21 de septiembre de 2010

COMO UN PUÑETAZO EN LA PARED

Se acaban los días de mi encierro, si esta casa tuviera un sofá seguramente no tendría ninguna necesidad de irme pero necesito leer acostado y estar todo el día en la cama es muy deprimente. Lo que quiero evitar es eso, el complejo de culpa que da la inacción. Tengo empezados diez libros, sobre todos los temas que ustedes se puedan imaginar, dos novelas, cine, autómatas, me quedé con uno solo: Maestros Antiguos de Thomas Bernhard. Mi amigo Matías Bruera me lo había recomendado a finales del año pasado lo compré y lo leí de un tirón. El odio que siente Vallejo hacia Medellín es casi el mismo odio que siente el autor vienés por su ciudad.  
Regler es el musicólogo más importante de Austria pero nadie lo sabe ni a nadie le importa. Todos los días se refugia en el Kunsthistorisches  Museum ayudado por su amigo el vigilante que  le tiene siempre libre la banca que da al frente del Hombre con barba blanca de Tintoretto. Regler detesta  los museos pero sin embargo allí ha encontrado una guarida para alejarse de esa repugnante ciudad que es Viena. Profundo conocedor del arte dice que todo músico debe dedicarse a su estudio. El arte y la música se complementan. Ese conocimiento que tiene Regler de la literatura, la música y el arte lo ha llevado a una conclusión: Ni siquiera los grandes maestros han podido dominar la técnica, triunfar y someter a su arte. Cada obra maestra no es más que un fracaso de lo que ellos intentaron decir. De ahí podemos colegir que ni las almas que mas cerca estuvieron de ser tocados por Dios son dignas de la más mínima veneración. Y de un momento a otro Bernhard saca un garrote y empieza a golpear sobre los lomos de Heidegger, Stiftet, Los Habsburgo, Alemania, Viena, Turistas, críticos de arte. Muchas veces no importa que carezca de argumentos sus imprecaciones pero no importa, Maestros Antiguos es un grito de rabia desgarrada, de desilusión y uno puede detestar algo sin tener muchas razones para hacerlo.
Bernhard es más conocido como dramaturgo que como novelista. Acá hace poco Veronese adaptó con mucho éxito Heldenplatz y Gené hizo Miniotti Pero con Maestros Antiguos su última novela, podemos ver hasta que punto la neurosis por saber que la vida era tan corta lo llevó a este canto desgarrado de un hombre racional que tiene que centrarse en la amargura de detectar la imperfección en lo perfecto para olvidar que se ha quedado solo, que su esposa ha muerto antes que él, algo que nunca pensó que sucedería y que tenía que vivir con el dolor de haberse aferrado a la vida cuando el estaba seguro que cuando ella se fuera el no tendría más opción que volarse la cabeza de un disparo, pero sigue ahí, todavía disfrutando de los 18 grados que hacen dentro del museo todo el año.
Sin estar dividida en capítulos y con la ausencia del punto y a parte Thomas Bernhard se ha subido en una tarima y ha vuelto a gritar su amor por Austria, un amor desengañado, violado, escupido, “Austria no ama a sus genios, ella venera a los mediocres” Ese dolor de ver como Viena se transformaba en un infecto pantano de ignorancia y crueldad. No esperen una trama, no esperen personajes, Maestros Antiguos es una diatriba furiosa, un desahogo brutal, feroz como un puñetazo en la pared.

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