5 de marzo de 2013

LOS TRES CAINES. Los paracos ya tienen su serie.


No es gratuito que justo mientras el gobierno y las FARC se han sentado a dialogar en La habana  se estrene en Colombia una serie sobre los temibles hermanos Castaño. Los medios, en vez de apaciguar los ánimos, de dejar de arrojarle leña seca a la hoguera de los odios, cumplen con la tarea de  exacerbarlos  aún más. Lo de anoche fue descarado, vergonzoso. Cuando se hace una reconstrucción histórica es inevitable no caer de una u otra forma en el anacronismo, en la imprecisión. Muchas veces este error no es más que una licencia que se toman los creadores de una serie para darle más interés dramático. La ficción por lo general es más divertida que la realidad. Lo inaceptable es que se trastoque deliberadamente la historia con el fin de manipular al público, de justificar un genocidio.

Eso es lo que convierte a Los tres caínes en una serie repugnante. Según los libretistas de este esperpento los Castaño eran una próspera  familia de campesinos antioqueños que a fuerza de pulso y recursividad lograron mejorar su calidad de vida. Fidelio, el segundo de doce hermanos trabajó muy duro para juntar platica, como se espera de todo paisa echado para adelante. Con lo poco que juntó puso una gallera y una tienda  en su natal Amalfi. Su hermano Carlitos, el menor de todos, vendía quesos para ayudar a su familia a sobrevivir. La guerrilla hizo su respectiva inteligencia, engatusó al ingenuo niño que hasta vocación de izquierda tenía y le hizo soltar la lengua. Gracias a la información obtenida las FARC pudieron ir por el padre, sacándolo de la finca, encadenándolo a un árbol, pidiendo diez millones de pesos al pobrecito del Fidelio.
A R.T.I. la productora a cargo del proyecto no le interesó contar que en el año 1977, cuatro años antes de que ocurrieran estos hechos, Fidel Castaño había consolidado su alianza con el ya poderoso narcotraficante Pablo Escobar. Ya había vivido en Paris siendo un estrambótico comerciante de arte. Dicen los expertos que la fama desmesurada de Fernando Botero se debe  a las astronómicas sumas que pagaba Castaño por sus pinturas en las subastas más importantes del mundo. Su odio hacia la izquierda no surgió como dice la serie a una venganza por la muerte de su padre mientras estaba secuestrado por la guerrilla. Ya en 1979 había creado Los tangueros un grupo de cuarenta hombres armados que tenían el propósito no solo de defenderse de las células de las FARC que rondaban por la zona sino que intimidaban y en algunos casos despojaban de la tierra a los campesinos del lugar.

Los guerrilleros pidieron 10 millones de pasos, Fidelio y Vicente con su inquebrantable vocación de negociantes les mandaron 6 millones. Las Farc respondieron ejecutando a su padre. En la serie no se narra la especulación de los Castaño sino que los muestran como víctimas de un engaño. Inmediatamente carlitos empezó a ver que todo eso que hablaba sobre la izquierda no era más que un atado de mentiras, Vicente dejó su acostumbrada mano blanda y Fidelio no tuvo más remedio que armarse para sobrevivir. Ellos defenderían su territorio a rajatabla, no permitiría que estos hampones asesinos siguieran atacando a los humildes hacendados locales.
Lo que termina de hacer de esta oda al paramilitarismo un bodrio insoportable son sus pésimas actuaciones. De Gregorio Pernía no nos extraña su absoluta incompetencia pero si sorprende ver tan perdido a un actor con el talento de Elkin Diaz  incapaz siquiera de hacer un acento paisa creíble. Julián Román cayendo una vez más en la exageración, convertido de nuevo en una triste caricatura de Carlos Castaño.

 Igual no es culpa de ellos. Los libretos escritos por el sobrevalorado Gustavo Bolívar no pueden ni siquiera delinear a un personaje, los diálogos son de una precariedad absoluta, más de un sainete de colegio que de una serie televisiva.Los encuadres son rebuscados, la cámara se mueve, los colores son horrendos, la iluminación deficiente, dando de nuevo ese tinte cromático tan característicos de R.C.N.
Creí que el punto alto que había dejado Escobar el patrón del mal iba a exigirle a los productores de Los tres caínes una mayor rigurosidad. El desprecio que ha demostrado tener este canal por el buen gusto ha enfocado su búsqueda en tener un raiting alto, en aplastar a la competencia. Seguramente se convertirá dentro de poco en la serie más vista en la pobre historia de nuestra televisión. Tiene  los dos ingredientes que más aprecian los colombianos: Paramilitarismo y chambonería.

2 comentarios:

J. NavarroZafra dijo...

Se equivoca maestro y a la vez tiene la razón completamente.

Tiene la razón porque en esencia, la ideología de la serie es esencialmente derechista [aunque no me parece de-extrema en principio -pero tras apenas 15 minutos faltaría seguir viéndola -cosa q seguro haré por su culpa- para confirmar esto o ver si siendo cierto, se va extremizando poco a poco], con la prototípica visión del 'trabajador' infatigable en busca de la platica y el 'decentísimo' hombre de familia de excelentes sentimientos etc etc etc. [Y corríjame si en el capítulo de hoy, el doctorcito de pueblo q salió alabando a 'los muchachos' no viene siendo uribe vélez. Porque de serlo, qué mejor desenmascaramiento q el de simplemente ponerle un micrófono a semejante criminal en la intimidad de su despacho?].

De todos modos, excelente q proclame en el solo título, q es una serie de paracos y sobre paracos -no vaya a ser q más de 45 millones de estúpidos no lo entiendan así solamente porque no nombran esa palabra los inmundos de R[adio]C[asa de]N[arquinño].

Pero se equivoca y esto me parece grave, porque despreciar la calidad técnica de esa manera tan total no solo no le hace honor a la verdad -el nivel está muy lejos de ser ramplón y canalla, más bien mostrando la maestría sistemática q estos hideputas tienen para hacer una televisión prefabricada q en términos latinoamericanos es la más enganchadora de todas probablemente-, sino q nos quita la posibilidad de comprender al enemigo… el mismo q nos tiene sodomizados precisamente con el monopolio de la producción audiovisual y de los temas nacionales -y nos pone en cuatro a ver sus programas todas las noches mientras a él le importa un soberano culo lo q nosotros intentamos llevar críticamente a cabo.

De hecho me parece q la cocción CRUDA de sencillez técnica con ideología elemental q el programita de marras maneja resulta mucho más suculenta para saber de quién estamos rodeados, q la corrección política y la estilización técnica -ahí sí detestables- de Escobar El P Del Mal. [Pero repito q estoy escribiendo tras apenas 15 minutos de espectador y en caliente como lo podrás notar por la hora, corriendo los mismos riesgos q sumercé El Ateneista al momento de las evaluaciones directas].

En fin, Gallúbelo: parece ser ese su carácter -el de la eterna y absoluta contradicción [tener la razón y negársela al mismo tiempo]. Cosa peligrosa -pero muy muy interesante

J. NavarroZafra dijo...

Adenda:

Tiene toda la razón sobre el asqueroso nivel paramilitarista de Los Tres Paracos:

http://www.semana.com/opinion/articulo/las-ofensas-tres-caines/336282-3

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