15 de agosto de 2012

PELICULAS MALDITAS. THE MISFITS DE JOHN HUSTON


Orson Welles decía que era mucho más interesante la vida de John Huston que sus películas. Vaya si no lo he constatado leyendo su autobiografía y viendo en muy poco tiempo alguna de sus mejores películas. El problema que se le endilga al autor de La burla del Diablo podría ser la cantidad de películas que realizó. Aceptaba cualquier proyecto y eso en una época en que a la intelectualidad francesa le dio por crear el remoquete de autor era algo que se prestaba inevitablemente a la sospecha.
                                                     Instrucciones precisas a Marilyn
Pero han sido muy injustos con Huston. Él ha sido el creador de clásicos absolutos como El halcón maltés, La Jungla de asfalto, La reina africana, El tesoro de la sierra madre o esa sátira vanguardista como es  El juez del patíbulo. Películas llenas de vida que el tiempo no les ha quitado un ápice de su frescura. Sin embargo hay otras que han envejecido. Una de ellas es The misfits. Ayer quería volverla a ver porque a pesar de tener un elenco de lujo, de que el guión sea del mismísimo Arthur Miller, que en la edición hayan tenido a la mano derecha de Hitchcock, George Tomasini, el recuerdo que tenía de este filme no era el mejor. Alentado por haber leído la autobiografía me puse a buscarla. La encontré y la puse. A la hora el malestar de hace unos años volvía a hacerse presente. Hay algo que me resulta chocante en esa película. De pronto es porque no pasa nada, porque no logro creerle a Marilyn Monroe toda esa soledad y tristeza que la embarga. Es la misma incredulidad que siente Clark Gable cuando en el auto le dice “Como puedes ser tan triste, si un rostro como el tuyo da felicidad”. El que decía estas palabras no era necesariamente la estrella de Lo que el viento se llevó sino el mismo Arthur Miller quien veía impotente como el amor que sentía  Marilyn hacia él se  deshacía.
                             "Las peleas entre los dos eran constantes" Foto de Inge Morath
En la película el personaje de la Monroe acababa de divorciarse. Justo cuando pensaba internarse sola en el pozo de su depresión aparecen dos vaqueros, Eli Wallach y Clark Gable para invitarla a pasar unos días en el rancho del primero. Alentada por su casera, la siempre graciosa Thelma Ritter Marilyn se va con ellos soportando estoicamente las embestidas del galancete sesentón que tiene que soportar ver a M.M. en traje de baño, recostándose sobre su hombro buscando cobijo, calentándose hasta explotar “Con esa carne de primera” con la que convive pero no puede tocar.
Viven sin jefe, sin ser asalariados. Pertenecen a una época que ha pasado pero ellos se niegan a adaptarse. Están aislados, viviendo en el desierto, cultivando verduras y amansando caballos salvajes. Nada parece sobresaltarlos hasta que aparece Montgomery Clift, el joven aprendiz de vaquero. Ahí si Marilyn al ver esas cejas pobladas y esa mirada profunda, intensa, caerá rendida a los pies del joven discípulo de Strasberg.
                         Arthur Miller y John Huston padeciendo las inseguridades de Marilyn
                                  
La filmación en sí de la película fue una noticia. El hecho de que Arthur Miller se sentara a escribir un guión para su amada esposa era una bomba. Muchos fotógrafos visitaron las locaciones y dejaron un registro absolutamente maravilloso. Allí estaba Henri Cartier Bresson Erns Hass o Inge Morath quienes fueron testigos del desprecio constante al que era sometido Miller por parte de su despampanante esposa. Ella estaba rodeada constantemente de aduladores que trataban muy mal al dramaturgo. Tratar mal es que expresamente lo humillaban o se burlaban de sus comentarios. Huston fue testigo excepcional de esto y en Un libro abierto narra de esta manera uno de esos desprecios "Una tarde iba en coche por ahí lejos de donde estábamos rodando – a millas del desierto – cuando ví a Arthur solo. Marilyn y sus amigos no le habían ofrecido traerle de vuelta, ellos acababan de dejarle. Si yo no le hubiera visto, se habría quedado tirado allí. Me compadecía cada vez más de él". El director tomó partido desde el principio por su guionista así como todos los que visitaban el plató en Reno, Nevada. Incluso la fotógrafa Inge Morath terminó siendo la esposa de Miller justo después que Marilyn lo botara como quien arroja un Kleenex sucio.
                                                              Momentos antes de rodar
Gable estaba de muy buen humor durante el rodaje a pesar del continuo dolor de espalda que lo azotaba. A sus sesenta años se conservaba muy bien. No se comportaba como una estrella cualquiera. Al contrario, su disciplina y compromiso con el proyecto asombraron al director y sus técnicos. Quería ser recordada antes que nada como un actor.  Estaba muy entusiasmado. Decía que este era su papel más importante desde Rett Buttler. Estaba impaciente por ver nacer a su hijo. No veía la hora de ver la película. Sin embargo nunca lo podría hacer. El 16 de noviembre de 1960, tres días después de haber terminado la filmación un infarto lo sorprendería en su mansión de Los Ángeles.
No solo sería la última película para Clark Gable. Marilyn sucumbiría a su vicio de dormir dopada dos años después. Estaba rodando una película pero apenas  había actuado en un par de secuencias. The misfits había sido su testamente fílmico. En su boca quedaron las palabras de su despreciado esposo como despedida final. Arthur Miller la contenía, le daba un cierto equilibrio, la presionó para que cada vez fuera una mejor actriz. No en vano los dos mejores papeles (Este y el de Sugar Kane en Some like it hot)  ocurrieron mientras estaba casada con el autor de La muerte de un viajante.

                                 Huston dirigiendo a M.M y a Thelma Ritter foto de Cartier Bresson

Además de ser la última película de estas rutilante estrellas The Misfits  fue el último gran papel de un cada vez mas deteriorado Motgomery Clift. El abuso de drogas y del alcohol hicieron que fuera cada vez más difícil para él aprenderse los diálogos de los guiones de las pocas películas en las que actuó después. En una de ellas volvería a ser dirigido por Huston. Tenía que interpretar al doctor Freud pero según cuenta el director la experiencia fue poco menos que traumática. Era disperso, los nervios estaban destrozadas y cada tanto hacía pataletas dignas de un niño gigante. Moriría en 1966.

Por estas razones que exceden lo cinematográfico The misfits  es el testimonio del final de una época. No solo fue la última película de dos de las más grandes estrellas de todos los tiempos sino por el año en que fue estrenada, 1961, marcaría el final junto con El hombre que mató a Liberty Valance de la época dorada de Hollywood.

1 comentario:

Marcos Guitar dijo...

es genial ver a todos ellos...marilyn mas hermosa que nunca...y al ser una pelicula en blanco y negro la hace ineresante, puede ser que en momentos es medio aburrida...pero con solo verlos a ellos...

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