6 de junio de 2011

JACK SPARROW, TUS DIAS ESTAN CONTADOS

Los días de gloria del Capitán Jack Sparrow definitivamente se han agotado. De tantas historias sobre el mar, Jerry Buckenhaimer se ha dejado seducir por la más trillada de todas, la única que precisamente no necesita al océano para existir: El manantial de la vida eterna. Le dejó en una servilleta a su nuevo mandadero, Rob Marshall, a que le metiera un poco de zombies insulsos, de sirenas perversas, un buen par de tetas y los ojos de puta de Penelope Cruz y con el sello de Johnny Deep moviéndose como Keith Richards pues ahí tenían un éxito asegurado.
Ahora Piratas tenía la posibilidad de sumarse a la tercera dimensión, existía el fanatismo, porque desde tiempos de El señor de los anillos no veíamos una saga que rentara tanto. El productor, en su afán de romper records de taquilla echó por la borda el entusiasmo que generó en las primeras dos entregas las aventuras del Perla negra.
Navegando en aguas profundas tiene la virtud de ser la primera película de piratas sin un combate naval. Lo que hizo Rob Marshall fue meterlos en un compartimento a hablar de como acceder a la fuente de la eterna juventud. Barbanegra está condenado a muerte, según su zombie pitoniso faltará poco para que el hombre con una sola pierna le quite la vida. Por eso la urgencia de acceder rápido al elixir. Pero lamentablemente, el malo de la película está encarnado por Ian Mcshane un mediocre actor que no logra darle la personalidad necesaria al gran corsario del Atlántico y la verdad poco o nada nos importa lo que le puede pasar a él, a su hija y a su cochino barco.
Piratas del Caribe, como sucedió con Star Wars sucumbió ante la megalomanía despiadada de un productor que quiere, como en la época de Zelsnick, más importante que las mismas películas. Ya no tiene tiempo para pensar un guión, para preparar a los actores, tranquilos muchachos que cualquier cosa que salga mal lo arreglamos en la post-producción. Navegando… es el tipo de películas por las cuales muchos críticos creen que el cine definitivamente murió calcinado en manos del poder político y económico que puede engendrar su consumo masivo.
Además me pasó lo que siempre me sucede cuando veo una película en 3D; me pongo las gafas y creo que voy a tener alucinación pero al primer minuto una ligera nausea me recorre la barriga y me siento como un tonto estando con gafas oscuras en una sala de cine. Esta decepción da al traste con toda la intención que tenía de disfrutar la película, empiezo a pensar en la plata que gasté, en lo que estará pasando City Stars a esta misma hora.
Es sumamente penoso ver a un actor del calibre de Johnny Deep encasillado en el papel de rock stars del óceano. A mi sinceramente me hartaron sus manías stonianas. Tengo que aceptarlo, ya no soporto al capitán, su carisma ha naufragado con su legendaria nave. Creí que la eliminación de Bill Turner me iba a evitar someterme al tormento de ver a Orlando Bloom pero a cambio me entregan la caricatura de un atractivo pastor de almas que, sin camisa muestra sus pectorales de divo gay. Barbossa ya es la sombra del mismo, Geoffrey Rush tampoco creo que se tome con humor llegar a niveles tan bajos para ganarse un sudado fajo de dólares.
Juro que es la última vez que entro a una sala de 3D, parece ser que la tercera dimensión solo se puede disfrutar en una sala IMAX y acá no hay la infraestructura men, igual es buen negocio, la sala estaba llena de imbéciles que como yo ansían estar dentro de la película.

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