadores son tiernos muchachitos que en sus ratos libres alimentan con helado a sus mascotas encerradas en una jaula. Jovencitos casi universitarios que se cansan de tener que torturar porque al fin y al cabo detrás del desierto hay una familia que espera por ellos.

Para Bigelow los funcionarios de la administración Obama son siniestros burócratas que necesitan pruebas antes de efectuar un operativo, los marines son jovencitos inocentes que no le temen a nada, que tienen la valentía de entrar a una casa en medio de la noche más oscura y asesinar a todo aquello que se mueva adentro, hombre o mujer, armado o desarmado no hay diferencia… igual todos son musulmanes.

Me es inevitable no comparar La noche más oscura con Homeland. En la serie protagonizada por Claire Daines los de Al Qaeda no solo son fanáticos capaces de inmolarse sino que llegan a ser seres humanos con contradicciones, víctimas de una poderosa fuerza de ocupación que masacra inocentes. La CIA son una partida de ineptos misóginos que ningunean y maltratan a su mejor agente sólo porque es una mujer. En el filme nada de eso sucede, es más, no sabemos a qué es lo que se enfrenta Maya si dentro del servicio secreto la respetan tanto. Mientras la serie se atreve a desnudar que el problema no son los fundamentalistas islámicos sino la corrupción, fanatismo y estupidez que emergen desde los cimientos de la casa blanca, en La noche más oscura el problema eran Bin Laden y su harén.

De verdad no entendemos tampoco por qué esa lluvia de elogios sobre Jessica Chastain, su papel es eficiente pero nada antológico, está allí poniendo esa cara de robot frío, siendo lo suficientemente incisiva sobre atacar, sobre llevarse todo por delante como un vendaval para parecernos odiosa, casi que repugnante. Los entendidos dicen que es un Óscar seguro, no nos extrañaría. La academia está para respaldar esas cosas, Hoover dejó limpia la casa antes de morir.


Los pakistaníes y afganos de esta laureada cinta no son más que sombras, fantasmas que deambulan sin que sobre ellos caiga el más mínimo interés. No hay una sola línea de ellos, ni les interesa mostrar donde viven, quiénes son y sobre todo por qué han decidido dar la vida con tal de destruir a la nación más poderosa del planeta.

Como en todas sus películas Bigelow vuelve a demostrar que es una de las mejores técnicas del cine contemporáneo y que Boal es un hombre capaz de realizar los guiones más acabados del momento, pero de nuevo volvieron a dejar claro su nostalgia hacia los dorados años de Bush, cuando no se respetaban los derechos civiles, cuando se torturaba para prevenir un ataque, cuando se disparaba a todo aquello que tuviera una túnica y se moviera, cuando América era un lugar más seguro y digno para vivir.

14 de febrero de 2013

LA LLUVIA De Mario Niño. Nos han dado la tierra


Todos los días Primitivo se levanta mucho antes de que salga el sol. Para cambiar la naturaleza solo cuenta con su voluntad inquebrantable y su pica. Lleva varios meses insistiendo pero lo único que ha logrado hacer es abrirle huecos a un terreno árido, seco, muerto. Al fondo el cañon se abre como la boca desdentada de un anciano gigante. Si hubo vida por acá fue hace mucho tiempo, cuando los hombres no andaban por el mundo. Los jornaleros se van del lugar buscando la fortuna que da el verdor constante. Primitivo no lo puede hacer, no tiene a donde ir,mejor quedarse, esperar a que Dios le vuelva su voluntad y un día de estos  la lluvia aparezca para ablandar la tierra, para sacar de ella la poca vida que aún le queda adentro.

El problema es que todavía le debe una plata a Don Crisanto. El viejo le había dicho que acá con sólo tirar la semilla en el suelo salía el fruto de entre la roca. Creyó, cuando se es pobre a veces no queda otro recurso que creer. Al principio de la semana el viejo baja de entre las nubes a cobrar, lo amenaza con despojarlo y darle ese pedazo de piedra y arcilla a los mineros. Al viejo le sale espuma por la boca cuando ve a Flor, la mujer de Primitivo, “Un día de estos voy a bajar cuando no esté el marido, ella abrirá la puerta y entonces será mía así me rechace… así no le guste”.

La lluvia no es sólo una reflexión sociológica sobre el problema de la tierra en el campo colombiano sino que evoca en cierta manera el paisaje árido y hostil, la atmósfera onírica que tienen los cuentos de Juan Rulfo. El terrateniente hostil, cruel que parece salir de las profundidades del infierno, el jornalero indefenso que llevado por una situación extrema es capaz de clavar el puñal en la barriga del que venga a violentar y sobre todo el sacrificio; Si quieres que los dioses te escuchen no te conformes sólo con elevar plegarias al cielo, a veces ellos necesitan que riegues sangre de un ser vivo, demostrarles cuanto los respetas matando a un semejante.
Con muy pocos recursos y apoyado por sus amigos que es al fin y al cabo los que te ayudan siempre a la hora de emprender una locura tan grande como es hacer cine en provincia, Mario Niño consigue hacer un cortometraje sólido, redondo, de una sorprendente belleza. El realizador santandereano consigue alejarse de su entorno natural, el del suburbio urbano, el de las historias de jovencitos que alejar sus penas en una bailanta. Las dudas que habían ante ese cambio se han disipado y con La lluvia ha demostrado madurez y que está listo para enfrentarse al gran reto de realizar un largometraje, el primero que se realizaría en Santander.

Dotado de una gran sensibilidad y de una capacidad innata para componer un plano, Niño escribe un relato fluido, donde sus personajes no cometen la torpeza de explicarlo todo en diálogos, al contrario La lluvia está llena de silencios, de miradas, demostrando que el autor de Love Story está dominando cada vez con mayor propiedad el lenguaje cinematográfico.
Es maravilloso que todo eso que prometió Mario Niño desde el 2003 cuando estrenó su elogiado documental sobre la tribu urbana de los cumbieros hoy está concretándose. Necesitamos que la empresa privada y la administración municipal siga apoyando estas iniciativas, lo que necesita Mario y los nuevos realizadores bumangueses es mantenerse activos, en contacto directo con un plató. La única manera de dominar un oficio es trabajando. Esperemos que las condiciones para hacer cine en Santander no sólo se mantengan sino que mejoren, se ha demostrado que hay talento, está en la iniciativa de los gobernantes cuidar a los artistas, respetarlos, darles lo necesario para que puedan concretar sus proyectos. Con los premios y menciones que tendrá La lluvia en festivales el cine santandereano se hará visible ante la obtusa mirada de sus gobernantes. La ola se ha levantado y nadie la puede parar.

12 de febrero de 2013

RUMBO AL OSCAR 2013. THE MASTER de Paul Thomas Anderson


Leyendo las críticas que ha despertado The master  siento que me estoy perdiendo de algo. La gran mayoría habla de una obra maestra más dentro de la admiradísima carrera de “El único genio activo dentro del cine norteamericano”. Lamentablemente nunca he dejado de aburrirme cada vez que Paul Thomas Anderson estrena una de sus películas. Hay aspectos de innegable maestría, la fotografía es francamente portentosa, la música del Radio Head Jonny Greenwood es un personaje más, perfecta, oportuna, sublime. Las actuaciones de Joaquin Phoenix y de Philip Seymour Hoffman son impecables así el primero en algunos momentos recurra a su acostumbrada exageración.


Con todos estos aciertos uno podría decir que está ante una obra maestra absoluta, de esas que tanto le hacen falta al cine norteamericano contemporáneo. Nada más lejos que eso. Otra vez Anderson vuelve a sucumbir a su perfeccionismo vacío, distante. Desprecia de plano una historia que todos quisiéramos conocer, la de cómo empezó la ahora poderosa secta de la cienciología. Las primeras dos horas (Ya es demasiado decir las primeras dos horas) creemos que estamos metidos de lleno en las dudas, los miedos, las histerias de un farsante, de un hombre como Lancaster Dodd que se autodenomina “Filósofo, físico nuclear, matemático, poeta, sicólogo, sociólogo” y que como todos los fundadores de sectas, incluido el jerosolimitano, no es más que un embaucador, alguien que pretende resolverle la vida a una partida de tontos. Para demostrar que está en lo cierto toma a un veterano de guerra Freddie Quell, un vagabundo alcohólico, camorrista profesional, un hombre al borde de la locura, un desadaptado sin familia, sin nadie que lo quiera, que lo acepte como un semejante.

Pero ninguno de los métodos implementados por Lancaster funcionan. Lo único que lo puede calmar es pensar en una mujer, en esa mujer gigante de arena que sus compañeros de guerra hicieron para calmar las ganas. No hay locura que no pueda arreglar el amor, el contacto de unas manos suaves, pequeñas, de uñas pintadas. Estamos esperando que Freddie cambie pero eso nunca va a ocurrir. En un noventa por ciento la terapia es una mentira, siempre es una pérdida de tiempo.


El segundo libro de Lancaster Dodd se contradice, según su editor no es más que basura. Si un adepto va y le dice que no entiende algo el fundador de la secta seguramente se pondrá histérico, gritará y te ofenderá. Nunca va a argumentarte con fundamentos, simple y llanamente porque no los tiene. Uno de los grandes aciertos de Anderson es que nos haga dudar, en la primera hora crees que el director es un iniciado y está haciendo un panegírico a la religión que ha captado la atención de imbéciles de la talla de Tom Cruise o Andrés López. Poco a poco empezarás a desilusionarte de ese hombre que se atreve a decir que vivimos vidas heredadas por extraterrestres. Te das cuenta que es mentira que sigue un método científico, que va improvisando por el camino y que no es más que alguien que está aprovechándose del dolor que generó en la civilización occidental el descubrimiento del horror después de la Segunda Guerra Mundial.


Hubiera sido una gran película si Paul Thomas Anderson en el último tercio no se hubiera acordado que es un genio y que como tal no debe dar certezas sino formular acertijos. Al final renuncia por completo a seguir mostrándonos como hizo Lancaster Dodd para hacerse fuerte en Inglaterra cuando ya en Estados Unidos lo calificaban como un farsante. No, Anderson decide irse con el personaje de Phoenix y mostrarnos en él el gran fracaso de la secta, una decisión que puede ser magistral, pero que a mí en lo particular no me gustó. La inteligencia casi siempre es fría y por eso la desprecio.

En un año repleto de bodrios nominados por la academia The Master es junto con Amour dos excepciones. He de reconocer que siempre que me siento a ver una película de Anderson lo hago predispuesto a aburrirme por más de dos horas, a recibir a juro lecciones de fotografía, de música, de encuadres, de alguien que a sus 42 años sigue con desesperación la idea de conseguir entrar en el terreno de los grandes. En mi humilde opinión ha fracasado de nuevo, o mejor ha vuelto a triunfar volviendo a aburrir a su fiel y cultísimo público.

11 de febrero de 2013

THE LAST STAND De Jee-Won Kim. El divertido regreso de Arnold


Mucho antes de que sospecháramos que el cine podía ser un arte Arnold era nuestro ídolo. Los que crecimos en los ochenta, lejos de la televisión por cable y aferrados a esa máquina maravillosa que era un Betamax esperábamos ansiosos a que un video cassete llegara cargado de imágenes donde Mister Olimpia destrozaba monstruos en la selva suramericana o se convertía en un temible androide del futuro. Éramos muy pequeños para entrar al cine así que nuestro único consuelo venía del video club de la esquina, casi siempre administrado por una mujer gorda que encima de la boca tenía un incipiente bigote.

Resignado ante la pobreza de nuestra cartelera entro a ver The last stand e inmediatamente soy  atacado por la nostalgia, de una recuerdo cuando Arnold tenía la capacidad no sólo de derrotar a un ejército entero sino de arrasar con la taquilla. Después de una década sin tener un papel protagónico el austriaco vuelve hecho un sheriff más que veterano que ha dejado para siempre la gran ciudad y se ha retirado a un tranquilo pueblo fronterizo donde no pasa nada. Ya lo dio todo, recibió hasta balazos por  mantener a raya a los capos más temibles de la droga, lo más justo es que este hombre al borde de la ancianidad se dedique a la saludable labor de bajar gaticos de los árboles.
Pero Gabriel Cortez (Eduardo Noriega) se ha fugado y quiere pasar la frontera usando un protípico Corvette con quinientos caballos de fuerza. Ha dejado atrás al Swat y está lejos de  esperar que  en ese miserable caserío haya un hombre dispuesto a no dejarlo escapar.

Después de un comienzo flojo, te relajas en la silla y comienzas a disfrutar de la acción, del humor, de la velocidad y hasta de los personajes en esta incursión al mercado gringo del director surcoreano Jee-Won Kim quien hace un par de años sorprendió con la ingeniosa I saw the Devil, the Good, the Bad and the Weir y que acá hace un filme cargado de cinismo de personajes tan bien construidos que por imposible que parezca llegas a encariñarte con ellos, incluso quedas prendado del otrora insoportable Johnny Knoxville.
Por momentos crees que estás viendo un western, las pistolas son más importantes que las manos, la sangre fluye sin cesar y pedacitos de cuerpo amenazan con manchar tu camisa. La película no descansa en los avejentados hombros de Schwarzenegger, la persecución a Cortez si bien no es antológica alcanza a interesar, la impotencia e ineptitud de la CIA es sin duda graciosa pero la perlita de la película es la representación del pueblo donde sus habitantes son casi todos ancianos que están tan cerca de la muerte que ya le han perdido el miedo, por eso enfrentan con igual decisión y valentía las balas del cartel mexicano o unos huevos revueltos con tocino.
No creo como dicen casi todos que el retorno de Governator haya sido un clamoroso fracaso de taquilla. Si bien nunca en su dilatada carrera había ocupado una de sus películas el 9 lugar de taquilla en la primera semana, el filme se realizó con 30 millones de dólares, una cifra que le va a permitir a Lionsgate recuperar con creces su inversión.
Los mayores de treinta la van a disfrutar sin duda. Arnold  forma parte de nuestras vidas y es un alivio que esté de vuelta. De vez en cuando no tiene nada de malo ir al cine a comer crispetas y a disfrutar del baile estrambótico de un cuerpo siendo acribillado por una implacable M-60.

9 de febrero de 2013

ANTICRISTO De Lars Von Trier. La pose de maldito termina traicionándote


Hay que subir varios kilómetros de montaña para llegar a la espesura frondosa de El edén. Todos los miedos de ella están allí y él como buen terapeuta ha sido contundente: Si quieres olvidar deberás ir hasta allá y comprobar que la verde hierba no es tan mala, que el bosque no está vivo y que esos diabólicos rostros que se ven mientras andas en tren son sólo una ilusión que produce el movimiento.
En las noches ella todavía llora. Recuerda la tarde donde su vida se partió. Él estaba encima penetrándola frenéticamente. El placer tiene la capacidad de sacarte de dónde estás. No escuchaba ni oía, estaba entregada completamente a ser poseída, bebida. Mientras tanto su bebé los veía desde la cama, no entendía muy bien en qué consistía ese amasijo de carne revuelta, esos sonidos quejumbrosos que emitía su madre, mejor era subirse a la mesa y mirar por el ventanal como la nieve sepultaba los andenes, con su manita abrió el vidrio y en un par de segundos el niño estaba abajo, en el anden explotando como si fuera una bolsa de sangre tirada desde arriba.

No, era mejor estar en el maléfico bosque. El dolor se combate con más dolor. Hay que sufrir para olvidar. Ella no entiende de dónde saca él tanta fuerza para ayudarla, por qué está tan frío, además eso de que el marido te de terapia puede prestarse a malas interpretaciones, si eres desconfiado puedes pensar en que te está manipulando. La mejor terapia es el sexo, disfrutando también puedes olvidar la culpa, así sea por unos cuantos segundos, los mismos que dura un orgasmo.
No es un hecho fortuito, como nada de lo que sucede dentro de las películas de Von Trier que se hayan escogido dos actores de físicos tan particulares como son Charlotte Gainsbourgh y Willem Dafoe. El sexo explícito entre ellos molesta, irrita a veces te lleva hasta la náusea. El sexo dentro de sus películas está emparentado a las enfermedades mentales. Recuerden a Bess entregándose a todo el pueblo para hacer feliz a su marido y poner furioso a Dios en Breaking The Waves, a Grace siendo violada por todos los buenos hombres que habitan Dogville o Justine acostándose con un desconocido en su propia boda en Mellancholia. El sexo es aberrante, recuerda a la muerte, es triste y despiadado y sobre todo se usa para someter al otro.

Cuando la naturaleza se rebela las feromonas entran en un estado de ebullición, el más mínimo roce te pide carne. La pareja de esposos vive el duelo de su hijo follando, el llanto se mezcla con el aullido de placer final. El espectador del otro lado tiene miedo, miedo no sólo de la naturaleza sino de sí mismo.
En Anticristo Lars Von Trier decide aterrar al espectador poniéndolo mal físicamente. Te acosa como un loco con un cuchillo exponiendo la peor de las maldades; la que ejerce un esposo sobre otro, como un grillete que oprime, como esa pesa que le pone ella a él, abriéndole la pierna con un torniquete y pegándole un disco de acero a la pantorrilla. El terror se refleja en la imposibilidad que tiene la vida para germinar en Edén, los pollitos se caen de los árboles llenos de hormigas y aún pataleando, los venados mueren mientras están naciendo, los zorros se desgarran la piel a si mismos en un extraño harakiri. Estás ya dentro del ritual, de la venganza de una mujer ante el ginocidio que no es otra cosa que el maltrato que ha sufrido sistemáticamente las mujeres a través de la historia. Ha llegado la hora de la venganza, de levantarse contra el que las ha hecho lamer la suela de sus botas.

Para mi Lars Von Trier es junto con Michael Haneke los únicos directores vivos capaces de mostrar los rincones más sórdidos del alma humana. Lamentablemente considero que en Anticristo perdió una gran oportunidad de hacer explícitamente una película escalofriante, algo que terminara de completar su tesis de que la maldad es propia de la humanidad simple y llanamente porque descendemos directamente de Lucifer. Se perdió la oportunidad en el último tercio del filme cuando decide caer en el gore, cuando todo eso que se venía sugiriendo, que estaba contenido se revienta y se deforma y perdemos el miedo y nos comienza a devorar el asco, la repulsión.
Posiblemente esa haya sido la intención del director danés pero a mí en particular me terminó decepcionando. Su misoginia es tan marcada que termina convertida en una caricatura, en una pose. En Anticristo siento a Von Trier muy cómodo en su rol de maldito, de cineasta que va contra las moral, contra la religión, contra lo sagrado. Estuvo muy cerca de lograr la película de terror más extraña y repulsiva en décadas, no lo logro porque en el último tercio al danés le dio por disfrazarse del maldito, iconoclasta y perverso Lars Von Trier.


7 de febrero de 2013

RUMBO AL OSCAR 2013. THE SESSIONS De Ben Lewis


Hace un par de días justamente hablábamos de las debilidades que tenían los viejitos de la academia por los discapacitados. No es sino presentar a uno para que sobre él lluevan las nominaciones. Si bien The sessions no se llevó las distinciones que en algún momento pretendía si alcanzó para que Helen Hunt compita por el Óscar a mejor actriz.
The Sessions está lejos de ser la agradable película que prometía su trailler. La compasión al final le gana a la ironía, a las ganas de burlarse de uno mismo. A pesar de la acertadísima actuación de John Hawkes quien le da toda la dignidad posible a su personaje se termina recurriendo casi con desesperación al drama aleccionador a los que nos tiene acostumbrados canales como Halkmart.

La historia podía prestarse para hacer de ella una gran comedia. Mark O’Brien de niño contrajo polio, la enfermedad hizo que se le paralizara el cuerpo y el resto de su vida tendría que vivir inmóvil, confinado en su cama, soportando la culpa de haber visto como por culpa de su discapacidad las personas más cercanas sucumbían ante el dolor de verlo así. Si leen lo anterior pensarán que soy un sádico pero es que Mark no sólo se quedó en eso, se convirtió en poeta, en un periodista activo y es precisamente la investigación que realiza para uno de sus artículos lo que le da forma y sentido a la película. El mismo tendrá que hacer entrevistas y al ver que gente muy parecida a él ha tenido sexo se decide a sus 38 años a dejar atrás el fantasma de la virginidad.
Ni siquiera el sentido del humor desparpajado de O’brien convence a Ben Lewis a caer en algunos momentos en la compasión, en la lástima. Los momentos maravillosos del principio son sepultados en los minutos finales cuando cae definitivamente en la trampa de la lástima.
Estoy harto además de que en las películas reseñadas en este blog que compiten por un óscar en alguna modalidad estén desprovistas de cualquier riesgo visual o narrativo. Además de ser planas la gran mayoría de estas producciones son manipuladoras, tramposas y sobre todo pobres. Como la maldita distribución no se ha atrevido a traer al fin del mundo las que parecen ser las mejores producciones del año, Lincoln y sobre todo Django, tenemos que conformarnos con recorrer la galería de ancianos, bipolares, poliomielíticos que nos han ofrecido las nominadas este año.

Que tristeza que la academia siga creyendo que el cine puede servir como terapia de superación. Hoy en día entrar a cine es como adentrarse en un libro de Paulo Coelho o Walter Rizo. Lo peor es que la gente sale convencida de que vio una película de temática seria, se va al cine no ha recibir un gozo estético sino por interés, para llenar todos los huecos de la incultura para aprender más de la vida. No se va al cine por el placer de ver películas sino por el interés de parecer una persona culta sin haber leído un puto libro.
Ese es el riesgo que tienen películas como The Sessions con todo su aire independiente, con todos los premios que puede tener a cuestas. Hace unos meses vimos  Amigos donde mostraban a un cuadrapléjico por el cual no sentíamos ningún tipo de compasión, al contrario, por momento llegamos a envidiar al infeliz, era un tipo muy apuesto, muy inteligente con un retorcido sentido del humor. Acá nada de esto sucede. Funciona por momentos la relación con el sacerdote, brillantemente interpretado por William H. Macy, un cura con el pelo largo, con la torpeza que sólo puede dar la sinceridad aconsejando y sobre todo escuchando a su feligrés.
La relación que sostiene con su terapista sexual empieza muy bien, Hellen Hunt consigue distanciarse de su paciente y nos muestra una de los trabajos más complicados que hay en el mundo. Una de las mejores escenas de la película es cuando ella sale corriendo del cuarto olvidando el dinero, queda claro que no lo hacía por plata sino por la simpatía que le despertaba su paciente.

De pronto más de uno la va a ver y no va a estar de acuerdo conmigo pero es que considérenme, toda la basura que he tenido que ver todo el año porque no había nada más que ver, toda la indulgencia, la necesidad de convencerse de que se tiene que tener compasión porque no todas las películas pueden ser obras maestras han hecho que a esta altura del partido esté absolutamente cansado, molesto con eso que todos los días vemos en las salas y que aunque venga en un formato parecido no es cine ni por el putas.

5 de febrero de 2013

RUMBO AL OSCAR 2013. EL LADO BUENO DE LAS COSAS de David O. Russell. La vuelta de un gran actor


Si no tienes mucho presupuesto y buscas encantar a la academia crea un personaje con alguna discapacidad, invéntate una historia de amor y luego deja que el pobre hombre se convierta en un héroe. A la avejentada academia le gustan las películas que dejan mensaje.

Esta certeza fue lo que me molestó tanto en la primera parte de El lado bueno de las cosas, tenía rabia y en mi cabeza desfilaban los nombres de Forrest, Rain-Man, Mi pie izquierdo y tantos otros filmes laureados sólo porque había alguien con habilidades especiales demostrando que en América cualquiera puede ser un gran hombre. Solo debes tener voluntad y saber aprovechar las oportunidades.


Pat no es ningún discapacitado, sufre de un caso de bipolaridad extrema que se ha exacerbado después de encontrar a Nicky, su esposa, tomando un baño con su profesor de historia. Dejándose llevar por la rabia tomó del cuello al hombre, lo puso en el piso y le reventó la cara. Durante ocho meses estuvo recluido en un manicomio de donde su madre decidió sacarlo. Pat tiene solo una idea en la cabeza, volver a como dé lugar con su esposa. El problema es que ella no quiere saber nada de él, incluso flota entre los dos algo más poderoso que una espada de Damocles; una orden de restricción de la policía. 

En plena recuperación conoce a Tiffany, una joven viuda que trata de disipar su depresión acostándose con cualquier cosa que tenga pantalones. Se fija en Pat y le sorprende que este sicótico no tenga ningún interés de acostarse con ella. Todo el tiempo él está diciendo que quiere enviarle una carta a Nicky, que quiere saber de su vida, volver a como dé lugar.


La reticencia que tenía poco a poco se fue disipando. Dejé de pensar en que esta era una de esas propuestas seudo independientes que inexplicablemente había recibido 8 nominaciones al Óscar. Me acomodé mejor en la silla, me libré de la presión y comencé a disfrutar de una comedia romántica diferente, con momentos de manipulación extrema y otros brillantes, llena de grandes actuaciones, así al principio creas que Bradley Cooper está muy sobreactuado y que es mentira todo lo que han dicho últimamente sobre Jennifer Lawrence. Además de que algo juega en contra de ellos; son demasiado lindos para ser una pareja de freaks. Pero después de la primera hora te encariñas con los personajes, sobre todo cuando empiezas a ver que Robert De Niro ha vuelto de sus dos décadas sabáticas y ha hecho un papel que nos ha recordado el gran actor que es.

Sobre los hombros de De Niro descansa el peso de la película. Te encariñas y conmueves con ese viejo apostador fanático del fútbol americano que no ha hecho otra cosa que mantener a su familia. Sería muy gratificante para sus fans verlo recibir el premio después de 30 años, una despedida digna para este monstruo que en los últimos años se había metido de lleno y con éxito a crearse una carrera como comediante.

David O. Russell es un director competente. Célebre fue la pelea que tuvo con George Clooney en la última escena que se filmó en Tres reyes, su mal genio es legendario y casi da al traste con este proyecto cuando Mark Whalberg y Angelina Jolie, los actores que iban a protagonizar en un primer momento la película renunciaron después de escuchar el mal genio que acostumbraba a tener el director en el plató. Esa bipolaridad explica por qué Russell se sintió tan cómodo en un terreno como la comedia romántica que no es el suyo.

Cuando logras sobrepasar la náusea inicial y el prejuicio de que tenga ocho nominaciones, te dejas llevar por la historia. Te encontrarás con una comedia romántica entrañable, por momentos parecida a Mejor imposible o Cuando Harry encontró a Sally, ideal para los que todavía van al cine a enamorarse.



A favor: Los fans de De Niro la van a adorar, no precisamente porque aparezcan Gánsters, taxistas o toros salvajes sino porque el gran actor ha vuelto magistralmente después de su temible Max Cady.

En Contra: Su falso aire indie y el que Hollywood vuelva a manipularnos con otro enfermo mental.
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