16 de noviembre de 2011

RENUNCIO A SER HINCHA

Después de haber sufrido desde el viernes con la maldita selección decidí no volver a ver fútbol. Si tan solo pudiera controlarme entender que mi vida no está en juego pero la pasión me domina en esos fatídicos 90 minutos. Como el adicto vuelvo a necesitar de esa droga que se llama fe. Entonces no es suficiente que en segunda ronda de Copa América nos saque un equipito como Perú o que le regalemos el empate a la mediocre Venezuela. No, ayer en la tarde volví a dejar de cumplir con mis deberes para estar frente al televisor y volver a gritar e ilusionarme para después volver a ver la realidad. Una Argentina con nombres casi que desconocidos donde solo se destacaba el mejor futbolista del planeta y un delantero temible prácticamente nos bailó en el fortín sagrado de la selección. Hice negación, salí a comer con mi esposa, intenté sonreír pero otra vez volvía a sentirme usado. En las últimas24 horas he estado envuelto en la peor de las depresiones.
Me concentro con fuerza en el trabajo. La última parte del guión ha venido fluyendo como un caudal en los últimos días. Me aferro a él como una piraña a la pantorrilla de un niño gordo pero cuando me canso de escribir y vuelvo a hacer el zapping de internet, mi zapping diario que consiste en revisar que se ha escrito en futbolred, en Marca, en Olé, me acuerdo que no puedo entrar porque estarán hablando de nuevo de la selección, de lo mal que jugamos e invocaran de nuevo la generación de oro que nunca ganó nada, que lo máximo que pudo hacer fue entrar en los dieciséis mejores de un mundial y parece ser que eso es a lo más grande que podemos aspirar, a ser diesciseis avo en un torneo de 32 equipos.
Voy a cambiar las rutinas, ya no me ejercitaré mientras veo sportscenter o Minuto cero, me distraeré viendo las aventuras de Charlie Harper o las insoportables genialidades de Sheldon Cooper pero no volveré a caer en la manipulación de los medios. Tengo una pila de libros en la cabecera de mi cama y un cuarto lleno de películas, tengo un blog y varios proyectos, no puede afectarme lo que once jugadores hagan en un campo de fútbol, tengo que ser más grande que eso, tengo que serlo o nacionalizarme español y ser hincha del barsa.
Mi drama es que soy colombiano y aparte de la selección el único equipo que puedo amar es al Cúcuta Deportivo, una institución condenada eternamente al fracaso y que justo acaba de perder su reconocimiento deportivo. No tengo ningún tipo de consuelo. Ayer mientras Agüero hizo el segundo gol la televisión mostró a los pocos hinchas argentinos que fueron al Metropolitano, eran cinco rolos de piel cobriza que celebraban a rabiar el gol. Envidié tanto su esnobismo, su estupidez. Estos pobres miserables son sin duda más felices que yo. No importa lo mal que le pueda ir a Argentina ahí tienen cada ocho días y una vez entre semana a Lionel Messi dirigiendo la banda del Barcelona. Seguramente gritarán los goles. Uno no es donde nace sino donde se cría y ellos se criaron en el televisor.
El consuelo lo encuentro en el País de la canela, el gran libro de William Ospina, en la biografía de Cassavetes que estoy terminando de leer y en la maravillosa compañía de mi esposa. El fútbol al menos por este año, es un tema que no volveré a tocar en mis conversaciones y ojalá en mis pensamientos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Dr. no se me ponga así. Disfrute de nuestra selección como nosotros disfrutamos de su paso por nuestras tierras. Por acá lo extrañamos...
Otra cosa no me hable solo del Barsa, y Boquita ? Que me cuenta de la campaña que estamos haciendo?
Abrazo desde Baires.
Gustavo Bertolone

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