4 de mayo de 2011

EL JEFECITO

El proyecto de Guardiola a largo plazo es darle cabida dentro de su equipo a esa camada de jugadores que no paran de Salir de su masía y poder contar con un Barcelona formado íntegramente por jugadores catalanes. Por eso dentro de su esquema no han podido cuajar jugadores del calibre de Eto’o, Henry o Ibrahimovic, tres de los delanteros más poderosos del mundo. Si bien los tres jugadores cumplieron con caudales de goles y títulos (Sobre todo por parte del camerunés) salieron por problemas con el entrenador. Tal fue el caso de Yayá Touré uno de los jugadores más emblemáticos de la pasada temporada que fue vendido al Manchester City a pesar de que para muchos era un jugador imprescindible dentro del esquema azulgrana.
Para tapar el hueco dejado por el marfileño el Barsa compró en treinta millones de euros a Javier Mascherano. Para muchos el monto de la compra era exagerado teniendo en cuenta el bajo nivel mostrado en las dos últimas temporadas en el Liverpool. A este hecho habría que agregarle el pobre desempeño de la Selección Argentina en el pasado mundial donde el fue considerado uno de los culpables directos del fracaso de su selección en Surafrica. Ese señalamiento parte de las desafortunadas declaraciones que dio Maradona poco después de asumir su cargo como entrenador nacional afirmando que “mi equipo es Mascherano y diez mas”.
El único que estaba confiado en que su rendimiento iba a subir era él mismo y su empresario. En Guardiola encontró la confianza necesaria para ir ganando terreno y volver a ese nivel que lo hizo brillar en River Plate equipo donde debutó en el profesionalismo a sus 18 años y rápidamente se convirtió en líder, capitán e ídolo indiscutible de su equipo ganándose con justicia el remoquete de “Jefecito”. Su fútbol lo llevó al Corinthians, uno de los equipos con mas tradición del exigente futbol brasileño donde saldría campeón siendo comprado en una polémica transacción al débil West Ham United de la premier league equipo al que ayudó a mantener en un espectacular remate de temporada en la primera división del fútbol inglés.
Pero esa solvencia dentro del terreno de juego ese impresionante despliegue físico para cubrir el ancho de la cancha se estaba acabando. En el Barsa empezó como un suplente crónico del gran Sergio Busquets. Guardiola le empezó a dar minutos metiéndolo en el último cuarto de hora, el tiempo suficiente para congelar un partido. A mitad de la temporada vinieron las lesiones de Gabriel Milito y Puyol. Cuando más lo necesitaba el equipo reapareció toda su jerarquía, la que creíamos estaba perdida para siempre. Se convirtió en un hombre de confianza del entrenador catalán en parte por sus dotes futbolísticos innatos y sobre todo por su trabajo incansable y por una virtud que no le conocíamos: la polifuncionalidad. Supo jugar de central cuando Guardiola se lo pidió haciendo pareja sin ningún problema con Piqué. Incluso cuando reaparece Puyol le abre campo al jefecito y lo sigue poniendo de central.
Mascherano fue vital para sostener el 3-1 a favor contra el Arsenal cuando en el Nou Camp, en el partido de vuelta a falta de un minuto para acabar la serie, el danés Bendler se disponía a disparar a puerta con un Víctor Valdés vencido. De la nada apareció el volante argentino cerrando providencialmente lo que era un gol cantado, el gol que eliminaría de la Campions League a su equipo.
Su aporte fue fundamental en los dos partidos de la Champions que disputó con su mas enconado rival: El real Madrid. Ambos partidos jugados al límite, juegos donde se necesitaba fútbol (Que lo tiene y de sobra el Barcelona) y testosterona, especialidad de Mascherano. Ese temple ayudó a mantener a raya a los temibles delanteros merengues.
Seguramente con el regreso de Abidal, Puyol volverá a su lugar habitual y Mascherano tendrá que regresar al banco de suplentes. Ya no importará demasiado porque ha demostrado que pudo jugar y con holgura en el que tal vez sea el mejor equipo de la historia del futbol. Javier Mascherano ha dicho que en el Barcelona ha redescubierto su oficio de la mano de ese sabio del fútbol que es Guardiola y el argentino lo ha sabido aprovechar.
El pertenece a una raza de jugadores que disfrutan, saben y aman el fútbol. Una especie en vía de extinción. Seguramente no podrá saltar al sagrado césped de Wembley como titular pero Guardiola sabe que podrá contar con él en el momento que el partido lo necesite. El jefecito pondrá toda la enjundia, coraje y amor propio que se necesita para ganar las finales. En ese sentido Mascherano es una garantía.

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