29 de octubre de 2012

EL PARAMO. De Jaime Osorio. La bruja está detrás de la niebla


Con todo el horror que hemos sufrido en los últimos sesenta años estoy convencido de que los elementos están dados para crear cine de terror. Hasta el momento todos los intentos han naufragado, algunos con más clase que otros pero dando un vistazo general todavía no hemos logrado consolidar la gran película de horror criolla.

El páramo iba a constituirse en eso, Jaime Osorio Márquez parece conocer muy bien el género porque fue capaz de crear lo más complicado, una atmósfera. Cuando los soldados van llegando a la base y la espesa niebla hace imposible que puedas ver más allá de unos cuantos metros adelante puedes sentir la desazón, el miedo que causa lo inesperado. Arriba posiblemente te esté esperando algún guerrillero dentro de su casamata, listo para disparar cuando cualquier movimiento distorsione la niebla.
Llegan a la base y no encuentran sino unos cuerpos destrozados, rastros de sangre y de pequeñas partículas de cráneo pegadas en las paredes de la guarnición. No hay nada allí, de pronto los guerrilllos se llevaron a esos jóvenes soldados, uno no sabe cuánto sufrimiento y dolor tendrán que soportar. Lo raro es que no se han llevado ni un arma, ni una sola munición. También es extraño que hayan pasado 20 minutos de película y todavía estés ahí, sufriendo con esos actores tan malos repitiendo una y otra vez las palabras de siempre “Hijueputa malparido” “Hijueputa malparido” “Hijueputa malparido”. Cuando crees que ya, que la cuerda que podía tener la película se está acabando se dan cuenta que en las paredes de la base han encerrado a alguien.
Es una mujer flaca, de rostro siniestro. Antes habíamos visto contras, patas de gallina, oraciones. Como si los soldados que estuvieron antes se estuvieran defendiendo de una bruja. Entonces va media hora y no solo te han atrapado dentro de la narración sino que tienes miedo. Deciden tenerla vigilada, es una guerrillera. El más atarbán de los soldados la vigila la primera noche. El man resulta muerto y la bruja se escapa y de paso nosotros empezamos a ver como al director se le empiezan a acabar las ideas.

Nos condujo a la boca del lobo y le dio miedo usar a una bruja. Entonces empezó a caer en la tentación de hacer una maldita reflexión sobre el conflicto. Tuvo la oportunidad de burlarse de él, de jugar con el género y lo que pasó fue que sufrió de un ataque de inteligencia. Esa es nuestra rabia que Jaime Osorio Márquez es un director joven, lleno de talento, que demostró en el género más difícil crear la inquietud que puede generar una bruja encarcelada.
El páramo no solo es una película digna de ser vista sino una gran película. Por momentos aburridora, exasperante, claustrofóbica, pero estoy seguro es que eso era lo que pretendía hacer su director. No la vi en su momento en cine y cinco meses después la conseguí gracias a una excelente copia pirata que anda por ahí circulando. La gran conclusión es que estamos en la capacidad de crear cine de terror, de ese que te hace saltar de la silla pero que a la vez se corresponde con una línea argumental fuerte. Los sustos no están puestos ahí como adornos sino que sirven para que la historia avance.
Desde ya esperamos la próxima película de este maravilloso realizador colombiano perteneciente a la generación dorada. Como nunca antes Colombia vive una fiebre de cine y películas como El páramo lo confirman.

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