28 de octubre de 2012

FRANKENWEENIE DE Tim Burton. El emo más viejo del mundo


Cuando en 1983 el joven director Tim Burton presentó a Universal su cortometraje  Frankeenwennie con tan pobres resultados que el estudio decidió cancelarle el contrato al realizador. Si un par de años después no hubiera tenido el éxito que tuvo con Beetlejuice la historia del niño genio que al perder a su perrito decide revivirlo por medio de la ciencia, hubiera sido un hoyo negro más en el universo cinematográfico.
Treinta años después a manera de disculpas han decidido revivir el proyecto convirtiéndolo esta vez en un largometraje en stop motion. Después de una seguidilla de reveses esperábamos que la libertad y control absolutos dados al creador de El joven manos de tijera fuera a constituir su reivindicación absoluta. La sensación que uno tiene después de verla es que los interrogantes que tenemos sobre Tim Burton no solo siguen vivos sino que han aumentado.


Desde los años en que produjo La noche después de navidad se ha venido cacareando sobre lo difícil que es hacer una película con muñecos reales. No sé cuantos meses se demoran filmando una secuencia pero una vez al leer como se rodaba El cadáver de la novia me maree después de medir mentalmente el esfuerzo que constituye realizar una película con ese tipo de animación. Me parece que la primera gran equivocación de la película es haber escogido el blanco y negro. En su afán de homenajear a los que él considera el mejor género del cine, Burton le hace guiños directos al Drácula de Terence Fisher, a Vicent Price y sobre todo al Frankenstein de James Whale. Los años dorados del cine de terror de la Universal. El problema es que estos homenajes son forzados y en vez de ayudar a desarrollar la historia la hace más pesada. Además, desde el punto de vista comercial está más que comprobado que los niños son alérgicos al blanco y negro.

Me contaba un amigo que esta semana pasó por una juguetería madrileña y se encontró con muñequitos de Sparky en promoción. La película no había sido estrenada y ya su personaje central estaba en oferta. Podríamos decir entonces que esta animación iba a ser apreciada por los adultos, por todos aquellos que seguimos en los ochenta la carrera de un director sumamente novedoso, lleno de imaginación y fuerza, que supo retratar como ninguno el ambiente que pueden tener los cuentos góticos. Pero no es así, por más de que intentamos creer en lo que vemos la fórmula la conocemos y honestamente nos parece ya muy gastada.
Tim Burton nunca maduró. Lo mejor que tenía lo gastó en obras maestras como Ed Wood o La leyenda del hombre sin cabeza.  Ya sabemos que va a ir al molino porque ese fue el camino que siguió Karloff en el clásico de James Whale, ya sabemos cómo van a revivir a Sparky porque todos los que compramos el DVD de La noche después de navidad lo vimos y la verdad nunca nos pareció gran cosa. La voz de Wynona Ryder reforzó ese clima de deja vou  que respira la película. Está bien que un autor solo puede hablar de lo que sabe pero es muy triste cuando un director vive del canibalismo sádico de cenar con sus propios pedazos de cuerpo. Burton desde hace años se copia así mismo y el problema para él es que si sigue así pondrá en entredicho la valoración entera de su obra.
Para el espectador desprevenido Frankenweenie cumplirá con todas las expectativas. Es una película efectiva, con un guión sólido y un realizador que conoce los trucos como nadie. Pero los que alguna vez lloramos con el joven freak recluido en su castillo esperando que su padre le haga unas manos para ser un hombre normal, siempre esperamos una gran película, que podamos salir de la sala pensando que todos esos cuentos de Hoffman, de Tieck, de Von Chamisso están más vivos que nunca. Pero con Sombras tenebrosas hace un par de meses y ahora con Frankenweenie creemos que Tim Burton no ha heredado nada de los romancistas alemanas sino que se ha convertido en el Emo más viejo del mundo.

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