18 de febrero de 2012

RUMBO AL OSCAR. MONEYBALL. UN PRODUCTO MUY BIEN CONFECCIONADO

En los últimos tiempos todo se fue a la mierda, incluso el amado deporte. Hoy en día es más importante el manager que el equipo, lo administrativo que el juego en si. Después de desmantelar a su equipo, hecho con muy poco presupuesto pero que logró calificarse a las semifinales perdiendo agónicamente contra los todopoderosos Yankees de Nueva York, Billy Beane contrata un nuevo sub-gerente, un economista de yale, joven, avispado y rollizo que tiene como pasión calcular milimétricamente todas las estadísticas de los beisbolistas activos en las ligas mayores. Con este método descubrirá la manera en que muchos equipos subestiman a sus propios jugadores. Aprovechando este método comprará a muy bajo precio jugadores que si se les brinda la preparación y la confianza necesaria podrían hacer una gran temporada.

La historia de David contra Goliat se da muy seguido en los deportes. Hace dos años un equipo de aficionados, anclado en la tercera división del fútbol español eliminó al todopoderoso Real Madrid de los octavos de final de la Copa del Rey. La nómina de los 24 jugadores que conforman el Alcorcón no alcanzaba ni para pagarle un sueldo a Cristiano Ronaldo, sin embargo el insoportable jugador portugués pasó desapercibido en los dos juegos de octavos.
Lo que hicieron los Atléticos de Ockland en la temporada 2002 fue resultado de un método, de una estrategia, una revolución que vendría a socavar toda la estructura del beisbol. El record de los 20 partidos seguidos sin conocer derrotas no fue una victoria del deporte sino de la tecnocracia. Un deporte que esté sumido en la frialdad de las estadísticas pierde por completo su razón de ser. Si en algo se parece el fútbol o el mismo beisbol al arte es en la capacidad que tienen sus jugadores de improvisar, de crear. Si, lo de Billy Beane es inolvidable y todo eso, pero fue la necesidad de su corto presupuesto lo que lo obligó a contratar a un nerd de Yale para que le parara el equipo. Sin embargo hoy en día se mide a un jugador de beisbol solo por las estadísticas y déjenme decirle que los números son siempre engañosos.

Hollywood siempre proclive a contarnos historias que dejen moralejas y que nos enseñen que no importa la adversidad siempre saldremos adelante si tenemos la persistencia y los principios adecuados ha vuelto a dejar su lección de vida con Moneyball. Después de una primera media hora donde te emocionas, te entusiasmas y crees que no vas a ver una película sobre el deporte sino sobre un hombre enfrentándose a sus adversidades comienzan a aparecer los clichés de las típicas películas deportivas. Parecías que estuvieras viendo Red social, entendías desde adentro como se manejaba el juego, aprendías de la mano de uno de esos descubrimientos actorales a los que nos tiene acostumbrados Hollywwod. Ya habíamos visto a Johan Hill en una excelente comedia juvenil al lado de Michael Cera (Cuyo nombre he olvidado) pero en su papel de joven nerdo de Yale se consagra como un maravilloso actor. En ningún momento es ensombrecido por un introspectivo y estupendo Brad Pitt, es más la película son ellos dos y eso es lo que le hace falta a la última parte, que este tándem vuelva a aparecer.
En los últimos 40 minutos hay un tufillo a Jerry Mcguire, uno se imagina a todos esos imbéciles que se ganan la vida dando charlas motivacionales a nuevos yupies haciendo cine-foros con esta película. Seguro va a ser así.

A Moneyball se le ven los hilos, la confección. Está fabricada, pensada desde la misma escritura de su guion para pelear los oscares. Es un producto muy bien elaborado. En un principio se pensó en Steven Soderbergh para dirigirla pero el creador de Traffic dio un paso al costado. Ya no está para servirle los productos a su industria. No sabemos como hubiera sido la película bajo la mano de Soderbergh, seguramente hubiera mantenido la tensión de esos primeros minutos, como cuando Johan Hill le muestra a Brad Pitt su método, toda una lección de montaje, de emoción sin manipulación, lo que vemos es números y unos pedazos de jugadas reales. La ficción rozando con el documental. Después comienza la necesidad de premios, de llenar todos los requisitos que se le exigen a una película para ser reconocida por la academia. La nausea por fin se apodera de tu cuerpo.
Ojo, no estoy diciendo que no la vayan a ver, Moneyball te ofrece dos horas de legítimo entretenimiento, grandes actuaciones y una música maravillosa. Además si eres un gerente exitoso te va a servir para motivar a los empleados y lograr mayores réditos y optmizaciones y toda esa puta jerga que hablan los administradores de empresa. Te ahorrará querido amigo varias horas de lectura destinadas a entender el último Deprak Choopra.

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