28 de noviembre de 2011

ERAN PRISIONEROS DE GUERRA, NO SECUESTRADOS

No se necesitaba ser un gran analista político para prever que el baño de sangre vivido hace tres semanas en Páez, un olvidado caserío del Cauca debería tener sus retaliaciones. Estas no se hicieron esperar. La ejecución de los cuatro prisioneros de guerra es desde todo punto de vista lamentable pero vale la pena aclarar que el gatillo no solo fue apretado por los dedos asesinos de las FARC sino que el gobierno también ayudó a oprimirlo.
No se puede hablar de diálogo sino existe una voluntad para sentarse a hablar no solo por parte de las Farc sino de parte del gobierno. Los más de 2.000 secuestrados que todavía están en manos de ese ejército serían en un país medianamente civilizado una garantía para realizar una mediación. ¿Cómo es que el estado no hace nada, no demuestra ni siquiera la voluntad para devolverlos sanos y salvos a la cotidianidad de sus días?.
Cano era de un corte más político que Timochenko. Él era el hombre que podía convencer a sus tropas de entregar las armas. Los tiros de gracia encontrados en el cuerpo de Cano sepultaron cualquier tipo de esperanza de que el conflicto por fin tuviera un desenlace. Timochenko confirmó el sábado su corte guerrerista. Los cuatro cuerpos masacrados de los uniformados son todo un manifiesto de lo que va a seguir de ahora en adelante. Herida de muerte, la guerrilla es una fiera que se va a defender atacando y muchas veces lo va a hacer con crueldad. Las bombas caerán inclementes sobre la selva colombiana y los pedacitos de cráneos insurgentes ensuciarán la espesa vegetación. Pero el gobierno colombiano ya debe empezar a pensar que todavía no se han hecho las bombas para desmoralizar a este ejército en sus 60 años de existencia. Esa resistencia, apoyada en métodos tan despreciables como el secuestro, el asesinato, la extorción y el narcotráfico, ya en si misma es digna de reconocimiento. El pueblo colombiano no puede ser tan ciego, ellos están allí como una garrapata gigante pegada al cuello de la nación, una garrapata que se ha insertado en la carne con sus aguijones de acero.
Los medios no han desaprovechado la oportunidad para azuzar con su característica sevicia el fuego de la guerra. RCN vuelve a entrar al juego y en los titulares la figura de Uribe ha reaparecido. Las presentadoras de noticiero van a trabajar vestidas de negro para despertar la indignación de un pueblo lobotomizado. Hablan hasta la saciedad del asesinato a mansalva de los secuestrados olvidando que los oficiales no eran sino prisioneros de guerra y que no fueron masacrados sino ejecutados. El colombiano promedio ya empieza a pedir cabezas. Cabezas para el desayuno, hacer sancochos con las vísceras de los guerrilleros monstruosos. No hay forma de que los colombianos de bien, que lamentablemente están volviendo a aparecer, entiendan que demonios es un conflicto.
Las FARC han demostrado que la opinión pública le importa poco. Ellos saben que no pueden aspirar a hacer política porque solo uno de esos chavistas rabiosos que abundan en los parques colombianos podría votar por ellos. Una negociación con este grupo consistiría en sacarlos del país, en vivir al lado de un lago en Ginebra donde tanto los respetan. Con estas ejecuciones las FARC se han distanciado aún más del pueblo colombiano y lo que es peor ha despertado el espíritu fascista que albergan en sus corazones y al que tanto apeló Uribe para mantener su régimen sangriento durante ocho años.
Viendo lo que coloca la mayoría de los amigos de Facebook veo que ha vuelto el espíritu de odio, de irracionalidad. Ha vuelto el uribismo. Y eso hay que agradecérselo a la guerrilla y a esa necesidad que tiene para cerrar todos los caminos. Se ha perdido otra oportunidad y ellos han elegido cerrar con candado la puerta del diálogo. El gobierno planea nuevos ataques, abundantes bombardeos para borrar de la faz de la tierra a todo el secretariado. Correrá más sangre, más odio, nuevas cabezas que servirán como dijes para el collar de un gigante. La tierra será de nuevo martirizada y la paz será solo la más lejana de las utopías

23 de noviembre de 2011

EL CINE Y EL DERECHO EN LA EPOCA DORADA DE HOLLYWOOD

En una época donde los estudiantes son renuentes a la lectura, donde cada vez más es difícil impulsar por parte del maestro inculcar la curiosidad el cine aparece como un instrumento educativo de suma utilidad. Si bien resulta imposible por lo complejo que resulta el derecho para ser estudiado que el alumno pueda cubrir todas las lagunas que el pavor al conocimiento produce, el cine es el complemento ideal para que el abogado en ciernes pueda acercarse al amor a las leyes.
Ver reflejado en la pantalla un juicio así este sea efectuado en sistemas legislativos tan diferentes como el norteamericano sirve para que el joven entienda que no importa el idioma para entender que lo más importante es el sentido de justicia que se tiene que defender a la hora de defender a una persona. La integridad es justamente el talón de Aquiles que puede tener un abogado en este tiempo donde la tecnocracia le ha ganado la batalla a la academia.
El amor a la justicia es propio de los hombres cultos y civilizados. La frialdad que pueda proporcionar una constitución o un conjunto de normas pierden fuerza y sentido si no son interpretados por hombres sabios. En el siglo XIX un jurista se internaba en la conciencia de los hombres no solo amparados en el conocimiento de la ley sino en la pasión que les despertaba la literatura. En Balzac por ejemplo entendemos como pensaba un comerciante en el siglo donde las monarquías se hundieron y la burguesía emergió como clase dominante. En Dostoyevsky nos asomamos al infierno que se acumulaba dentro de cada espíritu ruso, en la obra de este epiléptico ya se prefiguraba la revolución de octubre de 1917 que acabaría para siempre con el orden establecido.
En la era post-literaria, el cine qué duda cabe aparece como sucedáneo de la literatura. Las historias se cuentan ahora por medio de imágenes. Como cavernícolas en torno al fuego se reúnen cada noche a ver las imágenes en movimiento. Teniendo en cuenta esta premisa es labor del educador acomodarse a las necesidades de sus estudiantes y en vez de perder el tiempo elaborando planes de lectura, se debería establecer una lista de películas que el alumno debería ver en cada semestre, películas que no solo fortalecerían sus conocimientos sobre el derecho sino sobre la cultura general. He acá esta lista.

Desde el origen mismo del cinematógrafo encontramos la necesidad que existía de llevar a la pantalla filmes donde la trama se desarrollara en tribunales. En 1899 ya encontramos la primera película donde se emparentan el derecho y el cine. El escándalo suscitado por la detención del ingeniero politécnico Alfred Dreyfus de origen judío acusado de haber traicionado a la patria al entregar unos documentos secretos al gobierno alemán despertó toda una campaña de especulación en Francia. Algunos acusaron que la detención no era más que una prueba del antisemitismo francés. El pionero George Melies aprovechó la coyuntura e hizo el primero de los muchos filmes que existen sobre el caso Dreyfus. Alejado de sus atmósferas fantásticas esta es una película absolutamente sui generis en su vasta filmografía.
Pero tenemos que esperar hasta 1939 para que John Ford nos entregue El joven señor Lincon , la película donde nos muestra los orígenes de ese gran jurista que fue el mas tarde presidente de Estados Unidos. Con una magnífica actuación de Henry Fonda, Ford nos muestra la integridad que debe tener un hombre de leyes sumado a una inteligencia prodigiosa y a una devastadora ironía. La obsesión por la justicia llevaría a este hombre de férrea voluntad a llevar proyectos de ley tan revolucionarios como la mismísima abolición de la esclavitud, hecho que al final le costaría la vida. Ford era un republicano convencido de los valores de su país. A pesar de ese fervor nacionalista el personaje de Lincon está lleno de matices que lo convierten no solo en la típica estatua de cera a los que nos tiene acostumbrados el cine sobre grandes personajes sino que nos lo muestra como un hombre más brillante que todos los demás pero hombre al fin y al cabo. La película despertó una fiebre inusitada por aprehender los conocimientos del derecho. Cada vez eran más los jóvenes que deseaban emular a paladines de la justicia como Lincon. Y es que al ver como un provinciano con escazas posibilidades para sobresalir pudo llegar a ser presidente gracias al amor que sentía por los libros de leyes. Fue un autodidacta en todo el sentido de la palabra, un político que se inclinó siempre por defender causas perdidas.
La película recrea el primer caso de su exitosa carrera. Dos jóvenes de extracción humilde son acusados de haber asesinado a un rico comerciante de la ciudad. El fervor popular hizo que los amigos del hombre muerto (Un reconocido agiotista de nombre Stevenson que era conocido por su crueldad) movilizaran una expedición a la cárcel con el fin de linchar a los acusados. Por un pedido expreso de la madre de los jóvenes Lincoln fue hasta la entrada de la cárcel a intentar persuadir a la turba embravecida. Después de efectuar su primer gran discurso la multitud se disgrega y espera el juicio. Contra todos los pronósticos el abogado autodidacta logra ganar el caso. Fue el primero de muchos casos donde salió victorioso.
A Ford como a los grandes cineastas no se le escapa ningún detalle. La conformación del jurado, un aspecto tan importante en cualquier juicio también aparece en El joven mister Lincoln. Para conformarlo el futuro presidente escoge prácticamente a cada representante del género humano. Los doce hombres que conforman la palestra representan un estado social, intelectual y cultural. Hasta un borracho es elegido porque cada quien puede presentar su particular versión de los hechos. Está en tela de juico la vida e integridad de un hombre. Cualquier detalle, por mas nimio que sea debe ser cuidadosamente sopesado.
El cine de la época de oro de Hollywood tuvo debilidad por mostrar a provincianos humildes que están obsesionados por comprender e interpretar la ley. Tal es el caso de Jefferson Smith, protagonista de Caballero sin espada, un hombre perdido en una ciudad intermedia que sueña con llegar a Washington y limpiarlo de todo tipo de corrupción. También estrenada en 1939 y dirigida por Frank Capra , tiene la estructura de un cuento de hadas político. Al verla uno no puede evitar sentir la necesidad de creer en que en medio del lodazal en que se ha convertido la política mundial uno no puede desconocer que la democracia puede ser la mejor de las desgracias.
Otro provinciano humilde, dedicado a la pesca y con cara de bonachón es el Paul Biegler de Anatomía de un asesinato. El filme empieza con los fascinantes créditos creados por Saul Bass. En los créditos vemos el croquis de un hombre asesinado. El croquis es desmembrado gracias a la atronadora música de Duke Ellington que sirve no solo de entrada de la película sino que es casi un prólogo de la misma. Vemos llegar al abogado Biegler (Maravillosamente encarnado por James Stewart) en un auto, vemos también su caña de pescar y su sombrero de safari. Pocos podrían reconocer en él a un exitoso jurista que incluso estuvo a punto de ser fiscal pero que sencillamente no tuvo el estómago para hacerlo. Está retirado en su casa sencilla, la pesca y el jazz lo alejan por completo de la hostil realidad. Sin embargo puede más la pasión que el raciocinio. La pasión está encarnada en la destartalada figura de Parnell Emerth McCarthy, un abogado que abandonó el oficio por culpa de su afición a la bebida. Pero su beodez no es óbice para seguir amando el derecho. Su pasatiempo preferido es pasar las noches con Biegler leyendo juicios que pasaron a la historia por complicidad. Ahora después de un largo receso ha llegado la oportunidad que han estado esperando: van a defender a un homicida, un joven soldado que ciego de celos asesinó a otro compañero por andar este husmeando en las faldas de su esposa. La esposa es una rubia voluptuosa que no para de coquetearle al viejo Biegler, este no solo debe defenderse de la fiscalía férreamente representada por un impresionante George C. Scott sino de esas curvas insolentes que buscan desesperadamente hacerlo estrellar.
Lo realmente importante de Anatomía de un asesinato es el nivel de detalle que tiene el filme. Acá se ve como la defensa prepara el caso, queda claro como y cuanto tiene que leer un abogado para presentar un alegato. La historia se trama en la misma investigación. Los libros grandes y hermosos tienen la misma importancia que los hombres que llevan el caso. Dirigida por la mano de hierro de Otto Preminguer, Anatomía como toda obra maestra está plagada de detalles importantísimos. Nos muestra los peces que pescan, el licor con el que se emborrachan, la astucia del acusado, encarnado con maestría por un jovencísimo Ben Gazzara, la sensualidad de la esposa y sobre todo la inteligencia de un gran juez. Todos los elementos de un juicio son puestos en la mesa con extremada sabiduría por el director alemán.
Anatomía de un asesinato es una joya que a pesar de sus sesenta años se sigue disfrutando como si hubiera sido hecha ayer.
Después de haber realizado Perdición Billy Wilder no solo se metió en el panteón de los grandes directores del cine negro sino que se perfiló como el más grande colega de Hitchcock. Testigo de cargo no solo fue su película más hitchconiana sino que es su aporte a los filmes de tribunales. De final sorpresivo, Testigo de cargo se centra en la figura de un juez muy viejo y muy sabio, dotado de un sentido del humor devastador. El juez sobre el cual un hombre podría descansar tranquilo su cabeza en su regazo. Esta vez su sentido común no superará el de una mujer tan avispada como Marlene Dietrich, una esposa que hará cualquier cosa por salvar a su marido. La cinta está dotada de la clásica sorna wilderiana pero además reviste un profundo conocimiento del sistema legal norteamericano.
El director Sidney Lumet, consigue adentrarse en la América Profunda sin necesidad de salir de un cuarto donde doce hombres debaten sobre la vida de un joven que ha sido acusado de haber asesinado a su padre. En esa docena de personas están sintetizados los caracteres de todos y cada uno de los norteamericanos y porque no de los seres humanos. Desde el racista hasta el frívolo que solo le importa la camorra y los deportes, del hombre justo al que está sesgado por algún prejuicio personal, del joven al viejo, ninguno de los jurados se pudo ver mas heterodoxo que el que conforman estos doce hombres en pugna. Otra vez Henry Fonda carga sobre sus espaldas el peso de una soberbia actuación. Lo que parece un juicio fácil donde es demasiado evidente que el acusado es culpable el personaje de Fonda va tumbando cada una de las pruebas que en teoría resultan irrefutables. No sabemos si el acusado es inocente, lo que si sabes es que las pruebas son endebles y sin pruebas no existe el delito.
Doce hombres en pugna habla sobre la relatividad de las cosas, sobre lo frágil que puede ser un argumento cuando se trata de acusar a alguien, cuando se busca castigar quitándole la vida a otra persona por más atroz que pueda ser el crimen cometido. Hay que pensar, la responsabilidad de un buen jurado radica en el hecho de sentir, de analizar, de quitarse cualquier tipo de velo que pueda impedir emitir un juicio justo y sin prejuicios. No se necesita mostrar imágenes o grandes escenas para generar tensión, la película de Lumet es una muestra fehaciente de ello. En un solo cuarto están metidos los 120 minutos que conforman este filme maravilloso. Una película sostenida completamente en los maravillosos diálogos construidos por el guionista Reginald Rose rehúsa a presentar cualquier tipo de flashback, de imágenes gratuitas que nos puedan sacar de la claustrofobia que pueden sufrir 12 hombres deliberando sobre la vida de un prójimo.
En 1959 Holcomb, un pequeño y pacífico poblado al este de Kansas dos hombres entraron a la casa de los Clutter, una próspera familia tan americana como un cuadro de Norman Rockwell, después de discutir un poco con el jefe de la familia, los dos hombres decidieron estremecer la noche con los disparos que salieron de su escopeta. Los cuatro integrantes de la familia murieron destrozados por las balas. Los asesinos se llevaron de la casa de los Clutter cuarenta dólares y un radio de pilas. Después de ocho meses de investigación encontraron las pistas suficientes para agarrar a los dos sospechosos, Perry Smith y Richard Hitchcock. Los asesinatos hicieron que el conocido periodista y escritor Truman Capote se interesó por el caso. No demoraron mucho para determinar que los sospechosos eran culpables. Fueron condenados a morir ahorcados. A pesar de la crueldad con que perpetraron los asesinatos fue inevitable que Capote no descubriera el alma que había detrás de los sicópatas. Es inevitable después de leer el libro que escribió sobre los hechos uno no sentir simpatía hacia ellos.
A sangre fría cambió la historia de los artículos periodísticos para siempre. A partir de este libro las crónicas pasaban a estar más cerca del terreno de la literatura que del mismo periodismo. Fue un éxito inmediato de ventas y de críticas. Un éxito que al final echaría a perder para siempre la carrera de Capote. El contacto que tuvo con Perry Smith, una amistad que incluso llegó a frisar los terrenos del amor, hizo sentir culpable al escritor norteamericano. Siempre creyó que se había aprovechado de la situación de los condenados a muerte para escribir su obra maestra.
Cuatro años después de la publicación del libro, el director Richard Brooks lo adaptó a la pantalla grande. La película estuvo a la altura de la obra de Capote. A sangre fría no habla solo de la frialdad con la que fueron ejecutados los asesinatos sino por la forma en que el estado de Kansas pudo mandar al cadalso a dos jóvenes que habían tenido infancias difíciles, vidas llenas de maltratos, de injusticia. Estados Unidos el adalid de la libertad era incapaz de cuidar a sus hijos. En busca de venganza el sistema judicial actuó como una partida de hombres guiados por John Lynch. Después de ver el maravilloso filme de Brooks uno no puede dejar de pensar que la pena de muerte no es sino otro resquicio de la barbarie. Un país que se supone libre y justo no debería tener este tipo de condenas.
Harper Lee acompañó a Capote a Holcomb a realizar la investigación. En el viaje la llamó su editor informándole que su libro Para matar a un ruiseñor se publicaría inmediatamente. Esa noche bebieron hasta hartarse para celebrar el acontecimiento. El libro fue un clásico inmediato. Las ofertas para llevar al cine su historia no tardaron en amontonarse en su puerta. La señora Lee siempre se ha caracterizado por su timidez. Nunca ha dado una entrevista y a diferencia de su amigo Capote detestaba todo el glamour de Hollywood. Estuvo de acuerdo con que adaptaran su obra pero no quería saber nada de tener que escribir un guión sobre su propio libro.
La novela habla de la acusación de un negro de un asesinato que no cometió. El racismo, la ignorancia y el prejuicio serán los elementos con los cuales el pueblo busca hacer justicia despedazando el cuerpo del sospechoso. En los hombros de Atticus Finch, el abogado que no tiene nada, el hombre al que sus pobres clientes le pagan con sacos de arroz su trabajo, recae la responsabilidad de impartir lecciones de moral, amor y justicia. Él se hace cargo del caso, defiende al acusado cuando todo el mundo lo señala y contra todo pronóstico logra ganarlo, descubriendo que el asesino no es más que el tonto del pueblo.
La responsabilidad de dirigir la adaptación de este gran libro (Ganador del Pulitzer) recayó en el joven director de televisión Robert Mulligan. Harper Lee cuenta su historia a través de los ojos de una niña, una niña que por supuesto es ella misma. Lo que convierte a la película en una obra maestra es que a partir del comportamiento de tres niños podemos ver como los adultos abordan un juicio. Pocas veces en el cine se ha visto un tema tan espinoso a través de los ojos sabios e inocentes de tres menores. “La visión infantil de la película se subraya desde el principio mismo de la película se subraya desde el principio mismo de la cinta, pues en los créditos vemos que se abre ante nosotros la caja de tesoros de Jen, el hijo mayor de los Finch, en ella encontramos un par de muñecos tallados, unas canicas.” Esta visión del niño engrandece sin duda la figura de Atichus. Más que un abogado el señor Finch es un súper héroe, engrandecido en la pantalla por Gregory Peck . Después de ver la película uno no puede dejar de admirar a alguien que ha demostrado a raja tabla su apego a la justicia y a las leyes.
A pesar de que la AFI puso en el primer lugar a Para Matar un ruiseñor entre las mejores películas de tribunales de todos los tiempos no debemos olvidar la importancia de un filme como El juicio de Nuremberg por la complejidad que significó el hecho real. Después de que terminara la Segunda Guerra Mundial se iniciaron los juicios contra los criminales nazis. El momento más álgido fue cuando los jefes de las fuerzas de ocupación tuvieron que juzgar a los jueces alemanes que demolieron la constitución de Weimar para dejar el camino jurídico expedito al régimen Nazi. ¿Con que argumentos puedes acusar a hombres que forjaron una ley por más inmoral y atroz que esta sea? Con las impresionantes actuaciones de Spencer Tracy y Burt Lancaster, El juicio de Nuremberg es una reconstrucción histórica exhaustiva, un fresco de un hito donde se dejó claro que antes de la construcción de cualquier ley está el sentido de igualdad y justicia que debe imperar en el espíritu de los hombres de bien.
La época dorada de Hollywood sin duda nos dejó grandes filmes sobre tribunales. En los últimos 30 años películas como El Cliente , Mi primo Vinny , En el nombre del padre o Cuestión de honor entre otras supieron llevar la tensión de un juicio, mostraron las flaquezas de la justicia penal militar o de la justicia norteamericana o inglesa. Tienen un mensaje más desalentador ya que el cine como toda manifestación artística es hija de la época que le tocó vivir. Lo que más impresiona en estos filmes de tribunales es la vigencia que tienen todavía. Películas de 1939 como el Joven Señor Lincoln que tienen aún un aire fresco, una rebeldía que te incita a conocer de cerca y mejor las leyes.
Un hombre de leyes puede ser un súper héroe. En el año 2003 el AFI hizo un conteo de los 50 héroes más importantes de la historia del cine. Según ese conteo, para sorpresa de muchos que esperaban ver a Batman, Superman o Rocky en el primer lugar el American Film Institute eligió a un hombre común y corriente, un debilucho con gafas y aspecto pálido. Un hombre que desde la abogacía le ha enseñado a sus hijos y a sus prójimos la importancia de la justicia, la importancia de ser un hombre bueno. El héroe de todos los tiempos era un abogado y se llamaba Atticus Finch. El sentido de equidad puede ser un arma más efectiva que la más poderosa de las ametralladoras.

22 de noviembre de 2011

NO LE TEMAS A LA OSCURIDAD. Los duendes no existen

Cuando llega una película de terror a cartelera uno entra con la esperanza de que va a salir con el corazón en la boca, de que el pulso va a explotar y en las noches vas a tener que envolverte hasta la cabeza con el cubre lecho que ha comprado tu mami para ti. Pero cada nueva película de terror no es más que una decepción. Desde Los otros, del otrora cineasta Alejandro Amenábar no vivimos un momento de miedo real. A mí en lo particular me sucede que esos muñecos hechos por computador me resultan irreales y de entrada lo irreal y tangible no me da miedo.
Al hablar de irrealidad me refiero a todos esos monstruos realizados por un niño tonto con la computadora del Papá, ingenieros brillantes que chuparon del mas puro y hermoso gore para venir a traernos sus disquisiciones demoniacas. En No le temas a la oscuridad el nombre de Guillermo del Toro no le aporta a la película la dosis necesaria de imaginación que le falta a un género que lamentablemente se seca como un río en verano.
Y eso que los primeros minutos daban para esperanzarse. Esa mansión lúgubre, ese ambiente victoriano, los sótanos, las puertas que se abren a pasadizos secretos y la presión maligna de hiperactivos duendes. La narrativa se abría a un cuento de Arthur Machen donde hadas y duendes se entrelazarían en fiera lucha por obtener un pedazo de la tierna carne de un niño. Lamentablemente nunca se pudo hacer dentro del filme una atmósfera adecuada para que sus personajes pudieran caminar en los oscuros recovecos de esa casa maldita y sin la atmósfera adecuada lamentablemente no puede haber una historia de terror que te atenace.
Si tienes una mansión antigua y gigante lo mejor que puedes hacer con ella es convertirla en la protagonista de la historia. Usar a uno de los personajes para que nos vaya mostrando el lugar, sus cuadros enigmáticos, sus sótanos lúgubres, pero no, solo vemos la antesala y dos de sus cuartos. Un ejemplo magnífico de como se convierte un espacio en el protagonista principal de la historia es lo que hizo Kubrick en el resplandor. El niño en su triciclo nos va mostrando los pasillos de ese hotel infernal y sobre todo nos muestra lo solo que está ese niño en esa enorme construcción perdida en las montañas. Nada de eso sucede acá. No tiene nada de mal recurrir al cliché a la hora de asustarnos. Los elementos son los mismos que usaba Hoffman en sus cuentos, casas grandes, rincones oscuros, viejos perversos y cosas que se mueven en medio de tus sábanas. Pero cuando no sabes usar los recursos no puedes aspirar no solo a hacer una gran película sino a que él espectador pueda comerse sus palomitas de maíz en paz.
Lo anterior es imperdonable que te pase en un filme de terror. Que mires inquieto el reloj para ver a que horas se van a encender las luces, no para que el horror deje de sofocarte sino porque tienes algo mejor que hacer cuando llegues a tu casa. Nada funciona, Guy Pearce otra vez demostrando que sus trabajos en Memento y en L.A. Confidential fueron mera casualidad. Es incapaz de definir su personaje a veces es diseñador de interiores en otras restaurador de arte y en sus ratos libres hace de papá. La relación con su hija es de lo más incongruente que hemos visto en los últimos años. Al principio pareciera que la quiere recuperar a como de lugar y después lo vemos como un padre despótico e injusto, al final le vuelve el amor. Esta es una de las debilidades más notorias del guión, la incapacidad que tuvo para darle vida a los personajes. Katie Holmes está estampillada en la pantalla haciendo lo que sabe hacer que es más bien poco. Una madrastra que quiere ganarse el corazón de la niña pero que no sabe cómo hacerlo. Esto ya de entrada podría ser la premisa de una buena película. Usar un Macguffin y que los duendes sean lo menos importante, que sean solo una excusa para mostrarnos estas escenas de familias disfuncionales, los duendes como una metáfora de lo que sucede con el padre, la madrastra y la niña. Pero existen exigencias queridos míos y en el cine de nuestros días está terminantemente prohibido hablar sobre seres humanos.
Entonces asistimos a la creación de Troy Nixey, esos malditos duendes que resultan ridículos, pequeños gremlins jorobados, rostros robados de cualquier parte (Me pareció que uno era idéntico al Perro más feo del mundo), la relación de la niña con los duendes es algo extraña, primero la necesidad que tiene de sacarlos, el hecho de que no le de miedo y tal y después la histeria, el miedo terrible un miedo que sin embargo no le impide tomar baños de tina cuando la casa está prácticamente sola.
La película puede ser una buena terapia para todos aquellos que creen vivir en una casa atestada de duendes. Después de ver los que habitan en esta mansión comprobarán que no existen, que solo es una creación de la mente de un imbécil llamado Troy Nixey.

17 de noviembre de 2011

EL ARBOL DE LA VIDA. Fragmentos de una obra maestra

Hasta que por fin estuvo en mis manos el Árbol de la vida, la tan ansiada película de Terence Mallick. Con el pulso tembloroso la puse en el reproductor. Previamente me puse el filtro que me da la cannabis para ver el cine que me gusta. Las imágenes ante mí, el infinito ante mí. Una familia de clase media, un padre republicano y exigente, una madre condescendiente, tres hijos que se quieren rebelar y después el drástico falshback, volver a la gran explosión, a los pedazos de la misma flotando en un espacio infinito y en uno de esos pedacitos, por un extraño accidente la vida formándose, el agua, la arena, los dinosaurios, el hielo, el hombre.
Un vuelo ideal para alguien que usa al cine para viajar en el tiempo. “La película perfecta para un marihuanero” decían mis amigos. Yo era el único en la sala que estaba trabado, el único que me había visto La delgada línea roja y sin embargo estaba mareado y fastidiado.
La sensación duró casi toda la película. Esa confusión me molestaba, saber si me gustaba o no. No entendía nada. Los monólogos interiores, ese personaje por allá perdido en los confines de los años que interpreta Sean Penn, Un velocirraptor acariciando a otro reptil de nombre impronunciable. Las impresionantes escenas del mar, de las erupciones volcánicas, muy lindo y todo pero ¿Qué coño es esto? ¿Nat Geo?.
Por momentos El árbol de la vida parece la película de un hombre muy viejo y muy sabio. De todos los cineastas vivos el único que podía hablar de un tema tan ambicioso como la existencia humana en todo el significado de la palabra era el autor de Tierras malas. Era un proyecto de hace más de una década, el guión se reescribió treinta veces, el propio director se encargó de crear una cámara, a lo Kubrick y el mismo dirigir la fotografía. Obsesivo como sus contemporáneos, Mallick aspira al control total de su producción. Por eso se demora tanto entre filme y filme, son empresas mega ambiciosas de presupuestos muy elevados. En la tecnocracia en que vivimos es un verdadero milagro que exista alguien que pueda invertir en una propuesta tan arriesgada, tan hermosamente compleja, tan extraña. A partir de la vida de una familia sacada de un cuadro de Norman Rockwell pensar en los orígenes de la vida. Desde 2001 Odisea del espacio no ocurría algo así, la película de un filósofo, de un hombre que quiso escribir sobre Heidegger y en vez de una pluma usó una cámara.
Pero resulta que me sentí incómodo, me aburrí. Yo creo que lo que me molesta de las películas de Terence Mallick es la completa ausencia de sentido del humor. Como si esa timidez crónica que lo aleja de cualquier rueda de prensa, de cualquier entrevista o contacto humano ha convertido a su cine en una cosa perfecta, hermosa y fría. En HAL-9000 puedes encontrar más humor (Que seguro la tiene, la máquina maneja una punzante ironía) que en el menor de los hijos de Brad Pitt en el filme. Además yo sentí a veces que veía los retazos de una obra maestra y uno puede imaginarse como fueron las peleas en la sala de montaje, la cantidad de escenas preciosas que fueron al cesto de la basura solo porque a Mallick no le interesaba la historia, lo único que le interesaba era ser recordado como un visionario, como un loco, como el más grande de los autores norteamericanos. Y a mi juicio fracasó.
Su fracaso es parecido al que sufrió Coppola con Apocalypse Now, son fragmentos de un clásico, de una obra imperecedera. Todo por la desesperación de ser Orson Welles, de ser el genio incomprendido, el que sentó las pautas de toda una generación. Es cierto a mí me cae gordo Sean Penn, pienso que su rostro solo puede destilar preocupación, tensión pero que está incapacitado para demostrar cualquier tipo de alegría. Sin embargo trabajar con un tipo tan serio como Mallick lo entusiasmó. Lo que lo habrá desalentado un poco fue ver como su actuación era destruida en la edición. Solo vemos en pantalla el quince por ciento del papel que en el guión estaba designado. Con todo y lo gordo que me cae hubiera preferido saber que taras le habrán quedado al haber crecido con ese padre controlador y con la sombra de la muerte de su hermano. Hubiera preferido ver eso a asistir a la clase de cómo se forma un ADN. Penn no ha hecho pública su decepción pero el hecho de que no haya querido aparecer en ninguna de las ruedas de prensa es sospechoso.
Con todos los problemas que pueda tener, El árbol de la vida es sin duda la propuesta más interesante que podamos disfrutar ahora cuando los tecnócratas han ganado la guerra. Es una buena oportunidad para que lleven a sus hijos y al verla le muestren que el cine algún día fue mucho más que autos incendiados cayendo por un barranco

16 de noviembre de 2011

RENUNCIO A SER HINCHA

Después de haber sufrido desde el viernes con la maldita selección decidí no volver a ver fútbol. Si tan solo pudiera controlarme entender que mi vida no está en juego pero la pasión me domina en esos fatídicos 90 minutos. Como el adicto vuelvo a necesitar de esa droga que se llama fe. Entonces no es suficiente que en segunda ronda de Copa América nos saque un equipito como Perú o que le regalemos el empate a la mediocre Venezuela. No, ayer en la tarde volví a dejar de cumplir con mis deberes para estar frente al televisor y volver a gritar e ilusionarme para después volver a ver la realidad. Una Argentina con nombres casi que desconocidos donde solo se destacaba el mejor futbolista del planeta y un delantero temible prácticamente nos bailó en el fortín sagrado de la selección. Hice negación, salí a comer con mi esposa, intenté sonreír pero otra vez volvía a sentirme usado. En las últimas24 horas he estado envuelto en la peor de las depresiones.
Me concentro con fuerza en el trabajo. La última parte del guión ha venido fluyendo como un caudal en los últimos días. Me aferro a él como una piraña a la pantorrilla de un niño gordo pero cuando me canso de escribir y vuelvo a hacer el zapping de internet, mi zapping diario que consiste en revisar que se ha escrito en futbolred, en Marca, en Olé, me acuerdo que no puedo entrar porque estarán hablando de nuevo de la selección, de lo mal que jugamos e invocaran de nuevo la generación de oro que nunca ganó nada, que lo máximo que pudo hacer fue entrar en los dieciséis mejores de un mundial y parece ser que eso es a lo más grande que podemos aspirar, a ser diesciseis avo en un torneo de 32 equipos.
Voy a cambiar las rutinas, ya no me ejercitaré mientras veo sportscenter o Minuto cero, me distraeré viendo las aventuras de Charlie Harper o las insoportables genialidades de Sheldon Cooper pero no volveré a caer en la manipulación de los medios. Tengo una pila de libros en la cabecera de mi cama y un cuarto lleno de películas, tengo un blog y varios proyectos, no puede afectarme lo que once jugadores hagan en un campo de fútbol, tengo que ser más grande que eso, tengo que serlo o nacionalizarme español y ser hincha del barsa.
Mi drama es que soy colombiano y aparte de la selección el único equipo que puedo amar es al Cúcuta Deportivo, una institución condenada eternamente al fracaso y que justo acaba de perder su reconocimiento deportivo. No tengo ningún tipo de consuelo. Ayer mientras Agüero hizo el segundo gol la televisión mostró a los pocos hinchas argentinos que fueron al Metropolitano, eran cinco rolos de piel cobriza que celebraban a rabiar el gol. Envidié tanto su esnobismo, su estupidez. Estos pobres miserables son sin duda más felices que yo. No importa lo mal que le pueda ir a Argentina ahí tienen cada ocho días y una vez entre semana a Lionel Messi dirigiendo la banda del Barcelona. Seguramente gritarán los goles. Uno no es donde nace sino donde se cría y ellos se criaron en el televisor.
El consuelo lo encuentro en el País de la canela, el gran libro de William Ospina, en la biografía de Cassavetes que estoy terminando de leer y en la maravillosa compañía de mi esposa. El fútbol al menos por este año, es un tema que no volveré a tocar en mis conversaciones y ojalá en mis pensamientos.

15 de noviembre de 2011

HAL ASHBY. UN CORAZON ROTO

Era la época en la que todo se creía posible. Desde la periferia se gestaba la gran toma. Los estudios serían sitiados por la nueva camada de cineastas salidos de las universidades, de la cinefilia, de las cloacas. Todos eran jóvenes menos Robert Altman y Hal Hashby. Sin embargo Hal parecía la encarnación misma del hipismo. Gafas oscuras, barba frondosa, pelo largo hasta los hombros y unas camisas que parecían bordadas por cherokees. Había empezado como montajista, era conocido por su compulsión hacia el trabajo, podía durar tres días frente a una pantalla acomodando las imágenes filmadas por otros directores construyendo con planos prestados lo que para él tenía que ser un filme.
Pacientemente esperó hasta que la oportunidad surgió. Después de ganar el Oscar por su montaje en In the heat of the night las puertas de los estudios se le abrieron de par en par. Si bien El casero no le traería un éxito inmediato de taquilla si se hizo ganar el reconocimiento de los actores. Hasta en sus peores épocas los actores querían trabajar con él. Era como una especie de universidad, como lo que significa hoy en día trabajar con Woody Allen. Todo lo que se esperaba de él se confirmó con su tercer trabajo como director, El último deber, filme que de pasó significó la consagración absoluta de Jack Nicholson. Dos marines deben custodiar a un joven recluta hasta una cárcel de máxima seguridad solo porque se robó unas cuantos dólares de una colecta de la beneficencia. En el camino hasta la cárcel se hace inevitable que la camaradería no surja dentro de los tres colegas. La cerveza, Nueva York y la vida serán los puntos en común que tendrán. Además está la cara de ese inocente, de ese pobre muchacho sin familia que se aferró al ejército como un náufrago aferrándose a un pedazo de madera. Es holgazán y cleptómano, es distraído y tonto. No durará una semana en la cárcel por eso lo mejor sería dejarlo ir, salvar a ese pobre pájaro de las fauces de los linces. Pero la tentación no llega a ser tan fuerte y siempre se antepondrá la responsabilidad a cualquier resquicio de libertad. Nicholson obtuvo su segunda nominación a un Óscar al igual que Randy Quaid. Se empezaba a ver de que trabajar con el director de Harold and Maude significaba para un actor ampliar su caché.
En el último deber está prácticamente sintetizado el nuevo Hollywood. Una historia sencilla pero poderosa escrita por el guionista insigne de la década del setenta, Robert Towne. Cuestionamiento absoluto ante las instituciones y una declaración de principios a favor siempre del antihéroe. Principios que se mantendrían en otro de sus trabajos más representativos, Shampoo.
De la mano del todopoderoso Warren Beatty y otra vez con la férrea mano del guionista Towne, Ashby construye a un peluquero que enloquece a sus clientes no solo con sus raros peinados nuevos sino con su sexualidad irrefrenable. La película puede ser la más famosa de las que dirigió pero también se hizo célebre por la lucha sin cuartel que tuvo con Beatty por el control de la película. Montador por naturaleza Ashby dirigía tal vez con el único anhelo de poder tener la libertad absoluta en la sala de montaje. A Beatty no solo le interesaba ser una cara bonita. Le encantaba tener el poder en sus manos, que cada película que protagonizara fuera de paso una obra absolutamente suya. Dicen que quedó destrozado de esa lucha y que al ver la edición final no reconoció su película.
Para recoger sus pedazos se valió de cantidades industriales de Cannabis Sativa. Como un desesperado consumía porro tras porro. Parecía que vivía en una burbuja, sus matrimonios se iban a pique porque en su mundo parecía tener asientos solo para su compulsión a la hora de construir montaje y armas baretos. Además estaba el ron, el vodka, en la botella siempre encontró las respuestas que la vida le ocultaba.
Si bien con El regreso otro de sus actores, Jon Voight, ganó un Oscar significó tal vez su éxito mas rutilante sus días como director estaban contados. Los estudios le cerraron las puertas en la cara a todos los autores que se destacaron en la década del setenta. Michael Cimino y su Puerta al cielo ayudó a que los productores volvieran a tener el control de las películas. El sueño había terminado. Su alcoholismo y obsesión por la marihuana, aunque parece imposible, aumentaron. A mediados de la década del ochenta y con casi una década sin dirigir Ahsby cambió su manera de vestir y dejó los vicios a un lado. Se cortó el pelo y comenzó a vestirse con blazers azules. Quería que los productores vieran que había cambiado y que perfectamente podían darle un proyecto. Justo cuando parecía que iba volver al plató, estando en la mansión de Warren Beatty, el protagonista de Bonnie and Clyde le notó unas extrañas manchas en las piernas. Pensó que era flebitis y efectivamente era eso y mucho más. La flebitis era producto de un avanzado cáncer de páncreas.
Beatty lo convenció de que fuera al médico, a regañadientes fue. Le quitaron un pedazo de hígado, le aplicaron quimioterapias pero de nada sirvió. Sus últimas días estuvo postrado y amargado maldiciendo a Warren por haberlo obligado a operarse. Murió a los 59 años, en 1989. La ceremonia estuvo plagado de actores. Jeff Bridges leyó uno de los discursos, Bruce Dern también al igual que Nicholson. Ni la crítica, ni las taquillas le dieron el cariño y el reconocimiento que le otorgaron sus propios actores. Fue testigo en la última etapa de su vida de como un sueño se hacía pedazos, de cómo se hundió el imperio que los autores habían logrado construir.
Algunos dicen que Ashby no murió de cáncer de páncreas sino de corazón roto.

14 de noviembre de 2011

SOBRE LOS PELIGROS QUE ACARREA ENFRENTARSE ANTE UN HOMBRE SIN CABEZA

Tres tiros tenía incrustados en la nuca Alfonso Cano. Los disparos no provenían del francotirador más preciso sino de una ejecución arbitraria. Para el gobierno Cano valía más muerto que vivo. Los vivos hablan. En la selva de Colombia y de Venezuela tres tristes tigres están paranoicos. En cualquier momento una bomba puede sorprenderlos en la tranquilidad de sus campamentos por eso lo mejor es sentarse a negociar, no para ganar tiempo sino ya para pensar en vivir los últimos años en la comodidad de un colchón ortopédico y una almohada de plumas. El proceso de paz llegará no como una solución pensada del conflicto, no se tendrán en cuenta aspectos tan importantes en cualquier negociación de una guerra civil como lo son la justicia social y la necesidad que tenga un grupo armado de ganar poder político. Nadie le cree a las Farc, hace rato se sabe que en el negocio del narcotráfico trabajan en llave con las Bacrim, que tal vez haya sido Cano el último de los guerrilleros que tenía una verdadera estructura ideológica. Ninguno de los sobrevivientes del secretariado se va a sentar a negociar pensando en el pueblo por el cual según ellos han luchado. No, se sentaran a ver que parte pueden comerse de la torta. El gobierno desesperado les concederá un chalet en Zurich con una abultada cuenta bancaria en algún banco suizo. El gobierno busca la noticia, Santos con desespero pretende pasar a la historia como el presidente que pacificó al país pero que va, será otra farsa como el famoso acuerdo de Santa fé de Rialito.
Dicen que los decapitados pueden vivir cinco segundos después de que la guillotina separe la cabeza del cuerpo. En las Memorias de ultratumba Chateabriand narra como muchas de las víctimas del régimen del terror impuesto por Robespierre podían levantarse a buscar la cabeza que en nombre de la revolución se les había cercenado. ¿Te imaginas el terror que debes sentir al ver como un cuerpo acéfalo viene hasta ti y con el último resquicio de vida se aferre a tu pescuezo y te estrangule? En eso es en lo que va a quedar convertida las FARC después de que su estructura política se desmonte. Van a quedar bandas desperdigadas por los matorrales aferradas a sus cientos de hectáreas de coca. Lo peor es que a los pocos meses olvidaran toda la mierda marxista que sus comandantes tardaron años en inculcarles. Serán simples bandoleros sin ningún control que azotarán continuamente a los pobres moradores que habitan nuestros míseros municipios.
Un gobierno no puede esgrimir un asesinato como un logro. Hace unos meses vimos el cuerpo en descomposición de Gadafi ahora vemos el rostro hinchado de Cano. Son los tiempos donde todo vale, donde el pueblo con más ahínco pide sangre. Para mí el verdadero logro del gobierno de Santos fue ponerse a pensar si son válidas las estrategias para combatir el narcotráfico. Históricamente se ha comprobado que la droga siempre va a estar al lado de cualquier ser humano como una tentación. La vida es muy dura y uno no puede afrontarla sin un incentivo, un incentivo que al final terminará destruyéndote. No importa si la droga se llame Dios, amor o marihuana, tu destino será descansar para siempre en una tumba. Lo primero que hace un gobierno mafioso es penalizar la dosis mínima. Eso fue lo que hizo Uribe, penalizar para que automáticamente el precio se dispare. Santos no ha propuesto nada pero en el país de la irracionalidad al menos insinuó que se podía pensar en despenalizar el consumo. Lo dijo no hubo golpe de estado al otro día. Eso ya de por si es un logro.
Para acallar las críticas que le hacía desde un Blackberry el innombrable, Santos le ha presentado a la opinión pública la cabeza sin vida de Alfonso Cano. Ya le dio a su pueblo la acostumbrada dosis de sangre que año a año necesita. Ahora necesita pensar en una estrategia para que exista una verdadera paz. Eso es lo más complicado lo que se me antoja harto difícil. Debido a la ofensiva desplegada por el anterior gobierno y a las pujas internas la estructura de las Farc está resquebrajada. Ni Iván Márquez, ni Timochenko los más probables sucesores dentro del diezmado secretariado para reemplazar a Cano tienen el control total sobre sus hombres. Una paz así solo es el principio de una guerra todavía más sucia y cruel de la que hemos soportado en los últimos 63 años.
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