7 de junio de 2011

EL TEMOR QUE DESPERTÓ KEIKO

Tremenda expectación generaron las elecciones para presidente en el Perú. Lo que le daba un interés inusitado a estos comicios fue sin duda la disputa encarnizada entre dos elementos claramente perniciosos para el hasta ahora prometedor futuro que tenía el país. Antes de dar su histórico reversaso Vargas Llosa resumió las elecciones en una frase “Vamos a elegir que es peor, si un Sida o un cáncer terminal” Pocos días después el premio Nóbel apoyó abiertamente a Omalla acaso llevado por la preocupación que le generaría un posible perdón por parte de Keiko para su padre, el funesto dictador Alberto Fujimori.
Es inevitable que al haber elecciones en el país vecino uno no pueda hacer una proyección de lo que pasaría si la justicia en esta país empezara a tomar un curso ordinario. Como van las cosas, si Santos sigue con este inusitado ataque de honestidad podríamos soñar con ver en unos dos años a Alvaro Uribe y sus secuaces pagando los crímenes que perpetraron en los funestos ocho años de dictadura. En el Perú las instituciones tuvieron la dignidad de juzgar al corrupto y de desprestigiarlo hasta el punto de que todos los candidatos trataron de desligarse de su nombre como si este fuera una vieja leprosa. Pero siempre, con un monstruo de estos tras las rejas se cobra el peligro de que en cualquier momento rompa las rejas y se salga. Independientemente de la alegría que generó en los hombres de bien del Perú la derrota de Keiko Fujimori es indignante que esta mujer de 36 años que en su momento no solo fue hija sino también primera dama de ese país, que según se dice fue pieza vital en el engranaje del fujimorismo, que por sus manos pasaron decisiones tan denigrantes como la de esterilizar sin su consentimiento a 300.000 mujeres para prevenir que se multiplicaran y así darle un golpe duro a la pobreza, esa mujer tiene el 49 por ciento de la población electoral de su país. Osea que independientemente del resultado el fujimorismo no solo está vivo en el Perú sino que ha salido fortalecido.
Curiosidades del tercer mundo, en una reciente encuesta que hizo el Espectador sobre la intención de voto de los bogotanos para elegir su alcalde, en las preguntas ¿Cuál de los candidatos es el menos preparado de todos? Y ¿Cuál tiene la imagen mas dañada? El candidato que tuvo mas votos en contra fue Alvaro Uribe Velez quien a su vez es el más opcionado para ganar las elecciones. Entonces ¿Por quién vota la gente? ¿No pues se tiene que votar por el candidato más preparado, el más honesto?, no, estas cosas van en contravía en el tercer mundo, es más si un candidato es un abierto defensor de los derechos humanos posiblemente ocupe el último lugar en los escrutinios porque acá todo lo que suene a defensa de los derechos de la población es terrorismo. Uribe es un gran candidato porque básicamente es un paramilitar y eso si que es un argumento para gobernar este país. A Uribe lo eligen en el 2002 por haber creado ese funesto grupo de fuerza que tanto dolor llevó a Antioquia y que fue bautizado con el nombre de CONVIVIR. Keiko acaparó el 49 por ciento de los votos también impulsada por aquellos fujimoristas que extrañan los años en que la barbarie y la frivolidad eran moneda corriente en su país. Los noventa fue una época de atraso mental no solo para el Perú sino para la Argentina de Menem, para el Brasil de Collor de Mello. Una época funesta para la democracia y para la inteligencia. La época del capitalismo rampante y frívolo, la danza de dólares que lobotomizaba a las masas.
Contaba un estudiante de arte perseguido en su momento por el fujimorismo que una vez lo detuvieron por llevar libros de Cubismo. “¿Qué es eso de cubismo- Lo espetaba un militar barrigón- No tiene que ver pues con eso de Cuba?” Me arde cuando dicen lo inteligentes que son todos los dictadores, lo brillantemente estratégicos que son. El tener una verborrea programada para cada ocasión no es sinónimo de una inteligencia privilegiada. Se sostienen allá arriba ayudado por un sicólogo de masas, por una apropiada red publicitaria. Son tiempos donde un mono puede manejar un Fórmula Uno ayudado por su piloto automático. Para manejar un país basta con apretar un botón.
Ya no es necesario hacer grandes obras o incluso tener la ambición de pasar a la historia de un país por haber llevado el progreso a este. Esta ambición megalomaniaca ayudó a que países condenados al fracaso eterno vivieron periodos de esplendor como sucedió con la Venezuela de Juan Vicente Gómez donde el país vecino conoció el ambicioso plan de vías para comunicar todo el territorio, extraordinarias autopistas que eran la envidia de todo el vecindario, Rojas Pinilla llevó a Colombia la televisión tres años después de que los gringos la hubiesen inventado, Fidel Castro formó una esplendorosa raza de deportistas que ubicó a Cuba en el histórico quinto lugar de las olimpiadas de Barcelona 1992, Augusto Pinochet, con todo y su régimen del terror, sacó a Chile del ostracismo y lo convirtió en una potencia económica regional. Todo eso para ganarse el fervor del pueblo. Pero a diferencia de sus congéneres Fujimori y Uribe no necesitan consentir a su pueblo, con tan solo regañarlo tienen para que este le haga caso y le vuelva a poner las botas con las que sin piedad los levanta a patadas.
Más allá del triunfo de Ollanta nos queda el sabor agrio de los millones de personas que votaron por el fujimorismo. La aparición de Keiko suscita el temor de que no por apresar algún día a Uribe nos vamos a librar del uribismo. Ahí están los dos delfines del tirano, aleteando en sus acuarios de cristal esperando el momento de romperlo y posicionarlo en el sillón presidencial. Esperemos que la rumba incesante en que viven estos dos hijos de puta o alguna mano caritativa se encargue de acortar la vida de Tomasito y Gerónimo para bien de nosotros, los miserables hijo de este maldito país.

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