31 de enero de 2011

LAS 100 MEJORES PELICULAS DE LA HISTORIA. Una visión personal

A partir de hoy y cuando la pereza me lo permita publicaré las que para mi son las cien mejores películas de la historia. Empezamos con las primeras diez desde la última hasta la 91.



100. BILOXI BLUES. Dir: Mike Nichols (1988): Mattew Broderick quiere ser escritor, el problema que tiene es que está en una barraca atestada de soldados y al frente de ese pelotón un teniente hijo de puta, el mas cabrón de todos los tenientes que además tiene cara de Cristopher Walken. Está empeñado en tenerlos listos porque en cualquier momento podrían entrar en la guerra, quedan unos pocos meses para derrotar a los japoneses pero el conflicto termina antes que ese grupo ineficiente pero simpático pueda entrar en acción. Basada en la obra teatral autobiográfica de Neil Simon quien también hizo el guión. Esta es una película donde su principal virtud no es la historia misma sino la construcción misma de los personajes es lo que persiste en mi memoria.
99. LAS FLORES DE HARRISON. Dir: Ellie Chouraqui (2000): ¿Qué pasa? ¿Por qué casi no tenemos películas sobre la guerra en Yugoslavia? ¿Por qué no sabemos nada del genocidio en los Balcanes? Gracias a un amigo al que le debo una hamburguesa conocí esta película en el 2003. Hace unas noches volví a ver este filme invisible y confirmó lo que pensaba: Es definitivamente un clásico contemporáneo. Una mujer al saber que su esposo ha muerto pero no pueden recuperar su cadáver sale a recuperar, no el cuerpo sino al hombre que ella cree vivo. Viaja desde Estados Unidos hasta la frontera austriaca y de allí emprende un viaje directo al corazón de una guerra siniestra, sucia e infernal.
98. DRACULA. Dir: Francis Ford Coppola (1992): La última gran película es posiblemente la mejor adaptación que se ha hecho de la novela homónima de Bram Stoker. Memorable Tom Waitts como Reinfield y la diseñadora japonesa Eiko Ishioka convierte a Gary Oldman en el elegante príncipe de los Cárpatos que se ha estampillado en la memoria colectiva. Si bien la primera hora es bastante superior a la primera Drácula, que próximamente cumplirá 20 años, apenas ha envejecido. Los vampiros sin duda son eternos.
97. INTELIGENCIA ARTIFICIAL. Dir: Steven Spielberg (2001) La idea original fue de Kubrick pero quedó inconclusa por su súbita muerte acaecida en 1999 a la tierna edad de 71 años. Sin embargo Kubrick siempre pensó en hacerla en colaboración con Spielberg por el que sentía una sincera admiración. Para muchos un bodrio lacrimógeno, para otros, incluyéndome, un drama impresionantemente eficaz, una película sumamente entretenida donde hasta un oso de peluche logra una actuación convincente.
96. ¡QUE BELLO ES VIVIR! Dir: Frank Capra (1946): Si estás pensando seriamente en suicidarte, si piensas que la vida no vale nada, si la botella se acabó y al otro día el llamado del teléfono te suena como el grito histérico de una bruja, no busques en el espejo invertido la otra raya de cocaína ni un plon de bareta, con solo ver esta película la vida volverá entrar a raudales por tus venas. Capra es un artista que tiene una rara cualidad: La de creer en la bondad de los hombres.
95. LOS OTROS. Dir: Alejandro Amenábar (2001) Es imposible no sentirse atrapado desde el inicio con esta película cuando vemos a Nicole Kidman despertar de una pesadilla gritando con un dolor desgarrador. Si a eso se le suma que la tensión se mantiene en los siguientes 90 minutos y que el filme tiene uno de los finales más inesperados de la historia del cine reciente se puede colegir de que Los otros no es solo una gran película, sino que es una magistral película de terror. Y para conseguir esa angustia, esa tensión Amenabar no necesita recurrir a la sangre, a mostrar un monstruo de felpa horriblemente cosido. No, Es mucho más hábil, el creador de Tesis tan solo sugiere, abre puertas y nos muestra a través de un vidrio oscuro, como duermen los muertos.
94. MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO Dir. Tomás Gutierrez Alea. (1968): Basada en la novela homónima de Edmundo Desnoes, Gutierrez Alea consigue, valiéndose del personaje de un intelectual burgués, hacer una crítica de la revolución, la sociedad y la mujer cubana. Mezcla de ficción y documental, memorias es a mi juicio uno de los logros culturales que legaron los barbudos de Sierra Maestra a la humanidad.
93. NAZARIN. Dir. Luis Buñuel (1959). Por más que renegara de México Buñuel pudo reanudar su carrera abruptamente interrumpida por la Guerra Civil Española. Con Nazarín pudo hacer realidad el sueño que no pudo cumplir Dreyer: Filmar una historia de cristo, un Jesús no nacido en Jerusalen sino a pocos kilómetros del Popocaltepec. Esta fue la primera de las colaboraciones que hizo Buñuel con el genial Paco Rabal, además de ser el filme que más le gustó hacer al realizador aragonés.
92. NOTORIOUS. Dir. Alfred Hitchcock (1946): Esta película tiene el Mcguffin por excelencia, la excusa es buscar el secreto que guardan unos nazis exiliados en Brasil para desarrollar una historia de amor protagonizada por Cary Grant e Ingrid Bergman. Película llena de momentos memorables como el plano que va desde una lámpara de techo hasta la mano de Ingrid Bergman que guarda una llave, cumpliendo como pocas veces uno de los preceptos cinematográficos de Hitchcock el de ir de lo general, a lo particular.
91. SIN CITY. Dir: Robert Rodriguez (2005). En la tradición del mejor cine negro, repleto de diálogos que envidiaría el mismísimo Raymond Chandler, Sin City logra recrear la sórdida atmósfera del cómic de Frank Miller en la que se basa la película, fragmentándose en episodios que increíblemente y con suma habilidad logran unir sus guionistas. Subestimada por la crítica, este es un filme que logra fusionar dos mundos que están increíblemente emparentados: el cómic y el cine. Esta es para mi y de lejos la mejor obra de un director al cual nunca le he encontrado la gracia.

HARVEY EL MONSTRUO. Breve semblanza del hombre que inventó a Quentin Tarantino

Era un gordo de Brooklyn que tenía un hermano casi tan gordo como él. La madre los había criado, como a tantos gordos judíos, bajo los preceptos de la mas feróz de las competitividades. Después de atragantarse en cada almuerzo abría las cortinas y le mostraba la calle, señalaba cada una de las casas de la cuadra e iba diciendo que niños vivían allí y porque cada uno de ellos era mejor que él. Si Mira, la mamá de los hermanitos Weinsten quería crear un espiritu competitivo en sus hijos vaya que lo consiguió, sobre todo en el mayorcito.
El gordo tiene la ferocidad de un Terminator para destrozar las cabezas que pueden salir a su paso. Comenzó viendo y comprando todas esas películas de Kung-Fú que hacían a finales de los setenta en los pantanosos archipielagos que rodean Malasia, además estaban todos esos conicertos de Rock de Peter Frampton que nadie quería ver, el gordo, voráz e incisivo como una navaja fue convenciendo a la gente para que entrara a las salas. Si fuera por els e hubiera vestido de payaso afuera del cine con un megáfono o mejor con una metralleta y a cada peatón le hubiese gritado "Compra la boleta o te mueres". Se sed de sangre hizo que su caracter adquiriera una tenacidad inusitada. Su cuerpo nunca paró de crecer.
Su primer éxito importante se lo debió a un concierto de Amnistia Internacional donde sin piedad se quedó con un gran porcentaje dejandole a la ONG unas cuantas monedas. Lograron independizarse de sus padres, Mira y Max veían como sus hijos ya no dependían de ellos, incluso se habían comprado una casa mas grande en la soleada california, Mira podía ver a su hijo atragantarse de hamburguesas y de papas fritas a la orilla de la piscina.
Pero Harvey no se conformaría con eso, el quería volver a la época donde el productor era la estrella, ser un Harry Cohn un Irving Thablerg. Y casi lo logra. A finales de los ochenta siguiendo su política de buscar en el tacho de basura de las grandes compañías rescató una película que nadie quería, se llamaba Sexo, Mentiras y Video. La había dirigido un muchacho del cual nadie había escuchado nada tenía 27 años y se llamaba Steven Sodenbergh. Al ver el copión Harvey sintió como la boca se le llenaba de saliva, allí en esas tres horas había una película que seguramente tendría mucho éxito "Pero muchacho- Uno se imagina hablando con un jovensisimo Soderbergh- debes confiar en mi, vamos a cortar" Las tijeras eran una extensión de sus manos. Le cortó casi cuarenta y cinco minutos, Soderbergh se indignó al principio pero al ver el éxito arrolador que tuvo su película (Incluso llevandose la Palma de Oro en Cannes algo que ni siquiera soñó)se tuvo que callar la boca. Hubo una época donde nadie podía contradecir a Harvey Scissorhands, simple y llanamente porque él siempre tenía la razón.
Sexo, Mentiras y Video fue el comienzo de lo que en los noventa se conocería como el nuevo cine independiente norteamericano. El epicentro de este terremoto estaba en la cabeza y el estómago de Harvey. Fundó una compañía que sería como el albergue para aquellos locos que todavía querían contar una historia, algo que desde finales de los setenta con el descalabro de La puerta al cielo de Michael Cimino, ningún director podía pensar: obtener de nuevo independencia creativa para poder contar la historia que quisieras. Esta compañía la llamó Miramax en honor a sus exigentes padres. Harto de que lo compararan con sus vecinos Harvey y Bob Weinstein crean un imperio en el corazón de Hollywood y no solo serían los clásicos magnates inescrupulosos, no señor, ellos serían ejercerían la olvidada labor del mecenas.
Pero con la misma pasión que apoyó el cine independiente Harvey hubiese podido traficar con fusiles R-15. Todavía recuerdan los noveles cineastas la manera como los trataba el gordo, como les escupía en la cara pedacitos de hamburguesa mientra los gritaba porque el resultado final de la película no había sido lo que el hubiera querido. "Hay que cortar" ese era su lema y casi nunca le importó quien estuviera al frente de él, asi fuera Hal Hartley o Bertolucci.
Pero igual gracias a él los noventa no fueron una década descafeinada como fueron los ochenta. Obras maestras como Pulp Fiction, Pi el orden del caos, Trainspotting o el Paciente inglés se hicieron gracias a los Weinstein, ellos se encargaron de darle una patada en el culo a las grandes compañias que estupibilizaron al público con sus interminables sagas en las estrellas.
En un principio Miramax creía en el autor y apostó a historias pequeñas, baratas, casi miserables como Clercks del genial Kevin Smith que costó menos de un millón de dólares. Esta historia sin pretensiones que contaba la vida de un chico que trabajaba en una hamburguesería recaudó mas de cincuenta millones de dólares en todo el mundo. Creer en el arte también podía ser un buen negocio.
Desde esa iniciativa pudieron tener voz cineastas que una década atrás hubiesen estado condenados al silencio por lo radicalmente personales de sus obras como fue el caso de Harmony Korine, Todd Haynes, Darren Aranofsky, Larry Clark o la joya de la corona: Quentin Tarantino.
Se le critica mucho a Harvey su temperamento monstruoso y su terquedad a prueba de balas a la hora de elegir el montaje final. Dicen que hizo llorar a Bernardo Bertolucci al cercenar sin aspavientos El pequeño buda o la guerra sin cuartel (Y que lamentablemente perdió porque sin duda Harvey tenía razón) que sostuvo con Scorcese al querer cortar la parte final e incongruente de ese fiasco llamado Pandillas de Nueva York.
Con el paso del tiempo Miramax fue apostando a super producciones como la ya citada Pandillas de Nueva York, Could Montain o El aviador y en esa apuesta perdió. Bob creó a mediados de los noventa Dimension que sería un area de entretenimiento barato de Miramax y que tuvo un inesperado éxito con Scream y su saga, hace poco hicieron una porquería llamada Piraña y lograron su objetivo, llenaron sus bolsillos y sus enormes barrigas con oro.
Miramax ha dejado de existir. Los hijos de Mira crearon la incipiente The Weinstein company que entre otras cosas apostaron por Bastardos sin gloria logrando otro triunfo estético y económico. Imagino que Harvey todavía sueña con ser el rey de Nueva York. Con los años dejó de querer parecerce a Zelznick para querer convertirse en su ídolo: Bill Clinton del cual dicen es su perrito faldero. Escondido en alguna mansión en Long Island Harvey se atiborra de hamburguesas y papas fritas pensando en la cara de su madre cuando se entere que dentro de poco lanzará su candidatura a la presidencia de la república, pero cuando termina su doble carne se entristece y recuerda que afuera de sus paredes de mármol la gente todavía recuerda su ira irrefrenable.

19 de enero de 2011

VOLVER A PENSAR EN LENNON

Decía Rodrigo Fresán no sin cierta razón que la Argentina se había ido a la mierda cuando paso de ser una nación Beatle a ser un reducto Rollinga. Para el mediocre escritor porteño ese cambio significó pasar de la reflexión a la fiesta interminable, de Sidartha a Dionisos.
Hay días en que pienso que me vida se empezó a ir al garete cuando dejé de escuchar el ritual Beatle para pasarme horas enteras intoxicándome con la música atronadora de los Stones. Sin embargo nunca los he dejado de escuchar por completo, ellos viene por oleadas y me buscan, me toman de los pies y me arrastran por el piso con sus viejos y eternos sortilegios. Puedo estar parado en una estación de trenes en La Plata cuando el eco de Hapiness is a warm gun me asalta o puedo tomar un taxi en la avenida sexta de Cúcuta y un taxista despistado deja escuchar Roll over Beethoven y me hace acordar de la tarde en que mi papá me regaló el primer C.D que tuve en mi vida, una copia de With the Beatles, el almbun donde ellos empezaron a encontrar su sonido, donde anunciaron las primeras sacudidas del terremoto que vendría con Help. Lo paradójico es que a pesar de tener mi C:D no tenía un reproductor donde escucharlo, es más creo que el disco lo terminé vendiendo en el colegio o cambiándolo en esa época por unos cuantos moños de marihuana.
En la universidad entré en conflicto con el cuarteto de Liverpool y la verdad cambié la marihuana por la cocaína. Desde Baguers Banquet a Exile los Stones crearon la música mas sólida, mas certera para pegarte un pase, o si no vean todas esas películas de Scorcese donde su demonio protagonista esnifa buenos granos de cocaína mientras se escucha Loving Cup o Monkey. Después regresé por una temporada a Cúcuta donde cada ocho días me enfarraba en una finca durante todo el fin de semana a llenarme las venas de polvo blanco y nadar en ríos de Jack Daniels, jugando a ser un rock star sin siquiera saber tocar ningún instrumento. Desde el mirador de la finca se vislumbraba la ciudad, era un buen lugar para ver como las bombas caerían sobre el valle. Pero la guerra nunca llegó.
Hay algo tremendamente humano en las canciones que empezaron a componer de Rubber Soul hasta Abbey Road, es como el testimonio de un hombre que comienza a creer. El sonido de los Beatles cambia básicamente cuando Lennon, que al contrario de sus compañeros estaba en constante evolución, empieza a encontrar su propia voz. Entonces fue como si se desatara una terrible fuerza de la naturaleza, como si el mismo tuviera la capacidad de abrir la tierra, controlar las corrientes telúricas y hundir lo que el consideraba no era verdadero. Y una de esas mentiras eran los Beatles. Un día abrió los ojos y no pudo reconocer a los otros tres tipos que lo acompañaban en su viaje. Entonces dejó de ser la morsa y se convirtió en John.
Este despertar político y religioso de un niño rebelde tiene que ver con haber conocido a Yoko. A pesar del odio generalizado que sienten millones de fans, Yoko ayudó a que el pensamiento de Lennon se extendiera hasta la misma política. Para nadie es un secreto que con sus canciones ayudó a salvar miles de vidas que se perdían en Vietnam. Sus himnos a la paz se convirtieron en estandartes de esperanza y fueron repetidos y cantados en las grandes movilizaciones pacifistas de los setenta. El mismo Hoover puso sus horribles ojos en ese desadaptado que no sabía callarse. Sigan la carrera de cada uno en solitario y vean la distancia que sacó John a sus otros tres compañeros, escuchen a Paul Mcartney en una entrevista o oigan todo lo que hizo; a excepción de algunos discos de Wings es física basura. Es como escuchar un disco de Jagger, una especie de Michael Boltón avejentado. Cuando Jagger canta solo se le notan los setenta años.
Es curioso el desprecio que sienten los dos Beatles sobrevivientes por la señora Ono, como si quisieran hacerle creer el cuento a todo el mundo de que ella fue la bruja que dañó el sueño, que los separó para siempre. Uno se puede imaginar lo que fueron esas sesiones en let It Be. El estudio convertido en una guarida de hienas. No se daban ni la mano, eso se lo dice el propio John A Jack Warner en su célebre entrevista. El iba, llevaba a Yoko por supuesto, grababa las escenas para la película y chao. Esa era la época donde el espíritu de Don Quijote empezó a invadirlo, mientras Paul era poseído por el espíritu de Don King.
Lennon tenía un sueño como lo tuvo Gandhi o Luther King y a diferencia de ellos tenía a todos los medios de comunicación a su disposición. Los periodistas amaban a John y lo seguían a todas partes. A finales de los sesenta decide vender la paz como si fuera un producto. Durante su luna de miel abrió las puertas de su suite en Amsterdam y dejó entrar a decenas de reporteros que informaron al mundo como un Beatle decidía hacer la revolución desde la cama.
La revolución tranquila, pacifica era lo que quería Lennon, a los stones les interesaba más la confrontación. Era como tener de un lado a Cristo y del otro a Lenin.
Hace poco me levanté muy temprano justo antes de que saliera el sol y me dio miedo tener la certeza que detrás de esas nubes se escondía el rostro de Dios. Me dio miedo constatar que dentro de mi crecían las ganas de llevar una vida mejor, quise agarrar las pocas pertenencias que aún tengo e internarme en una mina a llevarles la palabra a los pobres mineros sepultados en la tierra, como aquel pintor de Arlés que en las noches se convertía en pastor y en las mañanas, con los ojos enrojecidos, decidía tallar su cuerpo con una navaja para proyectarse mejor en sus autorretratos.
¿Cómo obtener tanta coherencia?
Todo artista es un profeta, muchos se convierten en la voz de Dios en la tierra. Saliendo del edificio Dakota el gordo Mark David Chapman descargó su pistola sobre el pecho de John Lennon. La historia es una peonza que no para de repetirse, cuarenta años atrás en la india un hombre en posición de flor de loto era vilmente asesinado. También como el ex beatle creía en que era posible una revolución sin disparar una bala.

18 de enero de 2011

EL ULTIMO CHISTE

En paises devastados por la violencia, la pobreza y la corrupción, el humor es un remedio infalible para curar el alma. Si bien no fueron el pueblo mas perseguido del siglo XX los judíos vivieron las duras y las maduras en los primeros 50 años del siglo pasado. Muchos de los sobrevivientes del holocausto se convirtieron en los mejores cómicos de nuestra época. Billy Wilder, Woody Allen, Larry David perdieron algun familiar en alguno de los temibles campos de concentración nazi. El siglo XX es el siglo del humor judío, corrosivo, negro, cínico.
Colombia, como bien se sabe es la periferia. Acá no dejamos entrar ni a japoneses ni a judíos por aquello de que no creían en cristo, a los nazis si y cuenta la leyenda que mas de un Herr comandante de la Gestapo vivió una vejez tranquila en la sabana bogotana. Después de mucho tiempo vuelvo al país y como ya la mayoría de gente que conocí a muerto me quedé un sábado confinado en el televisor y con suma curiosidad vi los canales nacionales y estaba en pleno zapping cuando el rostro de Alvaro Lemmon (O es Lennon?) volvió a embrujarme como cuando yo era niño, entonces sumido en la ma atróz de las depresiones decidí suicidarme tomando grandes sorbos de chabacanería propinado por el hombre al que en Plato Magdalena cuentan que erigieron una musculosa esttua de bronce. Constaté con mucho temor que en Colombia las ofensivas coplas paisas todavía hacen reir, los pobres concursantes de este octogenario programa salen vestidos de arrieros, algunos llevan sus cabras constatando que los años no han pasado, que por mas camionetas último módelo atiborren nuestras precarias calles todavía somos un país rural, con un humor rural, apelando siempre al doble sentido. Quitense de la cabeza eso de que el colombiano es chistoso, yendonos bien el colombiano podría ser morboso y no más.
Navegar un sábado en la noche por los canales colombianos es como subirse al Delorian con Marty Mcfly y aterrizar en 1985. Uno cree que en cualquier momento la transmisión va a ser interrumpida para que el presidente Belisario Betancurt se dirija con su poético lenguaje a todo el país. De 7 a 11 de la noche la telelvisión colombiana es una nauseabundo vertedero de chistes verdes. Es el legado que sembró La nena Gimenez y Montecristo. En las discotecas y metederos no falta el borracho que pide que le bajen volumen a la música para contar "El último chiste" Yo los conozco, tengo primos que hacen eso, ellos no han muerto, el humor colombiano los hace inmune a las balas.
Acá creen que los gringos son unos bobos, que no entienden porque se rien de "Esas estupideces", a ellos les hacen falta el doble sentido, "Los gringos eran buenos cuando pasaban lo de Benni Hill" dicen los colombianos desconociendo que el asqueroso bufón era inglés. Es dificil que una serie como The Big Bang Theory o Seindfield pueda calar acá cuando su humor es construido a través de la cotidianidad, de las confusiones que deja el lenguaje, todo muy lejando de nuestro humor de retreta, humor de domingo después de misa.
Series como Saturday Night Live (Todo un clásico de la televisión mundial, infatigable semillero de cómicos, he escuchado a gente comparando a John Belushi con el principe de Marulanda)o Family Guy (Herederos directos de la patafisica de Alfred Jarry) son prácticamente desconocidos en este tierrero donde las flores se fuman o se procesan.
El humor acá se destila en telenovelas casi siempre a cargo de un gomelo, un negro, un retrasado mental, una niña hueca, un enano o un costeño. Colombia tiene el humor mas fascista después de Japón simple y llanamente por que somos el pueblo mas fascista después de japón.
Acá está terminantemente prohibido reirse de uno mismo y de los demás. Somos muy dignos,extremadamente suceptibles. Si uno tiene amigos es para reirse de ellos, sino no tiene gracia. Por eso no tengo amigos que tengan puestos en San Andresito o cambien bolívares a pesos. Lamentablemente acá todos llevan en sus espaldas esa profesión por eso no tengo amigos. Y todos son tan graciosos según ellos, siempre cargados del último chascarrillo, del último chiste del hombre cornudo, de la última mestruación sabatina. Vaya ríase de un paisa, no de sus chistes sino del collar de arepas en descomposición que carga y sabrá que se siente que le descarguen completico, el proveedor de una nueve milimetros en el pecho. Por eso es que los grandes cómicos los acribillan en las esquinas, somos un país destinado a una muerte larga y miserable donde no tendremos derecho ni siquiera a la última carcajada.
Esperamos entre tanta basura que aparezca el mesias. Mientras tanto debemos seguir vomitando con las coplas de Vargas Vil y lo pedos verbales del gordo Manosalva, aguantarnos a este pueblo contador de sueños y de malos chistes. Aguantar hasta que la muerte venga por nosotros.

12 de enero de 2011

THEDA BARA O LA MUERTE ARABE

La guerra de las patentes arreciaba y parecía que Edinson, Pathe y sus francotiradores destrozarían en cualquier momento a los jóvenes rebeldes que trataban de hacer películas en la soleada california, en ese terreno baldío que llamaban Hollywood. Pero a los independientes se les ocurrió una idea, la de elevar a los actores y actrices de sus películas a la altura de las estrellas.
Adolph Zuckor, húngaro de nacimiento, había llegado al país con la idea de establecer un negocio de pieles pero quedaría enredado en el floreciente mundo de los nickelodeons. De el fue la idea de crear un ideal de mujer, virtuoso, hermoso y puro, con tirabuzones y eternamente virgen. Se llamaba Mary Pickford y era considerada la novia de América. Judíos de toda Europa pululaban en las verdes llanuras de California buscando fortuna y brotando ideas. Uno de ellos fue William Fox quien tomando como ejemplo la idea de Zuckor decidió crear la contraparte, el reverso de la moneda. Si la una era muy pura la otra sería muy puta, si una buscaba un hombre bueno que la llevara al altar la otra buscaba una orgía perpetua. Para ese papel tenía en mente a una oscura actriz de teatro que por obra y gracia de Fox terminó llamándose Theda Bara, anagrama de Muerte Arabe, nombre que se convertiría en sinónimo de lujuria y pecado. Fue la primera vampireza de Hollywood, su primera femme fatale.
Copiandole a los italianos el concepto de divismo, William Fox creó una leyenda entorno a su lujuriosa estrella. Había nacido en una caravana en medio del desierto, su madre estaba a punto de dar a luz cuando una cuadrilla de beduinos fuertemente armados los sorprendió a sangre fría. La niña, aún con el cordón umbilical pegado a su madre muerta, fue separada y llevada por ellos a sus tiendas de campaña donde fue amamantada y criada hasta que una expedición de arqueólogos británicos la rescató. Tenía 15 años y evidentemente había sido abusada sexualmente por la tribu entera.
El público estalló con esa biografía y los hombres, sobre todo los hombres, querían ver en la pantalla a esa pecadora por naturaleza, a esa perra con olor a perfume. Si bien Mary Pickford en Paramount reventaba taquillas y aliviaba conciencias, la Fox no se amilanaba , la serie de melodramas que crearon para Theda daba sus réditos y vaya de que manera. La lascivia paga mejor que la virtud. Las películas en las que la Bara era protagonista eran melodramas sencillos, casi ridículos, en las que ella prevaricaba hasta que su muerte, si conciencia o su conversión la sorprendía en el último rollo.
La única película que se conserva de ella fue la primera y más famosa en las que actuó: A fool there was de 1914. Según George Sadoul en su Historia del cine universal esta película “No incluía nada que no se pudiera presenciar en cualquier calle mayor, ni tampoco nada que tuviera que ver con la vida real. Pero el público se sentía atraído hasta el paroxismo por esta historia de un respetable hombre casado que cae indefenso en las garras de una taimada mujer”. Fox estaba feliz, A fool there was fue un exitazo que dejó en réditos mas de un millón de dólares, cifra inédita en los 20 años que tenía el cine en ese momento y que solo sería superada un año después por la que es considerada la primera película con un lenguaje cinematográfico moderno: El nacimiento de una nación de D.W. Griffith.
En el devenir incesante de la Historia del cine vendrían mujeres fatales de todos los calibres, unas mas temibles y despiadadas que otras. No mas miren los ojos de la Stanwyck empujando al infierno a Fred McMurray en Double indemnity o a Jessica Lange obligando a Jack Nicholson a cometer a un asesinato en El cartero llama dos veces pero ninguna tiene el aire frío, como de una mujer que vuelve de la tumba trayendo su lascivia fétida que se deja ver en los pocos fotogramas que quedan de Theda Bara.
Mujeres como ella han hundido civilizaciones enteras.

LA MAQUINA QUE DERROTO A NAPOLEON

En 1769 Maria Tereza de Austria decidió convocar a su palacio a los sabios e inventores mas reputados de la corte. A la Emperatriz le preocupaba aburrirse en sus ratos libres así que necesitaba urgentemente un entretenimiento. Entre todos los inventos exhibidos le llamó la atención el que le ofreció el barón Wolfgang Von Kempelen. El invento consistía en un hombre de madera sentado al frente de un cajón donde se dejaba ver un reluciente tablero de ajedrez con una visible actitud de desafiar a cualquiera, a trenzarse en una feroz partida. Maria Tereza y sus ministros quedaron estupefactos al ver como el hombre de madera con suma autoridad, derrotaba en unos cuantos movimientos a todo aquel que osara retarlo. Esa tarde comenzó la leyenda.
El ajedrecista, uno de los autómatas mas celebres de todos los tiempos se enfrentó con los hombres más brillantes de su época. Desde el emperador José II pasando por Federico el Grande e incluso a Benjamin Franklin al que derrotó en París. Entre todas las partidas que realizó se destaca la que sostuvo con Napoleón al que derrotó con suma facilidad. En la Historia del ajedrez (1913) H.J.R Murray reconoce que “Napoleón era un jugador entusiasta pero no muy bueno era malo en la apertura e impaciente con el ataque, además de que tenía muy mal perder”. Los que presenciaron la partida afirma que el emperador hizo trampa repetidas veces y que se molestaba cada vez que el turco (Nombre con el que también se conocía la supuesta máquina ya que llevaba un turbante y una pluma en su cabeza) le corregía el movimiento haciéndole notar su error. El emperador terminó tan desesperado que optó por acabar la partida pegándole un puñetazo al tablero haciendo que las fichas se estrellaran contra el suelo.
Por supuesto que muchos dudaban de la veracidad del Turco. Era prácticamente imposible que en el Siglo XVIII una máquina pudiera pensar por si misma. Hombres de talento y de genio como Edgar Allan Poe escribieron sendos ensayos donde intentaban aclarar el misterio, las sombras en las que estaba envuelto el Turco.
Incluso su inventor, nunca afirmó que su criatura jugara al ajedrez por si mismo “ Se trata de un mecanismo sencillo, una bagatela cuyos efectos resultan tan maravillosos solo por la audacia de su concepción y por la afortunada elección en los métodos que se adoptaron para estimular la ilusión” Está claro que el truco existía y los mejores ajedrecistas de esa época habitaron el cuerpo del Turco. Todo consistía en un complejo sistema de espejos e imanes que acá no tendremos el espacio ni el tiempo ni la paciencia para explicarlo. Además optamos por creer que es mas importante el bluff que sostuvo Von Kempelen y sus otros dueños, un truco que prefiguró las maravillas que trajo la modernidad como ese ordenador que hace una década destrozó al mejor jugador de la historia y sin embargo esos computadores están lejos de poseer el aura de magia y misterio que poseía el Turco.
Después de derrotar a los mejores jugadores de Europa el hijo de Von Kempelen, pensando en que la curiosidad por la máquina mermaba vendió el invento de su padre a Johann Maelzel quien se dedicó a exhibir al autómata por toda Europa hasta que en 1825 sus deudas le obligaron a huir a Nueva York donde emprendió una improvisada y para nada fructífera gira americana. Acosado por los acreedores recién adquiridos en el nuevo continente Maelzel decide develar el secreto del Turco a varios periódicos a cambio de un puñado de dólares. Los días como atracción de feria del autómata estaban contados. Sin embargo por unos cuantos años más siguió viajando, incluso alcanzó a estar en Cuba donde Schlumberger, el ajedrecista que en ese momento estaba dentro de la máquina contrae fiebre amarilla y muere después de una breve y tormentosa agonía. Maelzel aquejado de una serie de dolores y de una debilidad constante decide embarcarse a Nueva York donde sería sorprendido por la muerte en la mitad de la travesía. Su cuerpo como si fuera un amasijo de carne putrefacta fue arrojado al mar junto a las costas de Charleston.
El Turco, ya huérfano, es comprado por un excéntrico y filantrópico millonario que tuvo la idea de donarlo al Peale’s Museum de Filadelfia donde logra descansar quince años hasta que un voraz incendio lo transformó en cenizas. Corría el año de 1854.
Durante un siglo el jugador de ajedrez fue objeto de admiración, burla, envidia e indignación. Tuvo una vida parecida a la que siglos después solo tendrían las estrellas del Rock. Sobre él escribieron las mejores plumas del siglo XIX e inspiró historias macabras como la que escribió Ambrose Pierce: El maestro de ajedrez de Moxon publicado en 1909.
De el Turco solo nos han quedado algunos dibujos y sobre todo la imagen difusa que deja su leyenda. Solo Vaucanson con su pato cagón estuvo tan cerca de crear vida. Tan cerca y tan lejos. Todo creador es un mentiroso, un inventor de bluff, un fraude. Sin embargo es una mentira que nos hace felíz.

11 de enero de 2011

RED SOCIAL DE DAVID FINCHER

Con mucho escepticismo me senté en la sala. No había leído mucho sobre la película porque por esos días había decidido alejarme de cualquier medio electrónico. En los últimos meses, cuando decidí alejarme de las personas para poder escribir me sumí en la más deprimente de las adicciones: Internet. Cuando trataba de sumirme en la escritura de un cuento o de un artículo inmediatamente me asaltaba la idea de revisar mi correo o ver quien estaba conectado. Desde que llegué a Colombia esa necesidad desapareció así que estoy solo en una sala y al frente un proyector chorrea una luz sobre una pantalla blanca. Lo que sabía de la película era su nombre, Red Social e imaginaba que era una comedia adolescente sobre los enredos que puede generar entre las parejas el Facebook. No había mucho para ver y lo poco que había ya lo había visto. Me llamaba la atención que la dirigiera un tipo con la trayectoria de David Fincher, autor de Seven, una de mis películas favoritas y del mejor video de la historia del Rock. Love Strong de Los Rolling Stones, cuando vi la Libertad que simboliza a Columbia recordé que había odiado la última película de ese director, la insoportable Benjamin Button pero aún así no me levanté del asiento, al contrario, a medida que la película iba avanzando me adhería más y más a la silla hasta olvidarme que afuera arreciaba uno de los peores aguaceros de los que esta ciudad tenga recuerdos. No era una comedia romántica ni nada parecido, era la reconstrucción de los hechos por los cuales Mark Zuckerberg un joven brillante de 20 años creó un imperio de 25 billones de dólares casi sin pensarlo.
La película empieza la noche en la cual su novia decide echarlo. Con la rabia atravesándole la garganta se refugia en su apartamento donde encuentra consuelo en lo que ama y obsesiona, la internet. Quiere quitarse ese dolor y para eso decide hacerlo grande, demostrarle que es un gran tipo, no puede traerle la luna, ni Jimmy Stewart lo pudo hacer y Donna Reed tuvo que conformarse con un dibujo de su amada atrapando con un lazo de seda la redondez de ese satélite, aunque bueno, después de que hace unas semanas Román Abramovic le regalara cuarenta hectáreas de la luna a su novia los románticos del mundo no tienen muchas excusas que dar.
Pero Zuckerberg no necesita bajar cuerpos celestes a la tierra, tiene una idea genial, crear una página que revolucionará las relaciones sociales, la vida privada será cosa del pasado y lo mejor podrás encontrar a ese amigo perdido que no ves desde tu infancia. Un par de gemelos geniales, estudiantes de Harvard tienen una idea, digamos que ellos fueron los que pusieron la primera piedra pero Mark lo perfeccionó así los gemelos insistan en que fue un robo, un plagio, nadie podría detener la genialidad galopante del joven Hacker.
Con un montaje excepcional, Fischer no se conforma con contarnos la clásica historia del millonario hecho a pulso sino que decide recrear un ambiente, una atmósfera inquietante, cerrada y asfixiante como puede ser Harvard, sus códigos de caballeros, sus reglas inflexibles, su estéril academicismo , su hipocresía y falsedad latentes. Harvard es un feróz ecosistema donde sobrevive el más apto, el más abyecto el que logra ocultar sus sentimientos y convertirse en una máquina “Nuestros alumnos-Dice el presidente de la institución- no buscan un trabajo, lo crean” En ese ambiente se han criado los cerebros mas brillantes de Estados Unidos pero también los más fríos, calculadores.
A pesar de lo que pueda decir su novia Mark Zuckerberg no es una máquina. Por su despecho crea una página que ha sido la piedra angular de los conflictos entre parejas de los últimos tiempos. Todos se cuidan de tomarse una foto indebida, todos entramos en mundos que creímos cerrados con tan solo un click. 40 millones de usuarios testimonian no una moda sino una nueva forma de vida creada desde el desordenado cuarto de un despechado y genial estudiante universitario.
La principal virtud de la película radica en que su director no cae en la tentación de someter a juicio a los personajes. El simplemente muestra y es el espectador el que decide quien puede tener la razón. Creo que a Mark Zackelberg los traicionan sus amigos, aunque bueno, está claro que el que está mas cerca de serlo sea prácticamente un desconocido, el genial creador de Napster Sean Parker (Maravillosamente interpretado por Justin Timberlake) quien es capaz de ver el potencial que esta página puede tener no solo a nivel económico sino a nivel cultural. Seguramente el proyecto de los gemelos se hubiese restringido a la comunidad universitaria de Harvard y no ser el suceso mundial que hoy representa Facebook.
Con Red Social David Ficher consigue su película más sólida desde los lejanos días de El club de la pelea. En un año cinematográficamente muy pobre Red social se postula como firme candidata a arrasar con los premios de la Academia. Este es un filme que no solo sirve para informarte sobre los vericuetos del Billonario mas joven del mundo sino que es buen cine, una virtud que cada día escasea más en nuestras salas.

5 de enero de 2011

LA TARDE EN QUE LA MUERTE DEJO DE SER ABSOLUTA

Cierro los ojos y me inserto en el cuerpo de una persona, los abro y estoy caminando en París sobre la calle de las capuchinas. Es una despejada tarde de invierno y la ciudad vivía la resaca de la navidad. El siglo se acaba y no se sabe si reir o llorar al ver como el hombre era capaz de acelerar el tiempo, torcer el destino, ganarle el pulso a Dios con el poder de sus inventos. Ahora, precisamente, a unos cuantos metros en el Salón Indien del Gran café los hermanos Lumiere darán a conocer su nueva empresa, una máquina que es capáz de captar, retener y proyectar el movimiento. Ahora el tiempo podía caber en una lata. Miles de años después se haría realidad el sueño que tuvo ese cavernícola al tratar de proyectar el movimiento de un bufalo en la escabrosa roca de una cueva en Altamira. A pesar de la relevancia del evento la sala está semivacía y solo un periódico a decidido mandar un reportero. Esa mañana de navidad París era una sola migraña.
Subitamente se apagan las luces, el hombre que no soy yo torpemente se abre camina entre las butacas y por pisar los encallecidos pies de una gorda se gana un paraguazo. Sin embargo logra ubicarse en un buen sitio a pesar de la rechifla generalizada. Sobre una pared blanca una luz comienza a desparramar imágenes, como manchas de humedad crecen sobre la pared las imágenes de unos obreros saliendo de una fábrica, una mujer sumergida en sus pensamientos viendo como el mar se la quiere tragar, un niño riega unas plantas e incluso nos tuvimos que echar al suelo al ver como una locomotora se nos venía encima. Cuando se prendieron las luces la gente estaba pálida y apenas podía coordinar unos débiles aplausos.
Al salir me sorprendió constatar que aún era de día, caminé por la ciudad gambeteando el viento que empezaba a aparecer cortando el gabán como un cuchillo. Dormí con tranquilidad soñando los sueños de otro, me levanté y busqué en los cinco periódicos que circulaban en París alguna noticia del milagro que había presenciado . En solo uno encontré una nota pequeña pero hecha con delicadeza, una nota que abría la historia de la crítica cinematográfica y que terminaba de esta manera “ Con este nuevo invento la muerte dejará de ser total y absoluta; los personajes que hemos visto en la pantalla permanecerán con nosotros vivos y activos después de su fallecimiento”.
Ese 25 de diciembre de 1895 los impresionistas vivieron el último estertor de su alegría porque en el suave contonera de una señora encorsetada, en el ondear de el gorro enmohecido de un obrero, en el abanicarse de una joven, en el humo que vomita la locomotora, significaron el fracaso absoluto de la búsqueda de Monet, Van Gogh o Renoir, no podían revertir la situación mientras ellos solo contaban con una paleta llena de colores los Lumiere atacaban con su metralleta que disparaba 16 fotos por segundo.
Como evangelistas salieron por el mundo los camarografos de Lumiere llevando el legado, la muerte se podía vencer, los recuerdos conservar, la belleza eterna. Se filmaron mares, paisajes exóticos que el ciudadano común y corriente nunca pensó llegar a ver.
Sin embargo al cabo de tres años los hermanos comenzaron a tener perdidas, la gente se cansaba de ver las mismas tomavistas sin que ninguna acción pasara en ellas. Espentados por el declive le vendieron su invento a un mago francés un tipo que dirigía el Teatro Houdini de París y que se llamaba George Melies el hombre que transformó un adelanto tecnológico en la más eficaz de las varitas mágicas.
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