24 de enero de 2012

CONFESIONES DE UN ARBITRO

Era en las canchas de atrás que nadie usaba, al lado del colegio Santander. Para entrar estando en la Universidad había que pasar una malla rota. La ciudad terminaba allí. Todo lo fraguaron Chohuan el anarco y su combo de freaks, los mismos que parchaban en las ruinas de un laboratorio de química, lejos de la Perla y de los hombres. Chohuan era condigo 90 o 91. Llevaba más de trece años en la universidad. Nunca tenía un peso, era la llevadez total, el símbolo de lo underground. Zapatos rotos, pelo grasiento, los ojos continuamente irritados. Muchos decían que Chojuan dormía en la universidad.
En las ruinas del laboratorio de química surgieron muchas ideas. Se concretaron algunas tomas de la universidad, muchas memorables como aquella del 2004 donde tuvimos el gusto de estrenar el uniforme robocopiano con el que la policía trataba de aniquilarnos. Pero la mejor idea que se le ocurrió a Chojuan fue la de hacer el campeonato de fútbol para burros.

El lugar elegido para el evento era por supuesto el más apartado de la UIS. Las canchas de pasto que nadie usaba. La cita era los viernes y sábado después del medio día. Llegaban burros de todas partes de la ciudad no solo a jugar sino a ver, a consumir, a comprar. Una nube de humo cubría la cancha. Se jugaba entre la niebla que destilaban los porros. Entre el barro de lluvias nocturnas, bajo un sol calcinante. No importaba las condiciones climáticas, nadie faltaba a la cita.
Se formaron nueve equipos que luchaban por conseguir la copa y el premio mayor. Un kilo de marihuana. Nunca he visto un kilo de vareta, los que lo han hecho me han contado que es una de las experiencias más reconfortantes que baretero alguno pueda tener. Es como para un amante del arte conocer el Louvre. Yo no lo pude ver.
Y eso que era fiel a la cita. Cada viernes y sábado estaba allí. Nunca jugué aunque una vez tapé un partido con mucha dignidad, caímos dos cero contra el equipo más poderoso y malicioso de todos. El que comandaba James Petterson. No se de donde coño salió esa gonorrea pero de la UIS no era. Jugaba muchísimo, era alto como Giovanni Moreno y sumamente habilidoso. Cuando echo el cuento no me creen que en el campeonato habían buenos jugadores, jugadores que lamentablemente jamás pasarían un examen anti-doping.
Mi asiduidad y mi impotencia futbolística me llevaron a ser el árbitro oficial de la copa. Chojuan lo era pero para un anarquista es una contradicción ser juez. Así que me postulé. Entre todos mis pecados tengo que confesar el peor de todos: disfruté siendo un árbitro y he buscado infructuosamente en los últimos ocho años la oportunidad de volver a impartir justicia. Me encanta juzgar, tomar decisiones casi que con arbitrariedad. Ser un dictador, un hijo de las mil putas.
Expulsé a muchos y estoy convencido que mas de un burro me tenía respeto. El arbitraje es sin duda el último refugio de los cobardes. Sacaba a diestra y siniestra rojas, amarillas. Cobraba penaltis, tiros de esquina y saques de banda con la facilidad con la que Chávez promulga leyes en Venezuela. Protestar cualquiera de mis decisiones significaba para el jugador una amarilla segura.
No importa o vibrante y áspero que fueran los partidos al final nos reuníamos detrás de los arcos para pegarlo y quemarlo como se debe. Juró que nunca fumé antes de los partidos. El sol y la vareta afectan sensiblemente la capacidad de un juez a la hora de impartir justicia.
Para la etapa final del campeonato el rumor se había expandido en la ciudad. La cantidad de burros que venían de otras universidades era absolutamente abrumadora. Entraban por la portería de atrás, la que queda pegada a la cancha Marte. Justo detrás de las residencias estudiantiles estaba para el visitante el potrero de la gloria. En las finales no se practicó tanto juego bonito. Se impuso un estilo recio, de dientes apretados. Se jugaba con aspereza y muchas veces se rayaba en la mala intención, en la patada criminal y artera. Era un juego de guerreros.
El juego mas difícil de pitar del campeonato fue la semifinal entre el equipo de Elkin, Borin y Manu Cardozo contra el de la ñampira del Peterson. De corazón quería que ganaran mis amigos pero ese germen de autodestrucción que me acompaña siempre me impulsó a pitar un penalti que todavía no se si fue. Recuerdo la jugada perfectamente. El equipo de Peterson mando un pase largo, Elkin, quien tapaba para el equipo de mis amigos, dejó flotando la pelota en el área. A pesar de que su barba enmarañada y el pelo largo, Elkin era de lejos el mejor arquero del campeonato. Muchas veces lo vi tapar con una sola mano mientras en la otra terminaba de fumarse un Piel roja. Era un gato. Pero el germen de la autodestrucción también lo gobernaba, así que no tomó la pelota con las manos sino que quiso jugarla con el pie, un cuerpo a cuerpo con un rival, forcejearon en una lucha leal. Mentalmente me decía “Agárrela hijueputa, no me comprometa” pero no la agarró, siguió dándoselas de Higuita y pudo más el placer de pitar un penalti que el amor por mis amigos. Entonces sin titubear pité. Se me vinieron todos encima. Saqué amarillas a casi todos los ocho jugadores. No me moví en la decisión. La gonorrea cobró y fue gol.
Corría el minuto 20 del primer tiempo, pensé que podían empatar. Pero todos caímos en el juego de ellos. Petterson se acercaba y me amedrentaba todo el tiempo. Yo como un marica no lo expulsaba porque me daba miedo que me pegara una patada voladora en la cara. Peterson era de Cúcuta y desde el colegio conocía la leyenda de sus peleas. Había cascado a manes que si sabían pelear. Por eso cuando me decía “Gordo hijueputa no me pite esta falta” yo me atenía a extender los brazos para adelante y ha gritar “Jueguen”. Borin indignado venía a hablar conmigo a decirme que si ese matón me pegaba ellos me iban a respaldar. Faltando cinco minutos para terminar el partido y después de darle un patadón a Manu Cardozo le saqué la segunda amarilla. La gonorrea salió cagado de la risa. El daño estaba hecho.
Deprimido decidí no pitar la final. Ni siquiera pude ir. Había el rumor de que Borin estaba buscando para cascarme. Chojuan que había pitado el partido inaugural tuvo el honor de pitar también la final. La justicia llegó y Petterson y sus gonorreas cayeron ante rey de pacos, un equipo muy limitado técnicamente, pero que tenía garra y corazón. A veces eso es suficiente para levantar un trofeo.
Me quedé con las ganas no solo de pitar la final sino de ver la gloria prensada en un kilo de marihuana. Con el tiempo volví al parche y fui perdonado. Los muchachos castigaron la irresponsabilidad de Elkin. No puedes jugar a la semifinal a la manera de Higuita. Fue mi último año en la universidad. Los muchachos se desperdigaron por el mundo y se de ellos por el Facebook. Espero que nos volvamos a encontrar algún día, que coincidamos de nuevo en alguna ciudad y jugar los sábados otra copa y fumar vareta todo el día. Es difícil aceptar que esos momentos no se repetirán. Tenemos el consuelo del recuerdo pero eso no es suficiente. Nunca lo será.
Ocho años después sigo sin saber si fue o no penal.

2 comentarios:

Jairo A. Melo F. dijo...

No fue penal :p

Ah, y por cierto, no era detrás del Santander sino del Tecnológico :)

ricardo ramirez dijo...

Muy buena cronica Ivan. Ayer estuve preguntando sobre el inicio de la burrocopa este año, la cual se va a volver a realizar después de algún tiempo de ausencia de la misma. Me dijo el encargado que iban a iniciar con unos cuantos equipos, pero que por el momento seguían sus recochas los días jueves y sábados. Claro, con porro incluido. Con respecto al comentario que dije le entregaría sobre la película de Jarmush, esta en plena elaboración. Se lo entregare así sea después de un tiempo considerable. De por si solo acorde que el mismo estaría listo despues de una segunda observacion de la pelicula, lo cual resulto siendo apresurado declarar por que me la vi por segunda vez y no termine el comentario. Yo creo que el mismo necesita un ultimo empujon dado por una tercera observacion de la cinta. En estos dias que salga de parciales me pongo en eso y le entregare mi aporte para el aniversario de el ateneista. Aunque tarde, pero lo tendrá.

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