1 de noviembre de 2009

FREAKS O LOS PEDAZOS DE UN MUNDO

En 1961 Diane Arbus, la fotógrafa estadounidense, iría a una proyección sin saber que este hecho tan cotidiano le cambiaría por completo su vida. Se presentaba en el MOMA una película que, en su momento, causó un terrible escándalo y fue sacada de cartelera como quien expulsa un espíritu demoniaco. Una hermosa trapecista se enamora perdidamente de un enano. La convivencia con microcéfalas y mujeres barbudas cambiará sus patrones estéticos. La mujer poco a poco empieza a hartarse de esos seres y quiere arrancarse de raíz la venda que le ha impedido ver los monstruos que la rodean. Lo que condenó a la película al ostracismo fue que su director hubiera optado por mostrar monstruos reales en la pantalla. Diane Arbus no estaba acostumbrada a la fealdad, por algo era la fotógrafa de moda más importante de su época, sin embargo después de ver Freaks ese gusto que tenía escondido iba a salir a flote tal y como dice su biógrafa Patricia Bosworth, “Le fascinó que los fenómenos de la película no fueran monstruos imaginarios sino reales porque en el fondo las anomalías humanas siempre la habían emocionado, retado y atemorizado a la vez, debido a todas las convenciones que desafiaban. En ocasiones pensaba que su terror estaba unido a algún profundo rincón de su subconsciente. Ver al hombre esqueleto o a la mujer barbuda le recordaba alguna parte oculta o antinatural de si misma”.
A partir de la proyección Diane Arbus empezaría a interesarse por fenómenos, en su lente sólo se filtraba lo anormal. Doce años después como si todo el horror del mundo se hubiera metido en ella se comería una ensalada de barbitúricos y la encontrarían tres días después, ya putrefacta metida en su bañera mientras una cámara registraba cada paso que daba a la muerte.

Como ella miles de personas cambiaron no sólo su manera de ver el cine sino la manera de ver el mundo a partir de ver esta película que -sin duda- reboza todos los límites estéticos que se había impuesto Hollywood. Dos años antes de su estreno Tod Browning, un hombre acostumbrado a lo macabro (su primer empleo fue en un circo donde realizaba el truco de ser enterrado vivo en un ataúd durante dos días y luego ser milagrosamente resucitado), había empezado con la serie de películas de terror de la Universal con su inolvidable Drácula. Tenía carta abierta del Todopoderoso señor Thalberg y se la iba a jugar a esta extraña historia donde una dudosa heroína aceptaba resignada a convertirse en una mujer pollo con tal de parecerse más a su familia. Era la época de la desolación total, la bolsa de Nueva York había saltado en mil pedazos y las familias que hasta hace unos años creían vivir en la tierra prometida tenían que partirse en dos por culpa del desempleo y del hambre. Se acabaron los años donde la gente quería ver héroes en la pantalla, ahora sólo lo anormal, lo extravagante, lo macabro era creíble. Si bien una década antes los alemanes habían previsto con el expresionismo que esa prosperidad era un espejismo, Estados Unidos, el país de la esperanza iba a vivir el horror en carne propia.
Pero lo que había hecho Tod Browning cruzaba el límite de la moral. La gente podía soñar con un monstruo como Frankenstein pero ver la realidad en unas siamesas, en un hombre que sólo era un torso y una cabeza, era un viaje sin regreso al pesimismo. El estudio le bajó el pulgar, Thalberg el productor más innovador de la historia de Hollywood había desaparecido y nadie quería afrontar un riesgo tan grande. Dice David J. Skal -en su libro Monster Show- sobre esta película: “Se consideró tan horrible que fue repudiada por el estudio y rechazada durante casi treinta años por los censores del otro lado del atlántico. El negativo original según contaba una leyenda, había sido entregado sin contemplaciones a las aguas de la bahía de San Francisco”. Sin embargo Freaks ha sobrevivido a todas esas calamidades y hoy -ochenta años después- sigue perturbando la cabeza de todos los que la ven. Hoy, más que nunca, vivimos en un mundo de monstruos donde lo anormal es lo que impera. Las fronteras de lo monstruoso se han roto y eso lo supo ver Tod Browning muchos años antes cuando trataba de no perder el control mientras escuchaba las paletadas de arena caer sobre su ataúd.
(Arriba-izq: Fotograma de "Freaks". Abajo-der: Foto tomada por Diane Arbus)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hermosa película, de la que tenemos muchas cosas que aprender y vivir o viceversa. Ser normal fuera de ser aburridor produce cancer en el coco.

Davis.

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