10 de octubre de 2012

TED DE Seth Macfarlane. Todos los amigos son Ted

A mí me hace reír más Family Guy que Los Simpsons. A los de Matt Groening no le creo su crítica punzante al modo de vida norteamericano. Igual son una familia y nada la va a disolver. Bart puede ser muy cansón y todo pero nunca probará un bareto. Lisa es una muchacha brillante que cumple con el precepto políticamente correcto de que de la noche a la mañana las mujeres son sensatas y geniales. Los simpsons son ese espacio de crítica que necesita toda democracia para demostrar que hay libertad de expresión, de que en Estados Unidos todo el mundo dice lo que piense sin olvidarnos que detrás de Homero y su familia está la poderosa Fox y Fox señores no puede correr esos riesgos.

 En Family Guy el perro de la familia es un escritor frustrado que se ha refugiado en el alcohol para no sufrir tanto. Está enamorado de Louis, la esposa de su amo… perdón, de su mejor amigo. Peter Griffin, el padre de familia protagonista de la historia detesta a su hija y además tiene cazada una pelea con un pollo humano. Ver uno de sus capítulos es sumergirse en un humor absurdo, iconoclasta, violento.
El genio que se esconde detrás de esta serie se llama Seth Macfarlane un joven caricaturista, guionista, cantante y productor norteamericano que acaba de firmar un contrato de 100 millones de dólares. Pertenece a esa generación de cómicos encabezada por el gran Kevin Smith que explotan la cultura popular norteamericana para hacer chistes con ello. Se sabe de la pasión que le despierta la saga de Star Wars.
La fama de este joven de 38 años ha crecido  hasta el punto de que será el encargado de presentar el Óscar el próximo año. Contrario a lo que se podría pensar Macfarlane no se ha dejado permear por el éxito y el dinero, al contrario, sigue manteniendo una postura absolutamente radical. Si no fuera así no hubiera corrido los riesgos que corrió con su debut en el cine, Ted.
En el principio pareciera que fuera la manida y tierna historia de un niño retraído, sin amigo al que Dios le concede un deseo: que su osito cobre vida y lo acompañe en su soledad. El hecho despierta la admiración de todo un país que se rinde ante el encanto de Teddy. Es portada de Time, Rolling Stone y todas las revistas del mundo, es invitado constante de los shows televisivos más emblemáticos de los Estados Unidos, se folló a las mujeres más bonitas del país e igual, sin importar lo que sucediera cada noche iba y se quedaba en la casa de su amiguito a cantar canciones para espantar el miedo que le producen los truenos.

Pero el tiempo pasa y contrario a lo que se puede pensar los osos envejecen. A los 34 años Teddy es un bribón dedicado única y exclusivamente a fumar marihuana, masturbarse, tirarse putas y ver una y otra vez junto a su entrañable amigo Mark Walberg la entrañablemente mala Flash Gordon. La voz que encarna al muñeco es la misma de Peter Griffin y es que a Macfarlane le encanta darle vida a sus propios personajes.  No solo es cuestión de darle voz sino de darle una humanidad. No importa que el osito tenga sus momentos coprofílicos o solo viva pensando en la rumba, en el fondo no es más que un tierno peluchito y vas a sufrir por su suerte… por más gamberro que sea eso va a ser asi.
La película corre riesgos que sortea favorablemente. A pesar de la referencia constante a las heces  o a los pedos no podemos decir que se caiga en lo escatológico, al contrario creo que llega a ser solo una reflexión más sobre la condición humana, es decir no somos más que una montaña de mierda andante. El tema de la amistad lo trata como en ninguna otra película. Los hombres nos aferramos a los amigos de la niñez con particular tozudez, sin entender razones ni regaños perpetrados por las madres primero y las esposas después. Ojalá con Ted las mujeres puedan entender mejor el engorroso asunto de la compinchería masculina. En lo particular hubiera preferido quedarme con el osito de peluche que con Mila Kunis. Soy consciente de lo gay que sonó la anterior frase pero…¿Qué le vamos a hacer?

En la sala me impresionó lo que la gente disfrutó la película. Creí que iba a ser el único que se iba a reventar a carcajada pero no fue así. El público es sabio y sabe cuándo una película es divertida. Muchos gracias a Ted se volverán adictos a las aventuras de Peter Griffin o Cleaveland. Se reirán con la misma intensidad que lo hicieron en la sala de cine. Limpien sus computadores, descarguen desde ya y gocen este puente de una maratón del nuevo genio de Hollywood, Seth Macfarlane.

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