29 de agosto de 2011

CULTIVOS DE PALMA SOBRE UN PAISAJE DE CARTÓN

No existe un pasto más verde que el del Catatumbo. Si te agachas y lo tocas por más de que el sol achicharre cualquier cabeza podrás notar su humedad, las gotas del rocío de la mañana son indestructibles, ni siquiera el mediodía las puede borrar. El verde es un color constante después de que pases el puente del Río Zulia. Eso ha sido así desde que los dueños de esas tierras decidieron distribuir el agua en esa zona y volver áridos los cerros que rodean la ciudadela de Juan Atalaya.
Llegando a Tibú el pasto comienza a ceder para darle paso a los cultivos de Palma de cera. Desde que la dictadura de Uribe se impuso por la fuerza de la ignorancia y el miedo en Colombia el campesino se ha condenado a la peor de las desgracias: El monocultivo. Después de que se siembra la palma de cera ningún verdor renacerá de esa tierra fértil que caracteriza la región del Catatumbo. Cada una de esas palmas es un monumento no solo a la desforestación (Hay que ver como las máquinas acaban con cualquier tipo de vegetación para plantar las palmas) sino al genocidio que por décadas ha ocurrido en Colombia.
Es común ver en la carretera desperdigados como cucarrones gigantes los tanques del ejército nacional protegiendo el cargamento de los empresarios que se han adueñado de las tierras o han obligado al campesino a cultivar dicha planta. Acá como en ninguna otra parte del país se ve que la fuerza pública solo sirve para proteger los intereses de los poderosos. El fin de semana pasado vimos al lado de un camión varado lleno de palma cuatro tanques del ejército, el resto del recorrido no volvimos a ver una sola de esas temibles armas.
Si un campesino quiere hacer un préstamo para cultivar por ejemplo arroz u otro tipo de alimento el banco le negará la solicitud. Existe una premisa de parte de las entidades dadoras de crédito: Solo prestar para el cultivo de la palma africana. La crisis alimentaria que vivirá la región en 15 años será temible. Toda la producción agrícola está centrada en crear combustibles, para eso cultivan la palma, para sacar combustible de ella. Andaremos en tres lustros en jet pero hambrientos. Este fue otro legado de la seguridad democrática, no conforme con el genocidio de cientos de miles de campesinos, del desplazamiento de dos millones de personas ahora pretenden acabar con la tierra verde del Catatumbo para sembrar allí la maldita planta.
El agua tan abundante en esta región tendrá que ser traída de otra parte si estos cultivos continúan avanzando. Si el promedio de temperatura acá es de 38 grados seguramente la falta de vegetación hará que el que camine en la tarde literalmente se calcine. Las políticas para contrarrestar este fenómeno no existen sencillamente porque nadie conoce los efectos devastadores que trae el cultivo de la palma. Muy cerca de Cúcuta Uribe ha venido construyendo fábricas de procesamiento de alcohol donde sus políticos-empresarios podrán llevar la palma para ser procesada. La corrupta clase política cucuteña abrazó con fervor la revolución uribista. Su sueño mafioso lo hizo realidad el gamonal antioqueño. Hoy ese sueño empieza a resquebrajarse pero si en realidad existe la necesidad de redención que ha venido pregonando Juan Manuel Santos deberán desmontar el nefasto plan de convertir toda la región del Catatumbo en un campo palmero.
Viendo las candidaturas de Bernardo Betancourt o Gustavo León Becerra a la alcaldía de Tibú podemos vislumbrar la nube negra que se cernirá sobre estos campos. El clima vuelve a enrarecerse y los muertos vuelven a flotar en el río a aparecer en ramilletes en las trochas tibuyanas. Entre la noche del viernes y la madrugada del sábado asesinaron a dos personas aparentemente sin ninguna conexión política. Las elecciones no sólo se disputan en las urnas sino en las esquinas disparando pólvora.
El pueblo solo es una ilusión, un escenario de cartón, una fachada para proteger los intereses de los poderosos empresarios que han decidido devastar el medio ambiente con tal de engrosar sus descomunales cuentas bancarias y prontuarios. El balancín que está afuera del municipio puede ser el monumento que sintetice lo que ha sido Tibú para el departamento, una fuente de riquezas que no cesa de ser drenada, una fruta carnosa que pronto será bagazo. Desde mediados de los cincuenta se empezó a explotar el petróleo ahora empezará la última de sus plagas, la que acabará definitivamente con su suelo, su agua su maravilloso paisaje. Después de la Palma Africana acá no quedará piedra sobre piedra.

1 comentario:

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