23 de enero de 2014

YO TAMBIÉN CONOCÍ A PYRETTA BLAZE

Claro que yo también conocí a Tereza Henao, lo que ignoraba es que tuviera tantos nombres. Vivía en una pensión en San Alonso, después de haber vuelto de Bogotá con una pila de abrigos que ya no usaba. A Doña Alcira le preocupaba que durara horas encerra en su cuarto con esa tal Alejandra de Merak durante horas y todos saben muy bien la moral tan férrea que puede tener una señora que ha transformado su casa en una pensión.   Por más de que ella les hiciera un chocolatico de onces y las invitara a seguir a la mesa, estas niñas no hacían caso y seguían encerradas. Desesperada, masticando el crucifijo,  Doña Alcira ponía el oído contra la puerta . No se escuchaba siquiera el leve zumbido de su respiración.
                                            Ricardo Abdallah ya calvo a los siete años

No sabía que se hacía llamar Pyreta Blaze y que en las noches de insomnio caminaba por el pequeño Ámsterdam, tirando al aire una moneda de mil pesos que había encontrado en el bolsillo de su pantalón. La última moneda, los mil pesos con los que tendrás que sobrellevar el apocalipsis. Se sienta en la barra del Cartagenero y pide con la moneda una cerveza. Dentro de poco llegará Ávila a oírla, a soñar con que un día ella será de él y que todas esas noches en vela no han sido en vano. Darán una vuelta por el Caballo de Bolívar, la zona nocturna más desolada de Bucaramanga, el lugar donde lo único que pasa después de las 11 de la noche son atracos y trabas. Allí están caminando por entre las calles, el humo de la marihuana, como una nube viajera, los acompaña.
Claro que conocí a la que antes se llamó Tereza Henao y después se cambió el nombre a Terry Henao y por último se bautizó como Pyretta Blaze por una canción de Type o Negative  que le gustaba mucho. Ella es todas esas mujeres que uno quiso pero que nunca les pudo preguntar el nombre, ella era esas muchachas que uno veía solitarias, en el Gabinete o en Carpe Diem, vestidas de negro y de ojos grandes y melancólicos y a las cuales yo nunca pude acercarme porque nunca tuve demasiada tristeza para gustarles.
                                    Los Extrapolados. Extraño homenaje a los Hombres G

En su última novela Ricardo Abdallah ( “Seamos serios, ¿qué latinoamericano tendría un apellido que terminara en h?”) logra recrear un mundo que muchos de nosotros, los que pasamos por la UIS a principios de este siglo, logramos ver y disfrutar a punta de borracheras y plones de marihuana. Al leerla no sólo vuelvo a sentarme con el loco Isaias a jugar una incongruente partida de ajedrez sino que vuelvo a tener 20 años. La ternura con la que logra describir, no una edad sino un estado de ánimo como es la adolescencia es realmente notable y lo pone al lado de esos dos grandes adolescentes eternos que son Andrés Caicedo y Hugo Chaparro Valderrama.
Solo siendo local se puede aspirar a la universalidad, la premisa tolstoiana se cumple a rajatabla en Pyretta Blaze. Si bien algunos leemos la novela como si fuera una bitácora de viaje, para los que no estuvieron allí, en la época pre-redesociales, podrán descubrir los primeros síntomas del rompimiento, los últimos vestigios de una juventud que se deprimía o se divertía viéndose la cara, saliendo a la calle, exponiéndose al sol perpetuo y a los atracos.

En el trasfondo se siente el desencanto, las ganas de huir que da vivir en una ciudad para adolescentes como lo es Bucaramanga. Las ganas de prenderle fuego y ver desde El Picacho como la ciudad se consume, como las cenizas son subidas por el viento hasta el páramo. Pyretta, como tantos otros, huyó a Bogotá para protegerse del incendio y sobre todo de ella misma. Ciudades como Bucaramanga, como Cali  te recordarán siempre que los 25 años es una buena edad para morir.

1 comentario:

Anónimo dijo...

que mamera la idolatria que le tienen a ricardo abdahllah en Bucaramanga, el viene y aparece toda su corte de fans adolescentes (seguro Ivan gallo es uno de ellos), de niñitas goticas y de amigos a gorrearle trago. y por qué no hablan de los verdaderos autores y poetas santandereanos, condenados al olvido porque no hablan de drogas y sexo???

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