26 de agosto de 2011

EL RING. Púgiles en el cine

El ring es un lugar amado por la cámara. En ese pequeño escenario dos pugilistas buscan la gloria delante de una multitud que los anima. El ring es el sucedáneo del coliseo romano. Desde que el hombre es hombre siempre existirá la pasión por la sangre por ver la destrucción del otro y pensar “Menos mal no fui yo”. La multitud vitorea y apuesta, los asientos de adelante están reservados para los promotores eso vampiros de gabán negro y puro en la boca, traficantes de esclavos que suelen dejar en la miseria en la que llegaron al campeón que busca salir con la fuerza de sus puños de ella pero no pueden; Al frente tienen a un contendor al que no pueden vencer, la sagacidad del contador es más rápido que el jab del rival. Para otros, los que cuentan con la suerte de tener a un formador y no a un vil explotador a veces deben enfrentarse con el rival más duro, un corazón que se va secando.
La miseria en la que llegó Rosaria Parondi fue el alimento y el incentivo de Simone para derrotar al destino con un recto al hígado. Su carrera va en ascenso pero está la noche, viste, está la noche y Nadie la de pechos turgentes, la prostituta que le escupe en la cara su desprecio. Si por lo que luchas no te amas el corazón del gladiador se va secando. Simone no tiene pasión y por eso prefiere pasar las tardes apostando o tomando Whisky con sus compinches que matarse en el gimnasio. Su promotor a diferencia de los otros lo quiere ayudar pero él decide contemplar su propio hundimiento. ¿Quién iba a pensar que Rocco sería más fuerte que Vicenzo, Simone o el resto de sus hermanos? El joven y noble santo convertido en campeón de Italia, buscando una medalla olímpica para gloria de su familia y de su propio país. Mientras quiebra la resistencia de su oponente, en algún potrero de Milán, Simone le entierra el cuchillo una y otra vez a la mujer que lo detesta. Con Rocco y sus hermanos Luchino Visconti demuestra que el boxeo puede ser la trama de la más hermosa de las óperas. Vidas trágicas, vidas sangrientas.
Son vidas para el cine, esto lo supo De Niro cuando leyó la torpe y caótica autobiografía de Jake La Mota, un libro feo, casi incomprensible pero que por debajo de las letras se dejaba escuchar el gruñido de la bestia quejándose. Scorsese con habilidad y sapiencia como si fuera un boxeador viejo abre su película con el pugilista saltando sobre el ring en sepia mientras al fondo se escucha la Cavaleria Rusticana. Claro que el autor de Malas Calles conocía la obra maestra de Visconti y supo componer de su Toro Salvaje la más sentida de sus óperas.
El ring es el lugar donde todos los focos están puestos, es el único de los deportes donde los protagonistas están ubicados arriba de los espectadores. Son los reyes absolutos de la noche, de ahí su ego descomunal, la necesidad de creer en ellos mismos, de derrotar a su oponente no es mera actuación, el corazón se infla y se sale de su pecho. Quien no tiene el coraje para decir que es mejor que su rival no tendrá los cojones para demostrarlo. Nadie como Charlot ha tenido tanto valor, se sabía pequeño y delgado. Su cabeza eran tan grande como una pera y todos los puños caerían sobre ella sin embargo hizo del ring un escenario para ridiculizar a su contendiente mucho más poderoso y con una vasta experiencia en esas lides. Antecediendo a Alí convierte el ring en una pista de baila. La lluvia de golpes que tira el rival no es más que pólvora mojada, ninguna da en el blanco, utiliza hasta al árbitro para confundirlo, lo cansa pero al final pierde; nadie le quitará la gloria de haber llegado al último asalto.
Pareciera que para ser campeón lo primero que tiene que hacer un pugilista es romper con su familia o conocer a una chica que te abra los ojos hinchados de tanto golpe. Terry Malloy lo tenía todo para serlo, le faltaba solo una pelea para aspirar al título pero su hermano lo obliga a perder para que su jefe, el mafioso Johnny Friendly pueda ganar una apuesta. Desde ese momento Terry se ha convertido en un vago y hasta acepta hacer uno que otro robo para el grupo de maleantes al que pertenece su adorado hermano. En On the waterfront Marlon Brando le muestra al mundo que un tonto puede tener ambición y corazón. El coraje que no tuvo para desobedecer lo que le imponían lo va a tener para demostrarle a la mujer que ama que él es mucho más que el mandadero de unos hampones. Su cara reventada entrando a la fábrica le devuelve la dignidad perdida por haberse dejado ganar de alguien más débil que él.
Mickey Ward también tiene problemas con su familia. Tiene primero que cargar con el lastre de su hermano, el hombre que tumbó a Sugar Ray Leonard, soportar la explotación de su madre y sus hermanas. Solo conociendo a una mujer se podrá dar cuenta que tiene que romper con los grilletes que lo condenan a hundirse en el fondo del mar. Si bien logra el campeonato del mundo (La historia de The Fighter es real, que le vamos a hacer) lo hace tarde, casi a los 34 años, ¿Cuánta gloria hubiera obtenido Mickey Ward si hubiera mandado a la mierda a toda su maldita familia?
A golpes se abren paso y a golpes son tratados. El boxeador no puede entender el mundo en que viven y no todos se llaman Alí, por eso fue tan decepcionante la película sobre su vida que protagonizó Will Smith. No, si quieren ver algo bueno de Alí vean el documental sobre su pelea contra Larry Holmes hecha por los hermanos Mayles, tiene la tensión de una ficción, el campeón derrotado tratando de volver a sus cuarenta años pero ya es muy tarde, su amigo y contendiente Holmes tratando de disuadirlo del combate porque no quería hacerle daño. Vemos a Larry llorando años después condenándose por haber caído ante la tentación de ganar unos dólares más por derrotar al más grande de todos los tiempos. El hombre más hermoso del mundo hoy cada vez recuerda menos sobre él mismo.
El boxeo en el cine es mucho más que las seis entregas de Rocky. Lo interesante no es tanto el deporte mismo sino las vidas de esas personas que viniendo de abajo tienen que abrirse paso por la vida partiéndose la cara y sacudiéndose salvajemente el cerebro. No hay vidas más atractivas para hacer una buena película que la de los boxeadores.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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