21 de marzo de 2012

NUESTRAS IMAGENES. Apuntes sobre las Becas del Bicentenario

Ante un auditorio prácticamente vacío se exhibieron los ganadores de la beca bicentenario. Es una pena que sumada a las críticas injustificadas y resentidas de muchos de los que perdieron se sume la desinformación o el mero desinterés con el que se difundió la exhibición de los dos cortometrajes y el documental. No es mi intención habla de ese gran atributo santandereano que es la envidia sino que quisiera centrarme en la necesidad que deben tener los bumangueses de apreciar estos tres trabajos, una necesidad que se le ha venido negando sistemáticamente.

Hasta el momento las becas se han venido entregando como mero formalismo. Conjunto a la entrega del dinero debería hacerse un trabajo serio de difusión donde puede establecerse un diálogo directo con el realizador. Eso al menos en el marco del festival de cine no se pudo dar.

Hablando ya de los tres audiovisuales son muchos los aspectos para resaltar. El más notable de ellos es la calidad técnica. Independientemente de la forma, prima en cada uno de ellos una habilidad, una limpieza en las imágenes, en el sonido. Los dos argumentales por ejemplo poseen un lenguaje cinematográfico sólido, se entienden sus intenciones, las angustias de los personajes, la trama. Contar una historia en imágenes es muy complicado y creo que tanto La hormiga y el coronel como en Love Story revelan que detrás de la cámara hay oficio y la verdad sería muy importante que los realizadores tuvieran mas oportunidades de plasmar sus historias, sus obsesiones en un trabajo audiovisual para constatar la evolución que seguramente tendrán, una evolución que se ve cada vez más palpable en la obra de Frank Rodriguez. A continuación trataré de esbozar un comentario sobre los tres trabajos.

Love Story: Solo se puede hablar de lo que se sabe. Existe un universo pre establecido, bajo ese mundo y esa obsesión se cuecen las grandes obras. Conocí a Mario Niño en el 2003, justo cuando planeaba y concretaba su maravilloso documental sobre esa tribu urbana tan desconocida y compleja como son los cumbieros villeros. Nueve años después ha tenido el valor de ser consecuente ante sus demonios y se ha expuesto sin respuesta ante su argumental Love Story.

 En una región sin tradición cinematográfica es muy refrescante notar un universo, una obsesión, un tema manejado con la seriedad y compromiso que pueden dar los años de investigación. Los muchachos que convulsionaban ante la miniteca arriba del san Andresito de la 15 vuelven a aparecer una década después enmarcados en otros actores, en otras posiciones y con la posibilidad de hacer un argumental con ese mundo que el conoce tan bien.


En un artículo difundido hace unos meses por internet se le criticaba a Niño por su obsesión con el mundo de la cumbia, como si el no pudiera hablar de eso. A mi me parece válido que Mario sea consecuente con sus obsesiones, los grandes autores siempre hablan de lo mismo. El ha decidido mirar la ciudad desde el punto de vista de la periferia, de las bailantas. Para esto decidió contarnos una historia sencilla, la del joven humilde que quiere invitar a salir a la chica que le gusta y que para impresionarla necesita comprarse unos zapatos bonitos. Uno como espectador todo el tiempo está pensando en que el personaje principal va a cambiar su trabajo de vendedor ambulante de películas piratas por el de asaltante a mano armada, pero no, es un joven puro, querible, sus amigos atracadores lo aprecian y por eso le dan la plata para que el mismo se compre los zapatos. Justo cuando se acerca el anhelado momento de bailar la cumbia con la chica de los sueños vuelve a ponerse delante de él la realidad de su barrio, de su entorno. Lo que se pudo desembocar en una tragedia, el pobre joven abaleado por robarle un par de zapatos se convierte en un músical, el joven llega en el último minuto a la bailanta. Hay una explosión de cumbia, los dos amantes bailan sin importar que uno de los dos tenga los zapatos rotos.

El corto tiene algunas secuencias maravillosas. Cuando el joven se mide los zapatos tiene una bolsa de plástico en los pies, al pagar los tennis deja un montoncito de billetes sobre el mostrador y se ve a través del vidrio su propio reflejo, la persecución también me parece que está muy bien montada. Me parece que el problema que puede tener el cortometraje es la indecisión que tiene su realizador en quedarse a medio camino entre el video clip o el argumental.

Pietá, la hormiga y el coronel: Hace unos años era impensable que en Bucaramanga se pudiera hacer un trabajo de época. Mario Mantilla lo logró con mas dicha que pena. El cuidadoso trabajo en la fotografía, la dirección de arte, las potentes imágenes de esas hormigas llevando pedazos de hojas a sus guaridas ocultan algunos problemas que puede tener el corto desde el punto de vista de guión. La hormiga y el coronel tiene planos magníficos, como el del inicio, al frente del cementerio, o el de el fusilamiento del rebelde en la noche que recuerda vagamente a un cuadro de Goya. El cucarrón devorado por las hormigas en una clara metáfora al fin del imperio español evoca al mejor Peckinpah.

Este puede ser el inicio de una interesante serie de películas sobre nuestra cada vez más olvidada historia.

En cuanto al documental de Frank Rodríguez merece un capítulo aparte que dentro de poco escribiré. Lo de Frank me sorprendió infinitamente y desde ya se rebela junto con Iván Gaona como una de las grandes promesas de nuestro incipiente cine. Imágenes poderosas y hermosas pueblan un documental único, diferente, extraño, un trabajo que está todavía sin terminar pero que desde ya devela la puntada inicial de lo que estás becas pretenden: incentivar por fin nuestra propia cinematografía, nuestras imágenes propias.

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