6 de agosto de 2012

KNOCK ANY DOOR DE NICHOLAS RAY. LA MALDAD DE LOS OTROS


Él no es solo el joven que llegó en tercera clase, quitándole los mendrugos de pan a las ratas mientras hacía cuenta con su familia de cuanto faltaba para ver la estatua de la Libertad. Nick Romano no solo es el chico que perdió a su padre cuando era adolescente o el que vivió hacinado con su madre y sus tres hijos en una pocilga “En el peor barrio que ha dado una ciudad moderna”. Romano no es solo el joven que le escupe a la cara a la sociedad el desprecio de ser un anómalo, un extranjero, un pobre o el que súbitamente conoce a una chica hermosa, se enamora y quiere cambiar súbitamente con ese pantano de odio que es su vida.

Mark Romano es también un personaje de Nicholas Ray y al serlo es automáticamente una persona, un alma creada por uno de los directores más potentes de la historia.  En una época donde el poder de los productores era indiscutible, el rey Ray se paraba de frente y buscaba a como diera lugar quien pudiera financiar sus historias atrevidas, imposibles, algo que era en cierto modo más grande que la vida. Porque es tan descarnado su cine que en momentos uno cree que está frente a un documental.
Necesita un hombre que le diera la tranquilidad y la libertad absoluta para filmar. Así que su amigo Bogart, quien también estaba un poco asqueado de la política de los estudios decidió crear una compañía, Santana, que pretendía ser una alternativa para todos aquellos que pretendieran un poco de independencia. Eso explica un poco que estemos frente al prototipo de lo que sería siete años después Jimmy stark, un joven que tiene el diablo en cuerpo, que no entiende a toda esa gente mayor que vive frenándolo, reprimiéndole, diciendo cual es el camino correcto. La sociedad exige rectitud, aplomo, piedad, exige sin tener nada para dar. La sociedad está seca, es implacable, cruel. Si te descuidas te corta la cabeza y después la patea. Nick es mucho más que una cara bonita. Tiene la valentía de su padre. Es culpable de tener demasiado amor. Por amor se casa, quiere cambiar como uno de esos veteranos cantantes de blues, pero se da cuenta de que eso de tener jefe es algo que simplemente no le va.

Como el personaje de Bogart en In a lonely place o el feroz Robert Ryan en On Dangerous Ground, con Romano no puedes encontrarte de frente cuando el hombre está furioso. Es puro corazón, como el propio Ryan, un hombre que hizo del cine una manera para catalizar su pasión. Por eso es imposible para él cumplirle las ordenes a un Harry Cohn cualquiera. No, no le pidan imparcialidad, razonamiento. Desde esta, su tercera película vemos lo que va a hacer su maravillosa y a la vez trágica carrera en Hollywood. Años después con Johnny Guitar rozará la perfección pero acá, a pesar de sus errores, como por ejemplo hacer de los personajes femeninos unas simples caricaturas, veremos al Nicholas Ray en estado puro.
Él está dentro de Romano y de Andy Morton, por unos momentos es John Derek y Humphrey Bogart. Su pasión era amoldar a sus actores, ponerlos en función de la narración, amalgamarlos a su propia visión de cómo se hacen las películas.

Knock on any door puede tener todas las lecturas posibles. De ser todo un tratado de lo cruel que puede ser un estado al establecer guettos económicos, culturales  o raciales, hasta filosóficos tratando de establecer cuál puede ser el origen de la maldad. Son los chicos malos y pobres o los poderosos que dictan las normas, que establecen las leyes. Pero esta, su tercera película es antes que nada una experiencia absolutamente cinematográfica, lleno de planos impactantes como los de Bogart y Derek justo en el momento en que el juez dicta su sentencia o la de la esposa de Romano abriendo la puerta del horno no solo para sacar los panecillos sino para inhalar gas hasta matarse.
El megalómano Godard dijo entre sus estruendosas frases dijo una que es maravillosa“Hubo teatro (Griffith), poesía (Murnau), pintura (Rossellini), baile (Eisenstein), música (Renoir) de ahí para adelante hay cine. Y el cine es Nicholas Ray”.
No sé si pueda ser cierto, lo que sé con certeza es que el que no haya visto su cine difícilmente podrá entender la magia de este embeleco del siglo XX.

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