23 de octubre de 2009

RIMBAUD O RAMBO


La culpa de que no me guste la poesía la tienen todos los poetas que conozco. Crecí en un medio de mierda donde todos los poetas eran borrachos y marihuaneros, ¡pajeros de mierda! Se reunían para bajarse un tanque de Alcohol antiséptico con Fresco Royal. Eran pobres como la miserable verga de un murciélago keniano. Apenas se tomaban ese menjurje agarraban las guitarras y empezaban a escupir sus versos. Yo era muy joven y estaba cansado de los idiotas del colegio y quería probar algo real, entonces me metí a un grupo de teatro y los descubrí. Se apeñuscan entre las grietas de esa ciudad. Casi siempre están solos o los acompañan unas mujeres que parecen ser un fantasma de su propio viaje de bazuco (o paco). Terminaban la noche agarrándose a puños entre ellos y no faltó el hijo de puta que trató de levantarme.
Por eso entendí que la literatura era una mierda de prosa y sobre todo de soledad. Matías siempre me recomienda grandes poetas que yo necesito leer si pretendo ser un escritor. Pero yo prefiero quedarme con mi mediocridad antes de recordar a esos vagabundos que quisieron mostrarme el camino.

Y es una lástima porque sé que me pierdo algo impresionante. Yo me he asomado por sus rendijas y he visto cosas de Paul Celan que me provocan quedarme allí, pero al final me gana el asco. Entonces tengo que buscar la poesía en otro lado, en las cosas que veo o que leo. Entender que Sympathy for the Devil -de los Rolling Stones- podrían estar todas las imágenes del infierno que estoy buscando. Y en eso, amigos míos, en la consecución de imágenes ,no hay nada más poderoso que el cine y la música. A veces puedo notar toda una puta década en Rock it o en Milestones. La poesía que necesito la saco del jazz, todas las noches voy a esa mina y voy sacando todo lo que necesito de ella, todo el oro que me hace falta para vivir. Y ahora me dan ganas de parar de escribir sólo para escuchar a Theolonius Monk, la canción de la luna, parar un momento y buscarla en Youtube, ver cómo mueve los pies, todo como tan sacado de un puto sueño. De pronto el que lee a Pessoa siente lo mismo, pero a mí eso me está pasando con el Jazz, yo agarro la música y la estrangulo, que me de toda la poesía que no he leído.

Y sin embargo también los he envidiado, cuando los he visto hablar solos en las orillas del río Pamplonita. Perdidos en su delirio, inocentes que ya no le deben nada a nadie y yo quisiera ser por un rato así y dejar este trabajo que me pasa por encima, que me tritura sin clemencia. Son libres los hijueputas eso no puedo negarlo. A mí el jazz todavía no me da esa libertad, nada me dará esa libertad. Las novelas son laberintos, te encierran, te condenan a la neurosis a la paranoia y eso se intensifica con el tiempo. Yo quiero pelear todo el tiempo. Me fastidian la gente trabada recitando a la Dama de los Cabellos Ardientes. Todo me molesta y eso es porque no tengo los suficientes discos de jazz ni un Ipod para escucharlo. En cambio los poetas se paran en las esquinas a leerse la crueldad en Bernhard, sin embargo a mí me parece que el teatro de Bernhard tiene toda la poesía que yo necesito.

Es un espejismo, los poetas creen ser libres. Los que conozco unos snobs insoportables. Acá en Buenos Aires son snobs, en Colombia son indigentes. Incluso Juan Manuel Roca piensa como un indigente. Ninguno piensa en publicar, todos miran a ver la forma de arrancarle pancito al estado para llevárselos a sus diez mil hijos. Porque la poesía fortalece al espermatozoide, nada debe haber más emocionante que la carrera de millones de espermatozoides por la uretra de un poeta. Son fértiles, son como los campos de Ucrania con un espesor de tres metros de humus. Hasta Juan Manuel Roca es así. A William Ospina lo salvó Ursua.
Hay cosas de Rimbaud que me gustan. Baudelaire también, pero el conjunto me aburre, sobre todo cuando me lo recitan. Lo bueno de las novelas es que no se pueden recitar. Yo creo que por eso me gustan tanto. Ahora no estoy leyendo novela, me acerqué mucho al cuento gracias al terror y a las maravillosas ediciones de Valdemar. No me hace falta la poesía, para escribir si pero para leer no. El poeta es perezoso. No sé quién era el que leía libros a pedazos, creo que era Bernhard, sin embargo no lo creo, o talvez por leérselas a pedazos es que iba cada verano a Mallorca como cualquier vieja vienesa. Los poetas no leen, sólo viven. Un poeta no puede ser un novelista en cambio un buen novelista casi siempre es un poeta extraordinario.
Miles Davis no era un poeta era un músico. El jazz no tiene nada que ver con la escritura, es una cuestión de imagen. El mejor escritor de la historia no podría amarrarle los cordones a un músico o a un pintor verdadero. Eso sí, lo que yo debería hacer es ocuparme más del arte que no sé un carajo. Pero de la poesía no, para eso escucho las canciones de The Doors. Lo malo es que no sé inglés.

La culpa de todo la tienen los poetas que conocí. El único que era sobrio estaba embobado con el ajedrez. Tenía un libro viejo, grande y amarillento. Repasaba la partida entre Alejín y Capablanca, recuerdo sus nombres porque era lo único que murmuraba mientras movía las fichas. Yo iba los domingos a que me leyera las cartas pero se enfermó con el ajedrez y olvidó el tarot. Al final de la tarde me sacaba un libro de Esenin y me leía esos poemas largos y comprometidos. Sólo leía poesía y filosofía. No lo volví a ver. Menos mal que no conocí a ningún novelista, debe ser por eso que me terminó gustando tanto. Por eso y porque no se puede recitar.

1 comentario:

juan dijo...

hace falta reseñar la quevediana interpretacion de "don din don din don, poderoso caballero es don dinero", por el terrible demonio de tasmania, moco verde en primer plano, guacharaca avis(Ortalis ruficauda)mas atras y la luna avergonzada al ver aquello,

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