20 de mayo de 2012

URIBE. LAS VENTAJAS DE UN PAÍS SIN RECUERDOS


Un ex presidente casi siempre es un viejito que cansado de haber estado en el foco mediático durante cuatro años pues se retira a una cabaña de madera en medio de una montaña. Agarra una cicla y se dedica a cuidar su salud mientras en las noches de desvelo se sienta en su escritorio a redactar sus memorias.
Uribe está lejos de seguir este camino. Él está escribiendo sus memorias en base a las 120 palabras que permite un twiter. Balzac aconsejaba escribir una cuartilla diaria para acercarse a lo prolífica de su obra, cincuenta y pico de novelas. Uribe con sus mensajes minúsculos y corrosivos como ladillas está escribiendo un libro de más de tres mil páginas.

No conforme con dinamitar las redes sociales con sus quejas constantes, con su invocación constante a la violencia y la desestabilización, un llamamiento muy bien acogido entre los colombianos, ahora ha decidido como último y desesperado recurso salir a la calle a poner bombas.
No tengo amigos uribistas, trato por lo general de rodearme de gente inteligente. Muchos de ellos se equivocan al decir que Londoño no iba en la camioneta, que fue un falso atentado. A mi no me cabe ninguna duda que el viejito ese iba en el auto y que se salvó de milagro. A Uribe no le importaría bajarse a un aliado más. Para la muestra dos ejemplos anteriores:  Cesar Villegas, secretario de Alvaro Uribe en la Aeronáutica Civil (1980-1982)y señalado como narcotraficante por el gobierno de USA,  fue asesinado misteriosamente en 2002. Pedro Juan Moreno, Secretario de Gobierno de Uribe en la Gobernación de Antioquia, y señalado promotor del paramilitarismo y cientos de masacres, asesinado misteriosamente en 2006. Al papá de Gerónimo y Tomás no le interesa dejar testigos.

Los resultados de esta ofensiva ya se están viendo. La gente volvió a tener miedo y ya se extraña los años “donde uno podía viajar tranquilo por la carretera hasta la finca” me dice la señora de los tintos que devenga el mínimo. No hay nada más contradictorio que ser pobre y uribista. La lobotomía impuesta por los medios de comunicación es tan efectiva que ya hemos olvidado que Uribe dijo que con su mano dura y su corazón gigante iba a derrotar militarmente a la guerrilla en los primeros seis meses de su dictadura; no le bastaron ocho años, quiere a como de lugar cuatro años más para que sus huevitos de tiranosaurio rex revienten y acaben de una vez con este país.
La gente volvió a tener miedo y cualquier escaramuza de las Farc en pueblos apartados que siempre han sido objeto de sus inútiles ataques, son mostrados por los medios nacionales como la confirmación de que cualquier acercamiento al diálogo es simple y llanamente una pérdida de tiempo. 

Históricamente se ha demostrado que el conflicto se recrudece justamente cuando las dos partes se van a sentar a negociar. Ambas necesitan llegar fortalecidas a la mesa de diálogo. En vez de mostrar a todos esos analistas políticos que no son más que apóstoles de la guerra deberían los noticieros poner de ejemplo a otras negociaciones que han seguido este derrotero. Esto por supuesto que no va a suceder porque sería traicionar a los grupos económicos que financian estos telediarios que por cierto están ahí para mantenernos como somos: ignorantes, pobres y perversos.
Mientras se acusa a Sigifredo López del secuestro y posterior asesinato de los diputados del Valle, basándose solo en el testimonio de un guerrillero, en la misma semana se desestimó los señalamientos que hizo Mancuso sobre Uribe. Además mientras el país se indignaba por el vil atentado al ladrón de Invercolsa, la fiscalía rebajaba la condena al insufrible uribito. Las tácticas de manipulación mediáticas de las que habla Chomsky se aplican con más éxito en un país sin recuerdos.
En el día de ayer a Uribe lo estaban entrevistando en uno de esos programas fascistoides de Miami. La periodista se quedó con la boca abierta al ver los estallidos de ira del dictador a cada trino del presidente Santos. Regaño viene, regaño va, el odio se le traslucía como cuando estaba sentado en el trono. Es imposible que alguien tan desequilibrado pueda gobernar un país. Está claro que Uribe es un enemigo de la paz y también me queda claro que el colombiano promedio es un ser despreciable que no le importa que se rescate a sangre y fuego a los más de doscientos compatriotas que se mantienen cautivos por parte de las Farc, que poco o nada le importa la suerte de esos cientos de miles de campesinos que luchan para que vuelvan a ser suyas las tierras que les fueron usurpadas por el paramilitarismo, ni que se aclare dónde están más de sesenta mil desaparecidos. El colombiano promedio necesita un capataz que le inyecte su dosis de odio diaria y en Uribe ha encontrado el receptáculo perfecto y perpetuo.

Se vivirán meses cruciales donde la sociedad civil debería hacerse fuerte y rodear a un presidente que contra todos los pronósticos ha decidido traicionar a su mentor. Parece que Juan Manuel Santos está decido a pasar a la historia como el presidente que trajo la paz a este país. Uribe no descansará hasta que él y su tropa de paracos recuperen el poder. Tiene la bilis y la tenacidad para hacerlo, por eso ojalá una mano amiga lo borrara para siempre, entonces su figura sería solo un recuerdo y los recuerdos en este país se diluyen fácil.

19 de mayo de 2012

10 PELICULAS PARA FUMARSE. TORRENTE DE SANTIAGO SEGURA. MALDITO POLICIA CORRUPTO


La policía no es más que eso: un tipo gordo, bajito y calvo con un palillo entre los dientes. Para obtener notoriedad tan solo metete con el más débil, tortúralo. Enfréntate con el inmigrante, enséñale que no ha nacido acá, que haber llegado a puerto en una cáscara de nuez no le garantiza que es un español.
Para ser parte del imperio hay que haber sido parido por una española, que cabalgue en las venas la sangre que defendió esta tierra de la temible influencia anarquista, comunista. Hay que ir las tardes de domingo al Vicente Calderón y apoyar al Aleti y después cuando llegues al Neptuno enfrentarte tu solo a toda una fracción de los ultras del Madrid.

Si vas armado mucho mejor, la pistola no solo te da prestigio sino que te hace más atractivo. Pero eso si chaval, no te excedas en tu amor de patria porque allá arriba, en la cúpula donde hay un hombre disfrazado de Dios hay mucha envidia. Ya no quieren a los buenos policías, los que entienden que hacer respetar la ley es un esfuerzo diario, que se construye con el sudor de tu frente. Por eso es que a José Luis Torrente lo han sancionado, sin embargo un buen policía no necesita que algún gilipolla le diga cuando tiene que acabar. El no necesita licencia para salir a patrullar. Las calles están vacías sin él, hay mucho inmigrante por ahí molestando a los españoles de bien.
En Torrente el brazo tonto de la ley, se resume lo que es un policía no solo en España sino en cualquier parte del mundo. si bien es claramente una parodia creo que todos en algún momento nos hemos cruzado con esta gente tan desagradable e inhumana. Durante años deseché verla porque imaginaba que tendría los mismos vicios de la insoportable Airbag creí que estaba llena de escenas escatológicas puestas de una manera gratuita para hacer reír. Pero nada de eso ocurre acá. El humor es oscuro, negrísimo. José Luis se gana la vida usando a su anciano padre, quien está reducido a una silla de ruedas, todas las mañanas lo saca y lo pone al lado de la salida del subte para que recoja limosna. Todo es deliberadamente feo, decadente, como para que no sigan diciendo pues que España es la tierra de las oportunidades. Todo es sucio y corrupto y eso sí, según Santiago Segura la gran mayoría de los españoles no son más que una barda de desadaptados esquizofrénicos y deformes.

Santiago Segura venía de protagonizar el exitazo de Alex de la Iglesia El día de la bestia. Era el actor cómico del momento y vaya que supo aprovechar la fama. Escribe y dirige una comedia que no se parece a ninguna. Como pocas veces crítica y taquilla coinciden. En el año del Titanic, Torrente supo enfrentarse al transatlántico de Cameron y vencerlo en varias salas. Su éxito fue tan desbordado que se ha derivado en una saga de cuatro películas y varios video juegos. Yo me había mantenido al margen y había decidido no dejarme influenciar por su flatulento encanto pero anoche, desparchado en internet la vi en youtube donde está completa la película. Los pocos que no la han visto se aseguraran una hora y media realmente divertida donde verán sin tapujos la cotidianidad de un policía cualquiera.
Hay una cosa que me molesta de las comedias, muchas no son mas que una sucesión de gags mal pegados. No, acá el recurso existe pero está ahí es para alimentar la historia y sobre todo a los personajes. Torrente es la película de un hombre que ha visto cine y entiende que las influencias están allí para ser tomadas, domesticadas y adaptadas a la historia que se quiere contar. No duden un segundo en oprimir click cuando se la encuentren en internet. Volverla a ver es comprobar que los quince años que han pasado sobre ella no la han tocado.

16 de mayo de 2012

EL TOPO. ELLOS NO USABAN ESMOQUIN


A simple vista no son más que oscuros burócratas de vidas estériles, aburridas. El niño gordito de gafas, el freak que nadie mira en el colegio simplemente porque su única gracia radica en observar a los demás es un pichón de espía.
 Cuando la guerra de trincheras terminó ellos se convirtieron en la primera línea. Se armaron de desconfianza, traición y vileza. No entendían muy bien de que tenían que proteger a occidente pero allí estaban, cruzando silenciosamente, como fantasmas el infranqueable telón de acero.
John Le Carré trabajó para Scotland Yard y la mayoría de sus libros son relatos que se estiman fieles a la verdad. Nunca narra una persecución ni una pirotécnica pelea sobre un tejado. Incluso los espías en sus novelas no se entrenan en los misterios del Karate ni necesariamente tienen que ser altos y elegantes. No, Le Carré no es Ian Fleming. El ejercicio de un espía verdadero puede ser irse todas las mañanas a nadar una hora en un lago, flotar como si fuera una hoja seca en esas aguas pesadas y barrosas, ir caminando hasta la oficina y no más. Un espía no es un personaje sacado de una novela de Robert Ludlum, no, se parecen más bien a los grises burócratas que describía Gogol en sus cuentos.

Smiley tiene unas gafas muy gruesas, aún así es muy buen observador. Algo sucede dentro de la organización, Control antes de su muerte parecía tener pruebas de que un topo (Un agente doble) se había metido en la cúpula más alta y había estado pasándole información a Moscú. La idea es descubrir quién es el topo. Los espías a principios de los setenta estaban convencidos de que su cruzada iba a salvar definitivamente a occidente de las garras comunistas. 

A cuarenta años de estos hechos sabemos que todo no fue más que una exageración. A falta de guerras mundiales el capitalismo y el comunismo se inventaron una: La guerra fría. En los anquilosados libros de historia nos cuentan que Nikita Kruschev puso unos cascos de misiles nucleares apuntando hacia Estados Unidos, en sus páginas podemos leer “Lo cerca que estuvo el mundo del fin” Hoy gracias a historiadores como Eric Hobsbawn sabemos que esas cabezas de misiles eran completamente inservibles. La famosa crisis no fue más que una cortina de humo que supieron capitalizar muy bien Kennedy y Castro para asentarse definitivamente en el poder.
Estos hombrecitos deslucidos, burócratas oscuros, creen ser la primera línea. Están convencidos que en sus manos está el futuro de la humanidad, van detrás de unas carpetas, de un nombre.

Cuando Smiley va a la casa de Control después de lo que el muere se da cuenta de lo que ha sido todos estos años, una triste ficha de ajedrez, en su rostro vemos que no le da alivio descubrirse como un oblicuo alfil. Los gobiernos para mantener a estos tipos duros conformes les daban misiones de bajo perfil, es que en toda la película ellos no están pensando en conseguir planos del Kremlin para volarlo en mil pedazos sino buscar a un infiltrado. A eso jugaban unos con otros, como nerds abordando un juego de rol.
El topo es una película que debes seguir con extremada paciencia. Si puedes llegar a tener algún contacto con el universo Le Carré pues seguramente se te facilitarán las cosas. El resto tenemos que estar concentrados, en los gestos, las claves, los enigmas que los espías van botando en sus 123 minutos. Me encantó volver a ver en un proyecto serio a John Hurt y sin dudas la gran estrella del filme es Gary Oldman. Si tenían alguna duda pues tienen que ver su actuación contenida, gélida de este hombre tan triste, de este funcionario silencioso con pinta de perdedor inveterado. Todo el tiempo con cara de póker.

La sala se va poniendo vacía, me imagino que la gran mayoría llegó hasta acá porque extrañaban el silencio de Bond y Bourne. A los diez minutos ya Tomás Alfredson (quien con esta segunda película confirma el  sueco que lo de Déjame entrar no fue casualidad) los tenía encerrados en un callejón sin salida, mareándolos con claves falsas, con nombres raros en ciudades frías y completamente desconocidas.
No señores, perdieron el tiempo si vinieron a ver Misión imposible, estos funcionarillos eran los famosos espías. Todos traicionándose entre si, lejos de hacer algo por una convicción patriótica. Se sentaron en una mesa redonda y aburridos de mirar sus horrendos rostros se pusieron de acuerdo y se inventaron una guerra. La guerra la acabó el tedio y ellos ni siquiera se dieron cuenta.


15 de mayo de 2012

DRIVE DE NICOLAS WINDING REFN. CENTAUROS DE LA CIUDAD.


El hombre espera, la noche encima, las manos bien puestas sobre el volante, entra un hombre, se quita la capucha que cubre su rostro, jadea, “Vámonos man” el hombre que conduce espera, puede escuchar en su transistor el radio de la policía, sabe ya que han detectado el robo, por aire y tierra los perseguirán…sin embargo espera “Que pasa man, el otro está muerto” pero él decide mirar a otro lado, al espejo porque no, mirar si su inmaculado peinado se ha resquebrajado, escuchar un poco del partido de los angelinos que decide su futuro en los play-offs ha pocas cuadras de ahí. Justo cuando está pensado en arrancar aparece el otro encapuchado, se sube, no tiene tiempo ni de desenmascararse, el hombre que está en el puesto del conductor ha encendido el Impala y ha apretado el acelerador.

Durante los próximos cinco minutos estarás al lado de él tratando de evitar el cerco de la policía. Vendrán a tu mente de cinéfilo recuerdos de Contacto en Francia,  Vansihing point, Ronin es inevitable no hacer asociaciones. El hombre como un centauro fusionado con su auto, control absoluto sobre la máquina, ella hace lo que quiera “Arcilla en mis manos” piensa el hombre. Cuando el cerco empieza a cerrarse el encuentra una salida, entrar al parqueadero del estadio, confundirse con la multitud que enardecida celebra una clasificación más.
Entonces aparecen los créditos, Los Angeles se alza imponente mientras un hombre recorre sus venas en un auto setentero. La música (De donde sacaron esa música!) te recuerdan las viejas películas de serie B, sabes que te has subido en algo grande, único. Estaba delante de tus ojos y no lo viste, te hablaron de ella y demasiado tarde conseguiste una copia en el mercado negro, toda pixelada y solo puedes morderte los labios y pensar con rabia como hubiera sido la experiencia de ir al cine y disfrutar de Drive.
No se parece a nada e igual tiene marcada sus influencias. La crítica confundida creó un género para encasillarla Thriller neo noir y que fue objeto de la demanda judicial de una descerebrada que demandó a la compañía Film District y a los cines que la distribuyeron por fomentar publicidad engañosa. La tonta había confundido el espectacular trailler con alguna de las interminables versiones de la fascista Rápido y furioso. Se quejaba de que no hubiesen las suficientes persecuciones. Si bien existen solo dos, muy intensas, tienen el mérito de haber sido hechas por dobles de verdad, sin ningún tipo de truco computarizado.


Drive es la historia de un hombre adicto a la adrenalina. Además de ser el conductor oficial de los ladrones de L.A, complementa sus ingresos como doble de acción (Homenaje directo a Death proof) No sabemos su nombre y si le buscamos uno pues le ponemos el de Drive. Ryan Gosling es el actor de nuestra época, no se pongan a dar mas vueltas. Lo que había insinuado en la infravalorada Triste San Valentín se concreta acá. Dicen que en una actitud deniriana se puso a desarmar su carro y a volverlo a construir sin saber mucho de mecánica. Pidió asesoría de profesionales y al final termina sabiendo casi lo mismo que su personaje.
 Los oscares son una mentira, no puede ser posible que su actuación, una lección de contención y de intensidad, haya pasado desapercibida para los dinosaurios que conforman la academia. Por ahí en los globos de oro nominaron a un Albert Brooks que deja definitivamente su imagen de ñoño acompañante de rubias que tenía en la década de los setenta para encarnar a un matón despiadado, un oscuro empresario que unas veces juega a producir películas sexys, de acción y en otras puede arriesgarse a invertir una fortuna en el prototipo de un auto de carreras.
Y nosotros ingenuos y tontos creemos en la mitad del filme que el problema va a estar resuelto, que el mancito se va a enamorar de su vecina, que va a dejar el mundo del hampa para meterse en un auto de carreras y terminará tomándose la leche en Indianapolis, pero que va, todos esos personajes están marcados, llevan una cruz sobre la frente y esa cruz pesa.
Bryan Craston, el sufrido Walter de Breaking Bad es la representación oficial de la mala suerte. Siempre ha estado a punto, siempre parece coronar y ahora otra vez el destino lo vuelve a poner en un laberinto sin salida, el destino y el siniestro Nino, brillantemente interpretado por nuestro Ron Perlman de todos los días. Esa atmósfera que sentimos al principio no son más que nubes cargadas de rayos y la más ácida de las lluvias. La tormenta se desencadena en los minutos finales.
Es como si hubieran agarrado una pistola en la sien de David Lynch y lo hubieran puesto a follar con Quentin Tarantino y entonces aparecen estas imágenes tan poderosas, repletas de sangre, no se escatima en nada, pero también llenas de una poética que extrañamos mucho y que en Drive vuelve aparecer de la mano del director danés Nicolas Winding Refn, galardonado en Cannes pero sin ningún tipo de ganas de convertirse en otro Dreyer; desde ya anuncia su interés por dirigir La mujer maravilla.

Desde ya se perfila como una obra imperecedera, una de esas películas de culto que despiertan pasiones desenfrenadas. Hace poco se hizo un cortometraje de animación basado en este filme. Según los que la han visto es una pequeña joya.

Véanla así sea en las condiciones infames de una copia pirata. Una película intensa, de esas que te ayudan a comprobar que aún no has muerto, que todavía puedes sentir emociones puras y que esas pueden despertarse viendo una buena película.

14 de mayo de 2012

SILENCIO EN EL PARAISO DE COLBERT GARCIA. Todos fuimos testigos


Estás con ellos en el camión, puedes sentir como los poros se abren, como la respiración se acelera. Alguno puede creer que solo es un mal presentimiento, ahora abrirán la puerta y dejarán la oscuridad para sentir por fin la libertad de tener un trabajo, un sueldo digno...que incluso sobre algo para mandar a la casita. El camión se detiene, un hombre gordo y uniformado, con un galil en las manos les grita que se bajen. Es un camino destapado en medio de la nada. Los hombres rodean a los muchachos, les hacen poner unos camuflados. Ronald temblando, como estamos todos en la sala se va poniendo el pantalón, la camisa, piensa en esa cicla gigante con la que se ganaba la vida y que hace tan poquito se la robaron, en su mamá, en Lady la chica que ama, nada de eso se le irá del pensamiento en los últimos instantes que respirará en la tierra, ni siquiera el ruido ensordecedor de los disparos estrellándose contra su cuerpo lo sacará de esas imágenes tan queridas, tan hermosas. Detrás de los cerros no quedaba un futuro mejor sino la muerte.



 La sala queda en silencio cuando irrumpe la luz, nos miramos y nos sentimos culpables. Colbert García nos quita la inocencia y nos convierte en testigos.

Silencio en el paraíso es una película necesaria en un cine que apenas se está armando, que está dejando de creer en los tópicos que marcaron su existencia. Para el espectador común esta es otra película que se ensaña contra la imagen del país “Acá no todos somos malos” dice una señora obesa en el pasillo de la sala “Yo al menos no lo soy” insiste mientras se acomoda el busto. Colombia es un país donde se asesinan un promedio de 18 mil personas al año y donde apenas se hacen 15 películas. Me provocó levantarme y calculadora en mano explicarle a la señora que lo que faltan por contar son mas historias como esta. Después desistí, es normal que piense así, no puedes pelear con el viento porque te despeine.



A pesar de su honestidad la opera prima de Colbert García no se ensaña en imágenes crudas ni burdas. Los personajes no todo el tiempo están quejándose por la dura realidad que les toca vivir, al contrario, se enamoran, se ilusionan, tienen aspiraciones, poseen un universo. La tragedia está ahí, acechante, viva, invisible pero siempre presente.

Uno de los puntos altos del filme está en su impecable dirección de actores. Es inevitable uno no sentirse identificado con Francisco Bolívar el talentoso actor que encarna a Ronald. Es precisamente en el silencio cuando más podemos acercarnos al dolor que siente el personaje. Bolívar surge como una revelación de este cine nuestro tan desprovisto de talento actoral. Todos los vicios de la televisión y del teatro son arrastrados a la pantalla grande. A excepción de Pedro Palacio, quien interpreta a un militar completamente unidimensional, un malo desprovisto de cualquier tipo de humanidad, los actores de esta película logran transmitir la emoción que necesitaba una historia tan devastadora como esta.



Lamentablemente y como suele suceder la distribución de la película fue deficiente. Tan solo estuvo un par de semanas en Bogotá mientras que en el resto de la cartelera nacional fue prácticamente ignorada. Esperemos que el reciente reconocimiento en el Festival de cine de Málaga (Mejor película latina, premio del público y mejor director) visibilicen una película que todos los colombianos deberíamos ver .

Los cuerpos quedaron ahí sobre el pasto. Bastarán un par de minutos para que las garrapatas comiencen a meterse por el ombligo. En anillos marrones los chulos comenzarán a descender sobre ellos. Nadie recordara sus nombres. Solo son estadísticas...números fríos.

EDSON VELANDIA: EL LÁTIGO QUE DIOS LE DIO


Velandia vuelve y se  trasmuta en otra cosa. Dejó de testigo a sus canciones, repletas de cosas personales, de humor. Dicen que las películas de Buñuel solo la pueden entender los que estuvieron con él y con Dali y con Lorca en la residencia de Madrid, bueno hay unas canciones que por más buenas que sean se disfrutan más si conoces Piedecuesta. La cultura de mi tierra.

Entonces de un momento a otro eres lo que más quieres y luego te quemas como si fueras un saltaperico en diciembre. Dime para donde vas que no te sigo…no te puedo seguir.
Con que así es la cosa, justo cuando empezábamos a entenderlo va y saca el Oh porno! Laberinto onomatopéyico, lejos de cualquier trampa, se transforma como los renacuajos pero no termina convertido en rana sino en demiurgo.

Las redes del encasillamiento están lejos de atraparlo, esquiva al éxito como quien elude a una bruja borracha con ganas de abrazarlo  en un aquelarre. “Uno puede vivir haciendo lo que le gusta” le decía a un par de fans que lo abordaron en la salida de un bar en Bogotá, las peladas no creo que hayan entendido muy bien de que hablaba  porque le preguntaban mientras se enroscaban el pelo rubio con el dedo “Y cuando vas a volver a tocar esa música de Superzencillo” y el man agacha la mirada y prefiere contar las baldosas que hay de ese bar al hotel. Habrá pensado en Rulfo y su silencio “ La gente que contaba esas historias ya se murió”.

Los músicos para un creador son como los actores para los directores del cine, son prestados, vienen y se van “Son libres como las bolsas de plástico arrastradas por el viento” piensa el hombre que camina hacia el hotel. Se encierra en el cuarto, mira las fotos, los niños están creciendo, la cuerda se rompe. El burro está muerto desde aquel invierno patagónico. La cabeza quemándose al lado del mar, las cenizas pegándose como garrapatas en un glaciar “Si el burro está muerto pues lo mejor es terminarlo de matar”.
Él es su jefe de prensa, en su Facebook hace sus declaraciones. Una mañana nos levantamos y leímos, dizque se iba a retirar porque él está muy viejo para andar con toda esa jodencia (la emisora de la emancipación), ¿bohemio con pinta de hippie? O eres bohemio o hippie mi hermano pero las dos cosas no puedes llegar a ser. El punto es que el man es papá y tenía ganas de quedarse callado un rato y anunciar que Velandia la tigra pues duró cinco años, ganó algunos premios, hizo una gira legendaria por el continente y pues….no fue más.


Se imaginaba a los sesenta y cuatro sentado en su mecedora, de pronto un nieto en sus rodillas y las fotos en los portarretratos llenos de las caras de sus hijos, de pronto es una opción habrá pensado el hombre que acaba de escribir el mensaje en Facebook. Apaga el computador, se levanta y un sonsonete se le incrusta en la cabeza, la tararea, el monstruo se va formando adentro de él y como si se hubiera comido el huevo de un alien una tarde explota, cobra vida la canción y Edson Velandia descubre que todo don es un látigo que Dios da y cuando se usa es para auto flagelarse o si no que le pregunte a Capote.
Entendió que no había muerto….que tan solo había cambiado de piel.