25 de marzo de 2012

LOS JUEGOS DEL HAMBRE. Como muchachos desparchados

Fui al cine porque hace rato no iba. No me atraía nada en especial de una cartelera fabricada única y exclusivamente para muchachitos desparchados. Me convertí por un momento en uno de ellos y entré a ver picado por la curiosidad Los juegos del hambre. La industria, sedienta por conseguir una nueva saga que garantice ganancia decidió adaptar esta novela que en poco tiempo se ha convertido en un best-sellers. A la trilogía de Suzanne Collins la han comparado con Crepúsculo, Harry Potter y demás esperpentos infantiloides. No conozco los libros pero desde la premisa de la que parten (La distopía de un mundo hambriento, donde una clase minoritaria y poderosa ha decidido vivir a costillas de los más pobres) es sin duda mucho más interesante que toda ese combo de magos y vampiros medio afeminados.
La adaptación como suele suceder con estos libros de culto, ha sido motivo de polémica. Incapaces de entender que la literatura y el cine son dos lenguajes completamente diferentes no han cesado de decir que “Es que el libro es mucho mejor que la película”. Deberían contentarse con saber que la película lo mantiene a uno pegado a la silla, que todo el tiempo uno está pendiente de la trama, que a pesar de los galanes prefabricados típicos de estas sagas y del doblaje al que nos someten sistemáticamente la historia no decae un solo instante.

Es más su director Gary Ross, conocido en los ochenta por haber escrito el guion de la recordadisima Big se ha atrevido a crear una atmósfera. Los peinados, la forma de vestirse y los adornos que usan en sus casas los de la clase alta son de una lobería que solo un régimen como el fascismo puede ofrecernos. Mientras tanto los oprimidos, los perdedores, los que habitan los 13 distritos que fueron aplastados por el poder omnisciente del centralismo, los que deben dar anualmente a 26 de sus hijos para que luchen hasta la muerte en un sucio reality, andan vestidos como si vivieran en los años 50 del siglo XX. Además de que hay varias secuencias que a mi particularmente me encantaron, como cuando Katniss Everdeen, la protagonista de la historia, decide arrojar sobre su grupo de perseguidores un panal de abejas fabricadas genéticamente para asesinar, están esas ayudas que llegan en paracaídas y la forma en que Katniss tiene para comunicarse con la niña negra, imitando el silbido de unos pájaros que ellos mismos se encargan de reproducir por todo el bosque como si fuera un eco. Son momentos que rosan la poesía.
Es inevitable pensar en que hubiera sido esta película con otro casting, con otras intenciones que no fueran enganchar como sea a miles de jovencitos sin ideales ni Dios. De pronto hubiera resultado algo colosal, algo que nos hubiera remitido porque no a Brazil al mismísimo Blade Runner. Pero no, en cambio tenemos un filme muy hábil, hecho con muy pocos recursos, pensado milimétricamente para el público al que está dirigido.

Un producto muy bien elaborado que se atreve a hablar mal de la televisión que cada vez se convierte más y más en el Gran Hermano Orwelliano; un ojo que como el de Sauron todo lo ve, lo percibe, lo toma y lo juzga. Ni siquiera pienses que el gran hermano llegara hasta tus mas escondidas intensiones. Concéntrate en la historia, déjate manipular, siéntete otra vez como uno de esos muchachos desparchados de provincia que para huir del calor se refugian en la oscuridad helada de una sala de cine y al frente reciben de lleno, sin parpadear la dosis del método Ludovico que necesitamos para poder seguir adelante.
En muchos pedazos uno se da cuenta de la ironía, esto es una crítica al autoritarismo que puede despertar la televisión fabricado con elementos y lenguajes televisivos. Uno extraña que detrás de la cámara no haya alguien que renuncie al efectismo para entregarnos una imagen muy bien iluminada, algo que se parezca a un filme, porque lamentablemente Los juegos del hambre tiene la competencia, efectividad y planicie de las nuevas series televisivas. Aún así es una muy buena excusa para refugiarse en el cine.
Porque los domingos en la tarde no le tememos a las salas oscuras.

EXTRAÑOS EN EL PARAÍSO DE JIM JARMUSH. Por Ricardo Andrés Ramirez Garcia.

Presentamos a contnuación la crítica de Ricardo un joven y avispado cinéfago que en su tiempo libre estudia historia en la UIS. Desde ya despliega una mirada diferente, atenta y sensible. Acá aborda la magnífica película de Jarmush desde el punto de vista de su banda sonora. Esperemos seguir encontrándonos con más puntos de vista de este aventajada visionador de películas



La preocupación mas grande en un principio fue escuchar la banda sonora: Screamin Jay hawkings. Nombre desconocido. La protagonista decía que era un salvaje, y no se equivoco. De inmediato vi al hombre en escena y me di cuenta que la escogencia de la banda sonora no era nada casual. Recordé al hombre que se viste de rojo y atiende el hospedaje en el que sucede gran parte de una película de Jarmush que me había visto antes de ver por segunda vez  la magistral Stranger than Paradise. Cuando la vi por primera vez no me había llamado la atención la banda sonora. El hombre saliendo en escena como un chaman, pero como un chaman sincretizado, alguien con rasgos indígenas y africanos me hizo pensar  que aquello era lo mas consecuente teniendo en cuenta el titulo de la canción: I put a spell on you. Recordemos que esta canción es con la que se da comienzo a la película, escena donde Eva llega al llamado Paraíso: New York.  Empieza así un recorrido por sitios opresivos que terminan asemejándose entre si. De hecho no es gratis que Eddy, el sumiso Eddy, termine diciéndole a Willy que cada sitio donde va termina pareciéndole similar a todos. Digo lo de sumiso por que si hay algo que de verdad me pareció interesante en esta segunda observación fueron las relaciones de poder que se presentan en la película: Un opresivo Willy que solo quisiera hablar él, coarta en su poder de decisión al pusilánime Eddy y a la aparentemente rebelde Eva. Tramposo hasta el final de la película,  Willy representa a aquel antagonista que despierta en el espectador al menos una mínima repulsión, lo cual significaría para una obra su consagración, teniendo en cuenta que la misma esta alterando el estado de ánimo del espectador. Lo cual, me parece a mí, es lo mínimo que nos debe ofrecer el arte: una perturbación de nuestro espíritu sea por sensaciones de repulsión, nostalgia, tristeza o demás. Para sintetizar un poco más la cuestión: lo retratado por la película es la cultura del consumo norteamericana. Una muestra de lo mismo son tanto las sugestivas cenas de TV de Willy como los deportes de entretenimiento para las multitudes: no termina siendo nada casual que eventos como el supertazon generen dividendos tan grandes, además de una cultura que las identifica (basta recordar aquella escena en la que Homero Simpson termina siendo invitado por un Ex –presidente de los Estados Unidos a ver el Super Bowl acompañado de unos “crujientes nachos”, esto después de que el primero se hubiese dado una muenda con George Bush en las alcantarillas de Springfield)



10 PELICULAS PARA FUMARSE. BALADA TRISTE DE TROMPETA De Alex de la Iglesia.

El niño quiere venganza. Ha visto como un maldito policía corrupto le ha aplastado la cabeza a su padre con los cascos de su caballo. Los sesos desparramados por el suelo. Su padre era un payaso, la guerra civil lo ha encerrado en un maldito campo de concentración. Ha enloquecido, ha decidido la subversión pero su revolución ha durado un par de minutos.

El niño crece con la imagen del cráneo de su padre aplastado incrustada en su memoria. Se convierte en el payaso triste, aquel que recibe los golpes y los insultos del payaso feliz. Su cara patética le servirá para agudizar la melancolía, la lástima. Pero nadie, ni siquiera un payaso triste podrá soportar sin revirar, todos los golpes que le da la vida.
Es entonces cuando la desmesura desbordará la pantalla y Alex de la Iglesia nos volverá a sumergir en sus mundos bizarros, extraños, maravillosos. El circo, los payasos, como Fellini unas décadas atrás. Su homenaje para los clown en esta película incalificable. Y en el trasfondo la historia de las dos Españas, la de la Guerra Civil y la medieval que impuso Francisco Franco. Es notable que lo popular siempre aparezca en los filmes de Alex de la Iglesia. Ahora le ha correspondido el turno a Raphael. El nombre se lo debe a una desconocida canción del interprete español quien aparece unos momentos cantando Balada triste de trompeta.

Mientras que la película era injustamente menospreciada por la crítica, Tarantino la celebraba en un sórdido cine de Pasadena. No se puede juzgar el guión, la estructura narrativa, las actuaciones cuando tienes imágenes tan potentes como las que propone De la Iglesia. Su cine no está hecho para deducir fáciles interpretaciones sino que es una sucesión de choques eléctricos que te estallan directamente en la médula. Surrealismo puro. Un payaso desfigurado con dos metralletas, una trapecitas partida en dos en su mortal caída, otro clown que hace reír para no matar y en el trasfondo la historia de España, los años finales de Franco el auto de Carrera Blanco volando por una explosión hasta el último piso de un edificio. Collage visual muchas veces sin sentido, disparatado como esos años locos que precedieron el desparpajo de la movida madrileña.
El payaso triste se sirve un buen plato frío de venganza. Ofrece un faisán a Franco de rodillas y cuando empieza a obtener la misericordia del generalísimo el gordo payaso, el patético payaso le muerde la mano al dictador.

Los espacios encerrados a los que nos tiene acostumbrados el autor vasco, ambientes expresionistas, exasperantes, en una risa que se te atraganta en la garganta, que te sofoca. España vuelve a darle al mundo un artista repleto de imágenes potentísimas como las tenían los pintores, los dramaturgos del siglo de oro. Fue una lástima pero a la vez perfectamente comprensible que su paso por Hollywood en 2007 con sus Crímenes de Oxford haya sido tan desafortunado, tan despersonalizado.
Una película ideal para encender cáñamo y consumirlo a grandes bocanadas, verla a través del humo que ayuda a abrir las puertas incrustadas dentro de cada una de sus desquiciadas secuencias. Una excusa perfecta para adentrarse en la historia de España según un loco genial. Una película diferente, originalísima, surrealista y bizarra. Cine para ser fumado.

22 de marzo de 2012

TARDES DE JAZZ CON UN VIEJO VAMPIRO. Escrito en los malditos dias del 2003

Lo primero que bajaron del camión fue un piano inmenso que en ese momento era la cosa mas grande y brillante que había visto. El piano lo subieron por medio de una grua y la operación duró cerca de media hora así que no me pude enterar que otra cosa habían traído los nuevos vecinos. Lo que si vi con claridad fue la ambulancia y vi también a un hombre viejo ser bajado por unos enfermeros, tenía el pelo largo y un respirador. En ese momento pensé que sería un oscuro imitador de Howard Hugues.



La curiosidad se apoderó de mi ya que desde que tengo uso de razón la música ha sido mi único motor de vida. Lo primero que me regaló mi papá en navidad fue un acetato negro y brillante de Herbie Hancock, Maiden Voyage y tenía en la portada a un negro flaco de gafas sentado en un porche sacado de una novela de Faulkner, aletargado mirando fijamente un punto en el espacio. Era su quinto disco como lider y el mas decidido de todos sus discos a la hora de adentrarse en los caminos impresionistas, caminos que apenas se habían abierto en sus trabajos anteriores. Siempre he tenido un temperamento fuerte y decidido, esto se lo debo en parte al Jazz a la manía que he tenido desde ese primer disco de apresarlo todo de condensarlo todo en un gran solo de guitarra. Me propuse desde ese instante ha convertirme en un fanático incondicional de Hancock y dije que lo compraría todo de ese jovencito dicharachero. Lástima que Harbie se haya vuelto tan irregular, tan inclinado al cultivo de formas mas comerciales. Pero con Maiden Voyage empezó la pasión, esa que me ha convertido en un obsesionado por el jazz.



Por la época en que conocí a viejo ya superaba a Hancock y me metía en algo mucho más clásico, el del infaltable gordo sudoroso Louis Armstrong, y me refugiaba en esa isla tan segura que era Armstrong como si en An a Wonderfuld Word se resumieran ochenta años de historia del jazz. Que hubiese sido de mi vida si no hubiera conocido a Bela, ese vecino tenebroso que en la gris tarde de mi relato apenas veo ocupar la casa.



Sobre Bela se contaban las mas tenebrosas historias, los mas pesimistas decían que era un viejo vampiro expulsado de Transilvania por su perversa costumbre de tomar sangre de recién nacidos y de muertos aún calientes, los optimistas decíajn que solo era un viejo pervertido que le gustaba rodearse de niños para después abusar de ellos. Mi mamá y todas las mamás del barrio se preocupaban porque sus hijos no bordearan la reja de metal que guardaba la casa de Bela. Todos tenían miedo menos yo, que sabía que en una casa que tenga un piano no puede haber maldad alguna.



Poco a poco me fui acercando a la casa, parecía uno de esos simios de 2001 Odisea del Espacio aletargado con el imán gigante y que se acerca tímidamente hasta que por fin lo apresa con sus manos peludas. No tuve que colarme ni buscar una excusa para por fin conocer la vieja casa y a su dueño. Una noche después de la comida salí a rodear la casa y escuché desde afuera al piano una melodía profusa y electrizante que se expandía por el aire como un torrente. Arrastrado hacia la música corrí la reja y me adentré por el jardín hasta cruzar la puerta, una escalera de caracol y después una sala llena de arañas colgantes, y en el centro de la sala rebosante en mármol estaba el piano y detrás estaba el viejo con su pijama blanca, flaco y amarillo como un Quijote derrotado y sus ojos escondidos en los pelos que caían bruscamente sobre la cara, sus ojos puestos en los suyos. No pude dejar de sentir miedo.



_ Te estaba esperando- dijo interrumpiendo bruscamente su concierto al verme. Se levantó con gran trabajo y vino hasta mi. Puede ver sus uñas largas bamboleándose como navajas al mover sus piernas- Te he venido viendo todas estas noches cuando extrañamente bordeabas la casa. Al principio me alarmé pues creí que era uno de esos hampones que siempre me siguen pero después utilizando los biniculares pude ver en tus ojo el brillo de la pasión, la mas grande pasión que puede sentir un hombre que es la del jazz.



No me concentraba en lo que decía, me detenía era en su boca desprovista de dientes y en ese hilillo de babas que se le hacía al tratar de decir algo. A mi no me apasionaba el jazz ni quería saber mas, con Hancock y Satchmo como una isla confortante y segura.



-          Esto lo tocaba especialmente para ti. Es Smokehouse Blues  melodía que volvió famosa Jelly Roll Morton, acaso sabes joven amigo quien fue este pianista, por tu cara veo que te encuentras en un terreno desconocido, así que cuéntame que sabes de esta música, cuando compraste tus primeros discos, quien fue tu primer maestro.



La uña larga del índice bailaba frente a mi rostro de una manera inquietante, claro que no sabía quien era Morton, no sabía que en realidad esto solo era un seudónimo pues su verdadero nombre era el de Ferdinand La Menthe, ni que había conformado ese grupo que volvió loco a mas de uno entre 1926, 1927 y 1928 los Red Hot Peppers. No, no sabía nada de eso, tampoco quería saber, mi único deseo era salir de allí, contarle a todo el mundo que era cierto todo lo que decían de el viejo, era un vampiro, un horrible brujo. Le di la espalda y salí corriendo, a mi espalda sentí su risa escurriéndose como agua helada.



Aquella noche la pasé en vela. No puse música ni leí, solo me quede un poco como Harbie Hancock en la portado de su disco, aletargado, perdido en un punto. La mañana me encontró sentado y apenas revolví un poco el desayuno que mamá me sirvió. Como era sábado la pasé todo el día encerrado y sabía que nunca mas volvería a esa casa. Pero en la noche pensé distinto, me empezó a punzar esa curiosidad que solo despierta lo desconocido, quien sería Jelly Roll Morton, que querían decir esos rostros de mujeres negras regados por todo el salón? A las ocho me salí por la ventana y sin que nadie se diera cuenta ya estaba en la calle. El olor a tierra mojada me alertó un poco sobre la posibilidad de lluvias. Cualquier gota caída del cielo producía en mi un efecto devastador, tenía un problema de respiración desde que nací lo que me convertía en un niño ensimismado poco dado a los amigos y a las grandes aventuras. Pero esa noche me poseyó un ímpetu hasta el momento desconocido para mi. No lo producía ni las uñas largas del viejo ni esa cara sucia y arrugada: la curiosidad me la produjo el jazz. La puerta estaba abierta y desde afuera se escuchaba como en la noche anterior el Smokehouse Blues. Entré decidido a confrontarlo, a vencer mi repugnancia y mi miedo (no desechaba la posibilidad de que en cualquier momento sacará sus garras, sus colmillos afilados de vampiro viejo) y me senté en una sillita que en la noche anterior no había visto y que estaba puesta allí para que yo me sentara. Esta vez el viejo no notó mi presencia. Cada sonido de una nota le dejaba los ojos sin orbitas, como si fueran rotos blancos. Terminó y me miró mandándome una sonrisa.



-          Estuve esa noche cuando Morton tocó por primera vez esta melodía. Estaban todos tan jóvenes. Él era el mas joven todos, un criollo altivo e insolente. Conocí a Jeanne una mujer madura al cual el iguazo la había dejado en la calle. Su pasión por el piano solo era comparable con la pasión por el juego y por vivir de las mujeres. Fue el primer compositor de envergadura que tuvo el jazz aunque eso si, el tenía bastantes pretenciones para ser tan joven. Imaginate... como es tu nombre...



Yo me revolvía en el asiento entre temeroso e interesado. El sonido metálico de su voz contrastaba con la desolación de sus encías, tremulo le dije que me llamaba Santiago



_ mira, Santiago, este criollito de poca monta pretendía haber sido el creador del Jazz. Eso es como pretender ser una especie de Prometeo creador de fuego. Sin embargo y como pasa con esta música donde individuos con el coeficiente intelectual de un chimpancé logran convertirse en geniales compositores. El verdadero a porte de Jelly fue el de haber cristalizado la pluralidad musical de New Orleáns, principalmente el ragtime y el blues, pero también los aires de las cuadrillas, las marchas, los ritmos de habanera o, incluso, las influencias europeas, en una elaborada forma inequívocamente jazzísistica.



El viejo cerró los ojos como quien se concentraba en una lección aprendida hacía siglos. No tituteaba todo lo decía como si un ser invisible se sentara a su lado y le dijera todo lo que tenía que decir. Al abrirlos noto que si bien no entendía ninguno de los conceptos que el me había dicho si había desaparecido de mi rostro ese terror del principio.



-Tu sed de aprender es tan poderosa que luchas contra la propia repugnancia de venir hasta acá para escuchar de mis labios todo lo que se de Jazz. El viejo Bela recuerda y eso que son muchas las cosas que he visto, trataré de condensarlas para ti y dártelas como si fuera un zumo de frutas.



Me acomodé en el sillón lo mejor que pude. Un mayordomo tan antiguo como Bela le trajo una taza de cerámica despachando su contenido en un movimiento un poco felino para tener la edad que aparentaba, el mayordomo me preguntó si quería algo pero le dije que no así que nos cerró la puerta dejándonos en paz.



-          Has de saber querido amigo que las primeras historias de jazz escritas en los años veinte por norteamericanos presentaban esta música como la semilla de la genuina cultura musical de su país. Esto en un intento de apropiarse de esta música que como el blues era el canto de los oprimidos. Pero ellos no podían negar que el concepto de cultura musical que encerraban se asimilaba por completo al de la música europea. De una búsqueda de sentido autóctono se pasó a todo lo contrario: se empezó a ignorar el concepto popular y lo consideraron superado y ennoblecido por la música de autores. Has de saber Santiago que los primeros interpretes de Jazz no eran los negros, bueno, al menos los que se conocieron en un principio pues existía el racismo que les quitaba protagonismo y los anulaba metiendolos en un guetto. Los autores no venían de lo popular, eran grandes compositores, estudiosos, músicos de salón. Es así como aparecen W.C Handy, Ferde Grofé, Irving Berlin, George Gerswin o Paul Whiteman. Hoy en día nadie discute que aunque estos hayan sido músicos incomparables la verdadera gracia no está en Rhapsody in Blue de Gerswin sino en un improvisado y absolutamente desquiciado Amorous tocado por Charly Parker. En los treinta se creía que la música blanca podía mezclarse con el Jazz y esta corría un grave peligro de contaminarse. Ya algunos manifestaron al jazz como esencia cultural de la etnia afroamericana. Todos estos libros que vez a mi espalda- el viejo me dio la espalda y yo pude ver sus huesos debido a lo roída que estaba la bata que lo protegía. Con sus bracitos enclenques descorrió una cortina y pude ver una biblioteca de dos metros de alto llenos de libros cuyos colores me hirieron el rostro- todo eso está escrito acá, yo fracasé como pianista pero por mas de sesenta años he comprado lo que mas he podido de libros, porque a veces la música se toca no con las manos sino con los ojos.



La boca se le puso seca como un estropajo, en ningún momento dejaba de mirarme, creí que le iba a dar un ataque así que halé el cordón que había halado la primera vez para llamar a su mayordomo y efectivamente apareció el mismo señor milenario, con la misma tacita y el mismo sorbo rápido de Bela



-Gracias Joseph, sabes como me cuenta recordar. La memoria se le va nublando a uno después de que lo que hemos visto aplasta un recuerdo tras otro. Quisiera Santiago que tuvieras mis ojos por un momento para que así pudieras ver lo que yo he visto. Puedes retirarte Joseph.



El mayordomo como un autómata obedeció al instante la orden. Los pocos colores que tenía el rostro de Bela volvieron a aparecer



-Según los libros- Dijo Bela como si solo hubiese tragado saliva y ningún mal pudiera aquejarlo- en la década del sesenta florecieron visiones de la historia que trazaban en términos políticos la distinción entre el jazz de los negros y el de los blancos, en los setenta el Jazz es una música mestiza y desaparece un poco ese racismo tan imperante en todas las actividades norteamericanas. Latin Jazz, Acid Jazz, todo no es mas que una falacia, el Jazz es único es la vida. Es increíble que entre los algodonales, entre tanto látigo y tanta sangre halla podido salir la música mas libre del mundo. Solo los condenados entendemos el jazz, los infelices que a pesar de tanto muerte pululando por ahí todavía hay algo que nos hace sonreír. Cuando el jazz salió fue como una irrupción, muchos dicen que el jazz nació en los años 20 pero se equivocan feo los que piensan así. eso que grabaron los Diexieland Jass Band ( ODJB, las zetas vendrían después, con los negros obviamente) eso que se dice como el inico del jazz no fue mas que una pálida imitación de lo que cantaban los negros en Nueva Orleáns en 1917. Eso que cantaban los negros en Nueva Orleáns ya se estaba incubando en Louisiana, en Nueva Orleáns durante el último cuarto del siglo XIX. Esta ciudad era el centro, el epicentro de ese terremoto compuesto de bajos, guitarras y saxofones. Nueva Orleáns tenía que ser el epicentro pues allí se dio el cruce de culturas y música, sabes que es el Ragtime, anoche hablé de él y tu pusiste una cara como de perdido.



Negué con la cabeza, nervioso no porque Bela fuera un monstruo sino por no quedar mal con el maestro.



_ --- Los rags, aunque se tocaban sobre toda clase de instrumentos, fueron esencialmente una especialidad de los pianistas. Su apogeo se sitúa entre  finales del siglo pasado y las dos primeras décadas del siglo XX. S-e trata de una música de precedencia europea, con un estrecho parentesco con los bailes y marchas entonces en boga. En una época en la que aún no se había expandido el fonógrafo, los rollos de pianola sirvieron para difundirlo. En realidad no puede ser considerado como jazz.



Entonces yo pensaba y entonces que era el jazz?, no sabía todavía que el jazz iba a estar en manifestaciones culturales que no tenían que ver muchas veces con la música. La lectura de Cortázar por ejemplo me acercó a las improvisaciones de Charly Parker o Dizzy Gillespie y de ahí pasé a la guitarra que es por cierto mi gran pasión. Bela me escrutaba como si en vez de ojos tuviese esas uñas largas y mugrosas. Que era el jazz, Bela? Hubiese querido preguntarle y el responderme cosas, como si hablase desde adentro de una caverna.



-          Sabes por que no eran considerados como jazz? Eso quiere preguntarme pero no te atreves. La timidez Valentín mío es una gran amiga de la estupidez. Si quieres salir de la ignorancia debes aprender a hablar a exigir que te entreguen todo el conocimiento. No eran jazz porque los rags estaban totalmente escritos y excluían la improvisación. Pero eso si, constituyeron  un punto de partida para la aparición de los estilos pianísticos de jazz, en particular el stride. Después vino el blues, pero eso es otra historia.



Los ojos de Bela se volvieron a poner blancos y su palidez me hico pensar lo peor, con la poca fuerza que le quedaba alargó la mano hasta la cuerdita. Apenas sonó la campana apareció Joseph y como un autómata cargó en sus brazos el desvanecido cuerpo de su amo. Yo me quedé solo y no osé a moverme del sitio. Con la mirada recorría las fotos de todas esas cantantes que a la postre habían sido mártires de ese sonido del demonio que era el jazz. ¿entonces no había surgido de una explosión? ¿el jazz no era hijo del big bang? No, ni las Big Band vendría de allí. el jazz como todas las cosas hermosas había nacido de un murmullo apagándose. Cansado de estar sentado salí de la mansión. En la casa mi mamá me esperaba con la comida fría. No me lo dijo pero sabía que estaba brava conmigo.





II.



Con la llegada de las vacaciones toda preocupación se disipa. Creo que ya había dicho que siempre he sido un hombre solitario. No me gustan las multitudes, ni siquiera en mis propios conciertos. Prefiero el estudio de grabación, la sala de mi casa a ser adorado como si fuera una estatuilla sagrada en un pueblo pagano. Me encerré en mi cuarto y escuché todo Jelly Roll Morton y la obra completa de Joseph “King” Oliver. Estas fueron sus primeras grabaciones y de paso son los mejores documentos que contamos nosotros, los amantes de esta música, sobre las primeras formulaciones jazzistícas. Bela quien en ese momento de mi vida se convirtió en mi única y a la postre única escuela, me hablaba de King Oliver con aire desenfrenado, “el es el Homero del jazz, su Canal Street Blues viene a ser la Odisea y bueno la Iliada es sin ninguna duda I`m going away to wear you off my mind.



En esas vacaciones no la temí a Bela aunque eso si sus bruscas interrupciones se acentuaban y casi todas las noches se repetía la misma escena, Bela cerrando la conversación con un desmayo. Entonces venía Joseph y la puerta se cerraba llevando en sus brazos al amo.



Los momentos en que Bela me recibía con su sonrisa desdentada los aprovechaba para bombardearlos con preguntas y el se rascaba la cabeza y contestaba como si un su mente reposara una enciclopedia, o peor aún como si sus ojos gastados de viejo eterno hubiesen estado allí, viendo tocar a King Oliver, “hablame un poco mas de él Bela”



_Oliver era un cormetista, y dejame decirte que tampoco era algo de el otro mundo. El no era un cormetista de técnica ni tesitura portenstosa, lo que lo hacía maravilloso era su estilo, oh, como extrañamos el estilo de el rey, era un estilo rotundo y de gran firmeza rítmica, ideal para conducir la improvisación colectiva, definitivamente impuso un modelo indiscutido en esa época.



Esa época eran los veinte, el viejo se movía cacique ridículamente, como si recordara desde su memoria un sonido desconocido para todos los mortales.



-          El rey fue un priviligiado ya que en ese entonces era realmente jodido grabar. A pesar de ese primer éxito de la ODJB, las grandes compañías se desinteresaron del tema. Grabar jazz no era rentable. En 1920 Mamie Smith que no cantaba jazz sino blues vendió 100.000 en un mes de su Crazy Blues. Los negros también tenían voz y habían oídos blancos que querían oírlos. Sin embargo estos oidos de lebrel se veían duramente golpeados ya que antes de 1925 todas las grabaciones eran de una calidad realmente pésima. No obstante ese fue el marco en el que Louis Armstrong, a la cabeza de sus Hot Five y sus Hot Seven Hot Seven, consiguió que el jazz pasara a ser una música adulta, instaurando la preeminecia individualista del improvisador.



He ahí la grandeza del jazz, decía Bela con sus ojos encendidos, en el jazz como en casi ninguna música se destaca el loco, el diferente, el que rompe con el molde. Soy un músico suficientemente coherente como para comprender la magnificencia casi divina de La pasión según san Mateo pero también desprecio su precisión matemática. En el jazz todo orden se subvierte, se despedaza. En el improvisador está el rebelde, el hombre demonio.



Bela tenía en su espíritu las llagas del rebelde. Nunca las mostraba pero su peso se hacía sentir en el aire de sus palabras.



-          Conoces a Satchmo?



Me preguntaba ese hombre de rostro pálido, no conozco a nadie Bela, y hoy cuarenta años después todavía busco las respuestas. Los pies se movían como si el coloso de Rodas de un día para otro hubiese deseado moverse. Pasos lentos, pesados pero no demoledores. El peso de los años, la levedad se endurece. De una vidriera de plata a sacado un cofrecito que recuerda siempre los hermosos cofres de música con una bailarina moviéndose al compás de la música. De entre sus manos aparece una cosa negra y redonda. Pesada y pequeña como él.



-          este disco que suena es una de mis joyas mas preciadas Alligátor Crawl de Satchmo, curioso apodo para un negro gordo como era Armstrong. Como hablarte de Satchmo si nadie sabe de él?. Sus orígenes están envueltos por diversas leyendas que nunca terminaran de develarse, pero lo que si se ha quedado bien documentado es su evolución músical. Lo que se querido Valentín es que en su Nueva Orleáns natal se había ganado una reputación de genio precoz cuando King Oliver, antiguo mentor suyo emigrado a Chicago, lo llamó para tocar en su banda.



Hasta el momento la historia de Satchmo no me entusiasmaba mucho. Parecía la historia de un músico normal. Además me desulucioné un poco al escuchar que And a wonderfuld word  era un tema menor en su basta discografía. Entonces, ¿qué diablos convertía a Armstrong en el más avanzado músico del momento?



-          Sabía que ibas a preguntar eso, sin referirnos a sus extraordinariamente apropiadas dotes físicas, hay que enumerar los rasgos estilísticos que le condujeron a la disolución del modelo colectivista de Morton y Oliver, propio del jazz de Nueva Orleáns, dando un impulso definitivo a la figura del solista. En primer lugar poseía un sonido claro e intenso que en combinación con su amplio repertorio de vibratos y mordentes proporcionaba a su fraseo un inconfundible impulso interno. Fue uno de los primeros disolutos, un hombre demasiado brillante para pertenecer a un grupo.



Su voz se inflaba como si el viento entrase en todo su cuerpo gordo. Le quedaba viento hasta para tocar la trompeta como solo un endemoniado podría hacerlo. Solo los endemoniados pueden tener tanta furia. Ser un jazzmen era una suerte de misántropo, ¿cuánta tenía razón Groucho Marx al decir que el no podría pertencer a un club que le considerara su miembro? Yo no quiero pertenecer a un club que me acepte a mi como socio. Por eso Woody Allen lo cita en su epígrafe visual de Annie Hall Woody es un músico que en sus ratos libres. Las uñas me despidieron esa noche, como si las uñas fuesen lo único que me interesaban de ese hombre. Escuché los discos que me dio Bela y guardé tímidamente ese Gratest Hits que tenía por culpa de esas revistas que compraba mi padre. Hacía un año que conocía a Bela y estaba tan embebido en mi educación que no escuchaba lo que decían de mis continuas visitas a la mansión del viejo. Que el era un pederasta y yo era la tierna víctima que entre inocente y complaciente iba a visitarlo todas las noches. No me importaba, mi sed de conocimiento hacía que todos los murmullos los acallase mi necesidad. Necesitaba a Bela y sus consejos mi madre me regañaba, mi padre nunca estaba en casa. Como molesta el conocimiento, como incomoda en una sociedad como esta un hombre libre. En las noches de luna llena no aullaba Bela sino que sacaba unos tabacos de extraño olor yo fumaba con Bela y escuchaba tranquilo los sonidos del jazz. Fueron mis mejores vacaciones.


21 de marzo de 2012

NUESTRAS IMAGENES. Apuntes sobre las Becas del Bicentenario

Ante un auditorio prácticamente vacío se exhibieron los ganadores de la beca bicentenario. Es una pena que sumada a las críticas injustificadas y resentidas de muchos de los que perdieron se sume la desinformación o el mero desinterés con el que se difundió la exhibición de los dos cortometrajes y el documental. No es mi intención habla de ese gran atributo santandereano que es la envidia sino que quisiera centrarme en la necesidad que deben tener los bumangueses de apreciar estos tres trabajos, una necesidad que se le ha venido negando sistemáticamente.

Hasta el momento las becas se han venido entregando como mero formalismo. Conjunto a la entrega del dinero debería hacerse un trabajo serio de difusión donde puede establecerse un diálogo directo con el realizador. Eso al menos en el marco del festival de cine no se pudo dar.

Hablando ya de los tres audiovisuales son muchos los aspectos para resaltar. El más notable de ellos es la calidad técnica. Independientemente de la forma, prima en cada uno de ellos una habilidad, una limpieza en las imágenes, en el sonido. Los dos argumentales por ejemplo poseen un lenguaje cinematográfico sólido, se entienden sus intenciones, las angustias de los personajes, la trama. Contar una historia en imágenes es muy complicado y creo que tanto La hormiga y el coronel como en Love Story revelan que detrás de la cámara hay oficio y la verdad sería muy importante que los realizadores tuvieran mas oportunidades de plasmar sus historias, sus obsesiones en un trabajo audiovisual para constatar la evolución que seguramente tendrán, una evolución que se ve cada vez más palpable en la obra de Frank Rodriguez. A continuación trataré de esbozar un comentario sobre los tres trabajos.

Love Story: Solo se puede hablar de lo que se sabe. Existe un universo pre establecido, bajo ese mundo y esa obsesión se cuecen las grandes obras. Conocí a Mario Niño en el 2003, justo cuando planeaba y concretaba su maravilloso documental sobre esa tribu urbana tan desconocida y compleja como son los cumbieros villeros. Nueve años después ha tenido el valor de ser consecuente ante sus demonios y se ha expuesto sin respuesta ante su argumental Love Story.

 En una región sin tradición cinematográfica es muy refrescante notar un universo, una obsesión, un tema manejado con la seriedad y compromiso que pueden dar los años de investigación. Los muchachos que convulsionaban ante la miniteca arriba del san Andresito de la 15 vuelven a aparecer una década después enmarcados en otros actores, en otras posiciones y con la posibilidad de hacer un argumental con ese mundo que el conoce tan bien.


En un artículo difundido hace unos meses por internet se le criticaba a Niño por su obsesión con el mundo de la cumbia, como si el no pudiera hablar de eso. A mi me parece válido que Mario sea consecuente con sus obsesiones, los grandes autores siempre hablan de lo mismo. El ha decidido mirar la ciudad desde el punto de vista de la periferia, de las bailantas. Para esto decidió contarnos una historia sencilla, la del joven humilde que quiere invitar a salir a la chica que le gusta y que para impresionarla necesita comprarse unos zapatos bonitos. Uno como espectador todo el tiempo está pensando en que el personaje principal va a cambiar su trabajo de vendedor ambulante de películas piratas por el de asaltante a mano armada, pero no, es un joven puro, querible, sus amigos atracadores lo aprecian y por eso le dan la plata para que el mismo se compre los zapatos. Justo cuando se acerca el anhelado momento de bailar la cumbia con la chica de los sueños vuelve a ponerse delante de él la realidad de su barrio, de su entorno. Lo que se pudo desembocar en una tragedia, el pobre joven abaleado por robarle un par de zapatos se convierte en un músical, el joven llega en el último minuto a la bailanta. Hay una explosión de cumbia, los dos amantes bailan sin importar que uno de los dos tenga los zapatos rotos.

El corto tiene algunas secuencias maravillosas. Cuando el joven se mide los zapatos tiene una bolsa de plástico en los pies, al pagar los tennis deja un montoncito de billetes sobre el mostrador y se ve a través del vidrio su propio reflejo, la persecución también me parece que está muy bien montada. Me parece que el problema que puede tener el cortometraje es la indecisión que tiene su realizador en quedarse a medio camino entre el video clip o el argumental.

Pietá, la hormiga y el coronel: Hace unos años era impensable que en Bucaramanga se pudiera hacer un trabajo de época. Mario Mantilla lo logró con mas dicha que pena. El cuidadoso trabajo en la fotografía, la dirección de arte, las potentes imágenes de esas hormigas llevando pedazos de hojas a sus guaridas ocultan algunos problemas que puede tener el corto desde el punto de vista de guión. La hormiga y el coronel tiene planos magníficos, como el del inicio, al frente del cementerio, o el de el fusilamiento del rebelde en la noche que recuerda vagamente a un cuadro de Goya. El cucarrón devorado por las hormigas en una clara metáfora al fin del imperio español evoca al mejor Peckinpah.

Este puede ser el inicio de una interesante serie de películas sobre nuestra cada vez más olvidada historia.

En cuanto al documental de Frank Rodríguez merece un capítulo aparte que dentro de poco escribiré. Lo de Frank me sorprendió infinitamente y desde ya se rebela junto con Iván Gaona como una de las grandes promesas de nuestro incipiente cine. Imágenes poderosas y hermosas pueblan un documental único, diferente, extraño, un trabajo que está todavía sin terminar pero que desde ya devela la puntada inicial de lo que estás becas pretenden: incentivar por fin nuestra propia cinematografía, nuestras imágenes propias.

14 de marzo de 2012

CUATRO CUARTOS. Los maestros tambien se equivocan

En la universidad todos hablaban de esa película cuando salió. Incluso hubo un muchacho que en uno de sus viajes a Estados Unidos trajo una copia en VHS y desde allí, como si fuera una rata hinchada comenzó a parir y a parir copias que infestaron los cineclubes de la ciudad. Siempre me resistí a verla, debe ser que en su momento vi el trailler y los movimientos convulsivos de Tim Roth me sofocaron. La vi hace dos días gracias a esa estafa llamada Netflix. En su momento significó la reaparición de Tarantino después de haber despedazado la palabra independiente con su Pulp fiction. Cumpliendo la premisa de Capra, el nombre del director volvía a aparecer en la marquesina. Quentin no solo volvió rentable a los indie sino que cimentó el poderío de Miramax y los monstruosos hermanos Weinstein.

El bravucón Harvey estaba al servicio de su niño prodigio. Tarantino era para él lo que significaba Mickey Mouse para Disney. Pase cualquier proyecto mijo que acá le será aprobado todo. Las fiestas, los premios, la fama, las rubias altas con las que siempre quiso salir pero que jamás le dieron ni un escupitajo hacían fila al lado de su casa para entrar a chuparle la polla. Bajo los efectos del endiosamiento es muy complicado tener rigor. Además estaba la presión de que todos esperaban anhelantes tu próxima obra maestra. Quentin escribió un guión de 25 hojas, si acaso sería un mediometraje pero ningún productor que tenga ganas de hacer dinero con tu nombre va a financiar un medio. A los hermanos se les ocurrió la idea, llamar a otros directores de la casa, que tal Allison Anders, porque no Alexander Rockwell, ¡eran amigos del genio! A eso sumémosle al compinche imbécil, al idiota que se nutre con la fama de tu compañero de escuela, el imposible Robert Rodriguez. Armemos pues la película, cuatro historias, un hilo conductor, el botones medio tarado, con sus movimientos de dibujo animado que va de habitación en habitación soportando aquelarres, mafiosos y los caprichos de una estrella de Hollywood.

Los tres directores convocados para soportar el proyecto de Tarantino no contaron con los mismos privilegios que el autor de Perros de la reserva sus historias serían mas cortas y además deberían pasar por las manos de tijera de Harvey. Tanto la Anders como Rockwell se sintieron humillados con el trato de Miramax. Según ellos no pudieron reconocer en los copiones que vieron sus propios trabajos. A Rodriguez lo que haya pasado con ese producto hecho a la medida del infame Banderas le tenía sin cuidado….total la rumba que se vivió mientras se realizó el proyecto pagó todos los sinsabores.
Tres historias donde prima la estética de lo feo, de lo kitch, todo exagerado, deformado por una postura que en los noventa trató de hacer escuela con Natural Born Killers y toda esas cochinadas que expectoró Oliver Stone y sus secuaces. Tres historias que tenían como único fin servir de preludio para la gran idea del prognático, además el actúa en su propio filme lo que lo hace doblemente atractivo. Por eso esperé los desafueros de la bruja Madonna, las carantoñas del imbécil Banderas, la hiperkinesis de ese actor sobrevalorado llamado Tim Roth, solo para ver el medio metraje de mi ídolo.

No creo que el guión de la parte de Tarantino haya tenido una segunda versión. Se nota que ni el mismo sabía para donde putas iba. Todo es tan improvisado, tan feo, tan incongruente….tan aburrido. Ni siquiera las conversaciones pueden estallarte la cabeza como lo suele hacer en sus películas, y eso que los personajes de este mediometraje son gente de cine. Nada funciona, el color es horrendo, las actuaciones precarias y a eso súmale que la vi un domingo en la tarde en medio del calor que dejan los ventiladores de techo descompuestos.
Cuatro cuartos enseña que hacer cine es algo muy difícil porque hasta los genios se equivocan sino se entregan completamente a un proyecto. Allison Anders y Rockwell han demostrado con sus carreras lo buenos directores que son y Tarantino, bueno, es el Fellini de nuestra época. Sin embargo es difícil ver algo mas horrible que este proyecto. Respira el tufillo independientón de que somostodosunoslocosdemierda. Una película ideal para jóvenes marihuaneros que buscan desesperadamente la ola que los saque de su letargo, la locura que los haga sentir diferentes.

9 de marzo de 2012

SMOKE. De Paul Auster. Los cigarrillos son sublimes!

Auggie todas las mañanas a la misma hora toma una foto desde el mismo ángulo, en la misma esquina. Tiene varios álbumes atestados con ese momento. La vida transcurriendo ahí, lenta y a la vez cambiante. Cuando Paul Benjamin, el escritor que va a comprarle cigarrillos en su tienda, le pregunta porque hace eso Auggie responde “Porque es mi proyecto”. Entonces nos meten esas fotos y comprendemos porque lo hace. Hay que contemplar las fotos con lentitud, mirar como un día en esa esquina hizo sol, al otro día estuvo desierta o atestada de gente, alguien dándose un beso…lo que pretendía Auggie era captar la esencia de la vida en ese preciso momento.

Mientras el escritor pase las páginas del album ve, que en una de las fotos está su esposa fallecida, lleva una sombrilla y sonrie con timidez, como si se sintiera observada. Se ve tan viva en la foto....Benjamin acaricia la textura de la foto, puede sentir su piel carcomida por la tierra desde la muerte. Esa foto es un portal. Siente el nudo en la garganta, explota en llanto, tal vez nunca ha llorado a si, ha tenido que volverla a ver, se ha asustado y a la vez ha entendido el maravilloso proyecto de Auggie.

Y está el tema de la soledad ¿no? esa que es imposible de sobrellevar si no tienes un cigarrillo a la mano. Si necesitas escribir, si llevas mil palabras y sientes que se te acaban, detente, busca en la cajetilla y enciende uno… no hay mejor consejero. Si tienes la certeza de que todos te han abandonado, que la desgracia es una vieja gorda que se ha sentado en tu sofá espántala con humo. No le temas a las consecuencias, igual la vida es un cáncer.
Smoke no se parece a ninguna otra película tal vez porque detrás de la cámara no solo está un cineasta (Wayne Wang) sino que está un escritor, Paul Auster, quien nos ha metido en la intimidad de sus maravillosos personajes, cada uno sobrellevando su propio drama, su propia soledad, flotando en el absurdo gracias a los cigarrillos. Antes de que las ligas de la salud, pobladas de viejitas prejuiciosas y jovencitos obedientes  y tecnócratas, la vida era imposible de ser llevada si no sentías en el bolsillo de tu pantalón el glorioso tabaco. Muchas veces el escritor, antes de abordar su trabajo, enciende uno, lo deja en el cenicero y allí se va consumiendo, lenta e irrevocablemente. Los encienden como los feligreses prende un cirio para adorar a su Dios. Los cigarros quien lo duda son sublimes, tienen un encanto imperecedero, son ideales para el trasnocho, para una buena conversación, para pensar, para descansar, para después del amor, de una cena, para escribir. Cuando tenía quince años pensé que todos los escritores llevaban gabán y fumaban como locos. Creí que eso era inherente. Es hermosa esa imagen ¿Saben? La de un tipo flaco sofocado en su buhardilla por el humo de su propio cigarro.

Es imposible negar que no causen enfisemas y todo eso. Pero ha salvado a muchos del suicidio. Tal vez ha salvado a más gente de la que ha matado. Un cigarrillo sirve para reconciliarte con la vida. Paul Benjamin sufrió la muerte de su esposa abaleada por unos ladrones que no supieron robar un banco. Después de la desgracia perdió las ganas de escribir y más de una vez habrá intentado, como quien no quiere, elevarse en una calle, pensar en dos palomas destrozándose una a otra en la plaza Tiananmen y que una camioneta lo haga fundir con el asfalto. Lo pensaría más de una vez mientras aspiraba el humo que redime, es reconfortante saber que algún día vas a volver a ver al ser amado, que ni la muerte tiene el poder de separar para siempre a dos seres que se aman.
El humo te da esperanza, te resucita. Los personajes de Paul Auster han tenido que soportar unos particulares e intensos infiernos. Están allí, viven. Están vivos, ¿No es eso fantástico? En las fotos de Auggie, en el brazo de hierro de Cyrus, en los sesenta mil dólares de Rashid, ocurre el milagro, los personajes respiran a través de la pantalla.

Y el final no?, el glorioso final, mientras los créditos van cerrando la película vemos el relato de Auggie, todo lo que nos contó en su monólogo lo que nos imaginamos nos lo muestran en las imágenes. La anciana ciega abrazando al que cree ser su nieto, el pavo partido con la mano, el vino encendiendo el ánimo, la ida al baño de Auggie y el encuentro con la cámara fotográfica ¿Porque no sacarla de allí? ¿Acaso no es robada? Al salir la anciana está dormida, Auggie ya ha cumplido, le dio la felicidad de pasar una noche buena acompañada, abre la puerta, se va, se cierra la película ante nosotros, buscamos la cajetilla, encendemos el cigarrillo, el humo sabe mejor cuando se es feliz.

8 de marzo de 2012

TODO GUSTO ES UNA ABERRACION. Apuntes sobre la crítica cinematográfica.

Es una mentira decir que el crítico es el puente que une al creador con su obra. El arte no necesita intermediarios, ni siquiera debe importar si es entendido o no. El arte como diría de la naturaleza Feuerbach, está allí y se justifica por si mismo. No creo en los estructuralistas ni en la abstracción de los conceptos. Si el arte no es un goce no me interesa. Un crítico debe ser el lector más entusiasta, el espectador más fervoroso. Un crítico debería ser ese hombre que ama a las películas por encima de cualquier cosa, que ve en la pantalla no una obra de ficción que debe ser diseccionada como el ave de presa de un coleccionista, sino como un pedazo de vida. Las películas más entrañables, las que siempre están conmigo son en las que de una u otra manera me puedo conectar con ellas, identificar con sus personajes, sentirme parte del filme.

El crítico es un camaleón. Puede ser, si lo quiere, el idealista dueño de un bar en Marruecos en la Segunda Guerra Mundial, o, si lo quiere podría ser un hombrecito menudo, inseguro que quiere desear a la novia del amigo aparentando ser Bogart. Entra tantas frases que nos deja Truffaut está la de que el terminó dirigiendo películas “Porque cada vez quería estar más cerca de ellas” Sus escritos en Liberation y posteriormente su militancia en la iglesia baziniana no le bastaron. En su famoso artículo Una cierta tendencia del cine francés el joven Doinel destruía los filmes franceses de los cuarenta y los cincuenta ya que no mostraban la vida misma “Hay que sacar la cámara a la calle, hacer filmes con gente de verdad” Años después cuando sus películas junto con las de Godard, Rohmer y Agnes Varda  cambiaron la manera de hacer y pensar cine se arrepentiría de ese ataque injusto pero necesario. Melville herido en su amor propio lo confrontó “No tienes ningún derecho a hablar de como se hacen las películas si estás detrás de un escritorio” Truffaut le siguió el consejo, se puso detrás de la cámara, la sacó a la calle, estaba adentro de la pantalla, ya no era el crítico Francois Truffaut, ahora volvía a ser el gamberro, el niño rebelde que prefería hacerle altares a Balzac que ir a clase. Como Judá León en Praga había creado un golem, su nombre: Antoine Doinel.
Un crítico no tiene moral, no importa si lo que ve es un panegírico al horror del nazismo como es El triunfo de la voluntad o un panfleto al comunismo como El acorazado Potemkin lo que importa es la emoción que nos despierta. No existen géneros, no puede existir el prejuicio del género. No me gusta el rugby pero me encantó Invictus, nunca he comprado un comic pero disfruté de Iron Man. Así como Nietzsche dice que “Un lector debe ser un niño” lo mismo pienso del espectador de cine, debe primero que todo meterse en la historia, en los personajes, creérselo, sorprenderse. Hay demasiada inteligencia, la inteligencia puede ser fascista. Todo debe tener una explicación. Todo debe ser denso y aburrido. Si entramos a la sala oscura es en búsqueda de una historia y si el relato funciona pueden hablarnos de cualquier cosa.

La crítica como la realización deben ser un ejercicio de amor, no a la humanidad sino al cine mismo. Nada sacia al cinéfago, puede estar protegido por la oscuridad de la sala todo el día. Todos le tenemos miedo a la realidad, preferimos vivir la vida del otro….si Dios fuera director de cine la vida sería menos aburrida. He renunciado desde hace muchos años a vivir mi propia vida, trabajo sin descanso para que llegue la noche y fundirme en la vida de un ferroviario enfermo de amor, que tiene que sufrir en carne viva el desprecio de la mujer que ama, ser usado por unos enanos anarquistas o bailar (sin saber como hacerlo) debajo de la lluvia. Necesito una película en la noche y después tener el placer de abrir un libro y que la película vista esté allí. Los libros de cine son un tesoro. Son tan escasos que cuando aparecen en una librería iluminan el estante. Conozco gente que ama ver películas pero que consideran una pérdida de tiempo leer sobre cine. Desconfían de él. Nada puede ser serio si lo disfrutamos. La religión nos habló del pecado, de la tortura, toda nuestra vida encerrados en un salón de clase padeciendo las imbecilidades de un profesor nos enseñó que para aprender hay que sufrir. En el cine los dolores se van, eso no puede ser digno de estudio. Me encantan leer los maravillosos comentarios personales de Cabrera Infante en Cine o Sardina. El como nadie supo ver que la crítica no hacía parte del cine sino que era un género literario. Sus declaración de amor a las vampiresas Gloria Grahame  o Bárbara Stanwyck, el desprecio irracional que sentía hacia Buñuel, la excesiva confianza depositada en Spielberg, uno podía estar a favor o en contra de su manera de apreciar las películas pero siempre se aprendía y sobre todo siempre se disfrutaba. Nadie escribió de una manera más cálida, más imaginativa sobre el cine.

 Muchos veneran a Andrés Caicedo, dicen que era mucho mejor crítico que escritor. Yo creo que pepe metralla va a pasar a la historia es por ser el espectador más compulsivo que se ha visto en el claroscuro de una sala. Creó el cine club de Cali cuando tenía apenas 15 años. Las funciones eran en el peor horario imaginado para verse una película, el maldito mediodía caleño, pero allí llegaban fieles a la cita, doctores y ladrones, secretarias y sirvientas, mamertos e hijos de papi y mami, amantes del Rock y de la salsa, Richie Ray contra los Graduados, los Stones contra los Beatles, no importaba el credo o la filiación política, todos se convertían a una sola religión gracias a los westerns de Peckinpah , Boetticher o Anthony Mann, a los policiales de Samuel Fuller, a la anarquía de Nick Ray. Andrés desconfiaba de todo lo que fuera aprobado por el establishment. Eran los tiempos donde en Latinoamérica se creía que el cine podía cambiar el mundo. Habían razones para creerlo. Glauber Rocha y Nelson Pereira do Santos con el Cinema Novo siguieron desde Brasil la insurrección que había provocado desde Francia Godard. Fernando Solanas y La hora de los hornos promulgaba que las cámaras se convirtieran en fusiles apuntando al maldito imperio. En Boliva Jorge Sanguinés denunciaba en La sangre del cóndor los siglos de explotación en que estaba sumido el indígena en ese país.  En Colombia los hermosos documentales de Jorge Silva y Martha Rodríguez mostraban esas cámaras de tortura y aniquilamiento que eran los chircales. Había una politización, inevitable teniendo en cuenta las repercusiones que tenían en el mundo las películas que se hacían en Latinoamérica. El problema fue que la crítica empezó a permearse con esos conceptos y ya una película no era buena o mala sino que era correcta o incorrecta.  Se hablaba del trasfondo social por encima de los aspectos narrativos o los estéticos que podía contener un filme. Amparados en la ingenuidad de la crítica comenzaron a surgir los Héctor Babenco, los Ciro Durán. Aparece la pornomiseria, un cine hecho a la medida de lo que necesitaba el público europeo de izquierdas. Todo lo que había sembrado el cine latino en los sesenta empezó a podrirse en los setenta. Por eso es muy difícil que la crítica que se hizo en Colombia en esos años haya envejecido.
 Lo que escribió Andrés Caicedo si bien amparado en su enorme talento también en muchos aspectos parece obsoleta hoy en día. Aborreció por ejemplo Los dos padrinos de Coppola, no se conmovió con el cine de Cassavetes, subestimó a Woody Allen. Seguramente con los años aprendería a ver el cine de otra manera pero como diría su amigo Sandro Romero Rey “¿Quién lo manda a suicidarse tan joven?”.

Sin Lotte Eisner no existiría el Nuevo Cine Alemán, así como sin Bazin no hubieran aparecido los jóvenes demoledores de La Nueva Ola. Impulsado por la cinefilia caicediana, Luis Ospina y Mayolo intentan hacer películas. Por primera vez nuestro cine era abordado por obsesos de la imagen en movimiento. El resultado todavía perdura. El falso documental Agarrando pueblo sigue conservando su potencia abrumadora, al igual que las películas de género Pura Sangre y Carne de tu carne. En la primera las referencias no solo a los filmes de vampiros sino a Johnny Guitar, Howard Hughes y Ciudadano Kane están en todas partes. Otra vez desde la crítica volvía a perfilarse una cinematografía.
En Medellín gracias al inmenso amor que sentía por el cine el sacerdote Luis Alberto Álvarez con ayuda de Paul Bardwell, fundaron una revista de cine, Kinetoscopio, la más representativa y duradera del país, además de crear una sala con todos los requerimientos que puede exigir un espectador a la hora de ver películas. Fue en base a las críticas de Álvarez que se posicionó Medellín como el foco más importante del cine en Colombia. Bajo su égida surgieron las obras de Santiago Herrera, Santiago Andrés Gómez y se consolidó un personaje clave para la historia de nuestro cine, Víctor Gaviria

Los libros tienen que estar en la mesa de noche de todo cinéfilo. Los intelectuales que aman el cine y se sienten culpables por conmoverse ante un arte “menor” y “soso” ahí les van unas cuantas recomendiaciones. Los filósofos tienen dos volúmenes de La imagen tiempo, La imagen movimiento de Delleuze, el tratado de Nancy sobre Kiarostami. Los sicólogos a Cristian Metz, los que disfrutan la teoría de la estética a Stoichita, a los estructuralistas Rolan Barthés, a los teóricos El arte cinematográfico de David Bordwell, a los que ven en el documental como un ensayo sociológico el Ver y poder de Comolli. Confieso que no solo no he leído estos libros sino que ni siquiera me voy a acercar a ellos. Me encantan los libros que hablan sobre mis estrellas, que me cuentan los sufrimientos de un director de cine. Amo las autobiografías, los libros de Peter Binskind que hablan del surgimiento del nuevo cine americano de los setenta, del cine independiente de los noventa. Adoro el Cassavetes por Cassavetes la compilación de conversaciones que transformó Ray Carney en la única autobiografía que se conoce del creador de Shadows, la entrevista de Truffaut a Hitchcock donde en un ejercicio exhaustivo analiza la obra de mister cinema. Releo cada vez que puedo Mi vida y mi cine de Renoir y sobre todo Mi último suspiro la autobiografía de Buñuel escrita a cuatro manos con su guionista y confidente Jean Claude Carriere.
A veces preferimos leer más sobre películas que verla. Un homenaje hermoso a los libros de cine se lo hace el director de Simplemente Pamela en La noche americana cuando con la emoción de un niño comienza a poner sobre una mesa los libros de cine que le acaban de llegar. Truffaut se toma el tiempo de mostrárnoslos con el amor y el respeto que puede sentir un creyente ante la imagen de La virgen de Guadalupe.
Precisamente por ser un arte de imágenes es que preferimos adorar a las estrellas de cine por encima de cualquier otro artista. Necesitamos una aparición para adorar. La luz nos trae los sueños de Tarkovsky, acércate a la pantalla, es solo una ilusión. El cine es etéreo, la imagen no viene de ninguna parte.

Dicen que la crítica ya no es importante porque las películas se pueden conseguir en cualquier parte. Antes había que recurrir a la transparencia del 16 milimetros y escondidos en catacumbas veíamos las películas en cineclubes. Eran pocos y había que viajar. Ahora con internet podemos tener al instante películas que se creían perdidas. Dicen que ya no necesitamos leer sobre ellas porque ahora las vemos. A mi me parece que si bien ya el crítico no tiene el poder que podía tener Pauline Kael de determinar el éxito o el fracaso de un director, la crítica está más viva que nunca. Todos los días los fervorosos amantes del cine abren blogs, revistas virtuales, sitios web levantando sus elegías a los dioses del cinematógrafo. Yo que soy un aficionado me deleita contrastar mi opinión con la de los críticos. La discusión está allí, silenciosa pero viva. Ver Velvet Goldmine y  después revisar lo que piensa Roger Ebert sobre el filme es un privilegio que los mayores de 30 años nunca pensamos tenerlo. O ir a cine y fascinarse con La invención de Hugo Cabret  y luego leer lo que se escribió en La Butaca, es un placer único y un ejercicio para que la película se te quede estampillada en la memoria. Escribir sobre un filme te ayuda a comprender la complejidad que implica contar una historia en base a las imágenes en movimiento.
El crítico escribe porque no quiere seguir desesperando a sus allegados con su único tema: las películas. No importa el enfoque, incluso no importa la calidad de la misma, todos tenemos una opinión después de ir al cine. Es inevitable y sana expresarla.  A pesar de lo que digan los realizadores colombianos un crítico de cine no es un resentido.  Su necesidad de escribir surge del entusiasmo que le generan las películas. Desde que exista el cine siempre van a haber opiniones, préparate, no siempre van a ser iguales a la tuya pero ¿Qué importa? Como diría nuestro santo protector Andrés Caicedo “todo gusto es una aberración.

5 de marzo de 2012

BRIGHT STAR DE Jane Campion. Un poeta es un joven cualquiera.

Mucho antes de que las estrellas de rock devastaran la ropa interior de jovencitas ardientes, los poetas románticos se constituían en lo más cercano a un artista pop. Viendo la delgada elegancia de Ben Wishaw, a su melancólica mirada, a su enfermedad terminal, a su breve vida uno puede imaginar que Jim Morrison, Jimmy Hendrix o Brian Jones son descendientes directos de estos poetas.
Largas horas pasaba John Keats tirado en la hierba esperando que la inspiración llegara hasta él. Como un pescador de aguas turbias el poeta a penas puede tener al final del día una o dos frases que valen la pena. Puede parecer un oficio para vagos la escritura de poemas pero en realidad es una actividad que exige ante todo un poder absoluto para contemplar, para estremecerse con las miserias humanas. La actividad poética se agrava cuando nadie compra tus libros, cuando sobre sus tapas se asienta una capa de polvo y el librero los condena a la sección de saldos. Solo un libro publico en vida el gran poeta romántico y a pesar de cierto reconocimiento que rayaba en fanatismo por cuenta de unos pocos allegados John Keats no fue reconocido en los 25 años que deambuló por el mundo como el gran poeta que es hoy en día. Su nombre, quien lo fuera a creer, está al lado de Milton y de Edward Young.

Bright Star recorre los últimos años del poeta inglés. Sin exageraciones de ningún tipo, vemos a un John Keats completamente alejado de las insoportables dotes, virtudes y manías seudopoéticas que puede tener el Val Kilmer de Oliver Stone en The Doors o el horripilante Grandinetti de El lado oscuro del corazón. Este es un muchacho tímido, frustrado, un hombre que como muchos escribe para no matarse pero no tiene a flor de labios grandes monólogos sobre la existencia o el amor. Es de buen trato, un chico que cuando puede se divierte, un veinteañero que entre otras cosas escribe, no el hado insuflado de grandeza que quiere romperlo todo como un niño malcriado como un borracho tonto.

Pero la película no es solo la gran actuación de Ben Wishaw. Está la atmósfera, los hermosos vestidos de Abbie Cornish convertida en una mujer que convierte cada costura en una obra de arte. En sus vestidos diferentes, espléndidos está el sentir de una mujer que se rehúsa (También sin exagerar) al seguir el monótono destino de sus compañeras de género. La poesía no solo está en los versos que ocasionalmente recita Keats sino en la imagen de un cultivo de rosas, en ver al poeta suspendido entre los árboles siempre en la búsqueda de la esquiva inspiración. No solo es un filme sobre un poeta sino es la visión de una mujer con una mirada altamente poética, hermosa, como Jane Campion.
Desde el desastre ocurrido en 2003 con En carne viva no habíamos tenido noticias de la maravillosa directora de El piano. Abatida por las criticas desfavorables y por el descalabro en taquilla Campion se alejó del cine pero volvió de sus cenizas gracias al amor que le profesa al poeta romántico. La historia la adaptó del libro de 1848 Vida y cartas de John Keats donde se cuentan detalles del romance ocurrido treinta años antes por el poeta y su vecina Fanny Brawne. En Bright Star vuelve a aparecer el universo que habíamos deslumbrado en Holly Smoke y sobre todo en El piano, mujeres que se revelan de la dominación masculina, que son capaces de quitarse un miembro o arrancarse el pelo como signo de rebeldía contra una naturaleza que se niega a ser dominada por ella.

Es una muy buena noticia que una directora como la neozelandesa vuelve a aparecer en el cine de nuestros días. Una autora con voz propia, sin miedo, sin tapujos, una artista que dice lo que siente, con una voz poderosa, pura, original.
Aunque nunca he entendido la poesía, ni tengo ganas de hacerlo y en muchos casos me parece detestable escuchar a un poeta declamar, Bright Star tiene el brillo de los clásicos, una joya que acaba de surgir en el monótono cine de nuestros pobres días.
Se ha producido un error en este gadget.