13 de abril de 2011

UN PUEBLO DIGNO DE TU DESPRECIO

En las últimas reformas educativas el tema de cómo abordar el conflicto armado en Colombia en la Universidad ha comenzado a dejarse ver como una necesidad apremiante. No podía ser de otra manera. En un país como el nuestro donde cada año mueren 38 mil personas por hechos violentos, donde sin saberlo, sin sentirlo, estamos sumergidos en una feroz guerra civil resulta urgente estudiar, razonar, debatir desde el aula de clase el conflicto.
Desde la academia se trató de darle cabida al estudio de la violencia empezando en la década del sesenta desde la incipiente Facultad de Sociología de la Universidad Nacional los profesores Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña realizaron una investigación que quedó consignado en un libro titulado La violencia en Colombia, texto fundamental y pionero para todo el que pretenda abordar con seriedad el tema del conflicto. Con base en fuentes perfectamente establecidas y de un exhaustivo trabajo documental los profesores Borda y Umaña determinan como punto de partida de la violencia el asesinato del pre candidato liberal Jorge Eliecer Gaitán. Si bien ya existían unos irreconciliables puntos de discrepancia ideológica entre el partido Conservador y el partido Liberal, el asesinato del Doctor Gaitán fue el estallido que terminó de resquebrajar la endeble tranquilidad del país.
Después de este colosal trabajo las investigaciones comenzaron a dar palos de ciego, si bien libros como el que hizo el francés Jaques April, profesor de la Universidad del Valle, titulado La ciudad colombiana, publicado por el Banco Popular a mediados de la década del 80 dio luz sobre la fundación violenta con la que se crearon la mayoría de ciudades colombianas derivando después a los escalofriantes números que deja la violencia hoy en día. Lo que dice el profesor April es que desde el origen de nuestras ciudades estábamos condenados a nadar en un mar de sangre.
El trabajo del profesor April sin duda que es una excepción en el sentido de que su lenguaje está construido para que cualquier persona de a pie lo pueda entender. Porque el tema de la violencia se ha venido convirtiendo en el objeto de estudio de todos aquellos que pretenden hacer una tesis “Humanistica” o “Sociológica” y como es bien sabido las tesis no las leen ni siquiera los profesores que la exigen como requisito para graduarse.
Estos trabajos están necesariamente dirigidos a otros científicos sociales y sirven tan solo como otro dato bibliográfico para otra investigación. Estas investigaciones han perdido lo mas importante: La necesidad de repercutir en la opinión pública, de escandalizar al colombiano promedio, de concientizar a la sociedad. Por culpa de la posición de estos investigadores y de la misma universidad nos hemos condenado a recibir, como si fuera palabra de Dios, la información que nos vomitan los noticieros. Es preocupante que no exista desde el aula de clase la intención, la preocupación que lleve al profesor a exigirle al alumno una mayor crítica a las noticias que consume.
La academia está en la obligación de ofrecerle al estudiante las herramientas por las cuales esté en la capacidad de hacer una crítica de medios. Esto por supuesto no se está haciendo bien, el reflejo de esto está en las conversaciones que uno a diario puede escuchar en la cafetería. El estudiante contemporáneo ya no tiene la necesidad de cambiar el mundo. El estudiante por lo general es un ente vacío sin ideales cuyo único interés es obtener un título que le permita aspirar a un buen sueldo. Además de ganar un buen sueldo el estudiante contemporáneo tiene como el mas alto ideal parecerse al estudiante de la serie de televisión gringa que acostumbra ver. Este no es un problema exclusivo de Colombia, desde los tormentosos días de mayo del 68 los estudiantes en el mundo se ha convertido en abúlicos. Se acabaron los grandes líderes estudiantiles. Son tiempos rápidos, frenéticos donde el espacio para pensar definitivamente ha sido acabado. La universidad se ha convertido en un lugar frívolo, bastante parecido al cuarto de una adolescente amante de los Jonas Brothers.
Pero esa frivolidad es mucho mas grave en un país que necesita de la academia para que le ayude a pensar un conflicto que no entiende. Ahí es donde la indiferencia se convierte peligrosamente en complicidad.
El primer paso que debe cumplir la academia en el conflicto es que sea un motor para concientizar masas. Lamentablemente en eso también ha fracasado la universidad. En el salón de clase el profesor muchas veces confunde concientización con una sarta de incongruencias pastoriles o sacerdotales donde la palabra que mas se machaca es TOLERANCIA. ¿Cómo se puede ser tolerante a la barbarie? ¿Por qué en vez de discursos motivacionales vamos a lo concreto? Necesitamos desde la academia confiar mas en el intelecto. Además existe una incongruencia en esos discursos donde se aboga por la tolerancia y el amor. Desde la misma universidad se le inculca a los estudiantes términos como competitividad y excelencia que en una sociedad con los problemas de violencia que presenta la nuestra se convierten en términos comprometedores, sospechosos. A la universidad no se debe ir a competir sino a abrirse al conocimiento. Hoy en día el alumno con mejores calificaciones ve a su compañero de al lado la principal amenaza para que le tumbe la tan deseada beca.
Lamentablemente materias como Solución de conflictos se ha convertido en una materia de relleno donde el alumno va, se sienta, escucha al profesor y cumple con el requisito. Lo mínimo que debería dejar una materia como la anterior es otorgarle al alumno el hábito de leer el periódico todos los días o una revista especializada a la semana. Algo que le brinde una luz sobre la oscura realidad colombiana.
Nunca antes en la historia el hombre contó con tantos medios para difundir una noticia. Celulares, Blackberry, computadores portátiles y doscientos mil inventos más que en teoría podrían acercar al joven a la realidad. Pero esto lamentablemente no se cumple, al contrario como si estuviéramos presos en un juego diabólico lo que en teoría nos aceraría mas a la búsqueda de la verdad nos termina por alejar aún más. Los mas recientes inventos tecnológicos al parecer terminan la labor de lobotizar a nuestros jóvenes. En efecto el Blackberry sirve para comunicar mejor una noticia como la que Anastasia le puso a Bernabé los cuernos con Aristóbulo pero no pasa de ahí. Afuera se está construyendo una aldea global pero nosotros nos encerramos más en nuestra propia parcela.
Es duro lo que voy a decir pero parece que la única forma que tiene un estudiante de sensibilizarse con el conflicto es cuando alguno de sus seres queridos es víctima de ello. Entonces empieza a darse cuenta de que la solución que plantea el gobierno es rescatar a sangre y fuego a los secuestrados puede ser interpretado como un acto criminal por parte del estado. Entonces el conflicto te ha tocado con sus dedos huesudos, sus dedos de muerte y te dan ganas de hacer marchas y de darle una cachetada a todos esos hijos de vecino que como tu decías hace unos meses que las FARC no podían chantajearnos con 2.000 secuestrados que si fuera por eso que entrara el ejercito a esos campamentos y acribillara a los secuestradores con todo y secuestrados.
Parece una exageración pero lamentablemente no lo es. En los funestos años de Uribe todo esto era pan de todos los días. ¿Cuánto se discutió esto dentro de las aulas de clase? Poco y nada, además el estudiante que escuchaba decir algo ofensivo a su profesor sobre el señor presidente de una vez corrían a denunciarlo por predicar dentro del salón de clase el terrorismo. Solo unos pocos guardaron la sensatez y sobre todo la dignidad.
Estos ochos años pasados terminaron de menoscabar no solo las instituciones sino también nuestra propia integridad. Fue como si el sueño de Pablo Escobar se hubiera hecho realidad. No hay que olvidar que Alvaro Uribe era a principio de los noventa y bajo su investidura de senador el brazo político del cartel de Medellín dentro del congreso. Lo desgarrador es que por esa razón lo votaron masivamente “Es buen candidato”-Me decía entonces una alumna-“Fue el hombre que creó las Convivir en Antioquia” a Uribe lo eligieron por paramilitar. El 83 por ciento que estaba de acuerdo con el referendo lo sabía y por esa razón lo iban a votar.
Los jóvenes creyeron en él por la simple razón de que estaba de moda. Su publicista Alberto Duque hizo ese milagro. El hombrecito de gafas de Hiroito y con su discurso anticuado de obispo anciano se convirtió en el político preferido por los jóvenes. Lo votaron con la misma convicción con la que compraron su último celular o el Play Station 3. En un país con 4.000.000 de desplazados no existe una conciencia política. A mi me perdonan pero este es el punto en que la indiferencia se convierte en complicidad. Haber votado por la seguridad democrática es tener las manos untadas de sangre. Por ignorancia también se puede ser un criminal.
Fernando Vallejo, el cáustico escritor paisa, en una de sus delirantes discursos dijo esta frase como metáfora a la situación política del país “En que momento la muchacha del servicio se nos volvió la dueña de la casa”. Es que la clase política ya no tiene figuras de talla intelectual como Lleras Camargo o López Michelsen. Basta recordar que hace ochenta años López Pumarejo promulgaba leyes revolucionarias para el progreso del país buscando afanosamente la tan anhelada justicia social o que intelectuales de la talla de Gaitán Durán no solo influenciara con su pensamiento sino que un ensayo suyo La revolución invisible sirvió para crear el M.R.L. del pollo López. Hoy todo eso no es más que agua pasada. Los políticos ahora nacen de las oscuras vertientes de las empresas. Lamentablemente ser empresario en Colombia se ha convertido en un estigma. Empresarios ahora son los hermanos Nule y sus turbios negocios. Político es Ramiro Suarez y su discurso chabacano, populachero. En Colombia los políticos ya no tienen la necesidad de ir a Harvard ahora en vez de doctorados el político necesita para ser votado unas cuantas medidas de aseguramiento.
Violencia también es no saber quien es la persona por la que votamos. No se vota por convicción, no se vota conociendo un programa político. Hasta los propios candidatos desconocen sus programas. E el país mas violento del mundo ya eso es lo de menos. Acá se vota por una maquinaria , la universidad se ha convertido en un fortín político, la universidad que debería ser el bastión del pensamiento de una ciudad ahora es un títere más del gamonal de turno. Recuerden el espectáculo bochornoso que se dio en la opinión pública colombiana hace una década. Claudia Gurisatti portavoz oficial del narcotráfico colombiano entrevistó al entonces jefe de las autodefensas, Carlos Castaño. Durante la entrevista Castaño con su verborrea esquizoide cautivó a mas de una dama rosada y muchas de ellas incluso lo propusieron como candidato a la presidencia “Este si nos soluciona el conflicto con la guerrilla, ole y hasta buen mozo es ¿No?” A los pocos meses publicó una especie de autobiografía que tituló a secas Mi confesión aunque mejor le vendría un titulo como Memorias de un Sicópata. Está de ms decir que en el amado país del sagrado corazón el libro se convirtió en las pocas semanas en Best-seller. Durante años el programa de opinión mas visto por los jóvenes fue La noche dirigido por la mencionada Gurisatti quien a su vez no es mas que un títere de las fuerzas oscuras que manejan este país, yo pregunto ¿La universidad no está en la obligación de hacer crítica a los medios a la hora de abordar desde la academia el conflicto? Yo creo que si y es infame que no se haga. No nos podemos quedar con la verdad que nos dan los medios porque esa verdad no es mas que una vil mentira.
Durante ocho años tuvimos que aguantar a los estudiantes decir que la seguridad democrática era lo máximo porque gracias a esta política les permitía ir a la cabaña los fines de semana. Sin importar el costo tan grande en vidas, en presupuesto que esto ha conllevado. Paz sin justicia social no es paz y sin embargo están allá ellos luchando porque se acabe la guerrilla a punta de plomo, a punta de falsos positivos, a punta de barbarie y genocidio. Se habla todo el tiempo de derechos, los derechos que tienen los estudiantes sin pensar en que también existen unos deberes que por lo general desconocen. En un país donde tan solo el 28 por ciento de la población tiene posibilidades de acceder a la educación superior es infame que el estudiante ignore su responsabilidad con la sociedad. Desde la academia se deben formular las preguntas que ataquen el conflicto. Ojo bien con lo que digo, preguntas, no respuestas, preguntas porque ni siquiera sabemos porque diablos estamos peleando. No podemos conformarnos con las respuestas que escupen los noticieros y el papel prensa. Hace poco se conoció que muchos de los líderes de la guerrilla que el periodismo lambón reportó como muertos, trofeos de la seguridad democrática están todavía dirigiendo operaciones macabras desde cualquier lugar de la selva colombiana. Los recientes ataques de la guerrilla en Arauca hacen pensar que esta organización delictiva todavía tiene suficiente fuerza como para perpetrar atentados. Uribe recién se posesionó allá en el lejano 2.002 dijo que en un año acabaría con la guerrilla, pasaron ocho años y quería cuatro años mas para terminar su tarea. La gente se los quería dar, la gente no tiene memoria y ese es el gran merito de este dictadorzuelo saber que al frente tiene un pueblo estúpido, completamente enajenado. Un pueblo digno de su desprecio.
En la gran novela de Vasili Grossman Vida y Destino, donde se describe la invasión alemana a Rusia durante la II Guerra Mundial la madre del protagonista, una médica judía atrapada en la incursión hitleriana y recluida en un campo de concentración describe a su hijo el horror del holocausto. El horror no es solo los hornos crematorios donde se derriten miles de cuerpos, el horror no es solo la muerte por hambre o tifus en una miserable barraca, el horror no es solo lo que vimos en películas como El pianista de Roman Polansky o La lista de Shindler de Steven Spielberg, lo peor dice la señora es que al estar fuera de la ley los vecinos que no son judíos la empiezan a mirar con desprecio. Los que alguna vez la saludaban y tenían relaciones cordiales con ella ahora la escupen, la vituperan, incluso osan entrar a su casa a quitarles sus objetos personales. Lo peor dice la señora en su carta es que no solo lo hacen por el saco que sienten hacia esa raza sino por el miedo, por la necesidad de quedar bien con el régimen imperante. Por miedo y por sumisión un hombre puede entregar a su propio padre. En Colombia hemos constatado ese horror. En el campo durante los ocho años pasados pudimos comprobar esa oscura verdad. No se necesita una ametralladora para acribillar campesinos. Hoy entregar un voto al oportunista de turno puede tener el mismo poder. Votar por un gamonal es apretar el gatillo.
La posición del estudiantado ante el gobierno de turno siempre tendrá que ser crítica y es deber del profesor inculcar ese espíritu de escepticismo. El espíritu del científico social. Pero eso no pasa. Somos un pueblo cínino. Sino no seríamos el pueblo mas feliz del planeta. ¿Es que nos alegramos de los 38.000 muertos anuales que deja esta guerra?.
El debate se debe abrir pero ojalá con elementos teoricos. Además el debate es de la Academia contra ese establecimiento que insiste en aniquilarnos. Para matarnos no necesitan balas, tan solo basta con desinformarnos y vaya si lo han sabido hacer. Los medios de comunicación nos han convertido en Zombies. Hay una salida: Intentar volver a convertirnos en personas porque solo los seres humanos tenemos la capacidad de indignarnos pero esta indiferencia, esta indolencia es propia solo de los muertos en vida y de algunos protozoarios. Es un proceso de sensibilización que se debe hacer ya no con ridículas campañas simbólicas ni portando una cintilla verde en la camiseta blanca, no, al alumno el profesor debe tener la capacidad de abrirle las puertas del conocimiento, puertas que en Colombia están cerradas desde hace más de un siglo.

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