18 de marzo de 2013

BOLESKINE HOUSE.


Al lado del lago Ness miles de turistas cada año se sientan en sus orillas a esperar infructuosamente que entre sus aguas emerja la cabeza del monstruo que duerme allí. Sólo unos pocos deciden asentarse en la parte  sureste del lago. El objeto de su búsqueda es una vieja mansión oculta por la vegetación muerta que la rodea. Se trata de Boleskine House el lugar donde se inició en el misticismo el gran mago del Siglo XX, Aleister Crowley.

Era la conservadora Inglaterra victoriana nadie supo escandalizar cómo el. Fue el hedonista por excelencia. Su filosofía consistía en abolir el pecado, todo nos está permitido porque Dios está muerto. Él dinamitó el caduco cristianismo que se practicaba en ese siglo moribundo e intentó revivir a los dioses que invocaban los egipcios para iluminar el naciente Siglo. Lo que vio en su bola de cristal lo asustó, desde allí percibió las retroescabadoras moviendo las montañas de cuerpos inertes, los hongos atómicos fusionándose con las nubes, el dictador insignificante arengando histéricamente a un pueblo. La humanidad se enfrentaba a su época más terrible.
Fue en Boleskine House donde pudo desarrollar su sistema mágico y donde empezó a darse cuenta de que podía formar una filosofía. Decían que la casa estaba maldita que había sido construida con las ruinas de una abadía destruida en el siglo X, que en las rocas que la conformaban habían quedado impregnados para siempre los últimos estertores de los feligreses que murieron chamuscados en ella. El propio Crowley afirmaba que las habitaciones se volvían oscuras en medio de un día soleado. “Puedo escuchar cómo la casa respira, cómo se mueve y tiene vida propia” escribió en sus memorias. Cuando se bloqueaba en medio de sus soliloquios solía recorrer el túnel secreto que unía a la casa con un cementerio cercano donde las brujas solían celebrar sus aquelarres. Hoy en día, el cementerio todavía se conserva y llama la atención que todas las tumbas tengan el mismo nombre grabado: Fraser.

Crowley estaría allí hasta 1913 cuando abrió vuelo y quiso conquistar el mundo con su magia. Afirman sus biógrafos que el hechicero cometió un error, fue incapaz de cerrar las invocaciones, las puertas quedaron abiertas y los demonios llamados se quedaron a vivir en la mansión trayendo consigo las maldiciones que harían de los últimos años del mago un infierno de drogadicción y descrédito.
 La casa volvería a cobrar notoriedad cuando Jimmy Page, guitarrista de Led Zepellin y ferviente seguidor del hechicero y de su particular forma de vida,  comprara la mansión en 1968. En un intento por devolver el tiempo y vivir en la misma casa en la que vivió Crowley, con su propia energía, con la necesidad de verlo caminar por sus pasillos el guitarrista llamó al satanista Charles Pierce quien redecoró la casa. Cuenta Jimmy Page que “Han ocurrido cosas extrañas en esta casa que no tienen nada que ver con Crowley, un hombre fue decapitado allí antes de que Crowley llegara. Por supuesto, después hubo suicidios, gente ingresada en hospitales mentales…”. Los que osaban pasar la noche allí decían que en la mitad del sueño eran despertados por la pesada respiración de un perro que trataba de entrar en la habitación arañando la puerta. Después se escuchaba un golpe fuertísimo sobre ella como el de una explosión. Page vendió la mansión en 1985.

La leyenda de la casa y del mago están más vivos que nunca. Él fue un adelantado, un visionario, un hombre que llevaba la vida de una estrella de rock mucho antes de que ellos irrumpieran en la escena. Dicen que si no se hubiese internado en el satanismo hubiese sido un gran poeta. Por lo pronto nos conformamos con las leyendas que el mismo despertó. En el epígrafe de la gran Biografía que sobre él escribió John Symonds hay una frase que refleja la necesidad que tenía de forjarse una leyenda: “Siempre estoy pensando que dirá de mi la historia cuando yo haya muerto”. La historia dice mucho. Boleskine House es un episodio pequeño comparado con lo que de él se dice, con lo que las brujas desde su cementerio todavía murmuran.

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