31 de enero de 2011

HARVEY EL MONSTRUO. Breve semblanza del hombre que inventó a Quentin Tarantino

Era un gordo de Brooklyn que tenía un hermano casi tan gordo como él. La madre los había criado, como a tantos gordos judíos, bajo los preceptos de la mas feróz de las competitividades. Después de atragantarse en cada almuerzo abría las cortinas y le mostraba la calle, señalaba cada una de las casas de la cuadra e iba diciendo que niños vivían allí y porque cada uno de ellos era mejor que él. Si Mira, la mamá de los hermanitos Weinsten quería crear un espiritu competitivo en sus hijos vaya que lo consiguió, sobre todo en el mayorcito.
El gordo tiene la ferocidad de un Terminator para destrozar las cabezas que pueden salir a su paso. Comenzó viendo y comprando todas esas películas de Kung-Fú que hacían a finales de los setenta en los pantanosos archipielagos que rodean Malasia, además estaban todos esos conicertos de Rock de Peter Frampton que nadie quería ver, el gordo, voráz e incisivo como una navaja fue convenciendo a la gente para que entrara a las salas. Si fuera por els e hubiera vestido de payaso afuera del cine con un megáfono o mejor con una metralleta y a cada peatón le hubiese gritado "Compra la boleta o te mueres". Se sed de sangre hizo que su caracter adquiriera una tenacidad inusitada. Su cuerpo nunca paró de crecer.
Su primer éxito importante se lo debió a un concierto de Amnistia Internacional donde sin piedad se quedó con un gran porcentaje dejandole a la ONG unas cuantas monedas. Lograron independizarse de sus padres, Mira y Max veían como sus hijos ya no dependían de ellos, incluso se habían comprado una casa mas grande en la soleada california, Mira podía ver a su hijo atragantarse de hamburguesas y de papas fritas a la orilla de la piscina.
Pero Harvey no se conformaría con eso, el quería volver a la época donde el productor era la estrella, ser un Harry Cohn un Irving Thablerg. Y casi lo logra. A finales de los ochenta siguiendo su política de buscar en el tacho de basura de las grandes compañías rescató una película que nadie quería, se llamaba Sexo, Mentiras y Video. La había dirigido un muchacho del cual nadie había escuchado nada tenía 27 años y se llamaba Steven Sodenbergh. Al ver el copión Harvey sintió como la boca se le llenaba de saliva, allí en esas tres horas había una película que seguramente tendría mucho éxito "Pero muchacho- Uno se imagina hablando con un jovensisimo Soderbergh- debes confiar en mi, vamos a cortar" Las tijeras eran una extensión de sus manos. Le cortó casi cuarenta y cinco minutos, Soderbergh se indignó al principio pero al ver el éxito arrolador que tuvo su película (Incluso llevandose la Palma de Oro en Cannes algo que ni siquiera soñó)se tuvo que callar la boca. Hubo una época donde nadie podía contradecir a Harvey Scissorhands, simple y llanamente porque él siempre tenía la razón.
Sexo, Mentiras y Video fue el comienzo de lo que en los noventa se conocería como el nuevo cine independiente norteamericano. El epicentro de este terremoto estaba en la cabeza y el estómago de Harvey. Fundó una compañía que sería como el albergue para aquellos locos que todavía querían contar una historia, algo que desde finales de los setenta con el descalabro de La puerta al cielo de Michael Cimino, ningún director podía pensar: obtener de nuevo independencia creativa para poder contar la historia que quisieras. Esta compañía la llamó Miramax en honor a sus exigentes padres. Harto de que lo compararan con sus vecinos Harvey y Bob Weinstein crean un imperio en el corazón de Hollywood y no solo serían los clásicos magnates inescrupulosos, no señor, ellos serían ejercerían la olvidada labor del mecenas.
Pero con la misma pasión que apoyó el cine independiente Harvey hubiese podido traficar con fusiles R-15. Todavía recuerdan los noveles cineastas la manera como los trataba el gordo, como les escupía en la cara pedacitos de hamburguesa mientra los gritaba porque el resultado final de la película no había sido lo que el hubiera querido. "Hay que cortar" ese era su lema y casi nunca le importó quien estuviera al frente de él, asi fuera Hal Hartley o Bertolucci.
Pero igual gracias a él los noventa no fueron una década descafeinada como fueron los ochenta. Obras maestras como Pulp Fiction, Pi el orden del caos, Trainspotting o el Paciente inglés se hicieron gracias a los Weinstein, ellos se encargaron de darle una patada en el culo a las grandes compañias que estupibilizaron al público con sus interminables sagas en las estrellas.
En un principio Miramax creía en el autor y apostó a historias pequeñas, baratas, casi miserables como Clercks del genial Kevin Smith que costó menos de un millón de dólares. Esta historia sin pretensiones que contaba la vida de un chico que trabajaba en una hamburguesería recaudó mas de cincuenta millones de dólares en todo el mundo. Creer en el arte también podía ser un buen negocio.
Desde esa iniciativa pudieron tener voz cineastas que una década atrás hubiesen estado condenados al silencio por lo radicalmente personales de sus obras como fue el caso de Harmony Korine, Todd Haynes, Darren Aranofsky, Larry Clark o la joya de la corona: Quentin Tarantino.
Se le critica mucho a Harvey su temperamento monstruoso y su terquedad a prueba de balas a la hora de elegir el montaje final. Dicen que hizo llorar a Bernardo Bertolucci al cercenar sin aspavientos El pequeño buda o la guerra sin cuartel (Y que lamentablemente perdió porque sin duda Harvey tenía razón) que sostuvo con Scorcese al querer cortar la parte final e incongruente de ese fiasco llamado Pandillas de Nueva York.
Con el paso del tiempo Miramax fue apostando a super producciones como la ya citada Pandillas de Nueva York, Could Montain o El aviador y en esa apuesta perdió. Bob creó a mediados de los noventa Dimension que sería un area de entretenimiento barato de Miramax y que tuvo un inesperado éxito con Scream y su saga, hace poco hicieron una porquería llamada Piraña y lograron su objetivo, llenaron sus bolsillos y sus enormes barrigas con oro.
Miramax ha dejado de existir. Los hijos de Mira crearon la incipiente The Weinstein company que entre otras cosas apostaron por Bastardos sin gloria logrando otro triunfo estético y económico. Imagino que Harvey todavía sueña con ser el rey de Nueva York. Con los años dejó de querer parecerce a Zelznick para querer convertirse en su ídolo: Bill Clinton del cual dicen es su perrito faldero. Escondido en alguna mansión en Long Island Harvey se atiborra de hamburguesas y papas fritas pensando en la cara de su madre cuando se entere que dentro de poco lanzará su candidatura a la presidencia de la república, pero cuando termina su doble carne se entristece y recuerda que afuera de sus paredes de mármol la gente todavía recuerda su ira irrefrenable.

3 comentarios:

Hugo Fernando dijo...

La verdad estuvo bueno el entrelace, de la historia cinematografica de la vida de estos personajes directores, me imagine, la hamburguesa chorreando en el escritorio del gordito. y la espalda mas llena de estrias que la de w a. Precisamente sexo, mentiras y video estan por darla en esta semana, creo que el sabado o el domu¡ingo en VH1. tocara verla para unirme a la critica.
saludos.

Luijo dijo...

Usted me debe una hamburguesa, señor Gallo

Esteban dijo...

Gracias por ilustrarme, Iván. Si bien los 90 fueron mi "década perdida" para el cine, nunca imaginé a Miramax como un auspiciante tan grato de productos de enorme talento ni mucho menos promovida por ese par de gordos que tan bien describís. A propósito, Miramax relanzó nada menos que A Hard Day`s Night a los comienzos del siglo XXI. Un abrazo.

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