3 de julio de 2013

LA GUERRA DE LOS MUNDOS De Steven Spielberg. Las invasiones están destinadas a fracasar.

Las invasiones marcianas en el cine se recrudecen con la paranoia de la Guerra Fría. Títulos como El ataque del planeta rojo dejaba muy en claro el miedo que podía generar en la sana y pura población norteamericana las infiltraciones comunistas. Con el desplome de la Unión Soviética las invasiones tienen otro tipo de significado. En El día de la independencia (1996) Rolan Emmerich demostró que nadie puede con los Estados Unidos y que el cuatro de julio debería ser una fecha que se celebrara en todo el mundo. 

Fue la confirmación absoluta de que el capitalismo había ganado y sólo quedaba en pie una sola potencia, algo que parodió con maestría Tim Burton con su Mars Attacks maravillosa ópera bufa que no sólo es un homenaje a la obra de Ed Wood sino toda una sátira a la prepotencia yankee.
Pero entre todas las películas de invasiones extraterrestre post- guerra fría me quedo sin dudarlo con La guerra de los mundos. Cuando salió en el verano del 2005 los críticos la acribillaron por completo, fue tal el rechazo que Spielberg no volvió a incursionar en el género en el cual es todo un maestro; la ciencia ficción. Tomando con cierta fidelidad la novela homónima de H.G Wells, el autor de E.T mostró una vez más el miedo que sienten los americanos hacia las invasiones bárbaras. La particular ferocidad con que los trípodes aniquilan todo lo que ven tiene que ver con las imágenes aún frescas de los ataques del 11 de septiembre. Esta vez los norteamericanos habían visto cómo sus miedos ancestrales se hacían realidad. La realidad le había copiado a la ficción.
Tom Cruise y sus hijos no vivirán un solo momento de paz. La impresionante escena de los campos regados con sangre nos da una visión directa de lo que es el infierno. Spielberg, reconocido en todo el mundo por ser un director “Para toda la familia” cuando muestra el horror es implacable, o si no vuelvan a ver La lista de Schindler o la soledad absoluta del androide que quería ser niño en la infravalorada Inteligencia Artificial.
Las invasiones no podrían ser mostradas de la misma manera. El horror de ver como las dos torres que simbolizaban el capitalismo se desplomaban no por un ataque comunista, sino un ataque talibán, los mismos muchachos que aparecían como héroes repeliendo a los soviéticos en Afganistán, ahora venían a Estados Unidos con la seria intención de, como cualquier Godzilla, destruir Nueva York. Por eso vemos el miedo reflejado en cada uno de los protagonistas principales. El hijo le pregunta a Cruise en algún momento si el ataque no lo están haciendo “Los europeos” respondiendo al terror ancestral que tienen los gringos hacia ese continente.

Esta invasión tiene un fuerte componente de autocrítica. Los trípodes que aplastan como gusanos a los humanos y que los secuestran para después succionarles la sangra también simboliza la ocupación norteamericana en Irak. La superioridad de la potencia atacando a un país pobre, la frialdad con la que se mata y al final la sentencia de Ovigly “Todas las invasiones están destinadas a fracasar” deja entrever la abierta postura anti-bush del director de esta película.
Pero Spielberg no se conforma con mostrar la invasión sino que a la trama le agrega un ingrediente más y es justamente el problema que tiene el personaje de Cruise para interactuar con sus hijos. Al parecer su vida es un desastre y los chicos lo saben. Otra vez la figura paterna ausente aparece en una de sus películas, lo interesante de La guerra de los mundos es ver como el papá vuelve a ganarse la confianza de sus hijos. No se puede dejar toda la tensión en los efectos especiales, para hacer una buena película se necesita crear desde el guión personajes con los cuales nos podemos identificar.
A pesar de que ganamos porque las invasiones están destinadas a fracasar, ha sido tanto el horror que hemos visto en la hora y media que dura el imperio de los trípodes, que el final no atenúa el dolor que sentimos. La volví a ver hace unos días, tenía ganas de no hacer nada, de relajarme, de disfrutar cualquier porquería y me encontré con una de las mejores películas que se han hecho en Hollywood en los últimos años.

Nunca hay que despreciar a Spielberg.

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