15 de abril de 2011

DECAPITEN AL PASTOR

Anoche volvi a ver La noche del cazador, primera y última película realizada por Charles Laughton, uno de los mas grandes actores de la historia del cine. Robert Mitchum es un falso pastor que en sus ratos libres tiene como única distracción charlar con su compañero de siempre, el señor nuestro Dios. Él es su guía su protección. El es quien lo guía a donde está las dos cosas con las que aspira a conseguir la salvación: viudas y sobre todo dinero. No se preocupen señoritas castas, este pastor no acostumbra tocar a las mujeres con las que se casa. En vez de sus dedos usa un cuchillo a la hora de acariciarlas. Para él la mujer es el único error que cometió Dios a la hora de crear el mundo. Por eso para él no es ningún pecado matarlas, al contrario,a l hacerlo está cumpliendo con un deber. Cuando la recién desposada sale del baño usando el camisón nuevo que acaba de comprar para que su esposo lo arranque en un ataque de pasión se ve sorprendida al encontrar al recién casado mirándola con ojos inquisidores, obligándola a verse en un espejo “Perdida –las recrimina-Mírate al espejo, ese cuerpo que quieres que yo manosee es el templo de la maternidad que quieres que yo mancille” Así que la viudita en vez de llamar al hospital mental mas cercano mira al cielo y le pide al señor que la ayude a purificarse.
El final de este proceso de purificación que se quieren aplicar las viudas seducidas por la virtud que Dios ha puesto en un hombre es siempre el mismo, terminan al fondo de un lago con un tajo en la garganta que los peces entran en ella creyendo que es otra boca.
La ópera prima de Laughton , que en su momento fue un fracaso de crítica y de taquilla, con el tiempo se ha ido ubicando como uno de las grandes películas de todos los tiempos. Una de las razones que han ayudado a revalorizar esta obra es que los años no han caído sobre ella, al contrario cada vez se pone más y más vigente hasta el punto de que uno puede conocer casos bastante parecidos a los que relata la película.
El comentario viene a colación porque hace poco me encontré a alguien en la calle, alguien a quien quise mucho y que hace mucho tiempo no veía. Verónica a sus 18 años era una joven muy inteligente y como suele ocurrir a esa edad tenía la energía para rumbear tres días seguidos. No puedo negar que esa vida la llevó a incurrir en muchos excesos que incluso pusieron en peligro su vida, la cocaína puede convertirse en gorila gigante que te abraza hasta asfixiarte.
Un joven a esa edad tiene tres caminos: o regula su dosis (Como fue mi caso) o se tira de un puente peatonal o busca una religión que pueda absorber toda esa energía. Verónica se casó con un pastor evangélico. El maltrato físico y sicológico se convirtió en cotidianidad. Hace unos días hablamos , tenía el pelo desgreñado que se acentuaba mas contrastándolo con el recuerdo que tenía de ella, un cabello liso, dorado que le llegaba hasta la cintura, la cara sin maquillaje y con extraño salpullido como si se estuviera sacando las espinillas con un alicate, el cuerpo seco y arqueado como un gancho de ropa. Acababa de salir de un ayuno de tres días. Todo el tiempo me habló con los ojos brillantes sobre lo encerraba que se sentía, sobre las recriminaciones continuas y los reproches por la vida que ella había llevado, pero que igual él lo hacía por su bien “El me está ayudando a pagar estas deudas en vida para no tenerlas que pagar con el fuego eterno”. No lo podía creer , era como si unos extraterrestres la hubieran secuestrado y la hubiesen vaciado por dentro dejándole solo el caparazón.
La invité a tomarnos un café y a fumarnos un cigarrillo pero ella con lágrimas en los ojos me dijo que había renunciado a todo tipo de placer mundano e incluso intentó convencerme de que dejara los innumerables placeres con los que convivo. Se despidió abruptamente aduciendo que Adrián, su pastor protector no demoraba en recogerla y estaría mal que ella se entretuviera hablando con un hombre. Seguramente llegará a su casa y será azotada por las huestes de ángeles que descienden cada día sobre su hogar para bendecirlo y protegerlo. Me quedé con las ganas de preguntarle por la gente que no he visto desde hace tanto, por su propia vida. Pero creo que Verónica ya está muerta.
Me imagino que este drama sado-masoquista-religioso en el que viven muchas mujeres que arrepentidas de los excesos de su juventud se casan con pastores evangélicos debe ser bastante parecido a lo que muestran varias películas además de La noche del cazador, me acordé de el pastor castrador con el que se casa la desesperada madre de Fanny y Alexandra en la última película que filmó en formato de 35 milimetros el gran Ingmar Bergman. Otra vez el cine le copia a la vida.
Me llené de rabia y no voy a pensar para hablar, quiero abrir la boca y sacar toda la mierda que se me ha acumulado. Como otras veces seré tachado de Fascista pero yo creo que en países tan miserables como este hay que empezar a revisar la libertad de culto. Acá cualquier culebrero borracho puede abrir en un garaje una iglesia. Mientras tanto muchas mujeres caerán rendidas ante el poder irresistible de las palabras que pone Dios en su boca.
Robert Mitchum es condenado a la horca y hasta el guardia que está cansado de presenciar estos ajusticiamientos se alegra al escuchar el crujido que hace el cuello del pastor cuando se parte en mil pedazos. Me acosté pensando en que yo era un gran verdugo y por la fuerza de mi brazo iba cortando las cabezas puestas en fila india de todos esos hijos de puta que por creer que tienen la palabra de Dios se someten y traumatizan a jóvenes que como Verónica piensan que a los 18 años está mal divertirse un poco.
Salgan a la calle, maten a todos los que tienen una Biblia debajo del brazo. El diablo se esconde detrás de ellos.

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