23 de octubre de 2012

RECORDANDO A CARLOS PIZARRO


La novela 1984 de Orwell podría darnos varias claves para entender este país. En el libro existe un ministerio de propaganda que se encarga de destruir todos los archivos concernientes a la historia de la nación. El estado tiene la potestad de decir que es lo que se debe recordar y que es lo que se tiene que olvidar. Como sucede en el libro del escritor inglés, el pueblo colombiano no se revela, es manso, está completamente enajenado. Con un pueblo así la democracia está completamente salvada.
En el colegio todavía nos hablan de los próceres, unos señores viejos con cara de amargados de los cuales (al menos en mi caso) nunca entendimos muy bien que era lo que habían hecho. No existe nada más aburridor que la historia de Colombia en el siglo XIX. Y no es que sea aburridor por los hechos en si sino por la forma como nos lo presentan. Cuando no existen vasos comunicantes entre el pasado y el presente el estudio de la historia se  convierte en onanismo puro. No es posible que se desaproveche el colegio para enseñarle al estudiante por ejemplo las razones por las cuales tenemos este conflicto desde hace 64 años. Eso no es que sea una laguna dentro de nuestra educación sino corresponde a un plan muy bien montado, el de preservar en el olvido los crímenes que han cometido los poderosos y el de desterrar del imaginario colectivo  todos aquellos personajes que han tratado de atacar el orden establecido

Durante el gobierno de Uribe se intentó a como diera lugar rescatar del olvido a un tipo tan despreciable como Laureano Gómez. Todavía hay profesores universitarios que hablan maravillas de este simpatizante de los nazis quien promovió en Bogotá en 1938 una noche de los cristales rotos, triste imitación de lo que hizo el pueblo alemán en Berlín contra los locales administrados por judíos. De Gómez dicen que era muy buen orador y que como político “Era un poquitico duro pero en el fondo así deben ser los estadistas, no hay que dejarse mangoniar de nadie” dicen sus más encendidos defensores.
Hoy en día es más recordado Laureano, muerto en 1965 de causas naturales a los 76 años que la de Carlos Pizarro León Gómez abaleado mientras viajaba en un avión hacia Barranquilla el 26 de abril de 1990. Tenía 38 años. De eso no se habla en los colegios porque nosotros parecemos los hijos de una de esas familias tradicionales que esconden secretos “Para no traumatizar a los niños” de esas cosas no se hablan, eso se olvida porque “Pa que recordar lo feo”. Es muy importante en esta coyuntura intentar recordar a un hombre como Pizarro que le apostó de una manera valiente a un proceso de paz y después de deponer sus armas fue vilmente asesinado por Carlos Castaño con la complicidad abierta del jefe de inteligencia del DAS Alberto Romero Otero.
A finales de los años noventa conocí a un chileno y a un ecuatoriano que habían llegado a Colombia seducidos por el pensamiento de Pizarro. Recuerdo que a mí me sorprendió eso porque uno creció creyendo que él era solo un señor que iba en contra de la ley y que usaba sombrero. Mucho antes de que a Chávez se le ocurriera resucitar el pensamiento de Bolívar, el Comandante Papito (Como era conocido por su apostura) hablaba de la necesidad de una integración económica latinoamericana, de la necesidad de crear un hombre nuevo pero no como lo pretendían los insoportables mamertos casposos de las FARC, con armas y granadas, sino un hombre que volviera a creer en las ventajas que podía tener una sociedad cimentada en el amor y la humanidad.
Pizarro a diferencia de muchos líderes de izquierda no era un resentido. Esto precisamente fue lo que lo hizo distanciar de las FARC a finales de los sesenta cuando era un muchachito de 18 años. Ya desde allí entendía que era más fuerte el poder de la imaginación y la inteligencia que las armas si se quería cambiar el modelo.

La guerra podía ser un medio y no un fin. Por eso cuando creyó que había las garantías decidió entregar las armas y creer en la democracia. La campaña que hizo para las elecciones del 90 se caracterizó por la austeridad. No le hizo caso a las constantes amenazas que lo convirtieron en su momento en el hombre mejor custodiado del país. Hacia manifestaciones en plazas públicas, mantenía un contacto directo con el que desposeído, se convertía poco a poco en un líder con el cual el pueblo raso podía identificarse.
 Sin embargo los tentáculos del paramilitarismo eran tan largos que alcanzaron a llegar al baño del avión donde volaría hasta la costa atlántica para seguir su campaña en la tierra que el tanto amaba. Allí dejaron una mini ingram y su respectivo proveedor de 15 tiros los mismos que fueron impactados contra su cabeza, cuello y manos mientras el avión estaba a 15 mil pies de altura. Al sicario después de neutralizarlo lo mató uno de los escoltas de Pizarro, un hombre que había logrado infiltrar Carlos Castaño y que estaba allí precisamente para eso, para impedir que el jovencito hablara.
Durante muchos años se creyó que Pablo Escobar estaba detrás del crimen pero en el 2010 la fiscalía demostró con pruebas que el atentado había sido perpetrado por las AUC en su afán de desterrar a sangre y fuego cualquier vestigio de comunismo en Colombia.

Mientras a Laureano y a su hijo le hacen estatuas en ciudades y municipios y dicen de Alvaro que él iba a ser un gran político que lástima que Samper lo matara y esas cosas, a Pizarro el estado le ha dado la peor de las muertes, la del olvido. Hace poco me metí a ver los comentarios que hacían los lectores de Semana a raíz de un artículo que publicaron en el 2010 cuando se cumplieron 20 años de su vil asesinato y más de uno decía que el hombre que disparó sobre él era un patriota. Sobre Castaño bueno, dicen que era el mejor presidente que podía tener Colombia sino hubiera aparecido Uribe. La gente recuerda más al líder paramilitar que al candidato presidencial inmolado. Acá se le rinde culto al asesino y no al asesinado. Así funcionan las cosas acá y no puede ser de otra cosa. Los malos hace rato ganaron la guerra.

1 comentario:

GalanistaRedux dijo...

Ignorante? O manipulador? Porque se nota q no ha leído a Hobsbawm, cuando dice q en los 60-70s descubrió un país llamado Colombia donde el pueblo estaba dando la lucha popular más grande de las Américas -y q las FARC eran su expresión organizacional directa. Entonces venir aquí con su tonito de monaguillo diciendo las mismas estupideces de siempre en contra de las FARC para terminar quejándose de q este pueblo es un cobare sometido, demuestra la más inmunda mala leche [propia del uribismo q tanto usted dice criticar]... o estupiez a secas. Decídase pendejo

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