24 de noviembre de 2009

EL REFLEJO DEL OTRO


A mi me gustaba Chávez hasta que estuve en Caracas. Creo que a todos nos ha pasado: llegar buscando la revolución hecha carne y encontrar una ciudad hecha mierda donde la revolución baja todos las noches de los cerros y azota a todo lo que parezca Escuálido, nombre que le ha dado el comandante a sus opositores. Para ser un Escuálido capitalista lo único que hace falta es tener un Walkman y unos cuantos bolívares.

En Europa lo quieren mucho porque le ha pateado la alcancía al ALCA, “Al carajo” decía el hipopotámico comandante hace unos años en Mar del Plata y la multitud delirante aplaudía a rabiar la nueva idea revolucionaria del Emperador Bolivariano. Está bien visto ser un revolucionario en Escandinavia y en los países ricos. Chávez es un personaje carismático, una extraña mezcla entre Idi Amín y el Che Guevara. A mi también me pasó que caí preso de su verborragia incontenible. Poco después del fallido golpe de estado de abril 2002 escribí que Chávez era la idea reencarnada. ¿Cómo no caer en las redes chavistas los que en ese momento queríamos ver morder el polvo a las odiosas oligarquías del continente? Chávez no es un político, es un megalómano con una idea fija en la cabeza: expandir sus fronteras hasta Bolivia usando como excusa el ideal Bolivariano. Para eso se ha despilfarrado los billones de dólares que recibió Venezuela mientras el precio del petróleo alcanzaba un tope histórico, comprando a presidentes vecinos y -lo que es más grave- comprando a sus propias fuerzas armadas, por algo los oficiales venezolanos son los nuevos ricos que alberga la exquisita ciudad de Miami.

Pero esta peste llena de palabras no nació de la nada. Chávez es el producto de las décadas de saqueo que impusieron Adecos y Copeyanos a su país. La gente cansada de su clase dirigente quiso darle una oportunidad a ese teniente que trató de tumbar al corrupto segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez. Ahora no lo pueden quitar de la silla de Simón Bolívar. Chávez es un tipo aburrido, es abstemio, habla mal de la marihuana y de la cocaína, sólo escucha a Alí Primera y se acuesta temprano. Convirtió el Teatro Teresa Carreño en un solar para los jóvenes Bolivarianos que se reúnen una vez al año, vienen de todas partes del mundo a cantar Pio Tequiche mientras van bebiendo una botella de Pampero a escondidas.

Nada de eso debería extrañarme porque Hugo Chávez nunca ha dejado de ser un militar. En Dr. Strangelove, un desquiciado militar estadounidense le dice a Peter Sellers: “Llega un momento en que los soldados debemos resolver lo que los políticos son incapaces de hacer”. Nunca antes la película de Kubrick estaba tan cerca de ser realidad. Un loco maniático apuntando en la cabeza de un asesino, en medio, la población empieza a aglutinarse, a esconderse entre las delgadas paredes de concreto. Las armas son enormes cohetes nucleares. Los dos asesinos dispararán pero saldrán indemnes de pronto con la satisfacción de manejar los hilos de sus países hasta sus muertes que siempre son tardías, o si no vean a Pinochet y a Fidel Castro.

Creí en Chávez hasta que volvió a ser un militar, otro triplehijueputa militar. Pero el peor desengaño es que Chávez es tan diferente a Uribe que terminan encontrándose en las antípodas.


3 comentarios:

El Nuevo Olimpo Mantillano dijo...

jaja, de acuerdo en que Uribe y Chávez son las puntas de una herradura pero lo cruel de su comparación con la película Dr Strangelove es que al final, la bomba explota acabando con todo!

El Nuevo Olimpo Mantillano dijo...

jaja, de acuerdo en que Uribe y Chávez son las puntas de una herradura pero lo cruel de su comparación con la película Dr Strangelove es que al final, la bomba explota acabando con todo!

David Alexander dijo...

Chávez me parece una figura muy interesante, de hecho lo admiraba incondicionalmente, deseo lo mejor para él... el problema -como afirmas- es que uno es chavista hasta que visita Caracas y choca con la paranoia por los 'malandros', el problema son muchos chavistas que son más papistas que el Papa Hugo, el problema es el legado de corrupción que dejaron COPEI y AD, el problema es la cultura costeña-caribeña de buena parte de los venezolanos, poco propensos al estudio o la lectura, al trabajo y proyectos a largo plazo, el problema son los parásitos que desde tiempos pre-chavistas se han gestado con los subsidios de los recursos del petróleo!

En Colombia necesitamos un Chávez pero uno a la colombiana, en el sentido más eufemístico posible y ojalá sin que seamos potencia energética, porque con el tema de la minería versus ecosistema ya tenemos suficientes problemas, no vaya a ser que también se nos meta la CIA como aquel 11 de abril del 2001, con la complicidad de los lacayos que tanto han hecho por la 'democracia'.

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