17 de noviembre de 2011

EL ARBOL DE LA VIDA. Fragmentos de una obra maestra

Hasta que por fin estuvo en mis manos el Árbol de la vida, la tan ansiada película de Terence Mallick. Con el pulso tembloroso la puse en el reproductor. Previamente me puse el filtro que me da la cannabis para ver el cine que me gusta. Las imágenes ante mí, el infinito ante mí. Una familia de clase media, un padre republicano y exigente, una madre condescendiente, tres hijos que se quieren rebelar y después el drástico falshback, volver a la gran explosión, a los pedazos de la misma flotando en un espacio infinito y en uno de esos pedacitos, por un extraño accidente la vida formándose, el agua, la arena, los dinosaurios, el hielo, el hombre.
Un vuelo ideal para alguien que usa al cine para viajar en el tiempo. “La película perfecta para un marihuanero” decían mis amigos. Yo era el único en la sala que estaba trabado, el único que me había visto La delgada línea roja y sin embargo estaba mareado y fastidiado.
La sensación duró casi toda la película. Esa confusión me molestaba, saber si me gustaba o no. No entendía nada. Los monólogos interiores, ese personaje por allá perdido en los confines de los años que interpreta Sean Penn, Un velocirraptor acariciando a otro reptil de nombre impronunciable. Las impresionantes escenas del mar, de las erupciones volcánicas, muy lindo y todo pero ¿Qué coño es esto? ¿Nat Geo?.
Por momentos El árbol de la vida parece la película de un hombre muy viejo y muy sabio. De todos los cineastas vivos el único que podía hablar de un tema tan ambicioso como la existencia humana en todo el significado de la palabra era el autor de Tierras malas. Era un proyecto de hace más de una década, el guión se reescribió treinta veces, el propio director se encargó de crear una cámara, a lo Kubrick y el mismo dirigir la fotografía. Obsesivo como sus contemporáneos, Mallick aspira al control total de su producción. Por eso se demora tanto entre filme y filme, son empresas mega ambiciosas de presupuestos muy elevados. En la tecnocracia en que vivimos es un verdadero milagro que exista alguien que pueda invertir en una propuesta tan arriesgada, tan hermosamente compleja, tan extraña. A partir de la vida de una familia sacada de un cuadro de Norman Rockwell pensar en los orígenes de la vida. Desde 2001 Odisea del espacio no ocurría algo así, la película de un filósofo, de un hombre que quiso escribir sobre Heidegger y en vez de una pluma usó una cámara.
Pero resulta que me sentí incómodo, me aburrí. Yo creo que lo que me molesta de las películas de Terence Mallick es la completa ausencia de sentido del humor. Como si esa timidez crónica que lo aleja de cualquier rueda de prensa, de cualquier entrevista o contacto humano ha convertido a su cine en una cosa perfecta, hermosa y fría. En HAL-9000 puedes encontrar más humor (Que seguro la tiene, la máquina maneja una punzante ironía) que en el menor de los hijos de Brad Pitt en el filme. Además yo sentí a veces que veía los retazos de una obra maestra y uno puede imaginarse como fueron las peleas en la sala de montaje, la cantidad de escenas preciosas que fueron al cesto de la basura solo porque a Mallick no le interesaba la historia, lo único que le interesaba era ser recordado como un visionario, como un loco, como el más grande de los autores norteamericanos. Y a mi juicio fracasó.
Su fracaso es parecido al que sufrió Coppola con Apocalypse Now, son fragmentos de un clásico, de una obra imperecedera. Todo por la desesperación de ser Orson Welles, de ser el genio incomprendido, el que sentó las pautas de toda una generación. Es cierto a mí me cae gordo Sean Penn, pienso que su rostro solo puede destilar preocupación, tensión pero que está incapacitado para demostrar cualquier tipo de alegría. Sin embargo trabajar con un tipo tan serio como Mallick lo entusiasmó. Lo que lo habrá desalentado un poco fue ver como su actuación era destruida en la edición. Solo vemos en pantalla el quince por ciento del papel que en el guión estaba designado. Con todo y lo gordo que me cae hubiera preferido saber que taras le habrán quedado al haber crecido con ese padre controlador y con la sombra de la muerte de su hermano. Hubiera preferido ver eso a asistir a la clase de cómo se forma un ADN. Penn no ha hecho pública su decepción pero el hecho de que no haya querido aparecer en ninguna de las ruedas de prensa es sospechoso.
Con todos los problemas que pueda tener, El árbol de la vida es sin duda la propuesta más interesante que podamos disfrutar ahora cuando los tecnócratas han ganado la guerra. Es una buena oportunidad para que lleven a sus hijos y al verla le muestren que el cine algún día fue mucho más que autos incendiados cayendo por un barranco

1 comentario:

Anónimo dijo...

Penn si se pronunció.
http://www.avclub.com/articles/sean-penn-has-no-idea-why-he-was-in-the-tree-of-li,60727/

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