8 de octubre de 2012

6 AÑOS MAS DE CHAVEZ


Contrario a lo que se podía pensar la diferencia con la que ganó Chávez fue mínima. Estaba convencido que el fenómeno Capriles se parecería mucho a la famosa ola verde, una escuálida ilusión de internet que se desinfló dramáticamente unos cuantos días antes de que los colombianos salieran a votar. Los más de seis millones de personas que demostraron estar cansados del régimen, de las extravagancias de un dictador que está dispuesto a hacer cualquier cosa incluso jugar con salud por aferrarse al poder, abren como nunca antes las posibilidades dentro de cinco años de arrebatarle el poder en las urnas al sátrapa.

Lo que hay que entrar a analizar es establecer cuantos  de los seis millones de personas votaron por el plan de Capriles, por sus propuestas y no por el odio visceral que les despierta el régimen. El candidato opositor es un experto vendedor de humo. Sus discursos se destacan porque de ellos difícilmente sale una idea. Lo de él es pura retórica. Si lo vemos en una tarima hablando creeríamos que se trata del nuevo galán de la televisión venezolana dando declaraciones  sobre un nuevo proyecto junto a Rudy Rodríguez y Carlos Mata.
Capriles Radonski representa  la frivolidad y la estupidez que alguna vez fue un rasgo característico del venezolano promedio. Volvieron a aparecer,  los volvimos a ver en sus mitines, la gran mayoría mujeres muy bonitas encantadas con los rasgos europeos del candidato. Ellas piensan que Chávez da una muy mala imagen de Venezuela en el exterior porque no tiene modales y su rostro es aindiado, gordo  y feo. En sus manos llevan las banderas de Estados Unidos, el pais que se tiene que seguir como modelo. Las mayores de cincuenta han dejado de ver a Colombia como un país de negros atrasado. Las políticas neoliberales y criminales del anterior mandatario hicieron de nuestro país en esa clase social, un ejemplo de democracia y convivencia.
Estas personas no las veíamos desde el golpe de abril del 2002. Fueron los mismos que dispararon desde un puente a sus propios manifestantes para echarle la culpa al dictador de la opresión. Conozco estúpidos que todavía creen que eso fue verdad. Ahora parecen más sosegados, incluso el ex alcalde de Baruta pareciera que después de violentar la embajada de Cuba en esos dos días nefastos donde incluso hubo tiempo para nombrar un presidente (Pedro Carmona “El Breve”, no olvidar que el gobierno de Pastrana fue el único en el mundo en reconocer a este golpista) Capriles hubiera sido medicado. El hecho de que haya reconocido la derrota como lo hizo, sin apelar al argumento del fraude como mucho de sus seguidores piensan, fue un llamado muy oportuno a la cordura y sobre todo a la reconciliación. Con este gesto, el niño bien se ha ganado el respeto del oficialismo.

La oposición venezolana empieza a darse cuenta de que ellos han sido los principales responsables de que este gorila se haya asentado en el poder. Los pésimos gobiernos de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera hicieron que el pueblo se cansara de esa corrupción tan descarada, de que la plata del petróleo fuera acaparada por una clase política anticuada y elitista.
Sin las diferencias abismales entre ricos y pobres que se abrieron mientras adecos y copeyanos se repartían el poder, el chavismo no hubiera tenido asidero. Catorce años de dictadura pareciera que los hubiera hecho entrar en razón. Hay que entenderlos, son demasiado imbéciles, nunca necesitaron de ideas o propuestas concretas para convencer al pueblo de que debían votar por ellos. Con solo prometer que la fiesta perpetua a la que parecía estaba condenada Venezuela iba seguir era un argumento suficiente. El discurso de Capriles fue un llamado a la cordura, a la sensatez. Si siguen así será muy difícil para Chávez ganar en el lejanísimo 2019. Seis años es mucho tiempo, demasiado.
El chavismo tiene una oportunidad histórica para asegurarse otros veinte años de poder ilimitado. En este lapso Chávez deberá demostrar que su movimiento no se basa solo en su imagen. La naturaleza le está enseñando que es mortal. Tendrá que escoger entre sus jóvenes asesores a uno al cual pulir, alguien que le acompañe en alguna de sus multitudinarias apariciones y porque no, en algún momento refrenar su verborrea y darle por unos segundos el micrófono para que al menos diga “hola” a la multitud enfebrecida.
En la zona de frontera las elecciones se vivieron de una manera apasionada. En Cúcuta los comerciantes, traquetos y cambia bolívares esperaban con ansias los resultados. Algunos tenían la esperanza de que se podría derrotar al dictador. Lamentablemente para ellos no fue así. Algunos cucuteños hablaron de fraude y le achacaron al gobierno de Chávez la miseria en la que se halla sumida la ciudad. Acá se acostumbraron a vivir de lo que podían vender a los ricos venecos y como allá el rico cada vez tiene menos plata, como allá está creciendo una clase social que no piensa que la felicidad es comprar un plasma o los guayos de Ronaldo sino tener derecho a la salud, a la educación, a la vivienda, el comerciante cucuteño es atacado directamente en lo que más le duele, su bolsillo.

Para sobrevivir deberían hacer lo que muchos están haciendo de un tiempo para acá. Traquetear como un verraco y poner sobre la avenida libertadores restaurantes o un almacén de chaquetas de cuero. Cualquier cosa con tal de blanquear la platica que con tanto esfuerzo y peligro se consigue. Eso para que pensar en hacer empresa, en trabajar honestamente. Eso no da dinero y lo que necesitamos es forrarnos en dólares para que la gente nos vea y nos tenga respeto.
Lo que no han podido entender los pobres en Cúcuta es que es mejor ser pobre en Venezuela que en Colombia. Conozco mucho uribista que gana menos del mínimo y que tiene que agarrar semanalmente un colectivo hasta San Cristobal para que esos cubanos comunistas le curen la enfermedad. El gobierno colombiano está muy ocupado tratando de volver atractivo el país para la inversión extranjera mientras que Chávez despilfarra la plata del petróleo haciéndole casas dignas a la gente, regalando educación y salud a diestra y siniestra, “Es un maldito populista” me dice el señor antes de pasar la frontera.
Para bien o para mal tendremos otros seis años de Chávez. Seguramente ya no tendrá tanto poder. Los 6 millones que votaron por el candidato opositor tendrán que ser escuchados. Esperemos que no vuelva su discurso violento, cargado de odio y que busque la manera de conciliar. Mientras tanto las niñas bien de Venezuela tendrán que pasar la vergüenza de tener un presidente feo y negro “como si acá todos fuéramos así”- dice indignada  una señora del este de Caracas
-          Y eso no es así…. Nosotros no somos tan feos….

1 comentario:

Unknown dijo...

De este articulo de opinión me atrevo a resaltar y a opinar acerca de la salud en venezuela, el hecho de que haga misiones de salud hechizas y le ponga unos sueritos o una consulta con los cubanos, no significa que sea salud de calidad, al contrario en Colombia a pesar de toda la porquería de las EPS tenemos mejor salud que venezuela o si no que lo digan los miles de venezolanos que actualmente y con doble nacionalidad hacen uso del carnet del sisben y prefieren venir a morir a colombia y con mejor atención en salud, que morir como perros en una porquería de sistema de salud venezolano.

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