6 de noviembre de 2009

ADORACIÓN A LA SOMBRA


En una cervecería de Berlín se reunían cada sábado a hablar los jóvenes Hoffman, Tiek y Von Chamizo. A pesar de tener en alta estima el teatro, las artes y la música, les atraía hablar de hechicerías, duendes y demonios. En esa taberna -de nombre impronunciable y que hoy ha sido barrida de la faz de la tierra por obra y gracia del tiempo- empezó el Romanticismo.

Lejos del mediterráneo, condenados a vivir en la oscuridad que les ofrecía el espeso bosque, los alemanes centraron su interés en lo oculto, en lo que habita en las tinieblas del alma. Kleist fue el primero que fue consecuente con el demonio pero después lo siguieron un grupo de adoradores de su obra. En esas orgías intelectuales el grupo llegaba a conclusiones como de que “Todo relato es fantástico”, muchos de sus cuentos son puertas que se abren al universo que habita dentro de ellos. Von Chamisso destapó la cortina que cubría la imagen del demonio en la maravillosa historia de Peter Schlemihl donde al cambiarle a éste su sombra por un saco que le dará eternamente las monedas de oro que necesite lo condena a vivir rechazado por todo el que se le acerca, como si no tener sombra fuera la peor de las pestes. Todos los alemanes tienen sombra y la cuidan, la sombra es el Daimón, su doble, de allí la obsesión del romanticismo por el doble. Hoffman y el cuento del hombre que también le vende su reflejo para obtener la felicidad material. La sombra es todo lo que se tiene.

Pero esa mirada turbia que tenían hacia la realidad venía cimentada en una profunda religiosidad, es como cuando habla Safrnski que el romanticismo habla “De una continuación de la religión con medios estéticos”. Por eso al conde que se casa con una baronesa y descubre que es un vampiro, más que el horror lo embarga la indignación: “Maldito engendro del diablo,¡Ya sé por qué te repugna la comida civilizada! ¡En las tumbas es donde pastas endemoniada!” Y después pierde la razón porque ya no queda margen para la moral y en un mundo donde es permitido actuar al mal con tanta libertad no es digno vivir.

A esa profundización del mundo oscuro de la sombra llegaron un grupo de amigos que se emborrachaban cada sábado. En esa taberna confrontaron a sus daimones y los hicieron hablar, que dijeran todo lo que sabían de su universo. Todas esas confesiones quedaron consignadas en sus maravillosos relatos.

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