3 de diciembre de 2009

TODOS DEBERIAN TENER "KIND OF BLUE"



Físicamente es imposible comenzar un álbum con So What y pretender mantener una intensidad durante los cuarenta minutos siguientes, puedes resignarte a tocarla y luego dejar que las canciones se acaben solas. Pero en Kind of blue todo es pirotecnia, desenfreno y también introspección. El lugar que ocupa el jazz actualmente dentro de la vida del hombre radica en este álbum donde justo coinciden, eclosionan, se mimetizan cuatro de los músicos más importantes del siglo XX. Dos blancos y dos negros que no están a lado y lado de la calle dispuestos a enfrentarse, se contemplan y cada uno va soltando lo que tiene, lo que siente, lo que sabe. Kind of blue  es un contrapunto constante. El que establecía Coltrane con Bill Evans, el que Miles Davis sostenía con Gil Evans. Juegan al ping-pong y nosotros los miramos. Después de este álbum uno debe conformarse con no ser más que un testigo, los que están en el estudio de grabación son los que están construyendo la historia.





Descuartizaron a Joaquin Rodrigo y pintaron la España que ellos fabricaron en su cabeza, las dunas que evocan a Africa también evocan a Nueva York. Pero en Kind of blue no hay imágenes hay música pura. Uno se los imagina en trance, por ahí de pronto cuando Coltrane suelta unos acordes uno puede evocar un callejón en la noche, los gatos escarbando entre la basura y el humo espeso del subte saliendo por las rendijas. Y después todo vuelve a disolverse hasta que aparecen las notas. España y el mundo en cuarenta y cinco minutos. 
Todos los músicos aspiran a hacer su Kind of blue , todos pretenden ser como Miles. Es el epítome del músico del hombre libre. Destruyó la armonía, la volvió a ensamblar. Dice Quincy Trourpe que se murió pensando en hacer un álbum de rap. A finales de los sesenta cuando presentó Bitches Brew en la Isla de Wright los puristas del jazz le dieron la espalda pero a él poco o nada le importó, su amigo Jimmy Hendrix le enseñó que el rock era el futuro, que ese público desaliñado y enmarihuanado que los miraba eran los hombres que iban a transformar el tiempo. Por eso Miles fue un vampiro, un inmortal, un hombre que se fue camaleonando como la época se lo pedía. Pero más que eso también sometió a la época a su gusto, a su manera de sentir la música. Por eso dicen que es el Picasso de la música.
En un momento en que el jazz comenzaba a aburrir, embistió Kind of blue anunciando el cataclismo que generarían grupos como los Stones en los sesenta. Los cuatro talentos convergieron en el momento adecuado y marcaron el camino. En cada uno de sus biografías aparece el reclamo de la autoría del disco. Bill Evans en su delirio heroinómano dijo hasta el final de sus días que Blue Green era de su completa autoría, cosa que parece ser cierta para todos los que estuvieron para allí menos para Miles. No tienen de qué preocuparse, los cuatro tienen su lugar asegurado en el Olimpo del jazz.
Aconsejo al que no lo tenga a comprar Kind of blue, sobre todo en esta época donde cualquiera con un computador puede hacer el hit del momento. Parafraseando a Cortázar, ésta es la música que tocarían los ángeles en el caso de que hubieran renunciado a las harpas.

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