27 de marzo de 2013

EDWIN VILLAMIZAR. El discurso está en las imágenes


Un hombre y una anciana están forzados a irse del lugar donde viven, la angustia los invade, no tienen ningún lugar a donde ir, los caminos se cierran, el abismo se abre ante ellos.
 La pobre vieja le suplica que haga todo lo posible para poder estar en ese sitio, él le promete que no pasará esa vergüenza “Todo está resuelto”. En la noche llega con una bolsa muy grande, abre la puerta del cuarto, toma una almohada y la pone sobre su cabeza, la anciana intenta defenderse pero cada vez queda menos fuerza, menos aire. Por un momento la mira, con los ojos cerrados parece dormida. Antes de que la culpa y él arrepentimiento lo invadan saca de la bolsa de plástico un galón de gasolina y comienza a rociarlo por la casa, toma una de las veladoras con las cuales ilumina a sus dioses y lo arroja al líquido inflamable. En un instante todo arde, todo desaparece.

En Arraigo el cineasta norte santandereano Edwin Villamizar siguiendo los planteamientos que esgrimieron en su manifiesto Dogma 95 los realizadores daneses Lars Von Trier y Thomas Vinterberg donde promulgaban la austeridad total convirtiendo las películas no en un acto estrictamente profesional sino en un desafío que cualquier diletante estaría en condiciones de asumir, realiza  este cortometraje sombrío, pesimista y sugestivo.
Su eficaz guion, escrito por él mismo,  sirvió para que el actor  Julio Cesar Herrera se interesara en el proyecto y fuera el protagonista de esta historia que se centra en la horrorosa sensación de saberse sin techo, sin tierra. Toda una metáfora sobre el desplazamiento colombiano. En sus 15 minutos se nota el talento que tiene este joven realizador para construir una atmósfera.

Lamentablemente este ejercicio no se conoce en la ciudad y los que estén interesados en verla tendrán que recurrir al Youtube. Edwin es uno de los muchos realizadores locales que están intentado forjarse una carrera en el exigente y a veces elitista medio del audiovisual. El apoyo que han recibido estos quijotes por parte del gobierno regional o de la empresa privada es prácticamente nulo. Con el apoyo de unos pocos buenos amigos pudo llevar a cabo el sueño de tener una productora, Carroñero Films quien se ha destacado en Cúcuta por hacer los videoclips de destacados solistas o grupos locales. Llama especialmente la atención el tándem que ha formado Carroñero con Ahiman, videos como Las ovejas negras y sobre todo Lo que quise de pelao muestran una madurez técnica y un profesionalismo bastante inusual en un lugar tan alejado del mundo como este.


Su modestia y bajo perfil  juegan en contra para la divulgación de su obra. Es un hombre introvertido, de muy pocas palabras, sólo sus amigos más cercanos y su novia le conocen el lado rumbero. Pero es alérgico al divismo y por eso no le interesa alquilar el Teatro Zulima y mostrar en rotativo sus documentales, sus cortos de ficción, sus videoclips, sus animaciones. Para eso están las redes sociales, el voz a voz, la radio bemba. Por eso cada vez que hay un evento público al que está obligado a ir Edwin se esconde en los rincones, lejos  de la verborrea intelectualoide y estéril que caracteriza a tantos de nuestros “artistas” locales.
Él sabe que las obras se construyen con trabajo, no en tertulias o canelazos. El lugar del artista no está en una mesa llena de cervezas sino en el taller, en el escritorio o en su caso en un set improvisado, es desde allí donde se forjan los sueños, donde se curan las  heridas.
Es por eso que su discurso está en sus potentes y hermosas imágenes.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Realizadores daneses, ¡por favor!

Anónimo dijo...

"Sus padres y hasta sus abuelos
fueron vampiros de prosapia
y tras su leve mordedura
sangre libaban a su anchas,

pero éste en cambio era un vampiro
que apenas si sorbía agua
al mediodía y en la cena
de noche y en las madrugadas.

Abstemio de sangre
era la vergüenza
de los otros vampiros
y de las vampiresas.

Este vampiro tan distinto
osó crear una variante
proselitista de vampiros
anónimos y militantes

bajo la luna hizo campaña
con sus consignas implacables
"Vampiros sólo beban agua,
la sangre siempre trae sangre..."

Pero temieron sus colegas
que esa doctrina peligrosa
tentase a los vampiros flojos
que beben sangre con gaseosa.

Y así una noche de tormenta
cinco quirópteros de lidia
le propinaron al indócil
sus dentelladas de justicia.

El desafío del rebelde
quedó allá abajo en cuerpo y alma
con cinco heridas que gemían
formando un gran charco de agua.

Lo extraño fue que los verdugos
colgados de una vieja rama
a su pesar reconocieron
el buen sabor del agua mansa.

Desde esa noche ni vampiros
ni vampiresas chupan sangre
los hematíes son historia
y el agua corre Dios mediante.

Y como siempre ocurre en estos
y en otros casos similares
el singular vampiro abstemio
es venerado como un mártir."

Joan Manuel Serrat
(Mario Benedetti)

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