27 de mayo de 2011

THOR: UNA PELICULA PARA SHELDON COOPER

Kennet Branaght logró hacer de la aventuras del Dios vikingo todo un drama shakespereano. A pesar de ser una super producción en el cual se gastaron millones de dólares, Thor es un filme de autor en el sentido de que todas las obsesiones del director británico están plasmadas acá. Sin duda que fue una grata sorpresa ver reflejadas en esos ciento veinte minutos escenas que evocan El rey Lear, al ver como un rey viejo, en este caso Odin, empieza a ser cuestionado por sus hijos y como el padre hecha sin contemplaciones a su hijo, despreciado, ultrajado caminando el destino de los hombres.
Ninguna de las adaptaciones de Marvel ha explorado las regiones del alma usando al gran bardo inglés como telón de fondo. Esa hondura no podemos encontrarla en ninguna de las entregas de Spider Man o Hulk películas dirigidas por los hábiles directores Sam Raimi y Ang Lee quienes se limitaron a llevar a la pantalla el universo construido por Stan Lee a principio de los años sesenta.
Acá no existe el maniqueísmo de los héroes. Como en la genial Watchmen, los buenos tienen un lado oscuro que nos lleva a desconfiar siempre de ellos, como si no fuera suficiente toda su divinidad al tener sentimientos, al tener vida así sea eterna, transitan el camino de la ambigüedad. Thor es un vanidoso que quiere imponer su nueva ley a como de lugar amparado en la popularidad que le profesan los habitantes de Asgard. Odin está demasiado viejo, demasiado conservador y ya los gigantes de hielo eternos enemigos de su reino lo empiezan a ver como un viejito débil. Esa tozudez, ese ego de rey le vendará los ojos y lo llevará a tomar decisiones equivocadas como por ejemplo desterrar al único ser que puede detener la embestida de sus poderosos enemigos y a mantener a su hijo Locki a su lado, nombrarlo casi que rey a pesar de que lleva en sus venas la sangre de las huestes enemigas.
Pero así como los buenos tienen un lado malo, los malvados pueden tener un lado bueno absolutamente visible. El espectador está condenado a compadecerse de un sujeto tan pusilánime, cobarde y ambicioso como el adoptado hijo de Odín. Si sentimos tanta ternura por Locki es porque tiene la capacidad de reflejar lo que es el ser humano. La identificación que podemos tener en la película no es con el todopoderoso Dios del trueno sino con su hermano, dotado de todos los defectos humanos. Los gigantes de hielo a quienes podríamos juzgar como seres completamente malvados si nos dejáramos llevar por su apariencia física resultan siendo al final una de las víctimas de la locura de Locki.
Esa lectura que hace Kenneth Branaght del mito revela lo bien que aprovechó una de las virtudes de su maestro: el de adaptar historias para contar sus obsesiones. Y tanto a Shakespeare como el director de Los amigos de Peter los posee esa obsesión por el comportamiento de los hombres, desde el Dios mas petulante al humano más insignificante.
La herencia shakespereana se nota además en la excelente dirección de actores. Anthony Hopkins recupera lo que creímos se le había perdido en la irregular El grito. Su actuación recuerda al Rey Lear más perdido, más solo, más loco. Odín vuelto una nulidad, atormentado por un dilema que parece solo padecen los hombres: el de saber criar a sus hijos. Para el personaje de Thor no se conformaron con buscar puro músculo sino que Chris Hemsworth demuestra lo que había insinuado en Star Trek, que además de tener una pinta arrolladora posee la gracia de un Cary Grant. Es imposible no reírse con las torpezas a los que el Dios está sometido por ser por unos días un humano cualquiera.
A pesar de que los humanos de la película estaban encarnados por maravillosos actores como Natalie Portman y Stellan Skangards son sin duda el punto más flaco del filme. Lamentablemente Thor comparte con las películas de superhéroe el hecho de que los seres común y corrientes resulten un poco aburrido y sobre todo caricaturizados. Esto es un problema que ha tenido el cine al adaptar comics que todavía no ha podido resolver, porque si vemos la historieta creada por Stan Lee podemos ver que todos los seres que habitan la tierra poseen la misma intensidad y protagonismo que los habitantes de Asgard.
Los efectos los decorados son maravillosos, de verdad que tienen la capacidad de asombrarnos. Como me deje llevar por mis últimas desafortunadas experiencias en 3D no tuve la oportunidad de verla en este formato pero me imagino que valdrá la pena.
Thor es entretenimiento de primera calidad y en algunas momentos sobre todo en las disputas entre el padre y sus hijos roza el buen cine. Me encantó que un director como Kenneth Branagh se haya encargado de este proyecto. No tengo la menor duda que los amantes del comic y de el universo de Stan Lee estarán felices con esta nueva de tuerca al mito escandinavo

2 comentarios:

cive dijo...

Señor thor, spiderman y hulk pertenecen a Marvel no a DC.

Saludos.

Iván Gallo dijo...

Uy que idiota yo, gracias cuate ya mismo corrijo

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